miércoles, 25 de mayo de 2011

AMANTE VENGADO/CAPITULO 67 68 69

Capítulo 67


Mientras se desmaterializaba hacia el norte junto con los Hermanos, Ehlena no podía dejar de pensar en Bella. Allí, de pie en el enorme y regio vestíbulo, rodeada de machos cargados de armas, la hembra había parecido extrañamente transparente. Sus ojos habían estado vacíos, y sus mejillas pálidas y hundidas, como si su voluntad hubiera sido horriblemente puesta a prueba.
Pero quería a su hermano de vuelta.
La naturaleza de mentir era tal que los componentes en acción eran siempre los mismos: La verdad objetiva era retorcida, ocultada, o categóricamente superpuesta con la intención de engañar. Lo que era más turbio eran las motivaciones tras las falsedades, y Ehlena pensó en lo que había hecho para conseguir las píldoras para Rehvenge. Había tenido intención de hacer el bien, y aunque eso no significaba que sus acciones fueran buenas o apropiadas ni tampoco significaba que no mereciera las consecuencias, al menos no había habido malicia en su corazón. Lo mismo ocurría con las elecciones que había hecho Rehvenge. No eran correctas ni apropiadas, pero habían sido para proteger a Ehlena, a su hermana y a las demás personas de su vida, debido a lo que la Antigua Ley promulgaba y a lo destructiva que era la princesa.
Por eso Ehlena había decidido perdonar a Rehvenge... y esperaba que su hermana hiciera lo mismo.
Por supuesto, ese perdón no significaba que Ehlena fuera a terminar con el macho... todo ese asunto de que Rehv fuera su hellren había sido para asegurar su ida a la colonia; pero no reflejaba la realidad. Además, ¿quién podía saber si volverían a Caldwell de una pieza?
Esta noche podían perder la vida.
Ehlena y los Hermanos tomaron forma al abrigo de una espesa arboleda de pinos, un punto protegido, que había sido escogido después de que Xhex hubiera descrito la zona. Frente a ellos, justo como la hembra había detallado, había una pintoresca granja blanca con un letrero en el que se leía, ORDEN MONÁSTICA TAOISTA, EST. 1982.
A simple vista, era difícil creer que detrás de esas prístinas paredes de tablilla se hiciera alguna otra cosa aparte de mermelada o colchas. Más difícil aún era pensar que este encantador lugar era la entrada a la colonia symphath. Pero había algo mal en todo el escenario, como si hubiera un campo de fuerza de temor rodeando toda esa acogedora imagen.
Mientras miraba a su alrededor, Ehlena pudo sentir que Rehv estaba cerca, y justo antes de que Xhex hablara, se concentró en un edificio exterior que estaba aproximadamente a noventa metros de la casa. Allí... si, él estaba allí.
—Entraremos a través de ese granero —dijo Xhex en voz baja, señalando el edificio hacia el cual Ehlena se sentía atraída—. Es la única forma de entrar en el laberinto. Como dije anoche, ya saben que estamos aquí, así que cuando estemos cara a cara, nuestra mejor opción será tratar este asunto de forma ostensiblemente diplomática... simplemente venimos a recuperar lo que es nuestro y no queremos derramamiento de sangre. Lo entenderán y respetarán el razonamiento... antes de comenzar a luchar...
Con la brisa fresca les llegó un hedor dulzón.
Mientras todas las cabezas se giraban, Ehlena frunció el ceño ante la visión del macho que había aparecido de la nada sobre el césped de la granja. Su cabello rubio estaba peinado tirantemente hacia atrás, despejando su frente, y sus ojos brillaban con una extraña negrura resplandeciente. Mientras se acercaba a zancadas al porche delantero, su modo de andar transmitía furia en movimiento, su cuerpo poderoso estaba tenso, como si estuviera listo para la batalla.
—¿Qué coño? —jadeó V—. ¿Ese que veo es Lash?
—Aparentemente —respondió Butch.
Xhex intervino.
—¿No lo sabíais?
Todos los hermanos se volvieron a mirarla fijamente mientras V decía:
—¿Qué estaba vivo y era un lesser? Er, va a ser que no. ¿Y tú por qué no te sorprendes?
—Le vi hace un par de semanas. Simplemente asumí que la Hermandad lo sabía.
—No. Me. Jodas.
—Ya te gustarí...
—Cortad el rollo —siseó Z—. Los dos.
Todo el mundo volvió a concentrarse en el macho, que a esa altura ya se había subido al porche de un salto y estaba golpeando furiosamente la puerta.
—Voy a llamar a los demás —susurró V—. La presencia lesser debe ser neutralizada antes de que podamos entrar.
—O podría ser utilizada como diversión para favorecernos —dijo Xhex con un montón de es–obviooo.
—O podríamos pedir refuerzos y no ser idiotas —saltó V.
—Eso será difícil para ti.
—Que te jod...
Z metió un teléfono a la fuerza en la mano enguantada de V.
—Tú, marca. —Después apuntó a Xhex con el dedo—. Tú, deja de pulsar sus botones.
Mientras V hablaba y Xhex callaba, dagas y armas fueron desenfundadas, y momentos después, aparecieron los demás.
Xhex se acercó al Hermano Tohrment.
—Mira, realmente creo que deberíamos dividirnos. Vosotros os ocupáis de Lash y yo entro a buscar a Rehv. El caos de la pelea dividirá la atención de la colonia. Es mejor así.
Hubo una pausa y todo el mundo miró a Tohr.
—Estoy de acuerdo —respondió—. Pero no entrarás sola. V y Zsadist irán contigo y con Ehlena.
Hubo un asentimiento colectivo y... mierda santa, se pusieron en movimiento, saliendo a campo abierto, trotando sobre la nieve.
Mientras se dirigía al granero, Ehlena sentía como las botas que le habían dado hacían crujir la tierra, como le sudaban las palmas de las manos dentro de los guantes, y como se aferraba a sus hombros la mochila llena de suministros médicos que llevaba. No estaba armada, ya que había accedido a no desenfundar el arma a menos que hubiera un buen motivo para ello. Tenía sentido. Nadie querría a un aficionado guarneciendo una sala de urgencias; no había razón para que ella complicara la situación intentando fingir que se sentía tan cómoda con el dedo en el gatillo como tan claramente lo estaban Xhex y los Hermanos.
El granero era de buen tamaño, con un par de puertas delanteras que se deslizaban sobre bisagras bien engrasadas. Sin embargo, Xhex no tomó el camino obvio para entrar, conduciéndolos en cambio hacia una puerta achaparrada que había en la pared lateral.
Justo antes de entrar al espacio vacío y de techos altos, Ehlena volvió la mirada hacia la granja.
El macho rubio estaba rodeado por un círculo de Hermanos, el tipo estaba tan tranquilo y fresco como estaría alguien en un cocktail, su sonrisa presumida sugería grandes problemas, en opinión de Ehlena: sólo alguien con un montón de armas a su disposición tenía ese aspecto cuando se enfrentaba a una pared de músculo.
—De prisa —dijo Xhex.
Ehlena se agachó para entrar y se estremeció, aunque ya no estaba a la intemperie. Tío... esto estaba absolutamente mal. Como ocurría con la granja, había algo mal en todo esto: ni heno, ni pienso, ni arneses o herramientas. Tampoco había ni un caballo en el establo. Naturalmente.
El impulso de huir la ahogaba y clavó las uñas en el cuello de su parka.
Zsadist le puso una mano sobre el hombro.
—Es su equivalente al mhis. Sólo respira. Es una ilusión que tiñe el mismo aire, pero lo que estás sintiendo no es real.
Ella tragó con fuerza y levantó la mirada hacia el rostro marcado del Hermano, extrayendo fuerzas de su firmeza.
—Okay. Okay... ya estoy bien.
—Buena chica.
—Por aquí —dijo Xhex mientras se dirigía a una de las cuadras y abría la parte inferior y superior de las puertas divididas en dos.
El suelo dentro era de cemento y estaba marcado con un extraño patrón geométrico.
—Ábrete Sésamo —Xhex se inclinó y alzó lo que resultó ser una losa de piedra, los Hermanos se acercaron para ayudarla con el peso.
La escalera que se reveló estaba iluminada con un suave brillo rojo.
—Siento como si estuviera entrando en una película porno —masculló V mientras empezaban a bajar los escalones con cuidado.
—¿Eso no requeriría de más velas negras para ti? —se burló Zsadist.
Al final de la escalera, miraron a izquierda y derecha a lo largo de un pasillo excavado en piedra, sin ver nada más que fila tras fila de... velas negras con llamas color rojo rubí.
—Retiro lo dicho —dijo Z, atisbando el despliegue.
—¿Si empezamos a oír mierda al estilo de ñaca–ñaca–ooh–ooh —intervino V— ¿Puedo empezar a llamarte Bien–dotado–Z?
—No si quieres seguir respirando.
Ehlena giró a la derecha, abrumada por una sensación de urgencia.
—Está por aquí. Puedo sentirle.
Sin esperar a los demás, se fue trotando.


De todos los milagros que podían haberse concedido sobre el planeta, de todos los ¡ODM[1], estás vivo!, o, ¡Gracias, Virgen Escriba, se ha curado!, la resurrección que John estaba observando era una absoluta putada.
Lash estaba de pie delante de la casa colonial blanca estilo Martha Stewart, vestido con ropa elegante, y aspecto de estar no sólo completamente vivo y tan pagado de sí mismo como siempre, sino como si hubiera sido turbo–cargado de algún modo: olía como un lesser, pero cuando le miró desde el porche en el que estaba fue como si fuera el Omega mismo… era más que un poder maligno que no se sentía en absoluto impresionado por ningún despliegue de fuerza mortal.
—Eh, John–boy —dijo Lash arrastrando las palabras—. No te puedes imaginar lo genial que es ver tu cara de mariquita otra vez. Casi tan bueno como mi renacimiento.
Jesu... cristo. ¿Por qué no podía haber sido Wellsie la receptora de semejante don? Pero no... el psicótico lameculos con desorden narcisista había sido elegido para hacer de Lázaro.
La ironía era que John había rezado por esto. Mierda, inmediatamente después de que Qhuinn le hubiera rebanado la garganta al tipo, John había rezado para que de algún modo Lash sobreviviera a la pérdida masiva de sangre. Podía recordar haberse agachado sobre el azulejo húmedo de la ducha del centro de entrenamiento e intentado taponar la herida con su camiseta. Había suplicado a Dios, a la Virgen Escriba y a quien quiera que pudiera escucharle, para que de algún modo arreglara la situación.
No obstante, ¿que Lash se convirtiera en el equivalente vampiro del Anticristo? No era exactamente lo que había pedido.
Mientras la nieve comenzaba a descargarse desde el cielo nublado, Rhage y Lash intercambiaron algunas palabras, pero el zumbido que tenía John en la cabeza ahogó la mayor parte de ellas.
Lo que sí oyó claramente fue la voz de Qhuinn que provenía justo desde detrás de él.
—Bueno, míralo de este modo. Al menos podemos matarle de nuevo.
Luego el mundo explotó. Literalmente.
De la nada se formó un meteoro en la palma de la mano de Lash y salió disparado en línea recta hacia John y los Hermanos, una bola de jugar a los bolos metafísica del infierno. Cuando hizo contacto, sus brillantes ondas expansivas los derribó a todos, en un strike perfecto.
Tirado boca arriba con los demás, John luchó por recuperar el aliento mientras los copos de nieve se posaban suavemente sobre sus mejillas y labios. La siguiente explosión estaba en camino. Tenía que estarlo.
Era eso o algo peor.
El rugido que estalló a través del paisaje se originó delante de él, y al principio asumió que Lash se había transfigurado en alguna especie de horror de cinco cabezas que iba a comérselos vivos.
Excepto que... bueno, era una bestia, pero cuando relampaguearon unas escamas púrpura y una cola con púas barrió el aire, John se sintió aliviado. Ese era su Godzilla, no el del Omega: el alter ego de Rhage había aflorado, y el enorme dragón estaba en forma y cabreado.
Incluso Lash pareció un poco sorprendido.
El dragón inspiró una gran bocanada de aire nocturno, y después estiró el cuello hacia adelante y dejó escapar una ráfaga de fuego que fue tan intensa que la piel del rostro de John se tensó como plástico para empaquetar... aunque estaba bien fuera de alcance.
Cuando las llamas se disiparon, Lash estaba de pie entre los pilares chamuscados del porche, con la ropa humeando, pero por lo demás ileso.
Genial. El cabrón era resistente al fuego.
Y estaba listo para servir otra ronda de bomba–H. Como algo salido de un videojuego, dio forma en la palma de su mano a otra ronda de caliente–y–pesado y lanzó la energía rodando directamente hacia la bestia.
Quien la soportó como un hombre. La otra mitad de Rhage resistió firme contra la furiosa acometida y dio al resto de ellos el respiro que necesitaban para ponerse en pie y prepararse para disparar. Fue un movimiento amable e intrépido... pero en definitiva, si puedes escupir una bola de fuego, tienes que ser capaz de aguantar el calor de lo contrario, tus eructos te inmolarían el culo.
John comenzó a disparar, como hicieron los demás, aún cuando sospechaba que iban a necesitar algo más que balas para acabar con el nuevo y perfeccionado Lash.
Estaba poniendo otro cargador cuando aparecieron dos coches repletos de lessers.


Capítulo 68


Xhex estaba dispuesta a seguir el camino que marcara Ehlena, pero no se sentía cómoda con que la hembra liderara la marcha mientras ellos se apresuraban a seguirla. En un esfuerzo supremo de velocidad, alcanzó a la hembra de Rehv.
—Si tomo un giro equivocado, me avisas, ¿okay? —Cuando Ehlena asintió, los hermanos se colocaron detrás de ella para protegerlas de una posible emboscada por la retaguardia.
Mientras recorrían el pasillo de piedra, Xhex tenía un mal presentimiento acerca de todo el asunto. No podía sentir a Rehv en absoluto, lo cual desde un punto de vista vampiro no era una sorpresa... Ehlena había sido la última hembra de la que él se había alimentado, así que su sangre se superpondría a la de Xhex. El problema era que de symphath a symphath no podía apuntar precisamente su ubicación. De hecho, era incapaz de localizarlo a él o a cualquier otro dentro de la colonia. Eso no tenía ninguna lógica. Los symphaths podían captar las emociones de cualquier cosa que las tuviera y en cualquier lugar. Así que debería haber encontrado todo tipo de patrones.
Mientras corría miró la pared. La última vez que había estado allí ésta había sido de piedra toscamente cortada, pero ahora tenía una superficie lisa. Supuso que con el paso de las décadas habrían perfeccionado las cosas.
—Dentro de unos cien metros el corredor va a bifurcarse —susurró sobre su hombro—. Retienen a los prisioneros a la izquierda, y sus habitaciones y las salas comunes están todas a la derecha.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Vishous.
No respondió al Hermano. No había razón para mencionar que una vez había estado en una de sus celdas. Sólo continuó avanzando, siguiendo las filas de velas negras, internándose más aún en la colonia, acercándose a donde sus habitantes dormían, comían y jugaban con las mentes de los demás. Y seguía sin sentir nada.
No, eso no era del todo cierto. Había una extraña especie de estática. Al principio había asumido que sólo se trataba de las llamas rojas que titilaban suavemente encima de todas esas velas negras, las sutiles corrientes de aire meciendo las mechas iluminadas. Pero no..., había algo más.
Cuando llegaron a la ramificación de tres vías del pasillo automáticamente se dirigió hacia la izquierda, pero Ehlena dijo:
—No, directamente hacia adelante.
—No tiene sentido. —Xhex se detuvo y mantuvo la voz baja—. Ahí es donde están las instalaciones de los conductos de ventilación.
—Ahí es donde está.
Vishous las apartó para abrirse paso.
—Mira, vayamos por donde dice Ehlena. Tenemos que encontrarle antes de que la batalla que se está librando allá afuera llegue aquí abajo.
Cuando el Hermano salió disparado, Xhex se cabreó al ver que tomaba la delantera. Pero aparte de quejarse al respecto, lo cual sería una pérdida de tiempo, iría en segundo lugar y no había más que hablar.
Aceleraron el ritmo, ingresando en una red de túneles más pequeños que conducían al sistema de calefacción, extracción de aire y ventiladores. La colonia estaba construida como una granja de hormigas, en un ambiente sostenible y subterráneo que con el tiempo había crecido y se habían expandido, formando más ramales que se habían ido excavando cada vez más profundamente en la tierra. La construcción y conservación descansaban sobre las espaldas de la clase trabajadora de symphaths, que no eran más que esclavos a los que se animaba a procrear para que su cantidad se doblara con el tiempo. No había clase media. Justo encima de los sirvientes estaba la familia real y los aristócratas.
Y dos cosas tan distintas nunca podrían llegar a reunirse.
El padre de Xhex había pertenecido a la clase de los sirvientes. Lo que la hacía inferior a Rehvenge, y no sólo porque él fuera de la realeza. Técnicamente, ella estaba sólo un paso por encima de la mierda de perro.
—¡Alto! —gritó Ehlena.
Frenaron en seco, frente a... una pared de piedra.
Como si fueran uno, extendieron los brazos hacia adelante, y recorrieron la superficie lisa con las manos. Zsadist y Ehlena encontraron las fisuras al mismo tiempo, la grieta estaba bien disimulada y formaba un cuadrado alto.
—¿Cómo coño entraremos ahí? —preguntó Z mientras tanteaba la roca.
—Apartaos —ladró Xhex.
Cuando se quitaron del paso, esperando, evidentemente algún truco, ella retrocedió y cargó contra la cosa, golpeándola con el hombro, sin obtener más que un repiqueteo de molares como si fueran canicas en una caja.
—Joder —jadeó con una mueca.
—Eso ha tenido que doler —masculló Z—. ¿Estás bien...?
La pared comenzó a vibrar y todos se apartaron de un salto, apuntando sus armas a la puerta que emergió de la piedra y se deslizó a un lado abriendo el camino.
—Supongo que se ha asustado de ti —dijo Vishous con un indicio de respeto.
Xhex frunció el ceño al notar que el zumbido de estática se incrementaba hasta convertirse en un pitido en sus oídos.
—No creo que esté aquí dentro. No puedo sentirle en absoluto.
Ehlena se adelantó, claramente preparada para zambullirse en la oscuridad que se estaba revelando.
—Yo puedo. Está justo...
Tres pares de manos la agarraron y contuvieron.
—Espera —dijo Xhex, sacando una Mag–Lite de su cinturón. Cuando encendió el haz de luz, fue revelado un pasadizo de unos cuarenta y cinco metros de largo. Al final del mismo había una puerta.
Vishous entró primero, y Xhex se pegó a su trasero, Ehlena y Z les siguieron rápidamente.
—Está vivo —dijo Ehlena cuando llegaron al final del pasadizo—. ¡Puedo sentirle!
Xhex esperaba problemas ante el panel de acero... pero no, sólo osciló y se abrió, revelando una habitación que... ¿brillaba?
Cuando la luz de Xhex rebanó el interior de la cámara, V maldijo.
—¿Qué... coño?
Colgando en medio de una habitación de paredes y suelo líquidos, había una especie de capullo enorme, cuya envoltura exterior negra se agitaba y refulgía.
—Oh... Dios —jadeó Ehlena—. No.


Lash había estado practicando sus dones en la guarida del Omega, y joder, todo ese trabajo le venía bien en una noche como esa. Mientras los dos escuadrones de lessers que había convocado en la ciudad vecina se ocupaban de luchar con los Hermanos, él se enfrentaba con una bestia del tamaño de un Ford Expedition... e intercambiaba bolas de fuego con la cabrona.
Apartándose de un salto de la casa, porque lo último que esta situación necesitaba era una visita del Departamento de Bomberos de Plattsburgh, captó un atisbo de un grupo de vampiros que se había separado y se dirigía al edificio exterior que había al otro lado del camino. Entraron, y cuando ya no los volvió a ver, tuvo el presentimiento de que esa era la forma de entrar en la colonia.
Lo que significaba que por agradable que fuera jugar al volei–bomba con Puff el Mágico[2], debía dejar de pelear y empezar a buscar a su hembra. No tenía ni idea de por qué demonios los Hermanos habían aparecido exactamente al mismo tiempo que él, pero cuando se trataba de los symphaths, estaba dispuesto a apostar a que no existían las coincidencias. Sabiendo la princesa que él iría en su busca ¿le habría pasado el dato a la Hermandad?
El dragón escupió otra andanada de llamas, y la explosión iluminó la lucha que se estaba desarrollando por todo el césped de la granja: En todas partes a donde miraba había Hermanos enfrentados contra asesinos balanceando puños desnudos, haciendo relampaguear las dagas y volar las shitkickers. La sinfonía de gruñidos, maldiciones, golpes e impactos crujientes le hacía sentir más fuerte, más poderoso.
Sus tropas estaban luchando contra sus maestros.
Qué jodidamente poético.
Pero ya bastaba de nostalgia. Concentrándose en su mano, creó un remolino de moléculas, haciéndolas girar más y más rápido con su mente hasta que la fuerza centrífuga hizo combustión espontáneamente. Cuando se formó la masa de energía arremolinada la mantuvo en la palma de la mano y corrió hacia la bestia de escamas color púrpura, sabiendo que la maldita cosa tenía que tomarse un momento para tomar aliento antes de lanzar sus bombas.
El dragón no era tonto y se agachó, levantando los brazos provistos de malignas garras para protegerse a sí mismo. Lash se detuvo justo fuera del alcance de sus golpes y no dio al bastardo oportunidad de asestarle un zarpazo. Lanzó la bola de energía directamente al pecho de la bestia, derribándola y dejándola inconsciente.
No se quedó allí para asar malvaviscos sobre el humeante despojo. Seguro como la mierda que, después de algunas respiraciones profundas para recobrarse, el dragón iba a levantarse del suelo como el conejito de Duracel, y en ese momento el trayecto entre Lash y el granero estaba despejado.
Abalanzándose con ímpetu corrió hacia el edificio exterior e irrumpió en un espacio vacío y poco notorio. En la esquina más alejada había una cuadra para caballos y siguió el rastro de unas pisadas húmedas hasta allí. Los pasos desaparecían al borde de un cuadrado negro.
Levantar la losa fue un muy arduo trabajo, pero se entusiasmó al ver más huellas que bajaban un tramo de escalones de piedra. Rastreándolas todo el camino hasta abajo se encontró a sí mismo en un pasillo de piedra, y gracias al brillo rojo de las velas negras fue capaz de seguir su húmeda trayectoria... aunque su mapa de rutas no duró para siempre. Con el calor de la calefacción, el agua se secaba rápidamente, y para cuando llegó a una bifurcación de tres ramales, no tenía ni idea de cual había tomado el grupo.
Inhalando, esperó captar algún aroma, pero todo lo que su nariz recogía era cera quemándose y tierra.
No había nada más. Ni sonidos. Ni rumores de movimiento. Era como si los cuatro que había visto bajar, hubieran desaparecido.
Miró a la izquierda. A la derecha. Y directo hacia el frente.
Por impulso, se encaminó hacia la izquierda.


Capítulo 69


Los ojos de Ehlena se negaban a procesar lo que estaba viendo: simplemente no había forma de que aceptaran la situación.
No era posible que fueran arañas. No era posible que estuviera viendo miles y miles de arañas... Oh, Dios, arañas y escorpiones... cubriendo no sólo las paredes y el suelo, sino...
Horrorizada, comprendió qué era lo que estaba colgando en el centro de la habitación. Colgando de cuerdas o cadenas. Colgando y cubierto por la prolífica masa que recubría cada centímetro cuadrado de la celda.
—Rehvenge... —gimió—. Queridísima Virgen... Escriba.
Sin pensarlo, se lanzó hacia adelante, pero la mano fuerte de Xhex tiró de ella hacia atrás.
—No.
Luchando contra la banda de hierro que se cerraba sobre la parte superior de su brazo, Ehlena sacudió la cabeza violentamente.
—¡Debemos salvarle!
—No estoy sugiriendo que le dejemos —dijo la otra hembra firmemente—. Pero si entramos ahí, vamos a ser atacados por algo que parecerá salido de la Biblia. Tenemos que idear la forma de...
Un brillante resplandor fulguró, interrumpiendo a Xhex y haciendo que Ehlena girara la cabeza. Vishous se había quitado el guante de la mano derecha, y cuando alzó la mano, los planos de su rostro acerbo y los remolinos del tatuaje que tenía alrededor del ojo destacaron de forma notable.
—«Fuera Bicho»[3]  —Flexionó los dedos luminosos—. Ya quisiera el hombre Orkin[4]  tener una mierda como esta en su camioneta.
—Y yo tengo una sierra —dijo Z, agarrando una herramienta negra de su cinturón—. Si puedes despejar el camino, podremos bajarle.
Vishous se agachó junto al borde irregular de la masa de insectos que se arremolinaban, su mano iluminó la enmarañada y ondulante horda de pequeños cuerpos con piernas que giraban convulsivamente.
Ehlena se puso una mano sobre la boca, intentando contener las arcadas. No podía imaginar que se sentiría al tener todo eso sobre su propio cuerpo. Rehvenge estaba vivo... pero, ¿cómo había sobrevivido? ¿Sin ser picado hasta morir? ¿Sin volverse loco?
La luz de la mano del Hermano se disparó en línea recta, chamuscando todo lo que encontraba a su paso hasta llegar al lugar donde estaba Rehv colgado, dejando sólo cenizas y un hedor ardiente y húmedo que la hizo suplicar por tapones para la nariz. Una vez desplegada, la ardiente iluminación se dividió y se propagó, creando un sendero.
—Puedo mantenerlo, pero moveos rápido —dijo Vishous.
Xhex y Zsadist saltaron al interior de la caverna, y las arañas del techo respondieron hilando hebras y dejándose caer como sangre manando de una herida profunda. Durante un instante Ehlena observó como los dos espantaban a los invasores con las manos antes de quitarse la mochila y rebuscar dentro.
—Fumas, ¿verdad? —le preguntó a Vishous mientras desenvolvía su bufanda y se la ponía sobre la cabeza—. Dime que has traído un encendedor.
—¿Qué demonios vas a...? —V sonrió al ver la lata de antibiótico tópico en aerosol que ella tenía en la mano—. En el bolsillo de atrás. Del lado derecho.
V cambió de posición para que pudiera sacar el pesado encendedor de oro, y tan pronto como obtuvo la cosa, Ehlena se adentró en la cámara. La lata no iba a durar mucho, así que no la utilizó hasta que llegó adonde estaban Xhex y Zsadist.
—¡Agachaos! —dijo mientras presionaba el botón del aerosol y accionaba el encendedor.
Los dos se agacharon y ella vaporizó el aire sobre sus cabezas con una bocanada de llamas.
Con el camino momentáneamente despejado, Xhex se subió a los hombros de Z con la sierra y extendió los brazos hacia las cadenas. Mientras el agudo chirrido llenaba la caverna, Ehlena mantenía su ofensiva, dejando escapar ráfagas de fuego que mantenían a la mayor parte de los bastardos en el techo, lejos de las cabezas y cuellos de la pareja. La sierra también ayudaba, ya que lanzaba chispas que adicionalmente repelían a la guardia arácnida, pero como en represalia, las arañas aterrizaban sobre las mangas de la chaqueta de Ehlena y se arrastraban hacia arriba.
Rehvenge se sacudió. Después se movió.
Extendió uno de sus brazos hacia ella, del mismo cayeron escorpiones, aunque las arañas lucharon por quedarse adheridas. La extremidad se alzó lentamente, como si la carga de su segunda piel de insectos la hiciera casi demasiado pesada como para moverla.
—Estoy aquí —dijo Ehlena agitada—. Hemos venido a buscarte...
Oyeron un golpe sordo proveniente del lugar por dónde habían entrado. Y abruptamente la luz que Vishous estaba emitiendo se apagó, sumiendo la cámara en una oscuridad total.
Dándoles a los carceleros de Rehvenge libre acceso a toda persona que hubiera dentro de la cueva.


Desde debajo de la horrible masa que le cubría, la frágil consciencia de Rehvenge le despertó en el momento en que Ehlena entró por el umbral de la cámara. Sin embargo, al principio no confió en lo que sentía. En los mil años que había pasado suspendido en un infierno viviente había soñado con ella muchas veces, su cerebro se aferraba a los recuerdos, utilizándolos como comida, agua y aire.
Pero esto se sentía diferente.
¿Tal vez sólo se trataba de la ruptura con la realidad por la que había estado rezando? Después de todo, aunque cuando su madre murió había lamentado que todo llegara a su fin, ahora lo único que deseaba era un final... ya fuera mental o físico, no le importaba.
Así que a lo mejor, finalmente se le había concedido algo de misericordia en su miserable y puñetera vida.
Además, la idea de que Ehlena realmente hubiera venido a buscarle le aterraba más que el lugar donde se encontraba o que cualquier otra tortura que le reservara el futuro.
Salvo que... no. Era ella, y estaba acompañada por otras personas... Podía oír sus voces. En ese momento captó un destello de luz... y olió una especie de hedor rancio que le recordó al olor apestoso de una playa en bajamar.
Luego siguió un quejido agudo. Junto con una serie de... ¿ramalazos de explosiones?
Después de los dos primeros días Rehv había sido incapaz de moverse, su cuerpo se había ido debilitando con rapidez, pero ahora necesitaba extenderse para tratar de comunicarse, para intentar decirle a Ehlena y a quien quiera que hubiera venido con ella que se alejara de este terrible lugar.
Concentrando toda su fuerza se las arregló para alzar el brazo e indicarle que retrocediera.
La luz se estaba extinguiendo tan rápidamente como había aparecido.
Sólo para ser reemplazada por un brillo rojizo que significaba que su amada estaba en peligro mortal.
El miedo por Ehlena le hizo entrar en pánico, su cuerpo comenzó a sacudirse dentro de los confines de sus ataduras, agitándose como un animal en una trampa.
Debía despertarse de una puñetera vez. Debía... ¡despertarse de una puñetera vez!







[1] ODM. Oh Dios Mío en el original en inglés OMG Oh My God. (N. de la T.)
[2] En el original:  Puff the Magic Dragon .Canción folk estadounidense de 1963 cantada por Peter, Paul y Mary. (N. de la T.)
[3] En el original: Bug be gone (Fuera bicho) es la marca de un insecticida estadounidense. (N. de la T.)
[4] Orkin Famosa empresa de fumigación. El Hombre Orkin es el que aparece en la propaganda de la empresa. (N. de la T.)

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