jueves, 14 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 19 20 21

Capítulo 19

—Ella está muerta.
Al sonido de la voz masculina, Lassiter miró por encima del hombro. Al otro lado del dormitorio, Tohr estaba de pie en la puerta, sosteniéndose en las jambas.
Lassiter dejó el forro polar que había estado empaquetando. La rutina de la maleta no era porque pudiera llevarse esta mierda con él, sino más bien, porque parecía justo ordenar sus cosas para la convocatoria que se avecinaba: después de que fuera aspirado de nuevo al Between, el personal iba a tener que deshacerse de las ropas que había usado y las pocas cosas que había acumulado.
El Hermano entró y los encerró juntos.
—Ella está muerta. —Cojeó y se sentó en el diván—. Ahí está, lo he dicho.
Lassiter bajó el culo a la cama y miró al tipo.
—Y crees que eso es suficiente.
—¿Qué coño quieres de mí?
Él se echó a reír.
—Por favor. Si hubiera estado dirigiendo este programa, la habrías tenido de vuelta hace meses y yo me habría ido echando leches hace mucho tiempo.
Tohr rió con un poco de sorpresa.
—Oh, vamos, hombre —murmuró Lassiter—. No quiero follarte. Eres demasiado plano, como una tabla y otra cosa, yo soy un hombre de tetas. Y otra, eres un buen tipo. Te mereces algo mejor que esto.

Ahora Tohr le miró francamente sorprendido.
—Oh, joder. —Lassiter se levantó y se dirigió de nuevo a los cajones abiertos de la cómoda. Sacó un par de pantalones de cuero, los desdobló y luego los dobló de nuevo.
Se suponía que tener las manos ocupadas ayudaba a que el cerebro se centrara. Sin embargo, no funcionaba del todo bien. Tal vez debería golpearse la cabeza contra la pared.
—¿Vas a alguna parte? —preguntó el Hermano después de un rato.
—Sí.
—¿Renuncias a mí?
—Te lo dije. Yo no hago las reglas. Me van a sacar y va a ser más pronto que tarde.
—¿Sacar a dónde?
—A dónde estaba. —Se estremeció, a pesar de que fuera un movimiento femenino. Pero una eternidad de aislamiento era un infierno para un tipo como él—. No es un viaje que tenga ganas de hacer.
—¿Estarías donde... está Wellsie?
—Te lo dije, el Between de cada uno es diferente.
Tohr se puso la cabeza entre las manos.
—No puedo desconectar simplemente. Ella era mi vida. ¿Cómo diablos…
—Puedes empezar por no tratar de castrarte a ti mismo con un puño cuando tienes una erección por otra hembra.
Cuando el Hermano no dijo nada, Lassiter tuvo la sensación de que el tipo estaba roto en pedazos. Y sí, vaya si eso no hacía las cosas difíciles. Dios. Maldita sea.
Lassiter sacudió la cabeza.
—Soy el ángel equivocado para este trabajo, de verdad.
—Nunca la engañé. —Tohr inhaló con fuerza por la nariz, la aspiración del todo masculina, mientras seguía sorbiendo—. Otros machos… incluso los emparejados, es decir, miran a las hembras de vez en cuando. Tal vez follan un poco al otro lado. Yo no. Ella no era perfecta, pero era más que suficiente para mantenerme satisfecho. Diablos, ¿cuando Wrath necesitó a alguien para mantener un ojo sobre Beth antes de que se emparejaran? me envió a mí. Sabía que no iba a seducirla, no solo por respeto a él, sino porque no iba a estar interesado en lo más mínimo. Nunca he tenido, literalmente, un instante en que haya pensado en nadie más.
—Lo has hecho esta noche.
—No me lo recuerdes.
Bueno, al menos se enfrentaba.
—Por eso estoy a punto de iniciar mi viaje de ida a la Tierra de Nunca-regresar. Y tu shellan se queda donde está.
Tohr se frotó el centro de su pecho, como si le doliera.
—¿Estás seguro de que no he muerto e ido ya al Between? Porque segurísimo que se siente como lo que has descrito. Sufrimiento, pero no el Dhund.
—No lo sé. Tal vez algunas personas no son conscientes de que están allí… pero mi directiva fue clara como una campana, y fue, que la dejaras ir para que pudiera seguir adelante.
Tohr dejó caer las manos como si estuviera acabado para el mundo.
—Nunca pensé que iba a ser algo peor que su muerte. No puedo alcanzar a comprender que algún curso de los acontecimientos duela más —renegó—. Debería haber sabido que el destino es sádico y tiene una inventiva infinita. Imagina, follar a una hembra consigue que la que amo vaya al Fade. Una ecuación fabulosa. Malditamente fantástico.
Esa no era ni la mitad, pensó Lassiter. Pero, ¿por qué plantearlo ahora?
—Tengo que saber algo —dijo el Hermano—. Como un ángel, ¿crees que ciertas personas están malditas desde el principio? ¿Que algunas vidas están simplemente malditas desde la primera casilla?
—Creo que... —Mierda, no iba a profundizar tanto. Esto no era él—. Yo… ah, creo que la vida se rige por una serie de probabilidades que se despliegan sobre las cabezas de todos los bastardos que respiran y viven en el planeta. La casualidad es injusta por definición, y el azar.
—Entonces, ¿qué pasa con ese Creador tuyo? ¿Es que no juega un papel?
—Nuestro —murmuró—. Y no lo sé. No creo mucho en nada.
—¿Un ángel que es ateo?
Lassiter rió un poco.
—Tal vez por eso sigo metiéndome en problemas.
—No. Esa parte es porque puedes ser un verdadero gilipollas.
Ambos rieron entre dientes. Luego se sentaron en silencio.
—Entonces, ¿qué va a ser? —preguntó Tohr—. Honestamente, ¿qué diablos va a querer el destino de mí ahora?
—Lo mismo que cualquier empresa. Sangre, sudor y lágrimas.
—Eso es todo —dijo secamente Tohr—. Y yo que pensaba que podría ser un brazo o una pierna.
Cuando Lassiter no respondió, el Hermano sacudió la cabeza.
—Escucha, tienes que quedarte. Tienes que ayudarme.
—No está funcionando.
—Voy a esforzarme más. Por favor.
Después de una eternidad, Lassiter sintió que su cabeza asentía.
—Está bien. Muy bien. Lo haré.
Tohr exhaló largo y despacio, como si se sintiera aliviado. Mostró lo que sabía, que todavía estaban en problemas.
—Sabes —dijo el Hermano—, no me gustaste la primera vez que te conocí. Pensé que eras un idiota.
—El sentimiento era mutuo. Aunque no la parte de idiota, y no era personal. No me gusta nadie, y como he dicho, realmente no creo en nada.
—¿Aun así vas a quedarte para ayudarme?
—No lo sé... supongo que solo quiero que tu shellan lo consiga.Se encogió de hombros—. Al final de la jornada, los vivos y los muertos son todos los mismos. Todo el mundo está buscando un hogar. Además... no sé, no eres tan malo.
Tohr volvió a su habitación algún tiempo después. Cuando llegó a su puerta, se encontró su muleta apoyada contra los paneles.
No'One había vuelto a él. Después de que la hubiera dejado en el Otro Lado.
Recogiéndola, entró en su habitación... y medio esperaba encontrarla desnuda en la cama, lista para algo de sexo. Lo cuál era completamente ridículo… a demasiados niveles como para contarlos.
Aparcándose en el diván, miró fijamente el vestido que Lassiter había manejado con tanta rudeza. El fino satén estaba arrugado en ondas, el desorden creaba un despliegue maravilloso y brillante sobre la cama.
—Mi amada ha muerto —dijo en voz alta.
Mientras el sonido de las palabras se desvanecía, algo quedó estúpidamente claro de repente: Wellesandra, hija de sangre de Relix, nunca iba a llenar ese corpiño de nuevo. Nunca se iba a poner esa falda por encima de su cabeza y retorcerse en el corsé, o liberase los mechones del pelo de los lazos de la espalda. No iba a buscar los zapatos a juego, o molestarse porque había estornudado justo después de ponerse la máscara de pestañas, o preocuparse por si iba a derramarlo sobre la falda.
Estaba… muerta.
Qué irónico. Había estado llorándola todo este tiempo, y, sin embargo fallaba en el punto que era más evidente. Ella no iba a volver. Jamás.
Se levantó, cruzó y recogió con cuidado el vestido. La falda se negó a obedecer, se le deslizó de las manos y cayó al suelo, haciendo lo que quería y tomando el control de la situación.
Exactamente como su Wellsie siempre había hecho.
Cuando lo tuvo un poco sujeto, llevó el vestido al armario, abrió las puertas dobles, y colgó el glorioso peso en la varilla de latón.
Mierda. Iba a verlo cada vez que fuera allí.
Soltándolo, lo movió al otro lado, así estaba en la oscuridad detrás de los dos trajes que nunca llevaba y las corbatas que le habían comprado, no su compañera, sino Fritz.
Y luego cerró el armario con fuerza.
De vuelta en la cama, se acostó y cerró los ojos.
Seguir adelante no implicaba sexo, se dijo. Simplemente no lo hizo. Aceptar la muerte, dejarla marchar para salvarla, eso podía hacerlo sin el beneficio de... cualquier tipo de ese asunto de la hembra desnuda. Después de todo, ¿qué iba a hacer? ¿Ir a los callejones, encontrar una puta y follarla? Eso era una función corporal, como respirar. Era difícil ver cómo eso iba a ayudar.
Tumbado quieto, trató de imaginar palomas siendo liberadas de las jaulas, aguas brotando de las presas, el viento soplando entre los árboles, y...
Joder. Era como si el interior de sus párpados estuviera jugando al maldito Discovery Channel.
 Pero entonces, justo cuando iba a la deriva, las imágenes cambiaron, desplazando al agua, al perezoso azul verdoso del agua que no tenía corriente. Calma. Agua caliente. Rodeada de aire húmedo…
No estaba exactamente seguro de cuando se quedó dormido, pero la imagen se convirtió en un sueño que comenzó con un pálido brazo, un encantador pálido brazo que flotaba sobre el agua, un agua azul verdosa que no tenía corriente. Calma. Caliente…
Era su Wellsie en la piscina. Su hermosa Wellsie, sus senos asomaban mientras flotaba, su tenso estómago, las caderas arqueadas y el sexo desnudo lamido con la humedad.
En el sueño, se vio irrumpiendo en la piscina, bajando los cortos escalones, el agua empapando sus ropas…
De repente, se detuvo y se miró al pecho.
Sus dagas estaban sujetas. Sus armas bajo los brazos. Su cinturón de munición atado a las caderas.
¿Qué demonios estaba haciendo? Si esta mierda se mojaba era inútil…
Esa no era Wellsie.
Santa mierda esa no era su shellan....
Con un grito, Tohr se enderezó, liberándose del sueño. Golpeándose los muslos con las manos, esperó encontrar cuero mojado. Pero no, nada de esto había sido real.
Sin embargo, su excitación estaba de vuelta. Y un pensamiento, al que se negaba a dar crédito y sacar a la superficie, apestaba en el fondo de su mente.
Mientras miraba hacia su sexo y maldecía, su fuerte longitud le hizo pensar en las innumerables veces que lo había utilizado para el placer, la diversión... y la procreación.
Ahora sólo quería que se relajara y se quedara así.
Recostándose contra las almohadas, la tristeza le embargó como un peso físico mientras reconocía la verdad que el ángel había mencionado. En efecto, no había dejado ir a su Wellsie a ningún nivel.
Él... era el problema.










 



VERANO

 





 

Capítulo 20

Desde la posición estratégica detrás de los prismáticos, la mansión al otro lado del río Hudson parecía enorme, una maciza pila sobre pila de plantas que se asentaba con audacia sobre un acantilado rocoso. En cada uno de los niveles, las luces brillaban a través de los cristales como si no tuviera paredes sólidas.
—Todo un palacio —comentó Zypher en la brisa densa y templada.
—Aye —vino una respuesta desde la izquierda.
Xcor dejó caer los prismáticos de sus ojos.
—Demasiado al descubierto bajo la luz del día. Esto es un asador en ciernes.
—Quizás equipó el sótano —dijo Zypher—, con más de aquellas bañeras de mármol…
Dado el tono de su voz, el soldado se estaba imaginando a féminas de distintas clases en el agua con espuma, Xcor le disparó una mirada fulminante antes de reanudar la vigilancia.
Pero qué desperdicio. Assail, el hijo de uno de los Hermanos más importantes que habían existido nunca, pudo haber sido un luchador, un guerrero, quizás incluso un Hermano, pero la descarriada Elegida de su madre le había obligado a ir por otro camino.
Aunque se podría discutir que si el bastardo hubiera tenido los huevos, habría forjado su destino en otras empresas que aquellos jueguecitos en bañeras de mármol. Sin embargo, tal como estaban las cosas, él era simplemente otro desecho inútil de la especie, un guaperas con nada de provecho que hacer con sus noches.
Aunque todo aquello podría cambiar esta noche.
Bajo estos cielos nublados, contra el telón de fondo de los relámpagos, este macho era importante, al menos por un breve período. Concedido, las circunstancias de su relevancia podrían costarle la vida, pero si los libros de historia cumplían sus propósitos, bien podría ser recordado por jugar un pequeño papel en el enorme punto de inflexión de la raza.
No es que él supiera nada de esto, por supuesto.
Bien pensado, nadie esperaba que el cebo fuera consciente de estar atrayendo a los tiburones.
Escrutando los terrenos ondulados una vez más, Xcor decidió que la falta de árboles y arbustos era el resultado del proceso de desbrozado previo a la construcción. Sin duda un aristócrata querría jardines cuidados, el hecho de que aquello hiciera más difícil deslizarse cerca de la casa no era la clase de asunto que Assail tuviera en cuenta.
Las buenas noticias eran que aunque seguramente hubiera acero en la estructura de la casa, como parte de las vigas de apoyo, fijaciones de los suelos y los travesaños del tejado, al menos uno podría entrar y salir a través de todo aquel cristal.
—Ah, sí, aquí está el orgulloso propietario —gruñó Xcor a la figura de un macho entrando a grandes zancadas en el elegante salón.
Ni siquiera las cortinas ocultaban su presencia. Era como si fuera un hámster en una jaula.
El macho se merecía morir por ser así de estúpido, y además, en la espalda de Xcor, su guadaña empezó a tararear un cántico fúnebre.
Xcor incrementó el aumento de los prismáticos. Assail estaba sacando algo del bolsillo de su pecho, un puro. Y lógicamente, el encendedor era de oro. Seguramente pensaba que el fuego, como la carne envasada, solo venía de las tiendas.
Iba a ser un placer matarle.
Junto a los demás que pronto aparecerían por allí.
De hecho, el Consejo de la glymera se había negado a contestar a Xcor y a su Banda de Bastardos. Ninguna invitación a la reunión. Ningún recibimiento por parte de su leahdyre Rehvenge. Ni siquiera una respuesta oficial a la carta que les fue enviada en primavera.
Al principio, aquello lo había frustrado hasta el punto de la violencia. Pero luego un pajarito había empezado a piar en su oído, y había mostrado otro camino.
A menudo, la mejor arma en una guerra no era una daga, una pistola o incluso un cañón. Era algo invisible y letal… aunque no gas venenoso. Era algo completamente ingrávido y aún así con una gravedad más allá de la medida.
Información. La información, sólida y corroborada proveniente de una fuente en el interior del campo enemigo, era una poderosa bomba atómica.
De hecho, su misiva al Consejo había sido recibida, y lo que era más, había sido tomada en serio. El gran Rey Ciego, aunque sin decir nada, había comenzado inmediatamente reuniones con los cabeza de familia de todos los linajes restantes… en persona y en sus lugares de residencia.
Un movimiento atrevido en tiempos de guerra… y demostraba que el desafío de Xcor tenía una base real: un rey no arriesgaba su vida de esta manera a menos que hubiera perdido el contacto con sus súbditos y fuera obligado a volver a contactar.
En retrospectiva, aquello era incluso mejor que una reunión con el Consejo. Había un número limitado de miembros fuera, y todos ellos tenían domicilio conocido. Wrath ya había mantenido audiencia con la mayoría y gracias al pajarito, Xcor, sabía perfectamente quién estaba fuera.
Cambiando el enfoque, evaluó el tejado. Las terrazas. La chimenea del lado más próximo.
De acuerdo con la fuente de Xcor, Assail había regresado en primavera, asumiendo la propiedad de este colador de casa, y… aquello era todo lo que los aristócratas sabían. Bueno, aparte de la notable excepción de que el macho no había traído a nadie con él: ni familia, ni personal ni shellan, y que se atendía él mismo. Ambas cosas eran inusuales para un miembro de la glymera, pero quizás estaba esperando ver cómo iban las cosas en este nuevo entorno antes de traer a los de su sangre con él y entretener a otros de su clase…
Había existido un hermano menor ¿no? También mimado por aquella descarriada Elegida de madre que tenían. ¿Quizás una hermanastra de mala reputación?
Por detrás, Xcor oyó a sus soldados estirarse, sus prendas de cuero crujiendo, sus armas cambiando de posición. En el cielo, las nubes de tormenta seguían soltando fogonazos de luz, con la base retumbante del trueno permaneciendo, hasta ahora, a lo lejos.
Debería haber asumido desde el mismo principio que acabaría así: Si quería a Wrath fuera del trono, iba a tener que hacerlo él mismo. Confiar en la glymera para algo más que infundados delirios de grandeza había sido un error.
Al menos él tenía al suyo dentro del Consejo. En el período subsiguiente, cuando las cosas se liaran, iba a necesitar el apoyo. Afortunadamente, había más gente de acuerdo con él que gente en desacuerdo: Wrath no era nada más que una figura decorativa y mientras en tiempos de paz aquello se toleraba, en esta época de guerra y conflictos era intolerable.
Las Viejas Costumbres podían mantener a aquel varón donde no pertenecía durante mucho tiempo. Entretanto, Xcor esperaría el momento adecuado y golpearía con contundencia.
Era el momento de que el reinado de Wrath fuera relegado a una nota a pie de página pronto olvidada.
—Odio esperar —farfulló Zypher.
—Esta es la única virtud que importa —soltó Xcor en respuesta.
*  *
En el vestíbulo de la mansión de la Hermandad, todo el mundo estaba reunido para salir por la noche, los machos pululando alrededor del pie de la enorme escalera, con las armas brillando en sus pechos y caderas, las cejas tensas sobre ojos fríos, sus cuerpos andando con pasos cortos como aquellos sementales cuyas pezuñas no podían ser inmovilizadas.
Desde las sombras en el exterior de la despensa del mayordomo, No’One esperaba a que Tohrment bajara y se uniera a ellos. Normalmente estaba entre los primeros, pero últimamente se rezagaba más y más…
Allí estaba, en el extremo del rellano de la segunda planta, vestido de cuero negro.
Mientras bajaba, se agarró de la barandilla con indiferencia.
A ella no la engañaba.
Se había debilitado más que nunca en los últimos meses, el cuerpo consumido, hasta que estuvo claro que solo sus ansias de venganza lo animaban.
Estaba hambriento de sangre. Y aún así evidentemente se negaba a ceder a aquella exigencia de la carne.
Así que ella esperaba nerviosa, observando al principio y al final de cada noche: Cada atardecer esperaba que él bajara por fin renovado. Y antes de cada amanecer, se encontraba rezando para que volviera vivo.
Querida Virgen Escriba, él…
—Pareces una mierda —dijo uno de los Hermanos.
Tohrment ignoró el comentario mientras se acercaba para quedarse al lado del enorme y joven macho con el que se había emparejado Xhexania. Los dos eran un equipo, por lo que ella podía decir, y estaba agradecida por ello. El más joven tenía que ser de pura raza, a pesar de su nomenclatura, y ella había oído muchas alusiones a sus proezas en el campo de batalla. Además, ese luchador en concreto nunca estaba solo: detrás de él, tan fiel como un reflejo, había un soldado de aspecto realmente peligroso, con iris de diferentes colores y una evaluación de su mirada sugería que era tan inteligente como fuerte.
Tenía que creer que ambos intercederían si Tohrment estuviera en peligro.
—¿Disfrutando de la vista? Yo no.
Ella siseó y se dio media vuelta, el dobladillo de la túnica revoloteó. Lassiter había llegado por la despensa sin que ella se enterara y estaba ocupando el umbral abierto, con el cabello rubio y negro y sus piercings de oro captando la luz del aplique sobre su cabeza.
Sus ojos sabios eran siempre algo de lo que escapar pero al menos en este momento aquella mirada blanca no estaba sobre ella.
Cruzando los brazos sobre el pecho y metiendo las manos dentro de las mangas de la túnica, No’One reanudó su observación de Tohrment.
—En verdad, no sé como todavía está luchando.
—Ya es hora de dejar de andar de puntillas a su alrededor.
Ella no estaba del todo segura de lo que significaba aquello, pero probó suerte.
—Aquí hay Elegidas que están disponibles para la alimentación. ¿Seguramente podría utilizar a una de ellas?
—Joder, eso supondrías.
Estaban de acuerdo, su atención osciló por un instante cuando Wrath, el Rey Ciego, apareció en lo alto de las escaleras y bajó hacia los reunidos. También iba vestido para la guerra y su amado perro no estaba con él… ahora lo guiaba su reina, los dos con una sincronización tal que se movían con la misma postura, manera de andar y desenvoltura.
Tohrment había tenido aquello una vez, pensó ella.
—Desearía que hubiera algún modo de ayudarle —susurró—. Haría cualquier cosa por verle con apoyo en vez de solo en su sufrimiento.
—¿Lo dices en serio? —vino una respuesta sombría.
—Por supuesto.
Lassiter puso el rostro en su línea de visión.
—¿Lo dices realmente en serio?
Ella iba a retroceder un paso pero se encontró bloqueada por el quicio de la puerta.
—Sí…
El ángel tendió la mano hacia ella para agarrarla.
—Júralo.
No’One frunció el ceño.
—No comprendo…
—Sostienes qué harías cualquier cosa. Quiero que lo jures. —Ahora aquellos ojos blancos ardían—. Hemos estado estancados desde la primavera, y no tenemos un tiempo infinito para recordar. Dices que quieres salvarle, y yo quiero que te comprometas a ello… sin importar lo que cueste.
De repente, como si el recuerdo hubiera sido colocado a propósito en su mente (quizás por el ángel, lo más probable por su conciencia) ella recordó aquellos momentos después del parto de Xhexania, cuando su dolor físico y su angustia mental habían sido lo mismo, el balance finalmente igualado mientras la agonía en su corazón por todo lo que había perdido se hacía manifiesta en su interior…
Incapaz de soportar sus cargas, había tomado la daga de Tohrment de su funda y la utilizó de un modo que lo hizo gritar.
El grito ronco de Tohrment fue lo último que ella había oído.
Alzó la mirada hacia el ángel, no era estúpida, ni tampoco una ingenua.
—¿Estás sugiriendo que lo alimente?
—Sí. Lo hago. Ya es hora de llevar esto al siguiente nivel.
No’One tuvo que armarse de valor antes de volver a mirar a Tohrment. Pero cuando asimiló el débil cuerpo masculino, llegó a una decisión: Él la había enterrado… así que seguramente ella podría obligarse a aceptarlo en su vena para darle la vida.
Suponiendo que él estuviera de acuerdo en tomar lo que se le ofrecía.
Suponiendo que ella pudiera hacerlo.
Es más, incluso en el caso hipotético, su cuerpo temblaba ante el pensamiento, pero su mente rechazaba la repuesta de la carne. Esto no era un interés masculino en nada que viniera de ella. De hecho, él sería el único macho al que podría alimentar sin peligro.
—La sangre de una Elegida debería ser más pura —se oyó decir.
—Y no la conseguimos por ninguna parte.
No’One movió la cabeza, negándose a leer entre líneas aquella afirmación. Entonces cogió la mano del ángel.
—Serviré a sus necesidades de sangre si viene a mí.
Lassiter hizo una reverencia siempre de un modo tan leve.
—Me ocuparé de esa parte. Y voy a hacer que lo mantengas.
—No tendrás que hacerlo. Mi promesa es sagrada.


Capítulo 21

De pie en el vestíbulo con sus Hermanos, Tohr tuvo una mala sensación sobre la forma en que iba a ir la noche. Por otra parte, se había despertado de aquel sueño sobre Wellsie y el bebe, el mismo que había tenido de vez en cuando, pero solo lo entendía de verdad desde que Lassiter había provisto el contexto. Ahora sabía que ambos estaban en el Between, acurrucados bajo una sabana gris en el medio de una tierra gris oscuro que era fría e inflexible.
Estaban alejándose gradualmente en la distancia.
La primera vez que había tenido la visión, habría sido capaz de distinguir cada uno de los cabellos de la cabeza de su shellan… y las medias lunas blancas en las puntas de las uñas… y la forma en que las fibras ásperas de la sábana capturaban la extraña luz ambiental…
También los contornos del pequeño bebé que acunaba contra su corazón.
Ahora, pensó, ella estaba a unos metros, el gris espacio entre ellos era algo que él intentaba cruzar, pero era incapaz de cubrirlo. Y exactamente tan alarmante, ella había perdido el color, cara y cabello tintados ahora con el gris de la prisión donde estaba atrapada.
Naturalmente, había estado loco cuando se había despertado.
Joder, había hecho todo lo que podía para avanzar en los últimos meses: guardado el vestido. Bajado a la Primera y Última comidas. Intentado el puñetero yoga, la gilipollez trascendental e incluso entrado en Internet para buscar etapas de dolor y otras mierdas de psicólogos.
Había intentado no pensar en Wellsie conscientemente, y si su subconsciente eructaba un recuerdo, él lo sofocaba. Cuando le dolía el corazón, pintaba aquellas jodidas palomas blancas liberadas de jaulas, y malditos estallidos, y estrellas fugaces, y un puñado de otras burradas metafóricas que iban en posters motivacionales.
Y todavía tenía aquel sueño en sombras de gris.
Y todavía estaba Lassiter aquí.
No estaba funcionando…
—¿Tohr? Con nosotros —ladró Wrath.
—Sip.
—Asegúrate —después de un momento, las gafas envolventes de Wrath se volvieron hacia el resto del grupo—. Lo hacemos así. V, John Matthew, Qhuinn, y Tohr conmigo. Todos los demás en el campo, listos para acudir como respaldo.
Hubo un grito de asentimiento de los Hermanos, y luego todos estaban desfilando por el vestíbulo. Tohr fue el último en atravesar la puerta, y justo cuando pasaba por las puertas, algo lo hizo pararse y mirar sobre el hombro.
No’One había dado un paso fuera de algún lugar, y permanecía de pie sobre el borde de la representación del manzano en el suelo, su capucha y túnica la hacía parecer una sombra que de repente hubiera llegado a la 3-D
El tiempo se enlenteció y luego se detuvo en seco cuando se encontraron sus ojos, algo extraño lo empujó dejándolo donde estaba parado.
En el transcurso de los meses desde la primavera, la había visto en las comidas, se había obligado a hablar con ella, le había retirado sillas y ayudado a servirle como hacía con las otras hembras de la casa.
Pero no había estado a solas con ella, y nunca la había tocado.
Ahora, por alguna razón, se sentía como si la estuviera tocando.
 —¿No’One? —dijo
Sus brazos se revelaron fuera de las mangas y las manos retiraron la capucha que cubría su cara. Con gracia, se descubrió ella misma.
Sus ojos eran luminosos y un poco asustados, sus rasgos tan perfectos como habían sido antes, en la primavera en el Santuario. Y más abajo, la garganta era una columna de piel perfecta y pálida… la cual se tocó ligeramente con las yemas de los dedos temblorosos.
Salido de ningún sitio, el hambre lo golpeó con fuerza, la necesidad reverberó a través de su cuerpo, alargando sus colmillos, separando sus labios…
—¿Tohr? ¿Qué cojones?
La aguda voz de V rompió el hechizo, y con una maldición, él miró por encima del hombro.
—Ya voy.
—Bien. Porque el Rey está esperándote, ¿sabes?
Tohr lanzó una mirada atrás hacia el foyer, pero No’One se había marchado. Como si nunca hubiera estado.
Frotándose los ojos, se preguntó si se lo había imaginado todo. ¿Se había agotado hasta el punto de la alucinación…?
Si estaba viendo cosas, no era por cansancio, le señaló una parte de él.
—No digas otra palabra —murmuró mientras pasaba cerca de su Hermano—. Ni una maldita cosa.
Cuando V empezó a hablar entre dientes, obviamente era una letanía de todos los fallos de Tohr, reales e imaginados… para lo que servirían. Al menos aquella mierda estaba manteniendo ocupada la boca del jodido mientras ambos se acercaban a zancadas hacia Wrath, John Matthew y Qhuinn.
—Listo —anunció Tohr.
Ninguno de ellos necesitaba verbalizar sobre-su-jodido-tiempo. Sus expresiones eran bastante llamativas.
Segundos después, los cinco se materializaron sobre el agitado césped de una casa tan grande que se podía guardar un ejército allí. Trágicamente, solo el propietario estaba en la residencia, porque aquello era todo lo que quedaba de su línea de sangre.
Habían estado en tantas casas como esta en los últimos meses. Demasiadas. Y las historias eran siempre las mismas. Familias diezmadas. La esperanza desaparecida. Aquellos dejados detrás sobreviviendo, no viviendo.
La Hermandad no daba por supuesto que aquellas visitas fueran bienvenidas, aunque, naturalmente, nadie rechazaba al Rey. Y no se arriesgaban: con sus armas en las manos, la formación que adoptaban mientras se aproximaban a la puerta era con Tohr frente a Wrath, V en retaguardia, John junto a la mano de la daga del Rey y Qhuinn al otro lado.
Dos encuentros más como este y se podrían tomar un pequeño respiro…
Que se estrellara a continuación probaba que estar muerto podía ocurrir en un instante.
Bruscamente, el mundo empezó a girar, la antigua y destartalada casa se retorció y giró tan seguro como si hubiera batidoras de huevos por cimientos.
—¡Tohr! —ladró alguien.
Y una mano lo agarró. Alguien más renegó.
—¿Le han disparado?
 —Hijodeputa…
Con un juramento, Tohr los alejó a todos y recuperó el equilibrio.
—¡Por Cristo! Estoy bien…
V se metió tan rápido en su parrilla que el bastardo estaba prácticamente dentro de su nariz.
—Vete a casa.
—Has perdido la cabeza…
—Aquí eres una responsabilidad. Estoy llamando al refuerzo.
Tohr estaba listo para discutir, pero Wrath solo sacudió la cabeza.
—Necesitas alimentarte, Hermano mío. Ya es tiempo.
—Layla está preparada —añadió Qhuinn—. He estado asegurando su permanencia en este lado.
Tohr los miró a los cuatro y supo que estaba perdido. Cristo, V ya tenía el teléfono en el oído.
También supo que en algún nivel ellos tenían razón. Pero, Dios, no quería enfrentar esa ordalía otra vez.
—Vete a casa —ordenó Wrath.
 V se guardó el teléfono.
—El TELL de Rhage es… bingo.
Mientras Hollywood aparecía, Tohr renegó un par de veces. Pero no podía luchar con ellos… o su realidad.
Con todo el entusiasmo de alguien haciendo frente a la amputación de un miembro, volvió a la mansión… para encontrarse con la Elegida Layla.
Joder.
*  *
A través de los binoculares, Xcor observó al venerable Assail entrar a zancadas a la enorme cocina y detenerse en la ventana que encaraba en la dirección de los bastardos.
El macho aún era atractivo como el pecado, con su cabello oscuro, brutalmente negro y la piel bronceada. Los rasgos eran tan aristocráticos, que en realidad parecía inteligente… aunque aquello era lo que ocurría con la glymera. Con frecuencia la gente con hermosos semblantes y cuerpos en forma eran erróneamente asumidos por los demás como dotados con cerebros a juego.
Cuando el vampiro incurrió en alguna clase de actividad, Xcor frunció el ceño y se preguntó si no estaba viendo cosas. Desafortunadamente… no. Parecía que de hecho el macho estaba revisando el mecanismo de algún arma como si acostumbrara a hacerlo. Y después de que acomodara el arma bajo aquella chaqueta negra de traje perfectamente cortada, sacó otra y realizó los mismos movimientos.
Extraño.
¿A menos que el Rey le hubiera advertido que podía haber problemas en la visita? Pero no, sería tonto. Si fueras el asiento de poder de la raza, no querrías aparecer bajo sitio.
Especialmente si lo estuvieras de hecho.
—Está saliendo —anunció Xcor mientras Assail parecía dirigirse al garaje—. No va a encontrarse con Wrath. Al menos no esta noche… y desde luego no aquí. Vamos a cruzar el río. Ahora.
 En un segundo, se desmaterializaron, reasumiendo sus formas en el grupo de pinos al límite de la propiedad.
Había estado equivocado sobre el diseño del paisaje. Había parches circulares sobre el césped donde la hierba estaba creciendo de nuevo, y aquí, alrededor de la parte trasera de la casa, había apilado cuidadosamente un montón de no simples troncos, sino árboles enteros.
También un hacha enterrada en un tocón, y una sierra de arco… y madera serrada recién cortada para quemar.
Así que el macho tenía algún doggen, al menos. Y aparentemente un respeto por qué importante era no proporcionar cobertura para un ataque. ¿A menos que la eliminación hubiera sido por la vista?
No había mucho más que bosque en esta parte de la casa.
De hecho, Assail no parecía ser el aristócrata medio, pensó Xcor con una sonrisa forzada. La cuestión era por qué.
La puerta del hueco de aparcamiento más cercano a la casa empezó a elevarse sin ruido, su ascenso desencadenó una siempre creciente piscina de luz. Además, un poderoso motor aceleró, y luego alguna variación de chasis pegado al suelo, negro brillante se deslizó hacia fuera marcha atrás.
 Mientras el vehículo se detenía en punto muerto y la puerta empezaba a descender, resultó claro que Assail estaba esperando pacientemente que la casa estuviera asegurada antes de dejarla.
Y luego cuando salió, no fue rápido, y no fue con las luces encendidas.
—Lo seguiremos —ordenó Xcor, cerrando los binoculares y asegurándolos en su cinturón.
Desmaterializándose a intervalos, fueron capaces de rastrear al macho río abajo hacia Caldwell. La persecución no presentaba desafíos después de todo: a pesar de estar al volante de lo que parecía ser un coche deportivo de mucha velocidad, Assail no parecía tener ninguna prisa… lo cual, bajo otras circunstancias, para Xcor habría apuntado a que el macho era el típico aristócrata con nada mejor que hacer que estar guapo en un asiento de cuero.
Pero quizás no así en este caso…
El coche se detenía en todas los semáforos en rojo, esquivó la autopista y penetró en los callejones y calles del centro con la misma falta de presteza.
Assail fue a la izquierda, luego a la derecha… izquierda de nuevo. Todavía más vueltas, hasta que estuvo en la parte más vieja de la maraña de la ciudad, donde los bloques de oficinas eran ruinosos, y las misiones y las cocinas de caridad que servían a los sin-techo eran más comunes que los negocios lucrativos.
No se podía tomar una ruta más tortuosa.
Xcor y su Banda de Bastardos se mantenían sobre él apareciendo brevemente de tejado en tejado, una práctica que empezaba a ser complicada mientras las condiciones se degradaban.
 Excepto cuando el coche se detuvo en un estrecho callejón entre una casa de vecinos que había sido tapiada y la desmoronada estructura de un edificio sin ascensor. Cuando Assail salió, aspiró su puro, el humo dulce fue llevado por las corrientes de aire hasta la nariz de Xcor.
Durante un momento Xcor se preguntó si habían sido arrastrados a una trampa… y como él fue por su arma, sus soldados hicieron lo mismo. Pero luego un enorme sedán hizo un gran giró y rodó hasta la callejuela. Mientras se detenía ante él, la preferencia de Assail para elegir aquél sitio empezó a aclararse. A diferencia del recién llegado, el vampiro había aparcado al principio de un cruce de cuatro vías, así que podía ir en cualquier dirección.
Inteligente si uno quería escapar.
 Del otro coche salieron humanos. Cuatro de ellos.
—¿Estás solo? —preguntó el de delante.
—Aye. Como tú pediste.
Los humanos compartieron miradas que sugerían que la conformidad del macho era una locura.
—¿Tienes el dinero?
—Aye.
—¿Dónde está?
—En mi posesión —el inglés del macho era similar al de Xcor, con un fuerte acento, pero ahí terminaban las comparaciones. Aquel era un acento de clase alta llegado allí, no un áspero acento regional—. ¿Tienes mis cosas?
—Claro, las tenemos. Déjanos ver la pasta.
—Después de que revise lo que me has traído.
El humano habló sacando su arma y apuntando al pecho del vampiro.
—No es así como vamos a hacer esto.
Assail liberó una bocanada de humo azul e hizo girar el cigarrillo entre las puntas de los dedos.
—¿Has oído lo que he dicho, gilipollas? —ladró el humano mientras los tres que estaban detrás de él desaparecieron las manos bajo las chaquetas de sus trajes.
—Aye.
—Esto se va a hacer de la manera que nosotros queramos, gilipollas.
—Eso sería a la manera “Assail”, amable señor.
—Jódete. Dame la pasta.
—Hmm. Desde luego. Tal como ha solicitado.
Bruscamente los ojos del vampiro atraparon los del humano y después de un momento, la automática en su rolliza palma empezó a vibrar apenas ligeramente. Frunciendo el ceño, el tipo se centró en su mano, como si le estuviera enviando una orden.
—No obstante, así no es como yo hago los negocios —murmuró Assail.
 La boca de aquella pistola empezó a moverse gradualmente, alejándose del vampiro y moviéndose en un amplio círculo más y más lejos. Con un pánico creciente, el hombre agarraba su propia muñeca, como si estuviera luchando con otro, pero nada de su esfuerzo hizo variar la cambiante trayectoria.
Mientras la pistola era gradualmente girada hacia su propio operador, los otros hombres comenzaron a gritar y moverse de un lado a otro. El vampiro no dijo nada, no hizo nada, permaneciendo absolutamente calmado y controlado mientras congelaba a los tres en sus lugares, bloqueando sus cuerpos pero no sus caras. Oh, aquellas expresiones de pánico. Bastantes encantadoras.
Cuando la pistola subió hasta la sien del hombre, Assail sonrió, destellando los blancos dientes que brillaban en la oscuridad.
—Permitidme enseñaros cómo hago yo los negocios —dijo en voz baja.
Y entonces el humano apretó el gatillo y se disparó él mismo en la cabeza.
Mientras el cuerpo caía al asfalto y el sonido del disparo hacía eco alrededor, los ojos de los hombres restantes se abrieron de par en par horrorizados incluso mientras sus cuerpos permanecían inmovilizados.
—Tú —dijo Assail al más cercano al sedán—. Tráeme lo que he comprado.
—Y…y…yo… —el hombre tragó con fuerza—. No trajimos nada.
Con la digna altanería de un rey, Assail contestó.
—Lo siento, qué has dicho
—No trajimos nada.
—Y por qué no.
—Porque íbamos a… —el hombre tuvo que tomar otra bocanada de aire y tragar con fuerza—. Íbamos a…
—¿Ibais a llevaros mi dinero y dejarme muerto? —Cuando no hubo replica, Assail negó con la cabeza—. Puedo ver el valor en eso. Y no dudo que entenderéis lo que debo hacer ahora.
Mientras el vampiro aspiraba su puro, el hombre que había hablado empezó a reposicionar su propia pistola, la boca terminó en su sien.
Uno por uno, sonaron tres disparos más.
Y luego el vampiro se paseó por encima y apagó su puro en la boca muerta del primero que había caído.
Xcor se reía bajito mientras Assail volvía a su vehículo.
—¿Lo seguimos?—preguntó Zypher.
Esa no era la cuestión. Había lessers para luchar aquí en la zona centro, y no había razón para preocuparse de si Assail estaba sacando dinero de las adicciones de los humanos. Además, quedaba un montón de noche para utilizar. Y todavía habría un próximo encuentro entre el macho y el Rey.
—Aye —replicó Xcor—. Pero solo Throe y yo. Si hay una reunión con Wrath os encontraremos.
—Por eso necesitamos los nuevos móviles —dijo Throe—. Más rápidos, mejor coordinación.
Xcor apretó los dientes. Desde su llegada al nuevo mundo, había permitido que Throe contratara un solo móvil y no varios: los sentidos del olfato y oído de un luchador, su instinto afilado por entrenamiento y práctica, el conocimiento de su enemigo y de él mismo, eso no venía con una factura mensual, la necesidad de recargas, o la amenaza de ser dejado de lado o perdido o robado.
Ignorando el comentario, Xcor dio una orden.
—El resto de vosotros marchaos y encontrad al enemigo.           
—Cuál —dijo Zypher con una risotada campechana—. Hay un número creciente de los cuales elegir.
Desde luego. Assail no se estaba comportando como un aristócrata. Estaba actuando como un macho que estaría intentando construir alguna clase de imperio propio.
Era totalmente posible que este miembro de la glymera fuera de la clase de vampiros de Xcor. Lo que quería decir que probablemente debiera ser eliminado en algún momento… y no simplemente como un daño colateral.
Solo había sitio para un rey en Caldwell.

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