domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 49 50 51

Capítulo 49

—Suéltame, zopenco —parloteó Xcor al sentirse alzado de nuevo.
Estaba más que hecho polvo a cuenta de ser maltratado: lo levantaron de su litera donde estaba descansando. Lo metieron en el vehículo. Lo llevaron a otra parte. Y ahora lo molestaban de nuevo.
—Casi estamos —le dijo Zypher.
—Déjame en paz… —Esto, supuestamente, debería haber salido como una exigencia. En cambio, sonó como un niño a sus propios oídos.
Ay, cómo deseaba su antigua fuerza, para así poder haberse movido libremente y sostenido sobre sus propias piernas.
Pero aquel tiempo había pasado. En efecto, se había ido… y tal vez, acabado.
Su condición extrema no era el resultado de alguna herida en particular a raíz de aquella lucha con aquel soldado… era la culminación de todas ellas, las heridas cubrían su cabeza y su abdomen, la agonía era algo más bien como el latido de su corazón, una fuerza que existía y persistía en su interior, sobre la que no tenía ningún control.
Al principio, había luchado contra la marea según la teoría masculina de echar-balones-fuera. Sin embargo, su cuerpo tenía reservados otros planes para él y más influencia y voluntad que su mente. Ahora se sentía como si estuviera poseído por este manto lúgubre de desorientación y agotamiento…
Repentinamente, el aire que respiraba era frío y límpido, arrojando algo de sentido en él.
Esforzándose por enfocar los ojos, fue recibido por un prado, un prado ondulante que se elevaba hasta converger en un árbol otoñal magnífico. Y allí… sí, allí bajo las ramas fundidas en rojo y amarillo estaba Throe.

Junto a quien se hallaba una figura delgada con un vestido blanco… una hembra.
¿A menos que estuviera teniendo visiones?
No, no estaba teniéndolas. Cuando Zypher lo llevó más cerca, ella se volvió más definida. Ella era… incalculablemente hermosa, con piel pálida y pelo rubio enroscado en lo alto de su cabeza.
Era vampira, no humana.
Era… sobrenatural, su forma desprendía una iluminación, una tan brillante, que eclipsaba a la de la luna.
Ah, entonces esto era un sueño.
Debería haberlo adivinado. Después de todo, no había ninguna razón para que Zypher le llevara a una zona de tierras de labranza, arriesgando sus vidas para tomar un poco de aire fresco. Ningún motivo para que cualquier hembra esperara su llegada. Ninguna posibilidad de que alguien tan hermoso como ella estuviera ahí fuera sola en el mundo.
No, esto era sólo producto de su delirio y por lo tanto se relajó en los brazos de hierro de su soldado, reconociendo que todo lo que su subconsciente había expulsado no iba a importar en absoluto, y muy bien podría dejar que las cosas se desarrollasen. A la larga, se despertaría y tal vez esto era un signo de que finalmente se había instalado en un sueño profundo y sanador.
Además, cuanto menos luchara, más podría concentrarse en ella.
Oh… qué belleza. Oh, virtuosa beldad, del tipo que convertía a reyes en siervos y a soldados en poetas. Esta era la clase de hembra por la que valía la pena luchar y morir, sólo para contemplar durante un momento su rostro.
Qué lástima que sólo fuera una visión…
El primer signo de que algo no iba fue que ella pareció desconcertada ante su aspecto.
Aunque, su mente estaba probablemente buscando algo de realismo. Él ya era horrendo ileso, pero ¿golpeado y hambriento? Estaba de suerte si ella no retrocedía encogida y llena de horror. En realidad, ella se llevó las manos a las mejillas y sacudió la cabeza de un lado a otro hasta que Throe intervino como para proteger su delicada sensibilidad.
No es que le hiciera desear un arma. Este era su sueño. Si ella iba a ser protegida, él se encargaría de esto. Bueno… dando por hecho que pudiera levantarse. Y que ella no saliera huyendo.
—Está desfallecido —la oyó decir.
Sus ojos se movieron trémulamente en respuesta al sonido puro y dulce. Aquella voz era tan perfecta como el resto de ella y se concentró con fuerza, tratando de conseguir que su cerebro la hiciera decir algo más en su sueño.
—Sí —dijo Throe—. Se trata de una emergencia.
—¿Cuál es su nombre?
Xcor habló en este punto, creyendo que debería ser él quien hiciera su propia presentación. Lamentablemente, todo lo que le salió fue un graznido.
—Túmbale —dijo la mujer—. Tenemos que hacer esto con celeridad.
La hierba suave y fría se elevó hasta encontrar su cuerpo roto, amortiguándole como si la palma de la mano de la tierra fuera una manopla de lana. Y cuando volvió a abrir las puertas de acero de sus ojos, llegó a verla arrodillarse a su lado.
—Eres… tan hermosa —eso fue lo que dijo. Lo que salió de su boca no fue nada más que gárgaras.
Y de repente, tenía dificultad para respirar, como si algo hubiera reventado en su interior, ¿quizás a consecuencia de tanto movimiento?
Salvo que esto era un sueño, así que, ¿qué importaba?
Cuando la mujer alzó la muñeca, él extendió una mano temblorosa y la detuvo antes de que ella pudiera perforarse la vena.
Sus ojos se encontraron.
En la periferia, Throe otra vez acortó la distancia, como si le preocupara que Xcor hiciera algo violento.
No a ella, pensó. Nunca a esta gentil criatura de su imaginación.
Aclarándose la garganta, habló tan claramente como pudo.
—Preserva tu sangre —le dijo a ella—. Hermosa, preserva lo que te hace vital.
Él estaba demasiado acabado para alguien como ella. Y era cierto no simplemente porque estuviera mal herido y probablemente muriéndose.
Incluso en su imaginación, ella era con mucho demasiado buena para estar siquiera cerca de él.
Cuando Layla cayó de rodillas, encontró difícil hablar. El macho tendido ante ella estaba… bien, seriamente herido, sí, desde luego. Pero él era más que esto. A pesar de que estaba en el suelo y claramente indefenso, él era…
Poderoso era la única palabra que le vino a la mente.
Tremendamente poderoso.
No podría decir casi nada de sus rasgos a causa de la hinchazón y las contusiones, y lo mismo en el caso de su pigmentación debido a toda la sangre seca. Pero en cuanto a forma física, aunque parecía no ser tan alto como los Hermanos, era así de ancho, y de amplios hombros, con brazos brutalmente musculosos.
¿Quizás el contorno de su cuerpo era la base de la impresión que tenía de él?
No, el luchador que la había convocado a este prado era de igual tamaño, como lo era el macho que entregó al herido aquí a sus pies.
Este soldado caído era simplemente diferente de los otros dos… y de hecho, ellos le mostraban deferencia de manera sutil con sus movimientos y sus ojos.
En efecto, este no era un macho con el que se jugara, más bien, como un toro, capaz de aplastar cualquier cosa en su camino.
A pesar de eso, la mano que la tocaba era ligera como una brisa e incluso menos confinante… tenía la clara impresión de que no sólo él no la estaba manteniendo aquí, sino que quería que ella se fuera.
Sin embargo, no pensaba abandonarle.
De un modo extraño, ella estaba… atrapada… mantenida cautiva por una mirada azul intenso, que incluso en la noche y a pesar de que él era completamente mortal, parecía tener el fulgor del fuego. Y bajo aquel escrutinio, su corazón se aceleró y sus ojos se aferraron a él como si éste fuera, simultáneamente, indescifrable y susceptible de su entendimiento…
De él salían sonidos, guturales e incomprensibles debido a sus heridas, urgiéndola a proseguir con premura.
Necesitaba que lo lavaran. Atendieran. Cuidaran hasta su recuperación, una cuestión de días, quizás semanas. Sin embargo, aquí estaba, en este campo, con estos machos que obviamente sabían más sobre armas que sobre curación.
Ella miró al soldado que conocía.
—Debes llevarle para que lo curen después de esto.
Aunque consiguió un asentimiento con la cabeza y una afirmación como respuesta, sus instintos le dijeron que era una mentira.
Machos, pensó burlonamente, eran demasiado duros para su propio bien.
Volvió a centrarse en el soldado.
—Me necesitas —le dijo.
El sonido de su voz pareció ponerle en una especie de embeleso, y ella lo aprovechó. Si bien estaba debilitado, Layla tenía la clara sensación de que él tenía poder más que suficiente en su cuerpo para impedirle que le llevara su vena hasta la boca.
—Shhh —dijo ella, alargando la mano y apartándole hacia atrás el pelo corto—. Descansa, guerrero. Tal como proteges y sirves a aquellos como yo, permíteme que yo te devuelva tu servicio.
Era tan orgulloso… podía decirlo por el empuje severo de su barbilla. Y sin embargo, pareció escucharla, dejó caer la mano de su antebrazo, su boca se separó, como si él fuera suyo para que lo mandara.
Layla se movió rápido, se dispuso a aprovechar la rendición relativa, porque sin duda él se replegaría pronto de la sumisión. Mordiéndose la muñeca, rápidamente le llevó su brazo hasta los labios, las gotas caían una tras otra.
Cuando él aceptó su regalo, el sonido que hizo fue realmente… impresionante: un gemido enlazado con infinita gratitud y, en su opinión, pavor infundado.
Oh, cómo se aferraban aquellos ojos a los de ella, hasta que el campo, el árbol, los otros dos machos se desvanecieron, y todo lo que sabía era el macho al que estaba alimentando.
Compelida por algo, sobre lo que era reticente a discutir, bajó el brazo… hasta que la boca masculina rozó su muñeca: Esto era algo que nunca había hecho con los otros machos, hasta este punto ni siquiera con Qhuinn. Pero quería saber cómo se sentía, la boca de este soldado sobre su piel…
Se hizo el contacto inmediato, aquel sonido que él había proferido regresó, y entonces él formó un sello alrededor de los puntos gemelos. No le hizo daño, incluso siendo tan grande, tan privado de alimento como estaba, no la saqueó. En absoluto. Él extrajo con cuidado, manteniendo siempre su mirada penetrante sobre ella como si estuviera velándola, a pesar de que era él quien necesitaba de protección en su estado actual.
El tiempo pasó y Layla supo que él estaba tomando mucho de ella, pero no le importó. Se habría quedado para siempre en este prado, bajo este árbol… unida a este guerrero valiente que casi había dado su vida en la guerra contra la Sociedad Lessening.
Podía recordar haber sentido algo como esto con Qhuinn, esta sensación increíble de llegar a un destino, aún cuando no hubiera sido consciente de estar viajando. Pero esta atracción dejó lo que una vez había experimentado con aquel otro macho en vergüenza.
Esto era épico.
Y no obstante… ¿por qué debería confiar en tal emoción? Puede que esto sólo fuera una versión más vigorosa de lo que había sentido por Qhuinn. O tal vez así era simplemente cómo se cercioraba la Virgen Escriba de la supervivencia de la raza, biología por encima de la lógica.
Haciendo a un lado tales pensamientos blasfemos, se concentró en su trabajo, su misión, su bendita contribución que era su única oportunidad de servir ahora que el papel de Elegida había quedado tan menguado.
Proveer de sangre a machos de valía era todo lo que quedaba de su vocación. Todo lo que tenía en su vida.
En vez de pensar en sí misma, de cómo se sentía, tenía que agradecer a la Virgen Escriba el haber venido aquí a tiempo para cumplir con su deber sagrado… y luego tenía que volver al complejo para encontrar otras oportunidades de ser útil.























Capítulo 50

—¿Qué ha cambiado, John?
En el dormitorio que Xhex y él habían compartido una vez, John se acercó a las ventanas y sintió cómo el frío flotaba por el aire a través del cristal transparente. Más abajo, los jardines estaban bañados por la iluminación de seguridad, el falso resplandor lunar hacía que el cemento de resina de alrededor de las losas de pizarra de la terraza pareciera fosforescente.
Contempló el paisaje pero no había mucho que mirar. Todo había sido preparado para el invierno, las camas de flores envueltas en cubiertas de malla, los árboles frutales embolsados, la piscina vaciada. Las hojas erráticas de los arces y robles del linde del bosque se deslizaban a través de la hierba segada y en descomposición, que como ellas estaba sin hogar y en busca de refugio.
—John. ¿Qué demonios pasa?
Al final, Xhex no se había comprometido, y no la culpaba. Un giro de ciento ochenta grados era desconcertante, y la vida real segurísimo que no venía con cinturones de seguridad o air bags.
¿Cómo explicarse? se preguntó él mientras se debatía buscando las palabras.
Finalmente, se giró en redondo, levantó las manos, y señaló:
Tenías razón.
—¿Sobre qué?
Eso sería todo, pensó mientras comenzaba a hacer gestos.
Anoche, observé a Qhuinn salir para meterse en el terreno de los mamones, solo. Wrath estaba caído, estábamos luchando, la Hermandad no había venido aún como apoyo… las balas estaban por doquier. La Banda de Bastardos nos había rodeado, y se nos estaba acabando el tiempo debido a la herida del Rey. Qhuinn… mira, él sabía que estaba mejor fuera de la casa, sabía que si podía asegurar el garaje, seríamos capaces de sacar a Wrath. Ysí, esto casi me mata, pero le dejé salir ahí. Él es mi mejor amigo… y le dejé ir.
Xhex se acercó y se sentó lentamente en una silla.
—Por eso el cuello de Wrath estaba vendado… y Qhuinn estaba…
Él fue a por Xcor, uno contra uno, y dio a Wrath la mejor oportunidad de sobrevivir. John sacudió la cabeza mirándola. Y de nuevo, le dejé salir ahí afuera porque… yo sabía que él tenía que hacer lo que pudiera. Era lo correcto en esa situación.
John se paseó de un lado a otro, luego se situó a los pies de la cama, apoyando las palmas de las manos en las piernas, frotándolas de arriba abajo.
Qhuinn es un buen luchador… es fuerte y decidido. Un bateador nato. Y gracias a que hizo lo que hizo, Wrath vivirá, así que sí, Qhuinn hizo lo correcto, aunque fuera peligroso.
Él la examinó.
 Tú eres igual. Necesitamos ese rifle para declarar la guerra a los Bastardos, Wrath tiene que tener la prueba. Eres un cazador que puede salir a la luz del día, ninguno de nosotros puede hacerlo. También tienes tus habilidades symphath si el asunto se vuelve crítico. Eres la persona adecuada para el trabajo… aunque, el sólo pensamiento de tenerte cerca de ellos me aterroriza, eres la adecuada para enviar a dondequiera que ellos estén.
Hubo una pausa larga.
—No… sé qué decir.
Él se encogió de hombros.
Por eso no te expliqué nada de antemano. También es que estoy harto de conversar. De algún modo, es sólo hablar por hablar. Las acciones son las que cuentan. La constancia es lo que vale.
Cuando ella se frotó la cara como si le doliera la cabeza, él frunció el ceño.
Yo pensaba… que esto te haría feliz.
—Sí. Claro. Es estupendo. —Se puso de pie—. Lo haré. Por supuesto que lo haré. Voy a tener que estar pendiente de las cosas para Trez, pero comenzaré esta noche.
John sintió que los receptores de dolor en su pecho se encendían como una red de poder, lo cual le dijo lo mucho que había esperado esta rama de olivo.
Había esperado que esto los reconciliara.
Un Ctrl+Alt+Del que reinicializara su sistema.
Él silbó para atraer sus ojos.
¿Qué pasa? Yo creía que esto cambiaría las cosas.
—Oh, está claro que ya lo han hecho. Si no te importa, voy a salir. —Como su voz se atascó, se aclaró la garganta con una tos—. Sí, ve a hablar con Wrath. Dile que sí, que estoy dentro.
Mientras iba hacia la puerta, parecía estar totalmente trastornada, sus movimientos eran forzados y rígidos.
¿Xhex? Gesticuló, lo cual no consiguió nada, porque ella se había dado vuelta alejándose.
Él silbó otra vez, luego saltó del colchón y la siguió por el pasillo. Extendiendo la mano, le tocó el hombro, porque no quería ofenderla agarrándola.
—John, sólo déjame ir…
Él se interpuso delante de ella y perdió el aliento. Los ojos de Xhex brillaban con lágrimas rojas no derramadas.
¿Qué pasa? Hizo gestos desesperadamente.
Xhex parpadeó rápido, negándose a dejar caer algo en sus mejillas.
—¿Crees que voy a ponerme a saltar de alegría porque ya no estés unido a mí más?
Él retrocedió tanto que casi se cayó. ¿Perdona?
—Yo no sabía que esto podría terminar, pero en tu caso, claramente esto tiene…
¡Y una mierda! Estampó los pies en el suelo porque tenía que hacer algo de ruido. ¡Estoy completa y jodidamente unido a ti! ¡Y esto va completamente sobre nosotros, porque quiero estar contigo otra vez, porque esté contigo o no, esto sigue siendo lo que hay que hacer! ¡Tú eres la persona adecuada para el trabajo!
Ella pareció momentáneamente sorprendida, solamente sus párpados se movían. Entonces se cruzó de brazos y alzó la mirada hacia él.
—¿Vas en serio?
¡Sí! Él se obligó a no saltar arriba y abajo otra vez. Dios, sí… joder, sí… lo he pillado todo. Sí.
Ella apartó la mirada. Miró hacia atrás. Tras un momento, dijo bruscamente:
—He… odiado no estar contigo.
Yo, también. Y lo siento. Cuando él respiró hondo, su corazón se aligeró lo bastante como para no sentirlo abriéndose brecha a través de su esternón. No creo que pueda luchar nunca a tu lado. Es como esperar que un cirujano opere a su esposa. Pero no voy a interponerme en tu camino… ni nadie más tampoco. De entrada, tenías razón, has estado luchando por más tiempo del que has estado conmigo, y deberías ser capaz de hacer lo que quieras. De verdad que no puedo estar allí, aunque… quiero decir, mira, si pasa, pasa, pero me gustaría evitarlo si podemos.
Mientras los párpados femeninos caían un poco, tuvo la sensación de que ella le estaba escaneando de la manera en que lo hacía su otro lado, y cuadró los hombros bajo el escrutinio: Él sabía lo que tenía en su mente, su corazón, y su alma.
Solamente tenía el amor por ella.
Quería su regreso.
No tenía nada que esconder.
Y aquellas palabras que acababa de soltar no eran sólo algo que había pensado largo y tendido, sino que sabía que podría vivir con ellas. No se trataba de algo dicho sin pensar por un tipo recién emparejado que cree que la vida va a ser una brisa sólo porque tiene a la muchacha de sus sueños en sus brazos y un futuro tan brillante que tenía que ponerse a la sombra.
Ahora, mientras hablaba, lo hacía como un macho que había vivido durante meses sin su compañera; que había sufrido por el extraño valle de la muerte que surgía de saber que la que amabas estaba en el planeta, pero no en tu vida; un macho que había emergido del otro lado del infierno con un nuevo entendimiento de sí mismo… y de ella.
Estaba listo para encontrarse con la vida real cara a cara… y el compromiso.
Sólo rezó para no ser el único.
Cuando Xhex alzó la mirada a John, se encontró parpadeando como una idiota. Hay que joderse, no había esperado nada de esto: la llamada personal de Wrath, la oportunidad que le presentaron… y definitivamente tampoco lo que John le estaba diciendo ahora.
Sin embargo, él era completamente sincero. No era una estratagema deliberada para recuperarla en su vida, aunque ya lo sabía sin necesidad de leer su rejilla. No era el estilo de John.
Él quería decir cada palabra.
Y todavía estaba unido a ella, gracias a Dios.
El problema era… que ella ya había estado antes con él en esta esquina del ring. Había estado lista para una buena racha de dichosa normalidad. ¿En cambio? La relación más importante que había tenido fracasó estrepitosamente.
—Seguro que no vas a tener ningún problema con que yo entre en dondequiera que ellos vivan y que tal vez luche directamente con ellos. Sin respaldo.
Si algo te pasa, voy a ser Tohr. Derechito. Cien por cien. Pero el miedo a esto no va a conseguir que trate de mantenerte en casa.
—Eras bastante inflexible respecto a que donde Tohr está no es un lugar donde tú quieras estar.
Él se encogió de hombros.
Pero mira, ya estoy en ello si no estamos juntos. Después de que fueras herida, creo… creo que tenía la idea de que si pudiera conseguir simplemente que no lucharas, entonces estaría a salvo de lo que él estaba pasando. Que no estaría expuesto a esa mierda porque tú no serías apuñalada o… bueno, algo peor. Pero vamos, el centro de la cuidad de Caldwell no es el lugar más seguro del planeta, y no trabajas precisamente con niños en ese trabajo para Trez. Es más, estoy en todo contigo…ya sea en la vejez, el autobús número diecinueve o una bala del enemigo… te pasa algo y estoy jodido.
Xhex entornó los ojos. Podía leer su rejilla, pero no cada parte de su cerebro, y antes de que ella se abriera hasta él otra vez y se despertaran sus esperanzas, era crítico saber que él había reflexionado este asunto detenidamente.
—¿Y después? Supón que consigo el rifle y lo devuelvo aquí y resulta ser el arma que fue usada, ¿y si yo quiero ir tras ellos? Wrath no es mi Rey, pero me gusta el tipo, y la idea de que alguien tratara de cargárselo me pone de mala uva.
La mirada de John no vaciló, llevándola a creer que, de hecho, él había considerado aquel desenlace.
Mientras no esté en la rotación contigo, estaré bien. Si tengo que entrar como refuerzo… bien, es lo que hay, y nos ocuparemos de ello. Yo me ocuparé de ello, corrigió. Sólo no quiero estar en el mismo territorio al mismo tiempo que tú si podemos evitarlo.
—¿Y si yo quiero mantener mi trabajo con Trez? Permanentemente.
Eso es asunto tuyo.
—¿Y si quisiera seguir quedándome en mi cabaña?
Realmente no tengo derecho a exigir algo en este punto.
Era, por supuesto, todo lo que ella había querido oír: ninguna restricción sobre su persona, libre para elegir, libre para ser iguales.
Y, Dios, quería estar en todo esto. Estar apartada de él había sido el período más jodido de oscuridad que había atravesado jamás. Pero la cuestión era, que estaba acostumbrada al sufrimiento crónico. Lo único peor que esto sería que tendría que aclimatarse a esta clase de infierno de nuevo. Y no creía que pudiera pasar por ello…
No hago esto para «hacer las paces» contigo, Xhex. Quiero esto… joder, sí, realmente quiero esto. Pero así es como espero que sean las cosas de aquí en adelante. Y como dije, las palabras no significan una mierda. Así que, ¿qué te parece si te pones a trabajar y vemos lo que pasa? Déjame demostrarte con acciones lo que te he dicho ahora.
—Eres consciente de que no puedo pasar por otro de tus desmadres. No puedo… es demasiado duro.
Estoy tan jodidamente arrepentido. Mientras gesticulaba, articulaba también las palabras, la vergüenza en su cara la mordió en el pecho. Tan arrepentido… no estaba preparado para cómo reaccionaría porque nunca había considerado las ramificaciones hasta que estuve metido hasta las rodillas en ellas. Lo manejé mal, y me gustaría que me dieras la oportunidad de hacerlo mejor. Pero a tu ritmo, a tu elección.
Ella retrocedió un millón de años atrás a Lash y aquel callejón, cuando John le había dado su venganza, había permitido que ella fuera la que matara a su propio enemigo personal. Y lo había hecho a pesar del asunto de macho vinculado, que sin duda le había hecho a John querer destrozar a aquel avieso hijo de puta.
Él tenía razón, pensó. Las buenas intenciones no siempre salían bien, pero él podría demostrar cómo iban a ser las cosas con el transcurso del tiempo.
—Bien —dijo ella con voz ronca—. Probemos. ¿Vienes conmigo a ver a Wrath?
Cuando John asintió con la cabeza una vez, ella se colocó junto a él.
Juntos bajaron al estudio del Rey.
Cada paso que daban parecía inestable, aunque la mansión era sólida como una roca. Sin embargo, ella sentía como si el terremoto que había estado sacudiendo su vida como una licuadora se hubiera parado de repente, y no confiaba en su equilibrio o la firmeza de lo que había debajo de sus pies.
Antes de llamar a las puertas cerradas, se giró hacia el macho que se había hecho tallar su nombre en su espalda. La asignación que ella estaba a punto de aceptar era peligrosa, algo vital para Wrath y la Hermandad. Pero las implicaciones en su propia vida, y la de John, parecían aún más significativas.
Acercándosele un paso, puso sus brazos alrededor del cuerpo masculino y esperó. Cuando él le devolvió el abrazo, encajaron exactamente igual a cómo siempre lo hacían, como una mano en el guante.
Maldición, esperaba que esto saliera bien.
Ah, y sí, ¿echar mano a Xcor y su banda de fanáticos?
Un plus estupendo.






Capítulo 51

La realidad de que la hembra de blancas vestiduras no había sido un sueño llegó gradualmente a Xcor, más bien como niebla aclarándose a la vista para revelar los contornos y conceptos ocultos anteriormente desde la memoria inmediata.
Estaba en la parte trasera de la furgoneta, descansando en el asiento delantero que le había sostenido desde su guarida, la cabeza recostada en la carnosa curva interna del codo, las rodillas flexionadas y cruzadas una encima de la otra. Zypher no estaba tras el volante esta vez. Throe estaba conduciendo.
El macho había estado en silencio desde que dejaron la pradera. Poco característico, también.
Mientras Xcor miraba fijamente hacia adelante, trazaba el sutil patrón en la imitación de piel de la tapicería del asiento de Throe. Era un trabajo complicado, dado que la única luz que tenía era desde los instrumentos del panel frontal.
—Entonces, ella era real —dijo pasado un rato.
—Aye —llegó la calmada respuesta.
Xcor cerró los ojos y se preguntó cómo era posible que una hembra como aquella realmente existiera.
—Era una Elegida.
—Aye.
—¿Cómo te las apañaste para eso?
Hubo una larga pausa.
—Me alimentó cuando la Hermandad me tuvo bajo custodia. Le dijeron que era un soldado, no me identificaron como su enemigo para ahorrarle preocupaciones.
—No deberías de haberla utilizado —gruñó él—. Es una inocente en todo esto.
—¿Qué otra opción tenía? Estabas muriéndote.
Empujó ese hecho fuera de la mente, centrándose en su lugar en la revelación de que eso que era una leyenda, de hecho vivía y respiraba. Y servía a la Hermandad. Y a Throe.
Por alguna razón, el pensamiento de su soldado tomando de la vena de esa hembra hizo que Xcor quisiera rodear el reposacabezas, y romperle el cuello al macho. Salvo que los celos, por muy injustificados que fueran, eran solo uno de sus problemas.
—Nos has comprometido.
—Ellos nunca la utilizarán como localizador —dijo Throe en tono grave—. ¿Una hembra Elegida? ¿Entrando en guerra de algún modo? Los Hermanos están demasiado anclados en el pasado, y ella es de lejos demasiado valiosa. Ellos nunca la llevarán al campo de batalla.
Pensando más detenidamente en las cosas, decidió que probablemente Throe tenía razón… esa hembra era inestimable de demasiados modos como para contarlos. Además, su Banda de Bastardos se ponía en camino cada tarde en cuanto rompía la noche... estaban lejos de ser blancos fáciles. ¿Y si encontraban a los Hermanos? Volverían a entablar batalla. Él no era un gatito para correr ante su enemigo… mejor tener planeado un ataque, pero eso no era siempre posible.
—¿Cuál es su nombre? —exigió.
Más silencio.
Mientras esperaba respuesta, la reticencia le dijo que tenía razones para estar celoso, al menos en un aspecto. Claramente su segundo al mando se sentía del mismo modo que él.
—Su nombre.
—No lo sé.
—¿Cuánto tiempo la has estado viendo?
—No lo he hecho. Contacté con ella únicamente en tu nombre. Recé para que viniera y ella lo hizo.
Xcor inhaló larga y lentamente, sintiendo las costillas expandirse por primera vez sin dolor desde que se había enfrentado al guerrero de ojos dispares. Era la sangre de ella en él. De hecho, menudo milagro era ella: la sensación de ahogarse en su propio cuerpo se había aliviado, el golpeteo de la cabeza aliviado, el latido de su corazón establecido en un ritmo firme.
Y todavía el poder lo recorría, alejándolo del borde, lo que no presagiaba nada bueno para él y sus soldados. ¿Y si eso era lo que la Hermandad disfrutaba a intervalos regulares? Entonces eran más fuertes no sólo en virtud de su línea de sangre, sino por su alimentación.
Al menos eso no los hacía imbatibles. El disparo de Syphon había probado que incluso el Rey de sangre pura tenía puntos vulnerables.
Pero eran incluso más peligrosos de lo que había pensado.
Y en cuanto a la hembra…
—¿Vas a convocarla otra vez? —preguntó a su soldado.
—No, nunca.
Ninguna vacilación en ello, lo cual sugería que era o una mentira o una promesa. Por el bien de ambos, esperaba más bien que fuera lo último…
Oh, pero qué estaba pasando. Se había alimentado de ella una única vez, y no era suya… y nunca lo sería, por demasiadas razones para enumerarlas. De hecho, volviendo a pensar en el modo que incluso la puta humana había reculado ante él en la fuente, sabía que alguien tan puro y perfecto como la Elegida no querría tener nada que ver con alguien de su apariencia. Throe, en cambio, podría tener una oportunidad… salvo, por supuesto, que él no era un Hermano.
Él estaba, sin embargo, enamorado de ella.
Sin duda ella era utilizada para esto.
Xcor cerró los ojos y se concentró en su cuerpo, sintiéndolo curarse, realinearse, reanimarse.
Se encontró deseando que el mismo rejuvenecimiento pudiera ocurrir en su cara, su pasado, su alma. Naturalmente mantenía para sí mismo ese ruego impotente. Por un lado, era una imposibilidad. Por otro, era una fantasía pasajera impartida por la visión de la hermosa hembra… a quien sin lugar a dudas le había causado repulsión. En verdad, no había redención para él en su futuro. Había dado un golpe tremendo contra la Hermandad y ellos irían tras él y su Banda de Bastardos con todas las fuerzas que pudieran reunir.
Tomarían también otras acciones: si Wrath había muerto sin descendencia, estarían peleando por ocupar el trono con el macho con la relación de sangre más cercana que pudieran encontrar. A no ser que el Rey estuviera colgando del borde de la muerte con la punta de los dedos. ¿O que quizás se hubiera repuesto gracias a toda esa tecnología médica que habían cultivado en el complejo?
Por lo general, pensamientos como esos lo habrían consumido, la falta de respuestas enroscándose hacia arriba por las tripas y provocándole paseos sin fin si no estaba luchando.
Ahora, no obstante, ante las secuelas lógicas de la alimentación, las cavilaciones no eran más que distantes chillidos de urgencia que no iban más allá y que fracasaban en excitarlo.
La hembra bajo el coloreado arce era a lo que le estaba dando vueltas.
Mientras recuperaba sus rasgos de la memoria, se dijo que se permitiría esa única noche de distracción. No estaba en condiciones de luchar, incluso con su regalo, y sus soldados estaban fuera llevando adelante la misión contra los lessers, así que todavía se estaban haciendo algunos progresos.
Una noche. Y luego desde la puesta de sol hasta la madrugada, iba a arrojarla a un lado así como había hecho con sus fantasías y pesadillas, volviendo así al mundo real de la batalla una vez más.
Una única noche.
Eso era todo lo que le concedería a esta diversión de imaginación sin futuro.
Asumiéndolo, un hilo de voz le indicó que Throe mantendría su palabra y que nunca más la buscaría.

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