domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 52 53 54

Capítulo 52

—¿Una más?
Cuando Tohr volvió sus atenciones hacia la bandeja de plata con comida, No’One quiso declinar la oferta. Es más, se recostó contra los almohadones de la cama, estaba llena.
Y sin embargo, cuando él se volvió hacia ella con otra fresa madura sujeta por la suave corona verde, encontró la fruta demasiado tentadora para resistirse. Abriendo los labios, esperó, como había aprendido a hacer, que él le llevara la comida.
Varias de las brillantes y rojas bayas habían fracasado en cumplir sus rigurosos requisitos y habían sido apartadas a un lado y al borde de la bandeja. Lo mismo había valido para algunos de los trozos de pavo recién cocinado, así como partes de la ensalada verde. Sin embargo el arroz, había pasado del todo la criba, al igual que las deliciosas rebanadas de pan.
—Aquí —susurró él—. Ésta es una buena.
No’One le vio observarla mientras aceptaba lo que la proveía. Estaba centrado particularmente en su consumo… de un modo que era a la vez conmovedor y fuente de fascinación. Había escuchado de machos haciendo esto. Había captado vistazos de sus padres en este tipo de ritual, su madre sentada a la izquierda de su padre en la mesa del comedor, él inspeccionando cada fuente, cuenco, vaso y taza antes de que fuera enviado en su dirección por él personalmente, más que por el servicio… proveyendo los alimentos que eran de calidad suficientemente buena. Había asumido que la práctica era un curioso remanente de otra época. No lo era. Este lugar privado aquí con Tohrment daba pie a intercambios como ése. De hecho, podía imaginar eones atrás, en las cavernas, a un macho regresando con algo recién matado y haciendo lo mismo.
La hacía sentirse… protegida. Valiosa. Especial.
—¿Una más? —preguntó de nuevo.
—Conseguirás que engorde.
—Las hembras deberían tener carne en los huesos —sonrió de modo distraído mientras recogía una baya gorda y fruncía el ceño ante ella.
Cuando sus palabras resonaron, no las tomó como si quisiera decir que pensaba que no hacía falta estar a la moda. ¿Cómo podría ella, cuando él no había hecho más que seleccionar la comida perfectamente buena y descartar lo que consideraba no era lo suficientemente valioso para ella?
—La última, entonces —dijo ella suavemente—, y luego declinaré todas las ofrendas. Estoy llena a reventar.
Él lanzó la fresa a un lado con el resto de las rechazadas y enganchó otra, y mientras le hacía de todo a la pobre cosa excepto gruñirle, el estómago de él liberó un alarido de vacío.

—Debes necesitar comer también —indicó ella.
El gruñido que recibió en respuesta era o de aprobación a regañadientes de una segunda fresa o bien por estar de acuerdo… probablemente lo primero.
Mientras ella mordía y masticaba, él dejó descansar los brazos en el regazo y le miró fijamente la boca como si estuviera preparándose para ayudarla a tragar si tuviera que hacerlo.
En ese tranquilo momento, ella pensó en cómo él había cambiado desde el verano. Era mucho más grande… increíblemente también, su una vez corpulento cuerpo era ahora absolutamente gigantesco. Y aún así, no se había hinchado de modo poco atractivo, los músculos expandidos hasta límites desconocidos sin ninguna capa de grasa sobre ellos, su forma agradable a la vista en proporciones. La cara había permanecido delgada, pero ya no estaba demacrada y la piel había perdido esa palidez grisácea que no había reconocido hasta que el color floreció de nuevo en sus mejillas.
El mechón blanco, sin embargo, continuaba en su pelo, evidencia de por todo lo que él había pasado.
¿Con cuanta frecuencia pensaba en su Wellesandra? ¿Estaba incluso ahora dándole vueltas?
Por supuesto que lo estaba.
Mientras le dolía el pecho, encontró difícil respirar. Siempre había tenido afinidad por él, sus receptores de dolor se disparaban cuando estaba al borde de la muerte tan seguro como si su pérdida fuera la propia.
Aunque ahora, ella tenía un tipo de agonía diferente tras su esternón.
Quizá era porque ahora estaban aún más cerca. Sí, eso era. Estaba condoleciéndose por él a un nivel incluso más profundo.
—¿Lista? —dijo él ladeando la cara a un lado, la luz de la lámpara golpeó con dulce amabilidad.
No, estaba equivocada, pensó mientras arrastraba otra bocanada en su interior.
Esto no era conmiseración.
Esto era algo totalmente diferente a preocuparse por el sufrimiento de otro.
—¿Autumn? —dijo él—. ¿Estás bien?
Contemplándole, sintió un repentino escalofrío hormiguear en la piel de sus antebrazos y pasar rozando sus hombros desnudos. Bajo la calidez del cubrecama, su cuerpo vibró en su propia piel, enfriándose y luego enrojeciendo de calor.
Que era lo que pasaba, suponía, cuando tu mundo se ponía patas arriba.
Querida Virgen Escriba… estaba enamorada de él.
Se había enamorado de este macho.
¿Cuándo había ocurrido?
—Autumn —su voz creció en fuerza—. ¿Qué está pasando?
El “cuando” no podía ser identificado, decidió. El cambio había ocurrido milímetro a milímetro, el motor del cambio guiado por intercambios entre ambos, grandes y pequeños… hasta que, parecido al modo en que la encantadora noche caía y tendía su reclamo sobre el paisaje de la tierra, lo que empezó como imperceptible culminó en lo innegable.
Se puso en pie como un rayo.
—Traeré a Doc Jane…
—No —dijo tendiéndole la mano—. Estoy bien. Simplemente cansada y saciada por la comida.
Por un momento, él le dirigió su mirada “fresil”, ese ojo exigente, entrecerrado y fijo.
Pasó claramente la criba, sin embargo, cuando él se dejó caer atrás.
Forzando una sonrisa en los labios, ella señaló a la segunda bandeja, la única que todavía tenía la tapadera de plata sobre los platos.
—Deberías comer ahora. De hecho, quizás deberíamos conseguirte algo de comida recién hecha.
Él se encogió de hombros.
—Ésta está bien.
Hizo estallar las fresas que no habían sido lo suficientemente buenas para ella en el interior de su boca mientras destapaba la comida, y luego, comió todo lo que había dejado a un lado de la bandeja de ella, así como todo lo que había en la propia.
Que desviase su atención era algo bueno.
Cuando hubo terminado con su comida y con los restos de la de ella, tomó las bandejas y los soportes y los puso fuera en el pasillo.
—Vuelvo en seguida.
Con eso, desapareció en el baño y pronto el sonido de agua corriendo llegó hasta ella.
Acurrucándose sobre el costado, contempló las cortinas cerradas.
Las luces se apagaron y entonces su silencioso y suave caminar llegó cruzando la alfombra. Hubo una pausa antes de que se subiera a la cama… y por un momento, se preguntó si él había leído su mente. Pero sintió una fresca brisa contra ella y se dio cuenta de que había levantado el cubrecama. Por primera vez.
—¿Va bien que me una a ti?
Súbitamente, ella parpadeó para contener las lágrimas.
—Por favor.
El colchón se hundió y entonces dejó caer su desnudo cuerpo contra el de ella. Mientras la recogía entre los brazos, ella fue voluntariamente y con sorpresa hacia él.
Ese extraño y ambiental fresco pasó a través de ella de nuevo, trayendo una sensación de aprensión. Pero entonces fue calentada, incluso quemada… por la piel de él contra la suya.
Él nunca debía saberlo, pensó ella mientras cerraba los ojos y descansaba la cabeza contra su pecho.
Nunca jamás debía saber que lo que latía dentro de su corazón era por él.
Lo arruinaría todo.


















INVIERNO









Capítulo 53

Cuando Lassiter se sentó al pie de la gran escalinata, miró hacia el techo pintado, unas tres plantas por encima de él. Entre las figuras de guerreros a lomos de sementales, buscó entre las nubes pintadas y encontró la imagen que estaba buscando, pero no quería ver.
Wellsie aparecía aun más lejos en la escena, su forma aun más compacta, mientras se encogía dentro de ella misma, en ese campo de rocas grises.
En verdad, él estaba perdiendo la esperanza. Pronto estaría tan lejos que sería imposible verla. Y entonces, todo habría terminado: ella estaría acabada, él estaría acabado… Tohr estaría acabado.
Había creído que No’One era la respuesta. Y, ¿sabes qué? A principios del otoño, llegó a estar convencido de que todo se había arreglado. La noche después de que Tohr por fin se llevara a la cama como es debido a esa hembra, ella se presentó en la cena sin la capucha y sin esa horrible túnica: llevaba un vestido, un vestido azul aciano que le quedaba demasiado grande, pero igualmente precioso, con el pelo suelto sobre los hombros, como una cascada rubia.
Ambos tenían ese aspecto que solo se consigue cuando dos personas se han pasado horas matándose a polvos.
Hizo las maletas en ese momento. Espero en su habitación. Se paseó por ella durante horas, esperando que el Hacedor le convocara.
Cuando el sol se puso de nuevo, lo achacó a un retraso administrativo. Cuando volvió a amanecer, empezó a preocuparse.
Después, empezó a resignarse.
Ahora, estaba en modo pánico…
Allí, con el culo plantado, contemplando la figura imaginaria de una hembra muerta, se encontró preguntándose lo mismo que Tohr se preguntaba tan a menudo.
¿Qué más quería conseguir el Creador con todo esto?
—¿Qué estás buscando?
Cuando esa profunda voz le interrumpió, miró al macho en cuestión. Obviamente, Tohrment había salido de la puerta oculta bajo la escalera, venía vestido con unos pantalones cortos de correr y una camiseta de tirantes, el sudor resbalaba por su piel y su cabello oscuro.
Aparte del abundante sudor post-ejercicio, el tío tenía una pinta estupenda. Pero eso era lo que les ocurría a estos cuando estaban bien alimentados, bien follados y no estaban heridos.
Sin embargo el Hermano perdió algo de ese aspecto sano y lozano cuando sus ojos se encontraron. Lo que le sugería que tenía la misma preocupación que él, justo bajo la superficie, siempre latente, una preocupación crónica.
Tohr se acercó y se sentó, secándose la cara con la toalla.
—Cuéntame.
—¿Sigues soñando con ella?
No hacía falta usar el nombre propio de “ella”. Entre ellos, era la única hembra que importaba.
—La última vez hace una semana.
—¿Qué aspecto tenía?
Como si no lo supiera. Joder, si estaba mirándola ahora mismo.
—Más lejano —Tohr se quitó la toalla de alrededor del cuello y la retorció entre los puños—. ¿Estás seguro de que no está simplemente desvaneciéndose hacia el Fade?
—¿Te pareció que estaba contenta?
—No.
—Pues ahí tienes tu respuesta.
—Hago todo lo que puedo.
Lassiter le miró y asintió.
—Sé que lo haces. Estoy completamente seguro.
—Así que tú también estás preocupado.
Nada que contestar a eso.
Los dos permanecieron sentados en silencio, uno junto a otro, con los brazos apoyados en las rodillas y, frente a ellos, un muro de ladrillos metafórico, que les impedía ver algún horizonte.
—¿Puedo ser sincero contigo? —dijo el Hermano.
—Por descontado.
 —Estoy aterrorizado. No sé qué es lo que estoy pasando por alto en todo esto —se frotó la cara con la toalla de nuevo—. No duermo mucho y no tengo claro si es porque me da miedo lo que pueda ver… o lo que pueda no ver. No entiendo como ella lo soporta.
La respuesta más corta era que no lo hacía.
—Hablo con ella —murmuró Tohr—. Cuando Autumn está dormida, me siento en la cama y me quedo contemplando la oscuridad. Le digo…
Cuando la voz del tipo se quebró, Lassiter sintió ganas de gritar… y no porque pensara que Tohr era un mariquita. Sino más bien porque le dolía tanto escuchar esa agonía en su voz…
Mierda, debía de haber desarrollado una conciencia o algo así en algún momento del último año.
—Le digo que aun la amo, que siempre la amaré, pero que he hecho todo lo posible para… bueno, no para llenar su vacío, porque nadie puede hacer eso. Pero por lo menos intento vivir algún tipo de vida…
Mientras el macho continuaba hablando en tono triste y suave, a Lassiter repentinamente le aterrorizó la posibilidad de que, de alguna manera, podía haberle asesorado mal, de que… mierda, no sabía. Podía haberla cagado, haber dicho algo erróneo, haber enviado a este pobre y afligido bastardo en una dirección incorrecta.
Repasó todo lo que sabía sobre la situación, desde el principio, reconstruyendo su evolución paso a paso, hasta el punto en el que estaban.
No pudo encontrar ningún fallo, ningún tropezón. Los dos lo habían hecho lo mejor que habían podido.
En definitiva, parecía que ese era el único alivio que podía encontrar, aunque apestara. La idea de haber hecho daño, aunque fuera inadvertidamente, a este macho de valía era muchísimo peor que su versión del purgatorio.
 No tendría que haber aceptado esto jamás.
—Joder —suspiró cerrando sus ojos doloridos. Habían llegado tan lejos, pero era como si estuvieran persiguiendo un blanco móvil. Cuanto más corrían, cuanto más allá viajaban, más lejano parecía el final.
—Simplemente tengo que intentarlo con más fuerza —dijo Tohr—. Es la única respuesta. No sé qué más puedo hacer, pero tengo que ir más allá de alguna forma.
—Sí.
El Hermano se volvió hacia él.
—Sigues aquí, ¿no?
Lassiter le lanzó una mirada.
—Si me estás hablando a mí, eso es un sí.
—Vale… Eso está bien —el Hermano se puso en pie—. Entonces aun tenemos algo de tiempo.
Yuju. Fantástico. Como si eso fuera a cambiar algo.
*  *
En el exterior de su cabaña privada, Xhex estaba sola junto a la orilla del Hudson, con las botas hundidas en la blanca nieve y expulsando nubes de vapor a través de la nariz, que se alejaban por encima de su hombro. El resplandor del atardecer, de color melocotón y rosado, se derramaba sobre el helado paisaje que estaba detrás de ella, reflejando sus colores en las perezosas olas del centro del canal.
No quedaba mucha agua en el río: el hielo se estaba formando en las orillas y cerrándose hacia el interior, amenazando con estrangular la superficie mientras el frío se iba incrementando con el avance de la estación.
Sin que ella lo ordenara, sus sentidos symphath lanzaron los tentáculos invisibles, crepusculares a sondear el fino y helado ambiente. No esperaba ningún acierto, pero estaba tan acostumbrada a mantenerse receptiva tras este último par de meses que había encontrado esta faceta de su necesidad de estirarse y extenderse hacia el exterior, aunque solo fuera para ejercitarse.
No había encontrado la guarida de la Banda de Bastardos. Aún.
La persona perfecta para el trabajo, ¿eh? Francamente, toda esta mierda estaba empezando a resultar embarazosa.
Pero claro, las razones para manejar todo esto con mucha cautela eran demasiadas para contarlas: se jugaban mucho de ella al ponerlos en su punto de mira, tan silenciosa y discretamente como fuera posible y, al menos el Rey y los Hermanos lo entendían.
John también había ofrecido todo su apoyo a la misión. Paciente. Dispuesto a discutir sobre cualquier punto o a no sacarlo a colación en absoluto cuando ella estaba en la mansión… cosa que, tal y como habían resultado las cosas, ocurría de forma regular: entre ver a su madre, informar a la Hermandad y al Rey o incluso pasar el rato, solía andar por allí dos o tres veces a la semana.
Aun así, cuando se trataba de John, las cosas nunca habían ido más allá de una comida educada.
Aunque la miraba ardientemente.
Ella sabía lo que John estaba haciendo. Estaba manteniendo su palabra, manteniéndose apartado hasta que ella se infiltrara en la BdB, para poder probar que hablaba en serio cuando dijo lo que dijo. Pero, por extremadamente estúpido que pudiera parecer… ella quería estar con él. Y no en plan estar con él separados-por-una-mesa-de-comedor.
Para ellos, suponía una mejora con respecto al verano y al otoño, eso seguro… pero aun no lo suficiente.
Recuperando la concentración, continuó registrando los alrededores sin motivo aparente, hasta que la oscuridad cayó rápidamente sobre todo lo que la rodeaba. En el cielo, la luz se apagó a la manera de finales de diciembre, o sea, que la condenada luz se desvaneció como si estuviera huyendo, perseguida por el frío.
Hacia su izquierda, en la mansión de la península, las luces se encendieron un tanto repentinamente, como si Assail tuviera contraventanas en la parte interior de los cristales. En un momento la propiedad estaba a oscuras y al siguiente parecía un estadio de futbol.
Ah, sí, el gentilmacho Assail… ¿no?
El poder del tipo en el mundillo de la droga de Caldwell era casi seguro, con nadie más de importancia aparte del suministrador de los peces gordos Benloise. Lo que no acababa de entender era quienes componían la tropa de los vampiros. No podía estar gestionando un negocio de esa envergadura por sí mismo y, a pesar de ello, nunca había nadie entrando y saliendo de su casa aparte de él.
Aunque, ¿por qué querría a sus socios en su espacio privado?
Un poco más tarde, un coche se abrió paso por el camino en dirección al exterior. Ese Jaguar suyo.
Vaya mierda, ese cabrón debería invertir en un Range-Rover blindado. O en un Hummer como el de Qhuinn. El Jag era rápido y al hijo de puta le sentaba bien, pero vamos. Un poquito de tracción con toda esta nieve nunca era mala idea.
El deportivo redujo la velocidad hasta detenerse al acercarse a ella, el humo del tubo de escape salía en volutas y brillaba bajo las luces rojas traseras haciendo figuras que un mago invocaría en el escenario.
Se abrió una ventanilla y una voz masculina dijo:
—¿Disfrutando de la vista?
Sintió la tentación de mostrarle el dedo corazón, pero lo mantuvo oculto mientras cruzaba los montones de nieve hacia él. En este punto, Assail no estaba considerado como “sospechoso” per se… en realidad había ayudado a la Hermandad a sacar a Wrath de allí cuando frustraron el intento de asesinato. Pero aun así, el ataque había tenido lugar en su casa y ella se preguntaba de dónde sacaba Xcor la financiación: Assail ya tenía dinero antes de decidir convertirse en rey de la droga y las guerras requieren pasta.
Especialmente si estás intentando luchar contra el Rey.
Concentrando su lado symphath en el macho, leyó su rejilla emocional y vio un buen montón de… bueno, lujuria, de entrada. La deseaba, pero estaba dispuesta a apostar a que ese deseo no se reducía específicamente a ella.
A Assail le gustaba el sexo con chicas. Vale. Entendido.
Sin embargo, bajo ese subidón de testosterona, encontró un ansia de poder que era curioso. Sin embargo, no se trataba de derrocar al Rey. Era…
—¿Leyéndome la mente? —dijo él lentamente.
Si supiera con quien estaba hablando…
—Te sorprendería saber lo que puedo averiguar sobre la gente.
—Así que sabes que te deseo.
—Te recomiendo que no sigas por ahí. Estoy emparejada.
—Eso he oído. Pero, ¿dónde está tu hombre?
—Trabajando.
Cuando sonrió, las luces del salpicadero reflejaron sus facciones, destacándolas y haciéndole incluso más atractivo. Pero no era solo un niño bonito: había un toque de maldad en esos ojos ardientes suyos.
Un macho peligroso. Aunque aparentara no ser más que un acicalado miembro de la glymera.
—Bueno —murmuró—, ya sabes lo que dicen. La distancia es el olvido…
—Dime una cosa. ¿Sueles ver a Xcor por algún sitio?
Eso le hizo callar. Y bajó los párpados.
—No tengo ni idea —dijo después de un momento— de por qué me preguntas eso.
—Oh, vamos.
—Ni idea.
—Sé lo que ocurrió en tu casa en otoño.
 Hubo otra pausa.
—Nunca hubiera creído que la Hermandad mezclaba los negocios con el placer —como ella se limitó a mirarle, él se encogió de hombros—. Bien, francamente, no puedo creer que sigan buscándole. De hecho, me sorprende que ese bastardo siga respirando.
—Así que le has visto últimamente.
Ante eso, su rejilla se encendió en un sector en particular: obstrucción. Estaba escondiéndole algo.
Ella sonrió fríamente.
—¿No es cierto, Assail?
—Escucha, voy a darte un consejo gratuito. Ya sé que vas toda vestida de cuero y eres una chica dura y una mujer del mundo de hoy, pero no te interesa tener nada que ver con ese tío. ¿Has visto la pinta que tiene? Estás emparejada con un chico guapo como John Matthew, no necesitas…
—No voy buscando follarme a ese bastardo.
 Su lenguaje deliberadamente soez le hizo parpadear.
—Por supuesto. Y, esto… bien por ti. Por lo que a mí respecta, no le he visto. Ni siquiera la noche en que tendió la emboscada a Wrath.
Mentiroso, pensó ella.
Cuando Assail volvió a hablar, lo hizo en voz muy baja.
—Deja en paz a ese macho. No quieres cruzarte en su camino… tiene menos compasión que yo mismo.
—Así que piensas que deben ser los chicos grandes los que se encarguen de él.
—Eso mismo, cariño.
Cuando metió la directa en el Jaguar, ella dio un paso atrás y se cruzó de brazos. Qué jodidamente típico. ¿Por qué piensan los tíos que por tener polla y pelotas son los únicos que tienen fuerza?
—Ya nos veremos, vecino —dijo Xhex despacio.
—He dicho en serio lo de Xcor.
—Oh, puedo decir que lo has hecho.
Él sacudió la cabeza.
—Muy bien. Es tu funeral.
Viéndole marchar, ella pensó: Pronombre incorrecto, colega. Jodido pronombre incorrecto…






Capítulo 54

Autumn estaba profundamente dormida cuando tuvo compañía en la cama, pero incluso en su sueño profundo, casi doloroso, ella supo de quien eran las manos que encontraron su piel, que viajaron por sus caderas y subieron por su estómago. Supo con exactitud quien le acunó los pechos y la dio la vuelta.
Por sexo.
El aire frío le golpeó la piel cuando las mantas fueron apartadas y por instinto separó las piernas, preparándose para recibir al único macho que siempre aceptaría en su interior.  
Estaba lista para Tohrment. En las últimas semanas parecía que siempre estuviera lista para él.
A mano… como habría dicho Tohr. Como él estaba siempre listo para ella.
Su gran guerrero encontró su camino entre los muslos, extendiéndolos más aún con sus caderas… no, ahora esas eran sus manos, como si hubiera tenido un plan y luego hubiera cambiado de idea.
Su boca la encontró, cerrándose sobre ella, luego lamiendo.
Con los ojos todavía cerrados y su mente en ese confuso mundo de las tinieblas que no era estar dormido, ni despierto, el placer era tan intenso que ella corcoveó y se revolvió contra su lengua, entregándose a él con todo lo que tenía mientras Tohr chupaba, incitaba y penetraba…
Salvo que no había ningún orgasmo para ella. Por más que él le diera placer.
Por más que ella se esforzase en capturar la liberación, no podía dejarse ir, el placer se agudizaba hasta el punto de agonía… y aún así no podía encontrar el clímax, incluso cuando el sudor perlaba su piel y el aliento se cortaba en su garganta.
La desesperación le hizo agarrar la cabeza de él y presionarla con más fuerza contra ella.
Salvo que entonces él desapareció.
Esto no era diversión sino una pesadilla, pensaba ella mientras gritaba ante su rechazo. Un sueño muy doloroso con matices eróticos…
Tohrment regresó, y esta vez todo su cuerpo estaba contra el de ella. Deslizando los brazos bajo sus rodillas, él la abrió ampliamente mientras la hacía doblarse como una pequeña y tensa pelota bajo su gran cuerpo.
Y entonces él entró, duro y rápido.
Esta vez ella se corrió. En el mismo instante en que él la llenó con su enorme pene, el cuerpo de la hembra respondió con una explosión enorme, de órdago, el orgasmo fue tan violento que ella se mordió su propio labio con ambos colmillos.
Cuando la sangre le inundó la boca, él desaceleró sus estocadas para beberla a lengüetazos. Pero ella no lo quería despacio. Usando los brazos de él para empujarse contra sus propias piernas, Autumn encontró su propio ritmo contra su pene, montándolo, follándolo… hasta que pronto se halló de nuevo al filo del orgasmo.
Sin avanzar.
En un principio, había sido tan fácil para ella conseguir lo que necesitaba cuando se apareaban. Sin embargo, últimamente, era cada vez más difícil…
Mientras ella se tensaba contra él, bombeándose a sí misma más y más rápido, la frustración la volvió salvaje.
Lo mordió.
En el hombro.
Lo marcó. Con las uñas.
La combinación debería haberlo hecho detenerse y exigir un comportamiento más civilizado. En lugar de eso, con su sangre manando encima de ella, dejó escapar un rugido tan poderoso que se oyó un crujido en la habitación, como si algo se hubiera soltado de la pared.
Entonces él se corrió. Y gracias a la dulce Virgen Escriba por su orgasmo. Cuando se clavó en ella y su erección se sacudió violentamente, ella finalmente alcanzó ese escurridizo viaje, su cuerpo se meció contra él, el cabecero golpeando ruidosamente.
Alguien estaba gritando.
Ella.
Hubo otro estruendo.
¿La lámpara…?
Cuando finalmente se calmaron, Autumn estaba empapada por todas partes, latiendo entre sus piernas, floja al extremo de no tener huesos. Una de las lámparas al lado de la cama se había caído de la mesa y cuando ella miró enfrente, vio que el espejo sobre el tocador tenía rajado el cristal.
Tohr levantó la cabeza y le clavó la mirada. A la luz del cuarto de baño ella vio el daño en su hombro.
—Oh… queridísimo… —Se puso una mano en la boca horrorizada ante la herida abierta—. Lo siento mucho.
Él se echó una mirada y frunció el ceño.
—¿Bromeas?
Cuando él volvió a mirarla, estaba sonriendo con un orgullo masculino que no tenía absolutamente ningún sentido.
—Te he lastimado. —Ella quería llorar—. Te he…
—Shh. —Le apartó un mechón húmedo de la cara—. Me encanta. ¡Mierda, me encanta! Aráñame. Lastímame. Muérdeme… está todo bien.
—Estás… como una cabra. —Para usar una expresión coloquial que a ella le había llamado la atención.
—Aún no he terminado es lo que soy… —Excepto que cuando él fue a moverse dentro de ella, Autumn respingó.
Al instante, él se quedó inmóvil.
—Mierda, esto fue bastante duro.
—Fue maravilloso.
Tohrment sostuvo su gran pecho sobre los brazos y se retiró tan lenta y cuidadosamente que ella apenas lo sintió. Sin embargo, comenzó a acalambrarse en alguna parte dentro. ¿O tal vez era otro orgasmo? Difícil de saber, cuando su cuerpo estaba tan desbordado por la sensación.
De cualquier manera, el delicioso desgaste y desgarro era algo bueno. Estaban tan familiarizados el uno con el otro ahora, tan a gusto con el apareamiento y la increíble intensidad que lograron era el resultado de la falta de barreras, de la libertad… y la confianza que compartían.
—Deja que te prepare un baño para limpiarte.
—Eso está bien. —Le sonrió—. Descansaré aquí mientras te duchas. Luego haré lo mismo en un momentito.
En verdad, ella no confiaba en sí misma para estar desnuda en el cuarto de baño con él. Corría el riesgo de morderle el otro hombro… y tanto como ella apreciaba su carta blanca a las dentelladas, preferiría de lejos no usar la libertad de acción.
Tohrment salió del enredo de mantas y la miró con atención durante algunos momentos.
—¿Seguro que estás bien?
—Lo juro.
Finalmente, él asintió con la cabeza y se giró…
—¡Tu espalda! —Parecía como si un gato lo hubiera arañado, grandes rayas rojas le bajaban por torso y columna.
Él se miró por encima del hombro mordido y sonrió más orgulloso aún.
—Se siente genial. Voy a pensar en ti cuando esté fuera esta noche, cada vez que ellos me tiren.
Mientras desaparecía por el cuarto de baño, ella negaba con la cabeza. Los machos eran… bueno, tíos locos.
Cerrando los ojos, retiró las sábanas y abrió sus brazos y piernas. El aire de la habitación estaba fresco, quizá incluso frío, pero en las secuelas ella tenía su propia caldera, los remanentes de pasión prácticamente humeaban por sus poros.
No obstante, mientras Tohrment se duchaba, el rubor gradualmente se desvaneció, al igual que las palpitantes secuelas de la cópula. Y entonces, al fin, ella encontró la paz que había estado buscando, su cuerpo se desperezó, la tensión y el dolor se aliviaron. 
Con un estiramiento que se sentía mucho mejor por su desnudez, sonrió al techo. Nunca había conocido tal felicidad…
De la nada, ese extraño escalofrío que ella había sentido una y otra vez desde la caída volvió sobre ella, una premonición que podía sentir pero no definir, una advertencia sin contexto.
Helada ahora, ella tiró las mantas a su alrededor.
Sola en la cama, se sentía acosada por el destino de manera tan vívida como si estuviera en un bosque por la noche con los lobos que podía oír pero no ver pisando suavemente en torno a los árboles.
Listos para atacar de golpe.
En el baño, Tohr se secó y se inclinó hacia el espejo. La marca del mordisco en su hombro ya estaba comenzando a sanar, la piel tejiéndose sobre los pinchazos, sellando todo muy bien. Muy mal… él quería que las heridas se quedaran por un tiempo.
Era un orgullo estar marcado así.
Sin embargo, decidió usar una camiseta manga corta Hanes en lugar de una sin mangas debajo de la chaqueta. No había razón para que sus hermanos lo vieran. Esta mierda era privada… entre él y Autumn solamente.
Maldita sea... era una hembra increíble.
A pesar de la tensión nerviosa subyacente en él, a pesar de esa conversación con Lassiter en la escalera, a pesar del hecho de que había comenzado a tocarla solo porque había sentido como que debería, al final y como de costumbre, había sido todo sobre sexo, sexo en bruto y vapuleante: Autumn era como un torbellino que giraba en torno a él, el poder erótico que tenía sobre su cuerpo lo succionaba, y luego lo hacía dar volteretas por el aire… antes de volver a reclamarlo.   
En ese sentido, era triste decirlo pero él había cambiado.
Le dolía admitir que, a veces, cuando yacía allí después, ambos recobrando el aliento y enfriando el sudor, ese viejo y conocido dolor se agudizaba al punto de una daga detrás de su esternón.
Él no suponía que alguna vez fuese a perder esa sensación.
Y sin embargo, cada amanecer, la buscaba y la tomaba… y tenía toda la intención de hacer lo mismo en otras doce horas.
Al salir del baño, la encontró todavía en la cama. Ella se había hecho un ovillo hacia la ventana y estaba tendida de lado con las sábanas arremolinadas a su alrededor.
Él la vio desnuda.
Absolutamente. Malditamente. Desnuda.
La imagen hizo que su cuerpo se pusiera duro al instante, su sexo perforaba desde sus caderas. Y como si ella presintiera su excitación, gimió en un ronroneo erótico y se estremeció. Extendiendo una mano hacia atrás, ella retiró lo que la cubría y movió la pierna de arriba, exponiendo su sexo brillante.
—Oh, mierda —gimió él.
Su cuerpo se acercó sin pensar o decidir, yendo tras ella con tal concentración que ni siquiera habría matado a alguien que se interpusiera en su camino: solo los habría pisoteado y esperado para cometer asesinato cuando hubiera acabado de atender sus asuntos con ella.
Trepando al colchón, se agarró la polla con la mano y la penetró desde atrás, directo a su núcleo. Fue cuidadoso cuando se introdujo, por si acaso todavía estaba dolorida y luego esperó, suspendido encima de ella para asegurarse que lo volvía a desear tan pronto.
Cuando todo lo que ella hizo fue gemir su nombre de satisfacción, dejó que sus caderas comenzaran a bombear.
Resbaladizo, suave, caliente…
La tomó sin pedir disculpas y le gustó la libertad de hacer eso. Ella aún era de estatura pequeña, pero era más fuerte de lo que parecía, y en los últimos meses él había aprendido a dejarse ir, porque sabía que a ella también le gustaba así.
Moviendo una de sus manos hacia la cadera femenina, le cambió el ángulo del cuerpo, así podía meterse aún más profundo. Y, por supuesto, existía otro beneficio sumado a esta posición: podía verse entrar y salir de ella, observar el borde del glande aparecer antes de adentrase profundamente, solo para volver a salir casi por completo de nuevo. Ella estaba rosada e hinchada y él duro y brillante gracias a ella...
Mierda —ladró cuando comenzó a correrse otra vez.
La cabalgó mientras se corría, sintiendo el orgasmo de ella con el de él, su sexo se cerraba sobre él, como un puño. Y él miró el show hasta que sus ojos se cerraron… lo cual estaba bien, porque todavía la podía ver en el interior de sus párpados.
Después que terminó, casi se derrumbó sobre ella, pero se sostuvo a tiempo. Dejando caer la cabeza, encontró con la boca la parte alta de la columna vertebral femenina y, se aprovechó de la proximidad, para pasar rozando sus labios por su piel.
Sabiendo que debería darle un descanso, se obligó a retroceder despacio y retirarse. Aunque cuando lo hizo, tuvo que apretar los dientes ante la vista de cuán lista seguía estando para él.
Plantando las manos en sus nalgas perfectas, él la separó para su lengua. Mierda… su sabor mezclado con el de él, la sensación de su sexo suave, sin un solo vello contra su boca…
Cuando Autumn comenzó a removerse, como si estuviera en el borde, pero sin conseguir lo suficiente, Tohr se lamió tres dedos y los deslizó dentro mientras continuaba bebiendo a lengüetadas de ella. Eso surtió efecto. A la par que ella gritaba su nombre y se sacudía contra su cara, él sonreía y la ayudaba a atravesar los espasmos que la atormentaban.
Y después fue hora de detenerse. Y punto.
Durante la última semana, poco más o menos, él había estado todo el tiempo sobre ella… lo cual era el motivo por el que hoy se había obligado a ir al puñetero gimnasio. Se veía cansada y ¿la causa? Ella insistía en trabajar durante las noches y él no había podido dejarla sola durante el día…
Autumn se dio vuelta, así que estaba tendida sobre su vientre, luego apartó su rodilla y arqueó la espalda. Por más.  
—Jesús —gimió él—. ¿Cómo voy a dejarte?
—No lo hagas —dijo ella.
Sin preguntar dos veces. Él volvió a tomarla desde atrás, levantándole las caderas, aferrándoselas y posicionando su pelvis así podía conseguir penetrarla profundo. Tohr terminó con un brazo alrededor del abdomen femenino y su peso equilibrado sobre la otra mano, follándola, penetrando hasta que sus cuerpos se golpeaban y la cama volvió a hacer ese ruido. Se corrió con una maldición, su semen brotaba violentamente de él como si no hubiera tenido sexo en meses.
Y todavía la deseaba. En especial mientras ella encontraba su orgasmo.
Después que las cosas se tranquilizaron, él los acurrucó sobre el colchón, haciendo cucharita mientras la abrazaba contra él. Abriéndose paso acariciante con la nariz por debajo de su cabello hasta el cuello, estaba preocupado por la forma en que la estaba tratando en la cama.  
Como si ella supiera que necesitaba un poco de tranquilidad, extendió una mano hacia atrás y le acarició el cabello.
—Se siente maravilloso.
Tal vez. Pero él se sentía mal por las exigencias que depositaba en el cuerpo de la mujer.
—¿Me dejas prepararte un baño ahora?
—Oh, eso sería maravilloso. Gracias.
De regreso en el cuarto de baño, se acercó al jacuzzi, profundo y amplio, abrió el grifo y luego alcanzó las sales del armario.
Mientras comprobaba la temperatura del agua y hacía un pequeño ajuste, se dio cuenta que le gustaba cuidar de ella. También se dio cuenta de que había encontrado un montón de maneras de hacerlo. Buscaba excusas para llevarla al piso superior y darle de cenar en privado. Le compraba ropa por Internet. Se detenía en Walgreens y CVS para conseguir sus revistas favoritas como Vanity Fair, Vogue y The New Yorker.
Se aseguraba de que siempre hubiera galletas Pepperidge Farm Milanos aquí arriba en caso de que tuviera deseo.
Y no era el único en cuidar de ella y mostrarle cosas nuevas.
Xhex venía a la casa a verla al menos una o dos veces por semana. Juntas, salían al cine local y veían películas. O se dirigían a la mejor parte de la ciudad así Autumn podía ver las casas bonitas. O atacaban los establecimientos o tiendas nocturnas… donde compraban cosas con el dinero que Autumn se ganaba trabajando.
Agachándose, probó el agua, volvió a ajustar la temperatura y le consiguió algunas toallas.
Por su parte, lo volvía un poco irascible que ella estuviera afuera con los humanos locos, los violentos lessers y los inseguros vientos del destino. Pero, después de todo, Xhex era una asesina de ley y él sabía que protegería a su madre si a alguien se le ocurría estornudar en su dirección.
Además, cada vez que madre e hija salían, Autumn siempre regresaba con una sonrisa en la cara. Lo que a su vez ponía una en la de él.
Cristo, habían llegado muy lejos desde la primavera. Eran casi dos personas diferentes.
¿Entonces qué más había?
Moviendo la mano a través del agua burbujeante de la bañera, se preguntaba con desesperación qué mierda estaba olvidando…



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