miércoles, 25 de mayo de 2011

AMANTE VENGADO/CAPITULO 73 74

Capítulo 73


John Matthew yacía en la cama que Xhex había usado, con la cabeza sobre las almohadas y el cuerpo sobre sábanas que no sólo tenían el aroma de ella sino el del frío y desalmado sexo que habían tenido cuando él se había presentado en la habitación. Debido al caos de la noche, la doggen aún no había venido a limpiar la habitación, y cuando finalmente acudiera la criada, él la despediría.
Nadie iba a tocar este lugar. Punto y final.
Se había tendido allí, completamente armado y vestido con las ropas con que había ido a luchar a la colonia. Tenía cortes por todas partes, uno de los cuales todavía sangraba, a juzgar por el hecho de que su manga estaba mojada, y tenía un dolor de cabeza que o era producto de la resaca o de otra herida de guerra. Aunque eso no era importante.
Fijó los ojos en el escritorio que había al otro lado de la habitación.
Los crueles cilicios que Xhex insistía en usar alrededor de los muslos descansaban sobre el tocador de la misma manera que él yacía en la cama... estaban fuera de lugar, no tenían nada que ver con el juego de cepillos de plata junto al cual se encontraban.
El hecho de que los hubiera abandonado allí le daba esperanza. Estaba asumiendo que usaba el dolor que le causaban para controlar sus impulsos symphath, de manera que si no los tenía puestos, significaba que tenía otra arma a su disposición para combatirlos.
Y ella estaría luchando. Donde quiera que estuviera, estaría batallando, porque esa era su naturaleza.
Aunque, joder, deseaba haberse alimentado de ella. De esa manera... quizás podría haber percibido dónde estaba. O haber sabido a ciencia cierta si todavía estaba viva.
Para evitar ponerse violento, analizó la información que tenía de los varios informes de campo que se habían registrado cuando todo el mundo estuvo de regreso en la mansión.
Zsadist y V habían estado con ella y con Ehlena en la cámara donde Rehvenge había sido hallado. La princesa había hecho aparición, al igual que Lash. Xhex le había disparado a la puta symphath... justo antes de que la colonia en pleno hubiera decidido representar un acto de adoración alrededor de Rehv, su nuevo rey.
Luego la princesa había hecho una reaparición al estilo Noche de los muertos Vivientes. Rehv la había jodido. El polvo se había asentado... y nadie había vuelto a ver a Lash y a Xhex.
Eso era todo lo que se sabía.
Obviamente Rehv planeaba ir a buscarla a la colonia al caer la noche... pero John sabía que el tipo iba a volver sin nada. Ella no estaba con los symphaths.
Lash la había secuestrado. Era la única explicación posible. Después de todo, no habían hallado su cuerpo al salir, y no había ni una maldita forma de que ella hubiera salido sin haberse asegurado primero de que todo el mundo estaba a salvo. Y el tema era que, por lo que habían dicho todos los que habían estado en la cámara, Rehv había poseído la voluntad de todos los symphaths. De manera que no había forma de que alguno de ellos pudiera haberse escapado para dominarla mentalmente.
Lash la tenía.
Lash había regresado de la muerte y de alguna manera se había aliado con el Omega, y en su huida de la colonia, se la había llevado con él.
John iba a matar a ese hijo de puta. Con sus propias manos.
La ira creció en su interior hasta que casi se ahoga en su misma furia, le volvió la espalda a lo que había sobre el escritorio, incapaz de soportar la idea de que Xhex pudiera estar sufriendo.
Aunque, al menos los lessers eran impotentes. Si Lash era un lesser... era impotente.
Gracias a Dios.
Con un suspiro lastimero, John frotó la cara contra un punto donde el aroma delicioso y oscuro de Xhex era especialmente intenso.
De haber podido, hubiera retrocedido hasta el día anterior… a cuando aún no había cruzado su puerta. No, él habría vuelto a entrar. Pero habría sido más afectuoso con ella de lo que ella había sido con él la primera vez que habían estado juntos.
Y también le habría perdonado cuando ella le dijo que lo lamentaba.
Tendido allí en la oscuridad con sus arrepentimientos y su furia, contó las horas hasta la caída de la noche e hizo algunos planes. Sabía que Qhuinn y Blay iban a ir con él... no porque él fuera a pedírselos, sino porque no iban a escucharle cuando les dijera que se ocuparan de sus propios asuntos.
Pero eso era todo. No le iba a decir nada a Wrath ni a los hermanos. No necesitaba que dotaran a su clandestina escapada al parque de diversiones de toda clase de medidas de seguridad. Nop, él y sus amigos iban a encontrar el lugar donde Lash dormía e iban a matarlo de una vez por todas. ¿Si por ese motivo le expulsaban de la casa? Bien. De todos modos ya estaba por su cuenta.
El asunto era así: Xhex era su hembra, tanto si ella quería serlo como si no. Y él no era el tipo de macho que iba a plantar el culo mientras su hembra estaba allí fuera en el doloroso mundo.
Iba a hacer exactamente lo que se había hecho por Rehvenge.
Iba a vengarla.
Iba a rescatarla, a traerla de regreso a salvo... y se aseguraría de que el que se la había llevado acabara en el infierno.


Capítulo 74


Cuando Wrath oyó que llamaban a la puerta del estudio se levantó de detrás del escritorio. A Beth y a él les había llevado una hora vaciarlo, lo cual había sido una sorpresa. El maldito había contenido un montón de cosas en sus diminutos cajoncitos.
—¿Está aquí? —preguntó a su shellan—. ¿Son ellos?
—Eso espero —cuando se abrió la puerta oyó como las pisadas de Beth se alejaban, como si estuviera intentando conseguir una buena vista—. Oh…es precioso.
—Intenta con jodidamente pesado —gruñó Rhage—. Mi Señor, ¿no se te ocurrió que allí, en algún lugar, podría haber un término medio?
—¿Y justo tú me vienes a decir eso? —preguntó Wrath mientras junto a George daba dos pasos a la izquierda y uno atrás. Con la mano buscó las cortinas a tientas y cuando los flecos le rozaron la palma se acomodó.
El sonido de personas caminando por los alrededores con botas pesadas se intensificó e iba acompañado por un mogollón de palabrotas. Y más gruñidos. Muchísimos más gruñidos. Así como algunas injurias acerca de reyes y sus prerrogativas reales que eran como un grano en el culo.
Luego se oyeron un par de «booms» como de cosas pesadas chocando contra el suelo, un sonido parecido al de dos cajas fuertes aterrizando después de haber caído por un acantilado.
—¿Podemos quemar el resto de estas mariconadas? —refunfuñó Butch—. Como los sofás y los...
—Oh, todo lo demás se queda —murmuró Wrath preguntándose si el camino hacia los nuevos muebles estaría despejado—. Sólo necesitaba una actualización.
—¿Vas a seguir burlándote de nosotros?
—El sofá ya ha sido reforzado para tu gordo culo. De nada.
—Bueno, está bien, ahí tienes tu actualización —dijo Vishous—. Esa mierda... es bonita jefe.
Wrath seguía vacilando, permaneciendo apartado mientras Beth les indicaba a sus hermanos el lugar exacto donde ubicar los muebles.
—Ok, ¿quieres probarlo, mi señor? —preguntó Rhage—. Creo que está listo.
Wrath se aclaró la garganta:
—Sí. Sí, lo haré.
Avanzó junto a George y tendió su mano hasta que sintió...
El escritorio de su padre estaba realizado en madera de ébano tallada a mano y el fino trabajo de filigrana que tenía alrededor del borde, estaba hecho por un verdadero maestro artesano.
Wrath se inclinó sintiendo su contorno, recordando qué aspecto tenía ante sus ojos de joven, recordando cómo todos esos siglos de uso únicamente habían incrementado su imponente belleza. Las enormes patas del escritorio eran en realidad estatuas de machos que representaban las cuatro estaciones de la vida, y el suave tablero superior que soportaban estaba marcado con los mismos símbolos del linaje que habían sido tatuados en la parte interna de los antebrazos de Wrath. Cuando siguió un poco mas adelante, encontró los tres anchos cajones emplazados debajo de la superficie y recordó a su padre sentado detrás de la cosa entre papeles, edictos y plumas de ganso por todos lados.
—Es extraordinario —dijo Beth suavemente—. Dios Bendito, es…
—Del tamaño de mi maldito coche —murmuró Hollywood—. Y dos veces más pesado.
—…el escritorio más bonito que he visto jamás —sentenció su shellan.
—Fue de mi padre. —Wrath se aclaró la garganta—. Tenemos la silla también, ¿verdad? ¿Dónde esta?
Butch gimió y se oyó un arrastrar de pies.
—Aquí… y… yo que… pensé que esto… era un… elefante. —El sonido de las patas de la cosa golpeando la alfombra Aubusson fue atronador—. ¿De qué jodido material está hecho esto? ¿De hormigón armado pintado para que parezca madera?
Vishous exhaló su tabaco turco.
—Te dije que no intentaras llevarlo tu solo, poli. ¿Quieres quedarte lisiado?
—Lo hice bien, las escaleras fueron fáciles.
—Ah, ¿sí? Entonces, ¿por qué estás inclinado frotándote la parte baja de la espalda?
Se oyó otro gemido y luego el poli murmuró:
—No estoy inclinado.
—Ya no.
Wrath recorrió con sus manos los brazos del trono, notando los símbolos en la Antigua Lengua que declaraban que no era una simple silla, sino el asiento de un líder. Estaba exactamente como la recordaba… y sí, en el pináculo del alto respaldo encontró el frío metal y las pulidas piedras, y recordó el brillo del oro, del platino y de los diamantes… y de un áspero rubí sin tallar del tamaño de un puño.
La mesa y el trono eran las únicas cosas de la casa de sus padres que habían subsistido, y habían sido traídas del Antiguo País no por él, sino por Darius. Había sido D el que había encontrado al humano que había comprado el juego después de que los lessers vendieron el botín, los había encontrado y recuperado.
Sí… y Darius también se había preocupado lo suficiente como para asegurarse de que cuando la Hermandad cruzara el océano, el trono de la raza y la mesa a juego vinieran con ellos.
Wrath nunca pensó en usar ni una cosa ni la otra.
Pero cuando George y él tomaron la resolución y se sentó… sintió que era lo correcto.
—Mierda, ¿alguien más siente la necesidad de hacer una reverencia? —preguntó Rhage.
—Sí —respondió Butch—. Pero por otro lado, estoy intentando quitarle presión a mí hígado. Creo que se ha quedado envuelto alrededor de la columna.
—Te dije que ibas a necesitar ayuda —se mofó V.
Wrath dejó que sus hermanos continuaran, porque sintió que necesitaban la liberación y la distracción que podría brindarles una batalla verbal.
Las cosas no habían ido bien durante el viaje hacia la colonia del norte. Sí, Rehv estaba libre, y era estupendo, pero la Hermandad no dejaba guerreros abandonados. Y a Xhex no la encontraban en ninguna parte.
Cuando Wrath oyó una nueva llamada a la puerta supo que era el otro asunto que había estado esperando. Rehv y Ehlena entraron y hubo un montón de OHs y AHs por parte de la pareja, y luego la Hermandad salió en fila dejando solos a Wrath, Beth y George con la pareja.
—¿Cuándo vas a volver al norte? —preguntó Wrath al macho—. A buscarla.
—En cuando pueda soportar la luz que se está desvaneciendo en el cielo.
—Bien. ¿Necesitas apoyo?
—No. — Hubo un ligero susurro, como si Rehv hubiera puesto a su compañera a su lado porque se sentía incómoda—. Iré solo. Es lo mejor. Aparte de buscar a Xhex, también voy a elegir un sucesor, y eso significa que las cosas pueden volverse arriesgadas.
—¿Un sucesor?
—Mi vida está aquí, en Caldwell. —Aunque la voz de Rehv era firme y tranquila, las emociones del tipo estaban rebotando por todo el lugar, y a Wrath no le sorprendió. La batidora de la vida había estado haciendo girar al hijo de puta pero bien durante las últimas veinticuatro horas, y si había una cosa que Wrath sabía de primera mano, era que el rescate algunas veces podía desorientarte tanto como la captura.
Por supuesto, que el resultado del primero era más agradable. Rogaba que la Virgen Escriba le concediera tal cosa a Xhex.
—Mira, en cuanto a Xhex —dijo Wrath—. Cualquier cosa que necesites para encontrarla, cualquier tipo de apoyo que podamos ofrecerte, lo tienes.
—Gracias.
Cuando Wrath pensó en la hembra se dio cuenta que a esas alturas sería mejor desearle la muerte más que la vida, y entonces alargó la mano y puso el brazo alrededor de la cintura de su shellan para poder sentir que Beth estaba segura y cómoda a su lado.
—Escuchad, acerca del futuro —le dijo a Rehv—. Necesito tener un candidato en esa carrera política.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero que tomes las riendas allí.
—¿Qué?
Antes de que el macho pudiera decirle el «no me jodas» Wrath le cortó:
—Lo último que necesito ahora es que haya inestabilidad en la colonia. No sé que mierda está pasando con Lash y los lessers o por qué estaba allí, o qué demonios estaba haciendo jodiendo con esa princesa, pero estoy seguro de esto… por lo que Z me dijo, ese grupo de comedores de pecados te tiene un miedo de muerte. Incluso si no vives allí todo el tiempo, quiero que estés a cargo de ellos.
—Entiendo hacia donde te diriges, pero…
—Estoy de acuerdo con el Rey.
Fue Ehlena quien habló, y evidentemente sorprendió a su compañero ya que el discurso de Rehv se convirtió en todo un montón de tartamudeos.
—Wrath tiene razón — dijo Ehlena—. Eres tú quien debe reinar.
—Sin ofender —susurró Rehv—. Pero ese no es el tipo de futuro que tenía en mente para ti y para mí. Por un lado, si nunca más vuelvo allí otra vez, será demasiado jodidamente pronto. Por otro lado, no estoy interesado en liderarlos.
Wrath sintió el duro trono bajo su culo y no pudo evitar sonreír.
—Gracioso, algunas veces siento lo mismo por mis ciudadanos. Pero el destino tiene otros planes para los tipos como tú y yo.
—Y una mierda si los tiene. No tengo idea de cómo hacer ese asunto de ser rey. Estaría volando a ciegas. —Hubo una rápida pausa—. Quiero decir… mierda… no quise decir que estar ciego sea… ¡maldita sea!
Wrath volvió a sonreír, imaginando la mortificación en la expresión del tipo.
—Nop, está bien, soy quien soy. —Cuando Beth agarró su mano, le dio un apretón para tranquilizarla—. Soy lo que soy, y tú también eres lo que eres. Nosotros te necesitamos allí para que te encargues de sus asuntos. No me has defraudado antes, y sé que no me defraudarás ahora. En cuanto al liderazgo… te doy una primicia… todos los reyes son ciegos, amigo. Pero si pones tu corazón en el lugar adecuado, siempre podrás ver tu camino con claridad.
Wrath elevó sus ojos ciegos hacia el rostro de su shellan.
—Una hembra extraordinariamente inteligente me dijo eso una vez, y tenía mucha, pero mucha razón.


Hijo de perra, pensó Rehv mientras miraba fijamente al gran y reverenciado Rey Ciego de la raza de los vampiros. El tipo estaba sentado en la especie de trono de estilo antiguo en el que esperarías encontrar a un líder… la cosa era una impresionante pieza de mobiliario, y el escritorio tampoco estaba mal. ¿Y mira tú por dónde? Mientras estaba ahí sentado regiamente y esa mierda, el jodido tiraba bombas con la seguridad y despreocupación de un monarca cuyas demandas siempre eran atendidas.
Cristo, era como si esperara ser obedecido siempre, incluso si lo que decía no tenía ningún sentido.
Lo cual significaba… bueno, él y Wrath tenían bastantes cosas en común, ¿o no?
Sin una razón aparente, verdaderamente sin ninguna razón, absolutamente ni una, Rehv convocó la imagen del sitio desde donde reinaba el rey de los symphaths. Era un simple asiento con pedestal de mármol blanco. No era nada especial, pero en definitiva, lo que se respetaba allí eran los poderes de la mente… las exhibiciones externas de autoridad no eran consideradas algo impresionante.
La última vez que Rehv había estado en la sala del trono había sido cuando le había cortado la garganta a su padre, y recordó como la sangre azul del macho había goteado sobre la prístina y veteada piedra como si se hubiera derramado un bote de tinta.
A Rehv no le gustó la imagen, aunque no porque estuviera avergonzado por lo que había hecho. Era sólo que… si cediera a los deseos de Wrath, ¿sería ese su futuro? ¿Ser rebanado algún día por uno de los integrantes de su familia por extensión?
¿Sería ese el destino que le aguardaba?
Con todo eso en mente, miró a Ehlena en busca de ayuda… y ella le dio exactamente la clase de fuerza que necesitaba. Levantó la vista hacia él con un amor tan firme y ardiente que le hizo pensar que tal vez no debería ver el destino a través de un cristal tan empañado.
Y cuando volvió a mirar a Wrath, pudo ver que el Rey sostenía a su shellan de la misma forma que Rehv sostenía a la suya.
Este era el modelo del que Rehv quería aprender, pensó. Delante de él estaba quién y qué había querido ser: un líder responsable y poderoso con una Reina que le apoyaba y que gobernaba tanto como el.
Salvo que sus súbditos no tenían nada que ver con los de Wrath. Y Ehlena no podría formar parte de la colonia. Jamás.
Aunque ella sería una excelente consejera: no había nadie más de quién prefiriera recibir consejo… excepto quizás del jodido vampiro que estaba en ese trono al otro lado de la habitación.
Rehv tomo las manos de su compañera entre las suyas.
—Escúchame cuidadosamente. Si decido hacerlo, si gobierno, me relacionaré con la colonia por mi cuenta. Tú no irás allí. Y te prometo, que habrá momentos feos. Momentos verdaderamente feos. Pasarán algunas cosas que te harán cambiar la opinión que tienes de mí.
—Disculpa… ya has tenido la experiencia y has salido airoso —Ehlena sacudió la cabeza—. Y sin importar lo que pase, tú eres un buen macho, y eso siempre predominará… la historia lo ha probado una y otra vez, y esa es la única garantía que alguien podrá obtener jamás.
—¡Dios, te amo!
Y aún así, incluso mientras ella le sonreía radiante, sintió la necesidad de volver a comprobarlo una vez más.
—Sí, bien. ¿Estás segura?, una vez que demos el salto…
—Estoy absoluta y positivamente —se puso de puntillas y lo besó— segura.
—Maldita sea —Wrath aplaudió como si el equipo local hubiera hecho un tanto—. Me encantan las hembras valerosas.
—Sí, a mi también. —Con una pequeña sonrisa, Rehv apretó a su shellan entre sus brazos, sintiendo como si el mundo se hubiera arreglado de muchas maneras. Ahora si tan sólo pudieran recuperar a Xhex…
No si, se dijo a si mismo. Cuándo.
Cuando Ehlena apoyó la cabeza contra su pecho, le acarició la espalda y miró a Wrath. Después de un momento, el rostro del Rey dejó de enfrentar al de su Reina, como si supiera que Rehv le estaba mirando.
En el silencio del encantador estudio azul pálido, se dio una extraña comunión entre ellos. A pesar de que eran muy diferentes en muchos aspectos, a pesar de compartir poco y conocerse aún menos, estaban unidos por algo que ninguno de ellos compartía con ninguna otra persona en el planeta.
Eran gobernantes y cuando se sentaban en sus tronos estaban solos.
Eran… reyes.
—La vida es como un trauma glorioso, ¿verdad? —murmuró Wrath.
—Sí. —Rehv besó la cabeza de Ehlena, pensando que antes de conocerla él le hubiera sacado el glorioso a esa declaración—. Es exactamente así.


FIN


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