viernes, 27 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/ESCENAS ELIMINADAS 1

Escenas eliminadas

La inmensa mayoría de lo que veo en mi mente suele ir en los libros… ¡que es el motivo por el cual las novelas de la Hermandad son tan largas! Y la mayor parte del tiempo, si elimino algo, lo uso en otra parte. Sin embargo, hay escenas que he dejado de lado, a continuación he incluido algunas de ellas con comentarios.

Recorté esto del principio de Amante Despierto, debido a problemas de longitud. Realmente me gusta la escena y desearía haberla desarrollado más, como comienzo de un nuevo argumento secundario que implicaba a los reclutas. Al leerlo otra vez, me recordó cuan lejos ha llegado John... En este punto de la serie, apenas estaba empezando a conocer a todos los hermanos y tenía mucho que aprender acerca de su nuevo mundo.

De pie en el gimnasio del centro de entrenamiento, esperando hombro con hombro con los otros reclutas la siguiente orden de posición de jujitsu, John estaba molido. Su cerebro era como una pizarra en blanco de puro agotamiento y tenía el cuerpo dolorido. Se sentía como si le hubieran roto completamente y le hubieran abandonado creyéndole muerto.
Bien, eso ya era un poco melodramático. Pero no por mucho.
La clase había comenzado como de costumbre a las cuatro de la tarde, pero habían tenido que compensar el tiempo que habían perdido la noche anterior. Así que en vez de concluir a las diez en punto, ahora eran cerca de las dos de la madrugada y todavía les seguían poniendo a prueba.
Los otros chicos también parecían cansados, pero John era malditamente consciente de que nadie estaba tan hecho polvo como él. Por alguna razón, sus compañeros de clase soportaban el entrenamiento mejor que él.
¿Había alguna razón? Cristo, sabía por qué. No sólo tenía que trabajar más duro en todo porque era un torpe sin coordinación, sino que después de todas esas visitas-a-su-pasada-pesadilla con el terapeuta, no había podido dormir, así que ya de entrada estaba aturdido y fuera de si.
Delante de ellos, Tohr dirigía una dura mirada a la fila. Vestido con chándal de nylon negro y una camiseta sin mangas, el hermano era la viva imagen de un sargento de instrucción, con el corte de cabello militar y los ojos azules agudos como navajas. John intentaba ponerse más derecho, pero su espalda se negaba a ponerse en posición de firmes. Estaba totalmente sin energía.
—Eso es todo por hoy —ladró Tohr. Cuando los reclutas se encogieron, frunció el entrecejo—. ¿Alguna herida sobre la que no este enterado? —Cuando nadie habló, el hermano miró al reloj que estaba montado en una jaula de acero en la pared de hormigón—. Recordad que mañana empezamos a mediodía y continuaremos hasta las ocho de la tarde en vez cumplir con nuestro horario habitual. Id a las duchas. El autobús estará listo en quince minutos. John, ¿puedo hablar contigo un minuto?
Mientras todos los demás arrastraban sus doloridos traseros a través de las colchonetas azules hacia el vestuario, John permaneció atrás. Y dijo una pequeña oración.
Los viajes en autobús ida y vuelta al centro de entrenamiento eran un infierno. En un buen día, ninguno de los otros reclutas le dirigía la palabra. En un mal día… deseaba el tratamiento del silencio. Así que aunque le hiciera un cobarde, en cierto modo esperaba que Tohr le dijera que podía quedarse y trabajar en la oficina o algo así.
Tohr esperó hasta que la puerta de acero se cerró con un sonido metálico antes de transformarse de sargento en padre. Poniendo una mano en el hombro de John, dijo suavemente:
—¿Cómo va, hijo?
John asintió con la cabeza vigorosamente aunque su evidente estado de trapo para el suelo lo dijera prácticamente todo.
—Escucha, la Hermandad se retrasó en la salida de esta noche, así que debo irme ahora mismo a patrullar. Pero he hablado con Butch. Ha dicho que si querías podías pasar un rato con él. Si te apetece puedes darte una ducha en el Pit y él puede llevarte a casa más tarde.
Los ojos de John se le salieron de las órbitas. ¿Pasar un tiempo con Butch? Qué era, como absolutamente de puta madre. Hombre… hablando de oraciones escuchadas. Justo dos días antes el tipo había ido, les había dado una clase genial de medicina forense, y había logrado que todos los reclutas decidieran querer ser polis de homicidios como él.
Pasar tiempo con él… además de no tener que tratar con el Expreso al Hades[1] para volver a casa.
Tohr sonrió.
—¿Entonces debo tomar eso como un sip, verdad?
John asintió. Y siguió asintiendo.
—¿Sabes cómo llegar?
¿Mismo código? gesticuló John.
—Sip. —Tohr le apretó el hombro, la gran palma transmitiendo toda clase de calor y apoyo—. Cuídate, hijo.
John se largó hacia el vestuario y por una vez no vaciló al entrar en el laberinto caliente y húmedo de armarios metálicos y jerarquía social. Como de costumbre, no hizo contacto visual con nadie en su camino hacia el número diecinueve.
Que curioso, tanto su armario como él estaban atrás y al fondo.
Cuándo agarró la mochila y se la tiró sobre el hombro, Blaylock, el pelirrojo, que era uno de los únicos dos que no le llenaba de insultos, frunció el ceño.
—¿No te cambias para subirte al bus? —le preguntó mientras se frotaba el cabello con una toalla.
John no pudo evitar sonreír mientras sacudía la cabeza y se volvía.
Lo cuál supuso, obviamente, que Lash se interpusiera en su camino.
—Parece que va a ir a perseguir a la Hermandad. —El tipo rubio se abrochó con grandes aspavientos la correa de un gran reloj de diamantes que era de «Jacob & cía, ya sabes»—. Apuesto a que va a sacarle brillo a las dagas por ellos. ¿Qué vas a usar en sus dagas, John?
El impulso de levantarle el dedo medio fue tan fuerte, que John efectivamente levantó la mano, pero Cristo, no quería jugar a intercambiar insultos con el imbécil. No cuando estaba destinado al Pit y libre del autobús. Dándole la espalda, tomó el camino largo para salir del vestuario, recorriendo otro pasillo de bancos y armarios para evitar el conflicto.
—Diviértete, Johnny —gritó Lash—. Oh y en el camino pasa por la habitación de equipamiento. Por las rodilleras.
Mientras la risa resonaba, John abrió la puerta y se dirigió a la oficina de Tohr... pensando que daría cualquier cosa por que Lash sintiera en carne propia qué se sentía que se metieran contigo.
O quizá que fuera aporreado hasta la sumisión.
Atravesar la parte trasera del armario de suministros de Tohr y salir al otro lado en el túnel subterráneo era como salir a la luz del sol: un alivio resonante. Cierto, que sólo tenía diez horas de libertad frente a él, pero eso, en las circunstancias correctas, era toda una vida.
Y estar con Butch era definitivamente la evasión que necesitaba.
John caminó rápidamente hacia la casa principal, y se detuvo cuando llegó a la escalera que se dirigía al vestíbulo. Tohr había dicho que para ir al Pit había que seguir otros ciento cuarenta metros más… así que continuó. Cuando encontró otro conjunto de escalera, se sintió aliviado. El túnel era seco y estaba tenuemente iluminado, pero no le gustaba estar solo.
Poniendo el rostro dentro del radio de registro de la videocámara, presionó el botón de llamada y resistió el impulso de saludar como un idiota.
—Hey, hombre. —La voz de Butch que venía del intercomunicador era clara como una campana—. Me alegro de que llegaras.
La cerradura saltó y John subió la escalera rápidamente. Butch estaba de pie en la puerta que había al final de las escaleras con un batín negro y dorado.
El tipo tenía la mejor ropa que John jamás había visto. Había dado clases con un traje de raya diplomática que parecía sacado de una revista.
—Puedes utilizar mi cuarto de baño para ducharte, porque mi compañero de habitación, tiene la noche libre y, está microadministrando esa perilla que tiene.
—Sí, sí, como sea, poli —dijo una profunda voz masculina.
—Sabes que es verdad. Sufres de DOB… —Butch le miró—. Eso vendría a ser Desorden Obsesivo de Barba. Oye, escucha, J-man, me iba a la ciudad, ¿te parece bien?
John adoraba cuando Butch le llamaba J-man. Y realmente adoraba cuando le invitaban a ir a algún sitio con un tipo como él.
Mientras asentía, Butch sonrió.
—Genial. Voy a hacerme otro tatuaje. ¿Tienes alguno?
John negó con la cabeza.
—Quizá quieras hacerte uno.
Un tatuaje. ¿Con Butch? Hombre, esa noche tenía buen aspecto.
Mientras John asentía, Butch sonrió y paseó la vista por el lugar.
—¿Alguna vez has estado en nuestra casa, John?
Cuándo John negó con la cabeza, el poli le dio una rápido recorrido, y quedó claro que el Pit era una central varonil. No había muchos muebles, pero si había muchas bolsas de gimnasio, y una legión de botellas de escocés y vodka. La mesa del futbolín era simplemente el detalle perfecto. Así como la enorme televisión de alta definición y el increíble banco de ordenadores que había en el sala de estar. El lugar también olía genial, todo humo, cuero y after-shave.
Butch se dirigió al vestíbulo.
—Ese es el dormitorio de V.
John echó un vistazo a través de la puerta y vio una cama inmensa con sábanas negras y ningún cabecero. Por todas partes había armas y libros gruesos, como si fuera una especie de biblioteca tomada por un escuadrón de marines.
—Y este es el mío.
John entró en un dormitorio más pequeño… que estaba abarrotado de ropa de hombre. Los trajes y las camisas colgaban de percheros con ruedecillas. Había corbatas y zapatos por todas partes, y encima de la cómoda había fácilmente cincuenta pares de gemelos. Era como estar en el interior de una tienda. Una tienda muy, muy cara.
—El cuarto de baño es todo suyo. Hay toallas limpias detrás del lavabo. —Butch tomó un pequeño vaso de cristal con escocés de la mesilla de noche y se lo llevó a los labios—. Y también deberías pensar en ese tatuaje. El lugar donde voy es de primera categoría. Te tintarán bien.
—¿Hey poli estás tratando de corromper a un joven?
John miró hacia la puerta. En el umbral había un hombre inmenso con perilla y tatuajes en el rostro. Tenía un par de pantalones de cuero, una camiseta negra y un guante en una mano, sus ojos eran de un blanco diamantino igual a un husky y los bordes alrededor de los irises eran súper azules.
Al mirarlo fijamente, a John le vino una palabra a la mente: Einstein. El tipo rezumaba coeficiente intelectual… era por los ojos, esos penetrantes y fríos ojos.
—Este es mi compañero de habitación, Vishous. V, este es John.
—¿Qué hay? He oído mucho acerca de ti. —El tipo le ofreció la palma y John la estrechó.
—Y en cuanto al tatuaje —dijo Butch—, tiene edad. ¿Correcto? Veintialgo.
—Debería esperar. —V se giró hacia John y empezó a hablar por señas. Perfectamente. Si acudes con un humano para hacerte uno antes de tu transición, se va a distorsionar cuando pases por el cambio. Luego desaparecerá progresivamente en un mes o dos. Sin embargo si esperas, te haré el tatuaje que tu quieras y lo haré de forma que sea permanente.
John sólo pudo parpadear. Luego dejó caer la mochila y gesticuló.
Guau. ¿Eres sordo?
Nop. Oí decir a Tohr que así era como te comunicabas, así que la otra noche lo aprendí por mi cuenta. Imaginé que tarde o temprano nos encontraríamos.
Como si aprender un idioma entero no llevara un esfuerzo notable.
—Oye, me estoy sintiendo un poco excluido aquí.
—Solo le daba al hombre un pequeño consejo.
John silbó para llamar la atención de V. ¿Podrías preguntarle a Butch que va a tatuarse?
—Buena pregunta. Poli, ¿qué vas a hacerte esta noche? ¿A Piolín en tu culo?
—Voy a añadirle algo a uno viejo. —Butch fue hacia el armario y abrió las puertas, se quitó la bata quedándose solo con un par de bóxer negros—. Qué me pongo…
John trató de no quedarse mirando fijamente pero falló. El poli tenía un físico trabajado. Hombros grandes. Gruesos músculos en forma de abanico estallaban en su columna vertebral. Los brazos estaban esculpidos. No era tan inmenso como un vampiro como Tohr, pero era fácilmente uno de los humanos más grandes que John jamás había visto.
Y a lo largo de toda la parte baja de la espalda tenía un tatuaje. Hecho en tinta negra, la pauta geométrica abarcaba mucho espacio. Era una serie de líneas… no, era una cosa numérica. Grupos de cuatro líneas con una barra diagonal. Tenía cinco y una línea solitaria. Veintiséis.
V señaló la mochila de John.
—Oye, chico, tu mochila está chorreando. ¿Tienes champú o alguna mierda de esas ahí adentro?
John sacudió la cabeza y luego frunció el ceño cuando vio la mancha en una de las esquinas. Se acercó y abrió la cremallera. Había algo en su ropa, algo blanco, opaco…
—¿Qué demonios es eso? —dijo V.
Oh, Dios… ¿Había alguien…?
Butch apartó a John de un codazo, metió la mano dentro de la sustancia, luego levantó los dedos y se los llevó a la nariz.
—Acondicionador. Acondicionador de cabello.
—Mejor eso que lo que pensé que era —murmuró V.
Butch alzó los ojos color avellana.
—¿Es tuyo, J-man? —Cuándo John sacudió la cabeza, el poli preguntó—: ¿Tienes problemas en la escuela de los que no hablas?
La expresión del hombre era amenazadora, como si estuviera preparado para ir a la caza de quienquiera que estuviera jodiendo a John y a sus cosas para clavarlos contra el suelo como si fueran el asta de una tienda. Y por un momento, John se entretuvo con una pequeña y feliz imagen de Butch propinándole a Lash una buena y luego metiendo al tipo en un armario.
Pero no tenía ninguna intención de que otra persona resolviera sus problemas.
Cuando negó con la cabeza, Butch entrecerró los ojos y miró a V. Quien asintió una vez.
Luego Butch fue todo sonrisas, asumiendo una actitud absolutamente despreocupada
—Llamaré a Fritz y él limpiará tu ropa. Y no te preocupes, te encontraremos algo que ponerte esta noche. No hay ningún problema.
John miró a V, sin tragarse el no-pasa-nada en la expresión del poli.
Dile que no es nada. Dile que me las puedo arreglar solo.
V solo sonrió.
—Butch ya lo sabe, ¿verdad, poli?
—¿Qué no pasa nada y que él se ocupará de ello? Sí, lo sé, J-man.
Pensé que no comprendías el lenguaje por señas.
Butch sacudió la cabeza.
—Lo siento, aún no he aprendido a leer las manos. Pero conozco a los imbéciles, hijo. Como he dicho, no te preocupes por nada.
El hombre mantuvo la sonrisa y la expresión enteramente agradable. Como si fuera a disfrutar al llegar al fondo del problema.
John miró a V buscando ayuda. Pero el vampiro solo cruzó los brazos sobre el pecho y volvió a asentir en dirección a Butch. Totalmente de acuerdo con el plan.
Cualquiera que fuera el plan
Oh, mierda.

La escena siguiente no es realmente una escena eliminada, sino algo que edité mucho en el proceso de revisión de Amante Despierto, en su mayor parte porque no me gustaba lo que transmitía. En definitiva, pensé que resultaba demasiado dura para ser la despedida de Z y Bella, pero ahora me gustaría haberme quedado con lo que vi en mi mente. Pienso que la escena en el libro impreso fue buena, pero que ésta es mejor:

Bella empacó sus cosas en menos de dos minutos. Para empezar no tenía mucho, y lo poco que tenía lo había trasladado de la habitación de Z la noche anterior. Fritz vendría por sus cosas pronto y las llevaría a casa de Havers y Marissa. Entonces aproximadamente en otra hora se desmaterializaría hacia allí para encontrarse con Rehvenge. Y un guardia.
Dando un paso al interior del cuarto de baño poco iluminado, encendió las luces sobre el lavabo y comprobó dos veces la encimera para asegurarse de que lo tenía todo. Antes de alejarse, se miró en el espejo.
Dios, había envejecido.
Bajo el halo de luz, se levantó el cabello apartándolo del cuello y giró a un lado y a otro, intentado encontrar un modo de ver a su verdadero yo. Cuándo se rindió después de Dios sabe cuánto tiempo, dejó que el peso cayera y…
Zsadist apareció detrás de ella, en las sombras, materializándose en el fino aire, oscureciendo aún más la oscuridad con su ropa negra, sus armas y su humor.
O quizá había estado allí todo el tiempo y sólo ahora había decidido revelarse.
Retrocedió tropezando, golpeándose la cadera con una de las paredes de mármol. Mientras maldecía y se frotaba el lugar dolorido, revisó todo su vocabulario en busca de todas las maneras de decirle que se fuera al infierno.
Y luego le olió. Su aroma vinculante era poderoso.
Z permaneció en silencio, pero no tenía necesidad de decir mucho. Ella podía sentir sus ojos. Podía distinguir el resplandor dorado en el rincón en el que estaba.
Sabía exactamente por qué la miraba fijamente. Y no lo podía creer.
Bella retrocedió aún más, hasta que golpeó la puerta de la ducha.
—¿Qué quieres?
Palabras equivocadas, pensó, cuando él dio un paso hacia la zona iluminada.
Cuando vio su cuerpo, se le aflojó la mandíbula.
—Quiero aparearme —dijo en voz baja. Y estaba más que listo.
—Crees… Cristo, ¿piensas que yacería contigo ahora? Estás desquiciado.
—No, soy un sicótico. Por lo menos, ese es el diagnóstico clínico. —Mientras se quitaba la funda de las dagas, la puerta se cerró detrás de él y la cerradura giró. Porque él lo dispuso con su mente.
—Vas a tener que forzarme.
—No, no lo haré. —Las manos fueron hacia la pistolera que tenía en las caderas.
Bella miró fijamente lo que estaba tensando su ropa de cuero. Y lo deseó.
Dios, deseaba que la sujetara y no le diera opciones. De esa forma, podría verse absuelta de lo que estaba a punto de hacer y odiarlo a él más profundamente. Podría…
Z avanzó hasta que estuvo justo delante de ella. En el tenso silencio que se extendía entre ellos, el pecho de él subía y bajaba.
—Siento ser un bastardo. Y no te estaría presionando para que vayas con Phury si no pensara que es lo correcto para ambos.
—¿Te estás disculpando solo porque en este momento quieres estar conmigo?
—Sí. Pero de todos modos es verdad.
—Así que si ahora no estuvieras excitado, ¿simplemente me dejarías ir?
—Piensa en esto como en un adiós, Bella. La última vez.
Cerró los ojos y sintió el calor que emanaba de él. Y cuando puso las manos sobre ella, no saltó. Cuando sus palmas se le cerraron sobre la garganta y le inclinaron la cabeza hacia atrás, abrió la boca porque tenía que hacerlo.
O al menos, eso fue lo que se dijo a sí misma.
La lengua de Z se introdujo en ella mientras sus caderas se encontraban contra su bajo vientre. Mientras se besaban se oyó el sonido de tela rasgándose… la camisa, cuando él la rasgó por la mitad.
—Zsadist —dijo con voz ronca cuando fue hacia el botón de sus vaqueros—. Para.
—No.
La boca bajó hacia su seno y los pantalones cayeron al suelo, luego la levantó y la llevó hacia la encimera. Ahora ronroneaba profundamente mientras forzaba a sus rodillas a separarse con la cabeza y se arrodillaba ante ella, con los ojos fijos en su sexo.
Enterándose exactamente de cuán excitada estaba ella.
Bella puso las manos entre él y su destino.
—Zsadist, si haces esto, nunca te perdonaré.
—Puedo vivir con eso. —Le apartó los brazos fácilmente, atrapándole las muñecas—. Si eso significa que puedo estar contigo esta última vez.
—¿Por qué infiernos te importa tanto?
El tiró de sus manos hacia adelante, dándoles la vuelta para que estuvieran boca arriba. Miró fijamente hacia abajo y sacudió la cabeza.
—Phury no se alimentó de ti. No tienes marcas en el cuello. Tus muñecas.
—Todavía hay tiempo.
—Dijo que no pudiste soportarlo.
Genial, era la última cosa que necesitaba que Zsadist supiera.
—¿Y este es mi castigo? —dijo ella amargamente—. Vas a forzarme…
Z se zambulló en ella, la boca yendo directamente a su centro. Por toda su actitud exigente, esperaba que se la comiera, pero en cambio, las suaves caricias de sus labios fueron tan amorosas que se le llenaron los ojos de lágrimas. Cuando le soltó las manos, tenía las mejillas mojadas y se aferró a su cabeza, atrayéndolo aún más cerca.
Sus ojos se alzaron clavándose en ella mientras llegaba al clímax contra su lengua, mirándola como si estuviera acumulando preciosos recuerdos.
—Déjame llevarte a la cama.
Ella asintió mientras él subía por su cuerpo y le enterraba los labios brillantes en el cuello. Cuando la arañó con sus colmillos tuvo un momentáneo destello de esperanza. Quizá finalmente se alimentara…
Pero entonces la levantó y abrió la puerta con la voluntad… y la pasión la abandonó. Ella se iba. Y él no iba a detenerla.
Tampoco iba a tomar su vena ahora.
El sintió el cambio en ella inmediatamente.
—¿A dónde has ido?
—A ninguna parte —susurró mientras la tumbaba en la cama—. No voy a ninguna parte.
Z se detuvo, cerniéndose sobre ella, al borde del precipicio. Pero luego abrió la cremallera, dejando libre su inmensa erección. Mientras se izaba sobre ella, con los pantalones alrededor de los muslos, ella giró la cara.
Le apartó el cabello con una caricia de sus manos.
—¿Bella?
—Hazlo y luego déjame ir. —Abrió las piernas más ampliamente para acomodarlo, y cuando la erección golpeó su centro, él gimió, y cambió su centro de gravedad de un tirón. Cuándo no la penetró, ella cerró los ojos.
—Bella…
—Extendería la mano y te metería dentro de mi, pero ambos sabemos que no puedes soportar que te toque. ¿O quieres que me ponga en cuatro patas? Para que sea más anónimo. De esa forma apenas te enterarías de qué estás follando.
—No hables así.
—¿Por qué no? Infierno, ni siquiera estás desnudo. Lo que me extraña es que esto esté sucediendo en realidad. Ahora que sabes cómo complacerte a ti mismo, no necesitas tener a una hembra. —Se le quebró la voz—. Ciertamente no me necesitas.
Hubo un largo silencio. Ella oyó un siseo. Y luego él la mordió.

Zsadist hundió sus colmillos profundamente y tembló ante el primer torrente de sangre de Bella. La riqueza, la textura densa y celestial le inundó la boca y cuando tragó, le cubrió la parte posterior de la garganta.
No pudo detenerse.
Cuándo decidió tomar su vena, se había dicho que se permitiría sólo un único y gran trago, pero una vez que comenzó no pudo romper la conexión. En vez de eso, la tomó en brazos y la hizo rodar a un lado para poder curvarse mejor a su alrededor.
Bella lo acunó estrechamente y estaba seguro que mientras le sostenía de que estaba llorando nuevamente porque su respiración era áspera.
Acariciándole la espalda desnuda, le metió las caderas entre las suyas, queriendo consolarla mientras tomaba de ella y pareció calmarse. Aunque a él no le ocurrió lo mismo. Su miembro clamaba, tenía la punta a punto de explotar.
—Tómame —gimió ella—. Por favor.
Sí, pensó él. ¡Sí!
Excepto que, oh Dios, no podía dejar de beber el tiempo suficiente como para entrar en ella: la fuerza que se vertía en él era demasiado adictiva y la respuesta de su cuerpo era demasiado increíble. Mientras se alimentaba, sentía los músculos unirse, formando un tejido de acero sobre el esqueleto de huesos que se iba fortaleciendo. Sus células estaban absorbiendo los nutrientes esenciales de los que las había privado durante un siglo e inmediatamente los ponían en uso.
Finalmente por temor a tomar demasiado y matarla, Z se forzó a soltar la garganta de Bella, pero ella le agarró por la parte posterior de la cabeza y le empujó hacia abajo. Durante un momento luchó contra el impulso, pero luego gruñó, y el sonido sonó alto y profundo como el de un mastín. Levantándola y torciéndola bruscamente la recolocó y atrapó el otro lado de su cuello, mordiendo con fuerza. Entonces se trepó sobre ella, atrapándola debajo de él, el aroma vinculante emanó de él en oleadas. Era cómo el animal que permanecía sobre su presa mientras se alimentaba, tenía los brazos un poco arqueados y doblados mientras se sostenía sobre ella y los muslos abiertos sobre la parte inferior del cuerpo de Bella.
Cuando acabó echó la cabeza hacia atrás, respiró hondo, y rugió lo suficientemente fuerte como para que temblaran las ventanas, su cuerpo se retorcía con la clase de poder que había conocido mucho tiempo atrás, y sólo de las veces que le habían forzado vilmente a alimentarse del Ama.
Zsadist miró hacia abajo. Bella sangraba de las dos heridas que le había hecho, pero tenía los ojos brillantes y el inconfundible olor del sexo femenino emanaba de ella. Lamió ambos lados de la garganta y la besó, introduciéndose en su boca, tomando, dominando lo que era suyo… marcándola ahora no solo con su aroma sino con su voluntad.
Estaba borracho de ella, ávido y necesitado. Él era un agujero oscuro y vacío que tenía que ser llenado. Él era un foso seco, ella era el agua.
Z se levantó y se quitó bruscamente la camisa. Mirándose los pezones, introdujo los meñiques en los piercings y tiró de ellos.
—Chúpame —dijo—. Como hiciste antes. Ya.
Bella se incorporó, extendiendo las manos sobre su vientre mientras él se dejaba caer de espaldas en la cama. Cuando estuvo tendido, ella se arrastró sobre su pecho, poniendo la boca justo donde él deseaba. Cuando tomó uno de los aros, él volvió a rugir, sin importarle una mierda si alguien de la casa le oía.
Tenía intención de ser tan ruidoso como deseara. Joder, planeaba echar la maldita puerta abajo a gritos.
Mientras ella chupaba, él se quitó los pantalones de cuero y estirándose hacia abajo, se acarició a sí mismo. Quería sentir la boca de ella allí, pero como se sentía tan impetuoso no quería forzarla.
Pero ella sabía lo que quería. Su mano reemplazó la de él sobre su polla y comenzó un ritmo que casi lo mata. La deslizaba de arriba abajo por su miembro, deslizándola una y otra vez sobre la cabeza, mientras lamía y tironeaba de su pezón. Tenía todo el control y jugaba duramente con él, y a él le encantaba, le encantaba el ahogo, los sudores, la agonía de querer correrse y al mismo tiempo no querer que se detuviera nunca.
—Oh, sí, nalla… —Metió la mano entre su cabello, jadeando—. Acaríciame.
Y entonces ella bajó por el pecho hasta el vientre. Debido al sentimiento de anticipación se mordió el labio inferior tan fuerte que degustó su propia sangre.
—¿Te parece bien que lo haga? —le preguntó.
—Si a ti no te importa… —Ella lo cubrió con sus labios—. Bella.
Su boca era gloriosa. Mojada y caliente. Pero de esa forma no iba a durar más de treinta segundos. Se incorporó y trató de sacarle la cabeza de su regazo, pero luchó contra él.
—Voy a correrme… —gimió—. Oh, Dios... Bella, para, voy a...
Ella no lo hizo. Y él...
La primera convulsión lo golpeó por la mitad tan duramente que cayó contra el colchón. La segunda le levantó las caderas, empujándolo más adentro de su boca. Y la tercera lo llevó al cielo.
Tan pronto como pudo recuperarse, se estiró hacia ella, acercando su boca a la de él. Saboreó su propio aroma vinculante en sus labios y lengua y le gustó que estuviera allí.
Se deleitó con él allí.
Rodó sobre ella.
—Ahora es tu turno. Otra vez.

—¿Estás bien? —dijo Zsadist un rato más tarde.
Bella abrió los ojos. Z estaba tumbado a su lado con, la cabeza apoyada en el brazo flexionado.
Dios, le dolía el cuello al igual que su interior. Pero la gloria sensual que había liberado valía los crujidos y gemidos. Zsadist la había amado duramente, como siempre había deseado que hiciera.
—¿Bella?
—Sí. Sí, lo estoy.
—Dijiste que no querías ser vengada. ¿Todavía sigues sosteniendo lo mismo?
Se cubrió los senos con las manos, deseando que la vida diaria hubiera permanecido alejada un poco más.
—No puedo soportar la idea de que salgas y te hieran por mi causa.
Cuándo no dijo nada, ella se estiró y le tocó la mano.
—¿Zsadist? ¿Qué estas pensando? —El silencio continuó y continuó hasta que ella no pudo soportarlo más—. Háblame…
—Te amo.
—¿Qué...? —Ella respiró.
—Me has oído. Y no voy a decirlo otra vez. —Se levantó, agarró los pantalones de cuero y se los puso. Luego entró al cuarto de baño. Regresó poco después completamente armado con las dagas en el pecho y la pistolera abrochada alrededor de las caderas.
—Así que eso es lo malo, Bella. No puedo dejar de cazar al lesser que te hizo esas cosas. Ni a los bastardos con los que trabaja. No puedo. Así que aunque fuera una pintura perfecta como Phury, aunque pudiera arreglármelas para hacer esos movimientos suaves y refinados como la mierda, incluso aunque no avergonzara a tu familia, no podría estar contigo.
—Pero si tu…
—Llevo la guerra en la sangre, nalla, así que incluso si no hubiera resultado jodido en el pasado, igualmente necesitaría estar en el campo de batalla luchando. Si me quedo contigo, vas a querer que sea un hombre diferente del que soy y no puedo convertirme en la clase de hellren que vas a necesitar. Al final mi naturaleza nos explotaría en la cara a ambos.
Ella se frotó los ojos.
—¿Siguiendo esa lógica, por qué piensas que podría estar con Phury?
—Porque mi gemelo se está agotando. Se está cansando. Soy parte de la razón, pero creo que habría sucedido de todos modos. Le gusta darles clase a los reclutas. Puedo verle entrenando a jornada completa y vamos a necesitar eso. Esa sería una buena vida para ti.
Bella dejó caer las manos con ira y le miró enfurecida.
—Realmente necesito que dejes de hablar sobre lo que piensas que sería mejor para mí. No estoy para nada interesada en tus teorías acerca de mi futuro.
—Bastante justo.
Le miró fijamente, centrándose en la cicatriz que le arruinaba el rostro.
No, arruinarlo, no pensó. El siempre sería hermoso para ella. Un hermoso horror de macho...
Superarle iba a ser tan difícil como superar su secuestro.
—Nunca habrá nadie como tu —murmuró—. Para mí... siempre serás el único.
Y se dio cuenta que esa era su despedida.
Z se acercó y se arrodilló al lado de la cama, manteniendo sus resplandecientes ojos amarillos, alicaídos. Después de un momento tomó su mano y ella oyó un sonido metálico... entonces presionó una de sus dagas en la palma. La cosa era tan pesada que casi necesitó de las dos manos para sostenerla. Miró la hoja negra, el metal reflejaba la luz como una piscina por la noche.
—Márcame —dijo señalando su pectoral, justo encima de la cicatriz en forma de estrella de la Hermandad de la Daga Negra—. Aquí.
Con una rápida inclinación, extendió la mano hacia la mesilla de noche para alcanzar un platillo con sal que había venido con su alimento.
—Y hazlo permanente.
Bella vaciló durante un sólo segundo. Sí, pensó... quería dejar algo que perdurara en él, algo pequeño que sirviera para que la recordara mientras viviera.
Se giró y colocó la palma libre en el hombro opuesto de Zsadist. Sintió la daga más ligera en la mano mientras dirigía la maligna punta del arma hacia su piel. El se retorció cuando se la clavó y la sangre manó, deslizándose hacia abajo por su estómago bien demarcado.
Cuándo terminó, dejó el cuchillo a un lado, se lamió la palma, y espolvoreó sal sobre ella. Luego presionó la mano abierta sobre los cortes que le había hecho sobre el corazón.
Se sostuvieron la mirada mientras la B que había hecho en la Antigua Lengua se fundía permanentemente en él.

Esta escena fue eliminada del material de Butch/Marissa que fue trasladado de Amante Eterno a Amante Descubierto. Mi razonamiento fue que debido a las preocupaciones sobre longitud y ritmo que tengo habitualmente… esta tempana visita a su familia que vi en mi mente era demasiado. Ya estaban ocurriendo infinidad de cosas en el libro de Butch, y conservar esto (desarrollándolo aún más) era una distracción en gran parte innecesaria, dada la manera en que la dinámica O’Neal se resolvía al final de la historia.
Habiendo dicho esto, es genial leerlo. Recuerda, esto fue escrito al comienzo de la historia de Rhage, cuándo Butch recién se está aclimatando al mundo de la Hermandad… y a sus restricciones:

Butch agarró el mando que venía volando hacia él sin moverse de su posición tendido en el sofá. Su cuerpo estaba sublimemente cómodo: con la cabeza descansando en el apoyabrazos acolchado. Las piernas extendidas. La manta de los Red Sox metida alrededor de los pies. Como eran alrededor de las siete de la mañana las contraventanas estaban cerradas, así que el Pit estaba oscuro como la medianoche.
—¿Te vas a ir a acostar? —le preguntó a V cuando se levantó—. ¿Justo a la mitad de «Una noche de muerte»? ¿Cómo puedes soportar el suspense?
Vishous arqueó la espalda mientras estiraba los voluminosos brazos.
—Sabes que tú duermes menos que yo.
—Eso es porque roncas y puedo oírlo a través de la pared.
V entrecerró los ojos.
—Hablando de ruido, has estado callado el último par de días. ¿Quieres contarme qué está pasando?
Butch cogió su vaso de escocés del suelo, lo equilibró sobre su estómago y se estiró hacia la botella de Lagavulin que estaba en la mesa de centro. Mientras vertía un poco más del licor, observó el torrente marrón parpadear a la luz gris azulada de la televisión.
Maldición, últimamente realmente estaba atracándose de esa cosa.
—Habla, poli.
—Mi antigua vida vino a reclamarme.
Vishous se restregó el cabello hasta que se le puso de punta.
—¿En qué sentido?
—Ayer mi hermana me envió un mensaje a mi viejo teléfono. Van a bautizar a su último hijo. La familia entera estará allí.
—¿Quieres ir?
Butch levantó la cabeza y tomó un largo trago. El escocés debería haberle ardido todo el camino hacia al estómago. En vez de ello simplemente se deslizó suavemente por el trillado camino.
—Quizá.
Aunque no tuviera la menor idea de cómo explicar qué le había sucedido.
Sip, veis, fui despedido de Homicidios. Y entonces conocí a estos vampiros. Y ahora vivo con ellos. También estoy enamorado de una de su especie, pero eso es casi una causa perdida. ¿Si soy feliz? Bueno, son las primeras vacaciones que he tenido en mi vida, eso sí que puedo asegurarlo. Además las ropas son mejores.
 —V, amigo, ¿por qué yo? ¿Por qué me permitís quedarme aquí?
V se inclinó hacia delante y tomó uno de los cigarros liados a mano del montoncito que había dejado al lado de su sofá. Su encendedor de oro siseó antes de que prendiera la llama.
El hermano se quedó mirando fijamente hacia adelante mientras exhalaba, su perfil se vio oscurecido por el humo.
El cual era del mismo color que la televisión, pensó Butch sin venir a cuento. Azul grisáceo.
—¿Quieres dejarnos, poli?
Bien, acaso no era esa una pregunta malditamente buena. La llamada de su hermana le había recordado que esto no podía durar; este extraño interludio con la Hermandad no podía ser toda su vida.
¿Pero dónde le dejaba eso? ¿Y a ellos? Sabía todo sobre los hermanos. Dónde vivían, cuál era el orden de sus noches y sus días. Quienes eran sus mujeres, si tenían.
El mismo hecho de que existían.
—No has respondido a mi pregunta, V. ¿Por qué estoy aquí?
—Se supone que debes estar con nosotros.
—¿Según quién?
V se encogió de hombros y dio otra calada.
—Según yo.
—Eso es lo mismo que dijo Rhage. ¿Vas a decirme el porqué?
—Estás en mis sueños, poli. Eso es todo lo que voy a decirte.
Ok, eso no era para nada tranquilizador. Había oído el sonido de la banda sonora de gemidos que provenían de lo que fuera que V conjuraba cuando dormía. No era exactamente el tipo de cosas que volvía a un tipo optimista con respecto a su futuro.
Butch tomó otro sorbo de su vaso.
—¿Y si quisiera irme? ¿Qué sucedería en ese caso? Me refiero a que ahora mis recuerdos son a largo plazo, así que no puedes borrarme. ¿Correcto?
El parpadeo de la televisión jugó sobre los duros rasgos del rostro de Vishous.
—¿Quieres mirarme, V? —Cuándo ese perfil no se giró, Butch agarró el vaso y se incorporó—. Dime algo, si me voy ¿cuál de vosotros se supone que me matará?
V se llevó los dedos al puente de la nariz. Cerró los ojos.
—Maldición, Butch.
—Tú, ¿verdad? Lo harías tú. —Butch apuró el vaso. Miró fijamente al interior. Y volvió a enfocar la vista en su compañero de habitación—. Sabes, ayudaría si me miraras.
Al otro lado de la habitación, los fríos ojos blancos de V destellaron. Y resplandecieron con pena.
—Realmente te mataría, ¿verdad? —murmuró Butch—. Ponerme bajo tierra.
—Absolutamente me mataría. —Vishous se aclaró la garganta—. Eres mi amigo.
—¿Entonces cuánto va a costarme?
V frunció el ceño.
—¿Costarte?
—Ir al bautizo del niño de mi hermana—. Butch esbozó una sonrisa—. ¿Un pie? No, un brazo. ¿Un brazo y una pierna?
Vishous sacudió la cabeza.
—Mierda, poli. Esto no es gracioso.
—Ah, vamos. Es un poco gracioso.
V soltó una carcajada.
—Estás enfermo, ¿lo sabes?
—Sip, lo se. —Butch puso el vaso en el suelo—. Mira, V, no voy a ir a ningún sitio. No voy a desaparecer. No en este momento. No tengo nada ahí fuera esperándome, y de todos modos nunca he encajado bien en esa vida. No obstante al alba del domingo voy a ir a Boston. Regresaré el domingo a la noche. Si tienes un problema con eso, bien, te aguantas.
V expulsó más humo.
—Te echaré de menos.
—No seas pegajoso. Estaré fuera doce horas. —Cuándo V bajó la vista, Butch se puso serio—. A menos que… ¿hay algún problema?
Después de un largo rato, V fue hacia donde estaba toda la mierda de sus ordenadores. Recogió algo del escritorio.
Butch agarró lo que le tiró.
Llaves. Del Escalade.
—Conduce con cuidado, poli. —V sonrió un poco—. No saludes a tu familia de mi parte.
Butch rió.
—Ese no será un problema.
Ahora le llegó el turno a V de ponerse serio e implacable.
—Si no vuelves el domingo por la noche, voy a ir a buscarte. Y no para traerte de regreso, ¿entiendes?
Butch se dio cuenta en el silencio que siguió que ese era un momento de pescar o cortar el cebo. Pertenecía al mundo de la Hermandad para siempre. O era fertilizante.
Asintió una vez.
—Regresaré. No te preocupes por eso.




[1] Hades: Dios griego de los muertos. La palabra hace referencia no solo al dios sino que llegó a designar la morada de los muertos, es decir, el infierno.

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