martes, 19 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 34 35 36

Capítulo 34

Mientras transcurría la noche, Throe caminaba por las calles de Caldwell, solo, desarmado, vestido con un pijama quirúrgico… y más fuerte de lo que había estado desde que había llegado al Nuevo Mundo.
La paliza a manos de dos de los Hermanos se había curado casi de inmediato y la Hermandad le había soltado poco después de aquella segunda alimentación.
Todavía tenía unas cuantas horas antes de que tuviera previsto reunirse con Xcor y pasó el tiempo con sus pensamientos, caminando con las zapatillas de correr que habían sido un regalo del enemigo.
Durante su estancia con la Hermandad, no había descubierto nada de donde estaban ubicadas sus instalaciones. Había estado inconsciente cuando lo llevaron al complejo… y encerrado en una camioneta sin ventanas cuando se había marchado. Después de viajar algún tiempo, sin duda gracias a una ruta indirecta, había sido depositado junto al río y abandonado a su suerte.
Naturalmente, la camioneta no tenía matrícula y ninguna característica distintiva. Y él había tenido la sensación de estar siendo vigilado… como si hubieran estado esperando para ver si trataba de seguirla mientras se alejaba.
No lo hizo. Se quedó donde estaba hasta que se marcharon… y luego había comenzado a deambular.

La brillante maniobra de Xcor había conseguido ganar nada. Bueno, aparte de salvar la vida de Throe. Lo poco que él había descubierto acerca de la Hermandad no era nada que no pudiera haber sido supuesto: sus recursos eran vastos, a juzgar con la cantidad y la sofisticación del equipamiento médico con que había sido tratado, el número de personas que había visto u oído caminando por el vestíbulo era impresionante, la seguridad era tomada muy en serio. De hecho, la suya parecía ser una comunidad completa, oculta a los ojos de humanos y lesser por igual.
Todo tenía que estar bajo tierra, pensaba él. Bien custodiado. Camuflado para dar la apariencia de no ser nada en particular, incluso durante las redadas, cuando mucho de los hogares de la raza habían sido encontrados y aniquilados, no había habido rumores de que el hogar del Rey hubiera sido golpeado.
Así que el plan de Xcor había dado pocos frutos desde el punto de vista de Throe, excepto animosidad.
Y por un momento él dudó si acudiría a la cita con su ex líder o no.
A la larga sabía que semejante rebelión quedaría en nada. Xcor tenía algo que Throe quería… lo único que en verdad quería. Y mientras esas cenizas fueran retenidas por el macho, no había nada que hacer, excepto rechinar los dientes, agachar la cabeza, y continuar. Era, después de todo, lo que había estado haciendo durante siglos.
Excepto que él no cometería el mismo error dos veces. Solo un idiota no se acordaría de este recordatorio visceral de cómo estaban en verdad las cosas entre ellos.
La respuesta era recuperar los restos de su hermana. ¿Y tan pronto como lo hiciera? Echaría de menos a sus compañeros soldados de la misma manera que anhelaba a su familia, pero se retiraría de la Banda de Bastardos… a la fuerza si fuera necesario. Entonces quizás echara algunas raíces en alguna otra parte de los Estados Unidos… no regresaría a su Viejo País. Podría estar muy tentado de volver a frecuentar su linaje y eso no sería justo para ellos.
Hacia el final de la noche, alrededor de las cuatro de la madrugada a juzgar por la posición de la luna, se desmaterializó hacia la azotea del rascacielos. No tenía armas para protegerse… pero no tenía intenciones de luchar. Por lo que le habían enseñado, su hermana no podía entrar en el Fade sin la ceremonia correcta, así que tenía que vivir el tiempo suficiente para darle sepultura.
Sin embargo, tan pronto como lo hiciera…
En lo alto, por encima de las calles y otros edificios de la ciudad, en la estratosfera curiosamente silenciosa donde no había bocinas, ni gritos, ni fragor de camiones de reparto llegando temprano, el viento era fuerte y tonificantemente frío a pesar de la humedad en el aire y de la temperatura cálida. Arriba, un trueno retumbó y un relámpago pasó por la parte baja de los nubarrones, prometiendo un comienzo de día mojado.
Cuando había iniciado su viaje con Xcor, él había sido un gentilmacho, bien instruido en el fino arte de guiar a una hembra por la pista de baile… en lugar de entrar en combate cuerpo a cuerpo. Pero ya no era lo que había sido.
Como correspondía, él se mostraba abiertamente, sin cobardía o excusas, los pies afirmados y los brazos a los lados. No había debilidad en la línea de la barbilla ni en el contorno de su pecho o en el ángulo recto de sus hombros y nada de miedo en su corazón a lo que podría salirle al encuentro. Todo eso era a causa de Xcor: Throe, técnicamente había nacido macho, pero no fue hasta que se había puesto a malas con aquel luchador que él, realmente había aprendido a vivir de acuerdo a su género.
Él siempre se lo debería a los soldados con los que había estado durante tanto tiempo…
Desde detrás de las maquinarias, una figura dio un paso adelante, el viento atrapando un largo abrigo y colándose libre por un cuerpo pesado y mortífero.
El instinto y el entrenamiento anularon la intención cuando Throe se dejó caer en una posición de combate, dispuesto a enfrentarse a su…
Cuando el macho dio un paso al frente, la luz del dispositivo de iluminación encima de la puerta de la azotea atrapó su cara.
No era Xcor.
Throe no relajó su postura.
—¿Zypher?
—Aye. —Súbitamente, el soldado se tambaleó hacia adelante y luego echó a correr para cerrar la distancia entre ellos.
Antes de que Throe se diera cuenta, estaba rodeado por un tosco abrazo, metido en unos brazos tan fuertes como los suyos y contra un cuerpo tan grande como el propio.
—Estás vivo —dijo el soldado con un suspiro—. Estás vivo…
Torpemente al principio y luego con una extraña desesperación, Throe se agarró del otro combatiente.
—Aye. Aye, lo estoy.
Con un brusco empellón, fue empujado hacia atrás y contemplado de pies a cabeza.
—¿Qué te hicieron?
—Nada.
Esos ojos se estrecharon.
—Sé sincero conmigo, hermano. Y antes de que contestes uno de tus ojos todavía está amoratado.
—Ellos me proveyeron de un sanador y una… Elegida.
—¡¿Una Elegida?!
—Aye.
—Tal vez debería conseguir que me apuñalen.
Throe se echó a reír.
—Ella era… como nada en esta tierra. Cabellos rubios, piel y rostro etéreos, a pesar de que vivía y respiraba.
—Creí que habían sido inventadas.
—No sé… tal vez lo he idealizado. Pero ella era exactamente como las describen los rumores… más adorable que cualquier hembra que tus ojos alguna vez hayan mirado.
—¡No me tortures más! —Zypher sonrió brevemente y luego recobró su seriedad—. Estás bien.
No era una pregunta… era una exigencia.
—En casi todo me trataron como a un invitado. —Efectivamente, excepto por los grilletes y la cagada a palos… aunque dado que estaban protegiendo la virtud de una gema preciosa, él tenía que decir que aprobaba lo que le habían hecho—. Pero aye, estoy recuperado por completo gracias a sus sanadores. —Él miró a su alrededor—. ¿Dónde está Xcor?
Zypher negó con la cabeza.
—Él no va a venir.
—Así que entonces tú debes matarme. —Extraño que el macho le encargara una tarea con la que seguramente disfrutaría a otro.
—Mierda, no. —Zypher descargó un lado de la mochila—. Debo darte esto.
De adentro de la mochila, sacó una caja de latón grande y cuadrada con marcas ornamentales e inscripciones.
Throe solo pudo clavar los ojos en aquello.
No la había visto desde hacía siglos. De hecho, no había sabido que había sido quitada a su familia hasta que Xcor le había amenazado con eso.
Zypher carraspeó.
—Él me dijo que te dijera que te libera. Tu deuda con él está zanjada y te está devolviendo a tu muerto.
Las manos de Throe temblaban muchísimo… hasta que recibieron el peso de las cenizas de su hermana. Luego se pusieron firmes.
Mientras él permanecía de pie allí, en el viento y la llovizna, noqueado e inmóvil, Zypher se paseaba casi en un círculo cerrado, las manos en las caderas y los ojos en la grava que cubría los paneles del techo del rascacielos.
—Él no ha sido el mismo desde que te fuiste —dijo el soldado—. Esta mañana lo encontré cortándose hasta el hueso por el duelo.
Los ojos de Throe se dispararon hacia el macho que conocía tan bien.
—¿De veras?
—Aye. Así lo hizo durante todo el día. Y esta noche, ni siquiera ha salido a luchar. Está de regreso en el refugio, sin moverse. Y ordenó a todo el mundo, excepto a mí que se largaran y luego me dio esto.
Throe acercó aún más la caja a su cuerpo y la abrazó con fuerza.
—¿Estás seguro que soy la causa de semejante malestar? —preguntó fríamente.
—Sin ninguna duda. En realidad, en su corazón él no es como el Bloodletter. Quiere serlo… y es capaz de hacer mucho contra otros, más de lo que yo, personalmente, puedo. Pero tú, nosotros… somos su clan. —La mirada de Zypher estaba llena de franqueza—. Deberías regresar con nosotros. Con él. No volverá a actuar así… esas cenizas son la prueba. Y todos te necesitamos… no solo por todo lo que tú haces, sino por lo que has llegado a ser para nosotros. Han pasado solo veinticuatro horas y estamos jodidos sin ti.
Throe levantó la vista hacia el firmamento, hacia la tormenta, hacia los cielos violentos y alborotados. Después de haber sido condenado por las circunstancias una vez, él no podía creer que incluso considerase la posibilidad de ser condenado por su consentimiento.
—Todos nosotros estaremos incompletos sin ti. Incluso él.
Throe tuvo que sonreír un poco.
—¿Alguna vez pensaste que dirías algo semejante?
—No. —La risa que flotó sobre las ráfagas de viento era profunda—. No acerca de un aristócrata. Pero tú eres más que eso.
—Gracias a ti.
—Y a Xcor.
—No estoy seguro de estar listo para darle algo de crédito.
—Ven conmigo. Velo tú. Rencuéntrate con tu familia. Por muy dolido que estés esta noche, estás tan perdido sin nosotros como nosotros sin ti.
En respuesta, Throe solo pudo quedarse con la mirada clavada en la ciudad, en sus luces como la de las estrellas que se eclipsaban en lo alto.
—No puedo confiar en él —se escuchó decir.
—Esta noche te ha concedido tu libertad. Sin duda, eso significa algo.
—Si continuamos, todos nos estamos enfrentando a nuestra sentencia de muerte. Vi a la Hermandad… si eran formidables antes en el Viejo País, eso no es nada comparado con sus recursos de ahora.
—Así que viven bien.
—Viven muy bien. No los podría encontrar aunque lo deseara. Y tienen grandes instalaciones… son una fuerza a tener en cuenta. —Él volvió a mirar—. Xcor estará decepcionado de lo que me he enterado… que es de nada.
—Él dijo que no.
Throe frunció el ceño.
—No entiendo.
—Él manifestó que no desea saber nada de eso. Nunca recibirás una disculpa suya de manera directa, pero te ha dado la solución para los problemas que te enredan, y no aceptará información de ti.
Un momento de furia lo atravesó. ¿Entonces para qué había sido todo eso?
Excepto que… quizá Xcor no había considerado que se sentiría como lo hizo. Y Zypher tenía razón, la idea de no estar con esos machos era... como la muerte. Después de todos estos años, ellos eran todo lo que él tenía.
—Si vuelvo, podría ser un riesgo para la seguridad. ¿Qué pasa si he hecho un pacto secreto con la Hermandad? ¿Qué pasa si ellos están aquí? —Él señaló a su alrededor—. ¿O tal vez esperando en cualquier otra parte para seguirme?
Zypher se encogió de hombros con absoluta indiferencia.
—Hemos estado tratando de encontrarnos con ellos durante meses. Tal reunión sería bienvenida.
Throe parpadeó. Y luego se echó a reír.
—Vosotros estáis todos locos.
—¿No debería ser nosotros? —De repente, Zypher negó con la cabeza—. Nunca nos traicionarías. Incluso si odiases a Xcor con todo tu ser, nunca nos pondrías en peligro al resto de nosotros.
Eso era cierto, pensó él. En cuanto a odiar a Xcor…
Se quedó con la mirada clavada en la caja en sus brazos.
A través de los años, había habido muchas veces que se había maravillado por las vueltas y los giros de su destino.
Y parecía que esta noche iba a volver a maravillarse de su suerte.
Él había estado inseguro de ir en contra de Wrath, pero ahora que había visto a la hembra Elegida, más bien le gustaba la idea de arrebatarle el trono, encontrarla y reclamarla como suya.
¿Sediento de sangre? Si, sin duda… su anterior personalidad nunca habría pensado de esa manera. Pero esta nueva personalidad se había acostumbrado a tomar lo que quería, la capa de civilización se había vuelto raída después de años sin cuidar de sus delicadas fibras.
Si pudiera acercarse a Wrath, podría encontrarla de nuevo.
De repente, sintió que su boca se movía y oyó su propia voz en el viento.
—Va a tener que permitirme comprar teléfonos móviles.
*  *
Xcor permaneció en la casa durante toda la noche.
El problema era el daño en sus antebrazos. Odiaba el hecho de que aún tuvieran que cicatrizar, pero era lo bastante inteligente para saber que apenas los podría usar. De hecho, solo agarrar la cuchara para tomar la sopa estaba resultando difícil.
Una daga contra un enemigo, sería imposible. Y luego estaba el riesgo de infección.
Era la puñetera cosa de la sangre. De nuevo. Tal vez si se hubiera tomado un tiempo para alimentarse desde lo de aquella puta allá en… Parcas, ¿había sido en primavera?
Frunció el ceño, había añadido una adquisición preocupante, una que daba como resultado una suma excesivamente grande. No era de extrañar que estuviera en una situación difícil… y a Dios gracias que no estaba completamente loco por sangre.
¿O lo estaba? Recordando lo que había hecho con Throe, era difícil no juzgar sus acciones por ese pasado condenatorio.
Con una maldición, bajó la cabeza, el agotamiento y un extraño tipo de tedio se instalaron sobre sus hombros…
La puerta de atrás de la cocina se abrió, y teniendo en cuenta que era demasiado pronto para que sus soldados regresaran, sabía que era Zypher con la información actualizada de la partida de Throe.
—¿Estaba bien? —preguntó sin levantar la vista—. ¿Él salió sin inconvenientes?
—Estaba y lo hizo.
Xcor alzó la mirada rápidamente. Throe en persona estaba en la arcada, alto y orgulloso con los ojos alerta y el cuerpo fuerte.
—Y él retorna sin inconvenientes —finalizó el macho en un tono sombrío.
Xcor inmediatamente volvió a concentrarse en su sopa y parpadeó con fuerza. Desde una enorme distancia, observó como la cuchara en su mano se movía derramando su contenido.
—Zypher no te lo dijo —masculló de manera gruñona.
—¿Qué soy libre? Aye. Lo hizo.
—Si quieres pelear, dejaré de lado mi comida.
—No sé si serías capaz de hacer otra cosa que alimentarte en este momento.
Malditas camisetas sin mangas, pensó Xcor mientras giraba sus brazos así el daño era menos visible.
—Sería capaz si fuera necesario. ¿Dónde están tus botas?
—No lo sé. Ellos se llevaron todo lo que tenía.
—¿Te trataron bien?
—Bastante bien. —Throe avanzó, las tablas crujían bajo sus pies—. Zypher me dijo que no querías saber nada de lo que había visto.
Xcor se limitó a negar con la cabeza.
—También dijo que nunca conseguiría una disculpa de ti. —Se hizo un largo silencio—. Quiero una. Ahora.
Xcor apartó la sopa y se encontró registrando las heridas que se había infringido, recordando todo ese dolor, toda esa sangre… que se había secado marrón sobre las tablas del entarimado debajo de él.
—¿Y luego qué? —dijo con voz áspera.
—Tendrás que averiguarlo.
Bastante justo, pensó Xcor.
Sin gracia… no es que él tuviera ninguna de todos modos… se puso de pie. En toda su estatura, estaba demasiado inestable por muchas razones como para enumerarlas, y la sensación de desequilibrio empeoró cuando encontró los ojos de su… amigo.
Mirando a Throe a la cara, dio un paso adelante y extendió su palma.
—Lo siento.
Dos sencillas palabras dicha en voz alta y clara. Y éstas no fueron lo bastante efectivas.
—Me equivoqué al tratarte como lo hice. No soy… tan parecido al Bloodletter como pensé… como siempre he querido ser.
—Eso no es malo—dijo Throe en voz baja.
—Cuando se trata de alguien como tú, yo estaría de acuerdo.
—¿Y los otros?
—Los otros también. —Xcor meneó la cabeza—. Sin embargo, llegaría hasta allí.
—Así que tus ambiciones no han cambiado.
—No. Mis métodos sin embargo… nunca serían los mismos.
En el silencio que siguió, él no tenía ni idea de lo que iba a recibir a cambio: una maldición, un puñetazo, una miserable discusión. La inestabilidad que lo golpeaba era más que justa.
—Pregúntame si quiero volver junto a ti como un macho libre —exigió Throe.
—Por favor. Vuelve y tienes mi palabra… aunque valga menos que un centavo… que se te concederá el respeto que te mereces desde hace mucho tiempo.
Después de un momento, su palma fue engullida.
—De acuerdo entonces.
Xcor dejó escapar un suspiro tembloroso, uno nacido del alivio.
—Todo bien, entonces.
Soltando la mano del soldado, se inclinó, recogió su tazón de comida casi sin tocar… y le ofreció lo poco que tenía a Throe.
—Me permitirás transformar las comunicaciones —dijo el macho.
—Aye.
Y eso fue todo.
Throe aceptó la sopa y se acercó al lugar donde él había estado sentado. Sentándose en el suelo, puso la caja de latón en el lado más alejado de él y comenzó a comer.
Xcor se unió a él sobre la mancha de sangre que había derramado durante el día y en silencio, terminaron su reunión. Pero no estaba terminada, al menos no por parte de Xcor.
Su pesar continuaba en él, la pesadez de la carga de sus acciones lo había cambiado para siempre, como una herida que hubiera dejado una marca y cicatrizado mal.
O más bien, en este caso… cicatrizado bien. ­­­­­­­­­­­­­














OTOÑO







Capítulo 35

No’One despertó en medio de un terremoto.
Bajo ella el colchón saltaba, la gran fuerza de la turbulencia lanzó las almohadas de tal forma que hizo que las sábanas volaran y el aire frío se deslizó contra su piel…
Su conciencia rápidamente redefinió la causa del caos. No era ningún movimiento de tierra sino Tohrment. Se debatía junto a ella como si luchara contra lazos que lo ataran a la cama. Su enorme cuerpo temblaba incontrolablemente.
Había tenido aquel sueño de nuevo. Del que se negaba a hablar y por lo tanto tenía que ver con su amada.
La luminosidad desde el cuarto de baño capturó su cuerpo desnudo cuando él aterrizó sobre los pies, los músculos tensos de su espalda formaban profundas líneas de sombras, las manos cerradas en puños, las piernas rígidas como si estuviera a punto de saltar.
Mientras él recuperaba el aliento y se orientaba, el nombre tallado en su piel, en un grácil arco, se expandía y contraía, casi como si la hembra estuviera viva aún.
WELLESANDRA
Sin decir una palabra Tohrment se dirigió al baño, cerró la puerta cortando la iluminación y a ella.
Yaciendo en la oscuridad, ella escuchó el agua correr, una rápida mirada al reloj de la mesita le indicó que era casi hora de levantarse, aun así se quedó donde estaba.
¿Cuántos días había pasado en esta cama suya? Un mes al menos. No, dos… ¿Quizá tres? El tiempo había dejado de tener significado, las noches flotaban en una fragancia parecida a brisa de verano.
Suponía que él era su primer amante.
Excepto… que él se había negado a tomarla por completo.
Además, después de tanto tiempo juntos, él no le permitía tocarlo, no dormía bajo las sábanas con ella. Ni la besaba en la boca. Tampoco se unía a ella en la bañera ni la piscina, o se fijaba en sus vestidos… y él no la abrazaba cuando dormían.
Aun así era generoso con sus sensuales talentos, llevándola una y otra vez a ese lugar de dicha transitoria, siempre tan cuidadoso con su cuerpo y sus liberaciones. Y ella sabía que lo complacía a él también: la reacción de su cuerpo era demasiado poderosa para esconderla.
Era como si codiciosamente deseara más. Pero no lo tomara.
A pesar de todo el alocado calor que inspiraban uno en el otro, a pesar de que se alimentaba libremente de ella y ella hacía lo mismo de él, ella se sentía… estancada. Atrapada en un lugar que carecía de finalidad. Incluso, aunque ella había encontrado estructura en sus noches trabajando en el complejo, alivio y anticipación cada alba cuando él volvía saludable y fuerte, ella se sentía… empantanada. Impaciente
Desdichada.
A causa de lo cual, finalmente había solicitado que un visitante acudiera al complejo esa tarde.
Al menos con ello podría avanzar hacia algún lado. O por lo menos lo esperaba
Escapando del capullo de calidez que había creado, tembló aun cuando la calefacción funcionaba. La temperatura variable era algo a lo que aún debía acostumbrarse en este lado… y era lo único que extrañaba del Santuario. Aquí había veces en las que se sentía acalorada y otras en las que tenía frío. Lo cual era más frecuente ahora que septiembre había llegado y con él las heladas tempranas.
Mientras se ponía la túnica, sentía los pliegues fríos y temblaba dentro del pesado abrazo de la tela. Se aseguraba de estar vestida siempre que estaba fuera de la cama. Tohrment nunca había dicho mucho pero ella tenía la sensación de que lo prefería así: a pesar de que él parecía disfrutar al sentirla, sus ojos evitaban su desnudez y apartaba la mirada, al igual que cuando estaban en público… aun cuando sus Hermanos sabían que permanecía con él.
No'One tenía la sensación, pese a que él dijera que sabía quién era la que le daba placer, que trataba de encontrar a su shellan en su cuerpo, en las experiencias juntos.
Cualquier recuerdo de lo contrario sería duro para él.
Deslizando los pies en sus mocasines de cuero, dudó antes de marcharse. Ella odiaba que él estuviera in extremis, pero nunca le hablaría de ello. De hecho, últimamente él no hablaba mucho cuando ella estaba cerca, incluso cuando sus cuerpos se comunicaran en cualquiera que fuera el lenguaje que usaban. Así pues, nada bueno saldría de su tardanza, especialmente viendo el humor en el que estaba.
Obligándose hacia la puerta, se colocó la capucha, asomó la cabeza y miró a ambos lados antes de salir al corredor, dejándolo encerrado a solas.
Como siempre, ella se marchó sin ruido.
—Lassiter —siseó Tohr frente al espejo del baño. Cuando no hubo respuesta, salpicó su rostro con agua fría una vez más—. Lassiter
Cuando cerró los ojos, él vio a su Wellsie en aquel paisaje gris. Estaba todavía más lejos de él, lejana a la distancia… aún más difícil de alcanzar que nunca mientras se sentaba tan quieta sobre aquellas losas de piedra gris.
Ellos seguían perdiendo consistencia.
—Lassiter, ¿dónde coño estás?
El ángel finalmente hizo su aparición en el borde del Jacuzzi, con una caja de galletas de chispas de chocolate Freddie Freihofer en una mano y un vaso grande de leche en la otra.
—¿Quieres una? —dijo, ingiriendo la carga de calorías—. Ellos tienen razón acerca del frigorífico, son mucho mejor heladas.
Tohr miró al tipo.
—Me dijiste que yo era el problema. —Cuando todo lo que el ángel hizo fue seguir masticando, tuvo el impulso de alimentar al bastardo con la caja entera—. Ella aún está aquí, casi a punto de desaparecer.
Lassiter colocó su infantil cena a un lado, quizás porque había perdido el apetito. Después simplemente sacudió la cabeza, Tohr tuvo un momento de pánico.
—Si estás mintiéndome ángel, voy a matarte.
El otro macho puso los ojos en blanco.
—Ya estoy muerto idiota. Y quizá deba recordarte que tu shellan no es la única a quien intentó liberar… mi destino es el suyo, recuérdalo. Así que si fallas, yo fallo por lo que no intentó joderte.
—¿Entonces por qué coño todavía ella está en ese horrible lugar?
Lassiter levantó las manos.
—Mira tío, va a llevar más que un par de orgasmos, debes saber eso.
Jesucristo, no puedo dar mucho más de lo que soy.
—Realmente —Lassiter entrecerró los ojos—, ¿estás seguro de eso?
Cuando sus miradas chocaron, Tohr desvió la suya… y evaluó toda la privacidad que asumió habían tenido No´One y él.
Joder con aquello, habían tenido cientos de orgasmos juntos así que…
—Sabes tan bien como yo cuanto no has hecho —dijo el ángel suavemente—. Sangre sudor y lágrimas, es lo que va a costar.
Bajando la cabeza, Tohr se frotó las sienes, sintiendo que iba a ponerse a gritar. Puta mentira.
—Vas a salir ésta noche, ¿no? —el ángel murmuró— Así que cuando regreses ven a verme.
—Estás conmigo de todos modos, ¿O no?
—No sé de qué estás hablando, encuéntrame después de la Última Comida.
—¿Qué vas a hacer conmigo?
—Dices que buscas ayuda… bien, voy a dártela.
El ángel se puso de pie y caminó sin prisa hacia la puerta del baño, entonces regresó y tomó sus jodidas galletas.
—Hasta el amanecer, amigo.
Dejado solo, Tohr consideró brevemente los meritos de golpear el espejo, pero se imaginó que quizás pondría en riesgo sus oportunidades de salir a encontrar algunos lessers que matar. Y ¿en este momento?, esa perspectiva era lo único que lo mantenía en su propia piel.
Sangre. Sudor. Lágrimas
Maldiciendo, tomó una ducha, se afeitó y volvió a la habitación. No´One ya se había marchado, probablemente para poder llegar a la Primera Comida separada de él. Ella hacía lo mismo cada noche, a pesar de ello su espectáculo de discreción no engañaba a nadie.
Sabes tan bien como yo cuánto no has hecho.
Maldito infierno, Lassiter probablemente tenía un punto… y no acerca de todo ese asunto sexual.
Mientras pensaba en eso, comprendió, que nunca se había explicado a No´One. Así que no había forma de que supiera que había tenido de nuevo la pesadilla, él saltaba de la cama como si fuera una tostada y su mal humor era como un anuncio de neón en la habitación. Pero nunca hablaba del tema con ella. Nunca le daba la oportunidad de preguntar.
En realidad no hablaba con ella de nada. No de su trabajo afuera en el campo. No de sus Hermanos. Tampoco de la interminable lucha que el Rey sostenía con la glymera.
Y había tantas otras distancias que mantenía…
Sacó de su armario un pantalón de cuero y se deslizó en él y…
La cintura se atascó en sus muslos. Y cuando intentó subírselo, se quedó donde estaba. Subirlo era más difícil que dividir una mosca en dos mitades.
¿Qué coño?         
Maldito pedazo de mierda
Sacó otro. Y ocurrió lo mismo, sus piernas eran demasiado grandes para él.
Repasando su armario, revisó todas sus ropas de lucha. Ahora que lo pensaba, las cosas habían estado tirantes últimamente. Chaquetas que constreñían sus hombros. Camisas rasgadas bajo las axilas al final de la noche. Conspiración de los músculos.
Mirando por encima de su hombro, captó su reflejo en el espejo del vestidor.
Infiernos, estaba… de vuelta al tamaño que había tenido una vez. Era raro que no se hubiera dado cuenta hasta esa noche, pero su cuerpo con un esquema de alimentación regular había saltado a su tamaño anterior. Sus hombros acordonados por los músculos, los brazos abultados, el estómago ondulado, sus piernas poderosamente musculadas.
No´One era la responsable de eso. Era su sangre en él haciéndolo fuerte.
Dándose la vuelta, tomó el teléfono de al lado de la cama y ordenó otro par de pantalones en una talla más grande, luego se sentó en la silla.
Sus ojos miraron dentro del closet
El vestido de emparejamiento aún estaba ahí, arrimado hasta atrás, donde lo había puesto cuando tomó la resolución de seguir adelante.
Lassiter tenía razón: No había llevado las cosas tan lejos como podía. Pero, Dios, ¿Tener sexo con alguien más? ¿Como sexo de verdad? Sólo había estado con su Wellsie
Mieeeerda… esta pesadilla se estaba volviendo cada vez más "pesada".
Pero, Dios, esa visión con la que había despertado, la de su shellan aun más lejos… aun más desvanecida… sus exhaustos ojos torturados y el gris del paisaje.
El golpe en la puerta fue demasiado fuerte para tratarse de Fritz
—Adelante.
John Matthew se asomó por el marco, el chico estaba vestido para la lucha, sus armas listas y el ánimo sombrío.
—¿Saldrás temprano? —dijo Tohr
No, cambié turnos con Z, sólo quería que lo supieras.
—¿Qué ocurre?
Nada
Que mentira. La verdad salía por entre los bordes afilados de las palabras del chico. Sus manos formaban la LAS con duras esquinas en las letras. Y no miraba nada que no fuera el suelo.
Tohr pensó en la desordenada cama tras él y el hecho de que No´One había dejando uno de sus vestidos de tubo en la silla junto a la cómoda.
—John —dijo— …escucha.
El chico no lo miró. Se quedó quieto en la puerta abierta, cabizbajo y con el ceño fruncido, el cuerpo tenso para escapar.
—Entra un minuto y cierra la puerta.
John se tomó su tiempo y cruzó los brazos cuando lo hizo, cerrándose.
Mierda. Por dónde comenzar.
—Creo que sabes lo que ocurre aquí con No´One.
No es mi asunto respondió en señas.
—Mentira —al menos eso le consiguió algo de contacto visual… demasiado poco, ya que rápidamente se estancó con la revelación. ¿Cómo explicar lo que ocurría?—. Es una situación complicada. Pero nadie está tomando el lugar de Wellsie. —Mierda ese nombre—. Quiero decir que…
¿La amas?
—¿A No´One? No.
Entonces qué coño hacéis aquí. No, no respondas a eso. John caminó alrededor, con las manos en las caderas. Las armas captaban la luz en sutiles flashes. Puedo imaginarlo.
De una forma triste, Tohr pensó que su rabia era honorable. Un hijo protegiendo la memoria de su madre.
Dios, eso dolía.
—Tengo que seguir adelante —susurró roncamente— no tengo opción.
Una mierda no la tienes, pero como dije no es asunto mío. Debo irme. Más tarde…
—Si crees por un momento que tengo una fiesta aquí, estás equivocado.
He escuchado como suena. Sé exactamente cuanta diversión tienes.
Cuando se marchó, la puerta se cerró con un estruendo.
Fantástico. La noche se volvería mejor y alguien iba a perder una pierna. O la cabeza.

Capítulo 36

En términos generales, el olor de la sangre humana no era tan interesante como la de un lesser o un vampiro. Pero era igualmente reconocible y algo a lo que debía prestar un poco de atención.
Cuando Xhex pasó una pierna por encima de su Ducati, olfateó el aire otra vez.
Definitivamente humano, proveniente desde el oeste del Iron Mask.
Comprobando su reloj, vio que tenía un poco de tiempo antes de conocer-y-saludar, y mientras que en el curso normal de los negocios no causaría ningún tipo de lío que implicara a humanos, ni siquiera disparar desde el coche, a la luz de los acontecimientos actuales en el mercado negro, bajó de la moto, cogió la llave y se desmaterializó en aquella dirección.
En los últimos tres meses había habido una avalancha de asesinatos en el centro de la cuidad. Bueno... eso era obvio. Pero en lo que no estaba interesada era en las descuidadas pandillas relacionadas con tiroteos, o los dedos de gatillo por el calor de la pasión, o los borrachos que tienen accidentes y se dan a la fuga. Su grupo entraba en el cuarto gran apartado... los relacionados con las drogas.
Excepto que no en su forma común y corriente.
Las muertes eran todas suicidios.
Los intermediarios se estaban limitando ellos mismos a izquierda y derecha... y en realidad, ¿cuál era la probabilidad de que tantos de esos hijos de puta desarrollaran una conciencia al mismo tiempo? A menos, claro, que alguien estuviera poniendo un aditivo moral en el sistema de agua de Caldwell. En cuyo caso Trez estaría fuera del negocio a un par de niveles diferentes... y no lo estaba.
La policía humana estaba desconcertada. Las noticias en los medios de comunicación habían pasado a nacionales. Los políticos estaban excitados y preparando su campaña electoral.
Incluso había tratado de hacerse un poco Nancy Drewing[i], pero su cronometraje siempre había sido de la variedad día/tarde, dólar/corto.
Por otra parte, ya sabía la respuesta a muchas de aquellas preguntas humanas: el símbolo de la muerte en Lenguaje Antiguo en aquellos paquetes era la clave. Y caramba... cuantos más tipos se comían sus propias balas, más sellos de esos habían aparecido. Ahora, incluso comenzaban a encontrarse en el envoltorio de la heroína y el éxtasis, no sólo de la cocaína.
El vampiro en cuestión, quienquiera que fuera él o ella, poco a poco estaba reclamando su territorio. Y después de una ajetreada temporada de verano, influenciando en la basura humana para que se eliminaran ellos mismos del patrimonio genético, habían logrado matar a todo un grupo demográfico en el negocio de la droga: todo lo que quedaba eran los minoristas de las esquinas de la calle... y Benloise, el pez gordo de los proveedores.
Cuando tomó forma detrás de una furgoneta aparcada, estaba claro que había llegado a la escena justo después de que hubiera pasado todo: había dos tipos que imitaban charcos de lodo en el asfalto, tendidos boca arriba con la mirada perdida. Los dos tenían armas en las manos y agujeros en la parte delantera de sus cerebros, y el coche en el que los RIP’s habían llegado todavía estaba parado, con las puertas abiertas y el vapor elevándose de su tubo de escape.
Sin embargo, nada de eso era lo que le preocupaba. En lo que estaba realmente interesada era en el macho vampiro que entraba en un elegante Jaguar, su cabello negro destelló azul en la luz del techo de una arcada.
Supuso que su ratio día/dólar estaba en alza.
Con un cambio rápido, volvió a tomar forma delante del coche, y gracias a que él no había encendido las luces, ella echó un buen vistazo a su rostro con el resplandor del salpicadero.
Bueno, bueno, bueno, pensó, cuando su cabeza se levantó de golpe hacia ella.
La risa lenta que salió del macho pertenecía a las noches de verano: profunda, cálida... y peligrosa como un rayo cayendo.
—La bella Xhexania.
—Assail. Bienvenido al Nuevo Mundo.
—Había oído que estabas por aquí.
—Igualmente. —Ella señaló con la cabeza a los cuerpos—. Tengo entendido que has estado realizando un servicio público.
El vampiro adoptó una expresión diabólica, una que tuvo que respetar.
—Me das crédito donde no puede ser pagado.
—Ah-huh. Claro.
—¿No puedes decirme que te preocupas por estas ratas sin colas?
—Me preocupa que tu producto ha estado en mi club.
—¿Club? —Las cejas elegantes alcanzaron su punto máximo sobre aquellos ojos fríos—. ¿Trabajas con humanos?
—Es más como mantenerlos en la línea.
—Y no apruebas las drogas.
—Cuanto más se encuentran bajo su influencia, más molestos son.
Hubo una larga pausa.
—Te ves bien, Xhex. Pero siempre lo hiciste.
Ella pensó en John y en el modo en que había manejado a aquel aspirante a vampiro hacía un par de meses. Sería un escenario diferente con Assail... John tendría mucha más diversión con un rival más digno y Assail era capaz de cualquier cosa...
Con una punzada de dolor, repentinamente se preguntó si su compañero se molestaría siquiera en luchar por ella ahora.
Las cosas eran diferentes entre ellos y no en el buen sentido. Todos aquellos propósitos de verano de mantenerse en contacto y relacionarse, se habían desvanecido en la rutina de sus empleos nocturnos, aquellos estallidos cortos de verse el uno al otro parecían crear más distancia de la que curaban.
Hasta ahora, en el tiempo frío del otoño, sus visitas eran más tensas, menos frecuentes. Menos sexuales, también.
—Qué pasa, Xhex —dijo Assail suavemente—. Puedo oler el dolor.
—Sobrestimas tu nariz... y tu alcance, si piensas que puedes hacerte cargo de Caldwell tan rápido. Estás tratando de llenar unos zapatos enormes.
—Tu jefe, Rehvenge, quieres decir.
—Exactamente.
—¿Eso significa que vendrás a trabajar para mí cuando termine de limpiar la casa?
—No en tu vida.
—¿Y en la tuya? —Él atenuó aquello con una sonrisa—. Siempre me has gustado, Xhex. Si alguna vez quieres un trabajo de verdad, ven a buscarme... No tengo problemas con los mestizos.
Yyyyyy vaya si esa cancioncilla no le daba ganas de darle una patada en los dientes.
—Lo siento, me gusta donde estoy.
—No, según tu olor, no te gusta. —Cuando él puso en marcha el motor del coche, el sutil gruñido predecía todo tipo de caballos bajo el capó—. Te veré por ahí.
Con un gesto casual, él se cerró dentro, aceleró el motor y arrancó sin encender las luces.
Mientras ella contemplaba los muertos que había dejado atrás, pensó que bueno, al menos ahora tenía un nombre, pero hasta ahí llegaban las buenas noticias. Assail era el tipo de macho al que no le dabas la espalda ni por un instante. Un camaleón sin conciencia que podía tener mil caras diferentes para mil personas diferentes... sin que nadie conociera nunca al verdadero.
Por ejemplo, no creía ni por un momento que él la encontrara atractiva. Era sólo un comentario para desconcertarla. Y había funcionado, sólo que no por la razón que él quería.
Dios, John...
Esta mierda entre ellos estaba matándolos, pero estaban estancados. Incapaces de hacer que las cosas funcionaran, incapaces de dejarlas pasar.
Era un desastre.
De vuelta a su moto, montó, se puso las gafas de sol para protegerse los ojos y se fue. Mientras se dirigía fuera del centro de la ciudad, pasó volando por delante de una flota de coches patrulla del DPC con sus luces intermitentes y las sirenas resonando, que iban tan rápido como sus neumáticos los llevaban hacia el lugar donde ella acababa de estar.
Que os divirtáis, chicos, pensó.
Se preguntó si ya tendrían un protocolo para suicidios múltiples.
Se dirigió al norte, hacia las montañas. Habría sido más eficiente desmaterializarse, pero necesitaba despejarse la cabeza y no había nada como ir a ciento treinta por un camino rural para conseguir tu cráneo limpio como una patena. Con el aire frío volviendo a empujar sus Aviator en la nariz, y la chaqueta de motorista formando una segunda piel sobre sus pechos, aceleró el motor aún más y se tumbó sobre la moto, convirtiéndose una con la máquina.
Mientras se acercaba a la mansión de la Hermandad, no estaba segura de por qué había accedido a esto. Tal vez era sólo por la sorpresa de la petición. Tal vez quería encontrarse con John. Tal vez estaba... buscando algo, cualquier cosa, que fuese un cambio de esta niebla de tristeza en la que vivía.
Por otra parte, tal vez el hecho de que iba a reunirse con su madre significaba que la mierda sólo iba a empeorar.
Aproximadamente quince minutos más tarde, se desvió de la carretera y se encontró de golpe con el mhis que siempre estaba allí. Disminuyendo la velocidad, así no chocaría con un ciervo o un árbol, poco a poco subió la cuesta de la montaña, deteniéndose en la serie de puertas que eran similares a las que llevaban a la entrada del centro de formación.
Apenas hubo un retraso en cada una de las cámaras de seguridad, la estaban esperando.
Después de pasar por la última barricada y comenzar la amplia curva que llevaba al patio, el corazón se le bajó a las tripas. Maldición, la enorme casa de piedra todavía tenía el mismo aspecto. Pero vamos, ¿cómo habría cambiado en absoluto? Podría haber una ducha de bombas nucleares a lo largo de la costa nordeste y el lugar seguiría siendo sólido.
Esta fortaleza, las cucarachas, y los Twinkies. Todo eso se quedaría.
Aparcó la Ducati más allá de los escalones de piedra que llevaban a la puerta principal, pero no desmontó. Mirando las jambas arqueadas, los enormes paneles tallados, las gárgolas de mirada ceñuda con cámaras en sus bocas... no había alfombra de bienvenida a la vista.
Entrar por su cuenta y riesgo era el punto.
Una mirada rápida a su reloj le dijo lo que ya sabía: que John ya habría salido esa noche, luchando en la zona de la ciudad que ella acababa de dejar...
Xhex giró la cabeza hacia la izquierda.
La rejilla emocional de su madre estaba en la parte de atrás, en los jardines detrás de la casa.
Eso estaba bien. No quería entrar. No quería caminar por el vestíbulo. No quería recordar lo que había estado vistiendo, pensando, soñando cuando se había estado emparejando.
La estúpida fantasía de que la vida iba a ser así.
Desmaterializándose al otro lado de la barrera de setos, no tuvo ningún problema para orientarse. John y ella habían paseado aquí fuera en primavera, agachándose bajo las florecientes ramas de los árboles frutales, respirando el olor olvidado de la tierra fresca, abrazados para protegerse del frío que sabían no tardaría en llegar.
Tantas posibilidades en aquel entonces. Y considerando dónde se encontraban ahora, parecía de alguna forma adecuado que todo el calor del verano se hubiera ido, aquel período vital de floración perdido por completo. Ahora las hojas estaban en el suelo, las ramas estaban desnudas otra vez y todo estaba a punto de caerse.
Bueno, esta noche no estaba para una tarjeta de Hallmark.
Concentrándose en la rejilla emocional de su madre, fue por el lado de la casa pasando por las puertas francesas de la sala de billar y la biblioteca.
No’One estaba abajo en el borde de la piscina, una figura inmóvil destacada por el resplandor azul del agua que aún no se había vaciado.
Wow... pensó Xhex. Algo importante había cambiado en la hembra y fuera cual fuera el cambio, había alterado gran parte de su superestructura emocional. Su rejilla emocional estaba revuelta, pero no en el mal sentido, más bien como una casa a la que se habían efectuado extensas renovaciones. Era un buen comienzo, una transformación positiva que probablemente tardaría mucho tiempo en llegar.
—Bravo, Tohr —murmuró para sus adentros Xhex.
Como si la hubiera oído, No'One miró por encima del hombro... y entonces fue cuando Xhex se dio cuenta de que la capucha que siempre estaba subida, estaba bajada, la parte de arriba del cabello rubio liso de su madre sugería que estaba trenzado, con el largo extremo metido bajo la túnica.
Xhex esperó a que el miedo iluminara la rejilla emocional. Y esperó. Y esperó...
Santa mierda, algo había cambiado realmente.
—Gracias por venir —dijo No’One cuando Xhex se acercó.
Aquella voz era diferente. Un poco más profunda. Más segura.
Había cambiado de muchos modos.
—Gracias por invitarme —contestó Xhex.
—Tienes buen aspecto.
—Como tú.
Deteniéndose delante de su madre, consideró la forma en que la vacilante luz de la piscina se dibujaba en la cara absolutamente encantadora de la hembra. Y en el silencio que siguió, Xhex frunció el ceño, la información desbordaba por sus receptores sensoriales, rellenando el cuadro.
—Estás atascada —dijo, pensando que era un poco irónico.
Las cejas de su madre se elevaron.
—De hecho... lo estoy.
—Es curioso. —Xhex miró al cielo—. Yo, también.
Levantando la mirada hacia la hembra fuerte y orgullosa enfrente de ella, No’One sintió la más extraña conexión con su hija: mientras los agitados reflejos de la piscina jugaban sobre sus rasgos duros y severos, los ojos gris acero contenían una frustración nerviosa similar a la suya.
—Así que tú y Tohr, eh —dijo Xhex en tono casual.
No’One se llevó las manos hasta su caliente rubor.
—No sé cómo responder a eso.
—Tal vez no debería haber sacado el tema. Es sólo... sí, te preocupa.
—En realidad, no.
—Mentirosa. —Sin embargo, no había acusación. Ni censura. Sólo la declaración de un hecho.
No’One se giró de nuevo hacia el agua y se recordó que como medio symphath, su hija sabría la verdad aunque no le dijera una palabra.
—No tengo ningún derecho sobre él —murmuró, mirando la superficie agitada de la piscina—. Ningún derecho sobre algo de él. Pero no es por eso que te pedí que vinieras...
—¿Quién lo dice?
—¿Perdona?
—Quién dice que él no es tuyo.
No’One negó con la cabeza.
—Ya sabes todos los por qué.
—No. No los sé. Si le quieres y él te quiere...
—Él no lo hace. No... en todos los sentidos. —No’One se pasó la mano por el pelo aunque ya estaba apartado de su cara. Querida Virgen Escriba, su corazón latía tan fuerte—. No puedo... no debería hablar de esto.
Le parecía más seguro no pronunciar una sílaba a un alma... sabía que a Tohr no le gustaría que se especulara sobre él.
Hubo un largo silencio.
—John y yo no estamos bien.
No’One echó un vistazo rápido, levantando las cejas ante la franqueza de su hija.
—Yo... me lo había preguntado. Has estado mucho tiempo fuera de aquí, y él no parece feliz. Yo había esperado... un resultado diferente. A muchos niveles.
Incluso entre ellas dos.
Y, en efecto, era verdad lo que Xhex había dicho. Todos estaban estancados... que no era exactamente el acuerdo que uno desearía. Sin embargo, aceptaría cualquier punto en común que se presentara.
—Creo que lo de Tohr y tú tiene sentido —dijo Xhex de pronto, mientras empezaba a pasear por el borde de la piscina—. Me gusta.
No’One arqueó las cejas otra vez. Y volvió a examinar la norma de no hablar.
—¿De verdad?
—Es un buen macho. Estable, fiable... una maldita tragedia lo que le sucedió a su familia. John ha estado preocupado por él durante mucho tiempo... sabes, ella fue la única madre que tuvo John. Wellsie.
—¿Alguna vez la conociste?
—No formalmente. Ella no era del tipo que solía pasar el rato donde yo trabajaba, y Dios sabe que yo nunca habría sido bienvenida donde estaba la Hermandad. Pero conocía su reputación. Una tía dura... muy franca, una hembra de valía en ese sentido. No creo que la glymera fuera una gran admiradora de ella, y el hecho de que a ella no le importara era otra cosa para recomendarla, en mi opinión.
—La de ellos fue una historia de amor verdadero.
—Sí, por lo que he oído. Francamente, me sorprende que él haya sido capaz de seguir adelante, pero me alegro de que lo hiciera... te ha hecho mucho bien.
No’One respiró hondo y olió hojas secas.
—No tiene otra opción.
—¿Perdona?
—No es mi historia para decirlo, pero basta con decir que si pudiera elegir otro camino, cualquier otro, lo haría.
—No entiendo lo que quieres decir. —Cuando No’One no dio explicaciones, Xhex se encogió de hombros—. Puedo respetar los límites.
—Gracias. Y me alegro de que hayas venido.
—Me sorprendió que me quisieras aquí...
—Te he fallado demasiadas veces para contarlas. —Cuando Xhex retrocedió visiblemente, No’One asintió con la cabeza—. Cuando llegué por primera vez aquí, me sentí abrumada por tantas cosas, perdida, aunque hablaba la lengua, aislada, aunque no estaba sola. Sin embargo, quiero que sepas que eres la verdadera razón por la que vine... y esta noche, es el momento de que te pida perdón.
—¿Por qué?
—Por abandonarte desde el principio.
—Jesús... —la hembra se frotó el pelo corto, su cuerpo poderoso se estremecía donde estaba, como si tuviera que obligarse a no huir—. Ah, escucha, no hay nada por lo que pedir perdón. No pediste ser...
—Tú eras una niña, recién nacida al mundo, sin una mahmen que cuidara de ti. Te abandoné para que te valieras por ti misma cuando podías hacer poco más que llorar en busca de calor y socorro. Yo... lo siento tanto, hija mía. —Se puso la mano en el corazón—. Me ha llevado demasiado tiempo encontrar mi voz y mis palabras, pero sé que he practicado esto durante horas en mi cabeza. Quiero que lo que te digo sea correcto, porque todo ha estado mal entre tú y yo desde el primer día... y es todo causa mía. Fui tan egoísta y carecí de coraje y...
—Para. —La voz de Xhex estaba tensa—. Por favor... sólo para...
—... me equivoqué al darte la espalda para siempre. Me equivoqué al esperar tanto tiempo. Me equivoqué acerca de todo. Pero esto. —Dio con el pie en el suelo—. Esta noche te revelo todas mis faltas, para que también pueda prometerte mi amor, por imperfecto e inoportuno que sea. No merezco ser tu madre, o llamarte hija, pero quizás si podamos formar una especie de... amistad. Puedo entender si esto también es inoportuno y sé que no tengo ningún derecho a exigir nada de ti. Sólo sé que estoy aquí y mi corazón y mi mente están abiertos para aprender quién eres... y lo que eres.
Xhex parpadeó una vez y luego permaneció en silencio. Como si lo que le había dicho hubiera venido de una mala frecuencia de radio y se vio obligada a extrapolar el significado.
Después de un momento, la hembra habló con brusquedad.
—Soy una symphath. Ya lo sabes, ¿verdad? El término “mestizo” no significa una mierda cuando la otra “mitad” es devorador de pecados.
No’One levantó la barbilla.
—Eres una hembra de valía. Eso es lo que eres. No me importa para nada la composición de tu sangre.
—Me tenías miedo.
—Tenía miedo de todo.
—Y tienes que ver a ese... macho en mi rostro. Cada vez que me miras, tienes que recordar lo que te hizo.
Ante eso, No’One tragó con fuerza. Suponía que esa parte era cierta, pero también era lo menos importante para avanzar: era más que el momento para hacer esto por su hija.
—Eres una hembra de valía. Eso es lo que veo. Nada más... y nada menos.
Xhex parpadeó otra vez. Un par de veces. Después más rápido.
Y luego se lanzó hacia adelante, y No'One se encontró envuelta en un abrazo fuerte y seguro.
No dudó ni un momento en devolver el gesto de afecto.
Cuando se aferró a su hija, pensó que sí, en efecto, el perdón se expresaba mejor a través del contacto. Las palabras no podían dar matiz a la sensación de posesión que había evitado en un momento de gran agonía, de tener su sangre en su contra, de sostener a la hembra, aunque sólo fuera brevemente, a quien tan egoístamente había agraviado.
—Mi hija —dijo con una voz que se quebró—. Mi bella y fuerte... digna hija.
Con mano temblorosa, acunó la nuca de Xhex y giró el rostro de la hembra a un lado, de modo que la sostenía sobre el hombro como haría con un bebé. Después, con caricias suaves y delicadas, alisó el corto cabello.
Era imposible decir que estuviera agradecida por algo que el symphath le había hecho. Pero este momento alejó el dolor, este momento vital cuando sintió como si el círculo que había comenzado a ser dibujado en su matriz se hubiera completado finalmente, dos mitades que habían permanecido largo tiempo separadas, llegando a unirse de nuevo.
Cuando Xhex finalmente se apartó, No’One jadeó.
—¡Sangras! —Alargando las manos hasta la mejilla de su hija, limpió las gotas rojas con sus manos—. Iré a buscar a la doctora Jane...
—No te preocupes por eso. Es sólo... sí, no hay de qué preocuparse. Es la forma en que... lloro.
No’One puso la mano sobre la cara de su hija y sacudió la cabeza con asombro.
—No eres para nada como yo. —Cuando la hembra apartó la mirada bruscamente, dijo—: No, eso es bueno. Eres muy fuerte. Tan poderosa. Me encanta eso de ti... Me encanta todo sobre ti.
—No puedes decir eso en serio.
—Tu lado symphath... es una especia de bendición. —Cuando Xhex comenzó a discrepar, No’One la cortó—. Te da una capa de protección contra... cosas. Te da un arma contra... cosas.
—Tal vez.
—Definitivamente.
—¿Sabes una cosa? Nunca estuve enfadada contigo. Quiero decir que entiendo por qué hiciste lo que hiciste. Trajiste una abominación al mundo...
Nunca uses esa palabra a mi alrededor —vociferó No’One—. No cuando se refiera a ti. ¿Queda claro?
Xhex se echó a reír de una manera gutural, levantando las palmas como defensa.
—Está bien. Está bien.
—Eres un milagro.
—Más bien una maldición. —Cuando No’One abrió la boca para discutir, Xhex la cortó—. Mira, aprecio todo… esto. De verdad que sí... quiero decir, es realmente amable de tu parte. Pero no creo en mariposas y unicornios, y tú tampoco deberías. Sabes qué he sido durante los últimos... Dios, ¿tantos años como puedo recordar?
No’One frunció el ceño.
—Has estado trabajando en el mundo humano, ¿no? Creo que lo oí por casualidad en algún momento.
Xhex levantó las manos pálidas, flexionando los dedos como garras y relajándolos.
—He sido una asesina. Me han pagado por cazar personas y matarlas. Hay sangre por todo mi cuerpo, No'One... y tienes que saberlo antes de que vayas a planear cualquier tipo de rencuentro bonito y prometedor para nosotras. Una vez más, me alegro de que me pidieras que viniera aquí y estás más que totalmente perdonada por todo, pero no estoy segura de que tengas una imagen realista de mí.
No’One metió los brazos en las mangas de su túnica.
—¿Te... dedicas a esa práctica ahora?
—No para la Hermandad o mi viejo jefe. ¿Pero con el trabajo que tengo en este momento? Si tuviera que volver a esa clase de habilidad, lo haría sin vacilar. Protejo lo que es mío y si alguien se interpone en mi camino, haré lo que tenga que hacer. Así es como soy.
No’One estudió esos rasgos, esa expresión dura, ese tenso y musculoso cuerpo que era más parecido al de un macho... y vio lo que estaba detrás de la fuerza: había vulnerabilidad en Xhex, como si esperara ser rechazada, excluida, hecha a un lado.
—Creo que eso está bien.
Xhex realmente brincó.
—¿Qué?
No’One levantó la barbilla una vez más.
—Estoy rodeada por machos que viven según esas reglas. ¿Por qué debería ser diferente para ti porque seas una hembra? En realidad, estoy muy orgullosa de ti. Es mejor ser el agresor que el agredido... Prefiero tenerte de esa mentalidad que de cualquier otra.
Xhex exhaló un suspiro tembloroso.
—Dios... maldición... no tienes ni idea de cuánto necesitaba oír eso en estos momentos.
—Me complacerá repetirlo, ¿si tú quieres?
—Nunca pensé que... bueno, da igual. Me alegro de que estés aquí. Me alegro de que me hayas llamado. Me alegro de que...
Cuando la oración no fue terminada, No’One sonrió, una luz radiante y brillante se encendió dentro de su pecho.
—Yo también. Tal vez, si tienes... cómo dicen ellos, ¿tiempo libre? ¿Podríamos quedarnos juntas unas horas?
Xhex empezó a sonreír un poco.
—¿Te puedo preguntar algo?
—Cualquier cosa.
—¿Alguna vez has montado en una moto?
—¿Qué es eso?
—Vayamos a la parte delantera de la casa. Déjame enseñártela.



[i] El personaje Nancy Drew, detective adolescente de novelas de misterio antiguas.

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