viernes, 27 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/IN MEMORIAM

Lo que sigue a continuación es la última entrevista de Tohr y Wellsie juntos realizada por mí durante el corto período de tiempo transcurrido entre Amante Eterno y Amante Despierto. La estoy reproduciendo aquí en honor a la memoria de Wellsie y a la de su hijo nonato:

Diciembre en Caldwell, Nueva York, es el tipo de época para apoltronarse. Oscurece a las cuatro de la tarde, la nieve comienza a apilarse como si estuviera entrenándose para las avalanchas de enero, y el frío se filtra en los mismísimos cimientos y las paredes exteriores de las casas.
Llegué a la ciudad unos días después de Acción de Gracias para realizar más entrevistas a los hermanos. Como siempre, Fritz fue a buscarme a Albany y condujo en círculos durante dos horas antes de llevarme a la mansión de la Hermandad. El trayecto de esta noche fue aún más largo, pero no debido a que él estuviera intentando despistarme aún más: para mi descrédito, debo decir que elegí para viajar el día que se desató la primera tormenta de la temporada. Mientras el mayordomo y yo avanzábamos, la nieve fustigaba contra el parabrisas delantero del Mercedes, pero el doggen no está preocupado y yo tampoco. Por una parte, el coche está construido como un tanque. Por otra, Fritz aseguró que Vishous había puesto cadenas en las cuatro ruedas. Mordimos la manta cada vez más gruesa que cubría las carreteras, éramos el único sedán entre las máquinas quitanieve municipales, los camiones y las camionetas.
Finalmente entramos al complejo de la Hermandad, y nos detuvimos en frente del enorme castillo de piedra en el que viven. En cuanto salgo del coche, los copos de nieve me hacen cosquillas en la nariz y aterrizan sobre mis pestañas, deleitándome. Fritz y yo atravesamos juntos el pórtico y el vestíbulo extravagantemente hermoso me aporta calidez solo con verlo. Los doggens se apresuran a atenderme como si corriera el riesgo de sufrir una hipotermia, trayéndome zapatillas para reemplazar mis botas, te para mi estómago y un chal de cachemira. Me quitan la ropa de calle como si fuera una niña y me envuelven, me entregan el Earl Gray[1] y me encaminan hacia las escaleras.
Wrath me está aguardando en su estudio…

(Editado)

…A esta altura, dejo el estudio de Wrath y bajo al vestíbulo dónde Fritz me aguarda con mi abrigo y mis botas de nieve. Tohr es mi siguiente entrevistado y el mayordomo me llevará a su casa ya que evidentemente esta es su noche de descanso.
Me vuelvo a embutir mis ropas del noreste y nuevamente me subo al Mercedes. El cristal de separación entre los asientos se alza y Fritz y yo charlamos a través del intercomunicador que une la parte delantera y la parte trasera del coche. El viaje dura aproximadamente veinte minutos, y hombre, ese Merc[2] se mantiene estable a pesar de toda la nieve.
Cuando nos detuvimos y continuamos así durante un rato, asumo que hemos llegado a casa de Tohr y me desabrocho el cinturón de seguridad. Fritz abre la puerta y veo que la moderna casa de techo bajo en la que viven el hermano, Wellsie y John Matthew tiene un aspecto increíblemente acogedor en medio de la nieve. En el techo, hay dos chimeneas de las cuales sale humo lentamente y frente a cada una de las ventanas, hay charcos de luz amarillenta que se condensa sobre la gruesa capa blanca que cubre el suelo. En su viaje desde las nubes hacia la tierra, los copos de nieve que atinan a pasar frente a esos retazos de iluminación que emanan de la sala de estar, son alumbrados durante un breve instante antes de ir a unirse con las legiones de sus hermanos que se han ido acumulando.
Wellsie abre la puerta trasera y me hace señas para que entre. Fritz me escolta, hace una reverencia ante Wellsie y luego se encamina de regreso al Mercedes. Cuando el coche gira en el sendero de entrada, Wellsie cierra la puerta dejando afuera el viento.

JR:
Vaya tormenta ¿eh?
Wellsie:
Dios, sí. Veamos, quítate ese abrigo. Vamos.

Vuelven a quitarme el abrigo, pero esta vez estoy tan distraída por el olor que proviene de la cocina, que apenas si me doy cuenta de la desaparición de mi parka.

JR:
¿Qué es eso? (Olisqueando) Mmm…
Wellsie: (colgando el abrigo y dejando caer un par de mocasines L.L. Bean a mis pies)
Botas, fuera.

JR: (quitándose las botas de una patada y metiendo los pies en… ahh, que bendición… suave lana de cordero)
¿Huele a jengibre?
Wellsie:
¿Estás lo suficientemente abrigada sólo con ese jersey? ¿Necesitas otro? ¿No? Está bien. No obstante, si cambias de idea simplemente pégame un grito. (Se dirige hacia la cocina y hacia uno de los fogones). Esto es para John.
JR: (siguiéndola)
¿Está en casa? ¿Se cancelaron las clases de esta noche debido a la tormenta?
Wellsie: (levantando la tapa de una cacerola)
Sí, pero de todas formas no hubiera podido asistir. Deja que termine esto bien rapidito y luego iremos en busca de Tohr.
JR:
¿John está bien?
Wellsie:
Lo estará. Siéntate. ¿Quieres un poco de te?
JR:
Estoy bien, gracias.

La cocina es de madera de cerezo y granito con dos hornos fulgurantes, una cocina con seis fuegos y un refrigerador SubZero con una terminación ideada para que combine con los armarios. Más allá en el cenador con ventanales, hay un juego de comedor de hierro y cristal y me siento en la silla que está más cerca del fuego.
Esta noche Wellsie lleva el cabello recogido, y mientras remueve el arroz en la cacerola, se ve como una súper modelo en un anuncio de revista para cocinas de lujo. Debajo del amplio jersey de cuello de tortuga que lleva puesto, su vientre se ve un poquito más grande que la última vez que la vi y a cada rato su mano se dirige allí para acariciarlo suavemente. Se ve muy saludable. Está absolutamente radiante.

Wellsie:
Sabes, esto es lo que ocurre con los vampiros. No nos contagiamos de los virus que afectan a los humanos, pero tenemos los propios. Todos los reclutas regresan a sus hogares dónde están sus hermanos y sus padres y en esta época del año, como ocurre con los colegios humanos, los niños intercambian microbios. Anoche John llegó con la garganta dolorida e irritada y esta tarde se levantó con fiebre. (Sacude la cabeza). John es… un chico especial. Verdaderamente especial. Y me encanta tenerlo en casa conmigo… solo desearía, que esta noche, fuera por una razón diferente. (Levanta la vista hacia mí). Sabes, es muy extraño. Durante mucho tiempo he estado viviendo a mi manera… no puedes estar emparejada con un hermano sin ser una persona realmente independiente. Pero desde que John comenzó a vivir aquí, la casa se siente vacía cuando él no esta. A la hora que vuelve del centro de entrenamiento yo ya estoy deseando verlo.
JR:
Eso es algo muy comprensible.
Wellsie: (acariciándose el vientre otra vez)
John dice que espera con ansias la llegada del pequeño… quiere ayudar. Supongo que en el orfanato le gustaría cuidar de los más pequeños.
JR:
Sabes, debo decir que te ves estupenda.
Wellsie: (pone los ojos en blanco)
Eres muy amable, pero ya estoy grande como una casa. No tengo idea del tamaño que voy a alcanzar antes de que llegue el niño. Aún así… todo está bien. El niño se mueve todo el tiempo y yo me siento fuerte. Mi madre… a ella le fue bien con sus hijos. Tuvo tres, ¿puedes creerlo? Tres. Y en el caso de mi hermano y mi hermana fue antes de los tiempos de la medicina moderna. Así que pienso que yo seré igual que ella. A mi hermana también le fue bien. (Vuelve a mirar la cacerola). Eso es lo que le recuerdo a Tohr cuando se despierta en medio del día. (Apaga el fuego y saca una cuchara de uno de los cajones). Esperemos que John coma esta vez. No ha estado comiendo bien.
JR:
Hey, ¿Qué opinas del próximo emparejamiento de Rhage?
Wellsie: (sirviendo arroz en un plato)
Oh Dios mío, adoro a Mary. Creo que es genial. Todo el asunto. Aunque Tohr estuvo a punto de matar a Hollywood. Rhage… no acepta bien las órdenes. Aunque, demonios, ninguno de ellos lo hace. Los hermanos… son como seis leones. En realidad no puedes arrearlos tan fácilmente. El trabajo de Tohr es intentar mantenerlos unidos, pero es difícil… especialmente con la manera de ser que tiene Zsadist.
JR:
Wrath dice que está muy agitado.
Wellsie: (sacudiendo la cabeza y yendo hacia el refrigerador)
Bella… rezo por ella. Rezo todos los días. ¿Te das cuenta que ya han pasado seis semanas? Seis semanas. (Regresa con un contenedor plástico que mete en el microondas). No puedo imaginar lo que esos lessers… (Se aclara la garganta, y luego presiona los botones, que emiten pequeños pitidos seguidos de un zumbido). Bueno, de todas formas. Tohr ni siquiera intenta hacer entrar en razón a Z. Nadie lo hace. Es como… como si con ese secuestro algo se hubiera quebrado dentro de él. De cierta forma, y sé que esto sonará mal, espero que Z encuentre su cuerpo… de lo contrario, no podrá dar por concluido el asunto y para cuando llegue año nuevo se habrá vuelto completamente loco. Y más peligroso de lo que ya es. (El microondas se detiene y lanza unos pitidos).
JR:
¿Piensas que es… no estoy segura de cual sea la palabra adecuada… tal vez sorprendente, que se preocupe tanto como lo hace?
Wellsie: (vierte salsa de jengibre sobre el arroz, pone el contenedor en el lavaplatos luego saca una cuchara y una servilleta)
Absolutamente sorprendente. Al principio tuve esperanzas… ya sabes, por el hecho de que se preocupara por alguien, por algo. ¿Ahora? Estoy aún más preocupada. No puedo vislumbrar un final feliz para esta trama. Ninguno. Vamos, vayamos a la habitación de John.

Seguí a Wellsie fuera de la cocina y a través de un largo comedor que era una mezcla con detalles de arquitectura moderna, y muebles y ornamentos antiguos. Al otro extremo, entramos en el ala de los dormitorios. El de John era el último antes de la suite principal que estaba empotrada en el lado izquierdo de la casa. Cuando nos acercamos, oigo…

JR:
¿Acaso eso es…?
Wellsie:
Sip. Una maratón de Godzilla. (Empuja la puerta y dice quedamente). Hey ¿cómo estamos?

 El dormitorio de John está decorado en azul marino y la cómoda, el cabecero de la cama y el escritorio tienen un aire a lo Frank Lloyd Wright, todo realizado en madera lustrada. A la luz electrizante de la TV, veo a John en la cama, tendido de costado, tiene la piel tan pálida como sus sábanas blancas y las mejillas de un color rojo encendido por la fiebre. Sus ojos están firmemente cerrados y está respirando por la boca abierta emitiendo un leve silbido. Tohr está junto a él, apoyado contra el cabecero de la cama, el cuerpo enorme del hermano hace que John parezca de dos años de edad. Tohr tiene el brazo estirado envolviendo a John con él.

Tohr: (saludándome con la cabeza y soplándole un beso a su shellan)
No muy bien. Creo que le subió la fiebre. (Mientras dice eso, en la TV, Godzilla ruge y comienza a pisotear edificios… de forma similar a cómo el virus está actuando dentro del cuerpo de John).
Wellsie: (Deja el plato y se inclina por encima de Tohr)
¿John?


Los ojos de John aletean hasta abrirse y trata de incorporarse, pero Wellsie le pone las manos sobre sus mejillas y en susurros le dice que permanezca acostado. Mientras le habla suavemente a John, Tohr se inclina hacia delante y apoya la cabeza en su hombro. Está exhausto, puedo darme cuenta de eso, sin duda por haber permanecido despierto y preocupado por John.
Viéndolos a los tres juntos, me siento muy feliz por John, pero también un poco sacudida. Es difícil no imaginármelo en ese decrepito apartamento taller en ese edificio infectado de ratas, enfermo y solo. Todos esos ¿y si…? Son demasiado perturbadores. Para evitar que mi cabeza continúe dando vueltas, me concentro en Tohr y Wellsie y en el hecho de que ahora él es parte de su familia.
Después de un momento, Wellsie se sienta junto a Tohr, que recoge las piernas para hacerle sitio. Con la mano libre, la que no está sosteniendo a John, le acaricia el vientre.

Wellsie: (sacudiendo la cabeza)
Voy a llamar a Havers.
Tohr:
¿Piensas que deberíamos llevarlo?

Wellsie:
Eso depende de lo que me digan en la clínica.
Tohr:
El Range Rover tiene las cadenas puestas. Cuando tú lo digas, me pongo detrás del volante.
Wellsie: (le palmea la pierna y luego se pone de pie)
Que es exactamente el motivo por el cual me emparejé contigo.

Wellsie salió y yo me quedé en el vano de la puerta, sintiéndome una intrusa. Dios, tenía todo tipo de preguntas que formularle a Tohr, pero ahora, ninguna de ellas importaba.

JR:
Debería irme.
Tohr: (frotándose los ojos)
Sí, probablemente. Siento que haya ocurrido todo esto.
JR:
Por favor… no es nada. Debéis ocuparos de él.
Tohr: (bajando la vista hacia John)
Sí, es cierto.

Wellsie regresa y el doctor ha dictaminado que deben llevar a John. Llaman a Fritz para que me recoja, pero le va a llevar un rato llegar, así que me dicen como cerrar la casa cuando me vaya. Sigo a Tohr mientras éste lleva a John en brazos por el pasillo y a través de la sala de estar hasta llegar a la cocina. En vez de hacer que el chico se ponga una chaqueta, envuelven a John con un edredón y en los pies tiene pantuflas parecidas a los mocasines L.L. Bean que me han prestado… solo que más pequeños.
Wellsie ya está en el asiento trasero del Range Rover, con el cinturón de seguridad puesto, y cuando Tohr pone a John en su regazo, acuna al chico contra ella. Cuando la puerta se cierra, levanta la vista para mirarme a través del cristal de la ventanilla, su rostro y el cabello pelirrojo están oscurecidos por la sombra de la pared del garaje que hay detrás de ella. Nuestros ojos se encuentran y levanta la mano. Yo levanto la mía.

Tohr: (dirigiéndose a mi)
¿Estarás bien aquí? Sabes como contactarme.
JR:
Oh, estaré bien.
Tohr:
Sírvete lo que desees del refrigerador. El mando a distancia para la TV de la sala de estar está junto a mi sillón.
JR:
Ok. Conduce con cuidado y hazme saber como sigue.
Tohr:
Así lo haremos.

Tohr pone su enorme palma sobre mi hombro durante un instante, luego se pone detrás del volante, mete la marcha atrás a la camioneta y retrocede hacia la tormenta. Las cadenas repiquetean contra el suelo de hormigón del garaje hasta que llega a la nieve luego oigo el crujido de millones de diminutos copos compactándose debajo de las llantas y el profundo rugido del motor.
 Tohr gira el coche y se dirige hacia fuera, accionando el mecanismo de la puerta del garaje. Mientras los paneles comienzan a rodar para cerrarse, veo una última imagen del Range Rover, el brillo rojo de las luces traseras a través de la nieve ondulante.
Vuelvo a entrar en la casa. Cierro la puerta detrás de mi. Me pongo a escuchar.
El silencio es atemorizante. No debido a que piense que hay alguien más en la casa. Sino porque las personas que deberían estar allí se han ido.
Entro a la sala de estar, me siento en uno de los sillones tapizados en seda y me dispongo a esperar cerca de la ventana, como si tal vez al ser capaz de ver dónde va a estacionar Fritz pueda hacer que llegue un poquito más rápido. Tengo la parka en mi regazo y ya me he vuelto a poner las botas.
Parece que transcurren años antes de que el Mercedes entre por el sendero de entrada. Me levanto, voy hacia la puerta delantera como me indicaron, y salgo. Cuando doy la vuelta para cerrarla, veo el fuego en el que Wellsie había estado cocinando una media hora atrás. La cacerola que contiene el arroz de John está en el sitio dónde ella la dejó al igual que la cuchara que usó.
Estoy dispuesta a apostar que en una noche normal, nunca habrían sido dejadas así. Wellsie mantiene su hogar bien organizado.
Le hago señas a Fritz indicándole que necesito un segundo luego corro de regreso a la cocina, lavo la cacerola y la cuchara y las pongo a secar cerca del fregadero porque no sé cual es su lugar. Esta vez cuando salgo por la puerta principal, la cierro detrás de mi. Después de comprobarla rápidamente para asegurarme de haberla cerrado bien, atravieso la nieve hacia el sedán. Fritz da la vuelta al coche y me sostiene la puerta abierta para que entre y justo antes de deslizarme dentro de todo ese cuero, miro hacia la casa. El brillo de las ventanas ya no parece tan acogedor… ahora me da la impresión que la luz es triste. La casa está esperando que ellos regresen, para que su techo pueda cobijar algo más que objetos inanimados. ¿Sin su gente? Es meramente un museo lleno de artefactos.
Entré al asiento trasero del sedán y el mayordomo nos condujo a la tormenta. Conducía con cuidado, de la misma forma que yo sabía que Tohr lo hacía.



[1] Earl Grey: Variedad de té.
[2] Merc: Abreviatura de Mercedes.

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