jueves, 14 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 22 23 24

Capítulo 22

Cuando Tohr tomó forma en la mansión de la Hermandad, estaba cabreado con el mundo. De un humor de perros. Como una serpiente de cascabel loca.
Abriéndose paso hacia el vestíbulo, rezó para que Fritz abriera la cerradura con el remoto y no hiciera la ruta personal. Nadie necesitaba verle así…
Sus oraciones fueron contestadas cuando la puerta interior cedió y entró en el vestíbulo con una audiencia de nadie. En todo el primer piso, la casa estaba en silencio, los doggen aprovechaban la oportunidad de atender los dormitorios de arriba antes de comenzar los preparativos de la Última Comida.
Mierda. Probablemente necesitaría mandarle un mensaje a Phury sobre donde estaba Layla…
Por algún instinto repentino y muy emocionante, giró la cabeza sobre el extremo de la columna vertebral, enfocando los ojos en el comedor.
Alguna pista interior le dijo que entrara, el impulso le llevaba a través de los arcos, más allá de la larga mesa brillante... y al otro lado de la puerta batiente de la cocina.
No'One estaba en el mostrador cascando huevos en un recipiente de cerámica.
Sola.
Ella se detuvo a mitad de cascar otro huevo, levantó la cabeza encapuchada y se giró para mirarle.
Por alguna razón, el corazón de Tohr empezó a latir con fuerza.

—¿Te imaginé? —dijo él.
—¿Perdón?
—¿Te imaginé en el vestíbulo antes de irme?
No'One bajó lentamente la mano, el huevo salvado de la rotura. Temporalmente.
—No. No lo hiciste.
—Quítate la capucha.
No era una pregunta, sino una exigencia… del tipo que Wellsie nunca hubiera soportado. No’One, por el contrario, le obedeció solemnemente.
Y allí estaba ella, revelada ante sus ojos, la masa de cabello rubio terminaba en el inicio de esa trenza gruesa, las mejillas pálidas y los ojos luminosos, su rostro....
—Le dije a Lassiter… —carraspeó—. Lassiter me pidió que te alimentara.
—Y tú dijiste.
—Sí.
De repente, él la imaginó en la piscina, flotando sobre la espalda, completamente desnuda, con la penetrante lengua del agua lamiendo su piel caliente.
Por todas partes.
Tohr extendió una palma y se apoyó en un armario. Era difícil saber qué le desequilibraba más: la súbita necesidad de estar en su garganta, o su total desesperación al pensar en ello.
—Todavía estoy enamorado de mi shellan —se oyó decir.
Y eso seguía siendo el problema: toda las soluciones del mundo, todo esa mierda de girar-página-y-dejarla-ir no había cambiado sus emociones en lo más mínimo.
—Lo sé —respondió No'One—. Y me alegro.
—Debería utilizar a una Elegida. —Se acercó un paso.
—Lo sé. Y estoy de acuerdo. Su sangre es más pura.
Dio otro paso hacia adelante.
—Tú provienes de un buen linaje.
—Provenía —dijo crudamente.
Cuando la frágil extensión de sus hombros empezó a temblar muy ligeramente, como si hubiera sentido su hambre, el depredador en él despertó. De repente, se encontró queriendo saltar por encima de la isla donde ella estaba de pie, sólo para poder...
¿Hacer qué?
Bueno, eso era evidente.
Aunque su corazón y su mente no eran nada más que una pista de patinaje vacía, congelado y plano como la mierda, el resto de él estaba vivo, su cuerpo palpitaba con un propósito que amenazaba con masacrar las buenas intenciones, el decoro adecuado... y su proceso de duelo.
A medida que daba más pasos para acercarse a ella, tuvo el horrible pensamiento de que esto era lo que Lassiter había querido decir con dejar ir: en este momento, había dejado a Wellsie atrás. No era consciente de nada más excepto la menuda hembra delante de él que luchaba por permanecer quieta mientras era acechada por un Hermano.
Sólo se detuvo cuando estaba a no más medio metro de distancia. Miró más allá de su cabeza inclinada, sus ojos fijos en el pulso frágil de la vena yugular.
Ella estaba respirando tan fuerte como él.
Y cuando inhaló, captó un aroma.
No era miedo.
Querida Virgen Escriba, estaba enorme.
Cuando No'One estuvo al abrigo del gran guerrero que se cernía sobre ella, sintió el calor que emanaba del enorme cuerpo como si estuviera delante de un fuego furioso. Y sin embargo... no se quemaba. Y no tenía miedo. Se calentó en un lugar tan profundo, tan enterrado dentro de ella, que no lo reconoció de inmediato como parte de su estructura interna.
Todo lo que sabía con certeza era que él iba a tomar su vena dentro de un momento y ella iba a permitírselo… no porque el ángel se lo hubiera pedido, no porque lo hubiera prometido y no porque quisiera compensar algo del pasado.
Ella... quería que lo hiciera.
Cuando un siseo escapó de él, supo que Tohrment había abierto la boca para exponer sus colmillos.
Ya era hora. Y no se había subido la manga. Se aflojó la parte superior de su vestido, lo abrió hasta los hombros y ladeó la cabeza.
Ofreciéndole la garganta.
¡Oh, cómo le latía el corazón!
—Aquí no —gruñó—. Ven conmigo.
Agarrándola de la mano, tiró de ella hacia la despensa y entraron. La habitación abarrotada y estrecha estaba llena de estanterías con coloridas latas de frutas y verduras, el aire inmóvil y cálido olía a granos recién molidos y a la dulzura seca y pastosa de la harina.
Cuando la luz del techo se encendió y la puerta se cerró, ella supo que habían sido dispuestos así por él.
Y entonces él la miró mientras sus colmillos se alargaban aún más, las dobles puntas blancas asomaban por debajo de su labio superior, sus ojos brillaban.
—¿Qué debo hacer? —preguntó ella con voz ronca.
Él frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
—¿Qué puedo hacer… por ti? —El symphath había tomado lo que había querido y al infierno con ella. Y su padre, naturalmente, nunca había permitido que ningún macho se alimentara de ella. Había una cierta manera de que…
De repente, pareció que Tohrment salía del vórtice, algo le sacudió de vuelta a una conciencia diferente. Y, sin embargo, su cuerpo permanecía totalmente comprometido, cambiaba su peso de una bota a la otra, cerrando las manos y abriéndolas, cerrando… y aflojando.
—¿Nunca has...
—Mi padre me estaba reservando. Y cuando fui secuestrada... Nunca antes he hecho esto correctamente.
Tohrment se llevó una mano a la cabeza como si tuviera un dolor dentro de él.
—Escucha, esto es…
—Dime qué hacer.
Mientras él clavaba los ojos en ella otra vez, No’One pensó que su nombre era muy apropiado. Mira que atormentado estaba.
—Necesito esto —dijo él, como si hablara para sí mismo.
—Sí, lo necesitas. Estás tan demacrado que me duele por ti.
Salvo que él iba a detener esto, pensó cuando su mirada se volvió apagada. Y sabía por qué.
—Ella es bienvenida en este espacio —dijo No'One—. Trae a tu shellan a tu mente. Deja que tome mi lugar.
Cualquier cosa que le ayudara. Por la gran bondad de Tohrment hacia su yo anterior y las crueles maquinaciones del destino contra él, ella haría cualquier cosa para que esto saliera bien.
—Puedo hacerte daño —respondió él con dureza.
—No es peor de lo que ya he sobrevivido.
—¿Por qué...
—Deja de hablar. Deja de intentar pensar. Haz lo que debes para cuidar de ti mismo.
Hubo un silencio largo y tenso. Y entonces la luz se apagó, la pequeña habitación quedó en sombras, con la única iluminación que entraba a través de los paneles de vidrio blanquecino de la puerta.
Ella jadeó.
Él respiró más fuerte.
Y luego un brazo la rodeó por la cintura y tiró de ella hacia adelante. Cuando golpeó el muro de su pecho, fue como si hubiera sido arrojada contra una roca y extendió las manos a ciegas para agarrarse a algo…
Los músculos de sus brazos era suave y cálida, piel fina sobre los músculos duros.
Tiró. Tiró de su trenza. Luego estiró… y su cabello se soltó, el cuero cabelludo se vio libre de los tirones y de la atadura, la liberación llevó su cabeza hacia atrás.
Una mano grande se deslizó entre sus cabellos, enredándose, tirando hacia abajo. Y mientras su cuello se estiraba aún más, su columna vertebral se vio obligada a seguirle hasta que estuvo levantada del todo por la fuerza masculina.
Desorientada y desequilibrada, perdió momentáneamente su propósito como le había pasado a él antes de que la oscuridad hubiera sido forzada.
Buscando su rostro, ella lo encontró. Pero no había nada ahí. No podía ver sus rasgos, no podía encontrarle en el cuerpo masculino contra el que estaba apoyada.
Instantáneamente, su rostro se convirtió en nada más que planos y ángulos anónimos. Y su cuerpo ya no era el de Tohrment, el Hermano que había intentado salvarla, sino el de algún extraño.
Sin embargo, no había vuelta atrás, no podía deshacer el giro de la rueda que había desatado.
Su agarre, sus brazos, su cuerpo se tensó aún más, hasta que fue aplastada contra él. Y cuando se puso rígida, él bajó la cabeza, un gruñido emanó de lo más profundo de su caja torácica, un olor oscuro y rico se filtró en su sensación de miedo.
Hubo otro siseo, seguido de un arañado que se inició en la clavícula y fue subiendo.
El pánico la abrumó.
La presencia de Tohr, su dominio sobre ella, el hecho de que no podía verle bien, todo lo relacionado con la experiencia le hizo rememorar el pasado, y comenzó a luchar.
Que fue cuando él golpeó.
Con violencia.
No'One gritó y trató de apartarlo, pero sus colmillos ya estaban hundidos profundamente, el dolor dulce, como una picadura de abeja. Y luego, la succión, la poderosa succión que estaba acompañada por el salvaje temblor del cuerpo de Tohr.
Algo duro sobresalía de sus caderas. Presionaba contra su vientre.
Usando todas sus fuerzas, intentó liberarse de nuevo, pero sus esfuerzos fueron una brisa leve en contraposición a los vientos huracanados.
Y entonces... su pelvis comenzó a moverse contra ella, girando, la excitación empujaba contra su túnica, buscando un modo de entrar mientras la tomaba profundamente, gruñidos de satisfacción se alzaban en el aire a su alrededor.
Él ni siquiera sintió su sobresalto, tan consumido como estaba.
Y la mente consciente de ella no podía liberarse del hecho que ella había querido esto de él.
Mirando hacia el techo, recordó otras veces que había luchado en vano, y rezó, como lo había hecho entonces, porque esto pasara pronto.
Querida Virgen Escriba, qué había hecho...
El cuerpo contra el de Tohr entregó todo lo que había para dar, sangre, aliento y carne. Y malditos fueran los dos, pero él tomó, tomó con fuerza y avidez, bebiendo profundamente y queriendo más que sólo su vena.
Quería el núcleo de esta hembra.
Quería estar en su interior mientras bebía de ella.
Y esto era cierto incluso cuando él era sumamente consciente de que no era su Wellsie. Su pelo no se sentía igual… el de No'One caía liso, no en gruesos rizos. Su sangre no tenía el mismo sabor… el rico sabor contra su lengua y el picor contra su garganta eran completamente diferentes. Y su cuerpo era más delgado y más delicado, no robusto y poderoso.
Sin embargo, la deseaba.
Su dejado-de-la-mano-de-Dios miembro estaba rugiendo sin excusa, listo para tomar, tomar y... poseer también. Por lo menos sexualmente.
 Mierda, esta bola de fuego de deseo y necesidad no era ni parecida a la pálida alimentación anémica que había tomado con la Elegida Selena. Esto era lo que debía ser, este abandono, este desprendimiento de la piel civilizada para revelar hasta la médula al animal.
Y maldito fuera, él iba por ahí.
Recolocando a No'One, dejó que su sujeción alrededor de la cintura cayera hasta que la estuvo agarrando por la parte baja de la espalda, luego la cadera… y luego el culo.
Bruscamente, la empujó contra los armarios de cristal, los paneles de las puertas repiquetearon. No era su intención ser rudo, pero era imposible luchar contra la necesidad. Y peor aún, en los recovecos de su mente, no quería hacerlo.
Levantó la cabeza y soltó un rugido que hirió incluso sus propios oídos y luego la mordió de nuevo, su control se quebró ante el festín para sus sentidos hambrientos.
El segundo mordisco fue más alto y más cerca de su mandíbula, y la succión se hizo aún más intensa, la alimentación se extendió rápidamente a las fibras de sus músculos, fortaleciéndole, restaurándole, devolviéndole toda la fuerza física una vez más.
La succión... a la mierda, la succión
Cuando por fin levantó la cabeza, estaba borracho de ella, su mente giraba por razones diferentes a las de la sed de sangre. Lo siguiente sería el sexo y de hecho miró a su alrededor en busca de una cama.
Excepto... que estaban ¿en la despensa? ¿Qué demonios?
Cristo, ni siquiera podía recordar cómo había sucedido todo esto.
 Sin embargo, estaba seguro de que no quería desangrarla, así que bajó la cabeza a su garganta. Sacando la lengua, le acarició la columna donde se había clavado dos veces, sintiendo terciopelo y saboreándola, oliéndola…
El olor que entró en su nariz no era un perfume comercial.
Y no era la excitación exuberante de una mujer, como había sentido al principio.
Estaba aterrorizada.
—¿No'One? —preguntó mientras la sentía temblar por primera vez.
Con un grito ronco, ella comenzó a sollozar, y en su sorpresa, se quedó momentáneamente paralizado. Luego, mientras la sensación retornaba, sintió con toda claridad las uñas que se le clavaban en los brazos, su delicado cuerpo tratando de liberarse.
La soltó de inmediato…
No'One se estrelló contra el armario de la esquina y luego fue hacia la puerta, tiró de la manilla, haciendo repiquetear con tanta fuerza el cristal opaco que estuvo a punto de romperse.
—Espera, déjame que…
En el instante que abrió la cerradura ella salió volando, atravesó la cocina y salió por el otro lado como si estuviera corriendo por su querida vida.
—¡Mierda! —salió tras ella—. ¡No'One!
No le importaba que le oyeran mientras la llamaba una vez más, su voz resonó por los altos techos del comedor mientras esquivaba la larga mesa y luego se disparaba al vestíbulo.
Mientras ella atravesaba la representación del manzano en el suelo, recordó la noche que habían tratado de llevarla de vuelta a casa de su padre, su camisón flotando tras ella, convirtiéndola en un fantasma mientras corría por el prado a la luz de la luna.
Ahora su túnica se extendía detrás mientras se dirigía a las escaleras.
El pánico de Tohr creció tan alto que se desmaterializó para perseguirla, tomando forma a medio camino y sin embargo, todavía no delante de ella. Continuando con su persecución a pie, la siguió más allá del estudio de Wrath y bajando por el pasillo a la derecha.
En el instante que ella llegó a la habitación donde se alojaba, se arrojó dentro y cerró la puerta.
Él llegó a los paneles de madera, justo a tiempo para oír girar la cerradura.
Mientras la sangre femenina fluía por su organismo, dándole el poder que había estado desaparecido, el apetito por la comida que no había tenido, y el cerebro más lúcido conectado a la espina dorsal que hubiera tenido en años, recordó todo lo que no había hecho durante el tiempo que había estado en su garganta.
Ella se había entregado voluntaria y generosamente, y él había tomado demasiado, demasiado rápido, en un cuarto oscuro donde podría haber sido cualquiera excepto el único al que ella había accedido a alimentar.
La había asustado. O peor.
Girando, apoyó la espalda contra la puerta y dejó que sus rodillas se doblaran hasta que tocó el suelo con el culo.
—No me jodas... puta mierda.
Dios lo condenara.
Oh, espera, eso ya había sucedido.










Capítulo 23

Justo antes de la hora de cierre en el Iron Mask, Xhex estaba en su oficina y sacudió la cabeza hacia Big Rob. En el escritorio entre ellos había tres paquetes más de cocaína con el símbolo de la muerte en ellos.
—¿Me estás tomando el pelo con esta mierda?
—Se la he quitado a un tipo hace diez minutos.
—¿Lo has retenido?
—Dentro de los límites de lo que es legal. Le he dicho que estaba haciendo trabajo administrativo. No le he dicho exactamente que era libre para irse… afortunadamente, está tan bebido que no está preocupado por sus derechos civiles.
—Déjame ir a hablar con él.
—Está dónde los quieres.
Ella se encaminó hacia fuera y giró a la izquierda. La sala de interrogatorios estaba en el extremo del pasillo y no tenía un cerrojo en la puerta… la última cosa que necesitaban era un problema con el DPC. Crear más que problemas: dado lo que pasaba bajo este techo cada noche, la policía era conocida por husmear de vez en cuando.
Abriendo la puerta, maldijo en voz baja. El tipo sentado a la mesa estaba desplomado sobre sí mismo, la barbilla apoyada sobre el pecho, los brazos colgando y las rodillas saliendo hacia fuera por los lados. Estaba vestido como un dandi desfasado en un estilo retro-futurista victoriano, luciendo un traje negro de corte ajustado y una camisa blanca con un cuello alto de encaje… y, por supuesto, algo que estaba pasado de rosca. En primer lugar, el tejido. Por otro lado, el hecho de que nada de esto estaba hecho a mano. Y los botones… Pero esto era lo que pasaba cuando a los humanos les gustaba fingir que hacían una incursión en la historia. Conseguían mierda equivocada cada vez.
Cerrando la puerta sin hacer ruido, caminó hacia él en silencio, cerrando un puño… y estrellándolo contra la mesa para despertarlo.
Oh, mira, tenía un pequeño bastón para completar el conjunto. Y una capa.
Mientras el tipo oscilaba hacia atrás y se balanceaba sobre dos patas de la silla, ella cogió el bastón de ébano sobre la marcha y dejó que la gravedad decidiese qué hacer con el humano…
Qué. Mono. En su boca abierta había dos colmillos de porcelana, como protecciones que habían sido pegados en sus caninos. Suponía que eso le hacía sentir todavía más como Frank Langella.
Se sentó justo cuando él aterrizó en el suelo sobre la espalda, y estudió la calavera de plata en la cima del bastón mientras él se arrastraba desde el suelo, enderezando su estúpido disfraz además de la silla, y se aparcaba otra vez. Cuando se alisó el pelo negro azabache, aparecieron las raíces de color marrón ratón.
—Sí, te vamos a dejar ir —dijo ella antes de que preguntase—. Y, siempre y cuando me digas lo que quiero saber, no meteré a nuestros amigos del DPC.
—Está bien. Sí. Gracias.
Al menos no fingía tener acento inglés.
—¿Dónde has conseguido la coca? —Levantó una mano cuando él abrió su hocico—. Antes de que me digas que era de tus amigos y que sólo lo estabas guardando para ellos, o que pediste prestado el abrigo y esto estaba en los bolsillos, la policía no va a creer esa gilipollez más que yo… pero te garantizo que escucharán la mentira.
Hubo un largo silencio durante el cual lo miró fijamente. Incluso se había puesto lentillas rojas para hacer que pareciese que sus iris estaban brillando.
Se preguntó si él incluso había tratado de desmaterializarse a través de la pared.
Estaba dispuesta a ayudarle a intentarlo.
—Hice la compra en la esquina de Trade y la Octava. Hace más o menos tres horas. No conozco el nombre del tipo, pero normalmente está allí cada noche entre las once y las doce.
—¿Sólo vende la mierda marcada con este símbolo?
—Nooo. —El tipo parecía relajado, su acento de Jersey se hacía más fuerte—. Él mueve casi cualquier cosa. Atrás en la primavera, a veces yo no podía conseguir la coca. Pero, no lo sé, el pasado mes o así la ha tenido cada vez. Es lo que me gusta.
¿La rutina de Drácula era su rebelión contra el VBG?, se preguntó.
—¿Por qué nombre es conocido eso? —dijo ella.
—Daga. Se adapta a lo que soy. —Cuando señaló hacia su atuendo, el anillo del meñique con una piedra roja atrapó la luz—. Soy un vampiro.
—De verdaaaaaad. Pensaba que no existían.
—Oh, somos muy reales. —Él le echó una ojeada, sus ojos iban de Donjuán—. Podría presentarte a alguna gente. Meterte en el aquelarre.
—¿Eso no es para las brujas?
—Tengo tres esposas, ¿sabes?
—Suena como que hay una multitud en tu casa.
—Estoy buscando la cuarta.
—Una oferta agradable, pero estoy casada. —Cuando dijo las palabras, el pecho le dolió—. Felizmente, debería añadir.
No estaba segura en beneficio de quién lo había añadido. Dios, John…
El golpe en la puerta fue suave.
—Si —dijo ella sobre el hombro.
—Tienes una visita.
En el momento en que la respuesta golpeó sus oídos, su cuerpo volvió a la vida y de repente estuvo preparada para hacer pasar a este truco-o-trato a través de la puta puerta de cabeza.
John llegaba temprano esa noche, lo que estaba bien para ella.
—Hemos acabado —declaró, poniéndose en pie.
El humano se levantó, sus fosas nasales ensanchándose.
—Dios, tu perfume es… maravilloso.
—No traigas esta mierda a mi casa de nuevo, o la próxima vez no vamos a tener ninguna conversación. ¿Está claro?
Al abrir la puerta, fue golpeada por la esencia de vinculación de su compañero: aquellas especias oscuras se dispararon por el pasillo…
Y allí estaba él, en el otro extremo, de pie en toda su altura fuera de su oficina.
Su John.
Cuando su cabeza giró hacia ella, la saludó con la barbilla y sonrió, sus ojos parecían los de un diablillo. Lo cual significaba que estaba más que preparado para ella.
—Eres hermosa —respiró el farsante mientras daba un paso adelante.
Ella estaba a punto de sacarlo de en medio cuando John vio al pequeño hijo de puta.
Eso no le sentó bien.
Su macho vinculado bajó el pasillo como rondando una presa, sus shitkickers lo suficientemente ruidosas como para ahogar el latido sordo del propio club.
Su amigo con el sombrero y la capa todavía estaba concentrado en ella, pero eso no duró. Cuando llegó una carga de cerca de ciento cuarenta kilos, una acelerada fuerza de la naturaleza acercándose a él, realmente se encogió sobre sí mismo y se refugió detrás de Xhex.
Varonil. Sip. Realmente todo un semental.
John se paró en la puerta y bloqueó toda vía de escape, esos hermosos ojos azules suyos absolutamente agresivos mientras miraba ferozmente al humano por encima del hombro de ella.
Dios, quería follárselo, pensó ella.
Con un movimiento casual, hizo las presentaciones.
—Este es mi marido, John. John, este ya se iba. ¿Cariño, quieres acompañarle fuera?
Antes de que el farsante pudiese responder, John descubrió sus colmillos y dejó salir un siseo. Era el único sonido que podía hacer además de silbar, pero fue mejor que las palabras…
—Oh, mierda —murmuró Xhex mientras se apartaba bruscamente.
El aspirante acababa de mearse encima.
*  *
John estaba más que feliz de sacar la basura. Estúpido humano, ¿mirando así a su hembra? El bastardo tenía suerte de que John estuviese tan cachondo. De lo contrario, se habría tomado el tiempo necesario para romperle una pierna o un brazo sólo para dejarlo claro.
Agarrando al tipo por la nuca, se llevó a la fuerza al hijo de puta de mirada lasciva hacia la salida de la parte trasera, abrió la puerta de una patada y lo arrastró hacia el aparcamiento de atrás.
Alguna versión de “Oh, Dios, por favor no me hagas daño” salió de su boca, y por una buena jodida razón. Sólo el velo más delgado de sentido común evitaba que John lo asesinase.
Como no había forma de ordenarle al tipo que lo mirase, John giró de posición alrededor, lo agarró por los hombros y lo levantó hasta que sus bonitos zapatos de charol colgaron en el aire.
Encontrando los ojos que tenían algún tipo de falso color rojo en ellos, John hizo entrar en trance al fantoche y limpió los recuerdos de esos colmillos que habían sido mostrados. Entonces… bueno, estuvo tentado de implantar una pequeña cancioncilla sobre como los vampiros existían de verdad y venían tras él.
Una buena dosis de paranoia inducida podría darle un rápido final a esta farsa que el jodido estaba viviendo.
Por otra parte, el esfuerzo no merecía la pena. Especialmente no cuando en este momento podría estar dentro de su hembra.
Con una última sacudida, dejó ir al tipo, enviándolo a una carrera a muerte. El jodido estaba escuálido, el ejercicio le iría bien.
Cuando John dio la vuelta hacia al club, vio la Ducati de Xhex aparcada junto al edificio bajo la luz de seguridad, y maldita sea… Se la imaginó a horcajadas sobre toda esa potencia, tendida sobre la máquina, acelerando la moto en una Autopista de la Muerte…
Caminó majestuosamente hacia la puerta y la encontró abierta, con ella aguantándola.
—Pensé que ibas a arrancarle la garganta —dijo, arrastrando las palabras.
Estaba totalmente excitada.
Cuando John se acercó a ella, no se detuvo hasta que sus pechos estuvieron contra el torso, y Xhex no se movió en lo más mínimo… lo cual, naturalmente, hizo que se excitase aún más. Dios, para empezar, ella era caliente, pero esta separación voluntaria que los sacudía estaba haciendo que estuviese aún más desesperado por estar con ella.
—Quieres venir a mi oficina —dijo ella con un gruñido—. ¿O lo hacemos aquí fuera?
Cuando sólo movió la cabeza como el capullo estúpido que era, ella se rió.
—Qué te parece dentro, así no asustamos a los niños.
Sí, para la mayoría de humanos el sexo no implicaba la extracción de sangre.
Mientras ella guiaba el camino, él miraba sus caderas balanceándose y se preguntó si de hecho era anatómicamente posible que la lengua de una persona se arrastrase por el suelo.
En el momento en que estuvieron encerrados juntos, estuvo sobre ella, besándola con fuerza mientras sus manos hacían rápido el trabajo de levantarle la camiseta. Cuando los dedos de ella se clavaron en su pelo, él se inclinó y lanzó una plegaria de agradecimiento porque nunca se molestase en llevar sujetador.
Con un pezón succionado en su boca y una mano metida desde atrás entre sus piernas, la acomodó encima del papeleo de su escritorio. El siguiente movimiento fue para quitarle los pantalones de cuero, y luego se abalanzó y la penetró.
Una follada rápida y frenética, del tipo que reorganizaba el mobiliario y probablemente llamaba la atención a eso mismo, era siempre la táctica de apertura. La segunda vez era más lenta. La tercera era esa mierda sensual que lograba una toma con un objetivo borroso en las películas.
Era su forma típica de manejar un banquete: hartarse para tranquilizarse, concentrarse en los favoritos, rematar con un delicado aperitivo…
Se corrieron a la vez, él inclinándose sobre ella, ella envolviéndole con las largas piernas alrededor de sus caderas, ambos sosteniéndose tan estrechamente como podían.
Entre las sacudidas de la liberación, se le ocurrió levantar la cabeza y alzar la vista. Al otro lado del lugar había un archivador y una silla extra… y por alguna razón, notó por primera vez que la pared estaba hecha con bloques de hormigón y pintada de negro.
Las mismas cosas que había mirado durante el último par de meses. Y nada de eso había sido registrado.
Ahora, sin embargo, el hecho de que no fuera la casa de ella, o de él, le golpeó duro.
Ella no lo había invitado a volver a su casa en el río desde que habían tenido esa primera sesión de órdago después de su separación.
Xhex tampoco había ido a la mansión.
Cerrando los ojos, intentó reconectar con lo que su cuerpo todavía estaba haciendo, pero todo lo que consiguió fueron vagas sensaciones latiendo bajo su cinturón. Abriendo los párpados, quiso mirarla a la cara, pero estaba arqueada hacia atrás y todo lo que pudo ver fue la punta de su barbilla. Y algunas tarjetas de fichar. Para sus porteros.
Quienes podrían estar justo fuera de la puerta, escuchándoles.
Mierda… esto era sórdido.
Estaba teniendo una aventura ilícita… con su propia compañera.
Al principio había sido tan excitante, como si estuvieran citándose de la forma que no habían hecho cuando habían empezado juntos la primera vez. Y había asumido que siempre sería tan divertido.
Excepto que habían existido sombras todo el tiempo, ¿no?
Apretando los parpados, se dio cuenta de que más bien quería hacer esto en una cama. En su cama de emparejados. Y no era porque él fuese tradicional, echaba de menos que ella durmiese a su lado.
—¿Qué pasa, John?
Él entreabrió los párpados. Debería haber sabido que se daría cuenta de donde estaba él… dejando de lado las habilidades symphath, lo conocía como nadie más lo hacía. Y ahora, mientras él se encontraba con sus ojos grises como el metal de un arma, una punzada de tristeza se le clavó en el pecho.
Aunque realmente no quería hablar sobre ello. Tenían demasiado poco tiempo juntos.
La besó larga y profundamente, imaginando que era el mejor tipo de distracción para ambos… y funcionó. Cuando la lengua de ella encontró la suya, empezó a moverse dentro de Xhex otra vez, las largas estocadas le llevaron hasta el borde y luego lo aliviaron hasta el final. El ritmo era lento pero inexorable, y él también fue arrastrado a un lugar donde su cabeza se calmó.
La liberación fue una suave oleada esta vez, y él capeó el temporal con una especie de desesperación.
Cuando hubo pasado, como todos los orgasmos, se volvió extremadamente consciente del distante y sordo zumbido de la música, y el golpeteo de los tacones en el pasillo, y el sonido lejano de un teléfono móvil.
—¿Qué está mal? —dijo ella.
Cuando él separó sus cuerpos, se dio cuenta de que ambos estaban casi completamente vestidos. ¿Cuándo fue la última vez que habían estado totalmente desnudos?
Jesús… había sido durante ese período de felicidad después de su emparejamiento. Lo cual parecía un recuerdo lejano. Tal vez de otra pareja.
—¿Todo bien con Wrath esta noche? —preguntó mientras se subía los pantalones—. ¿Es eso lo que pasa?
Su cerebro luchó por enfocarse, pero afortunadamente, sus manos estaban trabajando muy bien, y no sólo para abrochar el botón de su bragueta.
Sip, la reunión fue bien. Aunque difícil de juzgar. La glymera es todo apariencias.
—Mmm. —Ella nunca tenía mucho que decir sobre las cosas que implicaban a la Hermandad. Por otra parte, habida cuenta de su postura sobre que ella luchara, le sorprendió que sacara el tema de su trabajo en lo más mínimo.
¿Cómo te está yendo a ti esta noche?, dijo por señas.
Ella recogió algo que había estado tirado en la mesa, una pequeña bolsa.
—Tenemos un nuevo repartidor de droga en la ciudad.
 Cogió lo que ella le lanzó, frunciendo el ceño ante el símbolo estampado en el celofán.
¿Qué demonios? Esto es… la Antigua Lengua.
—Ajá, y no tenemos indicios de quién está detrás de esto. Pero te prometo que lo voy a averiguar.
Déjame saber si puedo ayudarte.
—Yo me encargo.
Lo sé.
El silencio que se alargó hasta resonar, sirvió para recordarle donde estaban… y donde no.
—Tienes razón —dijo ella abruptamente—. No te he llevado a mi casa a propósito. Es suficientemente duro que tengas que dejarme aquí.
Podría quedarme contigo. Podría mudarme y…
—Wrath nunca lo permitiría… y con razón, debo añadir. Eres un activo muy importante para él, y mi cabaña difícilmente es tan segura como la mansión. Además, ¿qué coño haríamos con Qhuinn? Él se merece una vida, también… y al menos dónde tú estás tiene alguna autonomía.
Días alternos, entonces.
Ella se encogió de hombros.
—¿Hasta que deje de ser suficiente? John, esto es lo que tenemos… y es más de lo que consigue mucha gente. No crees que Tohr moriría por ser capaz de…
No es suficiente para mí. Soy codicioso, y eres mi shellan, no sólo un ligue.
—Y yo no puedo volver a la mansión. Lo siento. Si lo hago, terminaré odiándoles… y a ti. Me gustaría fingir que puedo estar completa lejos de esta mierda de la lucha, y ser todo “Como desees”, pero no puedo.
Hablaré con Wrath…
—Wrath no es el problema. Siguieron tu ejemplo. Todos ellos.
Cuando no contestó, ella se acercó a él, puso las palmas en su rostro y lo miró a los ojos.
—Esta es la forma como tiene que ser. Ahora vete para que pueda cerrar. Y vuelve a mí mañana a primera hora. Ya estoy contando los minutos.
Lo besó con firmeza.
Y luego se alejó y salió de la oficina.


Capítulo 24

No’One despertó con un enorme y horrorizado grito, del tipo que acompañaba a un asesinato sangriento.
Necesitó un momento para darse cuenta de que ella estaba haciendo ese sonido, su boca completamente abierta, su cuerpo rígido, sus pulmones ardían cuando exhalaba.
Afortunadamente, había dejado las luces encendidas, y miró frenéticamente las paredes cubiertas de papel toile del dormitorio y las cortinas y la colcha. A continuación, se concentró en su túnica… sí, tenía la túnica puesta, no un camisón fino.
Había sido un sueño. Un sueño…
No estaba en un sótano en la tierra.
No estaba a merced del symphath
—Lo siento.
Jadeando, se recostó contra el cabecero acolchado. Tohrment estaba de pie justo dentro de la habitación, con la puerta cerrada detrás de él.
—¿Estás bien? —dijo.
Ella tiró de la capucha para ponerla en su lugar, escondiéndose debajo
—Yo… —los recuerdos de lo que había pasado entre ellos le hacía difícil pensar claramente—. Estoy… bastante bien.
—No puedo creerlo —dijo él con voz ronca—. Dios… lo siento mucho. No hay excusa para lo que hice. Y no me acercaré a ti nunca más. Lo juro…
La angustia de su voz mordió en ella tan certera como si fuera la suya propia.
—Todo está bien…
—Una mierda lo está. Incluso te provoqué una pesadilla…
—Lo que me despertó no fuiste tú. Fue… de antes —dijo, respirando hondo—. Es extraño, no he soñado con lo… que me sucedió… nunca. He pensado en ello a menudo, pero cuando duermo, sólo tengo oscuridad.
—¿Y ahora? —él apretó los dientes.
—Yo estaba de vuelta en el subterráneo. En el sótano. El olor allí abajo… querida Virgen Escriba, el olor. —Envolviéndose con sus brazos, sintió la corriente de aire tan clara como si estuviera otra vez detrás de aquella áspera puerta de roble—. Depósitos de sal… Había olvidado los depósitos de sal.
—¿Perdón?
—Había depósitos de sal allí abajo para los animales… por eso mis cicatrices se quedaron grabadas. Siempre me había preguntado si tal vez él había usado algún tipo de poder symphath o algo para alterar mi piel. Pero no, había depósitos de sal, y carnes en salazón. —Sacudió la cabeza—. Me había olvidado de ellos hasta ahora. He olvidado tantos detalles precisos…
Cuando una maldición medio gruñida salió de él, ella levantó la mirada. La expresión de Tohrment sugería que lamentaba no poder matar a ese symphath otra vez… pero lo ocultó, como si no quisiera trastornarla.
—Creo que nunca te dije que lo sentía —dijo en voz baja—. En aquel entonces, en la casa de campo con Darius. Él y yo lamentamos mucho lo que habías…
—Por favor, no hablemos más sobre el tema. Gracias.
En el incómodo silencio que siguió, su estómago gruñó.
—Deberías comer —murmuró ella.
—No tengo hambre.
—Tu ba…
—Se puede ir al diablo.
Levantando la mirada hasta su figura, ella estaba asombrada por la diferencia en él: incluso después de tan poco tiempo, el color había vuelto a su rostro, su postura era más erguida, sus ojos mucho más alertas.
La sangre era una cosa tan poderosa, pensó ella.
—Te alimentaré otra vez. —Como él la miraba como si hubiera perdido el juicio, ella levantó la barbilla y encontró su mirada—. Da por seguro, lo haré otra vez.
Por ver esta mejoría en él en tan poco tiempo, soportaría esos momentos de terror de nuevo. Siempre estaría atrapada por su pasado, pero oh, el cambio en él: su sangre le había liberado de su fatiga… y eso le mantendría vivo fuera, en el campo.
—¿Cómo puedes decir eso? —su voz era brusca hasta el punto de chasquear.
—Es simplemente el modo en que siento.
—La obligación no debería llevarte tan lejos como a tu infierno personal.
—Esa es mi elección, no la tuya.
Sus cejas se arquearon con dureza.
—Fuiste un cordero para el sacrificio en aquella despensa.
—Si eso fuera cierto, no estaría respirando en este momento, ¿verdad?
—¿Te ha gustado el sueño que has tenido? ¿Te has divertido con él? —Cuando ella retrocedió, él se acercó con paso airado a las ventanas cerradas y se quedó mirando fijamente como si pudiera ver a través de ellas al jardín—. Eres más que una criada o una puta de sangre, lo sabes.
Con la altivez apropiada ella le informó.
—Servir bien a los demás es una tarea noble
Mirando por encima de su hombro, sus ojos encontraron los de ella a pesar de la capucha.
—Pero tú no lo haces para ser noble. Estás bajo esa túnica, ocultando tu belleza y tu posición social para castigarte. No creo que esto tenga algo que ver con alguna especie de veta altruista.
—No me conoces ni sabes mis motivaciones…
—Estaba excitado. —Ante eso ella parpadeó—. Tenías que haberlo sabido.
Bueno, sí, ella lo supo. Pero…
—Y si estoy en tu vena otra vez, eso va a pasar. Otra vez.
—Sin embargo, no pensabas en mí —indicó ella.
—¿Eso marcaría una diferencia?
—Sí.
—Estás segura de eso —dijo él con sequedad.
—No hiciste nada al respecto. Y una alimentación no va a ser suficiente… tú debes saberlo. Ha pasado demasiado tiempo para ti. Ya has llegado bastante lejos, pero pronto vas a necesitar más.
Cuando él soltó una maldición, ella levantó la barbilla una vez más, poco dispuesta a echarse atrás.
Después de un largo momento, él negó con la cabeza.
—Eres tan… rara.
—Tomaré eso como un cumplido.

*  *
Desde el otro lado del dormitorio, Tohr apartó la mirada de No’One y tuvo que respetar la mierda que salía de ella… aunque estuviera claro que estaba chiflada: Estaba completamente erguida, a pesar del hecho de que tenía marcas de mordiscos en el cuello, que se había despertado gritando y que se enfrentaba a un Hermano.
Cristo, cuando había oído ese grito, casi había derribado la maldita puerta. Las visiones de ella con otro cuchillo de algún tipo, provocándose un gran daño, le había lanzado a la acción. Pero todo lo que había encontrado era ella en el centro de la cama, ajena a cualquier cosa menos lo que sucedía en su cabeza.
Depósitos de sal. Jodido infierno.
—Tu pierna —dijo él suavemente—. Cómo ocurrió.
—Él me puso un grillete de acero en el tobillo y me encadenó a una viga. Cuando él… vino a mí… el brazalete se me clavó.
Tohr cerró los ojos ante las imágenes.
—Oh, Dios…
Él no estaba seguro de qué decir después de eso. Se quedó allí de pie, impotente, triste… lamentando que tantas cosas no hubieran sido diferentes en sus vidas.
—Creo que sé por qué estamos aquí —dijo ella bruscamente.
—Porque gritaste.
—No, quiero decir… —Ella se aclaró la garganta—. Siempre me he preguntado por qué la Virgen Escriba me llevó al Santuario. Pero Lassiter, el ángel, tiene razón. Estoy aquí para ayudarte, como me ayudaste tú hace tiempo.
—No te salvé, por lo que recuerdo. No al final.
—Sin embargo, lo hiciste. —Él negó con la cabeza cuando ella le interrumpió—. Yo solía verte dormir… allá en el Viejo País. Siempre estabas a la derecha del fuego, y dormías de lado frente a mí. Me pasaba horas memorizando el modo en que el resplandor de la turba jugaba sobre tus ojos cerrados, tus mejillas y tu mandíbula.
De repente, pareció que la habitación se replegaba sobre ellos, cada vez más estrecha, más pequeña… más caliente.
—¿Por qué?
—Porque no te parecías al symphath en absoluto. Tú eras oscuro y él era pálido. Tú eras corpulento y él era delgado. Tú eras amable conmigo… y él no lo fue. Tú fuiste lo único que impidió que me volviera completamente loca.
—Nunca lo supe.
—No quería que lo supieras.
Después de un momento, él dijo en tono grave:
—Siempre planeaste quitarte la vida.
—Sí.
—¿Por qué no hacerlo antes del nacimiento? —Joder, él no podía creer lo sinceros que se estaban poniendo.
—No quería maldecir a la criatura. Había oído los rumores sobre lo que pasaba si tomabas el asunto en tus propias manos, y estaba dispuesta a aceptar las consecuencias para mí. ¿Pero el niño no nacido? Venía al mundo con tanta tristeza para empezar, pero al menos podría hacer de su destino lo que pudiera.
Y, sin embargo, ella no había sido maldecida… tal vez debido a sus circunstancias… Dios sabía que ella había sufrido bastante en su camino a la salida.
Tras aquel comentario, él negó con la cabeza otra vez.
—Acerca de la alimentación. Aprecio tu oferta, de verdad. Pero de alguna manera, no puedo imaginar que una repetición de esa escena escaleras abajo nos vaya a hacer algún bien a cualquiera de los dos.
—Admite que te sientes más fuerte.
—Dijiste que no habías soñado con aquella mierda desde que ocurrió.
—Un sueño no es…
—Es suficiente para mí.
Aquella barbilla suya se levantó otra vez, y maldito si ese hábito no era… bueno, no atractivo, no. No, no era atractivo.
En realidad.
—Si pude sobrevivir a los acontecimientos —dijo ella— puedo soportar los recuerdos.
En ese momento, mirando fijamente su muestra de voluntad desde el otro lado de la habitación, él sintió un vínculo con ella, tan seguro como si una cuerda los hubiese unido corazón con corazón.
—Ven a mí otra vez —anunció ella—. Cuando tengas necesidad.
—Ya veremos —dio por concluido el asunto—. Ahora, ¿estás… bien? ¿Aquí en este dormitorio, quiero decir? Puedes cerrar la puerta con llave…
—Estaré bien, si vienes a mí otra vez.
—No'One…
—Es el único modo que tengo de hacer las cosas bien contigo.
—No tienes que hacer nada bien. Honestamente.
Dándose la vuelta, se dirigió a la puerta, y antes de salir, la miró por encima del hombro. Ella estaba contemplando sus manos entrelazadas, con la cabeza encapuchada inclinada.
Dejándola con la poca paz que ella tenía, llevó su estómago gruñón a su habitación y se desarmó. Estaba realmente muerto de hambre, su apetito de comida escavaba un pozo sin fondo en el bajo vientre… y aunque hubiera preferido ignorar la demanda, no tenía opción. Pidió a Fritz que subiera una bandeja, y pensó en No'One, y se lo dijo al doggen para asegurarse que ella recibía algo de comer también.
Luego llegó el momento de la ducha. Después de abrir el grifo, se desnudó y dejó la ropa en el suelo de mármol allí donde cayó. Estaba en el proceso de pasar por encima del montón cuando se contempló en el largo espejo sobre los lavabos.
Incluso para su ojo indiferente, era obvio que su cuerpo se había recuperado, los músculos apretados bajo la piel, los hombros hacia atrás donde debían estar en vez de hundidos en el diafragma.
Lástima que no se sintiera mejor sobre la recuperación.
Entrando en el espacio acristalado, se quedó de pie bajo el chorro, extendió los brazos, y dejó que el agua corriera por su piel.
Cuando cerró los ojos, se encontró de nuevo en la despensa, en la garganta de No'One, trabajando su vena. Debería haber tomado su muñeca, no su garganta… de hecho, por qué no había…
De repente, el recuerdo le inundó por completo, los sabores y olores y la sensación de esa hembra contra él detuvieron sus pensamientos e intensificaron sus sentidos.
Dios, ella había sido… como un amanecer.
Abriendo los ojos, bajó la mirada a la erección que se había dado a conocer con la primera imagen. Su pene estaba proporcionado al resto de él… lo que significaba que era largo, grueso y pesado. Y capaz de funcionar durante horas.
Cuando dio un tirón demandando atención, temió que la excitación fuera como el hambre en su tripa: que no se iría a ninguna parte hasta que hiciera algo al respecto.
Sí, cómo no. No era algún posttrans con una erección permanente y una mano peluda. Podía elegir si se hacía una paja o no, ¡por Dios!… y eso sería un gran NO.
Cogiendo la pastilla de jabón, se enjabonó las piernas, y deseó ser V… no, no con las velas negras y esa mierda. Pero por lo menos si tuviera la mente de ese vampiro, podría pensar en, digamos, la estructura molecular del plástico, o la composición química de la pasta de dientes fluoruro, o… cómo la gasolina impulsaba a los coches.
O supuso que podía pensar en petimetres… que, dado que no se sentía atraído por ellos, bien podría llevarle a un desinflamiento misericordioso.
El problema era que sólo era Tohrment, hijo de Hharm… así que se quedó bloqueado tratando de recordar cómo hacer las galletas Toll House: no sabía una mierda sobre nada, le importaba un bledo los deportes, y no había leído un periódico o mirado las noticias de TV en años.
Además, se trataba de la única maldita cosa que sabía cómo hacer… ¿qué les ponías? ¿Mantequilla? ¿Crisco[i]? ¿Masilla?
Cuando no se le ocurrió nada, empezó a preocuparse de que su canal Cocina no sólo fuera incompetente, sino que no iba a hacer una mierda por su estúpido mango.
Le dio otra oportunidad. Y sólo pudo recordar cómo abrir la maldita bolsa de patatas fritas.
Erecto, con las caderas rígidas, y desesperado, cerró los ojos… y pensó en su Wellsie, desnuda y en su cama. En su sabor y sensación, en todas las maneras que habían estado juntos, en todos los días pasados entrelazados y jadeando.
Agarrándose a sí mismo, fijó las imágenes de su compañera en la primera fila de su mente, cubriendo todo lo que tenía que ver con No'One. No quería a esa otra hembra en este espacio, debería ocuparse del asunto, lo que no quería hacer, pero pondría bien los malditos límites del juego.
Segurísimo que no podía elegir su destino, pero sus fantasías estaban totalmente listas para aprovecharlas.
Acariciando su eje, trató de recordar todo sobre la bella pelirroja: la forma en que su cabello había lucido sobre el pecho de él, el brillo de su sexo desnudo, como sus senos habían alcanzado su punto máximo cuando ella estaba de espaldas.
Sin embargo, sólo eran parte de un libro de historia, y las ilustraciones se habían descolorido… como si su mente hubiera robado la tinta de las páginas.
Perdió la concentración, abrió los párpados y pasó al “hola cómo estás” de su mano envuelta en aquella cabrona excitación, intentando bombear algo, lo que fuera.
Era como exprimir una máquina de Coca-Cola… sin conseguir nada. Bueno, excepto por el vago picor donde la piel se ceñía a la punta.
Maldita sea.
Dejando caer la mala idea, se puso a trabajar con el jabón, pasando la barra sobre el pecho y bajo las axilas.
—¿Mi señor? —Fritz llamó del otro cuarto—. ¿Necesitará alguna otra cosa?
Él no iba a pedir porno al doggen. Era puaajjj a tantos niveles.
—Ah, no, gracias, Fritz.
—Muy bien. Que tenga un bienaventurado sueño.
Sí. Claro.
—Tú, también.
Después de que la puerta exterior se volviera a cerrar, Tohr se enjabonó la cabeza como suponía que todos los machos hacían: Sacas un montón de esa mierda, te lo restriegas por el pelo como si trataras de eliminar la mancha de una alfombra, y luego te quedas de pie bajo la ducha para siempre porque has usado demasiado de lo que fuera que Fritz te había comprado.
Más tarde, decidiría que habría sido mejor mantener los ojos abiertos.
Tan pronto como cerró los párpados para que no le entrara espuma en los ojos, el chorro caliente bajó por su torso golpeándole en las manos, y la urgencia para llegar al orgasmo regresó aun más fuerte que antes, su polla palpitaba, sus huevos se apretaban…
Al instante, volvía a estar abajo en la despensa, con la boca en la suave garganta de No'One, succionando y tragando hasta llenar su vientre, sus brazos apretándola con fuerza contra su cuerpo…
Tu shellan es bienvenida aquí.
Sacudió la cabeza ante el sonido de la voz de ella en su oído interno. Pero entonces comprendió que esa era la respuesta.
Reorganizándose, le dijo a su cerebro que las imágenes eran de su Wellsie. Que el sentimiento, la sensación, el olor, el sabor… eran de su Wellsie, no de otra hembra.
No era un recuerdo.
Era su compañera volviendo a él…
La liberación fue tan repentina, que en realidad retrocedió, sus ojos se abrieron por completo, su cuerpo se sacudió no por el orgasmo sino por la sorpresa de que, sí, de hecho, en efecto tuvo uno en la VR, no en algún paisaje de ensueño.
Mientras se acariciaba y montaba la cima, se miró correrse, su sexo haciendo lo que se supone que hacía, expulsando chorros que golpeaban la mojada pared de mármol y el cristal de la puerta.
La visión era menos erótica que biológica.
Sólo era una función, comprendió. Como respirar y comer. Sí, se sintió bien, pero también lo hacía respirar profundamente: en este vacío de emoción, en esta ducha solitaria, en realidad sólo eran una serie de eyaculaciones que escupía a través de la próstata.
Los sentimientos daban sentido al sexo, tanto si se trataba de una fantasía o era con tu compañera… o si estabas con alguien que no te gustaba mucho, en realidad.
O no quieres querer, señaló una voz interior.
Cuando su cuerpo hubo acabado, temió que fuera una situación de primer round, porque todavía estaba todo tan erecto como había estado cuando comenzó. Pero al menos no se sentía como si hubiera engañado a su compañera. De hecho, no sentía nada en absoluto, y eso era bueno.
Enjuagándose, salió, se secó con una toalla… y se llevó el trozo de toalla con él al dormitorio.
Estaba bastante seguro de que después de comer, las cosas iban a ponerse sucias cuando se acostara, y no por algún tipo de indigestión.
Pero estaba… bien. Tan bien como podría estar alguna vez, supuso.
El sexo que había tenido con su compañera había sido monumental, demoledor, transformador... como fuegos artificiales.
Esta mierda era tan sexy como un resfriado.
Mientras no pensara en…
Se detuvo y se aclaró la garganta, aunque no estaba hablando en voz alta.
En tanto no pensara en nadie más de ideología femenina, él estaría bien.




[i] Crisco es la marca de una grasa alimentaria producida por J. M. Smucker Co. popular en los Estados Unidos.

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