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jueves, 26 de mayo de 2011

GUIA DE LA HERMANDAD DE LA DAGA NEGRA/PADRE MIO CAPITULO 10 11

Capítulo 10

De regreso en la mansión de la Hermandad, Z se situó frente a una de las ventanas de la habitación que compartía con Bella, y miró hacia abajo, la terraza y los jardines traseros. Le ardía la muñeca dónde le habían aplicado el láser, pero el dolor no era muy intenso.
—No me sorprende para nada —dijo—. Bueno, aparte del hecho que me gustó el doctor.
Bella se acercó por detrás y le puso los brazos alrededor de la cintura.
—Es un buen tipo, ¿verdad?
Mientras permanecían juntos allí, había un sinfín de y-ahora-qué flotando en la habitación. Desafortunadamente no tenía respuestas. En cierto modo había contado con que las bandas serían eliminadas, como si eso de alguna manera pudiera arreglarlo todo.
Aunque no era como si no fuera a seguir teniendo las cicatrices en el rostro.
Desde la habitación de los niños Nalla soltó un balbuceo y luego un hipo. Seguido por un llanto.
—Acabo de alimentarla y cambiarla —dijo Bella apartándose—. No estoy segura qué pasa ahora...
—Déjame ir con ella —dijo con voz tensa—. Déjame ver si puedo...
Bella enarcó las cejas, pero luego asintió.
—Bien. Me quedaré aquí.
—No la dejaré caer. Lo prometo.
—Sé que no lo harás. Sólo asegúrate de que le sostienes la cabeza.
—De acuerdo. Entendido.
Cuando entró a la habitación de los niños, Z sintió como si estuviera entrando desarmado a un campo lleno de lessers.
Como si lo percibiera, Nalla soltó el aire con fuerza.
—Soy tu padre. Papi. Papá. —¿Cómo le llamaría ella?
Se acercó y bajó la mirada hacia su hija. Estaba vestida con un body de los Red Sox, sin duda regalo de V y/o Butch, y su labio inferior estaba temblando como si quisiera saltar de la punta de la barbilla pero tuviera miedo de la caída.
—¿Por qué lloras, pequeña? —dijo suavemente.
Cuando ella levantó los brazos hacia él, comprobó la puerta. Bella no estaba, y se alegró. No quería que nadie viera lo torpe que era cuando extendiera los brazos hacia la cuna y...
Nalla encajaba perfectamente entre sus manos, su culito en una de las palmas, la cabeza acunada en la otra. Cuando se enderezó y la alzó, vio que era sorprendentemente firme y cálida y...
Ella agarró el cuello alto de su jersey y tiró, exigiéndole cercanía... y complacerla parecía sorprendentemente fácil. Cuando la sujetó contra su pecho, se calmó inmediatamente y dándose la vuelta se ajustó contra su cuerpo.
Tenerla en brazos fue algo muy natural. Y también lo fue dirigirse hacia la mecedora, sentarse y utilizar uno de sus pies para hacerles ir adelante y atrás.
Mirando fijamente sus pestañas, sus regordetas y pequeñas mejillas y el agarre mortal que ejercía sobre su cuello, se dio cuenta cuánto le necesitaba... y no sólo para protegerla. También necesitaba que la amara.
—Parece que te las arreglas —dijo Bella quedamente desde la puerta.
Alzó la mirada.
—Parece que le gusto.
—¿Cómo podrías no gustarle?
Bajó la mirada hacia su hija y al cabo de un rato dijo:
—Hubiera sido genial que me los hubieran quitado. Los tatuajes. Pero de todas formas habría preguntado por mi rostro.
—Te va a querer de cualquier manera. Ya te quiere.
Pasó el dedo índice sobre el brazo de Nalla, acariciándola mientras ella se acurrucaba más cerca de su corazón y jugaba al patty-cake[1] en el dorso de su mano libre.
De repente, él dijo:
—No me has hablado mucho sobre tu secuestro.
—Yo... ah, no quise inquietarte.
—¿Te encuentras protegiéndome de cosas que podrían inquietarme mucho?
—No.
—¿Estás segura?
—Zsadist, si lo hago, es porque...
—No soy lo bastante macho si no puedo estar allí cuando me necesitas.
—Siempre estás allí para mí. Y hemos hablado algo de ello.
—Algo.
Dios, se sentía como una mierda por todo lo que ella había tenido que hacer sola, por culpa de su jaleo mental.
Y a pesar de todo su voz fue firme y segura cuando dijo:
—En lo que se refiere al secuestro, no quiero que conozcas cada pequeño detalle de lo que ocurrió. No porque no puedas encararlo, si no porque no quiero dar a ese bastardo más influencia sobre mi vida de la que ya tuvo. —Sacudió la cabeza—. No voy a darle el poder de inquietarte si puedo evitarlo. No va a ocurrir... y eso sería así hubieras pasado o no por algún tipo de experiencia traumática.
Z emitió un sonido para reconocer que había hablado, pero no estaba de acuerdo. Quería darle todo lo que necesitaba. Ere lo menos que se merecía. Y su pasado había tenido gran impacto sobre ellos. Todavía lo hacía. Jesús, la forma en que había tratado a Nalla había sido...
—¿Puedo decirte algo en confianza? —dijo ella.
—Por supuesto.
—Mary quiere un bebé.
Z levantó los ojos de golpe.
—¿Sí? Eso es genial...
—Uno biológico.
—Oh.
—Sip. Ella no puede tener uno propio, así que Rhage tendrá que acostarse con una Elegida.
Z negó con la cabeza.
—Nunca lo hará. No estará con nadie que no sea Mary.
—Eso es lo que ella dice. Pero si no lo hace, no podrá sostener un pedacito de él en sus brazos.
Sip, porque la FIV[2] no funciona con los vampiros
—Mierda.
—Todavía no ha hablado con Rhage del asunto porque primero está analizando sus propios sentimientos. Habla conmigo, así puede montar los picos y valles de sus emociones sin hacérselas pasar canutas a él. Algunos días desea tanto un niño, que piensa que podrá soportarlo. Otros días simplemente no puede tolerar la idea a ningún nivel y piensa en la adopción. Lo que quiero decir es que, no puedes resolver todas las cosas con tu pareja. Y no deberías. Tú estuviste allí para mí después. Estás ahí para mí ahora. Nunca me cuestiono eso. Pero eso no significa que tenga que arrastrarte al quid de la cuestión. La sanación es un asunto que consta de muchas facetas.
Intentó imaginarse a sí mismo contándole a Bella todos los pormenores del abuso al que le habían sometido... No... de ninguna forma querría romperle el corazón sobre la jodida pesadilla por la que había pasado.
—¿Has hablado con alguien? —preguntó.
—Sí, en lo de Havers. Y hablé con Mary. —Hubo una pausa—. Y regresé... al lugar dónde me habían retenido.
Volteó los ojos y taladró los de ella.
—¿Regresaste?
Ella asintió.
—Tuve que hacerlo.
—Nunca me lo dijiste. —Joder, ¿había regresado allí? ¿Sin él?
—Necesitaba ir. Por mí. Necesitaba ir sola y no quería discutir. Me aseguré que Wrath supiera cuando salía y cuando regresé le informé de inmediato.
—Maldición... me gustaría haberlo sabido. Me hace sentir como un hellren de mierda.
—Eres todo menos eso. Especialmente ahora que estas sosteniendo así a tu hija.
Hubo un largo silencio.
—Mira —dijo—, por si ayuda, nunca he sentido que no pudiera decirte algo. Nunca he dudado que lo soportarías y me apoyarías. Pero el hecho de que estemos emparejados no significa que yo no sea una persona independiente.
—Lo se... —se quedó pensativo durante un minuto—. No quise regresar a dónde yo... A ese castillo. Si no hubiera sido por el hecho de que ella encerró a otro macho en esa celda... nunca habría regresado.
Y ahora no podría. El lugar dónde había sido retenido en el Antiguo País hacía ya mucho tiempo que había sido vendido a humanos, finalmente había terminado siendo del National Trust de Inglaterra[3].
—¿Te sentiste mejor? —preguntó abruptamente—. ¿Después de que fuiste a ver dónde habías estado?
—Sí, porque Vishous había arrasado el lugar. El cierre fue mas completo de esa forma.
Z frotó distraídamente la redonda barriguita de Nalla mientras miraba fijamente a su shellan.
—Me pregunto por qué nunca hablamos de esto antes.
Bella sonrió y señaló a la niña con la cabeza.
—Hemos tenido otras cosas de las que ocuparnos.
—¿Puedo ser sincero? El cabeza de chorlito en mí necesita creer que si tú hubieras querido que fuera contigo a ese lugar, supieras que lo habría hecho de inmediato y habría permanecido firme para ti.
—Estoy segurísima de eso. Pero aún así quise ir sola. No puedo explicarlo... era algo que necesitaba hacer. Algo que tenía que ver con el valor.
Nalla miró en dirección de su madre, retorciéndose para alcanzarla y acompañando el movimiento con un pequeño balbuceo de demanda.
—Creo que quiere algo que sólo tú puedes darle —dijo Z con una sonrisa mientras se levantaba de la mecedora.
Él y Bella se encontraron en medio de la habitación. Mientras hacían el intercambio, besó a su shellan demorándose un momento, en el que ambos permanecieron abrazando a su hija.
—¿Voy a salir, ok? —dijo—. No tardaré.
—Ten cuidado.
—Lo prometo. Tengo que cuidar de mis chicas.

Zsadist se armó y se desmaterializó hacia el oeste de la ciudad, hacia una extensión de bosque muerto en la profundidad del área rural.
El claro desnudo estaba a unos quince metros por delante, al lado de un riachuelo, pero en lugar de ver una extensión vacía entre los pinos, se imaginó una construcción de una habitación con un contrachapado exterior y un tejado de zinc.
Lo que estaba en su mente era tan claro como los árboles que tenía a su alrededor y las estrellas del cielo nocturno que había sobre él. La instalación había sido construida por la Sociedad Lessening rápidamente y con vistas a ser temporal. Lo que se había hecho dentro, sin embargo, habían sido cosas permanentes.
Caminó por el claro, las ramitas del suelo del bosque se quebraban bajo sus botas, recordándole a un tranquilo fuego ardiendo en la chimenea.
Sus pensamientos eran cualquier cosa salvo calmados y hogareños.
Después que traspasabas la puerta de la casa, había habido un compartimiento para la ducha y un cubículo prefabricado con un inodoro. Durante seis semanas Bella se había lavado en el cubículo de metro veinte por metro veinte, y él sabía que no había estado sola. Ese lesser bastardo la había observado. Probablemente la había ayudado.
Mierda, la idea de que eso hubiera ocurrido le hacía querer perseguir al cabrón una vez más. Pero Bella se había encargado de la muerte del asesino, ¿no? Había sido ella la que le había disparado en la cabeza mientras el bastardo estaba de pie frente a ella, cautivado por su amor enfermizo...
Joder.
Apartando esos pensamientos, Z imaginó que estaba una vez más en la habitación principal de la casa. A la izquierda había habido una pared con estanterías donde había herramientas de tortura, dispuestas sobre endebles estantes de madera sostenidos por rudimentarios soportes. Cinceles, cuchillos, serruchos... podía recordar lo brillantes que habían sido.
Allí también había habido un armario a prueba de fuego, al que él le había arrancado las puertas.
Y una mesa para autopsias de acero inoxidable con sangre fresca en ella.
La cual había arrojado hacia la esquina como si fuera basura.
Podía recordar perfectamente como había irrumpido en la instalación. Había estado buscando a Bella durante semanas después de que ese lesser hubiera irrumpido en su casa para llevársela. Todo el mundo pensaba que estaba muerta, pero él rehusaba creerlo. Se había sentido torturado por la necesidad de liberarla... una necesidad que entonces no entendía pero no podía negar.
La fuga había surgido cuando un vampiro civil había escapado de ese «centro de persuasión», como la Sociedad Lessening los llamaba, y había trazado su localización al desmaterializarse desde el claro hasta unos noventa metros dentro del bosque. A partir del mapa que había dibujado para la Hermandad, Z había llegado hasta aquí buscando a su hembra.
La primera cosa que había encontrado había sido un círculo de tierra chamuscado frente a la puerta, y pensó que había sido Bella, que la habían dejado al sol. Se había arrodillado y puesto su mano en el círculo de cenizas, y cuando su vista se había vuelto borrosa no había sabido por qué.
Lágrimas. Había lágrimas en sus ojos. Y había pasado tanto tiempo desde que había llorado, que no había reconocido lo que eran.
Volviendo al presente, Z se preparó y dio un paso al frente, sus botas pasaron sobre la corta y escasa hierba. Normalmente, después de que Vishous usaba su mano en un lugar, no quedaba nada excepto ceniza y pequeños restos de metal, y eso había ocurrido allí. Con la maleza del bosque ya arraigando, pronto el claro estaría cubierto otra vez.
Sin embargo, las tres tuberías que estaban instaladas en el suelo habían sobrevivido. Y continuarían existiendo sin importar cuantos retoños de pinos brotaran.
Arrodillándose, Z sacó su Maglite y dirigió el rayo de luz hacia el hoyo en el que había estado Bella. Estaba parcialmente lleno por agujas de pino y agua.
Había sido diciembre cuando la encontró en la tierra, y sólo podía imaginar el frío que la había rodeado allí abajo... el frío y la oscuridad y el ceñido apretón del indoblegable metal.
Casi había pasado por alto esas cárceles excavadas en la tierra. Después de haber lanzado la mesa de autopsias a través de la habitación, había oído un quejido, y eso fue lo que le había atraído hasta allí, a esas tres tuberías. Mientras lanzaba la cubierta de malla de la que venía el sonido, supo que la había encontrado.
Pero no había sido así. Cuando tiró de las cuerdas que se metían dentro del hoyo, apareció un macho civil, un macho que estaba temblando como un niño.
Bella había estado inconsciente dentro de otro hoyo.
Z recibió un disparo en la pierna mientras trataba de liberarla, gracias a un sistema de seguridad que Rhage había desactivado sólo parcialmente. No obstante, incluso mientras la bala desgarraba su pierna, no había sentido nada cuando se inclinaba, agarraba las cuerdas y tiraba lentamente. Lo primero que vio fue el cabello color caoba de su amor, y el alivio aturdidor había sido como quedar cubierto por una nube cálida. Pero luego su rostro se había vuelto visible.
Le habían cosido los ojos cerrados.
Z se levantó, el cuerpo asqueado por ese recuerdo, el estómago revuelto, formándosele un nudo en la garganta. Luego la había cuidado. La había bañado. Le había dejado alimentarse de él a pesar de que el hecho de darle la mierda corrupta que había en sus venas le había llevado al borde de la histeria.
Y también la había servido en su necesidad. Siendo así cómo Nalla había sido concebida.
¿A cambio? Bella le había devuelto el mundo.
Zsadist echo un último vistazo a su alrededor, no viendo el paisaje si no la verdad. Bella podía ser más pequeña que él y podía pesar cuarenta y cinco kilos menos y podía no estar entrenada en las artes marciales y podía no saber cómo disparar... pero era más fuerte que él.
Había conseguido superar lo que le habían hecho.
Podía el pasado ser así, se preguntó, paseando la vista por el claro vacío. ¿Una estructura en tu mente que podías incendiar y de esa forma conseguir la liberación?
Movió el pie de un lado a otro sobre el suelo del bosque. Los hierbajos que habían crecido a través de la corteza de la tierra eran como pelillos verdes, y estaban concentrados en la zona que obtenía más luz del sol.
De las cenizas surgía nueva vida.
Z sacó el teléfono y redactó un texto que nunca pensó que escribiría.
Le llevó cuatro intentos el hacerlo bien. Y cuando pulsó el enviar, supo que de alguna manera cambiaría el curso de su vida.
Y tú podías hacer eso, ¿verdad?, pensó mientras guardaba el RAZR en el bolsillo. Tú podías elegir unos caminos en lugar de otros. No siempre, por supuesto. Había veces en que el destino directamente te conducía hacia un lugar y dejaba caer tu culo allí y eso era todo.
Pero había ocasiones en las que eras capaz de escoger la dirección. Y si tuvieras medio cerebro, sin importar lo difícil que fuera o cuan extraño lo sintieras, entrarías en la casa.
Y te encontrarías a ti mismo.

Capítulo 11

Una hora después Zsadist estaba en la bodega de la mansión de la Hermandad, sentado frente la vieja caldera de carbón en el sótano. La maldita cosa era una reliquia de 1900, pero funcionaba tan bien que no había razón para modernizarla.
Además, se requería esfuerzo para mantener el carbón ardiendo, y los doggen adoraban las responsabilidades rutinarias. Cuantas más tareas, mejor.
La enorme barriga de hierro de la caldera tenía una pequeña ventana al frente, una hecha de vidrio templado de varias pulgadas de espesor, y al otro lado las llamas se movían perezosas y calidas.
—¿Zsadist?
Se restregó el rostro y no se dio la vuelta ante el sonido familiar de la voz de la hembra. A cierto nivel no podía creer lo que estaba apunto de hacer, y el impulso de salir disparado lo estaba destrozando.
Se aclaró la garganta.
—Hola.
—Hola. —Hubo una pausa, y luego Mary dijo: —¿Es para mí esa silla vacía a tu lado?
Ahora sí se volvió. Mary permanecía al pie de las escaleras del sótano, vestida como de costumbre, con pantalones caquis y un polo. En la muñeca izquierda llevaba un enorme Rolex de oro, y pequeñas perlas en cada uno de sus lóbulos.
—Sip —dijo él—. Sí, lo es... gracias por venir.
Mary se acercó, sus mocasines hicieron un suave sonido sobre el suelo de hormigón. Cuando se sentó en la silla de jardín, la acomodó de forma de quedar frente a él y no frente a la caldera.
Él se frotó la cabeza rapada.
Mientras el silenció serpenteaba por los alrededores, les llegó una corriente del otro lado de la habitación... en el piso de arriba alguien encendió el lavaplatos... y el teléfono sonó en la parte posterior de la cocina.
Finalmente, porque se sentía como un tonto al no decir nada, sostuvo en alto una de sus muñecas.
—Necesito practicar que le voy a decir a Nalla cuando pregunte sobre esto. Yo simplemente… necesito tener algo preparado para decirle. Algo que… sea adecuado, ¿sabes?
Mary asintió lentamente.
—Sí, lo se.
Se volvió a girar hacia la caldera y recordó que allí había quemado el cráneo del Ama. De repente se dio cuenta que eso era el equivalente a las cenizas en que V había convertido la casa en la que Bella había sido lastimada. No puedes quemar un castillo... pero no obstante había habido algún tipo de purificación mediante el fuego.
Lo que no había hecho era la otra mitad de la curación.
Tras un momento Mary dijo:
—¿Zsadist?
—¿Sip?
—¿Qué son esas marcas?
Frunció el ceño y rápidamente volvió la mirada hacia ella, pensando, ¿como si no supiese? Pero entonces... bien, ella había sido humana. Quizás no lo sabía.
—Son bandas de esclavo. Yo fui... un esclavo.
—¿Dolió cuando te las pusieron?
—Sí.
—¿Lo hizo la misma persona que cortó tu rostro?
—No, el hellren de mi Ama lo hizo. Mi Ama... ella me puso las bandas. Él fue el que me cortó el rostro
—¿Cuánto tiempo fuiste un esclavo?
—Cien años.
—¿Cómo te liberaste?
—Phury. Phury me sacó. De esa forma perdió la pierna.
—¿Fuiste herido mientras eras un esclavo?
Z tragó con fuerza.
—Sí.
—¿Todavía piensas en ello?
—Sí. —Bajó la mirada hacia sus manos, que de repente le dolían por alguna razón. Ah, seguro. Había formado dos puños y los estaba apretando con tanta fuerza que sus dedos estaban a punto de quebrarse a la altura de los nudillos.
—¿Todavía hay esclavitud?
—No. Wrath la prohibió. Como regalo de bodas para mí y para Bella.
—¿Qué tipo de esclavo eras?
Zsadist cerró los ojos. Ah, sí, la pregunta que no quería responder.
Por un momento fue todo lo que pudo hacer para obligarse a permanecer en la silla. Pero luego, con una voz falsamente desapasionada, dijo:
—Era un esclavo de sangre. Fui usado por una hembra por la sangre.
El silencio que se hizo después de que habló lo taladró, era un peso tangible.
—¿Zsadist? ¿Puedo poner mi mano en tu espalda?
Su cabeza hizo algo que evidentemente fue un gesto de asentimiento, porque la suave palma de Mary descendió suavemente por su omoplato. La movió trazando un lento y tranquilo círculo.
—Esas son las respuestas correctas —le dijo—. Todas ellas.
Cuando el fuego en la ventana de la caldera se volvió borroso, tuvo que parpadear rápidamente.
 —¿Tú crees? —dijo con voz ronca.
—No. Lo sé.



[1] Patty-cake : Juego infantil en el que se va escribiendo una letra en la palma de la mano al mismo tiempo que se canta.
[2] FIV: Fecundación In Vitro.
[3] National Trust de Inglaterra: Asociación que se dedica a la caridad. Es totalmente independiente del Gobierno y se mantiene con donaciones y los ingresos que le aportan sus negocios. Parte de sus actividades incluyen mantener y abrir al público mansiones históricas y jardines por las que cobran entrada.