viernes, 27 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/TROCITOS DE VIDA

Los trocitos de vida son bosquejos literarios de los hermanos que he publicado en el foro. Si eres miembro de allí, ¡los reconocerás! Si no lo eres, aquí los reproducimos. Repito, el foro puedes encontrarlo en www.jrwardbdb.com/forum/index.php.


Publicado el 17de mayo de 2006

Este primero fue publicado después de que fuera escrito Amante Despierto, justo cuando estaba empezando a trabajar con Amante Liberado:
La pregunta fue hecha en el aspecto de qué significa el tiempo libre para los hermanos. Y sobre lo que hacían las mujeres en la mansión.
Así que se me ocurrió compartir este pequeño trocito de vida con la gente…
La Hermandad tuvo una noche de películas la otra noche y fue desternillante! Bien, para ser exactos, día de películas. Todos ellos terminaron amontonados en el Pit… y me gustaría señalar que sólo tiene dos sofás de cuero y no demasiado espacio en el suelo. Imaginad esto: Wrath y Beth en una esquina del sofá. Rhage y Mary en el lado opuesto.
Z en el suelo con Bella en su regazo. Butch y Phury en el otro sofá.
V detrás de los cuatro ordenadores en su silla. El lugar era como una fraternidad y se miraron las primeras dos «Duro de Matar» de cabo a rabo.
Entre el humo rojo de Phury y los cigarrillos enrollados a mano de V el lugar olía deliciosamente.
Butch bebía mucho whisky escocés (bueno… duh). V tomaba Grey Goose. Mary y Bella bebían Chardonay. Rhage estaba con el Perrier, intentando hidratarse de nuevo tras una noche difícil en las calles con los lessers.
A mitad de la primera película alguien se durmió. ¿Y podéis creerlo? ¡Fue Wrath! Él, que por lo general está tan increíblemente concentrado, pero había estado trabajando duramente. El asunto es que, tenía a sus hermanos y su shellan (su familia), a su alrededor y se encontraban a salvo.
Literalmente cayó desmayado, con la cabeza recostada sobre el respaldo del sofá, con su largo, largo cabello esparcido sobre el pecho (lo dejó crecer mucho por que a Beth le encanta).
Beth le quitó las gafas de sol y lo envolvió con una manta… lo cual fue un gesto agradable salvo que… lamentablemente, el movimiento lo despertó un poco y terminó reacomodándose encima de ella, volvió a quedarse dormido aplastándola contra Rhage. Ella solo sonrió. Se sentía muy aliviada por el hecho de que se relajara un poco.
Lo había visto despierto durante el día paseándose, una y otra vez por todo el dormitorio. Esto la mataba por que ya casi no dormía nada y estaba perdiendo peso. ¿Francamente? Esto de reinar lo estaba matando.
En fin…Fritz continuaba trayendo hors d’oevres. ¿Recuerdas las crépes de espinacas que amaba Rhage? El grupo consumió bandejas enteras de esas y otras cosas. Fritz estaba muy feliz, corriendo de allá para acá por el túnel que comunicaba la casa principal con el Pit.
Rhage por supuesto insistía en gritar a viva voz los diálogos.
Ya sabes cual es su frase favorita, desde luego: Yippe Kayay Hijo de p… Pero más o menos a la mitad de la segunda película, comenzó a hociquearle la nuca a Mary. Y luego sus manos comenzaron a viajar. Ella intentó detenerlo… pero sin demasiada convicción. Cuando sus ojos brillaron, poniéndose en blanco, desparecieron por un rato. Um… Er…
En cualquier caso, Phury estaba realmente tranquilo. Estaba terriblemente tranquilo. Tristemente tranquilo. La mayor parte del tiempo se encerraba en sí mismo y realmente estaba allí más por que sentía que debía estar que porque deseara estar allí.
Z veía ambas películas por primera vez. Estaba ABSORTO en ellas.
Imagina la sorpresa que se llevó, cuándo Ivan Reikman le pega un tiro al señor Tagaki. Cuando el cuerpo aparece en el ascensor con el Ho, Ho, Ho en la camiseta. Cuándo McClain está en el eje del ventilador. Y después… Cuando la esposa de McClain atonta a aquel reportero idiota.
Z SE ENAMORÓ de las películas….saltaba en los sitios correctos y blasfemaba hacia la pantalla y gruñía y gritaba. Estaba totalmente compenetrado y tuvo agarrada a Bella con una tensión mortal durante todo el asunto.
El único momento en que apartó la vista de la televisión fue para asegurarse que Bella tuviera algo para beber. O comer. O para preguntarle si estaba cómoda. ¿Demasiado frío? ¿Tal vez necesitas otro abrigo?
Diré… aunque no debería… que Bella tenía una enorme marca de mordisco en el cuello. Se había alimentado de ella aproximadamente una hora antes de haber empezado a ver las películas. Había llegado a casa tras una noche de lucha y sintió ese… impulso… de alimentarse. Terminó yendo sigilosamente a buscarla al cuarto de baño. Ella acababa de salir de la ducha y le estaba hablando acerca de las clases de escritura que estaba siguiendo on-line.
En fin… él la contemplaba a través del espejo y ella charlaba mientras se secaba el cabello con la toalla y… se detuvo y le preguntó que era lo que estaba mal. Cuando entendió lo que pasaba, se dio la vuelta y le sonrió.
Ejem… dejó caer la toalla que tenía envuelta alrededor de su cuerpo.
Al principio él se disculpó por ello. Casi como avergonzándose por no haber acudido a ella antes. Pero luego ella estuvo en sus brazos y él bajó la cabeza hacia su garganta y… bueno, realmente se dejaron llevar por las circunstancias. «se aclara la garganta» Hombre, Acaso alguna vez…
*rubores* Er… EN FIN…
V se mantuvo apartado de todo el asunto de las películas la mayor parte del tiempo. Hacía búsquedas por Internet… aunque qué buscaba no tengo ni idea. De vez en cuando alguien le gritaba que dejara el ordenador. Los ignoró hasta que Butch le tiró una lata de cerveza vacía (¿y quien bebía cerveza? Beth... le gusta la Sam Adams, ¿recordáis?)
V terminó por sentarse con Phury y Butch. Los solteros, como les llaman los demás.
Así que así transcurrió la noche de películas (día). La próxima será una maratón de Alien.
Y sí, Rhage insistirá en hacer el papel del Alien-que-sale-del-estómago echado en el suelo delante de la televisión.
*Suspiro* Hollywood, es así, ya sabéis.

 
Publicado el 23 de julio de 2006

Quienquiera que dijera que no podía nevar en julio tenía la cabeza jodida.
Wrath se recostó en el trono y miró el montón de papeles que había ante si: Peticiones dirigidas hacia él como rey para intervenir en asuntos de civiles. Poderes legales para que Fritz realizara transacciones bancarias. La constante corriente de todas las «sugerencias útiles» de la glymera que solo le convenían a sus propósitos.
Era asombroso que la mesa del despacho pudiera sostener todo esto.
A su espalda, escuchó una serie de chasquidos metálicos y entonces con un zumbido las persianas se elevaron para pasar la noche. Junto con la elevación del acero llegó un estruendo bajo que retumbó, previo aviso de que una de las tormentas de verano de Caldwell se estaba alzando.
Wrath se echó hacia delante y recogió la lupa. La maldita cosa se estaba convirtiendo en una extensión de su brazo y lo odiaba. En primer lugar, la cosa de mierda realmente no funcionaba; no podía ver mucho mejor que cuando no la usaba. Y en segundo lugar, esto le recordaba que a todo efecto y propósito su vida había sido reducida a trabajo de escritorio.
Claro que un trabajo de escritorio lleno de propósito, honor y nobleza. Pero, aún así.
Distraídamente, recogió un abrecartas que llevaba el sello real y balanceó la punta sobre el dedo índice, suspendiendo la hoja del cuchillo de plata en el aire. Para hacer el juego más difícil, cerró los ojos y movió la mano alrededor, creando inestabilidad, probándose a si mismo, usando otros sentidos que no fueran sus débiles ojos.
Con una maldición, volvió a levantar los párpados. Cristo, ¿por qué estaba perdiendo el tiempo así? Tenía aproximadamente diez mil cosas que hacer. Todas eran urgentes…
Desde las puertas dobles abiertas del estudio, escuchó voces. Cediendo a la inusitada ola de aplazamientos, tiró el abrecartas sobre el montón de papeles que tenía que leer y salió. En la galería, plantó las manos sobre la frondosa barandilla dorada y miró hacia abajo.
Abajo en el vestíbulo, Vishous, Rhage y Phury se preparaban para salir, cotorreando mientras comprobaban las armas por segunda vez. Y alejado a un lado, Zsadist estaba apoyado contra una columna de malaquita, una shitkicker atravesada sobre la otra Tenía una daga negra en la mano que tiraba al aire volviéndola a agarrar cuando caía, una y otra vez. En cada viaje, la hoja atrapaba la luz emitiendo destellos azul marino.
Demonios, esas dagas que había hecho V eran fantásticas. Afiladas como una navaja de afeitar, perfectamente equilibradas, el mango perfilado con precisión para la sujeción solo de Z, el arma no era tecnología avanzada, estaba en estado de gracia: una simple configuración de acero que para la raza significaba la supervivencia.
Y para los lessers, Jódete, ten-un-agradable-viaje-de-regreso-hacia-el-Omega.
—Muévete —dijo Rhage mientras se dirigía hacia la puerta. Encabezando la marcha sobre los azulejos de mosaicos del vestíbulo, se movía con su típico caminar arrogante e impaciente, claramente ansiando la lucha que estaba jodidamente seguro que iba a encontrar, su bestia sin duda tan lista como él para una lucha cuerpo a cuerpo.
Vishous iba justo detrás de él, caminaba con movimientos fluidos y calma letal. Phury estaba igualmente sereno, su cojera no se notaba en lo más mínimo gracias a la nueva prótesis que utilizaba.
Espabilándose, Zsadist se separó de la columna y envainó la daga. El sonido del metal deslizándose contra el metal reverberó elevándose hacia Wrath como un suspiro de satisfacción.
Los severos ojos oscuros de Z siguieron el sonido que se elevaba. Bajo la luz que provenía de encima de él su cicatriz era muy perceptible, deformando el labio superior más pronunciadamente que nunca.
—Buenas tardes, mi señor.
Wrath lo saludó asintiendo con la cabeza hacia su hermano, pensando que la Sociedad Lessening se enfrentaba a un demonio en el cuerpo del macho que se encontraba de pie allí abajo. Incluso aunque Bella estaba en la vida de Z, siempre que iba a luchar, el odio regresaba. Con una desagradable aura, el calor se entretejía entre sus huesos y músculos, volviéndose indistinguible de su cuerpo humano, haciéndolo como siempre había sido: un salvaje capaz de cualquier cosa.
Sin embargo considerando lo que le habían hecho a la shellan del tipo, Wrath no lo culpaba por la rabia asesina. Ni en lo más mínimo.
Z caminó hacia la puerta y después se detuvo. Por sobre el hombro le dijo:
 –Pareces tenso esta noche.
—Pasará.
La sonrisa que brilló fue un latigazo de agresión, para nada alegre.
—No puedo contar hasta diez durante mucho tiempo. ¿Y tú?
Wrath frunció el ceño, pero el hermano ya estaba en la puerta. Saliendo a la noche.
Cuando se quedó solo, Wrath se dirigió de regreso al estudio. Se sentó detrás del escritorio y su mano encontró el abrecartas, recorrió con el índice el borde romo, arriba y abajo. Mientras miraba la cosa, supo que alguien podría matar con ello. Solo que no con ninguna delicadeza.
Apretando el puño como si realmente fuera un arma, apuntó la cosa delante suyo, levantándola por sobre la montaña de papeles. Cuando se movió, los tatuajes de su antebrazo se estiraron, su cristalino linaje expuesto alto y claro en tinta negra. No es que pudiera leer la pureza de sangre impresa con aprobación.
Jesús, ¿qué coño hacía pudriéndose el culo en ese trono?
¿Cómo había pasado esto? Sus hermanos estaban fuera haciendo la guerra. Él estaba aquí sentado con un maldito abrecartas.
—¿Wrath?
Levantó la vista. Beth estaba en la entrada, llevaba puesto un par de viejos vaqueros recortados y una camiseta sin mangas. El cabello largo oscuro le sobrepasaba los hombros y olía como las rosas floreciendo de noche….rosas floreciendo de noche y el aroma de su vinculación.
Mientras la contemplaba, por la razón que fuera pensó en los ejercicios que se había impuesto en el gimnasio… aquellas intransigentes ruedas de hámster, masturbaciones del cuerpo entero que no lo llevaban a ninguna parte.
Dios… había filos que no podías atenuar ejercitando en una rutina fatigosa. Había cosas que faltaban aunque te agotaras hasta que el sudor corriera tan rápido como la sangre por tus venas.
Sí… antes de que te dieras cuenta, habías perdido el filo. Pasabas de ser una daga a ser un ornamento de escritorio. Castrado.
—¿Wrath? ¿Estás bien?
Asintió con la cabeza.
–Sí. Estoy tranquilo.
Los ojos azules se entrecerraron y el color le sorprendió al ser el mismo que la hoja de la daga de Z atrapando la luz: Azul medianoche. Hermoso.
Y la inteligencia que se veía en ellos era tan afilada como esa arma.
—Wrath, habla conmigo.

En el centro de la ciudad en la calle Décima, Zsadist trotaba por el pavimento rápido como la brisa, silencioso como un fantasma, un espectro vestido de cuero rastreando a su presa. Había encontrado las primeras piezas de caza de la noche, pero en ese momento tenía el cuerpo completamente dominado, conteniéndose, esperando hasta que tuviera un poco de intimidad.
La Hermandad no luchaba frente a ningún público. A menos que fuera absolutamente necesario.
Y esta pequeña juerga inminente iba a hacer un poco de ruido. Los tres lessers que estaban delante de él eran primes, todos pálidos, esperando el momento de entrar en acción, moviéndose con un ritmo mortal de fuertes cuerpos sobre tierra firme.
Por el jodido bien, tenía que llevarlos hacia un callejón.
Mientras todos seguían caminando, la tormenta estiró los brazos y comenzó palpitar en la noche, los relámpagos brillando intermitentemente, los truenos maldiciendo. El viento corrió velozmente calle abajo entonces saltó y cayó, formando ráfagas que empujaron y después se aplacaron contra la espalda de Z.
Él se dijo que tenía que tener paciencia, pero sentía que contenerse era un castigo.
Salvo que en ese momento, como un regalo de la Virgen Escriba, el trío dobló entrando en un callejón. Y se dieron la vuelta para enfrentarlo.
Ah, entonces esto no había sido un regalo o suerte. Sabían que había estado tras sus traseros y habían buscado algún rincón oscuro donde hacer sus negocios.
Sí, pues, era hora de bailar el vals, cabrones.
Z desenfundó la daga y se puso a trotar, desencadenando el primer disparo que daba comienzo a la lucha. Mientras avanzaba, los lessers retrocedieron, desapareciendo al internarse más profundamente en el largo callejón, pensando que las sombras eran necesarias para ocultar lo que estaba a punto de pasar de los ojos humanos.
Zsadist se fijó como objetivo al asesino de la derecha porque el bastardo era el más grande y tenía el cuchillo más grande por lo que desarmarlo era una prioridad táctica. Era también algo que Z simplemente deseaba hacer.
Su ímpetu lo llevó a correr más y más rápido hasta que apenas rozaba el suelo, las shitkickers casi no tocaban el pavimento. Mientras se adentraba, era como el viento, arrastrando, avanzando precipitadamente, barriendo con todo lo que tenía por delante.
Los lessers se prepararon, cambiando de posiciones, agazapándose para el choque, de manera que el tipo grande lo enfrentaba y los otros dos lo flanqueaban.
En el último momento, Z se dobló como una bola y rodó sobre el asfalto. Entonces saltó y dirigió la daga, penetrando al lesser que hacía de defensa en la tripa, abriendo al bastardo como a una almohada. Hombre, las cavidades abdominales eran siempre un asusto sucio, aunque no comieras y el asesino cayó como una cascada de sangre negra.
Lamentablemente, en el camino hacia su sucio sueñecito, logró cortar a Z con la navaja justo en el cuello.
Z sintió como se le rajaba la piel y como la vena comenzaba a gotear, pero no había tiempo para ponerse a pensar en la herida. Se concentró en los otros dos asesinos, y liberó la segunda daga de manera que se convirtió en una máquina rebanadora con dos puños. La lucha entró en territorio difícil rápidamente y cuando le abrieron una segunda herida en el hombro, pensó que podría necesitar que alguien lo viniera a recoger al final de la pelea.
Especialmente cuando una larga cadena de acero serpenteó alrededor de su cuello y la apretaron como una llanta metálica. Con un tirón, fue derribado y cayó de espaldas con tal fuerza que sintió como si le hubieran perforado el cuerpo. Todo el aire abandonó sus pulmones ante aquel aviso de desahucio y se mantuvo fuera, su caja torácica negándose a expandirse sin importar cuanto abriera la boca.
Justo antes de desmayarse, pensó en Bella y el pánico de abandonarla le dio el choque de carro de reanimación que necesitaba. Su esternón se elevó hacia el cielo, haciendo entrar aire con tanta fuerza que la mierda recorrió el camino hacia abajo hasta sus pelotas. Y justo a tiempo.
Cuando los dos lessers cayeron sobre él, se giró hacia un lado y de alguna manera logró equilibrarse. Guiándose por el instinto y la experiencia, le pegó un desgarrón al primero de los asesinos, con una clásica llave cruzada de dos dagas logrando casi decapitarlo. Luego apuñaló al otro en el oído, dejándolo inconsciente.
Excepto que entonces aparecieron cuatro más: habían llegado refuerzos, todos encantados y frescos, listos para trabajar.
Z estaba metido ahora en un jodido territorio.
Envainó una daga y cogió una de las SIG, aunque el arma haría ruido. Y le daría un pellizco a su orgullo. Estaba quitando el seguro cuándo vio brillar un par de pálidas luces verdes gemelas, al fondo del callejón.
Cuando los lessers se paralizaron, se dio cuenta claramente que también lo habían notado.
Z blasfemó. Apostaba dólares contra capullos, que eso era algún nuevo tipo de faros de xenón y estaban a punto de recibir la visita de una camioneta cargada de chismosos.
Pero entonces la temperatura ambiental bajó veinte grados. Así de fácil. Como si alguien hubiera descargado dos toneladas de hielo seco allí detrás y hubiese golpeado la mierda con un ventilador industrial.
Zsadist echó la cabeza hacia atrás y se rió con fuerza y largamente, el poder regresaba a su cuerpo incluso con la garganta cortada y el hombro goteando. Cuando la lluvia comenzó a caer, definitivamente chisporroteó con agresividad.
Evidentemente los lessers pensaron que estaba chiflado. Pero entonces un relámpago estalló y volvió el callejón tan claro como si estuvieran a plena luz del día.
Revelando a Wrath a lo lejos, sus sólidas piernas plantadas en el suelo como troncos de roble, los brazos extendidos hacia fuera como rayos, el viento de la tormenta azotándole el cabello largo hasta la cintura haciéndolo volar a su alrededor. Los brillantes ojos eran una llamada rugiente de la muerte en la noche, los blancos y afilados colmillos, eran visibles a metros y metros de distancia. En sus manos tenía las estrellas lanzadoras que eran su marca registrada, en sus caderas llevaba las Berettas… y atravesándole el pecho, entrecruzadas con los mangos hacia abajo, llevaba las dagas, las dagas negras de la Hermandad, las armas que no había usado desde su ascensión.
El rey había salido a matar.
Zsadist echó un vistazo a los lessers, uno de los cuales estaba llamando por teléfono para que enviaran más refuerzos.
Hombre, pensó Z, estaba tan listo para regresar al juego.
Wrath y él nunca habían luchado juntos antes, pero lo harían esta noche. E iban a ganar.

Mucho más tarde, de regreso en la casa grande, Beth se paseaba por la sala de billar. A lo largo del transcurso de la noche, había convertido la mesa de billar en el centro del universo: el cuadrado de fieltro verde con sus bolsas y las bolas del color del arco iris eran el sol de su sistema solar y giró y giró a su alrededor…
Dios. No sabía como Mary y Bella lo manejaban… sabiendo que sus hellrens estaban allí fuera en esa maligna noche luchando contra un enemigo interminable, un enemigo con armas que no solo mutilaban, sino que también mataban.
Cuando Wrath le dijo lo que quería hacer, lo que necesitaba hacer, había tenido que obligarse a no gritarle. Pero Cristo, lo había visto en una cama de hospital, conectado a cables, máquinas y tubos, herido, muriéndose, oscilando entre la vida y la nada.
Tenía cero interés en volver a vivir aquella pesadilla.
Claro que había hecho lo posible por tranquilizarla. Y le dijo que tendría cuidado. Y le recordó que había luchado durante aproximadamente trescientos años y había sido entrenado, perfeccionado y criado para esto.
Pero ¿tenía todo eso alguna importancia? Ella no estaba pensando en los tres siglos durante los cuales él había regresado a casa a salvo al romper el alba. Estaba preocupada acerca de esta noche en particular cuando podía ser que él no lograra volver. Después de todo, era carne, sangre y tenía un temporizador en su vida, un temporizador que podía llegar a cero en el transcurso de un momento. Todo lo que se necesitaría era una bala en el pecho o en la cabeza o…
Miró hacia abajo y comprendió que ya no se estaba moviendo más. Lo que claramente tenía sentido. Evidentemente, sus pies acababan de superpegarse al suelo.
Obligándolos a empezar a andar otra vez, se dijo que él era lo que era: un guerrero. No se había casado con un maldito tipo afeminado. Aquella sangre guerrera estaba en él y había estado encadenado en la casa durante todo el año pasado entonces era inevitable que estallara.
Pero oh, Cristo, tenía que salir por ahí a…
El reloj de pie comenzó a sonar. Las cinco en punto.
Por qué no habían regresado…
La puerta del vestíbulo de abrió y oyó entrar a Zsadist, Phury, Vishous y Rhage. Las profundas voces brincaban, las palabras eran firmes llenas de poder y vida. Estaban excitados por algo, animados.
Seguramente si Wrath estuviera herido no se comportarían así. ¿Verdad? ¿Verdad?
Beth fue hacia la puerta… y tuvo que agarrarse del marco. Z estaba sangrando, el jersey de cuello alto estaba empapado con un torrente rojo, las dagas también estaban húmedas y brillantes. Pero era como si no lo notara. Su rostro brillaba, una chispa encendía aquellos ojos suyos. Infiernos, se movía como si tuviera dos picaduras de bichos en vez de tener dos heridas abiertas.
Sintiéndose mareada, por que sintió que alguien debía estarlo en su nombre, observó como los cuatro se dirigían hacia la puerta escondida debajo de la escalera. Sabía que iban directos hacia la sala de primeros auxilios del centro de entrenamiento y se preguntó como se sentiría Bella si viera a Z así. Pero, bueno, conociendo a los hermanos, no tendría la oportunidad. Los machos emparejados de la casa siempre tenían cuidado de coserse y limpiarse antes de encontrarse con sus shellans.
Incapaz de soportarlo por más tiempo Beth entró al vestíbulo.
—¿Dónde está? —dijo en voz alta.
El grupo se detuvo y enmascararon las caras tensas, como si no quisieran ofenderla por lo excitados que estaban.
—Llegará en cualquier momento —dijo Phury, con una expresión amable en los ojos amarillos, y una sonrisa aún más amable—. Está bien.
Vishous sonrió enigmáticamente.
—Está más que bien. Esta noche está vivo.
Y entonces la dejaron sola.
Justo cuando estaba a punto de enfadarse, la puerta del vestíbulo se abrió y una rápida ráfaga de frío se desplegó a través del vestíbulo como si se desenrollara una manta.
Wrath entró en la mansión y a ella se le agrandaron ojos. No lo había visto irse antes, no había sido capaz de mirarlo, pero ahora lo vio.
Cristo Santo ahora sí que lo veía.
Su hellren estaba tal y como lo había conocido la primera noche que había entrado en su viejo apartamento: una amenaza mortal vestida de cuero negro, las armas atadas con correas a su cuerpo tan fundamentales como sus pies o sus músculos. Y vestido para la guerra, irradiaba poder, del tipo que rompía huesos, cortaba gargantas y ensangrentaba caras. En su atuendo de guerrero, era un horror, una pesadilla… y sin embargo era el macho que amaba, con quien se había emparejado y que siempre dormía a su lado, quien la alimentaba con su mano, que la abrazaba durante el día, que se le entregaba en cuerpo y alma.
La cabeza de Wrath se giró sobre su grueso cuello hasta que estuvo mirándola fijamente. Con la voz distorsionada, una que apenas reconoció de tan baja que era, le dijo:
—Tengo que joderte ahora mismo. Te amo, pero esta noche necesito joderte.
Ella tuvo un solo y único pensamiento: Correr. Corre por que él desea que lo hagas. Corre por que él desea perseguirte. Corre por que estás un poco asustada de él y eso te excita como el infierno.
Sabiendo que el olor de su excitación se propagaba, Beth levantó el vuelo con los pies desnudos, como un relámpago, fue hacia las escaleras, comenzó a subirlas rápidamente, las piernas eran un borrón. A los pocos segundos, lo escuchó detrás suyo, sus shitkickers golpeando como truenos, la erótica amenaza que representaba avanzado hacia ella, atrayéndola hasta que no pudo respirar y no debido al esfuerzo, sino debido a que sabía lo que vendría tan pronto como él le pusiera las manos encima.
Cuando llegó al segundo piso, eligió un pasillo al azar, no sabiendo hacia donde se dirigía, sin preocuparse por ello. Cada metro que cubría, Wrath se le acercaba… podía sentirlo cerca de sus talones, una ola a punto de arrastrarla, de caer con estrépito sobre ella, de barrerla y sujetarla.
Irrumpió en la sala del primer piso…
Él la agarró del cabello y el brazo, haciéndola girar, haciéndola tropezar, enviándola al suelo.
Justo antes de que impactara, él giró el cuerpo absorbiendo la caída y amortiguándola. Mientras luchaba por levantarse, tuvo el débil pensamiento de que estaba boca arriba sobre el, el pecho de él bajo sus hombros, su erección donde tenía que estar.
Y luego ya no pensó más.
Las piernas de Wrath se dispararon hacia arriba y las unió alrededor de sus espinillas, abriéndole las piernas ampliamente, atrapándola. Con implacable autoridad, disparó la mano metiéndola entre sus muslos y cuando él averiguó exactamente lo excitada que estaba, ella se arqueó con un grito. Cuando dejó de luchar, delante suyo, las puertas dobles se cerraron de golpe y luego la hizo rodar, poniéndola de cara contra el suelo. La montó, sujetándola en el lugar por la nuca y la forma en que se sentaba a horcajadas sobre sus piernas. De cerca, olía a sudor limpio, al aroma de la vinculación, al cuero de la ropa y a la muerte de sus enemigos.
Ella casi se corrió.
Wrath respiraba tan fuerte como ella cuando la arrastró hacia atrás y rasgó sus viejos pantalones por la entrepierna, la desgastada tela cediendo como si no se atreviera a desobedecerle.
Jesús, sabía como se sentía esa tela.
El fresco aire le golpeó el trasero mientras que con los colmillos mordía un lado de las bragas y después se escuchaba el sonido de una cremallera. Con las manos le puso las caderas en la posición adecuada y la cabeza de su miembro cayó hacia abajo sobre lo que lo estaba esperando, lo que le pertenecía para que lo tomara.
Entró en ella de un golpe, empujando, duro como una tabla, amplio como un puño.
Beth extendió las manos sobre el mármol cuando se cerró sobre su cuerpo y comenzó a bombear repetidamente con un ritmo feroz, ciento veintisiete kilos de sexo cubriéndola por todas partes, estirándole su interior. Sus palmas rechinaron contra el mármol cuando le llegó el primero de los orgasmos.
Todavía estaba sintiendo el clímax cuando le sujeto con fuerza la barbilla y retorció su boca. Su ritmo era tan duro que no podía besarla.
Entonces siseó y directamente le mordió la yugular.
Cuando comenzó a alimentarse se congeló a mitad de una embestida, chupando con fuerza, tirando de su vena con una supremacía salvaje. El dolor formó remolinos y hormigueó por su cuerpo, mezclándose con el final del orgasmo, desatando una nueva ráfaga de placer. Y luego estaba montándola otra vez, la parte inferior de su vientre frotándole el trasero, las caderas palmeando contra ella, el gruñido de un amante…
Y de un animal.
Él rugió con fuerza como una bestia cuando comenzó a correrse, su erección agitándose dentro de ella como algo viviente con voluntad propia. El aroma de la vinculación se hizo aún más penetrante mientras la llenaba, sus pulsaciones eran calientes como rescoldos, espesas como la miel.
En el instante en que terminó, la giró y se colocó entre sus piernas, su sexo brillante y orgulloso, completamente erecto. Aún no había acabado con ella. Enlazando el antebrazo tatuado detrás de una de sus rodillas, tiró de la pierna levantándola en alto y entró en ella de frente, sus enormes brazos anudándose mientras se sostenía a si mismo por encima de su cuerpo. Mientras la miraba fijamente, su cabello cayó hacia adelante, grandes cascadas de color negro que caían desde el pico de viuda de su frente y se enredaban entre las armas que llevaba en el cuerpo.
Sus colmillos se habían alargado tanto que no podía cerrar la boca y cuando destrabó la mandíbula y se preparó para morderla otra vez, ella tembló. Pero no de miedo.
Éste era el filo crudo, su verdadero yo que había debajo de la ropa y la vida cotidiana que llevaba. Éste era su compañero en su más pura y destilada esencia: Poder.
Y Dios, lo amaba.
Especialmente así.

Wrath estaba tomando a Beth con frenética acción, su polla dura como un hueso, sus colmillos como clavos de marfil hundidos profundamente en su cuello. Ella era todo lo que necesitaba y querría alguna vez: el suave aterrizaje para su agresividad, el sexo femenino apretándolo, el amor que le hechizaba y capturaba.
Él era la tormenta avanzando amenazadoramente sobre ella; ella era la tierra con la fuerza para tomar lo que él tenía que dejar salir.
Cuando ella cantó nuevamente con su cuerpo fragmentándose por el placer, se lanzó de la cornisa y fue volando a su encuentro. Sus pelotas apretadas con fuerza y el orgasmo saliendo disparado fuera de él… bang, bang, bang, bang
Liberando su vena, se derrumbó entre su cabello estremeciéndose y temblando.
Y luego lo único que se oía eran sus violentas respiraciones.
Mareado, liberado, saciado, levantó la cabeza. Luego el brazo.
Se mordió su propia muñeca y la llevó a sus labios. Mientras se alimentaba silenciosamente, le acarició el cabello con mano suave y sintió el jodido y estúpido impulso de derramar lágrimas como un debilucho.
Cuando sus ojos azul oscuro se levantaron encontrando los de él, todo desapareció. Sus cuerpos se desmaterializaron. La habitación donde estaban dejó de existir. El tiempo se convirtió en nada.
Y en el vacío, en el agujero negro, el pecho de Wrath se abrió de igual forma que si le hubieran disparado un tiro, un dolor lacerante lamió sus terminaciones nerviosas.
Supo entonces que había muchas formas de que se rompiera un corazón. A veces ocurría porque la vida te arrollaba, la comprensión de la responsabilidad, las obligaciones de nacimiento y la carga te apretaba hasta que no podías respirar más. Incluso aunque tus pulmones funcionaran bien.
Y a veces sucedía por la crueldad azarosa de un destino que te alejaba de donde habías pensado que terminarías.
Y a veces era la edad ante la juventud. O la enfermedad ante la salud.
Pero a veces era solo porque al mirar en los ojos de tu amante, la gratitud por tenerlos en tu vida te abrumaba… por que al mostrarles lo que había en tu interior no salieron corriendo asustados ni te dieron la espalda, te aceptaban, te amaban y te abrazaban en medio de tu pasión o de tu miedo… o la combinación de ambas.
Wrath cerró los ojos y se concentró en los suaves tirones en su muñeca. Dios, eran iguales al latido de su corazón. Tenía sentido.
Por que ella era el centro de su pecho. Y el centro de su mundo.
Abrió los ojos y se sumergió en toda aquella medianoche azul.
—Te amo, leelan.


 
Publicado el 15 de agosto de 2006

El pasado fin de semana, me encontraba sola en casa, paseando por los alrededores. Deslizando la vista por la superficie de cada cosa que encontraba en mí camino… sin prestarle atención en realidad, solo vagando. Estaba inquieta. Hago esto muy a menudo por que sufro un caso serio de sobrexcitación y mi cabeza se pone a cavilar acerca de cosas prácticas y no tan prácticas hasta que creo que voy a enloquecer.
En el movimiento de un Ave María, entré en el coche, abrí las ventanas y el techo corredizo y puse a sonar los bajos: A veces nuestras válvulas de escape tienen cuatro ruedas y ritmos virtuosos. Y que Dios bendiga estos montones de alivio.
Cuando salí, estaba a punto de anochecer y conduje lejos, lejos de casa… Conduje hasta el río Ohio y tomé el camino de la costa que corre a lo largo de la orilla. Últimamente he estado haciendo esto… sencillamente escapo, solo yo, el coche, el aire de verano y la música. Por encima de mi cabeza, los árboles se veían de un color verde oscuro, formando un túnel que seguí con la absurda esperanza de que pudiera llevarme a algún otro sitio distinto al que me encontraba.
Funcionó.
Mientras avanzaba hacia la izquierda, el sol era un disco grande y gordo que flotaba hacia abajo, como si alguien lo hubiera enganchado y estuviera tratando de sacarlo del cielo y se encontrara con que su inherente fuerza ascendente luchaba contra ese arrastre. A mí alrededor, el aire estaba condenadamente húmedo y espeso como una nube, oliendo como… a verano en realidad. Y aquella dulce humedad cubrió mi piel y me gustó que me cubriera cuando estaba allí.
Allí fuera en la carretera, la vida era dulce. La vida era un regalo precioso, no la carga que podía ser a veces. La vida era el gran misterio que debía ser.
Y me encontré pensando en Phury.
Conduciendo largamente, conduciendo sola, conduciendo para alejarme de casa… el me siguió. Como si estuviera en el coche conmigo, con el codo apoyado en el marco de la ventanilla abierta y el aire revolviendo todo ese cabello que tiene a su alrededor. Me imaginé sus ojos amarillos como el color del sol poniente, brillando de la misma forma, igual de calientes e igual de hermosos.
Bueno, desde luego, que él no estaba conmigo. Si lo hubiera estado yo habría estallado en llamas. Pero estaba en mi cabeza, mirando a través de mis ojos y escuchando lo que había a mi alrededor. Se deslizó dentro de mi pecho como si fuera un fantasma y se me metió en la misma columna vertebral haciéndose cargo del volante, de la palanca de marchas y del acelerador.
Y mientras estaba conmigo, me habló de la naturaleza de los No Tienen. No Pueden Tener. Los Imposibles.
Los Frustrados.
Lo visualicé sentado en la mesa del comedor. Con Bella sentada enfrente, al otro lado de la vajilla, la plata y la cristalería, al otro lado de la frontera de caoba… al otro lado de un millón de kilómetros que nunca serían recorridos. Le estaba observando las manos. Miraba como cortaba la carne y cambiaba los cubiertos de mano para poder pinchar el cordero y llevárselo a los labios. Le miraba las manos por que era la única opción remotamente aceptable que tenía de mirarla socialmente.
Es una clase especial de infierno desear lo que uno no puede tener. Por que tu mente divaga. Te lleva en direcciones que no quieres recorrer. Te tienta con sabores que nunca tendrás sobre tu lengua, con curvas que nunca conocerás, con sentimientos que nunca jamás podrás expresar.
Esta atrapado en su honor y en el amor que siente por su gemelo, atrapado también por el respeto hacia Bella… un esclavo de su naturaleza moral.
Creo que lo que lo hace más difícil para él es que ella siempre está a su alrededor. La ve cada día. Cada amanecer cuando regresa a casa sabe que ella estará allí, en su hogar.
¿Y qué hace él? Se acuesta en la gran cama a fumar los porros que lo tranquilizan y reza para que todo se evapore pronto. Lo que lo hace aún peor, es su sincero agradecimiento a Dios por la felicidad de Z: Sumergido dentro de su infierno particular, Phury siente un tremendo alivio por que sabe que ahora Z tiene un futuro.
Alivio… sí, alivio. Pero hay veces que este palidece. Phury baja la vista y mira su pierna perdida sintiéndose incompleto e indigno, débil y lisiado y no se trata específicamente de la amputación ya que no siente remordimientos por ello. Lo que lo atormenta durante los días que la casa está en silencio y Bella y Z duermen entrelazados en la cama de matrimonio… lo que atormenta a Phury es el hecho de que en materia sexual es un ignorante y un inepto y no hay ninguna salida para ese desierto. Incluso aunque dejara el celibato, incluso aunque encontrara a una hembra, la pusiera sobre la espalda y la montara, ¿Exactamente, qué curaría actuando así? Un acto sexual desarraigado, y despreocupado no lo haría sentir mejor. En todo caso, si lograba algo, sería sentirse mucho peor… por que sabría que eso no es lo que ocurre entre Z y Bella.
No… Phury estaba al otro lado del río, mirando la puesta del sol. Imposibilitado de tocar. Sólo permitiéndosele mirar. Y Nunca Tener.
Así que con su ineptitud y su patético anhelo, su despreciable debilidad, y su deplorable bazofia emocional… observa las manos de Bella mientras come. Por que eso es todo lo que puede hacer.
Esperando que le llegue algún alivio. Pero sabiendo que no llegará muy pronto.
Y se odia a si mismo.
La parte decente de su ser parece caer en un pozo sin fondo y no tiene una cuerda de donde aferrarse, ninguna red en la que caer, nada que impida su caída. Todo lo que puede hacer es esperar un duro impacto, un golpe que le destrozará el cuerpo en el momento en que el fondo lo encuentre.
Para Phury, la naturaleza del No Tener, No Poder Tener, de Lo Imposible y La Frustración lo está llevando hacia lugares más oscuros de lo que podría haber previsto. Pienso que había asumido que si Z se curaba un poco alguna vez, su propio sufrimiento terminaría.
Incorrecto. Por que el sabor de la curación de Z es un sabor que Phury mataría por tener.
En cualquier caso… esto fue lo que averigüé en el río Ohio la otra noche en el aire de verano… en la soledad acompañada de bajos… donde todo lo que había era yo misma y las luces de los coches que venían en dirección contraria y la húmeda brisa que había en el aire.
Algunas distancias nunca jamás se cerrarán.

 
Publicada el 6 de octubre de 2007

Anoche, fui al complejo de la Hermandad a realizar una entrevista previamente acordada con Butch y Vishous. Me dejaron esperando… lo que no debería haberme sorprendido y no lo hizo. Y la entrevista nunca tuvo lugar, tampoco. Tampoco fue una sorpresa…
Fritz fue el que me acompañó al Pit y armó todo una alboroto a mi alrededor, como siempre hace. Juro, que no hay nada que altere más a un doggen que cuando no pueden hacer nada por ti. Está tan agitado, que al final le entrego mi bolso… un movimiento marcado con la clase de desesperación que generalmente va asociada con tipos que practican la Maniobra Heimlich[1] en una persona que se está ahogando.
Ahora, no tengo la costumbre de entregarle mi bolso a otras personas… ni siquiera a un mayordomo que está sufriendo de un caso grave de necesidad-de--agradar. Pero así están las cosas. Mi bolso tiene el cuero desgastado en un montón de lugares y la correa que corre a lo largo de la parte superior y baja por el frente tiene una raya de tinta azul. Nadie nota esta relativamente pequeña mancha salvo yo, pero me molesta desde que la provoqué y quería librarme de la imperfección, tal y como lo leen. (Demonios, hasta volví a Louis Vuitton y les pregunté si podrían quitársela. Dijeron que no, que no podían, porque el cuero es poroso y absorbe la tinta dentro de sus fibras. Está demás decir que mitigué mi depresión con la compra de artículos diversos.)
Cuando le entregué el bolso a Fritz, y le pregunté si había alguna forma de que pudiera sacar la tinta de pluma, resplandeció como si le hubiera dado un regalo de cumpleaños y salió corriendo a través de la puerta principal. Justo cuando la enorme puerta del Pit con ocho paneles, digna de una fortaleza, portal-de-la-mazmorra-de-una-película, se cierra de golpe, me doy cuenta que la única pluma que tengo, es la que provocó esa mancha, y está en el bolso.
Afortunadamente, V y Butch tienden a ser memorables así que me imagino que simplemente tomaré notas mentales.
El Pit está vacío salvo por mi. Jane está fuera, haciendo exámenes físicos en Lugar Seguro. Marissa también está allí, aún dirigiendo el lugar. Son las 3 a.m. y se suponía que Butch y V llegarían a casa pronto después de la lucha. El plan es que ellos me toleren y que yo inteligentemente me haga a un lado cuando terminen. Las entrevistas no están alto en la lista de prioridades de la Hermandad y lo entiendo. Tienen muy poco tiempo libre y están bajo constante presión.
Compruebo mi reloj y me es difícil no preocuparme. Hombre, no sé como sus shellans se quedan esperando a que ellos lleguen a casa. Los «¿Y si…?» deben ser matadores.
Miro a mi alrededor. El futbolín es atrayente y cálido, fresco como una estrafalaria margarita. Aunque, este, por supuesto, es el nuevo, nuevo. El viejo nuevo murió durante una especie de enfrentamiento que involucraba una lata Silly String[2], cuatro metros de cinta adhesiva, dos pistolas de pintura y un contenedor Rubbermaid del tamaño de un coche pequeño. Al menos eso fue lo que me dijo Rhage. Que es un bocazas pero nunca miente.
Atravesando el paso, en el escritorio de V, los cuatro juguetes ronronean, los ordenadores se ven como un grupo de chismosos todos apiñados, intercambiando cuentos acerca de quien está en donde, haciendo qué, dentro del complejo de la Hermandad. Detrás de estas está el equipo estéreo de alta tecnología que se ve como el que usarías para hacerle una ecografía cerebral a alguien si fuera necesario. Están pasando un rap, pero no tan alto como lo hubiera estado en el pasado. 50 Cent’s Curtis. Sip, me figuraba que no sería Kanye.
Lo que puedo ver de la cocina es de cierta manera chocante. Está de punta en blanco, las encimeras libres de vasos, los armarios bien cerrados, el desorden en su mínima expresión. Estoy dispuesta a apostar que hay algo más en el refrigerador que sobras de Taco Bell y paquetes de salsa de soja. Demonios, hasta hay un platillo con frutas. Melocotones. Seguro.
Cambios. Creo. Las cosas han cambiado por aquí. Y puedes decirlo no solo porque hay un par de estilográficas negras cerca del sofá y copias del The New England Journal de Medicina en medio de todas esas Sports Illustrated.
Mirando a mi alrededor, me pongo a pensar en los dos tipos que viven aquí ahora con sus compañeras. Y recuerdo los viejos buenos tiempos de Amante Oscuro, cuando V y Butch pasaron la noche en la habitación de invitados que estaba en la planta alta de la casa de Darius. Butch le preguntaba a V acerca de su mano. V identificaba el deseo de morir del tipo duro. Ambos congeniaron. Mi parte favorita fue cuando Wrath entró a la tarde siguiente y les dijo «Vaya, que escena tan tierna». Creo que recuerdan cual fue su respuesta, ¿verdad?
Y aquí estamos, dos años después y aún están juntos.
Pero en fin, nosotros los miembros de la Nación Red Sox somos un grupo leal.
Pero ahora todo es distinto ¿no es…?
La puerta que da hacia el túnel subterráneo se abre y entra Butch. Huele como un lesser, a dulce talco para bebés. Me llevo la mano a la nariz para evitar hacer arcadas.
—La entrevista se cancela —dice con la voz ronca.
—Ah… está bien, no tengo pluma —murmuro, apreciando cuan horrible se ve y como se tambalea sobre sus botas.
Butch tropieza con sus propios pies y se va dando contra las paredes mientras se dirige hacia su dormitorio.
Genial. ¿Y ahora qué hago?
Espero un minuto. Luego comienzo a caminar por el pasillo porque… bueno, en una situación así, quieres ser de ayuda, ¿no es así? Cuando llego a la puerta de su habitación, capto un vistazo de su espalda desnuda y rápidamente aparto la mirada.
—¿Necesitas algo? —le pregunto, sintiéndome una idiota. Puedo escribir acerca de los hermanos, pero enfrentémoslo, soy un fantasma en su mundo, una observadora, no una participante.
—A V. Pero ya está de camino…
La puerta delantera se abre con un fuerte golpe y mi cabeza gira como si la hubieran jalado con una cuerda.
Oh… mier…
Ahora, vean, esto es lo que pasa con V. No le caigo bien. Nunca le he agradado. Y considerando que son ciento treinta y seis kilos de vampiro y que tiene esa mano que hace que cosas mortales ocurran, cada vez que estoy cerca de él recuerdo todos los ataques de pánico que he tenido en mi vida. Regresan a mi. Cada uno de ellos. Todos al mismo tiempo.
Trago con fuerza. V esta vestido de cuero negro y le sale sangre de una herida que tiene en el hombro y esta de un jodido malhumor. Me lanza una mirada, y desnuda los colmillos.
—Debes estar bromeando. —Se arranca la chaqueta de cuero y la lanza a través del Pit. Es más cuidadoso cuando se quita las dagas—. Hombre, esta noche se pone cada vez peor.
Mantengo la boca cerrada. Es decir, como si hubiera alguna respuesta adecuada para ese tipo de bienvenida. A menos que me ahorque a mi misma en el cuarto de baño, estoy bastante segura que no hay nada que pueda yo hacer para animarlo un poco.
Vishous pasa pisando fuerte junto a mi para llegar hasta Butch y yo hago como una percha de pared, y trato de aplanarme lo más que puedo. Lo cual es fácil. Estoy constituida como un tablón, toda larga y chata.
A propósito, quisiera señalar que V es enorme. ENORME. Cuando pasa a mi lado, mi cabeza apenas le llega al hombro y el tamaño de su cuerpo me hace sentir como si tuviera cinco años y estuviera rodeada de un mar de adultos.
Cuando se detiene en la puerta del dormitorio de Butch, me siento incapaz de irme aunque se que debería. Sin embargo, no puedo. Afortunadamente V se concentra en el poli.
Pobre Butch.
—¿Qué mierda estabas haciendo? —ladra V.
La voz del poli es áspera, pero no débil.
—¿Podemos posponer esto por unos diez minutos? Estoy a punto de vomitar…
—¿Pensaste que esos lessers no estaban armados?
—Sabes, esta actitud de esposa malhumorada no esta ayudando…
—Si por una vez usaras el cerebro…
Mientras los dos empiezan a pelear uno con el otro, pienso, vale, estoy lista para irme. Tanta testosterona en el ambiente me marea. Y no de una forma agradable.
Retrocedo por el corredor, preguntándome que demonios voy hacer con la entrevista que se suponía iba a tener con ellos, cuando veo… huellas ensangrentadas. V ha dejado huellas ensangrentadas. Y debe haber estado bastante malherido, dada la cantidad de brillante rojo que hay en las tablas del suelo.
Macho estúpido. Estúpido, arrogante, miserable, introvertido Hijo de Puta. Estúpido, atolondrado, cerdo, malhumorado, cornudo, soy-una-isla, reservado bastardo.
¿Acaso he mencionado que también yo, después del horrible proceso de escribir el libro de V tuve un par de temitas con él? No es el único que tiene sentimientos de odio en nuestra relación.
Como Butch y V continúan gruñéndose uno a otro como un par de dobermans, me enfado y camino hacia la chaqueta de cuero de V y gruño mientras la levanto del suelo. La cosa pesa casi tanto como yo y para ser honesta, realmente no quiero saber lo que hay en ella.
Pero lo descubro ya que reviso sus bolsillos.
Municiones para la Glock. Cuchillo de caza cubierto de sangre de lesser. Un mechero de oro sólido. IPod que estoy dispuesta a apostar está abarrotado de rap duro. Un pequeño libro negro que no hojeo (porque, hey, eso es una TREMENDA invasión a la privacidad). Goma de mascar Wrigley’s de menta. Una navaja del ejército suizo (probablemente porque su cuchillo de caza no viene con esas ingeniosas tijeras como accesorio).
Teléfono móvil.
Abro el RAZR y tecleo *J. Dos segundos después, Jane contesta la llamada.
—Hola. ¿Cómo está mi cachorro?
Sip, ella le dice cachorro. Nunca pregunté los detalles. V sencillamente me arrancaría la cabeza de un mordisco y me parece demasiado intrusivo preguntarle a la misma Jane. Aunque Rhage podría saberlo… hm…
—Hola, Jane —digo.
—¡Oh, eres tú! —se ríe. Jane tiene una risa cálida, de la clase que hace que respires hondo y dejes salir el aire lentamente porque sabes que todo saldrá bien si ella está involucrada—. ¿Cómo está yendo la entrevista?
—No está. Tu hombre está herido, Butch está profundamente dormido, y tengo la sensación de que si no me voy en este instante, tu macho me mostrará la puerta. Con la cabeza por delante.
—Oh, por el amor de Dios, V puede ser un imbécil.
—Es por eso que te dediqué Amante Liberado a ti.
—Voy ahora mismo. Solo deja que le avise a Marissa.
Mientras corto, me doy cuenta que el Pit está mucho más silencioso ahora… y que hay un brillo saliendo del pasillo. Voy de puntillas y me congelo cuando llego a la puerta de la habitación de Butch.
Están en la cama. Juntos. Vishous se ha acostado y ha envuelto a Butch en sus brazos y todo su cuerpo está brillando suavemente. Butch está embutido contra el hermano respirando levemente. El poder sanador de V está funcionando. Te das cuenta porque el olor a lesser está desapareciendo.
Los fríos ojos blancos de V se abren y se clavan en mi con la mirada fija sin parpadeos de un depredador. Me llevo la mano a la garganta.
En ese momento que compartimos, me pregunto porque me odia tanto. Duele.
La respuesta que recibo es su voz en mi cabeza. «Tu sabes porque. Sabes perfectamente el porque».
Sí, como que si lo sé, ¿no es así? Y puedes sacar el «como que» de esa oración.
—Lo siento —digo en un susurro.
Cierra los ojos. Y es en ese momento que Jane se materializa justo a mi lado.
Jane es solo un poco distinta como fantasma de lo que era como ser humano. Ocupa espacio de la misma forma, y suena igual y se ve igual… y cuando me abraza, se siente cálida y sólida como antes de que le pasara lo que le pasó.
—Cariño… —dice V lentamente desde la cama.
Demonios, ese es un sonido erótico.
Jane mira hacia el dormitorio y la sonrisa que ilumina su rostro es impactante. Jane no es súper hermosa. Pero tiene un rostro de aspecto inteligente que hace juego con su descomunal cerebro, y como me gusta la gente inteligente, ella realmente me cae muy bien.
—Hey, cachorro —le dice a Vishous.
V le sonríe a Jane. ¿He mencionado eso antes? Cuando él la ve, sonríe sinceramente. Con todos los demás, solo hace una mueca. Si está de humor para ello.
—Me enteré de que estás herido, —dice Jane, poniéndose las manos en las caderas. Lleva puesta una bata blanca de doctor y tiene un estetoscopio alrededor del cuello, ambos son sólidos a la vista. El resto de ella es un poquito brumoso, a no ser que desee agarrar algo o abrazar a alguien en cuyo caso se vuelve completamente presente.
—Estoy bien —le responde.
—Está herido —decimos Butch y yo al mismo tiempo. V me mira con furia. Luego calma al poli pasándole la mano por la espalda.
¿Es una caricia sexual? Un tiempo atrás, antes que Jane llegara, hubiera dicho que si, que lo era. Porque así eran las cosas. Pero ahora que Jane ha entrado en la vida de V, esa caricia es para consolar.
—Reúnete conmigo en nuestro dormitorio cuando termines —le dice Jane a su hellren—. Voy a revisarte.
—Ahora, eso es a lo que yo me refería —responde V con una ronroneo ronco.
Sigo a Jane porque comienzo a sentirme un poco morbosa mirando fijamente a V y Butch juntos… (de paso, me gustaría aclarar que a Jane no le molesta para nada que los dos machos estén tan unidos y tampoco a Marissa. Lo que demuestra lo seguras son están esas dos hembras. Lo seguras y lo amadas).
—Así que Lugar Seguro realmente está saliendo adelante —dice Jane mientras entramos en el dormitorio bien provisto de libros que comparte con su macho. El lugar podría ser una biblioteca si no fuera por la cama tamaño extra grande que hay en el medio de la habitación y ambos están satisfechos de que sea de esa manera. Ambos son grandes lectores.
—Sip, eso he oído. —Levanto el libro que hay sobre la cómoda. Es un libro de texto de bioquímica. Para un nivel de doctorado. Podría ser de cualquiera de los dos—. ¿Cuántas hembras tienen en este momento?
—Nueve madres, quince niños.
Jane comienza a hablar y su entusiasmo y compromiso resultan obvios por lo animada que está. La dejo hablar, pero estoy escuchando solo a medias. Estoy pensando en la conversación que ambas tuvimos tres meses atrás, en junio.
Fue acerca de la muerte. La de ella. Le pregunté si estaba desilusionada por donde había terminado. Como un fantasma. Contestó con una sonrisa que tenía mucho, bueno de, ¿a ti qué te parece?, en ella y me dijo algo que no he sido capaz de sacarme de la mente desde ese entonces: ¿Cuarenta años como humana contra cuatrocientos años con él? Murmuró, sacudiendo la cabeza. Sip, tuve muchos problemas sacando esas cuentas. Verdad. Quiero decir, la tragedia me dio la vida con el hombre que amo. ¿Dónde está la desilusión?
Supongo que puedo entender sus razones. Sip, hay ciertas cosas que no tienen. Pero Jane ya estaba en los treinta cuando se conocieron. Lo que significa que hubiera sido afortunada de haber tenido otras dos o tres décadas con él antes de que el proceso de envejecimiento realmente le clavara los dientes. Y eso asumiendo que no contrajera cáncer o una enfermedad cardiaca o alguna otra cosa horrible que la matara o la lisiara. Además, ya había perdido a su hermana y a sus padres y joder… incontables pacientes en emergencias. Después de todas las muertes que presenció, pienso que es algo bueno que pase de eso de aquí en adelante. Y no tiene que preocuparse de que V baile con el Reaper. Puede entrar y salir del Fade. Siempre estarán juntos. Siempre.
Así que vivirá eternamente. Con el macho que ama. No es un mal trato.
Además… eh, por lo que se, el sexo todavía sigue siendo algo de otro mundo.
—Quítate la ropa —dice.
Me miro el atuendo negro que llevo puesto preguntándome si derramé algo sobre mi misma. Pero no, es Vishous. Ha terminado con Butch.
Me aparto de su camino cuando entra y sip, miro hacia abajo, al suelo cuando escucho el susurrar de ropa siendo quitada. V se ríe de forma gutural y huelo su esencia vinculante. Estoy dispuesta a apostar que al segundo que me haya ido van a…
Ejem… sip.
Genial, ahora me estoy ruborizando.
Jane maldice y oigo que se abre una caja. Echo un vistazo. Es un botiquín de primeros auxilios y después que termina de limpiar lo que parece una enorme cuchillada en el muslo de Vishous, toma una aguja, hilo negro de cirugía y una jeringa que pienso que contiene lidocaína.
Ok, voy a volver a bajar la mirada en esta parte. Me encanta mirar programas médicos en la TV, pero siempre tengo que evitar las escenas sangrientas… y como esto está ocurriendo justo enfrente de mí parece doce veces más vívido. O tal vez doce cientos de veces más real.
Siento que V sisea y que Jane murmura algo.
Mierda. Tengo que mirar. Levanto la vista. Las manos de Jane son muy sólidas y está cosiendo a su hombre con rápida precisión, como si lo hubiera hecho un millón de veces. Vishous la esta mirando fijamente, con una pequeña sonrisa tonta en el rostro…
—No es tonta —me interrumpe—. No tengo una pequeña sonrisa tonta en el rostro.
Es gracioso ahora que está con Jane, es mucho más suave. No es exactamente agradable conmigo, pero al menos ya no deseo llevar una armadura.
—Es un poquito tonta —dice Jane entre risas—. Pero quiero decir, seguro, es tonta de una forma muy Soy-un-guerrero-vampiro-como-lessers-para-el-almuerzo-todos-los-días. Eres un malote hecho y derecho. Nadie te va a confundir con un peso ligero.
—Muy inteligente de su parte —dice mientras extiende la mano brillante hacia el cabello de Jane. Es algo genial lo que pasa. En el instante que la luz de él toca cualquier parte del cuerpo de ella, se convierte en sólida y cuanto más tiempo la toque, tanto más grande se hace el área. Sí, se están mimando en el sofá, y sí, él se hace mimos con ella, se pone totalmente sólida y después se queda de esa forma por un tiempo. La energía de él hace que su forma se manifieste.
Lo que es especialmente romántico.
Desde el pasillo, siento que se abre y se cierra una puerta y pasos que se acercan a nosotros. Se que es Marissa porque puedo sentir el aroma a océano… y porque siento a Butch comenzar a gruñir dándole una bienvenida bastante erótica. Marissa se detiene y asoma la cabeza dentro de la habitación de V y Jane. Se ha cortado el cabello así que solo le llega a los omóplatos y viste un traje Chanel muy bonito que desearía que estuviera en mi armario.
Los cuatro hablamos un ratito, pero luego Butch se pone impaciente y grita llamando a su hembra así que Marissa sonríe y se va. Cuando se da la vuelta ya se está quitando la chaqueta. Probablemente porque sabe que no va a tener la ropa puesta por mucho más tiempo.
—Ya está —dice Jane mientras corta el hilo—. Todo arreglado.
—Tengo algo más que necesita atención, ¿verdad?
—Oh, ¿en serio? ¿Eso sería el rasguño que tienes en el hombro?
—Nop.
Cuando V le toma la mano, me aclaro la garganta y me dirijo a la puerta.
—Me alegro de que todo el mundo este bien. Tal vez podamos fijar otra fecha para la entrevista. Sip… um, cuídense. Los veo después. Que tengan un buen…
Estoy diciendo todas estas cosas porque me siento torpe. Como la intrusa que soy. Jane me contesta alguna palabra agradable mientras V comienza a tirar de ella para acercarla. Cierro la puerta.
Camino por el vestíbulo y le echo una última mirada a la sala del Pit. El cambio es bueno, pienso. Y no solo porque en este caso, se ve menos de fraternidad y más de hogar en este lugar. Me gusta que ocurran cambios porque esos dos tipos están establecidos y felices y sus vidas son mejores a causa de con quien terminaron unidos. Y Butch y Vishous todavía están juntos.
Salgo a la noche de setiembre y tengo que abrazarme a mi misma. Hace frío en Caldwell; Me había olvidado que en la parte norte del estado de Nueva York comienza a hacer frío muy temprano. Me encuentro a mi misma deseando que mi coche alquilado tenga asientos calefactados.
Estoy entrando en el coche cuando la puerta de la mansión se abre y Fritz sale apresuradamente. Es como Tattoo, el de la Isla Fantástica, sosteniendo mi bolso en alto mientras corre gritando a través de la oscuridad,
—¡Su bolso! ¡Su bolso!
Salgo del sedán.
—Gracias Fritz, me habría olvidado.
El doggen me hace una reverencia y dice con un tono acongojado.
—Lo siento. Lo siento tanto. No pude sacar la mancha de tinta.
Tomo mi bolso y miro la correa. Sip, la pequeña raya azul todavía está allí.
—Está bien, Fritz. Realmente aprecio que lo intentara. Gracias. Muchas gracias.
Después de un rato tratando de calmarlo, y declinando la oferta de una canasta de picnic con comida, vuelve a la casa. Cuando escucho que la puerta se cierra de un golpe, miro fijamente el defecto de mi bolso.
Desde el momento en que noté la raya de tinta, quise comprarme un nuevo bolso. Absolutamente. Como que me gustan las cosas perfectas y me sentía tan frustrada por haber arruinado mi propio bolso… su imperfección lo desmerecía a mis ojos.
 Ahora examine la cosa a la luz de la luna, mirando todas sus pequeñas abolladuras y fallas. Hombre… ha estado conmigo por casi dos años. Lo llevé a la ciudad de Nueva York cuando fui a reunirme con mis editores y mi agente. Cuando fui de vacaciones a Florida a ver a mis dos mejores amigas. Ha estado en firmas de libros en Atlanta, Chicago y Dallas. Ha guardado mis dos teléfonos móviles: el que uso para mis amigos en los Estados Unidos y el que uso para mis amigos extranjeros. He puesto en él recibos de peajes y de depósitos bancarios y facturas de cenas con mi marido y películas con mi madre y mi suegra. Ha contenido fotografías de gente que amo y monedas que no quería y tarjetas de negocios de tipos con los que necesitaba mantenerme en contacto. Ha estado encerrado en mi coche durante mis caminatas con mi mentor y durante rápidos viajes a las tiendas para comprar botellas de agua y…
Sonrío un poco y tiro la cosa en el asiento delantero del Toyota Prius que alquilé en Enterprise. Me meto y cierro la puerta y agarro la llave que deje en el contacto.
Un golpe en el parabrisas del Prius me asusta como la mierda y casi me disloco el cuello para girar en dirección al sonido. Es Vishous con una toalla alrededor de las caderas y un vendaje en el hombro. Apunta hacia abajo como si quisiera que hiciera desaparecer la ventana.
Lo hago. Una fría brisa entra y espero que solo sea la noche y no él.
V se pone en cuclillas y pone los enormes antebrazos en un lado del auto. No está mirándome mucho a los ojos. Lo que me da la oportunidad de estudiar los tatuajes que tiene en las sienes.
—Ella te hizo salir aquí afuera, ¿no es verdad? —le digo—. Para que te disculparas por ser un idiota.
Su silencio significa un sí.
Paso la mano por el contorno del volante deslizándola hacia arriba.
—Está bien que tú y yo no nos llevemos bien. Quiero decir… ya sabes. No deberías sentirte mal.
—No lo hago. —Hubo una pausa—. Al menos no habitualmente.
Lo que significa que realmente se siente mal.
Joder. Ahora no sé que decir.
Sip, esto es embarazoso. Muy embarazoso. Y francamente, me siento sorprendida que permanezca ahí afuera conmigo y el coche. Esperaba que él se fuera de regreso al Pit con las dos personas con las que se siente cómodo. Saben, V no se relaciona. Es un pensador, no un sentimental.
 Mientras pasa el tiempo, como que decido que su presencia conmigo ahora prueba que, sip, a su manera, realmente le importa que la situación haya estado tirante entre nosotros dos. Y que quiere enmendarlo. Y yo también.
—Lindo bolso —dice, señalando con la cabeza mi cartera.
Me aclaro la garganta.
—Tiene una mancha de tinta.
—En realidad la mancha no se ve.
—No obstante, yo se que está allí.
—Entonces debes dejar de pensar tanto. Realmente es un lindo bolso.
V golpea el puño contra el panel del auto, como una especie de gesto de despedida, y se pone de pie.
Lo veo dirigirse al Pit. Atravesándole los hombros, grabadas en su piel en la Antigua Lengua, se ven las letras: J, A, N, E.
Miro mi bolso y pienso en todo lo que ha contenido y en todos los lugares en que ha estado. Y empiezo a verlo por lo que hace por mi, en vez de por sus carencias debido a su imperfección.
Enciendo el auto y le doy la vuelta, teniendo cuidado de no pegarle al GTO púrpura de Rhage o al enorme Escalade negro o al Sleek 650i de Phury ni al Carrera S4 de Zsadist. Mientras dejo el patio del complejo, meto la mano en el bolso, saco mi móvil y llamo a casa. Mi marido no contesta porque está dormido. El perro no contesta porque no tiene un pulgar situado en oposición al resto de los dedos así que practicar el agarre con la mano es un poco difícil para él.
—Hola Boat, no conseguí la entrevista, pero igualmente conseguí algo sobre lo que escribir. Estoy eléctrica así que simplemente voy a conducir hasta que llegue al otro lado de Manhattan. Probablemente termine llegando a Pensilvana a mediodía. Llámame cuando te despiertes.
Le digo a mi esposo que lo amo y luego cuelgo. El teléfono vuelve a mi bolso. Me concentro en la carretera que tengo enfrente, pensando en los hermanos…
No hay nada nuevo en eso. Siempre estoy pensando en ellos. Comienzo a estresarme por Phury.
Por capricho, rezando para lograr que mi cabeza se calle, me inclino hacia delante y enciendo la radio. Comienzo a reír. Están pasando el Dream Weaver.
Poniendo la música lo más alto que el Prius lo puede soportar, prendo la calefacción a todo trapo, bajo la ventanilla y aprieto el acelerador hasta el fondo. El Prius hace lo que puede. No es un GTO, pero el efecto para mi es lo suficientemente bueno. De repente, estoy disfrutando de la noche, igual que hizo Mary cuando necesitó alejarse de si misma.
Corriendo a través de la noche, abrazando las curvas sobre la Ruta 22, soy un pájaro que vuela, vuela, vuela alejándose. Y espero que esta extensión entre Caldwell y la vida real dure para siempre.



[1] Técnica empleada con personas con obstrucción de las vías respiratorias debida a un cuerpo extraño que provoca asfixia; la obstrucción se soluciona mediante presiones abdominales; la persona que realiza la maniobra se sitúa de pie detrás de la víctima, le rodea la cintura con los brazos y le aplica compresiones rápidas en su abdomen en dirección craneal.
[2] Silly String: Juguete para niños. Una lata de aerosol que dispensa un hilo de producto que rápidamente se transforma en una tira de plástico flexible de colores brillantes.

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