jueves, 28 de junio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 43 44 45

Capítulo 43

Al principio, Layla no podía comprender lo que estaba mirando. Un rostro, sí, y uno que ella se suponía que conocía por la forma. Pero las facciones que lo componían estaban distorsionadas hasta tal punto que no habría sido capaz de identificar al macho si no lo hubiera conocido tan bien
—¿Qhuinn? —susurró mientras se acercaba a la cama del hospital.
Le habían dado puntos, unas pequeñas líneas de hilo negro le bajaban entrecruzadas por la frente y a través de la mejilla, su piel estaba brillante por la hinchazón, el pelo ahora estaba enredado por la sangre seca, su respiración superficial.
Mirando hacia las máquinas que había sobre la cama, no oyó sonar ninguna alarma, no vio ninguna luz intermitente. ¿Eso era bueno, no?
Se sentiría mejor si él le contestara.
—¿Qhuinn?
En la cama, su mano se giró y produjo un tenso crujido al revelar su palma ancha y lisa.
Ella puso la suya encima y lo sintió apretar.
—Así que estás ahí —dijo a duras penas.
Otro apretón.
—Tengo que alimentarte —gimió ella, sintiendo su dolor como propio—. Por favor... abre la boca para mí. Déjame aliviarte...
Cuando él accedió, hubo un chasquido, como si las articulaciones de su mandíbula no funcionaran adecuadamente.

Resaltando su propia vena, ella llevó la muñeca hasta sus labios amoratados y partidos.
—Bebe de mí...
Al principio, fue evidente que tenía dificultad para tragar, así que ella lamió una de las marcas de pinchazo, cerrándola para ralentizar el flujo. Cuando él cobró impulso, ella se mordió otra vez.
Le alimentó durante tanto tiempo como él le permitió, rezando porque su fortaleza volviera a él y fuera transformada en una fuerza sanadora.
¿Cómo había ocurrido? ¿Quién le había hecho esto?
Dado el número de extremidades envueltas en gasa que había fuera en el vestíbulo, era obvio que la víspera los lessers habían lanzado una fuerza brutal a las calles de Caldwell. Y Qhuinn ciertamente se había enfrentado a los miembros más rudos y ruines de las fuerzas enemigas. Así era él. Resuelto, siempre dispuesto a ponerse en la línea de fuego... hasta el punto en que a ella le preocupaba esa veta vengativa suya.
Había una línea muy fina que distinguía el coraje de la imprudencia mortal.
Cuando él acabó, ella cerró sus heridas y acercó una silla, sentándose una vez más a su lado con la palma de la mano contra la de él.
Fue un alivio observar la transformación milagrosa de las lesiones en su cara. A este paso, pronto no serían sino heridas superficiales, apenas perceptibles al llegar la mañana.
No importa qué daño tuviera internamente, sería solventado de igual manera.
Él iba a sobrevivir.
Sentándose con él en silencio, pensó en ellos dos, y en la amistad que había brotado desde su mal dirigida adoración. Si algo le ocurriese a él, ella llevaría luto como por un hermano de su propia sangre, y no había nada que no hiciera por él, más aún, tenía la clara sensación de que lo mismo era igualmente verdad a su favor.
Ciertamente, él había hecho mucho por ella. Le había enseñado a conducir, a pelear con sus puños, a disparar un arma y a manejar toda clase de equipos informáticos. Le había mostrado películas y la había expuesto a la música, le había comprado ropas que eran distintas a la túnica blanca tradicional de las Elegidas, se tomaba tiempo para contestar sus preguntas sobre este lado y la hacía reír cuando lo necesitaba.
Había aprendido mucho de él. Le debía mucho.
Así que parecía... ingrato… sentirse disconforme con su suerte. Pero últimamente había experimentado una ironía extraña: cuanto más se exponía, más vacía sentía su vida. Y por mucho que él empujara en diferentes direcciones, ella todavía consideraba su servicio a la Hermandad como la cosa más importante que podría hacer con su tiempo...
Cuando Qhuinn intentó recolocarse, renegó por la incomodidad y ella extendió la mano para calmarle, acariciando hacia atrás el pelo fibroso. Solo le funcionaba un ojo y se alzó hacia ella, la luz detrás del azul era exhausta y agradecida.
Una sonrisa estiró sus labios y ella le acarició le mejilla estropeada solo con la punta de los dedos. Era extraño, esta cercanía platónica que compartían... era una isla, un santuario, y la apreciaba tanto o más que a cualquier calidez que alguna vez hubiera sentido por él.
El enlace vital también la hacía consciente de cuánto sufría él, observando a su amado Blay con Saxton.
Su dolor estaba siempre presente, recubriéndolo como lo hacía su propia carne y atándole de igual manera, definiendo sus curvas y sus rectas.
Eso la hacía sentir resentimiento hacia Blay a veces, si bien no era quién para juzgar: si había algo que ella había aprendido, era que los corazones de otros solo eran conocidos por ellos mismos... y Blay era, en su corazón, un macho de valía...
La puerta se abrió detrás de ella y por encima de su hombro el macho de sus pensamientos apareció como convocado por sus cavilaciones.
Blaylock no estaba indemne, pero estaba mucho mejor que el macho que había en la cama… al menos por fuera. Internamente era una cuestión completamente distinta: todavía completamente armado, parecía mucho, mucho más viejo que su edad. Especialmente mientras asimilaba el estado de su camarada de armas.
Se paró brevemente nada más entrar en la habitación.
—Quería saber cómo tú... él... está...
Layla reenfocó la atención en Qhuinn. Su ojo sano estaba clavado en el macho pelirrojo, y la mirada que le devolvió el otro ya no la atormentó… bueno, no en el sentido que ella quería para sí misma.
Deseaba a este soldado para Qhuinn. Verdaderamente lo hacía.
—Entra —dijo ella—. Por favor... ya hemos terminado.
Blay fue lento en acercarse, y sus manos fueron enganchándose al azar... en su pistolera, en su cinturón, en la correa de piel que rodeaba la parte superior de su muslo.
Mantuvo su compostura, sin embargo. Al menos hasta que habló. Entonces su voz temblaba.
—Eres un estúpido hijo de puta.
Las cejas de Layla bajaron a una mirada furiosa, si bien Qhuinn apenas necesitaba que alguien como ella lo defendiera.
Ruego tu perdón.
—Según John, él salió de aquella casa y se metió en medio de la Banda de Bastardos. Solo.
—¿Banda de Bastardos?
—Los que trataron de asesinar a Wrath esta noche. Este estúpido hijo de puta se encargó de salir y meterse en medio de ellos, él solo, como si fuera una especie de superhéroe… fue un milagro que no resultara muerto.
Ella inmediatamente transfirió su mirada a la cama. Evidentemente, la Sociedad Lessening tenía una división nueva, y la idea que él se hubiera expuesto de ese modo hacía que tuviera deseos de gritarle.
—Tú... estúpido hijo de puta.
Qhuinn tosió un poco. Luego un poco más.
Con una punzada de miedo, ella saltó.
—Traeré a los doctores...
Pero Qhuinn se estaba riendo. No sofocándose hasta morir.
Se rió rígidamente al principio y luego cada vez más, hasta que la cama tembló debido a la hilaridad que solo él veía.
—Yo no le veo la gracia a esto —replicó ella.
—Ni yo —cortó Blay—. ¿Qué diablos te pasa?
Qhuinn sencillamente continuó riéndose, divirtiéndose con solo la Virgen Escriba sabía qué.
Layla miró a Blay.
—Creo que tengo ganas de pegarle.
—En estos momentos sería redundante. Espera hasta que esté mejor, luego dale. De hecho, yo te lo sujetaré.
—Hacer... lo... correcto... —gruñó Qhuinn.
—Estoy de acuerdo. —Layla se puso en jarras—. Blay tiene toda la razón... te daré de puñetazos más tarde. Y tú me enseñaste exactamente dónde se debe golpear a un macho.
—Estupendo —masculló Blay.
Después de que todos quedaran en silencio, la forma intensa en que los machos clavaban los ojos el uno en el otro hizo que su corazón se aligerara. ¿Quizá podrían ponerse de acuerdo ahora?
—Me adelantaré y comprobaré a los demás —dijo ella rápidamente—. Para ver si algún otro requiere alimentación...
Qhuinn extendió la mano y atrapó la de ella.
—¿Tú?
—No, estoy bien. Fuiste más que generoso la semana pasada. Me siento muy fuerte. —Ella se inclinó y besó su frente—. Tan solo descansa. Te comprobaré más tarde.
Al pasar cerca de Blay, ella dijo suavemente:
—Hablad vosotros dos. Le diré a todo el mundo que os dejen.
Cuando la Elegida se fue, Blay solo pudo quedarse mirando con incredulidad a la parte trasera de esa cabeza perfectamente peinada.
Cuando había entrado en el cuarto, la conexión entre Qhuinn y esa hembra le había dado un puñetazo en las tripas: todo ese contacto visual, ese sostener la mano, la forma en que ella curvaba su cuerpo elegante hacia él... la forma en que ella y solo ella lo sustentaba.
Y ahora... parecía como si ella quisiera que él estuviera solo con Qhuinn.
Tenía poco sentido. Si alguien tenía motivos para mantenerlos separados, era ella.
Centrándose de nuevo en el macho, él pensó: Dios mío, esas heridas eran difíciles de mirar, aunque estuvieran en proceso de curación.
—¿Contra quién ibas? —preguntó ásperamente—. Y no te molestes en discutir... hablé con John tan pronto como llegué a casa. Sé lo que hiciste.
Qhuinn levantó una mano inflamada y formó una X.
—¿Xcor? —Cuando el tipo asintió, hizo una mueca como si el movimiento hiciese que le doliera la cabeza—. No... vale, no te esfuerces.
Qhuinn desechó la preocupación con su clásica e incorregible manera. En un tono áspero, dijo:
—Stoy bien.
—¿Qué te hizo salir contra él?
—Wrath... resultó herido... conocía el ego de Xcor: él tenía que ser... —una profunda inspiración, una que vibró durante todo el camino— ...el tipo que impidiera salir al Rey. El bastardo tenía que ser incapacitado... o Wrath nunca podría...
—Haber salido vivo de allí. —Blay se frotó la nuca—. Santa mierda... salvaste la vida del Rey.
—No... mucha gente... lo hizo.
Vale, él no estaba tan seguro de eso. De regreso a lo de Assail, había habido un caos total, el tipo de desmadre que fácilmente cortaba ambos caminos: hacer que la Banda de Bastardos no huyera en desbandada poco después de que la Hermandad llegase, habría dejado importantes pérdidas por ambos lados.
Viendo a Qhuinn, él tuvo que preguntarse en qué estado estaría Xcor. ¿Se parecería a esto? El bastardo estaría por lo menos igual, probablemente peor.
Blay se estremeció, consciente de que había estado a los pies de la cama en silencio.
—Ah...
Mucho tiempo antes, toda una vida antes, nunca había existido silencios entre ellos. Pero... entonces eran unos críos. No machos que habían pasado su transición.
Diferentes normas de comportamiento, supuso.
—Creo que debería irme —dijo. Sin salir.
Esto fácilmente podría haber pasado de una forma tan diferente, pensó. La habilidad de Xcor para matar era bien conocida… no por Blay personalmente, pero había oído las historias del Antiguo País. Además, por Dios, ¿alguien con los cojones suficientes no solo para hablar de ir contra Wrath, sino para meterle de verdad una bala al Rey?
Mortífero o estúpido. Y lo último no contaba en este caso.
Qhuinn fácilmente podía haber sido golpeado por mucho más que múltiples puños.
—¿Puedo traerte algo? —dijo Blay. Aunque, vaya, el tipo no podía comer, y ya había sido alimentado.
Layla se había encargado de eso.
Tío, si él era brutalmente honesto consigo mismo —y parecía como si brutalmente fuera la palabra del día— había veces en que estaba resentido con la Elegida, aunque eso era un desperdicio colosal de emociones. Él no tenía derecho a enfadarse, especialmente dado que él y Saxton tenían un acuerdo muy regular. Especialmente dado que nada iba a cambiar por parte de Qhuinn.
Casi te mueres esta noche, quiso decirle. Estúpido hijo de puta, casi te mueres... ¿y entonces qué habríamos hecho nosotros?
Y no “nosotros”, como refiriéndose a la Hermandad.
Ni siquiera “nosotros”, como él y John. Más bien como... “yo”.
Mierda, ¿por qué seguía volviendo a este rincón con este macho?
Sencillamente era demasiado estúpido. En particular mientras estaba frente al tipo, mirando como aparecía más color en el rostro magullado, su respiración se volvía menos penosa y los hematomas se decoloraban aún más... todo gracias a Layla.
—Mejor me voy —dijo, sin marcharse.
Ese único ojo, el azul, tan solo siguió mirándolo. Sanguinolento, con un corte cruzando la ceja por encima de él, no debería haber podido enfocar. Pero lo hacía.
—Tengo que irme —dijo Blay finalmente.
Sin marcharse.
Maldito fuera, no sabía qué diablos estaba haciendo...
Una lágrima escapó de ese ojo. Fluyendo a lo largo del párpado inferior, se acumuló en la esquina exterior, formó un círculo de cristal y se hizo tan gruesa que no pudo sostenerse en las pestañas. Liberándose, serpenteó hacia abajo, perdiéndose en el pelo oscuro de la sien.
Blay quiso patearse su propio culo.
—Mierda, deja que traiga a Doc Jane... debes de sentir dolor. Vuelvo enseguida.
Qhuinn pronunció su nombre, pero él ya se marchaba dando media vuelta.
Idiota. Estúpido tonto del culo. El pobre macho estaba allí sufriendo en una cama de hospital, pareciendo un extra de Hijos de la anarquía[1], lo último que necesitaba era compañía. Más analgésicos, eso era lo que necesitaba.
Corriendo por el pasillo, encontró a Doc Jane conectada a la computadora central de la clínica, introduciendo notas en informes médicos.
—Qhuinn necesita un chute de algo. Vendrá usted rápido, ¿verdad?
La hembra lo hizo, revolviendo en un anticuado maletín de médico y regresando hacia la sala con él.
Mientras ella estuvo dentro, Blay les dio algo de privacidad, paseando de un lado a otro frente a la puerta.
—¿Cómo está?
Deteniéndose y girando sobre un pie, él trató de sonreír a Saxton, y falló.
—Él decidió ser un héroe... y creo que verdaderamente podría haberlo sido. Pero, Dios...
El otro macho se adelantó, moviéndose elegantemente en su traje a medida, sus mocasines Cole Haan resonaron con suavidad, como si fueran demasiado refinados para hacer mucho ruido… incluso en el linóleo.
Él no pertenecía a la guerra. Nunca lo haría.
Nunca sería como Qhuinn, saltando desde la seguridad hacia lo peor de una batalla, yendo contra el enemigo con sus manos desnudas como garras para derribar a un agresor y servirse sus pelotas para almorzar.
Esa era probablemente parte de la razón por la que Saxton era más fácil de tratar. Nada de extremos. Además el macho era inteligente, refinado y divertido... tenía unos modales adorables y montones de experiencias en lo mejor de la vida... siempre bien vestido....
Era fantástico en la cama...
¿Por qué sonaba como si estuviera tratando de convencerse a sí mismo de algo?
Mientras explicaba que había bajado al campo, Saxton se detuvo muy cerca, su colonia de Gucci era un perfume tranquilizador.
—Lo siento tanto. Debes de estar hecho polvo con todo esto.
Yyyyyy el macho era un santo. Un santo desinteresado. ¿Nunca estaba celoso?
Qhuinn no era así. Qhuinn era celoso y posesivo como el infierno...
—Sí, lo estoy —dijo Blay—. Completamente destrozado.
Saxton alargó el brazo y tomó su mano, dándole un sutil apretón y luego retirando su palma caliente y suave.
Qhuinn nunca era tan discreto en nada. Era como una banda de música, un coctel Molotov, un toro en una tienda de porcelana al que no le importaba qué estropicios dejaba a su paso.
—¿Lo sabe la Hermandad?
Blay se sacudió.
—¿Perdona?
—¿Lo que hizo? ¿Lo saben?
—Bien, si han oído hablar de ello, no ha sido por él. John parecía molesto y yo le pregunté, así fue como escuché la historia.
—Deberías hablar con Wrath... con Tohr... con alguien. Él debería recibir reconocimiento por esto, aunque no es su estilo preocuparse por esa clase de tonterías.
—Lo conoces bien —murmuró Blay.
—Lo hago. Y te conozco a ti igual de bien. —La expresión de Saxton se volvió tensa, pero sonrió de todas formas—. Tienes que cuidar de él en esto.
Doc Jane salió de la habitación y Blay se giró.
—¿Cómo está?
—No estoy segura... ¿exactamente qué pensabas que iba mal? Él estaba descansando cómodamente cuando entré.
Bien, mierda, no iba a decir que el macho había estado llorando. Pero el hecho era que Qhuinn nunca habría mostrado esa clase de debilidad a menos que sufriera un fuerte dolor.
—Supongo que lo interpreté mal.
Por encima del hombro de Jane, Blay acertó a notar la forma en que la mano de Saxton repasaba las gruesas ondas rubias esculpidas sobre su frente.
Fue una cosa muy extraña... Sax podría estar relacionado mediante la sangre con Qhuinn pero, por el momento, se parecía mucho a cómo se vio Blay durante años.
Una vez más, el amor no correspondido era el mismo, sin importar las facciones que reflejaran la emoción.
Mierda.











Capítulo 44

Al final del pasillo, Tohr se sentó en una silla al otro lado de la cama de hospital donde Wrath había sido tendido. Probablemente era hora de irse.
Había estado un rato.
Por el amor de Dios, incluso la reina se había quedado dormida en la cama junto a su compañero.
Suponía que era bueno que a Beth la tuvieran sin cuidado los mirones. No obstante, ellos habían llegado a un acuerdo años atrás, lo que demostraba lo que una maratón Godzilla haría por una relación.
En la esquina, en una enorme cama redonda Orvis de color marrón claro, George se desperezó del ovillo en que había estado y levantó la vista hacia su dueño. Al no tener respuesta, bajó la cabeza y suspiró.
—Él va a estar bien —dijo Tohr.
Las orejas del perro se plantaron y dio dos golpes con su cola peluda.
—Sí. Te lo prometo.
Siguiendo el ejemplo canino, Tohr se reacomodó y luego se frotó los ojos. Joder, estaba agotado. Todo lo que quería hacer era acostarse en una cama de perro como George y dormir durante todo un día.
El problema era, que aunque el drama había terminado, su glándula suprarrenal chillaba cada vez que pensaba en esa bala. Cinco centímetros a la derecha y habría acertado en la yugular, apagando la luz de Wrath para siempre. De hecho, según la Doc Jane y Manny, donde ese plomo se había alojado por pura casualidad, había sido el único sitio “seguro”… suponiendo que el tipo estuviera con alguien que pudiera, ah, prestar atención, hacer una traqueotomía en una van en movimiento con nada más que un trozo de cañería hueca y una daga negra.
Jesucristo… ¡qué noche!
Y gracias a la Virgen Escriba por ese ángel. ¿Sin Lassiter presentándose para conducir? Él se estremeció…
—¿Esperando a Godot[i]?
Los ojos de Tohr se clavaron bruscamente en la cama. Los párpados del Rey estaban bajos pero abiertos, su boca ladeada en una media sonrisa.
La emoción llegó densa y rápida, inundando los neurotransmisores de Tohr, robándole la voz.
Y Wrath pareció entender. Abriendo la mano libre, le hizo señas, aunque no podía levantar el brazo.
Los pies de Tohr se sintieron torpes cuando se levantó y se acercó a la cama. Tan pronto como estuvo a tiro, se arrodilló junto a su Rey, tomó esa gran palma, la volteó… y besó el gigantesco diamante negro que destellaba en el dedo de Wrath.
Luego, como un mariquita, puso la cabeza sobre el anillo y los nudillos de su Hermano.
Todo pudo haberse perdido esta noche. Si Wrath no hubiese sobrevivido… todo habría cambiado.
Cuando el Rey volvió a apretar su mano, Tohr pensó en la muerte de Wellsie y volvió a sentir pavor. Darse cuenta que todavía había otros para perder no era tranquilizador en lo más mínimo. En todo caso, hacía que el batido de ansiedad en sus tripas se agitara más rápido.
Uno pensaría que después de la muerte de su shellan él estaría exento del pozo de pena.
Sin embargo, parecía que tenía un pozo más profundo esperándolo impaciente.
—Gracias —murmuró Wrath con voz ronca— por salvarme la vida.
Tohr levantó la cabeza y lo negó.
—No fui solo yo.
—Fuiste muchísimo tú. Estoy en deuda contigo, Hermano mío.
—Tú habrías hecho lo mismo.
Ese tono autocrático patentado salió.
—Estoy. En. Deuda. Contigo.
—Entonces cómprame una Sam alguna noche y estaremos empatados.
—¿Estás diciendo que mi vida vale apenas seis dólares?
—Tú subestimas ampliamente lo mucho que amo una cuello largo…—Una gran cabeza de perro rubio se abrió paso a empujones por debajo de su axila. Bajando la mirada, dijo—: ¿Ves? Te dije que estaría bien.
Wrath se rió un poco y luego hizo una mueca como si doliera.
—Ey, chico grande…
Tohr se salió del medio así amo y perro podían volver a relacionarse… entonces terminó por levantar el fardo de más de cuarenta kilos de pelaje color dorado e instalarlo junto al Rey.
Wrath posiblemente sonreía mientras miraba a un lado y al otro, entre su shellan que dormía, y su perro dispuesto a ser su enfermera.
—Me alegro de que sea nuestra última reunión —espetó Tohr.
—Sí, me gusta irme con una explosión…
—Ya no puedo permitirte hacer mierdas como esta nunca más. Te das cuenta de eso, ¿no? —Tohr clavó la mirada en los antebrazos del Rey, recorriendo esos tatuajes rituales que explicaban con detalle su linaje—. Necesitas estar vivo al final de cada noche, mi señor. Las reglas son diferentes para ti.
—Mira, he recibido disparos antes…
—Y eso no va a volver a suceder. No ante mis ojos.
—¿Qué diablos se supone que significa eso? ¿Vas a encadenarme en el sótano?
—Si es necesario se hará.
Las cejas de Wrath descendieron y su voz se elevó.
—Eres un verdadero gilipollas, lo sabes ¿no?
—No es una cuestión de personalidad. Y es obvio o no se te hubieran metido los bóxers en la raya del culo.
—No estoy usando nada —bromeó el Rey con otra sonrisa—. Estoy desnudo aquí abajo.
—Gracias por esa imagen.
—Sabes que técnicamente no me puedes ordenar hacer una mierda.
Wrath tenía razón, no se le puede decir al líder de la raza una puñetera cosa. Pero como Tohr se sentía responsable de los ojos ciegos del macho, él no hablaba con el gobernante de todos ellos, estaba hablando con su Hermano.
—Hasta que Xcor esté neutralizado, no vamos a correr riesgos contigo…
—Si hay una reunión del Consejo, entonces voy. Y punto.
—No la habrá. No al menos que nosotros queramos que haya… ¿y en este momento? Nadie te necesita en ninguna parte excepto aquí.
—¡Joder mierda! Yo soy el Rey—Cuando Beth frunció el ceño dormida, bajó la voz—. ¿Podemos hablar de esto más tarde?
—No hay razón para hacerlo. Ya hemos terminado el tema… y cada uno de los Hermanos está conmigo en esto.
Tohr no apartó los ojos cuando él lo fulminó con una furiosa mirada y, a pesar de que esos ojos estaban ciegos, fue lo suficientemente fuerte como para abrirle un boquete hasta la parte posterior del cráneo.
—Wrath, mira lo que está a tu lado—dijo con voz ronca—. ¿Quieres dejarla sola? ¿Quieres que tenga que llevar luto por ti? Jódenos a todos… ¿qué pasa con tu Beth?
Era una bajeza asquerosa jugar la carta de la shellan, pero en una batalla cualquier arma…
Wrath maldijo y cerró los ojos.
Y Tohr supo que había ganado cuando el macho volvió su rostro hacia el cabello de Beth y aspiró profundamente como si estuviera oliendo su champú.
—¿Estamos de acuerdo? —exigió Tohr.
—Vete a la mierda —murmuró el Rey contra su amada.
—Bueno, me alegro de que esté resuelto.
Después de un momento, Wrath volvió a echar una ojeada.
—¿Me sacaron la bala del cuello?
—Lo hicieron. Todo lo que necesitamos es el rifle que la acompañaba. —Tohr acarició la cabeza cuadrada de George—. Y eso fue hecho por la Banda de Bastardos… Xcor es el único que intentaría algo así.
—Tenemos que encontrar donde viven.
—Son cautelosos. Listos. Se va a necesitar un milagro.
—Entonces empieza a rezar, Hermano mío. Empieza a rezar.
Tohr volvió a repetir el ataque en su mente. El descaro había sido fantástico e impresionante… y sugería que Xcor era capaz de cualquier cosa.
—Voy a matarlo —dijo en voz baja.
—¿Xcor? —Cuando él asintió con la cabeza, Wrath dijo—: Creo que vas a tener que ponerte en fila para el trabajo… asumiendo que podamos relacionar al tirador. Las buenas noticias son que como jefe de la BdB, él puede ser responsabilizado por las acciones de sus combatientes, así que mientras uno de sus soldados sea el gatillo de ese rifle, le podremos atrapar.
Mientras Tohr rumiaba mierda, aquella cuchillada le tensaba las tripas a un nivel insoportable.
—Dijiste que me debías un favor… bueno, esto es lo que quiero. Quiero que la muerte de Xcor quede en mis manos y en las de nadie más.
—Tohr… —Cuando él se quedó con la mirada clavada hacia el frente, Wrath se encogió de hombros—. No puedo dártelo hasta que tengamos pruebas.
—Pero puedes disponer que si él es responsable, entonces es mío.
—Está bien. Es todo tuyo… si tenemos la prueba.
Tohr pensaba en las expresiones de los rostros de los Hermanos en el pasillo.
—Tienes que hacerlo oficial.
—Oh, vamos, si yo digo…
—Sabes como son. Cualquiera de ellos que se cruce con ese gilipollas lo despellejará como a una uva. Ahora mismo ese macho tiene más blancos pintados en el culo que un campo de tiro. Además, una proclamación no tomará mucho tiempo.
Wrath cerró los parpados por un instante.
—Vale, vale… dejemos de discutir el asunto y ve a traer un testigo.
Tohr se dirigió a la puerta, asomó la cabeza fuera de la habitación y por pura casualidad, a la primera persona que vio… fue a John Matthew
El chico estaba aparcado junto al otro lado de la sala de recuperación, el trasero en el piso junto a un preocupado Blaylock, las manos sobre la cabeza como si hubiera una alarma de incendios estallando en su cráneo.
Excepto que él levantó bruscamente la cabeza y preguntó con señas, ¿Wrath sigue bien?
—Sí. —Tohr recorrió el pasillo con la mirada mientras Blay murmuraba una oración de agradecimiento—. Él va a estar bien.
—¿Buscas a alguien?
—Necesito un testigo.
Yo lo haré.
Tohr levantó las cejas.
—De acuerdo. Gracias.
Cuando John Matthew se puso de pie, un crujido fuerte sonó, como si su espalda estuviera jugando al HATM quiropráctico. Y cuando él cojeó, Tohr se dio cuenta que el muchacho había sido herido.
—¿Doc Jane ha echado un vistazo a eso?
John se agachó y levantó la pernera del pijama quirúrgico que llevaba puesto. Su pantorrilla estaba envuelta en una gasa blanca.
—¿Bala o daga? —preguntó Tohr.
Bala. Y sí, ellos la guardaron también.
—Bueno. ¿Cuál ha sido tu parte, Blay?
—Solo una herida superficial en el brazo.
¿Eso era todo?, pensó Tohr. Porque el jodido se veía un poco apagado… por otra parte, había sido un día y una noche largos para todos.
—Me alegro, hijo. Volveremos enseguida.
—No voy a ninguna parte.
Cuando John se acercó a la puerta abierta de par en par, Tohr se hizo a un lado, y luego lo siguió adentro.
—¿Cómo estás, hijo? —preguntó Wrath cuando el muchacho se aproximó a él y se agachó para besarle el anillo.
Cuando John hizo señas, Tohr tradujo.
—Él dice que está bien. Dice que… si no es ofensa, tiene algo que él y Blay necesitan que tú sepas.
—Sí, claro. Dispara.
—Él dice que… estaba con… Qhuinn en la casa… después de que te dispararan, antes de que la Hermandad llegase… Qhuinn salió solo… ah, Blay habló con el tío hace apenas un rato. Blay dijo que…Qhuinn le contó que había entablado combate con… Xcor para que, espera, John, más despacio. Gracias… entablado combate con Xcor para que tú pudieras escaparte en la camioneta…
Beth se movió, sus ojos se abrieron, sus cejas se fruncieron como si percibiese el sentido de la conversación.
—¿Hablas en serio? —espetó el Rey.
—Él se enfrentó a… Xcor… mano a mano —Santa mierda, pensó Tohr. Había oído que el muchacho se había ido por allí, pero eso era todo.
Wrath silbó entre dientes.
—Ese es un macho de valía, sí señor.
—Espera, John, déjame entender. Mano a mano… así Xcor, quien estaba esperando para atacar la camioneta, fue neutralizado… Él, es decir John, quería saber si hay algún tipo de reconocimiento oficial que… tú puedas darle a Qhuinn. Algo para reconocer su servicio muy por encima de lo esperado. Y P.D. —Tohr habló por sí mismo— ¿yo personalmente? estoy muy de acuerdo con eso —agregó Tohr.
Wrath se quedó callado por un momento.
—Lo siento, déjame entenderlo bien. Qhuinn salió en cuanto los Hermanos llegaron, ¿verdad?
Tohr volvió a traducir.
—John dice que no. Fue solo, indefenso y sin protección antes de que ellos llegaran. Qhuinn dijo… que tenía que hacer todo lo posible para asegurarse de que estuvieras bien.
—Ese idiota tonto del culo.
—A mí me parece más bien un héroe —dijo Beth de improviso.
Leelan, te despertaste. —Wrath se volvió de inmediato centrado en su compañera—. No quería molestarte.
—Créeme, solo escuchar tu voz es el cielo… puedes despertarme con ella en cualquier momento. —Ella besó su boca con suavidad—. Bienvenido de nuevo.
Tanto Tohr como John estuvieron muy ocupados mirando el suelo mientras las tiernas palabras eran intercambiadas.
Luego el Rey volvió a estar online.
—Qhuinn no debería haber hecho eso.
—Estoy de acuerdo —murmuró Tohr.
El Rey fijó su atención en John.
—Sí, está bien. Haremos algo para él. No sé qué… pero este tipo de mierda es heroica. Estúpida, pero heroica.
—¿Por qué no lo conviertes en un Hermano? —intervino Beth.
En el silencio que siguió, Wrath se quedó boquiabierto y fue una reacción tipo únete-al-club… la mandíbula de Tohr imitó el modelo y lo mismo hizo la de John.
—¿Qué? —dijo la Reina—. ¿No se lo merece? ¿No ha estado siempre allí para todo el mundo? Y él ha perdido a toda su familia… sí, vive aquí, pero a veces, tengo la impresión que siente que no pertenece al lugar. ¿Qué mejor modo de agradecerle y decirle que sí lo hace? No conozco a nadie que dude de su coraje en el campo de acción.
Wrath carraspeó.
—Bueno, según las Antiguas Leyes…
—A la mierda las Antiguas Leyes. Tú eres el Rey… puedes hacer lo que quieras.
Más silencio del tipo ni-el-vuelo-de-una-mosca se extendió, eliminando incluso los sonidos del sistema de aire acondicionado que soltaba aire caliente por los conductos de ventilación del cielorraso.
—¿Qué piensas, Tohr? —preguntó el Rey.
Mientras Tohr miraba a John, le llamó la atención lo mucho que deseaba otorgarle el honor a lo más parecido a un hijo que había tenido. Pero era de Qhuinn del que estaban hablando.
—Pienso que… sí, que podría ser una buena idea —se oyó decir—. Creo que Qhuinn debería ser reivindicado y los Hermanos rendirle honores… mierda, esta noche no es la única vez que ha descollado. Es un luchador estelar, pero más que eso, él se ha apaciguado tremendamente en el último año. Así que, sí, creo que ahora podría manejar la responsabilidad, lo cual no es algo que podría haber dicho en cualquier otro momento.
—Está bien, voy a considerarlo, leelan. Es una maravillosa sugerencia. —El Rey volvió mirar a Tohr—. Ahora, sobre ese favor. Acércate, hermano mío, y arrodíllate… ahora mismo tenemos dos testigos, lo que es aún mejor.
Cuando Tohr obedeció y aferró la mano real, Wrath proclamó en la Antigua Lengua:
Tohrment, hijo de Hharm, ¿estás preparado para proscribir en ti y solo en ti, la muerte de Xcor, hijo de padre desconocido, que dicha muerte se produzca por tus manos y solo tus manos en represalia por un atentado mortal contra mí esta noche… si puede ser demostrado que dicho atentado se debió a una orden directa o indirecta de Xcor?
Colocando su mano libre sobre el corazón que latía acelerado, dijo con absoluta seriedad.
—Estoy muy preparado, mi señor.
Wrath miró a su compañera.
Elizabeth, hija de sangre del Hermano de la Daga Negra Darius, emparejada conmigo, tu Rey, ¿aceptas ser testigo de mi otorgamiento, que me digno legar este asunto a este macho, transmitiendo la descripción de este momento a todos los demás y colocando también tu marca en el pergamino para conmemorar esta proclama? —Cuando ella contestó afirmativamente, él consideró a John—. Tehrror, hijo de sangre del Hermano de la daga Negra Darius, también conocido por los nombres de John y Matthew, ¿aceptas ser testigo de mi otorgamiento, que me digno legar este asunto a este macho, transmitiendo la descripción de este momento a todos los demás y colocando tu marca en el pergamino para conmemorar esta proclama?
Tohr tradujo el LSA.
Sí, mi señor, acepta.
Entonces, por el auténtico y cierto poder que poseo, legado a mí a través de mi padre, por este medio te ordeno, Tohrment, hijo de Hharm, ponerte en camino y realizar la ahora obligación real de merecido castigo en mi nombre, si está bien sustentado por la prueba necesaria, regresando a mí en el futuro con el cuerpo de Xcor, hijo de padre desconocido, como un servicio a tu Rey y a tu raza. Tu compromiso es un crédito para tu línea de sangre, pasada, presente y futura.
Una vez más, Tohr se inclinó hacia el anillo que había sido usado por generaciones de la línea de sangre de Wrath.
Yo estoy, en esta y en todas las cosas, a tus órdenes, mi corazón y mi cuerpo solo pretenden obedecer exclusivamente tu autoridad.
Cuando levantó la mirada, Wrath estaba sonriendo.
—Sé que traerás a casa a ese bastardo.
—Lo tienes, mi señor.
—Ahora, sal echando leches de aquí. Maldición, los tres necesitamos dormir un poco.
Varios adioses fueron intercambiados y luego Tohr y John salieron al pasillo, en un silencio embarazoso. Blay se había quedado dormido fuera de esa sala de recuperación, pero no estaba descansando… tenía un profundo ceño fruncido en su rostro, como si estuviera ensimismado pensando incluso en medio de su sueño REM.
Un golpe ligero en su antebrazo hizo que Tohr enfocara la atención en John.
Gracias, dijo el muchacho por señas.
—¿Por qué?
Por apoyar a Qhuinn.
Tohr se encogió de hombros.
—Tiene sentido. Mierda, ¿el número de veces que ese tío se ha lanzado a la batalla a tiro limpio? Se lo merece… y la postulación a la Hermandad no debería ser por linaje, sino por mérito.
¿Crees que Wrath lo hará?
—No sé… es complicado. Mucha historia versada en las Antiguas Leyes tendría que ser reformulada. Estoy seguro de que el Rey hará algo por él…
Pasillo abajo, No’One salió de una puerta, como si hubiera sido atraída por el sonido de su voz.
En el instante en que la vio, perdió el hilo de sus pensamientos, todo él concentrado en su figura vestida con una túnica. Jodido infierno… estaba demasiado en carne viva para estar cerca de ella, demasiado hambriento de contacto que reafirmara la vida, demasiado reacio a tomar buenas decisiones.
Que Dios los ayudara a los dos, pero si él caminaba hacia ella, iba a tomarla.
Por el rabillo del ojo, vio que John estaba diciendo algo por señas.
Le tomó hasta la última gota de su auto-control forzar su cabeza hacia el muchacho.
Ella estaba preocupada por ti. Ha estado esperando aquí afuera con nosotros… creía que habías sido herido.
—Ah… bien, mierda.
Ella te ama.
Bueno, bueno, si eso no lo hizo querer cagarse en los pantalones.
—Naa, ella solo es… tú sabes, una persona compasiva.
John carraspeó, si bien sus manos estaban llevando la conversación.
Supongo que no sabía que ibas tan en serio.
Pensando en lo turbado que el muchacho había estado, Tohr hizo un gesto con la mano desechando el comentario.
—No, quiero decir, no es un gran trato. Palabra. Sé a quién amo y a quien pertenezco.
Excepto que el desaire no se sentía bien, no en su lengua, no en sus oídos... y no en el centro de su pecho.
Lo siento por… ya sabes, la pérdida anterior, dijo a través de las señas John. Es sólo que… Wellsie es la única madre que tuve y… no sé. La idea de tú con alguien más me da asco… a pesar de que eso no es justo.
Tohr negó con la cabeza y bajó la voz.
—Nunca te disculpes por preocuparte por nuestra hembra. Y en cuanto a lo del amor, tengo que decirlo de nuevo. A pesar de lo que parezca desde afuera, amaré a una y sola a una hembra por el resto de mi vida. No importa lo que haga, con quien esté, o la apariencia de las cosas, puedes estar absolutamente seguro de esta mierda, hijo. ¿Quedó claro?
El rudo abrazo de John era difícil de aguantar… porque decepcionar al chico hubiera sido como asesinarlo y era difícil no preocuparse por hacerlo de nuevo.
También era difícil porque las creencias de Tohr eran sinceras y honestas… así como el destino de Wellsie. ¿No lo eran?
Dios, ¿nunca iba a encontrar una salida a este lío?
Cuando ese pensamiento terrorífico se le ocurrió, desvió los ojos y recorrió con la mirada el camino hacia la figura pequeña e inmóvil de No’One.
Detrás de ella, Lassiter dio un paso y solo le clavó la mirada, la decepción en el rostro del tipo tan evidente, que estaba claro que había oído parte de lo que él había dicho.
Tal vez todo.



















Capítulo 45

Mientras Tohr se acercaba hacia No’One, John siguió ocupándose de su trocito de linóleo en el exterior de la habitación de Qhuinn.
En algún nivel, no quería ver al Hermano yendo por el pasillo hacia aquella otra hembra. Parecía básicamente incorrecto, como si una de las leyes del universo hubiera decidido funcionar al revés. Mierda, comparando con su propia vida, la idea de que alguna vez hubiera otra hembra para él aparte de Xhex era un anatema: a pesar de que vivía en una agonía constante sin ella, todavía la amaba tanto, que estaba asexual.
Aunque… ella todavía estaba viva.
Y no se podía discutir que aquella relación no había sido buena para Tohr. Había recuperado el tamaño que había tenido cuando John lo conoció por primera vez, enorme, duro y fuerte. Y vamos, no se había metido en la trampa mortal de un tiroteo o saltado de un puente en, digamos, meses.
Qué suerte que Qhuinn hubiera tensado la cuerda en eso. ¡Bien!
Además, era injusto no aprobar a No’One; ella no era una cabeza hueca… callada. Sin pretensiones. Y de buen ver.
Había tantas candidatas peores en el mundo exterior. Puritanas adineradas. Del tipo estirado de la glymera. Vacías, de pechos grandes y risas tontas.
Dejando caer la cabeza contra la pared de cemento, cerró los ojos mientras oía a la pareja hablando. Bastante pronto las voces se pararon y supuso que se habían largado e ido seguramente a la cama.
Vale, no iba a ir por allí.
Abandonado en su triste soledad, oyó la suave respiración de Blay y el esporádico cambio de postura de extremidades, manteniendo con resolución su mente apartada de Xhex.
Gracioso, su período de esperar y preocuparse parecía como en los viejos tiempos… él y Blay esperando a Qhuinn.
Tío, tenían suerte de que el tipo hubiera vuelto con vida…
Mientras su memoria escupía imágenes de aquella mansión en el río, vio a Wrath aterrizando en el suelo y a V con la pistola apuntando a la cabeza de Assail… y a Tohr yendo a escudar con su cuerpo al Rey. Luego Qhuinn y él fueron a buscar por la casa, discutiendo al lado de aquella puerta corredera de cristal… peleando porque su mejor amigo saliera a la noche, sin protección y solo.
Tienes que dejarme hacer lo que pueda.
Los ojos de Qhuinn habían sido decididos y absolutamente impertérritos, porque conocía sus aptitudes, sabía que podía salir de una situación AveMaría[ii] y dar una paliza de cojones, sabía que aunque había una posibilidad de que no volviera a casa, él era lo bastante fuerte y seguro de sus habilidades de lucha y que haría todo lo posible para disminuir aquel riesgo.
Y John le había dejado ir. Aunque su corazón hubiera estado gritando, su cabeza zumbando y su cuerpo listo para bloquear la salida. Aunque no hubiera nuevos reclutas lesser allí fuera, pero sí la Banda de Bastardos, que estaban muy bien entrenados y tenían mucha experiencia, brutales como el demonio. Aunque Qhuinn fuera su mejor amigo, un hombre que le importaba en este mundo, alguien cuya pérdida le convulsionaría de por vida…
Mierda.
John se puso las palmas de las manos delante de la cara y se dio un buen pulido.
Excepto que por mucho que se frotara nada iba a cambiar la revelación que se le acercaba sigilosamente, desagradable e innegable.
Vio a Xhex en aquella reunión con la Hermandad en la primavera, cuando ella se había ofrecido a encontrar la guarida de Xcor.
—Yo puedo ocuparme de eso… especialmente si puedo golpearles durante el día.
Ella había tenido la mirada dura completamente lúcida, segura de sí misma y sus capacidades. Gente me necesitáis para hacer lo que soy capaz.
¿Y cuando había sido su mejor amigo? No le había gustado, pero se había hecho a un lado y dejado que el macho hiciera lo que tenía que hacer por el bien común… aunque suponía un peligro mortal. ¿Y si le hubiera pasado algo y moría? Dejaría a John hecho polvo... pero aquel era el código del soldado, el código de la Hermandad.
El código de los machos.
Perder a Xhex sería muchísimo peor, por supuesto, porque era un macho vinculado. Pero la realidad era que al intentar salvarla de un destino violento, la había perdido completamente: no les quedaba nada, ni pasión, ni conversación, ni un pequeño contacto cordial. Y todo porque su veta protectora había tomado el mando.
Todo había sido culpa suya.
Se había emparejado con una luchadora, y luego le dio un ataque cuando el riesgo de daño se transformó de hipotético a real. Y Xhex tenía razón… ella no lo quería a él muerto o en manos del enemigo y aún así le permitía salir cada noche.
Ella le dejaba hacer lo que podía para ayudar.
Ella no permitía que sus emociones detuvieran a John de ejecutar su trabajo… ¿y si lo hubiera hecho? Bien, entonces tendría que haberle explicado con paciencia y amor que había nacido para luchar, que tenía mucho cuidado y...
¿Más de lo de la sartén y el cazo?
Además, ¿cómo se habría sentido si alguien hubiera visto el ser mudo como una limitación del nivel de lucha? ¿Cómo hubiera reaccionado si le hubieran dicho, a pesar de todas sus otras calificaciones y habilidades, a pesar de su talento natural e instintos, que por no poder hablar no le permitían ir a la batalla?
Ser una hembra no era una incapacidad en ningún sentido de la palabra. Pero él lo había tratado como tal, ¿no? Había decido que como ella no era un macho, a pesar de todas sus calificaciones y habilidades no podía salir al conflicto.
Como si los pechos de pronto hicieran la mierda más peligrosa.
John reanudó el frotamiento, su cabeza empezaba a latir por la presión. Su lado vinculado le estaba arruinando la vida. Bórralo... le había arruinado la vida. Porque no estaba seguro, sin importar lo que hiciera ahora, de que pudiera lograr que Xhex volviera.
Sin embargo, estaba seguro de una cosa.
De pronto, pensó en Tohr y ese juramento.
Y supo lo que tenía que hacer.
*  *
Cuando Tohrment fue hacia ella, No’One se quedó sin respiración: Su enorme cuerpo oscilaba de lado a lado al ritmo de su paso, con los ojos ardientes clavados en ella como si quisiera consumirla de algún modo vital.
Estaba listo para copular, pensó ella.
Queridísima Virgen Escriba, él iba a tomarla.
Quiero follarte.
La mano femenina fue al lazo de su túnica y fue una sorpresa darse cuenta que estaba preparada para abrirse las ropas en ese momento. Aquí no, le dijo a sus dedos. En algún otro lugar, aunque...
No hubo pensamientos de ese symphath, ni ansiedad sobre si dolería, ni ninguna sensación de que ella pudiera lamentarlo. Solo había el eco de una paz en medio de la necesidad acuciante de su cuerpo, este hombre era lo que ella quería, esta unión era lo que ella había esperado con tanta paciencia.
Ambos estaban preparados.
Tohrment se detuvo delante de ella, con el pecho subiendo y bajando y los puños cerrados.
—Voy a darte la oportunidad de alejarte de mí. Ahora mismo. Abandona el centro de entrenamiento, yo me quedaré.
Su voz era rara, tan baja y profunda que las palabras eran apenas comprensibles.
Por otra parte, las de ella, fueron muy claras.
—No me apartaré de ti.
—¿Entiendes lo que estoy diciendo? Si no te vas… voy a estar dentro de ti en un minuto y medio.
Ella levantó la barbilla.
—Te deseo en mi interior.
Un enorme gruñido se alzó desde él, la clase de sonido que, si ella lo oyera en otro contexto, la habría aterrorizado. ¿Pero cara a cara con este magnífico hombre excitado? Su cuerpo respondió con una laxitud maravillosa, más que preparado para aceptarle.
No fue tierno cuando la cogió y la levantó, balanceando las piernas de ella en alto y atrapándolas en la curva de su brazo. Y no fue lento cuando se dirigió hacia la piscina, como si la idea de conseguir una cama apropiada en la enorme casa fuera sencillamente demasiada molestia.
Mientras caminaba a grandes zancadas con ella apresada como un premio, lo miró a la cara. Él tenía las cejas hacia abajo, la boca abierta mostrando los colmillos y el tono de piel intenso por la anticipación. Él quería esto. Lo necesitaba.
Y no había vuelta atrás.
Nada que ella no hubiera elegido. Adoraba el modo en que la hacía sentir en este momento.
Aunque suponía que era traicionero aceptar como un cumplido la desesperación con la cual tomó posesión de ella. Todavía estaba enamorado de su compañera fallecida. Bien pensado, él no la quería… y aquello era suficiente. Aquello era, tal vez, todo lo que podría obtener… y aún así, como le había dicho, muchísimo más de lo que jamás había pedido.
A su voluntad, la puerta de cristal de la entrada a la piscina se abrió para ellos, y mientras se cerraba lentamente a su paso, ella oyó pasar el cerrojo. Luego viajaron con rapidez a través de la antesala y giraron la esquina hacia la piscina propiamente dicha, la calidez de aquel denso y húmedo aire hizo que su cuerpo languideciera aún más.
En una secuencia coordinada, las luces de arriba se atenuaron y el brillo azul verdoso de la piscina ganó en intensidad, lanzando una iluminación aguamarina sobre todas las cosas.
—No hay vuelta atrás —dijo Tohrment, como dándole la última oportunidad para acabar con esto.
Cuando ella simplemente asintió, él gruñó de nuevo y luego la puso sobre uno de los bancos de madera, acostándola de espaldas. Fue fiel a su palabra. No esperó ni dudó, se arqueó sobre ella y fundió sus bocas, llevando su pecho hacia el de ella y posicionando las piernas entre las de la mujer.
Rodeándole la nuca con los brazos No’One lo sujetó cerca mientras los labios masculinos se movían contra los suyos y su lengua entraba en ella. El beso fue soberbio y devorador, hasta el punto de que ni se dio cuenta que le estaba desatando el lazo de la túnica.
Y entonces las manos masculinas estuvieron sobre ella. A través del vestido de lino, las manos quemaban mientras le acariciaba los pechos y seguía más abajo. Abriendo los muslos aún más para él, se subió el ceñido vestido y obtuvo lo que quería, su contacto directamente a su centro, masajeándola, trayéndole aquel filo de liberación… pero sin ir más lejos.
—Quiero besarte —gruñó él contra su boca—. Pero no puedo esperar.
¿Ella pensaba que la estaba besando?
Antes de que pudiera contestar, él le levantó las caderas y se hizo cargo con ruda urgencia del frente de sus pantalones de cuero.
Y entonces algo caliente y romo estaba topando… golpeando… deslizándose en ella.
No’One se arqueó y gritó su nombre, entonces fue cuando él la tomó: mientras la voz femenina hacía eco en el techo alto, el cuerpo masculino la reclamaba, empujándose en su interior, hasta el fondo, duro y aún así suave como el satén.
La cabeza de Tohrment cayó a su lado mientras estaban unidos, y entonces dejó de moverse totalmente, lo cual era bueno: La sensación de estiramiento y acomodación de su tamaño rayaba el dolor, aunque ella no lo hubiera cambiado por nada en el mundo.
Gimiendo en lo más profundo de su garganta, Tohr empezó a moverse, al principio lentamente, luego a más velocidad, las caderas masculinas balanceándose contra las suyas mientras la agarraba por la parte exterior de los muslos y los apretaba. Con la enorme oleada de pasión superándolos a ambos, cada sensación se magnificaba, la mente femenina a la vez totalmente presente y completamente arrastrada por el viento por el modo en el que él la dominaba sin hacerle daño.
Cuando el ritmo estuvo casi al límite del control, No’One se aferró a él como si le fuera la vida, su forma física planeando aunque estaba clavada debajo de él, su corazón haciéndose añicos y recomponiéndose en el mismo instante en que el placer de repente se fusionó y luego se rompió. Además, su orgasmo hizo que su centro lo apretara y soltara en un ritmo alterno, la liberación completamente diferente de cualquier otra de las que hubiera tenido antes, más intensa, de más duración. Y aquello pareció lanzarlo más allá del límite y en sus propias contracciones salvajes, su pelvis empujando y luego moviéndose bruscamente contra ella.
Pareció durar una eternidad, pero como cualquier vuelo que uno tomaba, al final se abstuvieron de la libertad del cielo y volvieron a la tierra.
La conciencia fue una gradual y perturbadora carga.
Él todavía estaba vestido igual que ella, la túnica todavía le cubría los hombros y brazos. Y se le estaba clavando el banco en los omóplatos y la parte posterior de la cabeza. El aire en torno a ella no era tan cálido como había sido la pasión.
Qué extraño, pensó ella. Aunque antes ya habían compartido mucho, ahora mismo aquellos momentos les fueron arrebatados siendo sustituidos por una enorme separación.
Se preguntaba cómo se sentiría él…
Tohrment levantó la cabeza y se la quedó mirando. No había ninguna expresión particular en su rostro, ni dicha, ni pena, ni culpa.
Simplemente la miraba.
—¿Estás bien? —dijo él.
Como su voz parecía haberla abandonado, ella asintió, aunque no estaba segura de lo que sentía. Físicamente su cuerpo estaba bien… de hecho, seguía dando la bienvenida a la presencia en lo más recóndito de su interior. Pero hasta que supiera cómo estaba él, no podía atestiguar nada más.
La última hembra con la que había estado había sido su shellan. Y seguramente aquello estaba en su mente en aquel tenso silencio.


[1] Hijos de la anarquía (Sons of Anarchy) es el título de una serie de televisión estadounidense sobre la vida de un club de moteros (N. de la T)


[i] Es una obra perteneciente al teatro del absurdo, escrita por Samuel Beckett. Simboliza el tedio y la carencia de significado de la vida humana.
[ii] El original pone Hail Mary: un AveMaria, una oracion para casos desesperados.

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