sábado, 14 de mayo de 2011

AMANTE MIO/CAPITULO 73 74

Capítulo 73

Más tarde Xhex pensaría que las cosas buenas, como las malas, llegan de tres en tres.
Simplemente nunca antes había tenido aquella experiencia en particular… no con las tres cosas, sino con la parte “buena”.
Gracias a la sangre de John Matthew y al trabajo de Doc Jane, estaba levantada y dando vueltas por ahí la noche después del encontronazo con Lash y sabía que estaba volviendo a su normalidad porque se había puesto sus cilicios de nuevo. Y se había cortado el cabello. Y había estado en su casa en el río Hudson para recoger su ropa y armas.
Y pasado casi… cuatro horas haciendo el amor con John.
También se había encontrado con Wrath y al parecer tenía un nuevo trabajo: el gran Rey Ciego la había invitado a unirse a los Hermanos en la lucha. A la estela de su sorpresa inicial, él había afirmado que sus habilidades eran muy necesarias y bienvenidas en la guerra… y caramba, sí, ¿matar algunos lessers?
Gran. Idea. Se apuntaba totalmente a eso.
Y hablando de apuntarse, se había trasladado como Dios manda a la habitación de John. En su armario, los pantalones de cuero y las camisetas de ella estaban colgados junto a los de él y las shitkickers estaban alineadas juntas y todos los cuchillos, pistolas y otros juguetitos de ella estaban ahora guardados en el armario a prueba de fuego de John.
Incluso sus municiones estaban apiladas juntas.
Resultaba espeluznante lo increíblemente romántico que era.
Así que, sí, lo normal.
Excepto… bueno, excepto por el hecho de que había quedado reducida a sentarse en esta gran cama, frotándose las manos sobre los pantalones durante la última media hora. John estaba llevando a cabo una sesión en el centro de entrenamiento antes de su ceremonia y ella estaba encantada de que estuviera ocupado en otro sitio.
No quería que la viera así de nerviosa.
Porque resulta, que además de la fobia a las gilipolleces médicas, había otro fallito en su cableado. La idea de permanecer ante una tonelada de personas y ser el foco de atención durante su emparejamiento la hacía querer vomitar. Sin embargo, suponía que no debería haber sido una gran sorpresa. Después de todo, en su trabajo como asesina, el punto central era pasar inadvertida. Y llevaba mucho siendo una gran introvertida tanto por circunstancias como por carácter.
Retrocediendo hacia las almohadas, se reclinó contra la cabecera, cruzó las piernas por los tobillos y echó mano al mando a distancia. El pequeño modelo Sony negro cumplió su cometido con admirable elegancia, encendiendo la pantalla plana y cambiando los canales hasta que parpadearon tan rápido como los latidos de su corazón.
No era sólo el hecho de que fuera a haber tantos testigos en su ceremonia y de John. Era porque casarse la hacía pensar en como tendrían que haber sido las cosas si hubiera tenido una vida normal. En noches como esta, muchas hembras iban ataviadas con vestidos largos hechos expresamente para la ocasión y cubiertas con las joyas de la familia. Ansiarían ser entregadas a sus prometidos por sus orgullosos padres y sus madres se suponía que estarían lloriqueando tanto entonces como cuando los votos fueran intercambiados.
Xhex, al contrario, recorrería el pasillo por sí misma. Vistiendo pantalones de cuero y una camiseta de manga corta, porque esa era toda la ropa que siempre había poseído.
Mientras los canales de televisión parpadeaban ante sus ojos, la distancia entre ella misma y la “normalidad” parecía una brecha tan enorme como lo era su propia historia: no habría recuperación del pasado, ni correcciones de los picos y valles de su vida. Todo, desde su sangre mezclada, pasando por la bondadosa pareja que había criado a una pesadilla, hasta todo lo que le había ocurrido desde que había abandonado aquella granja… todo ello estaba escrito en la fría piedra del pasado.
Nada cambiaría.
Por lo menos sabía que los maravillosos macho y hembra que habían intentado sacarla a flote como si fuera de ellos habían tenido finalmente un bebe de su propia línea de sangre, un hijo que había crecido fuerte y se había emparejado bien, dándoles una nueva generación.
Todo aquello había hecho que dejarlos fuera mucho más fácil.
Pero todo lo demás en su vida, excepto por John, no había tenido un final feliz. Dios, quizás esa fuera la causa de sus nervios también. Este asunto del emparejamiento con John era como una revelación, demasiado buena para ser verdad.
Frunció el ceño y se puso recta. Luego se frotó los ojos.
No podía estar viendo de verdad lo que había en la pantalla.
No era posible… ¿lo era?
Luchando por encontrar el botón correcto del mando, subió el volumen.
—…el fantasma de Rathboone ronda los salones de su mansión de la Guerra Civil. ¿Que secretos aguardan a nuestro equipo de Investigación Paranormal mientras tratan de descubrir…?
La voz del narrador se desvaneció del audio mientras la cámara se acercaba más y más hacia un retrato de un varón de cabello oscuro y ojos embrujados.
Muhder.
Reconocería aquella cara en cualquier parte.
Levantándose de un salto, se abalanzó hacia la TV… ¿pero cómo iba a ayudarla aquello?
La cámara retrocedió en una panorámica para mostrar una preciosa sala y luego vistas rápidas de los campos de la casa blanca de una plantación. Estaban hablando de algún tipo de especial en directo… durante el cual iban a intentar sacar de su escondrijo al fantasma de un abolicionista de la Guerra Civil que aún seguía rondando las salas y campos donde una vez había vivido.
Sintonizando con el comentarista otra vez, intentó captar desesperadamente donde estaba localizada la mansión. Quizás podría…
En las afueras de Charleston, Carolina del Sur. Allí era donde estaba.
Andando hacia atrás, golpeó la cama con las pantorrillas y se sentó. Su primer pensamiento fue trasladarse allí y ver por sí misma si era su antiguo amante o un fantasma real o solo algún talentoso productor de televisión haciendo mucho ruido.
Pero la lógica anuló el impulso. La última vez que había posado sus ojos en Muhder, él había dejado claro que no quería tener nada que ver con ella. Además, sólo porque hubiera una antigua pintura al óleo que se parecía al macho no quería decir que él estuviera dedicándose a descansar en aquella vieja mansión y jugando a Casper.
Aunque era un retrato asombroso. Y en realidad aterrorizar humanos haciendo ruidos era justo lo que le iba.
Mierda… Le deseaba lo mejor. Por completo. Y si no estuviera convencida de que sería tan mal recibida como el secreto que debería haberle contado tras haberse liado con él, habría hecho el viaje.
El hecho era, sin embargo, que algunas veces lo mejor que podías hacer por alguien era permanecer alejado de él. Y ella le había dado su dirección en el Hudson. Él sabía donde encontrarla.
Dios, aún así esperaba que estuviera bien.
El golpe en la puerta la hizo girar la cabeza.
—¿Sí? —dijo
—¿Es eso un entra? —preguntó una profunda voz masculina.
Se puso de pie y frunció el ceño, pensando que seguro como el demonio que no sonaba como un doggen.
—Sí, no está cerrado.
La puerta se abrió de par en par para revelar… un baúl… como un baúl ropero. Un baúl ropero Louis Vuitton para ser más exactos. Y asumió que el tipo que lo abrazaba era un Hermano… dadas las shitkickers y los pantalones de cuero que asomaban por debajo.
A menos que Fritz hubiera renunciado al estilo de vida Vanilla24 por algo sacado del libro de jugadas de V. Y hubiera ganado unos cincuenta kilos.
El LV bajó lo suficiente como para proporcionarle una clara vista de la cara de Torhmnet. La expresión del Hermano era seria, pero claro, él no era del tipo Sonrisa Profident25. Nunca lo había sido… y dado donde lo había llevado la vida, nunca jamás lo sería.
Él se aclaró la garganta y luego inclinó la cabeza hacia lo que llevaba contra el pecho.
—Te he traído algo. Para tu emparejamiento.
—Um… bueno. John y yo no tenemos lista de regalos en ningún sitio. —Le hizo señas para que entrara—. No es que Crate y Barrel26 venda armas. Pero gracias.
El Hermano atravesó el umbral y dejó el baúl. Tenía metro y medio de alto por uno de ancho y parecía ser del tipo que se abría por la mitad.
En el silencio que siguió, los ojos de Tohrment se deslizaron sobre su cara y una vez más Xhex tuvo la extraña sensación de que el tipo sabía mucho sobre ella.
Él se aclaró la garganta.
—Es costumbre para el emparejamiento de una hembra que la familia de la novia le brinde vestiduras para la ceremonia.
Xhex frunció el ceño de nuevo. Después movió lentamente la cabeza de un lado a otro.
—Yo no tengo familia. No de verdad.
Dios, aquella seria y conocedora mirada suya estaba dejándola helada… y con un estremecimiento, su lado symphath se extendió para ensartarse a través de la rejilla de él, valorando y midiendo.
Vale. Esto no tenía sentido. El resonante dolor, orgullo, tristeza y alegría que él estaba sintiendo… sería razonable sólo si la conociera. Y por lo que ella sabía, eran dos extraños.
Para encontrar la respuesta, intentó penetrar en su mente y sus recuerdos… pero él estaba bloqueando el intento de entrar en su mente. En vez de una lectura de sus pensamientos… todo lo que obtuvo fue una escena de Godzilla contra Mothra.
—¿Quien eres tú para mi? —susurró Xhex.
El Hermano señaló con la cabeza hacia el baúl.
—Te he traído… algo que ponerte.
—Bueno, sí, pero el por qué es lo que más me interesa. —Vale, aquello sonaba ingrato, pero los modales nunca habían sido su fuerte—. ¿Por que ibas a molestarte?
—Las razones concretas no son relevantes, pero son bastante buenas. —Lectura: No iba a entrar en el tema—. ¿Me dejarías mostrártelo?
Normalmente, esto sería un no-voy para ella a muchos niveles, pero este no era un día normal ni ella estaba en un estado de ánimo normal. Y tenía la extraña sensación… de que él la estaba protegiendo con su bloqueo mental. Protegiéndola de una serie de hechos que temía le heriría el corazón.
—Vale. De acuerdo. —Cruzó los brazos sobre el pecho, sintiéndose incomoda—. Ábrelo.
Las rodillas del Hermano crujieron cuando se arrodilló ante el baúl y sacó una llave de latón del bolsillo trasero. Sonó un chasquido y luego él soltó los pestillos de arriba y abajo y se colocó detrás del baúl.
Pero no lo abrió. En lugar de eso, sus dedos recorrieron el baúl con reverencia… y su rejilla emocional casi se colapsó por el dolor que estaba sintiendo.
Preocupada por su salud mental y el sufrimiento que lo atravesaba, ella levantó una mano para detenerlo.
—Espera. ¿Estás seguro de que quieres…?
Él abrió el baúl, empujando las dos mitades.
Metros de satén rojo… metros de satén de un profundo rojo sangre se derramaron de los confines del LV, cayendo sobre la alfombra.
Era un auténtico vestido de emparejamiento. La clase de vestido que pasaba de hembra a hembra. La clase de vestido que te robaba la respiración incluso si no eras una chica hiper-mega-femenina.
Los ojos de Xhex saltaron al Hermano. Él no estaba mirando lo que había traído para ella. Su mirada estaba fija en la pared de la habitación, su expresión era de tolerancia, como si lo que estaba haciendo lo estuviera matando.
—¿Por qué me traes esto? —susurró ella, reconociéndolo por lo que tenía que ser. Sabía poco del hermano, pero era bien consciente de que su shellan había sido tiroteada por el enemigo. Y esto tenía que ser el vestido de emparejamiento de Wellesandra—. Esto es una agonía para ti.
—Porque una hembra debería tener un vestido adecuado para recorrer… el…—Tuvo que aclararse la garganta una vez más—. Este vestido fue llevado la última vez por la hermana de John el día de su emparejamiento con el rey.
Xhex entornó los ojos.
—¿De manera que esto es de parte de John?
—Si —dijo él con aspereza.
—Estás mintiendo… quiero decir sin faltar al respeto, pero no me estás diciendo la verdad. —Echó un vistazo a todo aquel rojo satén—. Es increíblemente hermoso. Pero simplemente no puedo entender por qué apareces aquí justo ahora, esta noche y te ofreces a dejar que lo lleve… porque tus emociones son muy personales en este momento y lugar y ni siquiera puedes mirarlo.
—Como dije mis razones son privadas. Pero sería… un honor que lo llevaras en tu emparejamiento.
—¿Por qué es tan importante para ti?
Una voz femenina los interrumpió.
—Porque él estaba allí en el mismo principio.
Xhex giró en redondo. En el quicio de la puerta, de pie entre las jambas, había una figura negra encapuchada y su primer pensamiento fue que era la Virgen Escriba… sólo que no había luz brillando bajo las ropas.
Su segunda idea fue que la rejilla de esta mujer… era un calco de la de la propia Xhex.
Hasta el punto de que era idéntica.
La figura cojeó hacia delante y Xhex se encontró retrocediendo y tropezando con algo. Mientras se caía, intentó equilibrarse con la cama y falló, aterrizando en el suelo de culo.
Sus rejillas eran absolutamente idénticas, no en términos de emociones, sino en la construcción en sí misma. Idénticas… como debían ser las de madre e hija.
La hembra se llevó las manos a la capucha y lentamente levantó aquello que le cubría la cara.
—Jesús… Cristo
La exclamación llegó de Tohrment y el chasquido de su voz desplazó los ojos gris acerado de la hembra hacia él. Ella le hizo una reverencia lenta.
—Tohrment… hijo de Hharm. Uno de mis salvadores.
Xhex fue vagamente consciente de que el Hermano se abrazaba al baúl, como si sus rodillas hubieran decidido tomarse unas vacaciones por su cuenta. Pero lo que la preocupaba de verdad eran las facciones que habían sido reveladas. Eran tan parecidas a las suyas, mas redondeadas, cierto… más delicadas, sí… pero la estructura ósea era la misma.
—Madre… —jadeó Xhex.
Cuando los ojos de la hembra volvieron atrás, realizaron la misma rutina de buscar-y-memorizar sobre la cara de Xhex.
—En verdad… eres hermosa.
Xhex se tocó la mejilla.
—¿Cómo…?
La voz de Tohrment estaba llena de sorpresa cuando exigió.
—Si… ¿cómo?
La hembra avanzó un poco más con aquella cojera… y Xhex quiso saber quién o qué le había hecho daño. Aunque nada de esto tenía sentido… le habían dicho que su auténtica madre había muerto dándola a luz, por dios… no quería que ningún daño o siquiera tristeza le aconteciera jamás a esta adorable criatura de la túnica.
—La noche de tu nacimiento, hija mía, yo… yo fallecí. Pero cuando intenté entrar en el Fade, no se me permitió el paso. La Virgen Escriba, sin embargo, en toda su gracia, me permitió recluirme en el Otro Lado y allí he permanecido hasta ahora, sirviendo a las Elegidas como penitencia por mi… muerte. Todavía estoy al servicio de una Elegida y he venido aquí, a este lado, para ocuparme de ella. Pero… en realidad, he llegado hasta este plano para verte finalmente en persona. Te he observado largo tiempo y rezado por ti desde el Santuario… y ahora que te veo, descubro… soy bien consciente de lo mucho que tienes que considerar y debes querer explicaciones y estar enojada por… Pero si pudieras abrirme tu corazón, me gustaría forjar… un cariño. Puedo entender que es demasiado poco, demasiado tarde…
Xhex parpadeó. Por patética que eso la hiciera, fue todo lo que pudo hacer… aparte de absorber el increíble pesar de la hembra.
Al final, en un intento de entender algo, lo que fuera, intentó penetrar en la mente de la figura embozada que tenía ante ella, pero no pudo llegar muy lejos. Algunos pensamientos vagos o recuerdos, como los de Tohrment, estaban bloqueados a su percepción. Tenía el contexto emocional, pero ningún detalle.
Sabía, sin embargo, que la hembra decía la verdad.
Y aunque había habido muchas veces en que se había sentido abandonada por quien la había dado a luz, no era estúpida. Las circunstancias de su concepción, dado quien había sido su padre, no podían haber sido felices.
Más bien horrendas.
Xhex siempre había sentido que debía haber sido una maldición para la madre que la había dado a luz y ¿ahora que se encontraba con ella cara a cara? No sentía acritud hacía la inmóvil y tensa figura frente a ella.
Xhex se puso de pie y mientras se levantaba sintió la absoluta desesperación e incredulidad de Tohrment y probó de aquello por sí misma. Pero no daría la espalda a esta oportunidad… al regalo que el destino le había ofrecido la noche de su emparejamiento.
Caminó lentamente sobre la alfombra. Mientras se acercaba a su madre, notó que la otra hembra era mucho más pequeña que ella y más bajita de estatura y más tímida por naturaleza.
—¿Cual es tu nombre? —preguntó Xhex con voz ronca.
—Yo soy…No’One —fue la respuesta—. Soy No’One…
Un agudo silbido hizo girar todas las cabezas hacia la puerta. John estaba de pie justo dentro de la habitación, con su hermana la reina a su lado y en la mano una pequeña bolsa roja con MARCUS REINHARDT, JOYEROS. EST 1893 impreso sobre ella.
Estaba claro que no había salido a un entrenamiento. Había ido con Beth al mundo humano… a por un anillo de emparejamiento.
Xhex recorrió la asamblea con la mirada y vio el cuadro que formaban: Tohrment con el baúl LV, John y Beth en el umbral. No’One cerca de la cama.
Recordaría este momento todos los días de su vida. Y aunque había más preguntas que respuestas en su cabeza, encontró en su propia alma la fuerza para poner palabras a la muda pregunta de John sobre quien era su misteriosa huésped.
Y en realidad, fue por él que fue capaz de dar respuesta a todo: Siempre mirar hacia delante. Había mucho en el pasado que era mejor dejar en los anales de la historia. Aquí en esta habitación, con esta gente, tenía que mirar hacia el futuro.
Aclarándose la garganta, dijo en voz alta y clara:
—John… esta es mi madre. Y me acompañará en nuestro emparejamiento.
John pareció completamente desconcertado… pero reaccionó con rapidez. Como un perfecto caballero. Se aproximó a No’One y le hizo una reverencia. Después habló por signos, que Xhex tradujo con voz ronca.
—Dice que agradece tu presencia en esta noche y que serás siempre bienvenida a nuestra casa.
No’One se cubrió la cara con las manos, evidentemente superada por la emoción.
—Gra…cias. Gracias.
Xhex no era de abrazar, pero era condenadamente buena sujetando gente y agarró el brazo terriblemente delgado de su madre para que la pobre no se estrellara contra la alfombra.
—Está bien —le dijo a John, quien obviamente estaba alucinado por si había podido molestar a la hembra—. Espera… no mires hacia allí, no puedes ver mi vestido.
John se quedó congelado con los ojos medio vueltos hacia la otra parte de la habitación. Vestido, vocalizó.
Sí, difícil saber qué era más sorprendente: su madre apareciendo por primera vez en trescientos años. O el hecho de que, sí, al parecer iba a embutir su culo en un vestido de emparejamiento.
Nunca sabes adonde te va a llevar la vida, ¿verdad?
Y algunas veces, las sorpresas no eran malas, en absoluto.
Una… John.
Dos… un vestido.
Tres… su madre.
Esta noche era una buena noche, una muy buena noche, de hecho.
—Bueno, nos veremos en el vestíbulo —dijo Xhex, señalando con la cabeza y encerrando el vestido en el baúl—. He de vestirme… no quiero llegar tarde a mi propio emparejamiento.
Mientras empujaba el baúl fuera de la habitación, rechazando la ayuda de los machos, les pidió a No’one y a Beth que fueran con ella. Después de todo, ya que se trataba de su madre y la hermana de John, todas tenían que empezar a conocerse… y que mejor manera que dejarla a bien y apropiadamente vestida para su futuro hellren.
Para su macho de valía.
Para el amor de su vida.
Esta noche era en realidad lo mejor que nunca le había pasado.

Capítulo 74

John Matthew se obligó a permanecer a un lado y observar como su shellan llevaba un baúl del tamaño de un Chevy pasillo abajo con su hermana... ¿y la madre de ella?
Estaba emocionado por lo de las dos últimas mujeres, no tanto por el anticuado peso muerto. Pero era demasiado listo para hacerse el He-man con sus músculos. Si Xhex necesitara su ayuda, se la pediría.
 Y por lo que se sabía, Xhex era lo bastante fuerte para hacerlo todo por sí misma. Además, en realidad... era excitante... no iba a negarlo.
—¿ Has conseguido algún trapo que ponerte? —le preguntó Tohrment con brusquedad.
Cuando John echó una ojeada al tipo, quedó claro que el Hermano acababa de ser golpeado justo en el corazón. Se tambaleaba absolutamente sobre sus shitkickers. Sólo que, a tenor de las duras líneas de sus cejas y mandíbula, no iba a entrar en materia al respecto.
Ah...No sé que voy a ponerme, gesticuló John, ¿Un smoking?
—No, tengo exactamente lo que necesitas. Aguanta.
Bam... la puerta se cerró.
John miró alrededor de su habitación y cuando vio el armario, aquella sonrisa de payaso que parecía llevar todo el tiempo volvió. Acercándose, puso la pequeña bolsa roja que había traído de la joyería sobre el escritorio y se detuvo para admirar el despliegue de su convivencia en pareja.
Oh, tío… ella se había trasladado. Realmente se había trasladado. Las ropas de ella y las suyas propias estaban colgadas juntas.
Estirando la mano, tocó los pantalones y camisetas de Xhex y sus pistoleras... y sintió un arrebato de orgullo y felicidad debilitarlo un poco. Ella iba a luchar en la guerra. Lado a lado con él y con los Hermanos. Las Viejas Leyes lo prohibían expresamente, pero el Rey Ciego ya había demostrado no ser esclavo de las antiguas costumbres... y Xhex ya había probado que podía manejarse más que bien en el campo de batalla.
John se encaminó a la cama y se sentó. No estaba seguro de cómo sentirse respecto a que ella estuviera ahí fuera, en la noche, con los asesinos.
De acuerdo. A la mierda. Sabía exactamente como se sentía al respecto.
Sin embargo, no iba a decirle que no saliera. Ella era quien era y él iba a emparejarse con una luchadora.
Así eran las cosas.
Sus ojos se desplazaron hasta la mesilla de noche, inclinándose sobre ella, abrió el cajón superior y sacó el diario de su padre. Deslizando la mano sobre el suave cuero, sintió la historia salir de lo intelectual y entrar en lo actual. Mucho, mucho antes otras manos habían sostenido este libro y escrito en sus páginas... y después a través de una serie de accidentes y suerte el diario había llegado a través de las noches y días hasta John.
Por alguna razón, en esta tarde, su lazo con su padre Darius parecía lo bastante fuerte para traspasar el brumoso éter del tiempo y unirlos a los dos, fundiéndolos hasta...Dios, casi parecía que fueran la misma persona.
Porque sabía que su padre se hubiera sentido emocionado con esto. Lo sabía tan seguro como si el tipo estuviera sentado junto a él en esta cama.
Darius había querido que él y Xhex terminaran juntos. ¿Por qué? ¿Quién lo sabría...? pero aquello era una verdad tan real como los votos que pronto estaría tomando.
John se estiró hacia el cajón otra vez y esta vez, sacó la antigua cajita.
Abriendo la tapa, miró fijamente el pesado anillo de sello de oro. El maldito era  enorme y del tamaño adecuado para la mano de un guerrero, su superficie brillaba a través del delicado trabajo de grabado que cubría la cara superior y los laterales.
Encajaba perfectamente en el índice de su mano derecha.
Y de repente decidió que no iba a quitárselo ni siquiera cuando luchara.
—Él lo habría aprobado.
Los ojos de John se alzaron deprisa. Tohr había vuelto y traía un manojo de seda negra con él... al igual que a Lassiter. De pie detrás del tipo, la luz del ángel caído se derramaba en todas direcciones, como si un amanecer tuviera lugar en el pasillo.
Sabes, por alguna razón, creo que estás en lo cierto, gesticuló John.
—Sé que estoy en lo cierto —El Hermano se aproximó y se sentó en la cama—. Él la conocía.
¿Quien?
—Él conocía a Xhex. Estaba allí cuando ella nació, cuando su madre... —Hubo una larga pausa, como si a Tohr le hubieran revuelto el cerebro y el chapoteo todavía no se hubiera asentado—. Cuando su madre murió, él llevo a Xhex hasta la familia que la cuidó. Amaba a esa pequeña... y también yo. Razón por la cual la llamó Xhexania. La vigilaba desde lejos...
El ataque epiléptico comenzó tan de repente que John no tuvo tiempo de intentar luchar contra él… en un momento estaba sentado erguido escuchando a Tohr, el siguiente estaba tumbado sobre el suelo bailando el consabido bugui-bugui.
Cuando sus sinapsis terminaron con el golpeteo-traqueteo-estallido y se le quedaron las piernas flojas, su respiración se arrastró dentro y fuera de su boca. Para su alivio, Tohr estaba justo encima de él, agachado a su lado.
—¿Como te va? —le preguntó el tipo con firmeza.
John se apoyo en el suelo y se sentó erguido. Frotándose la cara, estuvo encantado de descubrir que su vida aún funcionaba. Nunca pensó que estaría encantado de conseguir una imagen clara de la jeta de Lassiter.
Luchando por controlar sus manos, se las arregló para gesticular. Me siento como si me hubiera pasado por una batidora.
El ángel caído asintió con gravedad.
—Y lo pareces, además.
Tohr lanzó al tipo una mirada feroz, luego se volvió a centrar en John.
—No le hagas caso, está ciego.
—No lo estoy.
—En otro minuto y medio, lo vas a estar. —Tohr tiró del brazo de John y lo arrastró hasta la cama—. ¿Quieres beber algo?
—¿O quizás un nuevo cerebro? —ofreció Lassiter.
Tohr se ladeó.
—Como servicio público, lo dejaré mudo también, ¿de acuerdo?
Eres todo un filántropo.
Hubo una larga pausa y luego John gesticuló. ¿Mi padre la conocía?
—Sí.
Tu también, ¿verdad?
—Sí.
En el silencio que siguió, John decidió que algunas cosas era mejor simplemente dejarlas a su definición. Y esta era una de ellas, dada la tensa expresión del hermano.
—Estoy encantado de que lleves ese anillo —dijo Tohr con brusquedad mientras se ponía de pie—. Especialmente en una noche como esta.
John miró al pedazo de oro de su dedo. Se sentía tan bien. Como si lo hubiera llevado desde hacía años.
Yo también, gesticuló.
—Ahora, si me perdonáis, voy a vestirme.
Cuando John levantó la mirada, volvió a un momento mucho tiempo atrás cuando él había respondido a la puerta de su estudio de mierda y apuntado una pistola arriba, arriba, más arriba, hasta la cara del tipo.
Y ahora Tohr le había traído sus ropas ceremoniales de emparejamiento.
El Hermano sonrió un poco.
—Desearía que tu padre estuviera aquí para ver esto.
John frunció el ceño y giró aquel sello en el dedo, pensando en cuanto le debía al macho. Luego se levantó rápidamente, se puso de pie de un salto... y abrazó fuerte al Hermano. Tohr pareció momentáneamente sorprendido pero luego los fuertes brazos respondieron. Cuando John se echó atrás, miró directamente a aquellos ojos.
Él está aquí. Mi padre está justo aquí conmigo.
* * *
Una hora más tarde, John estaba de pie en el suelo de mosaico del vestíbulo, balanceando su peso hacia delante y hacia atrás entre sus pies. Iba vestido con el atuendo ceremonial tradicional de emparejamiento de un noble de valía, los pantalones de seda negra cayendo hasta el suelo, la parte superior suelta sujeta con un cinturón enjoyado que le había sido obsequiado por el rey para que lo llevara.
Se había decidido celebrar la ceremonia en la base de la gran escalera, en el arco que formaba el comedor. Las dobles puertas del lugar donde todos comían habían sido cerradas para formar una pared y al otro lado de ellas, los doggen habían dispuesto un banquete.
Todo estaba organizado, la Hermandad permanecía en una hilera junto a él, las shellans y otros miembros de la casa estaban reunidos en un amplio semicírculo a lo largo del camino. Entre otros testigos de juego, Qhuinn estaba en un extremo, Blay y Saxton estaban en el otro. iAm y Trez estaban en el centro, habiendo sido invitados como huéspedes especiales.
Mientras John miraba por todo el espacio, tomó nota de las columnas de malaquita, las paredes de mármol y las arañas. Habían sido tantas las veces desde que había llegado aquí para quedarse en las que alguien le había dicho cuanto le habría agradado a su padre que se llenaran todas las habitaciones de gente y vivieran sus vidas bajo este sólido tejado.
John se centró en el manzano representado en el suelo. Era tan hermoso, una señal de la primavera, eternamente florido... el tipo de objeto que te animaba cada vez que lo veías.
Le había encantado el árbol desde que había llegado.
Un jadeo colectivo hizo que alzara la cabeza.
Oh...dulce... María... Madre…de...
Su cerebro se cortocircuitó en ese momento. Se quedó completamente en blanco. Estaba bastante seguro de que su corazón todavía hacía tictac, dado que permanecía de pie ¿pero aparte de eso?
Bueno, había muerto y subido al cielo.
De pie en lo alto de la gran escalera, con la mano posada en la balaustrada dorada, Xhex había aparecido en medio de una impresionante gloria que lo dejó sin sentido y estupefacto.
El rojo vestido largo que lucía le sentaba perfectamente, el lazo negro en la parte alta hacía juego son su cabello negro y los ojos gris oscuro, los kilómetros de satén caían alrededor de su esbelto cuerpo en resplandecientes ondas.
Cuando ella encontró su mirada, se ajustó la cintura, después se alisó la parte de delante.
Ven a mí, gesticuló él, Baja hasta mí, mi hembra.
En la esquina más alejada, un tenor comenzó a cantar, la voz de Zadist, clara como el cristal, flotó hacia las imágenes de los guerreros pintadas en el techo muy, muy por encima de ellos. Al principio John no supo que canción era... aunque si le hubieran preguntado su propio nombre, habría dicho Santa Claus o el rapero Luther o Teddy Roosvelt.
Quizás incluso Joan Collins.
Pero entonces los sonidos se fundieron y captó el tono. “All I Want Is You” de U2.
La única que John le había pedido al macho que le cantara.
El primer paso de Xhex desencadenó los sollozos de las hembras. Y de Lassiter, evidentemente.
Eso o al ángel se le había metido polvo en el ojo.
Con cada escalón que Xhex bajaba, el pecho de John se tensaba más, hasta que sintió no sólo como si su cuerpo estuviera flotando, sino como si estuviera levantando el peso del suelo de piedra de la mansión con él.
En la base de las escaleras, ella se detuvo otra vez y Beth se apresuró hacia delante para arreglarle la larga falda.
Y luego Xhex estaba de pie con él delante de Wrath, al Rey Ciego.
Te amo, vocalizó John.
La sonrisa que ella le dirigió comenzó diminuta, tan sólo la elevación en una comisura, pero se extendió... oh Dios... se extendió hasta que estuvo sonriendo tan ampliamente que sus colmillos aparecieron y los ojos le brillaban como estrellas
Yo también te amo, vocalizó ella en respuesta.
La voz del rey resonó hacia el techo alto.
—Escuchad vosotros, todos los reunidos ante mí. Estamos aquí reunidos para ser testigos del emparejamiento de este macho y esta hembra...
La ceremonia comenzó y se desarrolló, con Xhex y él respondiendo cuando se suponía que debían hacerlo. La ausencia de la Virgen Escriba fue paliada, con el rey declarando que era un buen emparejamiento y luego cuando todos los votos estuvieron hechos, fue el momento de ponerse serios.
Cuando Wrath dio la señal, John se inclinó y presionó sus labios sobre los de Xhex, luego retrocedió y se quitó el cinturón enjoyado y la ropa. Estaba sonriendo como un hijo de puta cuando se los dio a Tohr y Fritz acercó la mesa con el cuenco de sal y el jarro de plata con agua.
Wrath desenvainó su daga negra y dijo en voz alta.
—¿Cual es el nombre de tu shellan?
Hacia todos sin excepción, John gesticuló, Se llama Xhexania.
Con la mano de Tohr guiándolo, el rey grabó la primera letra, justo sobre el tatuaje que John se había hecho. Y luego los otros Hermanos siguieron el ejemplo, marcando a través de la tinta en su piel, las hojas de la Hermandad cortaron no solo los cuatro signos del Antiguo Idioma, sino el trabajo de volutas que el artista del tatuaje había dibujado. Con cada corte, él presionaba sobre la representación del manzano, aguantando con orgullo el dolor, rehusando permitirse siquiera que un silencioso siseo escapara de sus labios... y tras cada letra o giro, miraba a Xhex. Ella permanecía de pie al frente de las hembras y los demás machos, los brazos cerrados sobre el canesú del vestido, los ojos graves pero aprobadores.
Cuando la sal golpeó las heridas frescas, él apretó los dientes tan fuerte, que su mandíbula crujió bajo la tensión, el sonido cortó a través del goteo del agua. Pero no gimió o vocalizó una maldición aun mientras la agonía lo atravesaba y hacía que su visión se emborronara.
Cuando enderezó el torso sobre las caderas, el grito de guerra de la Hermandad y los soldados de la casa resonaron todo alrededor y Tohr secó el crudo diseño con un trozo de lino blanco. Después que el Hermano hubiera terminado, puso la tela en una caja negra lacada y se la dio a John.
Levantándose, John se aproximó a Xhex con el pavoneo arrogante de un macho lleno de orgullo... que había atravesado la prueba de fuego y lo había hecho muy bien, muchas gracias. Frente a ella se arrodilló, dejó caer la cabeza y le ofreció la negra caja para que ella la tomara o rehusara a su voluntad. La tradición decía que si ella la aceptaba, lo aceptaba a él.
Xhex ni siquiera esperó un latido.
El peso fue relevado de sus manos y él levantó la mirada. Esas maravillosas lágrimas rojas de ella inundaban sus ojos mientras acunaba contra su corazón la caja con la prenda de su voto. Mientras los reunidos los aclamaban y aplaudían, John saltó sobre sus pies y la levantó a ella y aquel grandioso y hermoso vestido rojo en sus brazos. La besó fuerte y luego delante del rey y su hermana, sus mejores amigos y la Hermandad, se llevó a su hembra directamente arriba por las mismas escaleras por las que ella había descendido.
Sí, había un banquete en su honor y botellas que descorchar. Pero el macho vinculado que llevaba en su interior necesitaba hacer una pequeña marca... luego bajarían a por comida.
Estaba a medio camino de la escalera cuando la voz de Hollywood le llegó.
—Ey, tío, quiero algo como esa floritura de mierda sobre mí
—Ni lo pienses, Rhage —fue la respuesta de Mary.
—¿Podemos comer ahora? —preguntó Lassiter— ¿O alguien más quiere convertirse en sushi?
La fiesta comenzó a subir de tono, las voces y risas y el ritmo de “Young Forever” de Jay’Z llenaron el espacio. En lo alto de la escalera, John se detuvo y miró hacia abajo. La visión de abajo, emparejada a la hembra que tenía en sus brazos, lo hizo sentir como si hubiera subido a una gran montaña y por fin, inexplicable e increíblemente hubiera alcanzado la cima.
La ronca voz femenina cerró un trato con su erección.
—¿Solo estás dando una vuelta o me has traído aquí por alguna buena razón?
John la besó, deslizando la lengua entre sus labios, penetrándola. No paró hasta que la llevó al interior de su...
De la habitación de ambos.
Dentro, la sentó sobre la cama y ella levantó la vista hacia él, mirándolo como si estuviera más que lista para lo que le iba a dar.
Sólo que pareció sorprendida cuando él simplemente se dio la vuelta.
 Pero tenía que darle el regalo que le había comprado.
Cuando volvió a la cama, llevaba con él la bolsita roja de Reinhardt’s.
Fui criado como humano y cuando ellos celebran sus matrimonios, el hombre da a la mujer una muestra de su cariño. De repente, se puso nervioso. Espero que te guste. Intenté traerte lo adecuado.
Xhex se levantó y las manos le temblaron un poco mientras sujetaba la larga y delgada caja.
—¿Qué has hecho, John Matthew?
Su gemido cuando se abrió el cierre fue puñeteramente fabuloso.
John alargó la mano y sacó la gruesa cadena del nido de terciopelo. El cuadrado diamante asentado en el centro de los eslabones de platino era de seis kilates, fuera lo que fuera lo que significaba eso. Todo lo que le había preocupado de la maldita piedra era que fuera lo bastante grande, brillante y centelleante para que la vieran desde el maldito Canadá.
Por si acaso algún macho la viera y quizás tuviera un calentón o algo, él quería que se supiera que ella tenía dueño. Y si el aroma de vinculación de John no alcanzaba sus narices, el fogonazo de aquella piedra seguro como la mierda que rebotaría en sus retinas.
No te he regalado un anillo porque sé que vas a estar luchando y no querrás estorbos en las manos. Y si te gusta, me encantaría que lo llevaras todo el tiempo...
Xhex le sujetó la cara y lo besó tanto y tan profundo que él no pudo respirar. Y no le preocupó.
—Nunca me lo quitaré. Nunca.
John fusionó sus bocas y la montó, empujándola a ella y el vestido hacia atrás contra las almohadas, las manos subiendo hasta sus pechos, luego bajaron a sus caderas. Y se arqueaba sobre su cuerpo, comenzando a buscar entre los metros de satén…
Le llevó un segundo y medio sentirse frustrado.
Y resultó que el vestido tenía incluso mejor aspecto quitado.
John le hizo lentamente el amor a su hembra, deleitándose en su cuerpo, acariciándolo con las manos y la boca. Cuando finalmente los unió, el ajuste fue tan perfecto, el momento tan correcto, simplemente se calló inmóvil. La vida lo había traído hasta aquí a este momento con ella, con los dos juntos...
Esta era la historia que viviría de ahora en adelante.
—Esto, John...—dijo ella con voz ronca.
Él silbó con una nota ascendente.
—Estaba pensando en conseguirme un poco de tinta para mí también. —Mientras él inclinaba la cabeza a un lado, ella le pasó la mano por los hombros con precaución—. ¿Que tal si vamos a ese salón de tatuajes... quizás poner tu nombre en mi espalda?
El orgasmo que surgió de su cuerpo y se introdujo en el de ella evidentemente sirvió como una réplica bastante buena en ausencia de poder pronunciar una.
Xhex se rió de forma gutural y movió las caderas contra él....
—Me tomaré eso como un sí...
Sí, pensó John mientras empezaba a empujar dentro de ella. Sí, oh, joder, sí...
Después de todo, lo que era bueno para el ganso era incluso más caliente para la gansa. Y lo justo es justo.
Dios, adoraba la vida. Adoraba la vida y a todos los de esta casa y a toda la gente de valía en todos los rincones del mundo. El destino no era fácil... pero ponía las cosas en su sitio.
Tarde o temprano, todo lo que tenía que venir era exactamente como se suponía que debía ser.

FIN
 El nombre de Xhex, en la antigua lengua
El nombre de John Matthew en la antigua lengua

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