viernes, 27 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/MEJORES MOMENTOS 1


Wrath lo miró furioso.
—Gracias por venir, Z. ¿Has estado muy ocupado con las hembras?
—¿Qué tal si me dejas en paz?
Zsadist se dirigió a un rincón y permaneció alejado del resto.
Capítulo 4

Wrath estaba mudo de asombro.
Y no era del tipo de vampiros que se quedan estupefac­tos a menudo.
Santa Mierda.
Aquella mestiza era la cosa más sensual que había visto en su vida. Y había apagado una o dos hogueras en otros tiempos.
Capítulo 8

Si el sexo fuera comida, Rhage habría sido enfermizamen­te obeso.
Capítulo 10

Wrath palmoteó a su hermano en el hombro. En términos generales, aquel hijo de puta era todo un camarada.
—Perdonado y olvidado.
—Siéntete libre de golpearme cuando quieras.
—Lo haré, créeme.
Capítulo 10

Dios sabía que el Omega siempre recibía con satisfacción la iniciativa y las nuevas empresas. Y tra­tándose de lealtad, no la tenía con nadie.
Capítulo 10

El humano registró los bolsillos de la chaqueta de Wrath y empezó a sacar armas. Tres estrellas arrojadizas, una navaja au­tomática, una pistola, un trozo de cadena.
—Válgame el cielo —murmuró el policía mientras dejaba caer los eslabones de acero al suelo con el resto del cargamento—. ¿Tienes alguna identificación? ¿O no has dejado suficiente espacio para meter una cartera, considerando que llevas encima quince ki­los de armas ilegales?
Capítulo 14

Obedeciendo a su instinto, corrió rodeando el lateral del edificio.
Butch se dirigía a su vehículo como si llevara una carga inestable, y se apresuró a alcanzarlos.
—Espera. Tengo que hacerle una pregunta.
—¿Quieres saber qué número calza o algo así? —espetó el policía.
—Cuarenta y ocho y medio —dijo Wrath con voz cansina.
—Lo recordaré para Navidad, cabrón.
Capítulo 14

—No, gracias —rió Rhage—. Coso bastante bien, como sabes por experiencia. ¿Y quién es tu amiga?
—Beth Randall, éste es Rhage. Socio mío. Rhage, ella es Beth, y no sale con estrellas de cine, ¿entendido?
—Alto y claro. —Rhage se inclinó hacia un lado, tratan­do de ver por el costado de Wrath—. Encantado de conocerte, Beth.
—¿Estás seguro de que no quieres ir a un hospital? —di­jo ella débilmente.
—No. Parece peor de lo que es. Cuando uno puede usar el intestino grueso como cinturón, entonces sí debe acudir a un profesional.
Capítulo 17

—¿Tienes televisión por cable? —dijo señalando con la ca­beza el televisor.
Ella le arrojó el mando.
—Claro que sí. Y si mal no recuerdo, esta noche hay una maratón de Godzilla por la TBS.
Estupendo —dijo el vampiro, estirando las piernas—. Siempre me pongo del lado del monstruo.
Ella le sonrió.
—Yo también.
Capítulo 21

—Te he dejado aspirinas junto al teléfono con un gran va­so de agua. Pensé que no ibas a poder llegar hasta la cafetera. Toma tres, desconecta el teléfono y duerme. Si sucede algo emo­cionante, iré a buscarte.
—Te amo, dulzura.
—Entonces cómprame un abrigo de visón y unos bonitos pendientes para nuestro aniversario.
—Te los has ganado.
Capítulo 22

Una mano como un yunque aterrizó en su hombro.
—¿Te gustaría quedarte a cenar?
Butch alzó la vista. El sujeto llevaba puesta una gorra de béisbol y tenía la cara surcada por un tatuaje.
—¿Te gustaría ser la cena? —dijo otro que parecía una especie de modelo.
Capítulo 32

Con un encogimiento deliberado, se liberó del asimiento sobre su hombro.
—Decidme algo, chicos —dijo arrastrando las pala­bras—. ¿Usáis todo ese cuero para excitaros mutuamente? Quie­ro decir, ¿a todos os gustan los penes?
Butch fue lanzado contra la puerta con tanta fuerza que sus muelas crujieron.
El modelo acercó su cara perfecta a la del detective.
—Si yo fuera tú, tendría cuidado con mi boca.
—¿Para qué molestarme si tú ya te preocupas por ella? ¿Ahora vas a besarme?
Un gruñido extraño salió de la garganta de aquel sujeto.
—Está bien, está bien. —Él que parecía más normal avanzó unos pasos—. Retrocede, Rhage. Vamos a relajarnos un poco.
Pasó un minuto antes de que el figurín lo soltara.
—Eso es. Tranquilicémonos —murmuró el Señor Normal, dándole unas palmaditas en la espalda a su amigo antes de mirar a Butch—. Hazte un favor y cierra la boca.
Butch se encogió de hombros.
—El rubito se muere por ponerme las manos encima. No puedo evitarlo.
Rhage se volvió a lanzar contra Butch, mientras el Señor Nor­mal ponía los ojos en blanco, dejando libre a su amigo para actuar.
El puñetazo que le llegó a la altura de la mandíbula lanzó la cabeza de Butch hacia un lado. Al sentir el dolor, el detective dejó volar su propia ira. El temor que sentía por Beth, el odio reprimido contra aquellos malvivientes, la frustración por su trabajo, todo en­contró salida. Se abalanzó sobre el hombre más grande y lo derribó.
El sujeto se sorprendió momentáneamente, como si no hu­biera esperado la velocidad y fuerza de Butch, y éste aprovechó la vacilación. Golpeó al rubito en la boca, y luego lo sujetó por el cuello.
Un segundo después, Butch se encontró acostado sobre su espalda con el hombre sentado sobre su pecho.
El tipo agarró la cara de Butch entre sus manos y apretó, aplastándole las facciones. Era casi imposible respirar, y Butch resollaba superficialmente.
—Tal vez encuentre a tu esposa —dijo el tipo—, y la folle un par de veces. ¿Qué te parece?
—No tengo esposa.
—Entonces voy a follarme a tu novia.
Butch trató de tomar un poco de aire.
—Tampoco tengo novia.
—Entonces si las hembras no quieren saber nada de ti, ¿qué te hace pensar que yo sí?
—Tenía la esperanza de que te enfadaras.
Los enormes ojos azul eléctrico se entrecerraron.
Tienen que ser lentes de contacto —pensó Butch. Nadie tiene los ojos de ese color.
—¿Y por qué querrías hacer algo así? —preguntó el ru­bito.
—Si yo atacaba primero —Butch llevó algo más de aire a sus pulmones—, tus muchachos no nos hubieran dejado pe­lear. Me habrían matado primero. Antes de poder tener una opor­tunidad contigo.
Rhage aflojó un poco la opresión y se rió mientras despo­jaba a Butch de su cartera, las llaves y el teléfono.
—¿Sabéis? Me agrada un poco este grandullón —dijo el tipo.
Alguien se aclaró la garganta.
El rubito se puso de pie, y Butch rodó sobre sí mismo, ja­deando. Cuando levantó la vista, le pareció que sufría alucina­ciones.
De pie en el vestíbulo había un pequeño anciano vestido de librea, sosteniendo una bandeja de plata.
—Disculpen, caballeros. La cena estará lista en unos quin­ce minutos.
—Oye, ¿son ésas crepes de espinaca que me gustan tan­to? —preguntó el rubio, señalando la bandeja.
—Sí, señor.
—Delicioso.
Los demás hombres se agruparon alrededor del mayor­domo, tomando lo que les ofrecía, y unas servilletas, como si no quisieran que cayera nada al suelo.
¿Qué diablos era esto?
—¿Puedo pedirles un favor? —preguntó el mayordomo.
El Señor Normal asintió vigorosamente.
—Trae otra bandeja de estas delicias y mataremos a quien tú quieras.
Sí, bueno imagino que el tipo en realidad no era normal. Sólo relativamente.
El mayordomo sonrió como si se sintiera conmovido.
—Si van a desangrar al humano, ¿tendrían la amabilidad de hacerlo en el patio trasero?
—No hay problema. —El señor Normal se introdujo otra crepe en la boca—. Maldición, Rhage, tienes razón. Son increíbles.
Capítulo 32

—¿Qué le hiciste al lesser? —preguntó una de las voces.
—Encendí su cigarrillo con una escopeta recortada —res­pondió otro—. No bajó a desayunar, ¿me entendéis?
Capítulo 37

—Tohr, relájate. Soy una hembra. Lloro en las bodas. For­ma parte de nuestras obligaciones.
Capítulo 45

—Espero que no tengas que hacerlo. Ahora dime una co­sa. ¿Cuál es la palabra que utilizáis para esposo?
Hellren, supongo. La versión corta es hell, como infierno en inglés.
Ella rió alegremente.
—A saber por qué.
Capítulo 47

Rhage asintió.
—Además el lugar es bastante grande. Todos podríamos vivir allí sin matarnos entre nosotros.
—Eso depende más de tu boca que de cualquier proyec­to arquitectónico —dijo Phury sonriendo abiertamente.
Epílogo

—Sí —suspiró Rhage—. Lo único que quiero es una bue­na hembra. Pero imagino que me conformaré con varias malas hasta que la encuentre. La vida es un asco, ¿no creéis?
Epílogo



—Bien, grandote, abajo contigo.
Oh, sí. La cama. La cama era buena.
—Y mira quien está aquí. Es la enfermera Vishous.
Capítulo 6

—Entonces di eso.
—¿Qué?
—Nada. Di nada. Repítelo una y otra y otra vez. Hazlo.
Ella se encolerizó, el aroma del miedo fue reemplazado por una fragancia picante, como a viva menta fresca del jardín. Ahora estaba molesta.
—Dilo —le ordenó, necesitando sentir más de lo que ella le provocaba.
—Bien. Nada. Nada. —Abruptamente se echó a reír, y el sonido le atravesó la columna vertebral, haciéndole arder—. Nada, nada. Naa-da. Naa-da. Naaaaaaaada. Ahí tienes ¿Fue lo suficientemente bueno para ti? ¿Me dejarás marchar ahora?
—No.
Luchó contra él otra vez, creando una fricción deliciosa entre sus cuerpos. Y supo el momento en que su ansiedad y su irritación se convirtieron en algo tórrido. Olió su excitación, un adorable endulzamiento del aire, y su cuerpo respondió a la llamada.
Se puso duro como un diamante.
—Háblame Mary. —Movió las caderas haciendo un lento círculo contra ella, frotando la erección contra su abdomen, aumentando su dolor y la temperatura de ella.
Después de un momento ella ya no estaba tan tensa, y cedió al empuje de sus músculos y su erección. Aplanó las manos sobre su cintura. Y luego lentamente las fue deslizando hacia la parte baja de su espalda, como si no estuviera segura del porqué estaba respondiéndole de la forma en que lo hacía.
Él se arqueó contra ella, para exteriorizar su aprobación y animarla a que lo tocara. Cuando subió las palmas a lo largo de su columna vertebral, gruñó gravemente desde el fondo de la garganta y dejó caer la cabeza de manera de tener el oído más cerca de su boca. Quería sugerirle otra palabra que decir, algo como exquisito, o susurro, o lujuria.
¡No! Esternocleidomastoideo sería ideal
Capítulo 8

—Cristo. Puedes ser un verdadero dolor en el culo, ¿sabes? No tienes ningún tipo de control sobre tus impulsos pero eres increíblemente terco. Endemoniada combinación.
Capítulo 10

—Ok, que tenemos aquí —dijo, abriendo el suyo—. Quiero el pollo Alfredo. La carne NY, poco hecha. Y una hamburguesa con queso, también poco hecha. Doble ración de patatas fritas. Y algunos nachos. Sí, quiero nachos con todo. Que sea doble ración de eso también. ¿Me haces el favor?
Lo único que Mary pudo hacer fue quedarse mirándolo fijamente mientras cerraba el menú y esperaba.
La camarera parecía un poco confusa.
—¿Todo eso es para ti y tu hermana?
Como si el deber familiar fuera la única razón por la cual un hombre como él consintiera en salir con una mujer como ella. Oh, demonios
—No, eso es para mí. Y ella es mi cita, no mi hermana. ¿Mary?
—Yo… ah, sólo tráeme una ensalada Cesar, cuando traigas su —¿camión de comida?— cena.
Capítulo 12

—Estás consiguiendo ponerte un poco en forma, poli.
—Oh, vamos, que no se diga. —Butch sonrió ampliamente—. No permitas que esa ducha que tomamos juntos se te suba a la cabeza.
Rhage le tiró una toalla al macho.
—Sólo estoy señalando que tu barriga cervecera ha desaparecido.
—Era un depósito de escocés. Y no lo extraño para nada.
Capítulo 16

—Esta mañana temprano la mujer me echó de su casa después de picarme el ego.
—¿Qué tipo de hacha usó?
—Una comparación poco halagüeña entre un perro callejero y yo.
—Ouch. —Butch torció la camisa en dirección contraria—. Por lo que naturalmente, te mueres por verla otra vez.
—Ciertamente.
—Eres patético.
—Lo sé.
—Pero yo casi puedo vencerte. —El poli sacudió la cabeza—. La noche pasada, yo… ah… conduje hasta la casa del hermano de Marissa. Ni siquiera sé como el Escalade llegó hasta allí. Me refiero a que lo último que necesito es encontrarme con ella, ¿me entiendes?
—Déjame adivinar. Esperaste por los alrededores con la esperanza de verla…
—Entre los arbustos, Rhage. Me senté entre los arbustos. Debajo de la ventana de su habitación.
—Guau. Eso es….
—Sí. En mi antigua vida me podría haber detenido por acosador. Mira, tal vez deberíamos cambiar de tema.
Capítulo 16

Mirando la colección de películas supo que estaba en problemas. Había muchos títulos extranjeros, algunos americanos verdaderamente profundos. Un par de viejos éxitos como Algo para recordar. Casa—jodida—blanca.
Absolutamente nada de Sam Raimi o Roger Corman ¿No había oído ella nada sobre la saga Posesión infernal?
Capítulo 19

—Mierda, te has vinculado con ella. —Wrath se pasó la mano por su largo cabello—. Por el amor de Dios… acabas de conocerla, hermano.
—¿Y cuánto tiempo te llevó marcar a Beth como tuya? ¿Veinticuatro horas? Ah, claro, esperaste dos días. Sí, que bueno que te tomaste algo de tiempo.
Wrath soltó una breve risa.
—Tienes que seguir involucrando a mi shellan en esto ¿verdad?
Capítulo 23

Oh, la humanidad.
El pack de Austin Powers. Aliens y Alien. Tiburón. Las tres Agárralo como puedas. Godzilla. Godzilla. Godzilla… espera, el resto de aquella estantería entera era Godzilla. Fue a mirar la que estaba debajo: Viernes trece, Halloween, Pesadilla en Elm Street. Bien, al menos no se había molestado con las secuelas. El club de los chalados. Posesión infernal también el pack que viene en caja.
Era un milagro que Rhage no se hubiese quedado absolutamente ciego con toda aquella cultura pop.
Capítulo 23

Ella sonrió un poco.
—Eres un manipulador.
—Me gusta más pensar en mi mismo como en un ingeniero en consecuencias.
Capítulo 29

La risa de Phury salió de la túnica de la derecha.
—Sólo a ti se te ocurriría tratar de convertir esto en una fiesta.
—Bien, demonios, todos habéis querido darme una buena por alguna mierda que os he hecho ¿correcto? Este es vuestro día de suerte. —Le palmeó el muslo a Phury—. Me refiero a que, venga, hermano, te he gastado bromas durante años por el asunto de las mujeres. Y Wrath, hace un par de meses te saqué de quicio a tal punto que apuñalaste una pared. V, tan solo el otro día me amenazaste con usar esa mano tuya sobre mi. ¿Recuerdas? ¿Cuando te dije lo que pensaba de esa monstruosidad de perilla?
V trató de ahogar la risa.
—Tenía que hacer algo para que te callaras. Cada maldita vez que me encuentro contigo desde que me la dejé crecer, me preguntas si le di un beso con lengua a un tubo de escape.
—Y todavía estoy convencido de que te tiras a mi GTO, bastardo.
Capítulo 29

—¿Cómo te llamas? —murmuró ella.
Él enarcó la ceja y luego volvió a mirar fijamente a su hermano.
—Soy el malo, en caso de que no te hayas dado cuenta.
—Quiero tu nombre, no tu profesión.
—En realidad el ser un bastardo es más parecido a una compulsión. Y es Zsadist. Mi nombre es Zsadist.
Capítulo 30

Él tomó un profundo aliento.
—Dios, te amo. De verdad, de verdad que te amo.
Y luego sonrió.
Ella rió de manera tan ruidosa que provocó que todas las cabezas que había en la habitación se giraran.
El tallo de cereza estaba primorosamente atado alrededor de uno de sus colmillos.
Capítulo 39

La gente no podía evitar hablar de un macho que parecía tan peligroso como él. Con su hermano pasaba lo mismo. Durante años había oído habladurías acerca de Rehvenge y Dios sabía que eran todas falsas.
Capítulo 40

Nadie parecía escucharla.
—Dios, líbrame de los héroes —refunfuñó—. ¡Retroceded joder!
Eso les llamó la atención.
Capítulo 46

Ella sacudió la cabeza y se inclinó para recoger una camisa del suelo.
—Eres el matón más dulce que he conocido.
Capítulo 48

Retirándose el cabello hacia atrás, se rió.
—Así que te está regresando la vista.
—Entre otras cosas. Ven aquí, Mary. Quiero besarte.
—Oh, seguro. Tratas de compensar el ser un bravucón sirviéndome con tu cuerpo.
—Usaré cualquier ventaja que tenga.
Apartó las sábanas y el edredón y deslizó la mano hacia abajo por su pecho, hacia el estómago. Más abajo. A ella se la agrandaron los ojos cuando tomó la gran erección en su palma. Mientras se acariciaba, el olor de su excitación floreció como un ramo en la habitación.
—Ven aquí, Mary —dijo ondulando las caderas—. No estoy seguro de estar haciéndolo bien. Se siente muchísimo mejor cuando tú me tocas.
—Eres incorregible.
—Sólo busco algo de instrucción.
—Cómo si la necesitaras —refunfuñó, quitándose el suéter.
Capítulo 48

—Ya te dije, que por mi está bien —sonrió—. Quiero decir, vamos. De cierta forma es una cosita linda, muy al estilo Godzilla. Y lo veré como una especie de trato en el que obtuve dos por uno.
Capítulo 51



Joder, era cosa bueno que luchara como un sucio bastardo o podría haber sido tomado por un mariquita.
Capítulo 5

La otra estaba detrás del escritorio y era bien fea: una monstruosidad con el tapizado roto, de cuero color verde aguacate con bordes orejeros, el asiento flojo y un par de patas que le daban un nuevo significado a la palabra firme.
Tohr puso la mano sobre el alto respaldo de la cosa.
—¿Puedes creer que Wellsie me obligó a deshacerme de esto?
John asintió diciendo por señas:
Sí, puedo.
Capítulo 8

—Bueno, yo no sé leer. Así que estamos BJ[1] tú y yo.
John movió rápidamente su Bic. Mientras le tendía el bloc a Phury, el macho de la mirada negra frunció el ceño.
—¿Qué ha escrito el chico?
—Dice que está bien. Que es bueno escuchando. Que tú puedes llevar toda la conversación.
Capítulo 10

Le tomó la mano, le quitó la pluma y le aplanó la palma.
Quiero hablar contigo, escribió.
Entonces la miró directamente a los ojos e hizo la más asombrosa y jodida cosa.
Le sonrió.
Capítulo 14

John saludó con la cabeza y miró a los doce tipos que estaban sentados de a pares y lo miraban fijamente. Whoa. Realmente no estoy sintiendo mucho amor de su parte, compañeros, pensó.
Capítulo 17

Después de un momento Blaylock se acordó de la educación y le presentó a los demás. Todos tenían nombres raros. El rubio era Lash. Y qué malditamente apropiado era eso.
Capítulo 17

—Este sitio es simplemente demasiado jodidamente precioso —dijo el poli, mirando a un tipo vestido con un conjunto de chándal color rosa intenso con maquillaje a tono—. Me quedo con los campesinos y la cerveza casera cualquier día de la semana antes que esta mierda de cultura X.
Capítulo 19

—Sólo quería asegurarme de que tus necesidades estuvieran cubiertas. La satisfacción del cliente es malditamente importante. —El macho se acercó aún más señalando con la cabeza el brazo de Phury, el que tenía dentro del abrigo—. Tu mano está sobre la culata de una pistola, ¿verdad? ¿Me tienes miedo?
—Sólo quiero estar seguro de que puedo encargarme de ti.
—¿Oh, de verdad?
—Sip. En caso que necesites una pequeña reanimación Glock-a-boca.
Capítulo 19

Aquella hembra que los había interrumpido a él y al Reverendo, evidentemente tenía una boca grande y... Cristo. Butch ya se lo debía haber dicho a Vishous. Esos dos eran como una vieja pareja vinculada, no había secretos entre ellos. Y V se lo diría a Rhage. Y una vez que Rhage lo supiera, era como poner las noticias en la red de Reuters.
Capítulo 21

Sus ojos se encontraron. Era tan hermosa que lo hacía sentirse mareado.
—¿Quieres besarme? —le susurró.
Los ojos de John se abrieron de golpe. Como si un globo hubiera explotado detrás de su cabeza.
—Porque me gustaría que lo hicieras. —Se lamió un poco los labios—. Realmente me gustaría.
Whoa… La oportunidad de su vida, justo allí, justo ahora, pensó.
No te desmayes. Desmayarse sería un completo suicidio.
John rápidamente rememoró cada película que había visto en su vida… y no obtuvo ninguna ayuda. Como buen fanático del terror, fue invadido por visiones de Godzilla pisoteando Tokio y de Tiburón masticando el culo de la Orca. Gran ayuda.
Capítulo 24

...el tipo estaba enloqueciendo por culpa de la Hermandad, organizando turnos, tratando de convertir a cuatro balas perdidas como V, Phury, Rhage y Z en soldados. No era de extrañar que siempre se viera como si le doliera la cabeza.
Capítulo 24

Phury encendió un porro y le echó una mirada a las dieciséis latas de Aqua Net que estaban alineadas en la mesa de café de Butch y V.
—¿Qué estáis haciendo con laca de cabello? ¿Vais a travestiros, chicos?
Butch levantó el tubo de PVC en el que estaba haciendo un agujero.
—Esto es un lanzador de patatas, amigo. Muy divertido.
—¿Perdón?
—¿Nunca has ido a un campamento de verano?
—Tejer cestas y tallar madera son actividades para humanos. No te ofendas, pero nosotros tenemos mejores cosas que enseñarles a nuestros jóvenes.
—¡Ja! Uno no ha vivido hasta que no ha ido a una incursión en busca de bragas a medianoche. En fin, pones la patata en éste extremo, llenas la base con spray…
—Y luego lo enciendes —intervino V desde su dormitorio. Salió en bata, frotándose el cabello húmedo con una toalla—. Hace mucho ruido.
—Un gran ruido —repitió Butch.
Phury miró a su hermano.
—V, ¿has hecho esto antes?
—Sí, anoche. Pero el lanzador se atascó.
Butch maldijo.
—La patata era demasiado grande. Malditas patatas para hornear de Idaho. Esta noche vamos a utilizar patatas de piel roja. Va a ser genial. Por supuesto, la trayectoria puede ser una puta…
—Pero en realidad es muy parecido al golf —dijo V, dejando caer la toalla sobre una silla. Se puso un guante en la mano derecha, cubriendo los tatuajes sagrados que le cubrían desde la palma hasta la yema de los dedos y todo el dorso—. Quiero decir, debes pensar en el arco de trayectoria en el aire…
Butch asintió vigorosamente.
—Sí, es igual al golf. El viento juega un papel muy importante…
—Enorme.
Durante un par de minutos Phury continuó fumando mientras ellos seguían terminando las frases del otro. Después de un rato se sintió obligado a mencionar:
—Vosotros dos estáis pasando demasiado tiempo juntos, ¿entendéis lo que quiero decir?
V sacudió la cabeza mirando al poli.
—El hermano no aprecia éste tipo de cosas. Nunca lo ha hecho.
—Entonces podemos usar su habitación como blanco.
—Es verdad. Y da al jardín…
—Y así no tendremos que usar los coches del patio. Excelente.
Capítulo 29

Tohr rió suavemente.
—Sí, a mí tampoco me va mucho esa mierda emotiva… ¡Ouch! Wellsie, ¿qué demonios?
Capítulo 30

Dejó la botella en la mesa cercana a él y levantó su mano enguantada.
—Después de todo, esta maldita cosa todavía brilla como una lámpara. Y mientras conserve ésta loca-luz-nocturna-mía, supongo que todavía soy normal. Bueno… normal para mí.
Capítulo 33

Phury se puso un par de pantalones de chándal.
—¿Quieres comida? Voy a hacer una excursión a la cocina.
Los ojos de Butch derramaron felicidad.
—¿En realidad vas a traerla hasta aquí? Quiero decir, ¿que no tendré que moverme?
—Quedarás en deuda conmigo por esto, pero sí, estoy dispuesto a traerla.
—Eres un dios.
Phury se puso una camiseta.
—¿Qué quieres?
—Lo que sea que haya en la cocina. Infierno, se realmente útil y arrastra el refrigerador hasta aquí. Estoy muerto de hambre.
Capítulo 34

—¿Entonces por qué llevas esa venda como una faja?
—Hace que mi culo se vea más pequeño.
Capítulo 39

—No quiero ir.
—Bueno… para citar a Vishous, tienes tu deseo en una mano y mierda en la otra... tienes que ver cuál te pesa más.
Capítulo 41

Phury estaba tendido en la enorme cama con tantas vías enchufadas que parecía un panel telefónico.
El macho giró la cabeza.
—¿Z… qué estás haciendo levantado?
—Haciendo ejercitar al personal médico. —Cerró la puerta y camino por la habitación, dirigiéndose hacia la cama—. Es de destacar que son endemoniadamente rápidos.
Capítulo 47

No hubo ninguna respuesta. Entonces Z volvió a mirar… justo en el momento en que una lágrima se deslizaba por la mejilla de Phury.
—Ah… joder —refunfuñó Z.
—Sí. Más o menos. —Otra lágrima rodó desde el ojo de Phury—. Maldita sea… creo que tengo una gotera.
—Ok, prepárate.
Phury se restregó el rostro con las palmas de sus manos.
—¿Por qué?
—Porque… creo que voy a tratar de abrazarte.
Las manos de Phury cayeron y lo miró con una expresión absurda.
Sintiéndose como un completo imbécil, Z se acercó a su gemelo.
—Maldita sea, levanta la cabeza. —Phury torció el cuello. Z deslizó su brazo por debajo. Ambos se congelaron en esa posición tan antinatural—. Sabes, esto fue mucho más fácil cuando estabas desmayado en la parte de atrás de aquella camioneta.
—¿Fuiste tú?
—¿Qué te creías que era Santa Claus o alguna mierda?
Capítulo 47

Butch suspiró con alivio.
—Escucha, amigo, hazme un favor. Antes de hacer un truco como ese, adviértemelo. Prefiero elegir. —Luego sonrió un poco—. Y todavía no somos pareja.
Capítulo 47





[1] BJ: Bien Jodidos.

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