jueves, 28 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 40 41 42

Capítulo 40

La primera impresión que tuvo Tohr de su anfitrión era que Assail no había cambiado nada. Todavía era lo bastante grande para ser un Hermano, con el pelo tan oscuro que hacía que V pareciera rubio. Y sus ropas eran, como siempre, formales y perfectamente cortadas. También era tan cauteloso como siempre, la mirada perspicaz y encubierta… viendo demasiado, capaz de demasiado.
Otro buen añadido al contenido.
No.
El aristócrata sonrió de una forma que no alcanzaba sus ojos.
—¿Me imagino que Wrath está en el centro de todos esos cuerpos?
—Muestra algo de un jodido respeto —espetó V.
—Los cumplidos son el condimento de la conversación —Assail se dio la vuelta, dejándolos atravesar las jambas ellos mismos—. Solo son admitidos…
Wrath se desmaterializó justo en el camino del tipo, moviéndose tan rápido que se encontraron cuerpo contra cuerpo.
Desnudando unos colmillos largos como dagas, el Rey gruñó en voz baja.
—Vigila tu boca, hijo. O haré que te sea imposible lanzar más mierda alrededor.
Assail dio un paso atrás, entrecerrando los ojos como si estuviera leyendo las estadísticas vitales de Wrath.
—No eres como tu padre.
—Tampoco tú. Desafortunadamente.
Mientras V atravesaba la puerta, Assail metió la mano en el bolsillo interior… e inmediatamente aparecieron cuatro cañones de armas apuntadas a su cabeza. Mientras se inmovilizaba, sus ojos fueron de arma en arma.
—Iba a sacar un puro.
—Yo lo haría despacio si fuera tú —murmuró Wrath—. A mis chicos no les importaría dejarte tirado dónde estás.
—Menos mal que no estamos en mi salón. Adoro esa alfombra —lanzó una mirada a V—. ¿Seguro que quieres hacer esto en el lavadero?
—Sí, puta, lo estoy —dijo con esfuerzo Vishous.
—¿Ventana-fobia?
—Estabas a punto de encenderte un puro —dijo Wrath—. O de tenerlo encendido. Qué te parece si resolvemos esto primero y luego hablamos sobre tu casa como-un-colador.
—Me gusta la vista.

—Lo que podría ser la causa de que yo acabe de pie ante tu tumba —declaró V mientras movía la cabeza hacia la desaparecida mano del tipo.   
 Ladeando una ceja, Assail sacó un largo Cubano y puso empeño en enseñárselo a todos. Luego metió la mano en el bolsillo lateral, sacó un encendedor de oro y lo levantó hacia la bien armada galería de tiro.
—¿Alguien quiere unirse a mí? ¿No?
Cortó el extremo y lo encendió, aparentemente despreocupado de que su cabeza aún estuviese en el punto de mira.        
 Después de un par de bocanadas, siguió:
—De manera que quiero saber algo.
—No me des una oportunidad como ésa —murmuró V.
—¿Es por eso por lo que me llamaste por fin? —preguntó Wrath.
—Sí, es por eso —el vampiro hizo rodar el puro adelante y atrás entre el pulgar y el índice—. ¿Tienes intención de cambiar las leyes concernientes al comercio con humanos?
Inclinándose a un lado, Tohr hizo un rápido reconocimiento de lo que podía ver del resto de la casa… lo cual no era mucho: una cocina moderna, un resquicio del comedor, un salón en la esquina más alejada. Al no captar movimiento en las vacías habitaciones, se concentró de nuevo.
—No —dijo Wrath—. Estipulado que los negocios permanezcan bajo el radar, puedes hacer lo que quieras. En qué clase de comercio estás.
—Al por menor.
—¿De qué?
—No importa.
—Si no me contestas, voy a asumir que drogas o mujeres —Wrath frunció el ceño cuando no hubo réplica—. Así que cuál es.
—Las mujeres dan demasiados problemas.
—La mierda de la droga es difícil de mantener bajo el radar.
—No de la forma en que yo me ocupo de las cosas.
V metió baza.
—Así que tú eres la razón por la que los intermediarios se han estado seleccionando ellos mismos en los callejones.
—Sin comentarios.
Wrath frunció de nuevo el ceño.
—¿Por qué sacar esto a relucir ahora?
—Déjame decir solo que he tropezado con alguien demasiado interesado en las fiestas.
—Sé mas especifico.
—Bueno, uno de ellos mide sobre metro ochenta. Pelo oscuro cortado a cepillo. Su nombre rima con sexo, y un cuerpo construido para eso.
Oh no, no lo harías, pensó Tohr…
El siseo que llegó de John hizo que todas las cabezas se giraran. Y mira por donde, los ojos del tipo estaban apuntados sobre Assail como si, al menos en su mente, ya estuviera rajando la garganta del macho.
—Te pido perdón —dijo en tono cansino Assail—. No sabía que la conocías de alguna manera.
Tohr gruñó en nombre de su hijo… aunque estuvieran distanciados.
—La conoce bastante más que un poco gilipollas. De manera que puedes meterte por el culo esa especulación y mientras estás en eso mantente lejos de ella.
—Ella es la que vino a mí.
Geeeeeniiiiiiaaaaaal. Eso sentó como una bala de plomo…
Antes de que la mierda se saliera de su cauce, Wrath levantó la mano.
—Me importa una mierda lo que hagas con los humanos… establecido que tú limpias cualquier chapuza. Pero si estás marcado, te las apañas solo.
—Qué pasa con nuestra especie interfiriendo con mi comercio.
Wrath sonrió un poco, su cara cruel mostraba una absoluta falta de humor.
—¿Ya tienes problemas defendiendo tu territorio?            Adivina qué. No puedes tener lo que no puedes mantener.
Assail inclinó la cabeza.
—Bastante justo…
El sonido de un cristal haciéndose pedazos llegó desde detrás de ellos, atravesándolo todo, comprimiendo el tiempo lentamente: disparo.           
Con una poderosa embestida, Tohr saltó por el aire, su enorme cuerpo voló sobre las baldosas españolas, su objetivo: Wrath.    
 Mientras el rat-tat-tat-tat-tat de una lluvia de balas golpeaba la parte trasera de la casa, él placó al Rey contra el suelo, cubriendo a su Hermano con tanto de su cuerpo como era posible. Todos los demás, incluido Assail, golpearon igualmente el suelo y se arrastraron buscando cobertura en las diferentes paredes.
—Mi señor, ¿estás herido? —siseó Tohr en el oído de Wrath mientras golpeaba enviar sobre el teclado.
—Quizás el cuello —fue la respuesta gruñida.
—Quédate quieto.
—Estás encima de mí. Exactamente, dónde piensas que voy a ir.
Tohr retorció la cabeza para clavar la mirada en donde estaba cada cuerpo. V estaba sobre Assail, la mano apretada sobre la garganta del tipo y al arma apretada sobre la sien de su anfitrión. Y Qhuinn y John estaban tumbados de espaldas a cada lado de donde ellos habían llegado, cubriendo tanto la salida como la entrada a la cocina.
La brisa fría que atravesaba el cristal roto del panel de la puerta no proporcionaba ningún aroma concreto, y eso probaba quien era: los asesinos hubieran apestado el lugar dado el viento predominante y que el disparo llegó desde el norte.   
Eran Xcor y su Banda de Bastardos.
Pero, vamos, como si no lo supieran ya. Aquel único disparo tenía que haber venido de un rifle, y tenía que haber sido dirigido a Wrath a través de aquellos jodidos cristales de la puerta… y había pasado mucho tiempo desde que la Sociedad Lessening había demostrado alguna astucia en sus ataques.
—Se supone que ibas a mantener este encuentro en privado, vampiro —dijo V en un tono mortífero.            
—Nadie sabía que estabais aquí.
—Entonces asumiré que ordenaste un asesinato tú solo.
Iba a disparar al hijodeputa, pensó Tohr sin preocuparse. Exactamente aquí y ahora.
Assail se mantenía frío, cuadrando al Hermano de forma que la boca del arma estaba ahora señalando al centro de su frente.
—Jódete… eso es por lo que quería hacer esto en el salón. Ese cristal es a prueba de balas gilipollas. Y P.D., estoy herido, loco.
El macho levantó el brazo y mostró su goteante mano derecha, la que había estado sujetando el puro.
—Puede que tus amigos tengan mala puntería.
—Esto no fue mala puntería. Yo también era un blanco…
Más balas rociaron la parte trasera de la casa, encontrando su camino a través del hueco de la puerta. Condenado infierno, el panel térmico era bueno para los inviernos de Nueva York pero no valía una mierda para detener al mejor Remington.
—¿Cómo lo llevas? —susurró Tohr en el oído de Wrath mientras comprobaba en el móvil la respuesta de sus hermanos.
—Bien. ¿Tú? —salvo que el Rey tosió… y joder, hubo un estertor en sus pulmones.
Estaba sangrando en algún punto a lo largo de su árbol respiratorio…
Moviéndose tan rápido como un suspiro, Assail se liberó del apretón de V y corrió a través de la parte de atrás del lavadero, dirigiéndose a una puerta que tenía que desembocar en el garaje.
—No me dispares. ¡Tengo un coche en el que puedes llevártelo! Y voy a apagar todas las luces de la casa.
 Cuando todo estuvo oscuro, Vishous de materializó sobre el tipo, tirándolo y machacándole la cara contra los azulejos.
—Ahora voy a matarte…
—No —ordenó Wrath—. No hasta que sepamos qué pasa.
En las sombras, V apretó los dientes y miró con ferocidad al Rey. Pero al final no apretó el gatillo. En lugar de eso, acercó la boca al oído de su anfitrión y gruñó.
—Piénsatelo dos veces si vas a alguna salida otra vez.
—Entonces hazlo tu mismo —esto sonó como Etoce haslo tu mism.         
 Vishous miró a Tohr, los ojos de uno fijos en los del otro. Cuando Tohr hizo un sutil asentimiento, el otro Hermano maldijo… luego estiró la mano y abrió de golpe la puerta del garaje. Las luces automáticas aún estaban encendidas desde que Assail había llegado a casa antes y Tohr captó la visión de cuatro coches: el Jaguar, un Spyker, un Mercedes negro. Y una van negra sin ventanillas laterales.
—Coge el GMC —gruñó Assail—. Las llaves están en el contacto. Está todo blindado.
Como todo estaba en silencio fuera, John y Qhuinn empezaron a moverse rodando a través del cristal roto, estableciendo un ritmo firme y alternante, solo para estar seguros de que nadie podía intentarlo y materializarse dentro.
Mierda, su munición no iba a durar tanto.
Tohr maldijo la falta de opciones, también el hecho de que no había recibido respuesta de la Hermandad…
—Tenemos esto —dijo Qhuinn, sin girarse desde la puerta—. Pero necesitamos a los otros Hermanos aquí antes de intentar levantarlo.
—Ya los he alertado —murmuró Tohr—. Están en camino.
Al menos esperaba que lo estuvieran.
La voz de Assail se elevó a través de los disparos.
—Toma la maldita van. Joder, no os estoy jodiendo.
Tohr clavó al tipo con ojos duros.
—Si has sido tú, te desollaré vivo.
—Yo no he sido.
Dado que no había más garantías que ser hechas, Tohr rodó de encima de Wrath y ayudó al Rey a ponerse en cuclillas. Mierda… sangre a un lado del cuello. Un montón.
—Mantén la cabeza baja, mi señor, y sigue mi ejemplo.
—No lo digas.
Moviéndose tan rápido como se atrevió, Tohr se desplazó a través del suelo, conduciendo al Rey hasta la pared para que Wrath pudiera poner la mano sobre ella y orientarse él mismo.
—La lavadora —dijo Tohr, empujándolo hacia afuera para evitar la cuadrada máquina—, secadora. La próxima puerta a dos metros. Metro y medio. Metro. Escalón.
 Mientras iban hacia Assail, el macho los estaba observando.
—Jesús, está ciego de verdad.
Wrath se paró en seco y desenvainó su daga, apuntándola directamente a la cara del tipo.
—Pero mi oído funciona muy bien.
Probablemente Assail se hubiera echado atrás, pero estaba atrapado entre una dura pared, una bala y una afilada punta… sin demasiado espacio en la habitación para maniobrar.
—Sí, de alguna forma.  
—Esta reunión ha terminado —dijo Wrath.
—No tengo nada más.
—Lo sé. Vigílate a ti mismo, hijo… si se demuestra que esta pequeña visita tiene tus huellas cerca, tu próxima casa será en una caja de pino.
—No lo será. Te lo juro… soy un hombre de negocios, pura y simplemente. Sólo quiero que me dejen solo.  
 —Greta cabrona Garbo —escupió V mientras Tohr urgía a Wrath a moverse otra vez.         
 En el garaje propiamente dicho, Tohr se desplazó de lado con el Rey sobre el suelo pelado, rodeando los otros vehículos. Cuando llegaron a la van, la comprobó por fuera.
Luego abrió las dobles puertas traseras y empujó al más poderoso vampiro del planeta allí dentro como si fuera una pieza del equipaje.   
Mientras volvía a cerrar los paneles se tomó un momento para respirar profundo. Luego, voló alrededor del lado del conductor y entró. La luz interior se encendió un momento después de que se sentara, y sí, las llaves estaban justo donde Assail había dicho. Y, sí, se habían hecho variaciones importantes en el vehículo: dos tanques de combustible, barras de seguridad reforzaban la caja, cristales gruesos, cuyo tamaño sugería que eran a prueba de balas.
Había una partición deslizante que separaba la parte trasera de la delantera, y él la abrió lo bastante como para poder controlar al Rey.
Con su audición a toda marcha, el gotear de la sangre del Rey en la van parecía tan alto como los disparos que lo habían causado.
—Estás mal herido, mi señor.
Todo lo que llegó desde su espalda fue aquella tos.
Joder.
*  *
John estaba listo para matar.
Mientras permanecía de pie al lado de la maldita puerta trasera, los desarrollados músculos de sus piernas estaban crispados y el corazón le latía salvaje en el pecho. Su pistola, sin embargo, estaba firme como una roca.
La Banda de Bastardos había iniciado el ataque desde donde la Hermandad habría empezado: en la parte más lejana del prado, en el bosque detrás de la casa.
Maldito disparo, pensó. Aquella primera bala había perforado los paneles de cristal de la puerta e ido directo a por la cabeza de Wrath, aunque había un cierto número de personas de pie rodeándolo.  
 Demasiado cerca. De alguna forma demaaaasiiiiado cerca.
Aquellos tipos eran auténticos profesionales… lo que quería decir que tenían que estar preparándose para un segundo combate… y no desde el ángulo que estaba tan bien guardado.
Mientras Qhuinn seguía presionando su gatillo con un lento y constante movimiento, John se reclinó y miró a través del arco de la cocina.
Silbando bajito, captó los ojos de Qhuinn y asintió en aquella dirección.
—Roger a eso.
—John, no vas a salir ahí solo —dijo V—. Vigilaré la puerta trasera al tiempo que a nuestro anfitrión.
—¿Qué pasa si vienen a través de la brecha? —preguntó Qhuinn.
—Los pillaré de uno en uno.
Difícil discutir con el tipo. Especialmente mientras el Hermano apuntaba su segunda arma directo a través de donde Qhuinn y John habían estado disparando.
Aquello fue el final de cualquier otra convocatoria.
John y Qhuinn adoptaron una posición lado a lado y se largaron juntos. Usando la luz de la luna como guía, corriendo a través de la cocina equipada profesionalmente, y tiraron de cada puerta que pasaban. Cerrada. Cerrada. Cerrada.     
 El salón, el comedor y las habitaciones de la familia resultaron ser una enorme extensión, del tipo de un campo de futbol que hubiera sido convertido en una impresionante casa. Las buenas noticias eran que había columnas ornamentadas a intervalos regulares que soportaban el techo sobre la extensión, y Qhuinn y él las utilizaron para cubrirse mientras entraban como una flecha, comprobaban las puertas correderas de cristal y se zambullían debajo de nuevo.
 Todo estaba cerrado: mientras ellos recorrían la circunferencia de la enorme habitación, mierda, estaba tenso como un arco. Pero Dios, todo aquel cristal…
Parándose en seco, niveló el cañón de su arma hacia una parte, se volvió dos veces para hacerle una señal a V… y disparó un tiro de prueba.
Nada de cristales rotos. Ni siquiera una grieta. El panel de cuatro por dos simplemente capturó la bala y la detuvo, como si no fuera nada más que un chicle PYBM 
Assail no había mentido. Al menos no sobre esto.
Desde la parte trasera de la casa, la voz de su anfitrión llegó distante pero clara.
—Cierra y bloquea la puerta en la parte de debajo de las escaleras del primer piso. Rápido.
Roger a eso.
John dejó que Qhuinn barriera los baños y la oficina mientras el batía los pies sobre una escalera de mármol blanco y negro. Bastante seguro, metido en la pared, había un panel de acero reforzado a prueba de fuego que cuando lo sacabas olía a pintura fresca, como si hubiera sido instalado recientemente.
Tenía dos cerrojos, uno con el que se podía aislar la parte de arriba de las escaleras y otro para hacer lo mismo en la parte de abajo.
 Mientras lo ponía en su sitio y lo aseguraba, tuvo que sentir algún respeto por cómo había manejado Assail las medidas de seguridad.
—Este lugar es una fortaleza —dijo Qhuinn mientras salía de otro baño.
¿Bodega? Vocalizó John de manera que no tuvo que reenfundar su arma.
Como si le leyera la mente, Assail gritó.
—La puerta del sótano está cerrada. Está en la cocina en la segunda nevera.
Retrocedieron en la dirección en la que habían empezado, localizando otro de aquellos trabajitos de acero que resultó que ya estaba deslizada en su sitio y echado el cerrojo.
 John comprobó su teléfono, y vio el mensaje de texto que Rhage había enviado: Pla dr ctr— p all TPCSP
Joder, respiró mientras le mostraba rápidamente la pantalla a Qhuinn.
—Voy a salir —anunció el tipo mientras corría hacia una de las correderas—. Cierra la puerta detrás de mí…
John arremetió contra el guerrero, enganchándolo. Una mierda lo harás vocalizó.
Qhuinn se soltó del puño de acero.
—Hay un jodido grupo esperando lo que ocurra y Wrath tiene que ser llevado a la clínica —mientras John maldecía en silencio, Qhuinn sacudió la cabeza—. Sé razonable compañero. Tú eres el respaldo de V con Assail y vosotros dos tenéis que mantener el interior seguro. De la misma manera, esa van tiene que ponerse en movimiento porque el Rey está sangrando. Necesitas dejarme salir y dejar que pueda asegurar el área… no podemos disponer de nadie más.
 John maldijo otra vez, su mente revolvía buscando otras opciones.
Al final, le dio una palmada a su mejor amigo en un lado del cuello y cruzaron los índices juntos durante un breve momento. Luego lo dejó ir y cerró la condenada puerta aunque casi lo mató hacerlo.
En última instancia, su primera obligación era salvar al Rey, no a su mejor amigo. Aquí la misión crítica era Wrath, no Qhuinn.
Además, Qhuinn era un hijo de puta mortífero, de pies rápidos, bueno con un arma, genial con un cuchillo.
Tenía que confiar en aquellas habilidades. Y el bastardo estaba en lo cierto: estaban profundamente necesitados en esta situación.
 Con un asentimiento final, Qhuinn se deslizó por la puerta de cristal, y John cerró y pasó el pestillo tras él… dejando al macho a su propia suerte.
 Al menos la Banda de Bastardos probablemente asumiría que todo el mundo estaba en la casa y permanecía allí… ellos tenían que saber que el respaldo estaría de camino, y en muchas situaciones, las personas esperaban que los refuerzos llegaran antes de presentar un contraataque.
—¡John! ¡Qhuinn! —llamó V—. ¡Qué demonios está pasando ahí!
John trotó de vuelta al lavadero. Desafortunadamente, no había forma efectiva de comunicar sin perder su arma…
—Mierda, Qhuinn está ahí fuera solo, ¿no?
Assail se rió en voz baja.
—Y yo que pensaba que era el único con ganas de morir.









Capítulo 41

Exactamente después de que Syphon apretara el gatillo de su rifle de larga distancia, el primer pensamiento de Xcor fue que el macho bien podía haber matado al Rey.
De pie en el refugio del bosque, estaba sorprendido de la puntería de su soldado. La bala había flotado hasta el otro lado del césped, fracturado el panel de vidrio de la puerta… e hizo caer al suelo al Rey como si fuera un saco de arena.
O eso, o el Rey había escogido parapetarse.
No había forma de saber si la desaparición fue una reacción defensiva o el colapso de un macho herido gravemente.
Quizás ambas eran ciertas.
—Abrid fuego —ordenó a la moderna radio de su hombro—. Y asumir posiciones secundarias.
Con una precisión experta, sus soldados entraron en acción, el sonido zumbante de las armas de fuego proporcionándoles cobertura mientras todos excepto Throe y él corrían en varias direcciones.
La Hermandad llegaría en cualquier momento, así que había poco tiempo para cerrar las escotillas y prepararse para el conflicto. Buena cosa que sus soldados estuvieran bien entrenados…
De repente, la casa se oscureció… inteligente. Les hacía más difícil aislarlos como blancos, aunque dado el modo en que todos los vidrios excepto el de la puerta trasera tenían resistencia a las balas, parecía como si Assail fuera mucho más estratega que la media de la indecisa glymera.
A pesar de las bombas lapa.
En la tregua que siguió, Xcor tuvo que asumir que si el Rey estuviera vivo y completamente ileso, Wrath se desmaterializaría a través de la entrada de la puerta trasera, saldría del área, y los otros atacarían. Si el Rey estaba herido, se resguardaría y esperaría a que llegaran los demás miembros de la Hermandad y le proveyeran de cobertura para la huída. ¿Y si el Rey Ciego estuviera muerto? Permanecerían con su cuerpo para protegerlo hasta que los otros llegaran aquí…
Una pistola sonó en el interior. Un disparo, el fogonazo del cual se presentó por la izquierda.
Estaban examinando el cristal, pensó él. Así que o Assail estaba muerto o no confiaban en él.
—Alguien está saliendo —dijo Throe a su lado.
—Dispara a matar —ordenó Xcor hacia su hombro.
No había ninguna razón para arriesgarse por una captura: alguien que luchara al lado de la Hermandad estaría entrenado para soportar la tortura, y por tanto no sería un buen candidato para reunir información. Es más, esta situación era un barril de pólvora a punto de explotar, y reducir el número de enemigos era el objetivo más importante, tomar prisioneros no lo era.
El fuego de armas resonó cuando sus bastardos trataron de derribar a quienquiera que hubiera partido, pero naturalmente el luchador se desmaterializó así que era poco probable que lo hubieran herido…
La Hermandad llegó de repente, los enormes luchadores tomando posiciones por todo el exterior de la casa, como si lo hubieran estudiado con anterioridad.
Se intercambiaron disparos, con Xcor dirigiéndose hacia el par en el tejado mientras los suyos se centraban en las oscuras sombras, trasladándose alrededor de los porches así como hacia cualquiera que pudiera surgir de detrás de los bosques.
Necesitaba interponerse en el camino de cualquier vehículo que tratase de escapar de la casa.
—Iré a cubrir el garaje —dijo a la radio—. Mantened las posiciones.
Dando un vistazo por encima de su hombro a Throe, le ordenó:
—Apoya a los primos en el norte.
Cuando su soldado asintió y partió, Xcor se agachó e hizo lo mismo, cambiando de posición a la carrera, ya que estaba demasiado nervioso para desmaterializarse. Si trataban de sacar a Wrath en vehículo por estar herido, Xcor tenía que ser quien tuviera la satisfacción de evitar que el Rey escapara… y terminar el trabajo si era necesario. El garaje, por tanto, era su posición más ventajosa: los Hermanos tendrían que apropiarse de uno de los vehículos de Assail ya que parecía que habían llegado sin ninguno… y Assail ofrecería la ayuda. No tenía lealtad a ningún grupo en particular… ni a la Banda de los Bastardos, ni al Consejo, probablemente ni siquiera al Rey. Pero no querría cargar con el precio de la vendetta de algún otro contra Wrath.
Xcor se situó tras una roca enorme que se asentaba al borde de la plaza asfaltada tras la casa. Sacando un tira pequeña y convexa de metal que estaba pulida para una alta refracción, posicionó el espejo sobre la roca para poder tener una visión de cualquier cosa que estuviera tras él. Y entonces esperó.
Ah, sí. Justo otra vez…
Mientras los disparos continuaban resonando, la puerta del garaje más lejana a su derecha se abrió, la protección que ofrecía desapareciendo panel a panel.
La furgoneta que se retiraba no tenía ventanas en la parte trasera, y él estaba dispuesto a apostar que, como la casa, sus flancos eran impenetrables para cualquier cosa que no fuera un misil antiaéreo.
Era completamente posible, por supuesto, que esto fuera una artimaña.
Pero no iba a perder la oportunidad en el caso de que no lo fuera.
Moviendo rápidamente los ojos hacia arriba, comprobó sus espaldas, luego volvió a enfocarse en la furgoneta. Si se interponía en su camino, podría conseguir un disparo en el bloque del motor a través de la rejilla frontal…
El ataque que vino desde atrás fue demasiado veloz. Todo lo que sintió fue un brazo bloqueándole alrededor de la garganta y su cuerpo siendo transportado hacia atrás. Cambiando instantáneamente a modo de autodefensa cuerpo a cuerpo, evitó que el macho le rompiera el cuello sacudiendo la mierda fuera del luchador con un codazo en las tripas, y luego aprovechó el momentáneo aturdimiento para revolverse.
Tuvo el breve atisbo de unos ojos disparejos… y luego fue todo lucha.
El macho atacó con tal ferocidad que los puñetazos eran como si le llovieran coches. Afortunadamente tenía un equilibrio y reflejos excepcionales y agachándose, cogió al macho por los muslos y le placó duramente. A horcajadas sobre esa enorme parte inferior en el suelo, saltó arriba y trabajó la cara del luchador hasta que hubo sangre no sólo en sus nudillos, sino también volando por los aires.
Su posición de superioridad no duró mucho. A pesar de que posiblemente el soldado no podía ver con claridad, atrapó de algún modo una de las muñecas de Xcor y se aferró a ella. Con fuerza bruta, tiró atrás, llevó a Xcor dentro de alcance, y le propinó un cabezazo tan fuerte que por un momento el mundo se volvió rojo incandescente, tan cierto como si los árboles alrededor de ellos tuvieran fuegos artificiales por hojas y ramas.
Un cambio repentino en la gravedad le indicó que estaba siendo volteado, a no ser que lo fastidiara. Detuvo la inercia lanzando su propia pierna y clavando la bota en el suelo. Mientras se tensaba contra el gran peso sobre su pecho, vio la furgoneta negra irse por la entrada de vehículos, chirriando como alma llevada por el diablo.
La rabia ante la oportunidad perdida con el Rey le dio fuerza extra, y se alzó sobre sus pies con el macho haciendo de cortina en sus hombros, un chal de soldado.
Desenvainando su cuchillo de caza, apuñaló hacia atrás los alrededores de su propio torso, y supo que había alcanzado algo, dada la resistencia y la maldición. Pero entonces ese agarre alrededor de su cuello regresó, desafiando sus vías respiratorias, haciéndolas luchar incluso más duramente por oxígeno
La gran piedra que había usado de cobertura trasera estaba más o menos a un metro, y se dirigió a ella, las botas pisoteando torpemente a través del césped. Girándose, estampó al macho una… dos…
A la tercera, justo cuando estaba a punto de desmayarse, el agarre se aflojó. Con desorientación que lo entorpecía, se liberó justo cuando una bala silbó por su cabeza, tan cerca que sintió una línea de calor en su cabellera.
Tras él, el soldado cayó sobre la hierba, pero eso no estaba terminado, y un rápido vistazo alrededor al tiroteo que se había entablado le dijo que si él y sus bastardos se quedaban demasiado tiempo habría bajas catastróficas. Y sí, se llevarían con ellos a varios de la Hermandad, pero sólo a un coste tremendo para su propio número.
Su instinto visceral le decía que Wrath ya se había ido. Y maldita sea, aún si la mitad de la Hermandad estaba en el interior o por los alrededores de la furgoneta, y con el Rey siendo trasportado fuera seguro que algunos estaban siguiendo de cerca al vehículo, habrían todavía un montón de Hermanos de sobra en los márgenes del río para hacer un daño vital a él y a sus machos.
El Bloodletter se habría quedado y luchado.
Él, sin embargo, era más inteligente que eso. Si Wrath estaba mortalmente herido, o si ese era su cadáver, Xcor iba a necesitar a su Banda de Bastardos para la segunda fase de su golpe de estado.
—Retirada —espetó a la pieza de su hombro.
Llevó atrás su bota de combate y pateó el cuerpo en el suelo de ese hijo de puta de ojos disparejos, para asegurarse de que el macho permaneciera donde estaba.
Luego cerró los ojos y se obligo a calmarse… calma… calma…
La vida y la muerte dependían de si podía conseguir el correcto estado mental…
Justo cuando otra bala zumbaba por su cráneo, sintió como si tuviera alas… y volara.
*  *
—¿Cómo lo estamos llevando por allí atrás?
Tohr gritó la pregunta mientras forzaba a la furgoneta a tomar otra curva más de la carretera. El PDM cogió la curva como si fuera una mesita de café de patas cojas, bamboleándose de un lado a otro, que hasta incluso él sintió un poco de náuseas.
Wrath, mientras tanto, estaba jugando a la canica-en-un-bote-de-cristal en la parte trasera, balanceándose y sacudiendo los brazos para sujetarse.
—¿Alguna oportunidad… —Wrath dio un bandazo en la otra dirección y tosió algo más—… de que puedas… bajar la velocidad de este autobús?
Tohr miró por el espejo trasero. Había dejado la mampara abierta para así poder echarle un ojo al Rey, y con el resplandor del salpicadero, Wrath estaba blanco como una sábana. Salvo por donde la sangre manchaba la piel de su garganta. Esa era roja como una cereza.
—No reduciremos… lo siento.
Si la suerte estaba de su lado, la Hermandad estaría manteniendo completamente ocupada a la Banda de Bastardos en la casa, pero quién cojones sabía. Y él y el Rey estaban en el lado incorrecto del río Hudson con unos buenos veinte minutos de conducción frente a ellos.
Y sin respaldo.
Y Wrath… mierda, realmente no parecía estar bien.
—¿Cómo lo llevas? —gritó Tohr de nuevo.
Hubo una gran pausa en ese punto. Demasiado larga.
Apretando los dientes, trianguló la distancia hasta la clínica de Havers. Joder, estaba equidistante… así que salió disparado hacia esas instalaciones con la esperanza de encontrar a alguien, cualquiera con entrenamiento médico no iba a costar demasiado tiempo.
De algún lugar, Lassiter apareció en el asiento del pasajero… justo de la nada.
—Puedes bajar la pistola —dijo el ángel secamente.
Mierda, había descargado su subidón en el tipo.
—Yo cogeré el volante —ordenó Lassiter—. Apáñatelas tú con él.
Tohr estaba fuera del cinturón de seguridad y haciendo el cambio de conductor en un latido, y cuando el ángel lo sustituyó, estaba claro que el tipo estaba completamente armado. Bonito toque.
—Gracias, tío.
—Sin problemas. Y aquí, permíteme arrojar algo de luz sobre el sujeto.
El ángel empezó a resplandecer, pero sólo hacia la parte trasera. Y… maldita sea… cuando pasó a través de la mampara, lo que vio en la dorada iluminación fue la muerte sobre cuatro pezuñas yendo a por el Rey. La respiración de Wrath era superficial y a bocanadas, los nervios del cuello tensos por el esfuerzo que estaban realizando para conseguir bajar el oxígeno hacia los pulmones.
Ese disparo en el cuello estaba comprometiendo las vías respiratorias por encima de la nuez de Adán. Con un poco de suerte sólo la habría inflamado; en el peor de los casos, estaba sangrando por una arteria y ahogándose en su propia sangre.
—¿Cuánto falta para el río? —espetó hacia Lassiter.
—Puedo verlo.
Wrath se estaba quedando sin tiempo.
—No reduzcas. Por nada.
—Entendido.
Tohr se arrodilló al lado del Rey y se quitó su propia chaqueta de cuero.
—Voy a ver si puedo ayudarte, mi Hermano…
El Rey agarró su brazo.
—No… pasa… nada… No… te… vayas… a… mear…en… los… bóxer.
—No llevo, mi señor. —Y no estaba siendo paranoico sobre el daño que estaban afrontando. Si el Rey no conseguía ayuda con lo de la respiración, iba a morir antes de que nadie enderezara lo que fuera que estuviera mal.
Poniéndose en acción, abrió a tirones el abrigo del Rey, quitó la parte frontal del chaleco de Kevlar y… se tranquilizó ligeramente al no encontrar nada en ese pecho enorme. El problema estaba en la herida del cuello, y sí, una inspección de cerca sugirió que la bala estaba alojada por las inmediaciones. Sólo Cristo sabía lo que estaba mal. Pero estaba bastante seguro de que si podía abrir un punto de acceso de aire por debajo de la herida, tendrían una posibilidad de luchar.
—Wrath, voy a conseguir que respires. Y por favor, por el amor de tu shellan, no luches contra mí sobre si estás en problemas. Necesito que trabajes conmigo, no contra mí.
El Rey buscó a tientas su cara con la mano, finalmente encontrando las gafas y apartándolas de un manotazo de su camino. Cuando esos ojos verde vivo, increíblemente hermosos, se trabaron en los de Tohr, fue como si pudieran ver.
—¿Tohr? ¿Tohr? —Parpadeando, parpadeando desesperadamente mientras el Rey trataba de conseguir aire—. ¿Donde… estás?
Tohr capturó la mano que agitaba y la apretó con fuerza.
—Estoy justo aquí. Vas a dejar que te ayude con tu respiración, ¿vale? Asiente para mí, mi Hermano.
Cuando el Rey lo hizo. Tohr gritó en alto a Lassiter.
—Mantenlo estable hasta que te diga.
—Entrando en el Puente justo ahora.
Al menos tenían un camino recto.
—Verdaderamente estable, ángel. ¿Está claro?
—Roger a eso.
Desenfundando una de sus dagas, la puso en el suelo enmoquetado al lado de la cabeza de Wrath. Entonces se despojó de su equipo de agua y lo dejó aparte. Tomando el tubo de plástico flexible que serpenteaba desde la pieza de la boca hasta la bolsa, la sacó, la estiró y la cortó por los dos extremos. Luego sopló y vació el agua de su interior.
Se inclinó hacía Wrath.
—Voy a tener que hacerte un corte.
Mierda, la respiración estaba incluso peor, nada más que problemas.
Tohr no esperó por consentimiento o siquiera reconocimiento. Palpó por su cuchillo y, con la mano izquierda, sondeó la zona suave y flexible entre los extremos de las clavículas del Rey.
—Prepárate —dijo con la voz quebrada.
Era una maldita vergüenza que no pudiera esterilizar la hoja, pero incluso si hubiera tenido una hoguera por la que pasarla, no habría tenido tiempo para lo de enfriarla. Esas bocanadas a trompicones estaban siendo cada vez más superficiales en vez de más profundas.
Con una silenciosa plegaria, Tohr hizo exactamente lo que V les había enseñado: presionó la punta punzante de su daga a través de la piel hacia el duro túnel de la tráquea. Otro pequeño rezo… y entonces cortó profundamente, pero no demasiado. Inmediatamente después, empujó el tubo hueco y flexible dentro del Rey.
El alivio llego rápido, el aire silbando fuera con un pequeño pitido. Y justo después, Wrath aspiró una verdadera bocanada, y otra… y otra.
Plantando una palma en el suelo, Tohr se centró en mantener el tubo justo donde estaba, sobresaliendo por la parte de delante de la garganta del Rey. Cuando la sangre empezó a escurrirse por los alrededores del lugar, abandonó la rutina del apuntalamiento para ceñir la piel alrededor del plástico salvador, manteniendo el sello lo más tenso posible.
Esos ojos ciegos con sus iris punteados le encontraron, y había gratitud en ellos, como si hubiera salvado la vida del tipo o algo.
Pero todavía tenían que ver eso. Cada sutil irregularidad que se transmitía a través de la suspensión de la furgoneta ponía a Tohr de los nervios, y todavía estaban demasiado lejos de casa.
—Quédate conmigo —murmuró Tohr—. Quédate justo aquí conmigo
Cuando Wrath asintió y cerró los ojos, Tohr le echó un vistazo al chaleco de Kevlar. La maldita cosa estaba diseñada para proteger órganos vitales, pero no era una garantía de estar a salvo.
Y con respecto a lo último, ¿cómo demonios se las había arreglado para conseguir sacar la furgoneta de allí?
Alguien les debía de haber cubierto… sin lugar a dudas uno de los Hermanos llegando justo a tiempo
—¿Puedes conducir algo más rápido? —exigió Tohr.
—Estoy pisando el pedal a fondo. —El ángel miró atrás—. Y no me importa por encima de qué tenga que pasar.

















Capítulo 42

No'One estaba abajo en el centro de entrenamiento, empujando un contenedor lleno de ropa blanca limpia para las camas de recuperación, cuándo ocurrió de nuevo.
El teléfono sonó en la sala de exploración principal, y luego ella oyó a través de la puerta abierta a Doc Jane hablando rápida y mordazmente… y usando el nombre de Tohr.
Lo que comenzó como una vacilación se convirtió en una parada en seco, sus manos se tensaron en el borde de metal del contenedor, su corazón palpitando con fuerza mientras el mundo se inclinó salvajemente, haciéndola girar y girar…
En el extremo más alejado del vestíbulo, la puerta de cristal de la oficina se abrió y Beth, la reina, entró patinando en el vestíbulo.
—¡Jane! ¡Jane!
La sanadora sacó la cabeza fuera de la sala de exploración.
—Estoy hablando por teléfono con Tohr ahora mismo. Lo traen de inmediato.
Beth corrió como un bólido por el pasillo, su pelo oscuro flotaba detrás de ella.
—Estoy lista para alimentarle.
Le llevó un momento hacerse cargo de las implicaciones.
Tohr no, no era Tohr, Tohr no… Querida Virgen Escriba… gracias…
¡Pero Wrath… el Rey no!
El tiempo se convirtió en una goma elástica, estirándose interminablemente, los minutos pasaron lentamente arrastrándose mientras la gente de la familia comenzaba a llegar… pero luego repentinamente, una extensión terminal fue alcanzada y ¡zas! todo se convirtió en un borrón.
Doc Jane y el sanador Manuel salieron corriendo de la sala de exploración, con una camilla rodando entre ellos, un maletín negro con una cruz roja repiqueteando colgada del hombro del varón. Ehlena estaba a la derecha de ellos, con más equipo en sus manos. Y también estaba la reina.
No'One se deslizó por el vestíbulo siguiendo su estela, corriendo sobre las puntas de sus zapatillas de cuero, atrapando la pesada puerta de acero que salía al parking y abriéndose paso con dificultad antes de que se cerrara. En la cuneta, una furgoneta con ventanillas tintadas chirrió al pararse, con el vapor rizándose desde su tubo de escape.
Voces —apuradas y profundas— salieron al aire cuando las puertas traseras del vehículo se abrieron de pronto y Manuel el sanador saltó adentro.
Luego Tohr salió.
No'One se quedó sin aliento. Estaba cubierto de sangre, manos, pecho, caderas, todo manchado de rojo. Pero por lo demás parecía bien. Tenía que tratarse de Wrath.
Querida Virgen Escriba, el Rey…
—¡Beth! Entra aquí —gritó Manuel—. Ahora.
Después de que Tohr ayudara a la reina a entrar, se quedó junto a las puertas abiertas con las manos en las caderas, el pecho subía y bajaba rápidamente, la mirada desolada enfocada en el tratamiento del Rey. No'One, entretanto, deambulaba en la periferia, esperando y rezando, sus ojos iban adelante y atrás, de la expresión terrible e inmóvil de Tohr, hasta el negro hueco de la furgoneta. Todo lo que ella veía del Rey eran sus botas, toscas, de suela gruesa y negras, sus huellas serían lo bastante intensas como para hacer surcos en el cemento armado… al menos cuando un macho tan grande como él las llevaba puestas.
Ojalá que él volviera a caminar derecho.
Abrazándose, deseó ser una Elegida, una hembra sagrada que tuviera línea directa con la Virgen Escriba, alguna forma de acercarse a la madre de la raza con una dispensa especial. Pero ella no era nada de eso.
Todo lo que podía hacer era esperar con los otros en el círculo que se había formado junto a la furgoneta.…
No había forma de saber cuánto tiempo trabajaron con el Rey en aquel vehículo. Horas. Días. Pero finalmente Ehlena reposicionó la camilla con ruedas tan cerca como fue posible y Tohr volvió de un salto a la parte de atrás.
Wrath fue sacado por su leal Hermano y depositado sobre las sábanas blancas… que no permanecerían tan prístinas por mucho tiempo, temió ella, mientras evaluaba el cuello del Rey: el rojo ya se estaba filtrando a través de las capas de gasa a un costado.
El tiempo era primordial… pero antes de que pudieran comenzar a rodar adentro, el gran macho atrapó la camisa arruinada de Tohr y luego comenzó a señalar su garganta. Cerró bruscamente la mano en un puño y luego abrió su palma hacia arriba como si él sujetara algo.
Tohr asintió y miró a los doctores.
—Tenéis que intentar sacar la bala. Tenemos que tener esa cosa… es la única forma de que seamos capaces de probar quién hizo esto.
—¿Y qué ocurre si compromete su vida? —preguntó Manuel.
Wrath comenzó a sacudir la cabeza y a señalar con el dedo otra vez, pero la reina se impuso.
—Entonces la dejaréis donde está. —Cuando su compañero la miró, ella se encogió de hombros—. Lo siento, mi hellren. Estoy segura de que tus Hermanos estarán de acuerdo… tienes que sobrevivir por encima de todo.
—Está bien —gruñó Tohr—. La evidencia es lo menos importante, además, ya sabemos a quién culpar.
Wrath comenzó a mover la boca, pero no hubo palabras, porque… ¿había un tubo asomando de su garganta?
—Bien, me alegro de que esté decidido —masculló Tohr —. Lo tenéis, ¿no?
Los sanadores asintieron y todos se fueron con el Rey, la Reina permaneció a la derecha de su macho, hablándole en voz baja y urgente mientras trotaba a su lado. Ciertamente, mientras atravesaban las puertas hacia el centro de entrenamiento, los ojos de Wrath, de un verde pálido y encendido, estaban centrados, aunque desenfocados, en su cara.
Ella le estaba manteniendo vivo, pensó No'One. Esa conexión entre los dos lo sostendría tanto como cualquier cosa que los médicos estuvieran haciendo.…
Tohr, entretanto, también permanecía con su líder, pasando de largo sin mirarla siquiera.
Ella no le culpó. ¿Cómo podía ver él cualquier otra cosa?
Volviendo a entrar en el corredor, se preguntó si no debería intentar volver al trabajo. Pero no, no había ninguna posibilidad de eso.
Sencillamente siguió al grupo hasta que todos ellos en tropel, incluyendo a Tohr, desaparecieron en el quirófano. Sin osar entrometerse, ella se quedó afuera.
No había pasado mucho tiempo antes de que se le hubiera unido el resto de la Hermandad.
Tan trágicamente.
Durante la siguiente hora, los horrores de guerra fueron demasiados evidentes, los riesgos para la vida y las extremidades se pusieron de manifiesto por las lesiones que presentaban ellos mismos cuando los Hermanos volvieron del campo de batalla poco a poco.
Había sido un tiroteo rabioso. Al menos, eso fue lo que dijeron a sus compañeras, todas reunidas para confortarlos, caras ansiosas, ojos horrorizados, corazones aterrorizados mantenían a las parejas apretadamente juntas. Las buenas noticias eran que todos y cada uno de ellos volvieron a casa, los machos, y la única hembra, Payne, todos regresaron a salvo y consiguieron ser atendidos.
Sólo para preocuparse por Wrath.
El último en llegar estaba entre los más malheridos excepto por el Rey, hasta el punto que al principio, ella no reconoció quién era. La corona de pelo oscuro y el hecho de que John Matthew lo estuviera llevando, la informó de que probablemente era Qhuinn… pero nadie podría saberlo con seguridad si se guiaban por la cara.
Había sido golpeado severamente.
Mientras el macho era conducido al segundo quirófano, ella pensó en el amasijo mutilado de su pierna y rezó porque la sanación que lo esperaba a él, a todos ellos, no fuera, para nada, como había sido la suya.
El amanecer finalmente llegó, aunque ella sólo lo supo porque vio el reloj en la pared. Destellos de los diversos dramas que habían tenido lugar cuando las puertas del quirófano se abrían y cerraban, y finalmente, los que estaban siendo tratados fueron dejados en salas de recuperación, o les permitía marcharse por su propio pie de regreso a la casa principal… aunque ninguno se fue. Todos se reacomodaron como ella contra las paredes del corredor, permaneciendo en vigilia no sólo por el Rey, sino por sus compañeros de batalla.
Los Doggen trajeron comida y bebida para aquéllos que podían comer, y ella ayudó a pasar bandejas cargadas con zumos de fruta, café y té. Ella trajo almohadas para aliviar los cuellos tensos, mantas para mitigar la sensación del duro suelo y pañuelos de papel… aunque nadie estaba llorando.
La naturaleza estoica de estos machos y sus compañeras era una clase de poder en sí mismo. Pero ella sabía, a pesar de su tolerancia, que estaban aterrorizados.
Incluso otros miembros de la familia habían llegado: Layla, la Elegida. Saxton, el abogado que trabajaba con el Rey. Rehvenge, quien siempre la ponía nerviosa si bien él nunca había sido nada excepto perfectamente educado con ella. Al amado sabueso del Rey no se le permitió entrar en el quirófano, pero fue confortado por todos y cada uno. El gato negro, Boo, se enredaba alrededor de las botas estiradas y caminaba suavemente sobre los regazos y era mimado de paso.
La mañana pasó.
La tarde.
El anochecer.
A las cinco cero siete, Doc Jane y su compañero, Manuel, finalmente aparecieron, quitándose las mascarillas de sus caras exhaustas.
—Wrath está tan bien como se puede esperar —informó la mujer—. Pero como fue tratado en el campo, tenemos por delante veinticuatro horas para esperar una infección.
—Pero podéis encargaros de eso —exclamó el Hermano Rhage—. ¿Verdad?
—Podemos encargarnos de sacarle la mierda —dijo Manuel con un asentimiento—. Va a salir adelante… ese duro bastardo no lo hará de ninguna otra manera.
Un brusco grito de guerra salió de la Hermandad, su respeto, su adoración y su alivio eran bien evidentes. Y mientras No'One dejaba salir su propio suspiro de alivio, se percató de que no era por el Rey. Era porque ella no quería que Tohr soportara más pérdidas.
Esto era… bueno. Gracias fueran dadas a la Virgen Escriba.

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