viernes, 13 de mayo de 2011

AMANTE OSCURO/EPILOGO

Epílogo

La mansión de la Tumba. Es allí a donde debemos diri­girnos -dijo Tohr mientras pinchaba un pedazo de car­ne asada de la bandeja de piara que el mayordomo le ofrecía-. Gracias, Fritz.
Beth miró a   Wrath, maravillándose de que, en el mes que había transcurrido desde que lo habían herido, se hubiera recu­perado por completo. Estaba saludable y fuerte, tan formidable como siempre, arrogante, adorable, imposible e irresistible.
Cuando se acomodó en su silla en la cabecera de la mesa, la cogió de la mano le acarició la palma con el dedo pulgar. Ella le sonrió.
Habían estado viviendo en la casa de su padre mientras él se recuperaba, trazando planes para el futuro. Y todas las noches, la Hermandad iba a cenar con ellos. Fritz se sentía estusiasma­do de tener la casa siempre llena de gente.
-¿Sabes? Me parece una excelente idea -dijo V-. Yo podría fortificar perfectamente ese lugar. Está bien aislado en la montaña y construido en piedra, de modo que no debemos temer los incendios. Si instalamos unas persianas metálicas en todas las ventanas, podríamos movernos durante el día. Eso supuso una enorme dificultad en esta casa cuando... -Se detuvo-. ¿Y no cuenta con grandes habitaciones subterráneas? Podríamos utili­zarlas para entrenar.
Rhage asintió.
-Además el lugar es bastante grande. Todos podríamos vivir allí sin matarnos entre nosotros.
-Eso depende más de tu boca que de cualquier proyec­to arquitectónico -dijo Phury sonriendo abiertamente. El gue­rrero se movió en su silla, acomodando a Boo en su regazo. -¿Qué opinas? -preguntó Tohr a Wrath.
-No depende de mí. Esos edificios e instalaciones eran propiedad de Darius. Ahora han pasado a enanos de Beth. -Wrath la miró-. ¿Leelan, permitirías que los hermanos utilizaran una de tus casas?
Una de sus casas. Sus casas. Como nunca había sido pro­pietaria de nada, tenía algunas dificultades para asimilar todo lo que ahora le pertenecía. Y no sólo se trataba de bienes inmuebles, sino también de arte, coches, joyas. Y el dinero en efectivo que controlaba era una locura.
Por fortuna, V y Phury compartían con ella sus profundos conocimientos del mercado de valores, y también le estaban enseñando los entresijos de las inversiones en bonos del tesoro, oro, mercancías. Eran asombrosamente buenos con el dinero.
Y todavía más buenos con ella.
Beth recorrió con la mirada a todos los hombres de la mesa.
-Todo lo que la Hermandad necesite, puede disponer de ello.
Hubo un murmullo de gratitud entre los comensales, que levantaron las copas para brindar a su salud. Zsadist dejó la su­ya sobre la mesa, pero le dirigió una leve inclinación de cabeza en señal de agradecimiento.
Ella se volvió a mirar a Wrath.
-¿Pero no crees conveniente que nosotros nos traslade­mos también a vivir allí?
-¿Quieres hacer eso? -preguntó él-. La mayoría de las hembras preferirían su propia casa.
-Es mía, ¿recuerdas? Además, ellos son tus consejeros más cercanos, las personas en las que más confías. ¿Porqué que­rrías separarte de ellos?
-Espera -dijo Rhage-. Pensaba que habíamos acorda­do que no tendríamos que vivir con él.

Wrath le lanzó una mirada severa a Hollywood y luego se dirigió de nuevo a Beth.
-¿Estás segura, leelan?
-Es mejor vivir todos juntos, ¿no? Él asintió.
-Pero también estaríamos más expuestos.
-Pero estaríamos en muy buena compañía. No hay na­die en el mundo en quien confíe más para protegernos que es­tos hombres maravillosos.
-Disculpad -intervino Rhage-. ¿No estáis todos ena­morados de ella?
-Diablos, claro-dijo V, levantando su gorra de los Red Sox-. Completamente.
Phury asintió.
-Y sí ella vive con nosotros podremos conservar el gato. Wrath la besó y miro a Thor.
-Entonces creo que ya tenemos un lugar donde vivir. -Y Fritz también vendrá -dijo Beth, cuando el ma­yordomo entro en la habitación-. ¿No es cierto? Por favor, di que sí,
El mayordomo pareció enormemente complacido por ha­ber sido incluido, y miró a los hermanos con alegría.
-Por usted y el rey, yo iré a cualquier parte, ama. Y esta­ré encantado de atender a todos estos caballeros.
-Bueno, te conseguiremos algo de ayuda. Y se dirigió a 1 rada
-Escucha, en relación con el policía, ¿qué quieres hacer con él?
-¿Me lo preguntas por que es amigo tuyo  o porque es una amenaza para todos nosotros?
-Ambas cosas.
-¿Por qué tengo, el presentimiento de que vas a sugerir algo?
_-Por que es cierto. Él debería acompañarnos.
-¿Por alguna razón en particular?
-He soñado con él.
-Todos los comensales guardaron silencio.
-Hecho. –Dijo Wrath. -Pero con sueños o no, deberá ser vigilado.
V asintió.
-Aceptaré la responsabilidad.
Mientras los hermanos comenzaban a hacer planes, Beth bajó la mirada hacia la mano de su esposo que estaba entre las su­yas, y sintió una absurda necesidad de llorar.
-Leelan -dijo Wrath suavemente- ¿estás bien?
Ella asintió, impresionada al comprobar que él podía per­cibir todos sus sentimientos con pasmosa facilidad.
-Estoy muy bien. -Le sonrió-. ¿Sabes? Justo antes de conocerte estaba buscando una aventura.
-¿En serio?
-Y he encontrado mucho más que eso. Ahora tengo un pasado y un futuro. Toda... una vida. Algunas veces no sé cómo manejar mi buena suerte. Simplemente no sé qué hacer con todo esto.
-Es extraño, yo siento lo mismo. -Wrath le cogió la ca­ra entre las manos y posó sus labios sobre los de ella-. Por eso te beso con tanta frecuencia, leelan.
Ella le rodeó los anchos hombros con sus brazos y le ro­zó los labios con su boca.
-Oh, vamos -dijo Rhage-. ¿Tendremos que verlos be­suquearse todo el tiempo?
-Desearías tener tanta suerte -murmuró V.
-Sí -suspiró Rhage-. Lo único que quiero es una bue­na hembra. Pero imagino que me conformaré con varias malas hasta que la encuentre. La vida es un asco, ¿no creéis?
Hubo una carcajada general. Alguien le lanzó una servi­lleta.
Fritz trajo el postre.
-Por favor, tengan la amabilidad -dijo el mayordomo-, no empiecen a arrojarse la mantelería. ¿Alguien desea melocotones?

No hay comentarios: