jueves, 14 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 16 17 18

Capítulo 16

En lo alto, por encima del caos de Caldwell, en la silenciosa biblioteca de mármol de las Elegidas, Tohr tenía un grito en la cabeza que era tan fuerte que le sorprendía que No'One no se tapara los oídos del estruendo.
Estiró la mano.
—Dame eso.
Tomando el volumen, obligó a sus ojos a concentrarse en las letras en la Antigua Lengua que habían sido tan cuidadosamente escritas.
Wellesandra, emparejada con el Hermano de la Daga Negra Tohrment, hijo de Hharm, hija de sangre de Relix, pasó desde la tierra esta noche, llevando con ella a su bebe no nacido, un hijo de unas cuarenta semanas.
Leyendo el breve pasaje sentía como si todo el evento hubiera ocurrido hacía apenas un momento, su cuerpo sumergido en ese viejo y familiar río de pena.
Tuvo que repasar los símbolos un par de veces antes de poder concentrarse no sólo en lo que estaba allí, sino en lo que no.
Ninguna mención al Fade.
Escudriñó los otros párrafos, buscó las anotaciones de otros pasos. Había varias…
Pasó de la tierra al Fade. Pasó de la tierra al Fade. Pasó de la… volvió la página… la tierra al Fade.
—Oh, Dios...
 Cuando un ruido chirriante resonó, no levantó los ojos. Pero abruptamente No'One empezó a tirar de su brazo.
—Siéntate, por favor, siéntate. —Tiró con más fuerza—. Por favor.
Él se dejó llevar al taburete que ella había arrastrado para atrapar su peso.
—¿Hay alguna posibilidad —dijo con una voz gutural—, de que simplemente se hayan olvidado de ponerlo?

No hubo necesidad de que No'One, o cualquier otra persona, respondiera a esa pregunta. Las Elegidas recluidas habían tenido un trabajo sagrado, algo que no estropeaban. Y esa clase de "oops" sería uno grande.
 La voz de Lassiter llegó desde su puerta interior: Por eso he venido… estoy aquí para ayudarte, para ayudarla a ella.
 —Tengo que volver a la mansión —murmuró.
El siguiente movimiento fue ponerse de pie, pero no salió bien. Entre una repentina debilidad en su cuerpo y el jodido pie, se estrelló contra una de las pilas, el contorno de su hombro provocó una ola en los libros cuyos lomos estaban tan cuidadosamente arreglados. Yyyyyyyyyyyyyy luego fue un caso de suelo inclinándose en dirección contraria y lanzándolo por el aire.
Algo pequeño y suave se puso en el camino de su caída...
Era un cuerpo. Un diminuto cuerpo femenino con caderas y pechos que de pronto quedaron impresos en él de manera sorprendente, incluso en el descontrol.
Al instante, la visión de No'One en esa piscina, su cuerpo desnudo reluciente y húmedo, explotó como una mina terrestre en su cerebro, la detonación fue tan grande que afectó a todo lo que le había estado conduciendo.
Todo sucedió muy rápido: el contacto, el recuerdo… y la excitación.
Por debajo de la bragueta de sus pantalones de cuero, su pene empujó en toda su longitud. Sin disculpa.
—Deja que te ayude a volver a la silla —la oyó decir desde una gran distancia.
—No me toques. —La empujó. Se alejó a trompicones—. No te me acerques. Estoy… perdiendo…
Forcejeo fuera de los montones, no podía respirar, no podía… soportarse... a sí mismo....
 Tan pronto como estuvo libre de la biblioteca, corrió fuera del Santuario, devolviendo su cuerpo desleal a su dormitorio de la mansión.
Todavía estaba erecto cuando llegó allí.
Mierda.
Bajando la mirada al botón de la bragueta, trató de encontrar otra explicación. Tal vez tenía un coágulo. Un coágulo en la polla… o tal vez... mierda...
No había manera de que pudiera sentirse atraído por otra hembra.
Era un macho emparejado, maldita sea.
—Lassiter —miró alrededor—. ¡Lassiter!
¿Dónde coño estaba ese ángel?
—¡Lassiter! —bramó.
Cuando no hubo respuesta, ni explosión a través de la puerta, estuvo atascado solo… con su erección.
La rabia le hizo cerrar la mano en un puño.
Con un giro despiadado, se golpeó donde contaba, clavándose en los cojones
—¡Joder!
 Era como ser golpeado con una bola de demolición y su rascacielos se derrumbó, el dolor lo hizo doblarse tan rápido que se comió la alfombra.
Mientras sufría arcadas y trataba de ponerse de rodillas, al mismo tiempo que se preguntaba si no se había provocado algún daño interno serio, una voz seca se filtró entre todos los auch-auch-auch.
—Mierda, eso debe doler. —La cara del ángel entró en su línea de visión acuosa—. En el lado positivo, es probable que puedas cantar la parte de Alvin en un CD de Navidad.
—Qué... —Era difícil hablar. Pero luego fue difícil respirar. Y cada vez que tosía, se preguntaba si sus pelotas se le habían subido hasta la garganta—. Cuéntame... En Between
—¿Quieres esperar hasta que no estés hipóxico?
Tohr estiró una mano y agarró el bíceps del ángel.
—Cuéntame, hijo de puta.
Era una verdad universal entre los hombres que cada vez que veías que un tipo recibía en los huevos, experimentabas una inyección de dolor fantasma en tu propio juego de croquet.
Mientras Lassiter se agachaba junto al cuerpo retorcido del Hermano, sintió unas cuantas náuseas, y se tomó un momento para acunarse lo que colgaba entre sus piernas… sólo para tranquilizar a los chicos de debajo de que por muy iconoclasta como fuera, algunas cosas eran sagradas.
—¡Cuéntame!
Impresionante que el tipo todavía pudiera reunir la energía para gritar. Y, sí, no existía la opción de quizá-más-tarde-después-de-que-te-recuperes con un hijo de puta que podía golpearse de esa manera.
Tampoco había ninguna razón para endulzar la mierda. Naturalmente.
—El Between no es ni jurisdicción de la Virgen Escriba ni del Omega. Es territorio del Creador, y antes de que preguntes, sería el creador de todas las cosas. Tu Virgen Escriba, el Omega, todo ello. Hay un par de maneras de acabar allí, pero en su mayor parte es porque tú no dejas ir o porque alguien no te deja ir.
Cuando Tohr se quedó en silencio, Lassiter reconocido las señales de cerebro frito y se apiadó del pobre hijo de puta.
 Colocando una mano sobre el hombro del Hermano, dijo suavemente:
—Respira conmigo. Vamos, lo haremos juntos. Solo respira un minuto…
Permanecieron allí durante mucho más tiempo, Tohr se encorvó por las caderas, Lassiter se sintió como una tabla.
En su larga vida, había visto el sufrimiento en todas sus formas. Enfermedades. Desmembramiento. Desencanto a escala épica.
 Mirando a su mano extendida, se dio cuenta de que se había desprendido de todo. Templado por la sobreexposición y la experiencia personal. Separado de cualquier misericordia.
Tío, era el ángel equivocado para el trabajo.
Una situación cojonuda para ellos dos.
Tohr levantó los ojos, tan dilatados que si Lassiter no hubiera sabido que eran azules, habría dicho que eran negros.
—¿Qué puedo hacer...? —gimió el Hermano.
Oh, tío, no podía soportarlo.
Bruscamente, se levantó y se acercó a la ventana. Afuera, el paisaje estaba iluminado discretamente, los jardines lejos de resplandecer en su estado naciente. De hecho, la primavera era una fría y cruel incubadora, el calor del verano a meses de distancia.
A toda una vida.
—Ayúdame a ayudarla —dijo con voz ronca Tohr—. Eso es lo que me dijiste.
En el silencio que siguió, no tuvo nada. Ninguna voz. Ningún pensamiento. Y ello a pesar del hecho de que a menos que se sacara algo del culo, se dirigía de vuelta a un infierno hecho a medida, sin ninguna esperanza de escapar. Y Wellsie y su hijo atrapados en los suyos. Y Tohr atascado en el suyo.
Había sido tan arrogante.
Nunca se le había ocurrido que no fuera a funcionar. Cuando se le había acercado, había sido frívolo, confiado y preparado para las consecuencias… que había sido absoluta libertad para sí mismo.
Una lucha que nunca se le había ocurrido. El concepto de fracaso no había estado cerca de su pantalla de radar.
Y nunca había esperado que le importara lo que le pasó a Wellsie y Tohr.
—Dijiste que estabas aquí para ayudarme, para ayudarla a ella. —Cuando no hubo respuesta, la voz de Tohr bajó—. Lassiter, estoy de rodillas.
—Eso es porque tienes tus pelotas en el diafragma.
—Dijiste…
—Tú no me crees, recuerdas.
—Lo vi. En los libros del Otro Lado. Ella no está en el Fade.
Lassiter miró hacia los jardines y se maravilló de lo cerca que estaban de la vida, a pesar de lo marchitos y decrépitos que parecían, estaban a punto de estallar y cantar a la primavera.
—¡Ella no está en el Fade!
Algo le agarró, le hizo girar y le golpeó el culo contra la pared con tanta fuerza, que si hubiera tenido sus alas, se le habrían desprendido
—¡Ella no está allí!
 La cara de Tohr estaba retorcida en un facsímil de sus rasgos y mientras una de sus manos le agarraba por la garganta, Lassiter tuvo un momento de claridad. El Hermano podría matarle, aquí y ahora.
 Tal vez así era cómo terminaría en el Between de nuevo. Un par de disparos a la cabeza, luego tal vez el cuello roto y ¡puf! Has fallado. Hola, nada infinita.
Curioso, ni siquiera había considerado volver. Probablemente debería haberlo hecho.
—Es mejor que abras tu puta boca, ángel —gruñó Tohr.
 Lassiter trazó los rasgos de ese rostro una vez más, midió el poder en ese cuerpo y tomó la temperatura de la rabia.
—La amas demasiado.
—Es mi shellan.
—Era. Maldito seas, era.
Hubo un instante de silencio. A continuación una grieta, un espectáculo de luces y un montón de dolor. También un poco de oscilación por las rodillas, no es que fuera a admitirlo.
El muy cabrón le había noqueado.
 Lassiter empujó al tipo para apartarlo, escupió sangre en la alfombra y pensó en devolver el golpe. Aunque a la mierda las peleas. Si el Creador iba a reclamarle, entonces El Propósito Final iba a tener que venir a por él, Tohr no iba a mandarle por correo aéreo.
Hora de sacar la mierda de esta habitación.
Mientras se dirigía hacia la puerta, la maldición murmurada detrás de él fue ignorada fácilmente. Sobre todo teniendo en cuenta que se estaba preguntando si uno de sus ojos estaba colgando de su nervio óptico.
—Lassiter. Joder, Lassiter… Lo siento.
El ángel se dio la vuelta.
—¿Quieres saber cuál es el problema? —Señaló justo a la jeta del tío—. eres el problema. Lo siento, perdiste a tu hembra. Siento que seas suicida. Siento que no tengas nada por lo que levantarte de la cama… o meterte en la cama. Siento que tengas un forúnculo en el culo, dolor de muelas y una puta infección en el oído. Estás vivo. Ella no. Y que te aferres al pasado os está poniendo a ambos en el Between.
Lanzado, se dirigió hacia el hijo de puta.
—¿Quieres la letra pequeña? Bien, aquí está, maldito. Ella se está desvaneciendo… y no en dirección al Fade. Y tú eres la razón por la que está pasando. Esto —hizo un gesto en torno al cuerpo fibroso del macho, su pie y mano vendadas—, es por lo qué está allí. Y mientras más te aferres a ella, a tu antigua vida y a todo lo que perdiste, menos oportunidades tienes de ser libre. Tú tienes el control aquí, no ella, ni yo… así que a ver cómo te golpeas otra vez a ti mismo la próxima vez, gilipollas.
Tohr se pasó una mano temblorosa por la cara, como si estuviera tratando de quitarse arena del rostro. Y entonces, se agarró la parte delantera de su camiseta sin mangas, justo sobre el corazón.
—Simplemente no puedo parar... porque su cuerpo lo hizo.
—Pero estás actuando como si hubiera sucedido ayer y presiento que esto no va a cambiar. —Lassiter se acercó a la cama donde estaba el vestido de emparejamiento. Agarrando el satén en el puño, lo arrastró por la larga falda y lo sacudió—. Esto no es ella. Tu enojo no es ella. Tus sueños, tu dolor de mierda... nada de eso es ella. Ella se ha ido.
—Lo sé —respondió Tohr con brusquedad—. ¿Crees que no lo sé?
Lassiter empujó hacia delante el vestido, el raso caía como una lluvia de sangre.
—Entonces, ¡dilo!
Silencio.
—Dilo, Tohr. Déjame escucharlo.
—Ella está…
Dilo.
—Ella está…
Cuando nada salió, negó con la cabeza y arrojó el vestido sobre la cama. Murmurando en voz baja se dirigió otra vez a la puerta.
—Esto no va a ninguna parte. Desafortunadamente, lo mismo se aplica para ella.



Capítulo 17

Mientras el amanecer se aproximaba, Xhex puso fin a su primera noche de vuelta a sus viejas botas. La paz de estas horas había sido buena, el Ping-Pong natural de apañárselas con una puñetera carga de gente en un espacio cerrado con alcohol en la mezcla haciendo que el tiempo pasara bastante deprisa. Además era bueno ser Alex Hess, jefa de seguridad una vez más… su propia hembra, incluso si el nombre que utilizaba ante los humanos era falso.
Y era alucinantemente fantástico no tener a la Hermandad respirando en su cuello.
Lo que no era tan caliente era el hecho de que todo se sentía apagado, como si la vida hubiera sido nivelada preparándola para que vinieran los camiones del pavimento.
Nunca había oído de hembras haciendo la vinculación afectiva. Pero como de costumbre, eso no quería decir que no fuera una excelente mentirosa. Y en lo fundamental, sin John a su lado, todo parecía ser solo un gran y estrepitoso meh[i].
Una rápida comprobación de su reloj le dijo que quedaba una hora de verdadera oscuridad. Mierda, deseó haber llegado en su moto así podría apagar el faro delantero y rodar a través de las sombras a una velocidad ridícula. Sin embargo la Ducati estaba guardada bajo llave en su garaje.
Se preguntó si había una regla contra que las shellan montasen.
Probablemente no… En tanto ella fuera a la amazona, vistiera una armadura metálica y tuviera un casco hecho de kevlar reforzado antideslizamiento, probablemente le dejarían dar unas pocas vueltas alrededor de la fuente que había frente a la casa.
Vroom-vroom. Condenado ñiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii.
Dejando su oficina, la cerró con la mente de manera que no tuviera que preocuparse por las llaves…
—Hey, Trez —dijo cuando su jefe salió desde el vestuario de señoras—. Iba a ir a buscarte.
La Sombra estaba metiéndose la almidonada camisa blanca dentro de los pantalones negros, y parecía un poco más relajado de lo habitual. Un segundo después, una de las “trabajadoras” salió de detrás de la puerta con un brillo en ella como si hubiera sido bien utilizada.
Lo cual probablemente no estaba lejos de la verdad.
Al menos su expresión despistada le dijo a Xhex que Trez estaba manteniendo las cosas ocultas. Pero aún así… no deberías alimentarte donde trabajas. Las complicaciones podían presentarse.
—Te veré mañana por la noche —dijo la mujer con una sonrisa chiflada—. Llego tarde. Me reuniré con mis amigos.
Después que la chica saliera de la parte privada, Xhex miró a Trez.
—Deberías utilizar otras fuentes.
—Es conveniente y soy cuidadoso.
—No es seguro. Además, puedes revolverle la cabeza.
—Nunca uso a la misma dos veces —Trez pasó un brazo alrededor de ella—. Pero ya basta de mí. ¿Sales?
—Sí.          
Juntos, anduvieron sin prisa a la puerta que había utilizado la mujer. Dios… otra vez todos los viejos tiempos, como si nada hubiera ocurrido desde la última vez que habían cerrado juntos. Y sin embargo Lash había ocurrido, John había ocurrido. El emparejamiento había…
—No voy a insultarte ofreciéndote escoltarte a tu casa —murmuró Trez.
—Así que te gustan tus piernas tal y como están, uhuh.
—Ajá. Llenan muy bien mis pantalones —abrió la puerta para ella, el aire frío se precipitaba como si intentara alejarse de sí mismo—. Que quieres que le diga si me da un toque.
—Que estoy bien.
—Menos mal que mentir no es un problema para mí —cuando ella fue a discutir, la Sombra solo puso los ojos en blanco—. No desperdicies tu aliento ni mi tiempo. Ve a casa y duerme algo. Quizás las cosas estén mejor mañana.
Como réplica, le dio un rápido abrazo, y dio un paso en la oscuridad.
En lugar de desmaterializarse hacia el norte, paseó a lo largo de Trade Street. Toda estaba en modo cerrado: los clubs estaban escupiendo sus pocos y últimos clientes… que parecían tan atractivos como un chicle masticado, el local de tatuajes estaba apagando la señal de neón, el restaurante Tex-Mex ya había bajado las puertas metálicas.        
 La mierda crecía más sórdida mientras ella seguía, todo era más melancólico y más cutre hasta que llegó a la extensión de largos bloques de edificios abandonados. Con el deterioro de la economía, los negocios estaban desapareciendo como calles muertas, y los inquilinos eran menos y más alejados entre…
Xhex paró. Olisqueó el aire. Miró a la izquierda.
El inconfundible aroma de un vampiro macho flotó desde un edificio desierto.
AFLH o Antes de la Fiesta Loca de la Hermandad, lo habría perseguido…, entrado, comprobado para ver si alguno de ellos necesitaba ayuda, descubriendo que estaban haciendo los Hermanos.
 Ahora simplemente lo dejó pasar, caminando hacia delante con la cabeza bien alta. Ellos no querían su ayuda… no, probablemente eso no era exacto. Habían parecido cómodos con ella hasta que John había tenido problemas. Era más bien que no se sentían cómodos con ella…
Unos dos bloques más adelante, una enorme figura dio un paso adelante en su camino.
Ella se detuvo. Hizo una profunda respiración. Sintió un hormigueo en los ojos.
Sobre la brisa que flotaba hacia ella, el inconfundible aroma de vinculación de John era una especia sombría que aniquilaba la peste de la ciudad y la horrible punzada de su infelicidad.
Comenzó a caminar hacia él. Rápido. Más rápido…
Ahora estaba corriendo.
Él la encontró a medio camino, cayendo en una carrera tan pronto como la vio acelerar el ritmo, y chocaron el uno contra el otro.
Difícil saber que boca encontró a la otra, o que brazos fueron estrechamente ceñidos, o quién era el más desesperado.
Pero entonces, en esto eran iguales.
Rompiendo el beso, ella gruñó.
—Mi cabaña.
En el segundo que él asintió, ella estaba fuera de allí y lo mismo él… y se materializaron en la casa de ella.
No esperaron a estar dentro.
Él la folló estando de pie, contra la puerta, en el frío……
Fue todo tan rápido y frenético, ella se arrancó los pantalones hasta que tuvo una pierna libre, él rompió los botones de su bragueta. Luego ella estaba ampliamente abierta y trabada en sus caderas y él estaba hundido hasta las pelotas en su interior.
Él golpeó dentro de ella tan fuerte que la cabeza de Xhex golpeó contra la puerta como si estuviera intentando irrumpir en su propia casa. Y luego él la mordió en un lado del cuello… pero no para alimentarse, sino para mantenerla en su sitio. Se sentía mucho más grande dentro de ella, estirándola hasta el punto que estaba forzando su capacidad. Ella necesitaba aquello. En este momento, esta noche, lo necesitaba salvaje, descontrolado y un poco doloroso.
Demonios, sí, ella lo necesitaba… y eso fue exactamente lo que tuvo.
Cuando él llegó, sus caderas se trabaron con las de ella, la erección disparó una tormenta muy dentro de ella, espoleando su propio orgasmo.
Y después estaban en la cabaña. Sobre el suelo. Las piernas de Xhex separadas y la boca de John sobre su sexo.
Le mantenía las piernas sujetas con las manos, y su todavía erecta polla sobresalía de la cremallera, cayó sobre ella con una lengua furiosa, golpeándola, penetrándola y tomando lo que quería.
El placer era insoportable, una clase de agonía que la hacía echar atrás la cabeza y retorcerse sobre el suelo, las palmas le resbalaron sobre el linóleo mientras forcejeaba para no desplazarse hacia atrás…
 El orgasmo la atravesó con tal violencia que mientras gritaba su nombre, luces brillantes atravesaron su visión. Y él no se aplacó en lo más mínimo. Cuando el ataque continuó, estuvo bastante segura de que en algún momento la mordería en la parte interna de la pierna, en la articulación donde la gruesa vena bajaba para nutrir su mitad inferior. Pero había mucho más que succionar, demasiado que liberar, demasiado… todo lo que sabía o cuidaba.
Cuando John se detuvo por fin y levantó la cabeza, estaban en la esquina más lejana, casi dentro del salón. Oh, vaya cuadro. La cara de su compañero estaba enrojecida, la boca brillante e hinchada, los colmillos tan largos que no podía cerrar la mandíbula… y ella estaba igualmente fuera de sí, la respiración áspera y el sexo latiendo con su propio ritmo.
Él todavía estaba erecto.
Jodidamente malo que ella apenas tuviera energía para parpadear… porque él merecía una buenísima retribución.
Salvo que él parecía saber exactamente que estaba pensando ella. Levantándose entre sus piernas abiertas, se agarró y empezó a frotarse.
Con un gemido, ella se arqueó y giró las caderas.
—Córrete sobre mí —dijo a través de los dientes apretados.
John se masturbó, la palma cerrada sobre el grueso eje, un sonido chasqueante se elevó mientras él bombeaba. Los gruesos muslos ampliamente abiertos mientras abría más las rodillas para mantener el equilibrio, los músculos de su brazo sobresalían con un fuerte relieve mientras él iba más rápido y más fuerte. Y luego estaba ladrando algo de forma silenciosa, su cuerpo rígido mientras chorros calientes salpicaban su sexo.
Solo la idea de ella misma húmeda y pringosa era casi suficiente para hacerla correrse de nuevo. ¿Pero qué le pasaba al verlo haciéndoselo? La hizo saltar el límite otra vez.
*  *
—Va a necesitar doscientos extras si se lo hace a él.
Xcor permanecía a un lado durante las negociaciones con las putas, asegurándose de permanecer en las sombras… especialmente ahora que Throe había alcanzado la parte complicada de acomodarlo a él. No había razón para recordar lo que él parecía para elevar más el precio.
Solo dos de las tres chicas habían aparecido en esta casa abandonada de Trade Street, pero aparentemente la número tres estaba en camino… aunque por cortesía de su retraso, le había tocado la pajita más corta: él.
No obstante sus amigas estaban preocupándose por ella… a menos, por supuesto, que intentaran conseguir una parte del aumento. Después de todo, las buenas putas, como los buenos soldados, tendían a cuidar de sí mismas.
Bruscamente, Zypher dio un paso hacia la mujer con la que estaba haciendo el trato, claramente preparado para utilizar sus habilidades psíquicas para conservar sus activos financieros. Cuando el vampiro deslizó un dedo a lo largo de la clavícula de la chica, ella pareció entrar en trance.
 No era un juego mental por parte de Zypher. Las hembras de ambas razas no podían contenerse cerca de él.
El vampiro se inclinó hasta el oído femenino y habló en voz baja. Luego le lamió la garganta. Detrás de él, Throe estaba como siempre silencioso, ojo avizor, paciente. Esperando su turno.
Siempre el caballero.
—De acuerdo —dijo la mujer sin aliento—. Solo cincuenta más…
En aquel momento, la puerta se abrió de par en par.
Xcor y sus soldados metieron las manos en los abrigos, buscando sus armas, preparados para matar. Pero era solo la prostituta que llegaba tarde.
—Hola chicas, hooooooolaaaaaaa —les dijo a sus amigas.
De pie en la puerta con una chaqueta suelta sobre sus ropas de puta, y el mal sentido del equilibrio de un borracho, estaba obviamente colocada, la cara bañada con la expresión flipada de los recién drogados.
Bien. Sería más fácil manejarla.          
 Zypher dio una palmada.
—Nosotros haremos los negocios.
Una risita tonta llegó de la que estaba más cercana a él.
—Adoro tu acento.
—Entonces puedes tenerme.
—¡Espera, yo también! —una risita tonta de la otra—.Yo también adoro tu acento.
—Tú vas a ocuparte de mi compañero soldado… mi amigo. Que va a pagarte ahora mismo.
Throe dio un paso adelante con el dinero, y cuando él lo repartió en las ansiosas palmas, las putas parecían más pendientes de los dos hombres que del dinero.
Un cambio en el papel profesional que Xcor estaba dispuesto a jurar que no ocurría muy a menudo.           
 Y luego se produjo el emparejamiento, con Throe y Zypher conduciendo a sus presas a esquinas separadas, mientras lo dejaban con la puta que estaba confusa.
—¿Así que vamos a hacer esto? —dijo ella con una sonrisa experta. En realidad, el hecho de que sus ojos estuvieran ensombrecidos por las drogas hacía que su expresión fuera casi real.
—Ven conmigo. —Él extendió la mano fuera de la oscuridad.
—Oh, me gusta —ella se acercó, exagerando el movimiento de las caderas—. Suenas como…no sé cómo.
 Cuando puso la palma sobre la suya, tiró de ella hacia él… excepto cuando ella se echó atrás.
—Oh…e…um…vale.
Volviendo la cara a un lado, se frotó la nariz, y luego se la pellizcó como si no pudiera aguantar su olor. Lógico. Costaba más que un enjuagado con agua quitarse el olor de la sangre de lesser. Naturalmente, Throe y Zypher se habían tomado un momento para lanzarse a casa y lavarse. Él, sin embargo, se había quedado para luchar.
Dandis. Ambos. Por otra parte, sus mujeres no estaban buscando ya un escape.
—De acuerdo, está bien —dijo ella con resignación—. Pero nada de besos.    
—Sería incapaz de sugerir tal cosa.
—Solo para que lo tengamos claro.
Cuando los gemidos empezaron a levantarse, Xcor bajó la mirada a la humana. Su cabello estaba suelto alrededor de los hombros, parecía tosco y tirante. Su maquillaje era pesado y estaba corrido en la línea de los labios y la esquina de un ojo. Su perfume era dulce y…
Xcor frunció el ceño, mientras capturaba un aroma desagradable.
—Ahora, escucha —dijo ella—, no me mires así. Es mi política y tú puedes…
La dejó divagar mientras estiraba una mano y levantaba una parte del rubio enredo, exponiendo su garganta… Nada más que piel suave. Y por otra parte…
Ah, sí. Allí estaban. Dos pinchazos justo sobre la yugular. Ya había sido utilizada esta noche por uno de su clase. Y aquello explicaba la confusión y el perfume que su nariz estaba captando
 Xcor dejó caer el pelo donde había estado. Luego dio un paso atrás.
—No puedo creer que seas tan tiquismiquis —le soltó—. Solo porque no quiera besarte… no voy a devolverte el dinero, sabes. Un trato es un trato.
Alguien estaba teniendo un orgasmo, los sonidos de placer tan ricos y lujuriosos que la sinfonía transformaba, por un breve tiempo, el abandonado edificio en un boudoir propiamente dicho.
—Pero por supuesto deberías devolverme el dinero —murmuró él.
—Sabes qué, jódete, puedes tenerlo de vuelta —le tiró el fajo—. Hueles como una cloaca y eres tan feo como un pecado.
Mientras los billetes rebotaban en su pecho, él inclinó brevemente la cabeza.
 —Como deseéis.
—Jódete.
 La presteza con que ella cambiaba de dicha a bicha sugería que este tipo de humor oscilante no era raro en ella. Una razón más para mantener las cosas profesionales entre él y la hembra del sexo…
Cuando se inclinó a recoger el dinero, ella echó el pie atrás y trató de pegarle una patada en la cabeza.
No era inteligente. Con todo su entrenamiento como guerrero y los años de experiencia en combate, su cuerpo se defendía sin que su mente consciente diera ninguna orden: la puta fue enganchada por el tobillo, desequilibrada y estrellada contra el suelo. Y antes de que fuera consciente de haberse movido, la había volteado sobre el vientre y había puesto aquel frágil cuello contra su fuerte codo.
Después de lo cual estuvo preparado para romperlo.
No hubo más agresiones por parte de ella. Ahora lloriqueaba y rogaba.
Inmediatamente se detuvo, liberándola de un salto, luego la ayudó a arrastrarse de espaldas contra la pared. Estaba hiperventilando, el pecho subiendo y bajando tan fuerte que fácilmente podía romper sus falsas tetas contra las copas del brassiere.
Mientras se cernía sobre ella, pensó en cómo habría manejado la situación la Hermandad. Aquel macho no la habría dejado pasar la proposición del no-besar… habría tomado lo que quería en sus términos, y al diablo con lo mucho que podría haberla herido. E incluso la habría matado.
—Mírame —ordenó Xcor.
Cuando aquellos ojos abiertos de par en par y neuróticos se elevaron hasta él, borró la memoria de haber estado aquí, poniéndola en trance. De inmediato su respiración se calmó, el cuerpo suelto reasumió la calma relajada, sus manos frenéticas y bruscas se inmovilizaron.
Reunió el dinero y se lo puso en el regazo. Se lo merecía por todos los hematomas que iba a tener por la mañana.
Luego con un gemido, Xcor se agachó y se recostó contra la pared próxima a ella, estirando las piernas y cruzándolas por los tobillos. Tenía que ir a recoger su mochila de trastos y la guadaña al rascacielos, pero por ahora estaba demasiado exhausto para moverse.
Sin embargo, nada de alimentación para él esta noche. Ni siquiera con la hipnosis.
Si tomaba de la vena de la mujer que estaba junto a él, era capaz de matarla: estaba cruelmente muerto de hambre, y no sabía cuánto la habían sangrado. Por lo que él sabía, su chifladura era por tensión baja.
Al otro lado, observó a sus soldados follando, y tuvo que admitir que el ritmo de sus cuerpos era erótico. Bajo diferentes circunstancias, imaginó que Zypher habría fusionado a las dos parejas en un gran nido de piernas y brazos, pechos y manos, pollas y mojadas aberturas. No aquí, sin embargo. La habitación estaba inmunda, era insegura y fría.
Apoyando la cabeza contra la pared, Xcor cerró los ojos y siguió escuchando.
Si se dormía, y sus soldados cuestionaban si se había alimentado, simplemente utilizaría las consecuencias de otro vampiro para explicar su preocupación.
Y habría tiempo para clavar sus dientes en otra fuente más tarde.
 En realidad, odiaba alimentarse. A diferencia de la Hermandad, no se emocionaba imponiéndose sobre hombres y mujeres… y Dios sabía, ninguno de ellos habría venido voluntariamente a él.
Suponía que le debía la vida a las prostitutas.
Cuando alguien más tuvo otro orgasmo otra vez, esta vez uno de sus soldados… Throe, si tenía que adivinar, se imaginó a sí mismo con una cara diferente, una cara atractiva, una linda cara que convocara a las mujeres en lugar de hacerlas gritar.
Quizás estuviera moviendo su propia columna.
Pero eso era lo bonito de sus pensamientos íntimos. Nadie debía conocer tus debilidades.
Y una vez habías terminado de darles vueltas, podías tirarlos al cubo de basura mental al que pertenecían.
      
      

 


 






 

Capítulo 18

Qhuinn nunca había sido bueno esperando. Y eso era cuando la mierda iba bien. ¿Teniendo en cuenta que acababa de mentir por partida doble sobre dónde estaba John Mathew?
No era un campista feliz.
Mientras holgazaneaba en la puerta oculta de la gran escalera, de manera que pudiera sumergirse en el túnel si cualquiera llegaba, tenía la mejor vista del recibidor que se podía tener. Lo cual significaba que cuando la puerta del vestíbulo se abrió, tuvo el globo ocular lleno de su favoritísima pareja: Blay y Saxton.
Debería de haber sabido que con su suerte no podría ser de otro modo.
Blay sostenía el paso abierto, como el caballero que era, y cuando Saxton pasó, el cabronazo lanzó una prolongada y lánguida mirada por encima del hombro.
Tío, ese tipo de «mirada» era peor que ese par besuqueándose en público.
Sin duda habían salido para una agradable comida y habían vuelto a casa de Saxton para un jueguecito del tipo de los que eran difíciles de tener en la mansión. La completa privacidad no era algo que pudieras encontrar si apostabas por los alrededores del complejo...
Cuando Blay se quitó el abrigo Burberry, el cuello de su camisa abotonada de seda se abrió ampliamente, y mostró una pequeña marca en el cuello... Y en la clavícula...
Y solo Dios sabía dónde más tenía...
De repente, Saxton dijo algo que hizo que Blay se sonrojara, y la risa ligeramente tímida y reservada que le siguió hizo que a Qhuinn le entraran unas malditas ganas de vomitar.
Genial, así que la zorra era un humorista, y a Blay le gustaban sus bromas.
Fantástico.
Yuupiii.
Dicho esto, Saxton fue escaleras arriba. Blay, en cambio, se volvió...
Mierda. Qhuinn giró en redondo y arremetió contra la puerta, las manos luchando para liberar el cerrojo.
—Hola.
Las manos de Qhuinn se inmovilizaron. Su cuerpo se inmovilizó. Su corazón... se inmovilizó.
Esa voz. Esa voz suave y profunda que había oído casi toda su vida.
Enderezando la columna, jodida la idea de escapar, se giró y encaró a su antiguo mejor amigo como el macho que era.
—Hola. ¿Pasaste una buena noche?
Mierda, quería retirar eso. ¿Y si el tipo no la había tenido?
—Sí, ¿y tú?
—Claro. Bueno. John y yo salimos. Ahora ya ha vuelto, y vamos a ir a machacarnos a la sala de pesas. Se está cambiando.
Difícil saber si era la mentira o la quemazón en el pecho lo que le estaba haciendo ser tan parlanchín.
—¿No vas a la Última Comida?
—Nah.
Silencio súbito al fondo. El tema de ¡Jeopardy! Una bomba nuclear... Qhuinn ni siquiera habría notado la nube atómica en ese punto.
Dios, los ojos de Blay eran tan puñeteramente azules. Y... bendita mierda, ambos estaban realmente a solas. ¿Cuándo fue la última vez que ocurrió eso?
Oh, sí. Justo después de que Blay se hubiera enrollado con su primo por primera vez.
—Así que te quitaste los piercings —dijo Blay.
—No todos.
—¿Por qué? Quiero decir... siempre te habían... gustado, ya sabes...
—Supongo que no quiero ser definido más de ese modo.
Cuando las cejas de Blay se levantaron, algo de Qhuinn quiso hacer lo mismo. Había esperado que alguna otra cosa saliera de su bocaza. Algo como «Meh», o «Qué más da» o «Aún lo llevo donde importa, no te preocupes».
Después de eso, podía sujetarse y recolocarse el paquete, y resoplar como si tuviera las pelotas del tamaño de su cabeza.
No le extrañaba que Saxton pareciera atractivo.
—Así que, errr... —dijo. Luego aclaró la garganta—. Así que... ¿Cómo están yendo las cosas con… vosotros chicos?
Pie para un segundo viaje de esas cejas pelirrojas a los cielos.
—Estoy bien. Estamos... ah... bien.
—Genial. Err...
Un momento después, Blay dio una rápida mirada por encima del hombro, hacia la puerta del interior de la despensa del mayordomo[ii]. Claramente era el inicio de una retirada.
Hey, cuando te vayas, quiso decir Qhuinn, ¿me harías un favor? Creo que mi ventrículo izquierdo está en el suelo, así que no lo pisotees al salir. Gracias. Genial.
—¿Te encuentras bien? —susurró Blay.
—Sí. Voy a ir a entrenar con John. —Ya había dicho eso. Joder. Esto era un desastre total—. Así que ya ves. ¿Dónde ibas?
—Voy a... conseguir algo de comida para Sax y para mí.
—Tampoco vais a la Última Comida. Supongo que tenemos eso en común. —Alguien agarró los pompones y vitoreó al equipo. Hurra—. Así que, errr, pásalo bien. Pasadlo, quiero decir...
Al otro lado del recibidor, la puerta del vestíbulo osciló ampliamente y John Matthew entró.
—Hijo de puta —rezongó Qhuinn—. El cabronazo por fin llegó.
—Pensé que dijiste que estaba...
—Le estaba cubriendo. Para los dos.
—¿No estabais juntos? Espera, si te pillan sin estar con él...
No fue mi elección. Créeme.
Mientras Qhuinn iba directo hacia «Míster Independencia», Blay estaba junto a él. John echó un vistazo al par y su expresión de ahh-satisfacción se convirtió en un espectro, tan cierto como si alguien le hubiera pateado el trasero con un palo del nueve.
—Tenemos que hablar —siseó Qhuinn.
John echó una rápida mirada alrededor, como si estuviera buscando un búnker para saltar a su interior. Vaya, perfecto, jodida mala suerte para él, el vestíbulo estaba vacío de muebles, y el puto mudo no podía saltar lo suficiente lejos como para alcanzar el comedor.
Qhuinn, te iba a llamar...
Qhuinn agarró al tipo por la nuca y le empujó con la cara por delante a la tierra del billar y las palomitas. Justo al traspasar el umbral, John se liberó y fue disparado al bar. Pilló una botella de Jack y desgarró el tapón de la botella.
—¿Crees que es una jodida broma? —Qhuinn se golpeó con el dedo la lágrima tatuada bajo su ojo—. Se supone que tengo que estar contigo cada segundo de la noche y el día, imbécil. He estado mintiendo por ti los últimos cuarenta minutos...
—Cierto. Lo ha hecho.
Cuando Blay elevó la voz desde atrás, fue una sorpresa. Y una de las agradables.
Fui a ver a Xhex, ¿vale? Ahora mismo, ella es mi prioridad.
Qhuinn levantó las manos.
—Genial. Así cuando V apuñale mi pecho a modo de carta de despido, tú aún podrás sentirte bien contigo mismo. Gracias.
—John, no puedes tomarte a cachondeo cosas como esta. —Blay dio la vuelta a la barra y agarró un vaso, como si tuviera miedo de que su colega fuera a chuperretear toda la botella—. Dame eso.
Él tomó la bebida, sirvió una dosis saludable, y...
Se la tomó él mismo.
—¿Qué? —dijo entre dientes cuando consiguió fijar la vista—. Ten, hazlo bajar, si quieres.
John dio un trago y luego miró al vacío. Después de unos segundos, empujó el Jack en dirección a Qhuinn.
Poniendo los ojos en blanco, Qhuinn dijo por lo bajo:
—Al menos este es el tipo de disculpa que aceptaré.
Mientras tomaba la botella, se dio cuenta de que hacía siglos desde que los tres habían estado juntos. De vuelta a antes de sus transiciones, ellos habían pasado cada noche después del entrenamiento en la vieja habitación de Blay, en casa de los padres del chico, dejando pasar las horas jugando a video juegos, bebiendo cerveza y hablando del futuro.
Y ahora que los tres estaban finalmente donde habían querido estar, cada uno había tirado en una dirección diferente.
Por otra parte, John estaba bien. El tipo estaba ahora debidamente emparejado, así que por supuesto su atención estaba en algún otro lado. Y Blay estaba pasando una temporada de fábula con Saxton la Zorra.
Qhuinn era el único suspirando por los Buenos y Viejos Tiempos.
—Jodido infierno —murmuró hacia John—. Vamos a olvidarlo...
—No —le cortó Blay—. Esto no está bien. Deja de decir chorradas John... vas a dejar que él vaya contigo. No me importa que vayas a estar con Xhex o no. Se lo debes.
Qhuinn dejó de respirar, centrando todo lo que tenía en el macho que había sido su mejor amigo y su nunca-amante... y en el para-siempre que nunca iba a suceder.
Incluso después de todas las cosas que habían pasado entre ellos, y de todas las cagadas por su parte, las cuales eran legendarias, Blay todavía le guardaba las espaldas.
—Te quiero —dejó escapar Qhuinn en silencio.
John levantó las manos y dijo por señas.
Yo también te quiero. Y lo siento un montón. Esta cosa entre Xhex y yo he...
Bla, bla, bla. O bla, bla, bla en el caso del LSA.
Qhuinn no estaba oyendo una mierda. Mientras John seguía y seguía explicando la situación, Qhuinn estuvo tentado de interrumpir para pescar no solo lo que había dicho, sino a quién se lo había dicho. Salvo que en todo lo que podía pensar era en Blay yendo con Sax, y en ese puñetero sonrojo.
Le llevó todo lo que tenía en él mirar a John y soltar algo.
—Podemos trabajar en ello, ¿está bien? Simplemente déjame seguirte... No miraré, lo prometo.
John estaba haciendo algunas señas. Qhuinn asentía. Entonces Blay comenzó a apartarse, dando un paso atrás y luego otro, luego un tercero.
Más conversación. Blay hablando.
Y entonces el macho se volvió y salió a grandes pasos. Para conseguir comida. Para ir arriba con Saxton.
Un silbido bajo le hizo sacudirse y centrarse en John.
—Claro. Seguro.
John frunció el ceño.
¿Quieres tener un ticket de aparcamiento grapado en la frente?
—¿Qué?
Lo siento, tenía la sensación que no me estabas haciendo caso. Supongo que tenía razón.
Qhuinn se encogió de hombros.
—Míralo de esta forma, ya no sentiré que te enfrío la polla nunca más.
Oh, bien. Punto para ti. Pero Blay tiene razón. No lo haré de nuevo.
—Gracias, tío.
¿Una copa?
—Claro. Buena idea. Una genial. —Dio la vuelta alrededor de la barra del bar—. De hecho, cogeré mi propia botella.



[i] Es un encogerse de hombres o un no me importa.
[ii] Butler’s pantry. En algunas casas esa una habitación donde el mayordomo prepara las cosas antes de llevarla a la mesa.

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