miércoles, 25 de mayo de 2011

AMANTE VENGADO/CAPITULO 46 47 48

Capítulo 46


Parado al pie de la escalera principal, Wrath terminó de prepararse para la reunión con la glymera pasándose por los hombros un chaleco antibalas Kevlar.
—Es liviano.
—El peso no siempre lo hace mejor —dijo V mientras encendía un cigarrillo hecho a mano y cerraba de golpe su encendedor de oro.
—¿Estás seguro de eso?
—Cuando se trata de chalecos antibalas, lo estoy —Vishous exhaló, y el humo ensombreció su rostro momentáneamente antes de flotar hacia arriba, al techo ornamentado—. Pero si te hace sentir mejor, podemos amarrarte una puerta de garaje al pecho. O un coche, ya que estamos.
El sonido de fuertes pisadas que provenían de detrás de él, hicieron eco en el suntuoso vestíbulo del color de las piedras preciosas cuando Rhage y Zsadist bajaron juntos, como un par de genuinos asesinos con las dagas de la Hermandad puestas en las fundas de sus pechos, con las empuñaduras hacia abajo. Cuando llegaron frente a Wrath, se escuchó un ruido de campanillas que venía del pórtico, y Fritz fue arrastrando los pies para dejar entrar a Phury, quién se había desmaterializado desde las Adirondacks, así como también a Butch, que acababa de llegar a través del patio.
Al mirar a sus hermanos, Wrath sintió que lo atravesaba una descarga. A pesar de que dos de ellos todavía no le hablaban, podía sentir la sangre de guerrero que tenían en común, recorriéndoles el cuerpo, y disfrutó de la necesidad colectiva de luchar contra el enemigo, ya fuera un lesser o uno de su propia raza.
Un suave sonido proveniente de las escaleras le hizo girar la cabeza.
Tohr estaba bajando con cuidado desde el segundo piso, como si no estuviera seguro de poder confiar en los músculos de sus muslos para que resistieran y sostuvieran su peso. Por lo que Wrath podía ver, el hermano estaba vestido con pantalones camuflados que se ajustaban a unas caderas del tamaño de las de un muchacho, y usaba un suéter negro grueso con cuello de tortuga, que se abullonaba bajo sus axilas. No había dagas en su pecho, pero tenía un par de pistolas colgando de ese cinturón de cuero que, con esperanza y una plegaria, estaba manteniendo los pantalones en su sitio.
Lassiter estaba a su lado, pero por una vez, el ángel no se estaba pasando de listo. Aunque tampoco estaba mirando por donde iba. Por alguna razón, estaba mirando fijamente el mural que había en el techo, el de los guerreros luchando en las nubes.
Todos los hermanos miraron a Tohr, y él no se detuvo, ni miró a nadie a los ojos, simplemente continuó caminando hasta que llegó al suelo de mosaico. Y tampoco allí se detuvo. Pasó de largo a la Hermandad, fue hasta la puerta que conducía hacia la noche, y esperó.
El único eco de lo que había sido alguna vez, era el porte de su mandíbula. Ese firme trozo de hueso sobresaliente estaba paralelo al suelo y un poco más. Por lo que a él concernía, iba a salir y eso era todo.
Ya, pues estaba equivocado.
Wrath se acercó a él y dijo suavemente:
—Tohr, lo siento...
—No hay razón para pedir perdón. Vámonos.
—No.
Hubo un montón movimientos incómodos, como si los otros hermanos estuvieran odiando esto tanto como Wrath.
—No estás lo suficientemente fuerte —Wrath quería poner la mano en el hombro de Tohr, pero sabía que eso conduciría a un violento encogimiento de hombros, dada la forme en que el frágil cuerpo se estaba tensando—. Sólo espera hasta estar listo. Esta guerra... esta jodida guerra va a continuar.
El reloj de pie que estaba en el estudio de la planta alta, comenzó a dar campanadas, el sonido rítmico se esparcía desde el estudio de Wrath, pasando sobre la balaustrada de pan de oro y cayendo hasta los oídos de los allí reunidos. Eran las once y media. Tiempo de salir si querían examinar el perímetro del local de la reunión antes de que llegaran los sujetos de la glymera.
Wrath juró en voz baja y miró sobre su hombro a los cinco guerreros vestidos de negro, que permanecían juntos como una unidad. Sus cuerpos zumbaban llenos de poder, sus armas no estaban constituidas sólo por lo que colgaba de fundas y pistoleras, sino que también lo eran sus manos, pies, brazos, piernas y mentes. La fortaleza mental estaba en la sangre; el entrenamiento y la fuerza bruta en su carne.
Necesitabas ambas para luchar. La voluntad te llevaba sólo hasta cierto punto.
—Te quedas —dijo Wrath—. Y eso es todo.
Con una maldición, se abrió camino hacia el pórtico y salió al otro lado. Dejar atrás a Tohr le sabía mal, pero no había otra opción. El hermano estaba indefenso hasta el punto de ser un peligro para sí mismo, y sería una gran distracción. Si fuera al sitio, cada uno de los hermanos lo tendría en su mente, por lo que todo el grupo tendría la cabeza jodida... y eso no era exactamente lo que querías si ibas a una reunión donde alguien podría tratar de asesinar al Rey. Por, veamos, segunda vez en la semana.
Mientras las puertas exteriores de la mansión se cerraban con un sonido atronador, Tohr se quedó al otro lado y Wrath y los hermanos permanecieron bajo las ráfagas vigorizantes que surcaban la pared de la montaña del complejo, corrían a través del patio y zigzagueaban entre los coches que había allí.
—Maldita sea —murmuró Rhage mientras se concentraban en la lejanía del horizonte.
Después de un momento, Vishous giró la cabeza hacia Wrath, y su silueta quedó perfilada contra el cielo gris.
—Tenemos que...
Sonó la detonación de un arma de fuego, y el cigarrillo hecho a mano que V tenía entre los labios fue cercenado de su boca. O quizás fue directamente vaporizado.
—¡Qué mierda! —gritó V mientras retrocedía.
Todos se dieron vuelta al unísono, buscando sus armas aún cuando no había manera de que sus enemigos pudieran estar cerca de la gran fortaleza de piedra.
Tohr estaba parado tranquilamente en la entrada de la mansión, sus pies plantados sólidamente y sus dos manos aferrando la culata del arma que acababa de disparar.
V se abalanzó hacia adelante, pero Butch lo aprisionó rodeándole fuertemente el pecho, para evitar que derribara a Tohr al suelo.
Eso no detuvo la boca de V.
—¡En qué coño estabas pensando!
Tohr bajó el cañón.
—Tal vez todavía no esté listo para luchar mano a mano, pero soy de lejos mejor tirador que cualquiera de vosotros.
—Eres un maldito loco —le espetó V—. Eso es lo que eres.
—¿De verdad crees que te pondría una bala en la cabeza? —El tono de voz de Tohr era uniforme—. Ya perdí al amor de mi vida. Dispararle a uno de mis hermanos no es el tipo de remate que estoy buscando. Como dije, soy el mejor de todos con un arma, y eso no es el tipo de activo que queráis dejar fuera en una noche como esta —Tohr volvió a enfundar la SIG—. Y antes de que me vuelvas loco con tus por qués, tenía que hacer una declaración, y era mejor que dispararle a tu horrible perilla. Y eso no quiere decir que no sea capaz de matar por darte la afeitada que tu barbilla está pidiendo a gritos.
Hubo una larga pausa.
Wrath estalló en carcajadas. Lo cual, naturalmente, era demencial. Pero la idea de no tener que lidiar con el hecho de haber dejado a Tohr atrás como un perro al que no se le permite ir con el resto de la familia, era un alivio tan asombroso que todo lo que pudo hacer fue bramar.
Rhage fue el primero en unírsele, echando la cabeza hacia atrás con las luces de la mansión quedándose atrapadas en su brillante cabello rubio y sus dientes súper blancos relampagueando. Mientras reía, su gran mano subió y se posó sobre su corazón como si estuviera esperando que la cosa no hiciera un cortocircuito.
Butch fue el siguiente, el poli ladró fuerte y aflojó su agarre del torso de su mejor amigo. Phury sonrió por un segundo, y entonces sus grandes hombros empezaron a temblar... lo que hizo sonreír a Z hasta que su rostro con cicatrices se convirtió en una sonrisa grande y ancha.
Tohr no sonrió, pero hubo un indicio del modo en que él solía ser, en la satisfacción con la que se recostó sobre sus talones. Siempre había sido un tipo serio, del tipo que estaba más interesado en estar seguro de que todos estaban calmados y controlados que haciendo bromas y siendo unos gritones. Pero eso no significaba que no pudiera bromear junto con el mejor.
Por eso era tan perfecto como líder de la Hermandad. Las habilidades correctas para un trabajo necesario; fuerte en la cabeza, cálido en el corazón.
En medio de la risa, Rhage miró hacia Wrath. Sin decir una palabra, los dos se abrazaron, y cuando se apartaron, Wrath le dio a su hermano el equivalente masculino a una disculpa... lo cual era un buen golpe en el hombro. Entonces se giró hacia Z y éste asintió una vez. Lo cual era una versión taquigráfica de Zsadist de Sí, eres un gilipollas, pero tienes tus razones y estamos bien.
Era difícil saber quien había empezado, pero alguien puso sus brazos sobre los hombros de alguien más, y entonces otro lo hizo, y luego estaban en un abrazo de fútbol. El círculo que habían hecho en ese viento frío era desparejo, compuesto por diferentes alturas corporales y anchos de pecho que variaban y longitudes de brazos que no eran iguales. Pero vinculados juntos eran una unidad.
De pie, cadera con cadera con sus hermanos, Wrath vio como muy extraño y especial lo que una vez dio por sentado: la Hermandad junta una vez más.
—Hey…¿queréis compartir un poco de su hermaromance[1] por aquí?
La voz de Lassiter hizo que alzaran las cabezas. El ángel estaba parado en los escalones de la mansión, su brillo repartía en la noche una luz encantadora y suave.
—¿Lo puedo golpear? —preguntó V.
—Más tarde —dijo Wrath, cerrando la discusión—. Y muchas, muchas veces.
—No era exactamente lo que tenía en mente —murmuró el ángel mientras uno por uno se desmaterializaban hacia la reunión, con Butch conduciendo para encontrarse con ellos.


Xhex tomó forma en un lugar con pinos que estaba más o menos a noventa metros de la tumba de Chrissy. Eligió el escenario no porque esperara que Grady estuviera parado sobre la lápida y gimoteando en la manga de su chaqueta de águila, sino porque quería sentirse aún peor de lo que ya se sentía... y no podía pensar un mejor lugar para eso, que donde la chica iba a terminar nada más llegar la primavera.
Para su sorpresa, pensó, no estaba sola. Por dos razones.
El sedán aparcado justo cerca de la curva, con una vista despejada a la tumba, era indudablemente de De la Cruz o de uno de sus subordinados. Pero también, había alguien más.
En realidad, una fuerza malévola.
Cada impulso symphath que tenía le decía que actuara cuidadosamente. Por lo que podía decir, esa cosa era un lesser con una inyección de ácido nitroso en su motor maligno, y en un rápido arrebato de autoprotección, se aisló a sí misma, camuflándose con el paisaje...
Bueno, bueno, bueno… otra eventualidad para atender.
Desde el norte, se aproximaba un grupo de hombres, dos de los cuales eran altos y el otro mucho más bajo. Todos estaban vestidos de negro y al menos en su coloración parecían noruegos.
Fenomenal. A menos que hubiera una nueva pandilla en la ciudad, una llena de matones Porque-tu-lo-vales, y que fueran fanáticos del tinte Preference de L´Oréal, esa panda de rubitos eran asesinos.
¿El DPC, la Sociedad Lessening, y algo peor, todos cazando alrededor de la tumba de Chrissy? ¿Cuáles eran las posibilidades?
Xhex esperó, observando a los asesinos separándose y encontrando árboles para esconderse detrás.
Sólo había una explicación: Grady había caído con los lessers. No era una sorpresa, considerando que reclutaban criminales, especialmente del tipo violento.
Xhex dejó que pasaran los minutos, una situación improductiva, sólo esperando por el estallido de acción que era inevitable, dada la película con ese tipo de elenco. Tenía que regresar al club, pero la mierda iba a tener que funcionar sin ella, porque no había manera de que se fuera.
Grady tenía que estar de camino.
Pasó un poco más de tiempo, y hubo más viento frío y muchas más nubes azul oscuro y gris brillante flotando a través de la cara de la luna.
Y entonces, como si nada, los lessers, se fueron.
La presencia malévola también se desmaterializó.
Tal vez se habían rendido, pero no parecía probable. Por lo que sabía de los lessers, tenían muchos defectos, pero el TDA[2] no era uno de ellos. Eso quería decir que estaba pasando algo más importante, o habían cambiado de pa...
Escuchó un susurro a través del suelo.
Mirando sobre su hombro, vio a Grady.
Él se estaba acurrucado contra el frío, sus brazos metidos en una parka negra que le quedaba grande arrastrando los pies contra la fina capa de nieve. Estaba mirando por todos lados, buscando entre las tumbas la más nueva, y si continuaba así, iba a encontrar pronto la de Chrissy.
Por supuesto, eso también quería decir que iba a ver al poli de incógnito en el coche. O el poli lo iba a ver.
Bien. Tiempo de hacer una jugada.
Asumiendo que los asesinos permanecieran lejos, Xhex podía tratar con el DPC.
No iba a perder esta oportunidad. De ninguna maldita manera.
Apagando su teléfono, estuvo lista para empezar a trabajar.


Capítulo 47


—Maldita sea, nos tenemos que ir —dijo Rehv desde detrás de su escritorio. Al finalizar otra llamada más al móvil de Xhex, tiró su teléfono nuevo como si no fuera más que un pedazo de basura, algo que evidentemente se estaba convirtiendo en un mal hábito—. No sé donde demonios está, pero tenemos que irnos.
—Volverá. —Trez se puso un gabán de cuero negro y se encaminó hacia la puerta—. Y visto el humor que tenía es mejor que esté ausente en vez de aquí. Iré a ver al supervisor de turno y le diré que me contacte a mí en caso de que surja cualquier tipo de problema, luego iré a buscar el B.
Cuando se fue, iAm volvió a comprobar las dos H&K que tenía bajo los brazos con eficiencia letal, sus ojos negros tenían una expresión serena y sus manos eran firmes. Satisfecho, el macho recogió un gabán de cuero color gris acero y se lo puso.
El hecho de que los abrigos de los hermanos fueran similares tenía sentido. A iAm y a Trez les gustaban las mismas cosas. Siempre. Aunque no eran gemelos de nacimiento, se vestían de forma similar y siempre iban armados con armas idénticas, y consecuentemente compartían las mismas ideas, valores y principios.
No obstante, había algo en lo que eran diferentes. Mientras iAm permanecía junto a la puerta, estaba en silencio y quieto como un Doberman de servicio. Pero su falta de conversación no significaba que no fuera tan mortal como su hermano, porque los ojos del tipo expresaban toneladas de cosas, a pesar de que su boca permaneciera firmemente atornillada: a iAm nunca se le escapaba nada.
Incluyendo, obviamente, los antibióticos que Rehv sacó de su bolsillo y tragó. Así como también el hecho de que a continuación apareció una aguja esterilizada a la que se la dio uso.
—Bien —dijo el macho, mientras Rehv volvía a bajarse la manga y se ponía la chaqueta del traje.
—¿Bien qué? —iAm simplemente le miró fijamente desde el otro lado de la oficina, con una expresión de no–seas–imbécil–sabes–perfectamente–bien–de–qué–estoy–hablando.
Solía hacer eso a menudo. Hablar toneladas con una sola mirada.
—Lo que sea —murmuró Rehv—. No te excites tanto, no es como si le hubiera dado vuelta a la hoja para empezar de nuevo.
Podría estar tratando la infección de su brazo, pero todavía seguía habiendo mierda colgando como flecos podridos por todas las aristas de su vida.
—¿Estás seguro de eso?
Rehv puso los ojos en blanco los ojos y se levantó, deslizando una bolsa de M&M en el bolsillo de sus pieles.
—Confía en mí.
iAm adoptó una expresión de «¿Ah, sí? » y clavó los ojos en el abrigo de Rehv.
—Se derriten en tu boca, no en tu mano[3].
—Oh, cállate. Mira, las píldoras deben tomarse con las comidas. ¿Llevas contigo un sándwich de jamón y queso en pan de centeno? Yo no.
—Podría haberte hecho unos linguini con salsa Sal y habértelos traído. La próxima vez avísame con más tiempo.
Rehv salió de la oficina.
—¿Podrías dejar de ser tan considerado? Me hace sentir como la mierda.
—Ese es tú problema, no el mío.
Cuando salían de la oficina, iAm habló por su reloj y Rehv no perdió nada de tiempo en el trayecto entre la puerta lateral del club y el coche. Cuando estuvo dentro del B, iAm desapareció, viajando como una sombra ondulada sobre el suelo, desordenando las páginas de una revista, haciendo repiquetear una lata abandonada y erizando la nieve suelta.
Llegaría antes al lugar de la reunión y abriría el local mientras Trez conducía hacia allí.
Rehv había fijado la reunión en ese lugar por dos motivos. Primero, era el leahdyre, por lo que el Consejo debía ir donde él dijera y sabía que iban a retorcerse porque considerarían que el establecimiento era indigno de ellos. Eso siempre era un placer. Y segundo, era una propiedad que había adquirido como inversión, así que estaba en su territorio.
Eso siempre era una necesidad.
El Restaurante Salvatore’s, hogar de la famosa salsa Sal, era toda una institución italiana en Caldie, y hacía más de cincuenta años que había abierto sus puertas. Cuando el nieto del primer dueño, Sal iii , como se le conocía, desarrolló un horrendo hábito por el juego y adquirió una deuda de ciento veinte mil dólares con los apostadores de Rehv, se había dado el caso de «esto por aquello»: el nieto le transfería la escritura legal del establecimiento a Rehv y Rehv no le rompía la brújula a la tercera generación.
Lo que en términos vulgares, significaba que el tipo se salvaba de que le destrozaran los codos y las rodillas hasta el punto de necesitar un reemplazo de articulaciones.
Oh, y la receta secreta de la salsa Sal había venido con el restaurante… requerimiento añadido por iAm: durante las negociaciones que habían durado tanto como un minuto y medio, la Sombra había alzado la voz para decir: no hay salsa, no hay trato. Y luego había exigido catarla para asegurarse de que la receta fuera la correcta.
Desde que se había producido esa feliz transacción, el Moro había estado administrando el lugar, ¿y quién lo hubiera dicho?, estaba dando ganancias. Pero bueno, eso era lo que ocurría cuando no empleabas cada céntimo disponible para dilapidarlo en malas selecciones de fútbol. En el restaurante el negocio estaba en alza, la calidad de la comida volvía a ser la de antes, y el lugar estaba recibiendo una cirugía estética jodidamente importante que se traducía en nuevas mesas, sillas, manteles, alfombras y candelabros.
Todos los cuales eran réplicas exactas de lo que había habido antes.
No se jodía con la tradición, como solía decir iAm.
El único cambio interior era uno que nadie podía ver: una malla de acero había sido aplicada a cada centímetro cuadrado de paredes y techos y todas las puertas excepto una habían sido reforzadas con la misma mierda.
Nadie podría desmaterializarse hacia dentro o hacia fuera sin que la dirección estuviera enterada o lo hubiera aprobado.
A decir verdad, el dueño del lugar era Rehv, pero era el bebé de iAm, y el Moro tenía razón al estar orgulloso de sus esfuerzos. Hasta los goombahs[4] italianos de la vieja escuela apreciaban la comida que cocinaba.
Quince minutos más tarde, el Bentley se detuvo bajo el porte cochere de la única planta en superficie de ladrillo cara vista que era su marca registrada. En el edificio las luces estaban apagadas, incluso las que iluminaban el nombre de Sal, aunque el parking desierto estaba iluminado con el brillo anaranjado de lámparas a gas antiguas.
Trez aguardó en la oscuridad con el motor encendido y las puertas del coche a prueba de balas trancadas, mientras evidentemente se comunicaba con su hermano de la forma en que lo hacían las Sombras. Después de un momento hizo un gesto afirmativo con la cabeza y apagó el motor.
—Está despejado. —Salió y dio la vuelta al Bentley para abrirle la puerta trasera a Rehv mientras éste agarraba su bastón y deslizaba su cuerpo entumecido por el asiento de cuero para salir. Durante el tiempo que tardaron en cruzar el pavimento y abrir la pesada puerta negra, el arma del Moro estuvo desenfundada y sobre su muslo.
Entrar a Sal era como atravesar el Mar Rojo. Literalmente.
Frank Sinatra les dio la bienvenida, su tema «Wives and Lovers» fluía desde los altavoces empotrados en el techo de terciopelo rojo. Bajo sus pies la alfombra roja había sido reemplazada recientemente y brillaba con el mismo lustre y la misma intensidad que la sangre humana recién derramada. Las paredes circundantes eran rojas con un diseño de hojas de acanto y la iluminación era como la de una sala de cine, es decir que en su mayor parte estaba a nivel del suelo. Durante el horario laboral, el puesto de maître y el guardarropa eran atendidos por mujeres de cabello oscuro bellísimas con vestidos cortos en rojo y negro y medias, y todos los camareros usaban trajes negros con corbatas rojas.
A un lado, había una hilera de teléfonos públicos de los años cincuenta y dos máquinas expendedoras de cigarrillos de la época de Kojak, y como siempre, el lugar olía a orégano, ajo y buena comida. En el fondo también subsistía un aroma a cigarrillos y cigarros puros… aun cuando la ley establecía que no se debía fumar en este tipo de establecimientos, en la habitación de atrás, donde estaban las mesas reservadas y se realizaban los juegos de póquer, la administración permitía hacerlo.
Rehv siempre había sido un poquito tocapelotas con respecto a tener tanto rojo rodeándole pero sabía que mientras pudiera mirar hacia los dos comedores y ver que los manteles de las mesas eran blancos y que las profundas sillas de cuero tenían la hondura adecuada, estaba bien.
La Hermandad ya está aquí —dijo Trez mientras se dirigían hacia el comedor privado dónde se llevaría a cabo la reunión.
Cuando entraron a la habitación, no se oían conversaciones, ni risas, ni siquiera un carraspeo entre los machos que llenaban el espacio. Los Hermanos estaban alineados hombro–con–hombro delante de Wrath, que estaba ubicado frente a la única puerta que no estaba reforzada con acero… para que pudiera desmaterializarse libremente y al instante en caso de ser necesario.
—Buenas noches —dijo Rehv, optando por la cabecera de la mesa larga y angosta que había sido dispuesta con veinte sillas.
Hubo un galimatías de «hola como estas», pero el hermético grupo de guerreros parecía una hilera de defensas de fútbol, enfocados exclusivamente en la puerta de entrada que Rehv acababa de atravesar.
Sip, si jodías a su amigo Wrath te harían conocer tu posible futuro… metiéndotelo por el culo.
¿Y quién lo hubiera dicho? Al parecer habían adquirido una mascota. Un poco más alejado, hacia la izquierda, había un tipo que parecía una brillante estatuilla del Oscar, con la frente en alto y luciendo unos pantalones de camuflaje, su cabello rubio y negro le hacía parecer un heavy de los años ochenta en busca de una banda que le respaldara. Con todo, el aspecto de Lassiter, el ángel caído, no era menos feroz que el de los Hermanos. Tal vez era debido a sus piercings. O al hecho de que sus ojos eran completamente blancos. A la mierda con eso, el motivo verdadero era que las vibraciones que emitía el tipo eran realmente intensas.
Interesante. Dada la forma en que fijaba su mirada penetrante en la puerta, al igual que los demás, se diría que Wrath estaba en la lista de especies protegidas de ese ángel.
iAm entró desde la parte trasera, con el arma en una mano y una bandeja con capuchinos en la otra.
Varios Hermanos aceptaron lo que se les ofrecía, aunque todos esos vasos delicados se iban a convertir en goma de mascar para los tacos de sus shitkickers si tenían que pelear.
—Gracias, amigo. —Rehv también aceptó uno de los capuchinos—. ¿Cannoli[5]?
—Están en camino.
Las instrucciones para acudir a la reunión habían sido claramente indicadas de antemano. Los miembros del Consejo debían llegar por la parte delantera del restaurante. Si alguno siquiera tocaba el picaporte de otra puerta, asumiría el riesgo de que le dispararan. iAm les franquearía la entrada y les escoltaría hacia la habitación. La partida, también sería por la puerta delantera, y se les proporcionaría un guardia para que pudieran desmaterializarse a salvo. Aparentemente, las medidas de seguridad se debían a que Rehv estaba «preocupado por los lessers». El verdadero motivo era proteger a Wrath.
iAm entró con los cannoli.
Se comieron los cannoli.
Trajeron más capuchinos.
Frank cantó «Fly me to the Moon». Luego vino esa canción que hablaba del bar que estaba cerrando y que él necesitaba otra para el camino.
Y luego la que se refería a tres monedas en una fuente. Y al hecho de que estaba enamorado de alguien.
Junto a Wrath, Rhage cambió el peso imponente de su cuerpo de una shitkicker a otra, y su chaqueta de cuero rechinó. A su lado, el Rey hizo rodar sus hombros, y uno de ellos crujió. Butch hizo sonar sus nudillos. V encendió un cigarrillo. Phury y Z se miraron el uno al otro.
Rehv les echó un vistazo a iAm y a Trez que estaban en la entrada. Volvió a mirar a Wrath.
—Sorpresa, sorpresa.
Haciendo uso de su bastón, se puso de pie y dio una vuelta alrededor de la habitación, y su lado symphath sintió respeto por la táctica ofensiva de los otros miembros del Consejo al organizar esta ausencia inesperada. Nunca hubiera pensado que tenían las pelotas suficientes para…
Desde la puerta delantera del restaurante les llegó un bing–bong.
Mientras Rehv giraba la cabeza, oyó el suave deslizar metálico al ser retirados los seguros de las armas que los Hermanos tenían en las manos.


Al otro lado de la calle, frente a los portones cerrados del Cementerio de Pine Grove, Lash caminó hacia un Honda Civic que estaba aparcado en las sombras. Cuando puso la mano sobre el capó, lo sintió caliente, y no tuvo que rodearlo hasta llegar al asiento del conductor para saber que la ventanilla había sido rota. Este era el coche que Grady había utilizado para ir hasta la tumba de su fallecida ex.
Cuando oyó el sonido de botas que se aproximaban por el asfalto, agarró el arma que portaba en el bolsillo superior.
Mientras se acercaba, el señor D no dejaba de tironear de su sombrero de cowboy.
—¿Por qué nos hizo abandonar…?
Con toda calma Lash elevó el arma apuntándola a la altura de la cabeza del lesser.
—Dame ya un motivo para que no te abra un agujero en ese puto cerebro que tienes.
Los asesinos que estaban uno a cada lado del señor D dieron un paso atrás. Muy atrás.
—Porque yo descubrí que había huido —dijo el señor D con su tonillo tejano—. Por eso. Estos dos no tenían ni la menor idea de adónde había ido.
—Tú estabas a cargo. Tú lo perdiste.
El señor D tenía la mirada serena.
—Estaba contando todo tu dinero. ¿Quieres que otra persona haga esa tarea? No lo creo.
Mierda, buen argumento. Lash bajó el arma y miró a los otros dos. A diferencia del señor D que estaba firme como una roca, los otros estaban muy agitados. Lo cual le indicaba precisamente quién había perdido su propiedad.
—¿Cuánto dinero ingresó? —preguntó Lash, con la vista todavía clavada en sus hombres.
—Mucho. Está todo allí en el Escort.
—Bien, ¿qué os parece? Mi humor está mejorando —murmuró Lash, guardando su arma—. En cuanto a por qué os ordené deteneros, Grady está a punto de ir preso con mis jodidas felicitaciones. Quiero que sea la novia de alguien un par de veces y que disfrute de la vida tras las rejas antes de que le mate.
—¿Pero y qué me dices de…?
—Tenemos los medios para contactar con los otros dos distribuidores y podemos vender el producto por nuestra cuenta. No le necesitamos.
El sonido de un coche aproximándose a los portones de hierro desde dentro del cementerio hizo que todos giraran la cabeza hacia la derecha. Era el coche que había estado aparcado al otro lado de la curva que había junto a esa nueva tumba y cuando el PDM se detuvo, de su tubo de escape se elevó el vapor, emitiendo resoplidos como si el motor estuviera tirándose pedos. Se bajó un tipo muy desarreglado de cabello oscuro. Después de abrir la cadena, aplicó toda su energía a empujar una mitad de los portones hacia un lado, luego los atravesó con el coche, volvió a bajarse del mismo y cerró el lugar otra vez.
En el coche no había nadie más.
Dobló a la izquierda, y las luces rojas fueron desvaneciéndose mientras se alejaba.
Lash le echó un vistazo al Civic que era la única otra forma que tenía Grady de salir de allí.
¿Qué coño había pasado? El policía debería haber visto a Grady, porque iba caminando directamente hacia su coche…
Lash se envaró y luego giró rápidamente sobre su bota, moliendo, con la gruesa suela de su bota, la sal que había sido derramada sobre el sendero.
Había algo más en el cementerio. Algo que en ese momento había decidido revelarse a sí mismo.
Algo que se percibía exactamente igual que el symphath del norte del estado.
Y ese era el motivo de que el policía se hubiera ido. Le habían impulsado mentalmente a hacerlo.
—Regresa al rancho con el dinero —le dijo al señor D—. Te veré allí.
—Sí, señor. Enseguida.
Lash no le prestó mucha atención a la respuesta. Estaba demasiado interesado en enterarse de qué mierda estaba pasando alrededor de la tumba de la chica muerta prematuramente.


Capítulo 48


A Xhex le alegraba que la mente humana fuera como arcilla: no le llevó mucho tiempo lograr que el cerebro de José De la Cruz registrara la orden que le dio, y en cuanto lo hizo, puso su vaso de café frío en el portavasos y arrancó el coche.
Al otro lado, entre los árboles, Grady detuvo su marcha de zombie, tenía aspecto de estar jodidamente horrorizado al ver que había un sedán allí. Sin embargo, a ella no le preocupó que el tipo pudiera acobardarse. El dolor por la pérdida, la desesperación y el remordimiento llenaban el aire que le rodeaba y esa rejilla pronto le haría avanzar hacia la tumba reciente con mayor resolución que cualquier pensamiento que ella pudiera implantar en el lóbulo frontal del hijo de puta.
Xhex esperó mientras él esperaba… y efectivamente, en cuanto De la Cruz se hubo ido, esas botas que habían sido fabricadas para caminar volvieron al juego, llevando a Grady justo a donde ella lo deseaba.
Cuando él llegó a la lápida de granito, un sonido ahogado escapó de su boca y fue el primer sollozo de los muchos que siguieron. Como un mariquita comenzó a sollozar, y su aliento se congelaba formando nubes blancas mientras se agachaba sobre el lugar donde la mujer que había asesinado iba a pasar el próximo siglo descomponiéndose.
Si quería tanto a Chrissy, ¿por qué no había pensado en ello antes de liquidarla?
Xhex salió de detrás del roble y dejó que su enmascaramiento se evaporara, revelándose a sí misma en el paisaje. Mientras se aproximaba al asesino de Chrissy, llevó la mano hacia la parte baja de su espalda y desenfundó la hoja de acero inoxidable que tenía elegantemente enfundada a lo largo de su espina dorsal. El arma era larga como su antebrazo.
—Hola, Grady —dijo.
Grady se dio vuelta de golpe como si le hubieran metido un cartucho de dinamita en el culo y tuviera la esperanza de extinguir la mecha en la nieve.
Xhex mantuvo el cuchillo detrás de su muslo.
—¿Cómo estás?
—¿Qué…?
Buscó con la vista sus dos manos. Cuando sólo vio una, retrocedió como un cangrejo, sobre manos y pies, arrastrando el culo por el suelo.
Xhex le siguió, procurando mantener una distancia de un metro entre ellos. A juzgar por la forma en que Grady insistía en mirar por encima de su hombro, se diría que estaba preparándose para girar y salir disparado, y ella se iba a mantener inactiva hasta que él…
Bingo.
Grady se abalanzó hacia la izquierda, pero ella cayó sobre él, asiéndolo por la parte alta del arco de la muñeca, permitió que el impulso que había adquirido le llevara hacia delante hasta que su sujeción le frenó en seco. Terminó boca abajo con el arma doblada tras su espalda y rendido a su misericordia. Y por supuesto que ella había nacido con una carencia absoluta de misericordia. Con una rápida cuchillada, dio un tajo a su tríceps, cortando la gruesa y esponjada parka y la piel fina y suave.
Lo hizo sólo para distraerlo, y funcionó. Grady aulló y se apresuró a cubrirse la herida.
Y eso le dio tiempo de sobra a ella para agarrarle la bota izquierda y torcerla hasta que a él ya no le importó mucho lo que estaba ocurriendo con su brazo. Gritó y trató de aliviar la presión dándose vuelta, pero ella le plantó una rodilla en la parta baja de la espalda y lo mantuvo en el lugar mientras le rompía el tobillo, torciéndoselo hasta que se quebró. Se desmontó rápidamente y con otro corte incapacitó su otra pierna rebanando los tendones de su muslo.
Eso cortó los gimoteos a la mitad.
Cuando a Grady lo abordó el pánico, perdió el aliento y se calmó… hasta que ella comenzó a arrastrarlo hacia la tumba. Aunque luchó todo el camino de la misma manera que gritaba, hizo más ruido que efecto. Una vez que estuvo donde ella le quería, le cercenó los tendones del otro brazo para que por más que se esforzara en mover las manos, no pudiera. Luego le dio vuelta para que tuviera una buena vista de los cielos y tiró de su parka hacia arriba.
Agarró su cinturón al mismo tiempo que le enseñaba el cuchillo.
Los hombres eran graciosos. Sin importar cuan descontrolados estuvieran, si acercabas algo largo, afilado y brillante a su cerebro primario, obtenías fuegos artificiales.
—¡No…!
—Oh, sí —le acercó la hoja a la cara—. Claro que sí.
Él luchó denodadamente a pesar de las heridas ocasionadas para inhabilitarlo, y ella se detuvo para disfrutar del espectáculo.
—Antes de que te deje, estarás muerto —le dijo mientras él se sacudía por todas partes—. Pero antes de irme, tú y yo vamos a pasar un buen rato juntos. No mucho, ¿sabes? Tengo que volver al trabajo. Menos mal que soy rápida.
Le puso la bota sobre el esternón para inmovilizarlo, le abrió el botón y el cierre de la bragueta, y le bajó los pantalones.
—¿Cuánto tiempo te llevó matarla, Grady? ¿Cuánto?
Absolutamente aterrorizado, gimió y se revolcó y su sangre manchó la nieve blanca de rojo.
—¿Cuánto tiempo, hijo de puta? —Hizo un tajo a lo largo de la cinturilla de sus boxers de Emporio Armani—. ¿Cuánto tiempo sufrió?
Un momento después, Grady gritó tan fuerte, que el sonido ni siquiera fue humano; se parecía más al estridente grito de un cuervo negro.
Xhex hizo una pausa y desvío la vista en dirección a la estatua de la mujer con túnica que había pasado tanto tiempo mirando durante el servicio de Chrissy. Por un momento, pareció que el rostro de piedra había cambiado de posición, como si la hermosa hembra ya no estuviera mirando a Dios, sino a Xhex.
Salvo que eso no era posible, ¿o sí?


Mientras Wrath permanecía detrás de la pared de Hermanos, sus oídos captaron la pista del sonido distante de la puerta delantera de Sal abriéndose y volviéndose a cerrar, aislando el sutil giro de las bisagras entre los Scooby–dooby–doos de Sinatra. Lo que fuera que estuvieran esperando, acababa de llegar, y tanto su cuerpo como sus sentidos y su corazón se desaceleraron como si estuvieran aproximándose a una curva cerrada y se prepararan para tomarla a toda potencia.
Giró los ojos para poder enfocarlos mejor, la habitación roja, la mesa blanca y las nucas de las cabezas de sus hermanos se hicieron un poco más claras mientras iAm volvía a aparecer en la arcada.
Un macho extremadamente bien vestido le acompañaba.
Bien, ese tipo tenía «glymera» estampado por todo su elegante culo. Con su ondulado cabello rubio peinado con raya al lado, tenía un estilo tipo «El Gran Gatsby», su rostro estaba tan perfectamente proporcionado y equilibrado que era francamente hermoso. Su abrigo de lana negra estaba confeccionado para ajustarse a su delgado cuerpo, y en la mano llevaba un delgado maletín con documentos.
Wrath nunca lo había visto antes, pero parecía joven para la situación con la que acababa de encontrarse. Muy joven.
No era nada más que un cordero para el sacrificio muy caro y con mucho estilo.
Rehvenge caminó a zancadas hacia el chico, el symphath sostenía su bastón como si fuera a desenfundar la espada que había en él si Gatsby se atrevía siquiera a respirar hondo.
—Será mejor que empieces a hablar. Ya.
Wrath se adelantó, metiéndose entre Rhage y Z, ninguno de los cuales quedó muy complacido con el cambio de posiciones. Un rápido gesto de la mano evitó que trataran de maniobrar para quedar frente a él.
—¿Cómo te llamas, hijo?
Lo último que necesitaban era un cadáver y con Rehv nunca podías dar nada por sentado.
El cordero Gatsby hizo una sobria reverencia y luego se enderezó. Cuando habló, lo hizo con una voz que sorprendentemente era profunda y segura, considerando la cantidad de cargadores automáticos que había apuntados a su pecho.
—Soy Saxton, hijo de Tyhm.
—He visto tu nombre con anterioridad. ¿Preparas informes acerca de líneas sucesorias?
—Sí.
Así que el Consejo realmente estaba descendiendo por la línea sucesoria, ¿no? Ni siquiera enviaban al hijo de un miembro del Consejo.
—¿Quién te envió, Saxton?
—El lugarteniente de un hombre muerto.
Wrath no tenía idea de cómo había tomado la glymera la muerte de Montrag y no le importaba. Mientras que el mensaje hubiera llegado a la otra persona que estaba involucrada en el complot, eso era todo lo que importaba.
—¿Por qué no nos dices tu parte?
El macho dejó el maletín sobre la mesa y soltó el clip dorado. En el instante en que lo hizo, Rehv liberó su espada roja y situó la punta justo sobre una garganta pálida. Saxton se congeló y miró a su alrededor sin mover la cabeza.
—Sería mejor que te movieras despacio, hijo —murmuró Wrath—. Hay muchos tipos de gatillo fácil en esta habitación, y esta noche eres el blanco favorito de todos ellos.
Las palabras que pronunció esa voz extrañamente profunda y serena, fueron comedidas:
—Es por eso que le dije que debíamos hacer esto.
—¿Hacer qué? —dijo Rhage, siempre impetuoso… a pesar de la espada de Rehv, Hollywood estaba listo para saltar sobre Gatsby ya fuera que saliera o no algún tipo de arma de entre esos pliegues de cuero.
Saxton miró a Rhage, y luego volvió a enfocarse en Wrath.
—Al día siguiente del asesinato de Montrag…
—Interesante elección de palabras —dijo Wrath arrastrando las palabras, y preguntándose cuánto sabría exactamente este tipo.
—Por supuesto que fue un asesinato. Cuando acabas muerto generalmente conservas los ojos dentro de tu cráneo.
Rehv sonrió, revelando un par de dagas bucales idénticas.
—Eso depende de tu asesino.
—Continúa —incitó Wrath—. Y Rehv, si no te importa afloja un poco con ese filo tuyo.
El symphath retrocedió un poco pero no enfundó su arma, y Saxton le miró de reojo antes de continuar.
—La noche en que Montrag fue asesinado, esto fue entregado a mi jefe —Saxton abrió el maletín de documentos y sacó un sobre Manila—. Era de Montrag.
Puso la cosa boca abajo sobre la mesa para mostrar que el sello de cera no había sido roto y se apartó.
Wrath miró el sobre.
—V, ¿podrías hacer los honores?
V se adelantó y levantó el sobre con su mano enguantada. Se oyó papel que se desgarraba y luego más papel deslizándose fuera del sobre.
Silencio.
V guardó nuevamente los documentos, metió el sobre en la cinturilla de sus pantalones, en la parte baja de su espalda, y miró fijamente a Gatsby.
—¿Se supone que debemos creer que tú no lo leíste?
—No lo hice. Mi jefe tampoco. Nadie lo hizo desde que la cadena de custodia cayó sobre mi jefe y sobre mí.
—¿Cadena de custodia? ¿Eres abogado, o sólo un asistente jurídico?
—Estoy estudiando para ser abogado en la Antigua Ley.
V se inclinó hacia delante y desnudó los colmillos.
—Estás seguro de que no leíste esto, ¿verdad?
Saxton le devolvió la mirada al Hermano como si repentinamente estuviera fascinado con los tatuajes de la sien de V. Después de un momento, sacudió la cabeza y habló con ese tono bajo de voz que tenía.
—No estoy interesado en unirme a la lista de gente que ha sido encontrada muerta y sin ojos sobre sus alfombras. Ni tampoco lo está mi jefe. El sello que tenía ese documento, fue puesto por las manos de Montrag. Lo que haya puesto dentro no fue leído desde que él dejó que esa cera caliente goteara encima del sobre.
—¿Cómo sabes que fue Montrag el que lo ensobró?
—La que está en el frente es su letra, lo sé porque he visto muchas notas suyas en documentos. Además lo trajo su doggen personal a petición suya.
Mientras Saxton hablaba, Wrath estudiaba cuidadosamente las emociones del macho, respirándolas con su nariz. No había engaño. Tenía la conciencia limpia. El tipo se sentía atraído por V, ¿pero aparte de eso? No había nada. Ni siquiera miedo. Era precavido, pero estaba tranquilo.
—Si estás mintiendo —dijo V suavemente—. Nos enteraremos e iremos a buscarte.
—Eso no lo dudo ni por un instante.
—¿Qué les parece?, el abogado es inteligente.
Vishous ocupó nuevamente su lugar en la fila, y su mano regresó a la culata de su arma.
Wrath deseaba saber qué había en el sobre, pero se daba cuenta que lo que hubiera ahí dentro no debía ser adecuado para ver en tan variada compañía.
—Entonces, ¿dónde está tu jefe y sus amigos, Saxton?
—Ninguno de ellos vendrá. —Saxton miró las sillas vacías—. Todos están aterrorizados. Después de lo que le sucedió a Montrag, se han encerrado en sus casas y permanecerán allí.
Bien. Pensó Wrath. Con la glymera haciendo honor a su talento de ser cobardes, tenía una cosa menos de que preocuparse.
—Gracias por venir, hijo.
Saxton tomó el despido exactamente por lo que era, volviendo a cerrar su maletín, hizo otra reverencia, y se giró para irse.
—¿Hijo?
Saxton se detuvo y se volvió.
—¿Mi señor?
—Tuviste que convencer a tu jefe para que decidiera hacer esto, ¿verdad? —Un discreto silencio fue la respuesta—. Entonces eres un buen asesor, y creo en ti… por lo que tú sabes, ni tú ni tu empleador inspeccionaron el sobre para ver lo que sea que haya dentro. Sin embargo, a buen entendedor pocas palabras. Si yo fuera tú me buscaría otro trabajo. Las cosas van a ponerse peor antes de mejorar, y la desesperación hace que hasta las personas más honorables se vuelvan una mierda. Ya te enviaron a la boca del león una vez. Volverán a hacerlo.
Saxton sonrió.
—Si alguna vez necesita un abogado personal, avíseme. Después de todo el entrenamiento en fideicomisos, patrimonios y líneas sucesorias que he tenido este verano, tengo intenciones de empezar a trabajar por cuenta propia.
Hizo otra reverencia y luego partió con iAm, con la cabeza alta y el paso firme.
—¿Qué tienes allí, V? —preguntó Wrath en voz baja.
—Nada bueno, mi señor, nada bueno.
La visión de Wrath se ensombreció, volviendo a su estado normal de inutilidad desenfocada, y lo último que vio claramente antes de que ocurriera, fue como V clavaba sus ojos diamantinos en Rehvenge.







[1] Juego de palabras con hermano+romance, en el original; bromance de brother+romance. (N. de la T.)
[2] TDA. Transtorno de Déficit de Atención (Hiperactividad). (N. de la T.)
[3] Esa frase es una propaganda de M&M, «se derriten en tu boca, no en tu mano» (N. de la T.)
[4] Término peyorativo que se usa para describir al estereotipo del italo–americano. (N. de la T.)
[5] Dulce típico de Sicilia. (N. de la T.)

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