viernes, 27 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/ESCENAS ELIMINADAS 2

Esto fue quitado de Amante Consagrado. Originalmente era donde Phury y Cormia se veían cuando él regresa de sus esfuerzos de rescate durante el saqueo de la clínica de Havers. No obstante, terminó siendo, el paseo por el pasillo de las estatuas, la ducha de él y ella alimentándose de él… todo lo cual contribuyó más que lo que hay abajo en términos de desarrollo de su relación. Este es el problema con lo que veo en mi mente: vi la escena de abajo… pero también vi todas las escenas que hay en el libro. Ajustar todo lo que ocurre y decidir qué es más esencial para la historia de forma de proteger el ritmo es siempre una cuestión de juicio.

Phury dejó que Fritz siguiera ordenando el estudio de Wrath. De todas formas el rey no estaba allí. Un hermano le pasaría el informe de lo que había sucedido a la cabeza de la Hermandad.
Cuando llegó a su habitación, Cormia estaba en el pasillo, con la mano en la garganta, como si le estuviera esperando. O quizá solo esperaba que ese fuera el caso.
—Su gracia —dijo con una reverencia.
Estaba demasiado cansado como para corregirle su formalidad.
—Hola.
Cuando entró en su habitación dejó la puerta abierta, porque no quería que en ningún momento ella sintiera que no podía hablar con él, sin importar cuan agotado estuviera. Imaginó que si tenía algo para decir, le seguiría, y sino se iría a su habitación.
Dio la vuelta y se sentó en la cama, estirándose para agarrar su encendedor de oro y un porro antes de que su peso se hubiera asentado sobre su culo. Lo encendió, pensando que después de una noche como esa no había manera en el infierno de que fuera a privarse del humo rojo. Este era precisamente el motivo por el cual lo necesitaba.
Mientras la primera calada entraba a sus pulmones, Cormia apareció en la puerta.
—¿Su gracia?
El miró al porro, concentrándose en el resplandor de la punta anaranjada. Era preferible, más seguro, mantener los ojos apartados de su delgado cuerpo envuelto en esa larga túnica fluida.
—¿Sí?
—Bella está bien. Lo dijo Jane. Pensé que querrías saberlo.
Ahora Phury le echó un vistazo por sobre el hombro.
—Gracias.
—Recé por ella.
Exhaló.
—¿Lo hiciste?
—Era correcto y apropiado hacerlo. Ella es... encantadora.
—Eres una persona muy bondadosa, Cormia. —Volvió a mirar fijamente al porro, pensando que esa noche estaba en carne viva. Absolutamente salvaje por dentro y el inhalar no estaba ayudando mucho—. Muy bondadosa.
Cuándo su estómago gruñó, ella murmuró:
—¿Puedo hacer algo para comer, su gracia?
Aunque su estómago volvió a gruñir, como si estuviera encantando ante la perspectiva, dijo:
—Estoy bien, pero gracias.
—Como desees. Duerme bien.
—Tu también. —Mientras la puerta se cerraba, llamó—: ¿Cormia?
—¿Sí?
—Gracias otra vez. Por rezar por Bella.
Ella hizo alguna clase de ruido evasivo y la puerta hizo clic al cerrarse.
Aunque necesitaba una ducha, subió las piernas al colchón y se recostó en las almohadas. Mientras fumaba, se fue calmando y gradualmente sus hombros se fueron aflojando, los músculos de los muslos se relajaron y las manos aflojaron las garras en las que se habían convertido.
Cerrando los ojos, se permitió vagar sin rumbo fijo y las imágenes se desarrollaron detrás de sus párpados, rápidamente al principio, ralentizándose después. Vio los cuerpos en la clínica, la lucha que se sucedió y la rápida evacuación. Luego estaba de regreso aquí buscando a Wrath...
Una imagen de Cormia inclinada sobre las rosas se entrometió en su cerebro.
Con una maldición enrolló otro porro, lo encendió y volvió a recostarse contra las almohadas.
Hombre, había estado tan hermosa bajo la luz que se reflejada en la terraza.
Y pensó en ella de pie en el pasillo un momento antes, con la túnica envolviéndose a su alrededor de tal manera que formaba una V entre sus senos.
En un ardiente instante de locura, fantaseó que en vez de dejarla salir de la habitación, la había tomado de la mano y la había atraído adentro. Se imaginó tirando suavemente de ella hacia su cama y tendiéndola en el lugar donde se encontraba ahora. Tendría el cabello desplegado sobre las almohadas como mechones de oro y la boca entreabierta como la había tenido en la sala de proyecciones cuando se había acercado a ella.
Por supuesto, habría tenido que tomar una ducha primero. Naturalmente. No había modo de que esperara que ella aguantara a un macho que no sólo había estado cargando cajas de vendas durante un par de horas, sino que también se había peleado a puñetazos con un lesser.
Bla, bla, bla… avance rápido a lo largo de la escena de él frotándose bajo el agua caliente.
Regresaría con su propia bata blanca y se sentaría en la cama a su lado. Para calmarla (bueno, para calmarlos a ambos) comenzaría por acariciarle el rostro, el cuello y el cabello. Y cuando inclinara la cabeza hacia atrás para darle acceso, pondría los labios sobre los de ella. En este punto, deslizaría las manos sobre las dos mitades de la bata hasta llegar a la cinta. La soltaría lentamente, tan lentamente que ella no sentiría timidez por el hecho de que iba a verle los senos, el estomago y su… todo.
Recorrería todo con su boca.
Eso era lo que sucedía en su fantasía. Por todas partes. Con los labios, con la lengua... cada centímetro de su cuerpo recibiría atención.
Las imágenes eran tan impresionantes que la mano de Phury tuvo que ir en busca del dolor que sentía entre sus propios muslos. Tenía la intención de acomodarse dentro de sus pantalones, pero una vez que hizo contacto ya no se trató de acomodarse... era la única cosa, aunque sea remotamente buena, que había sentido en mucho tiempo.
Antes de darse cuenta de lo que estaba haciendo, se colocó el porro entre los labios, se abrió la cremallera y se permitió envolver la palma de su mano alrededor de su miembro.
Las reglas de su celibato voluntario habían estipulado que esa clase de acción de bombeo no estaba permitida. Después de todo, carecía de sentido negarse el sexo y abrirle la puerta a la masturbación. Y la única vez en su vida que se había acariciado a si mismo había sido durante el estado de necesidad de Bella y eso se había tratado de una necesidad biológica, no de placer… era cuestión de aliviarse o volverse loco, y aquellos orgasmos habían sido tan huecos como el vacío cuarto de baño dónde los había experimentado.
Esto no se sentía hueco.
Se imaginó yendo al lugar dónde más deseaba estar… con la cabeza metida entre las piernas de Cormia... y su cuerpo se volvió loco, la piel se calentó hasta el punto en que podrías haber puesto una olla sobre sus abdominales y hervir agua. Y la mierda se volvió volcánica cuando imaginó que la lengua recorría el camino a través de su centro hacia su mismo núcleo dulce y húmedo.
Oh, Dios... se estaba acariciando. No había forma de negarlo. Y no iba a detenerse.
Phury se sacó el porro de los labios, lo aplastó en un cenicero y gimió, la cabeza cayendo hacia atrás mientras separaba las piernas. No quería pensar en lo que no debería hacer. Solo necesitaba un poco de alivio y felicidad, una pequeña fracción de alegría... solo este momento de excitación. Había visto a sus hermanos encontrar el amor y establecerse con firmes emparejamientos, y desde bastidores, les había deseado lo mejor… mientras sabía todo el tiempo que ese no sería su futuro. Y había estado bien durante un tiempo. Ahora, sin embargo, ya no se sentía bien.
El... deseaba cosas. Para él mismo.
La ansiedad comenzó a colarse dentro de su placer, como una mancha de tinta en una tela pálida.
Detuvo el estropicio centrando su mente en Cormia. Se vio tratándola con ternura y autoridad al mismo tiempo, tocando su cuerpo...
—Oh, sí... —gimió en la quietud de su dormitorio.
Robaría este momento para si mismo y le dijo a su sentimiento de culpabilidad que se lo merecía por todo el duro trabajo que había hecho.
Estaba solo. Nadie lo sabría jamás.

Cormia equilibró con cuidado el vaso de leche y el plato de pan y carne mientras levantaba una mano para golpear en la puerta del Primale. Deseaba haber hecho el «sándwich» mejor. Fritz le había enseñado cómo hacerlo, e indudablemente el suyo hubiera lucido menos desaliñado, pero había querido hacerlo rápido, y había querido hacerlo ella misma.
Poco antes de que los nudillos hicieran contacto con la madera, oyó un gemido, como si alguien estuviera herido. Y luego otro.
Preocupada por el bienestar del Primale, tomó al picaporte y entró en la habitación…
Cormia dejó caer el plato del bocadillo. Mientras la cosa rebotaba contra el suelo, miró fijamente hacia la cama mientras la puerta se cerraba por sí misma.
Phury estaba recostado contra las almohadas, con el espectacular cabello multicolor esparcido alrededor de su cabeza. Su camisa negra estaba subida hasta debajo de las costillas y sus pantalones estaban desabrochados y los había empujado hacia abajo hasta el comienzo de sus muslos dorados. Tenía una mano sobre su virilidad, su sexo era grueso y la ancha punta brillaba. Mientras se acariciaba dura y firmemente la longitud con una mano, tenía la otra más abajo sobre la potente bolsa de los testículos.
Otro gemido escapó de su rosada boca abierta; entonces se mordió el labio inferior y los colmillos perforaron la carne hinchada.
La mano empezó a moverse rápidamente, el aliento comenzó a salir más forzado aún y parecía estar al borde de algo tremendo. Observarlo era más que incorrecto, pero no podría haber dejado de hacerlo ni siquiera para salvarse a sí misma…
La nariz se le dilató, sus aletas se abrieron ampliamente como si hubiera captado un aroma. Con un gruñido se convulsionó, los músculos del estómago se tensaron en tropel, los muslos se marcaron. Mientras perlados chorros blancos comenzaron a salir de él, los brillantes ojos amarillos se abrieron y se centraron en ella. El verla a ella pareció herirle aún más incluso, ladró una maldición y sus caderas se impelieron hacia arriba. Salió más de esa crema satinada de él, y parecía que nunca acabaría, tenía el cuello estirado y las mejillas rojas y encendidas.
Salvo que no estaba sufriendo verdaderamente, pensó ella. Clavó los ojos en ella como si fuera el combustible de todo lo que le estaba ocurriendo y él no quisiera que terminara.
Esto era la culminación del acto sexual.
Su cuerpo se lo dijo. Porque cada vez que el Primale se agitaba, cada vez que gemía, cada vez que la palma de su mano se deslizaba sobre la punta de su sexo y se disparaba hacia a la base, se le encendían los senos y lo que estaba entre sus piernas se humedecía aún más.
Y luego se quedó quieto. Agotado. Saciado.
En el silencio que siguió sintió la humedad en la parte interna de sus muslos y observó lo que había desparramado sobre su estómago, mano y erección.
Qué glorioso enredo era el sexo, pensó, imaginándose cómo se sentiría tener lo que había sobre él dentro de ella.
Mientras su mente se agitaba, se dio cuenta de que el Primale la estaba mirando fijamente con expresión confundida, como si no estuviera seguro de si la había soñado o si estaba realmente en su habitación.
Avanzó, porque con lo que acaba de suceder, el aroma oscuro que saturaba la habitación y la forma en que su cuerpo estaba tendido era el único destino en que estaba interesada.
Cuando se acercó, la expresión de sus ojos cambió, como si cayera en la cuenta de que realmente estaba con él. La conmoción reemplazó la somnolienta satisfacción.
Puso el vaso de leche junto al cenicero y le miró el estómago, su mano avanzó por voluntad propia.
El siseó y luego cuando hizo contacto inspiró con fuerza. La sustancia que lo cubría era cálida.
—Esto no es sangre —murmuró.
Él sacudió la cabeza de un lado a otro en la almohada, con expresión de asombro, como si estuviera sorprendido por su audacia.
Ella levantó el dedo, dándose cuenta que lo que había salido de él era la fuente del aroma a especias oscuras que había en el aire… y fuera lo que fuera lo deseaba. Después de frotárselo sobre el labio inferior, pasó la lengua por lo que acababa de untarse.
—Cormia... —gimió él.
El sonido de su nombre cubrió la habitación de un retiro íntimo y acalorado que era tangible, y en ese momento suspendido y protegido en el tiempo, sólo se trataba de ellos dos juntos.
No había nada excepto sus cuerpos, una sencillez aturdidora dentro de la compleja estructura del modo en que se habían conocido y habían terminado emparejados.
—Dejemos nuestros roles atrás —dijo ella—. Y nuestras complicaciones.
La expresión de él se volvió tensa.
—No podemos.
—Sí, podemos.
—Cormia...
Ella dejó caer la túnica, y eso puso fin a la conversación.
Pero cuando se subió a la cama, él sacudió la cabeza y la detuvo.
—Fui a ver a la Directrix.
Cuando su nombre había salido de sus labios había creado un lugar especial, de igual forma ahora sus palabras cortaron la calidez y la embriagadora promesa que había en la habitación.
—Me hiciste a un lado, verdad.
Asintió lentamente.
—Quería decírtelo, pero luego sucedió lo de la clínica.
Cormia miró su sexo brillante y tuvo una reacción de lo más extraña. En vez de fracaso sintió... alivio. Porque él la deseaba aunque no era necesario que lo hiciera. Porque hacía que lo que ella quería que sucediera fuera mucho más honesto. Más tarde lidiaría con las ramificaciones emocionales, pero ahora sólo quería estar con él. Una hembra con un macho. Sexo con sexo. Sin tradiciones que pesaran en el acto ni le dieran otras implicaciones más trascendentales.
Puso una rodilla en el colchón, y Phury le agarró las muñecas, deteniéndola.
—¿Sabes lo que eso significa?
—Sí. —Subió la otra rodilla—. Suéltame.
—No tienes que hacer esto.
Miró con audacia la tensa longitud que estaba entre sus caderas y yacía, gruesa como su antebrazo sobre su vientre.
—Tampoco tú. Pero también lo deseas. Así que tomemos este momento. —Levantó la vista subiendo por su pecho hasta encontrar su mirada cauta y ardiente, y por un momento se entristeció—. Tendrás muchas otras. Yo sólo te tendré a ti. Así que dame esto ahora, antes de que... —El corazón se le rompiera una y otra vez— antes de que debas seguir tu camino.
El conflicto jugueteó en los ojos de Phury, y era un testamento de su honor. Pero ella sabía cual iba a ser el resultado. Y no se sorprendió cuando se rindió, y las manos dejaron de contenerla y tiraron de ella.
—Querido Dios —susurró él, incorporándose y tomándole el rostro entre las palmas—. Necesito un minuto, ¿ok? Acuéstate aquí. Volveré inmediatamente.
La tendió con manos suaves, luego dejó la cama y entró en el cuarto de baño. Se oyó la ducha y cuando regresó el cabello formaba húmedos rizos a lo largo de sus hombros y su pecho.
Se acercó a ella desnudo, un guerrero en la flor de la vida, su necesidad sexual sobresalía de su espectacular cuerpo.
Se detuvo junto a la cama.
—¿Estás segura?
—Sí. —Aunque le habían dicho que dolía, no iba a retroceder. No podía explicar de dónde le venía su resolución, pero iba a hacerlo a pesar de todo.
Le tendría ahora y al infierno con lo que viniera después.
Cormia extendió la mano y cuando puso la palma en la suya, le atrajo hacia su cuerpo.
Phury se permitió ser atraído a la cama hasta que estuvo tumbado junto al estupendo cuerpo desnudo de Cormia. Los huesos eran diminutos comparados a los suyos, su cuerpo parecía delicado al lado de sus músculos.
No podría soportar herirla. No podía esperar para entrar en ella.
Le temblaba la mano cuando le apartó un mechón de cabello rubio de la frente. Ella tenía razón, pensó: era preferible de esta manera para ambos. Esto era por elección. Las obligaciones del Primale eran un deber.
Esta sería su primera vez, y la de ella también.
—Cuidaré de ti —le dijo. Y no solo en lo que refería a esa noche.
Aunque... maldición, no tenía ni idea de cómo hacerle el amor a una hembra. El sexo era una cosa. Hacer el amor era enteramente diferente, y de repente deseó ser todo un experto. Deseó haber tenido decenas de amantes para estar seguro de que Cormia obtuviera lo máximo de él.
Dejó que su mano vagara por su cuello. Su piel era suave como el aire quieto, tan fina que no podía ver los poros.
Ella arqueó la espalda y emergieron las rosadas puntas de sus senos
El se relamió y se inclinó hacia su clavícula. Cerrando los ojos, se cernió encima de su cuerpo. En el mismo instante en que hizo contacto supo que no había vuelta atrás.
Ella hundió las manos en su cabello.
—No empezarás, su gracia.
Abrió los ojos y la miró.
—¿Podrías llamarme Phury?
Sonrió, un tímido florecimiento de felicidad.
—Phury...
Después de que dijera su nombre, puso los labios sobre su piel y aspiró su aroma. Le tembló todo el cuerpo, de tanto que la deseaba, e instintivamente empujó con las caderas hasta que su polla estuvo atrapada entre sus muslos y el de ella. Cuándo jadeó y se arqueó otra vez, cerró la boca sobre su pezón.
Las uñas de Cormia le recorrieron la cabellera, y mientras se amamantaba y tiraba de ella, soltó un gruñido. Cerró la mano sobre el otro pecho y torció las caderas para que su erección estuviera más fuertemente sujeta.
Oh, mierda, iba a...
Sí. Se corrió. Otra vez.
Gimiendo desenfrenadamente, intentó parar. Pero ella no deseaba que lo hiciera… en vez de echarse para atrás, se acercó más y se movió al ritmo de las oleadas de su orgasmo.
—Amo cuando haces eso —dijo con voz gutural.
El encontró su boca desesperado. Que a ella no pareciera importarle que fuera un perdedor que nunca había hecho esto antes y que hubiera eyaculado prematuramente sobre sus muslos significaba el mundo para él. No tenía que fingir ser fuerte. En este momento íntimo podía ser simplemente… él.
—Podría suceder otra vez —gimió contra sus labios.
—Bien. Deseo que lo hagas encima de todo mi cuerpo.
En ese momento gruñó con fuerza, su instinto de marcarla aguijoneando su atención. Sí, pensó. Iba a hacerlo por todo su cuerpo. Y dentro de ella también.
Le recorrió el cuerpo hacia abajo con la mano hasta llegar a sus piernas, luego la dobló para poder subir por los largos y delgados músculos hasta su centro. La palma esparció lo que él había dejado sobre ella y aspiró su propia esencia al mismo tiempo que encontraba su sexo.
Que estaba cubierto de miel, más mojada que si se hubiera bañado.
Cormia gritó y abrió las piernas.
Antes de darse cuenta de adónde se dirigía buscó su mismo centro con la boca. No importaba que no tuviera ninguna técnica por la que guiarse. Necesitaba saborearla y eso sólo iba a suceder si sus labios se encontraban con los de ella...
—Oh... hembra dulce —dijo en su hendidura. Era consciente de que le estaba clavando los dedos en los muslos y que la estaba sosteniendo completamente abierta, pero no podía detenerse.
A ella no parecía importarle en lo más mínimo. Tenía las manos enredadas en su cabello y lo apretaban contra ella mientras avanzaba con la lengua más y más profundamente todavía. Frotó el rostro haciendo un círculo, luego comenzó a chupar y tragar. Estaba sediento y se alimentó de su sexo y liberó la corriente sexual que había entre ellos, se dejó llevar…
Acababa de empezar a correrse cuando sonó el teléfono… y era obvio que debía permanecer exactamente donde estaba. Se dio cuenta que estaba cayendo por el precipicio de la liberación por la manera en que se tensó y levantó la cabeza para poder mirarlo a los ojos. Estaba nerviosa, excitada, preocupada.
—Confía en mí —le dijo. Luego puso la lengua en punta, le levantó las caderas y la penetró con ella.
Ella gritó su nombre mientras tenía un orgasmo.
Y en ese momento alguien llamó a la puerta.

 La siguiente fue quitada de Amante Consagrado porque todo el mundo pensó que ¡necesitaba ser descartada! Mi editora, mi ayudante de investigación, y mi CC todos dijeron:, «No lo necesitas»... Y me rendí porque comprendí su lo que querían decir. El libro de Phury terminó de forma poderosa y añadir algo que ocurre años después difuminaba el final. Así que aquí está el epílogo que nunca publiqué:

Cinco años después...

—¡La tengo! —Phury le gritó a Bella mientras levantaba a su sobrina en brazos. Nalla rió y enterró la carita en su cabello, lo cual adoraba hacer, agarrándose fuertemente.
Bella llegó corriendo por la esquina de la biblioteca de la Hermandad y luego se detuvo en seco, su vestido plateado asentándose con un encantador remolino alrededor de sus piernas. Los diamantes que tenía alrededor del cuello chispearon como fuego, al igual que los que tenía en las muñecas y las orejas.
—Oh, gracias a Dios —dijo—. Juro que es tan rápida como su padre.
—Estas espectacular —dijo Cormia detrás de él.
—Gracias. —Bella dio una vueltecita con el vestido—. Este no es mi estilo habitual, pero…
—Apenas te hace justicia —dijo Zsadist entrando en la biblioteca, pareciendo una versión despiadada de Cary Grant. La chaqueta del esmoquin se ajustaba a cada compacta línea de su cuerpo y ocultaba en su mayor parte la SIG que llevaba bajo el brazo.
Se hizo el severo mientras sacudía el dedo ante su hija.
—Ahora, ¿vas a ser buena con tu tío y tu aumahne?
Nalla asintió gravemente, como si acabara de acceder a asumir el liderazgo de los EEUU.
—Sí, papi.
La sonrisa de Z prácticamente iluminó la galaxia.
—Esa es mi chica.
Nalla sonrió y extendió los brazos.
—Besos, papi.
Z la tomó para darle un abrazo y luego extendió los brazos hacia su madre.
—Ok —dijo Zsadist, poniéndose serio mientras le pasaba la niña a su shellan—. Estaremos en el Met[1] hasta las once. Luego cenaremos en casa de Wrath. Tengo el buscapersonas, el móvil, la Blackberry…
Phury le dio una palmada en el hombro a su gemelo.
—Respira hondo, hermano. Profundamente.
Zsadist lo hizo lo mejor que pudo.
—Bien. Quiero decir, se que estarás bien con ella. Quiero decir, estarás bien… todos van a estar perfectamente bien…
Phury miró su reloj.
—Y tú vas a llegar tarde. Tendrás suerte si llegas para el comienzo del intermezzo.
—Estoy tan emocionada —dijo Bella, poniendo a Nalla nuevamente en brazos de Phury—. Cavalleria Rusticana[2] de Mascagni. Será fantástico.
—Asumiendo que puedas conseguir que el padre de tu hija salga de casa. —Phury dio a su gemelo una pequeña sacudida—. Vete. Sal con tu shellan. Es vuestro aniversario, por amor de Dios.
Dejaron la biblioteca unos veinte minutos más tarde. Quizá veinticinco.
Phury sacudió la cabeza.
—Tiene serios problemas con las separaciones, ése.
—Oh, y ¿tú eres mejor?
Phury se dio la vuelta. Cormia estaba en el sofá sosteniendo en brazos a su hijo Ahgony (o Aggie, como le decían) dormido. El gordo puñito del niño aferraba el pulgar de su madre, como era su costumbre, aún cuando se apagaba como una luz.
—Me corresponde ese comentario.
—¿Un cuento, tío? —dijo Nalla—. ¿Por favor?
—Por supuesto, ¿cuál te gustaría? —Aunque lo sabía.
Mientras se sentaba en el sofá al lado de Cormia, Nalla señaló el libro de fábulas que él había hecho para ella.
—El del guerrero.
—Bueno, eso es una novedad —dijo guiñándole un ojo a Cormia—. ¿Quieres decir el del guerrero y la doncella?
—No, tío. El oto.
—El del guerrero y el barco.
Nalla rió.
—¡No, tío!
Phury asintió con gran seriedad.
—Bien. El del guerrero y el juego de pinocle[3].
Nalla pareció confusa.
—¿Qué pino[4]?
Cormia rió, sus hermosos ojos verdes eran tan encantadores que Phury no podía apartar la vista. Por un momento, fue consciente una vez más del hecho de que su hijo tuviera los ojos de su madre, ese increíble matiz de hojas de primavera.
Cuando Nalla se retorció, Cormia dijo:
—Phury, no la atormentes.
Phury sentó a su sobrina en el regazo, besó a su shellan y acarició la suave mejilla de su hijo. Luego abrió el libro y comenzó a leer en la Antigua Lengua.
—Había una vez un guerrero de miembros fuertes y corazón valiente, que durante un día ventoso se rezagó en el bosque...
Aggie abrió los ojos y dejó escapar el sonido que hacen los niños cuando todo esta bien, esa especie de suspiro burbujeante. Phury lo conocía bien porque lo había oído muchas veces en boca de Nalla y últimamente de Aggie. Ese sonido era algo que hacían cuando sus tenían la panza llena, sus padres estaban con ellos y una voz que encontraban placentera al oído estaba embarcándose en una historia.
Cuando Phury perdió el ritmo de sus palabras, Cormia se estiró y le apretó la mano.
Ella siempre lo sabía, pensó. Siempre sabía… siempre sabía que estaba pensando en sus padres y su hermano, en el pasado y el futuro, en esperanzas, sueños y temores.
Sabía todo lo que tenía en la cabeza y en el corazón, y nada de ello la disgustaba. Sabía que le preocupaba mantenerse sobrio, aún después de todos estos años. Y sabía que estaba contento de que su hijo se pareciera a ella, porque lo tomaba como un signo de que cualquier lazo biológico con la adicción que portara no sería traspasado al niño. Y sabía que todavía luchaba con la sensación de que no hacía lo suficiente por todas las personas que tenía a su alrededor.
Sabía todo eso y le amaba de todos modos.
Le besó el interior de la muñeca y miró a la próxima generación. Esperaba que la vida solo tuviera cosas buenas reservadas para los niños, que la noche iluminada por la luna siempre fuera clara para ellos, que el viento siempre fuera apacible, y que el amor más profundo de sus corazones fuera correspondido por una pareja digna.
Pero sabía que no iba a ser fácil y que enfrentarían desafíos que ni siquiera podía empezar a imaginar.
Sin embargo, el punto era que: tenía fe en lo que veía en sus ojos. Porque provenían, por ambos lados, de supervivientes. Y eso, más que cualquier garantía de una vida fácil, iba a lograr que lo superaran todo.
Phury se aclaró la garganta.
Y siguió leyéndoles.

Así que éstos son solo unos pocos ejemplos de lo que he quitado. Notarás que no hay nada de Amante Oscuro, porque el manuscrito de Wrath fue ajustado desde el principio… sólo hubo una escena borrada que está posteada en mi sitio Web (www.jrward.com) No hay mucho de Amante Eterno, porque como dije, utilicé casi todo el material de Butch y Marissa en Amante Descubierto. Amante Liberado fue igualmente ajustado desde un principio.
 Hay una par de escenas más en viejos archivos. ¡Fue tan divertido releer éstas, que quizá algún día vuelva a repasar los archivos y vea que más puedo encontrar!



[1] MET: Metropolitan Opera House.
[2] Opera del compositor Pietro Mascagni estrenada en 1890 en Roma. Consta de un solo acto y dura 1hora 10 minutos. Está basado en un relato del novelista Giovanni Verga: la acción se desarrolla en Sicilia el día de Pascua, a finales del siglo XIX. Más información en wikipedia. El título alude al código de honor en un pueblo.
[3] Pinocle: Juego de cartas para cuatro jugadores que juegan en 2 parejas y se juega con dos barajas americanas. Se basa en realizar combinaciones de cartas como escaleras y series de cartas iguales. Gana el 1º que se queda sin cartas
[4] Juego de palabras porque Nalla no entiende lo de pinacle.

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