domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 61 62 63

Capítulo 61

Cuando Tohr salió al pasillo estaba enloquecido, incoherente, al límite de un colapso violento. Jesucristo, tenía que salir de aquí, alejarse de ella. Y pensar que la había llamado loca.
Ahora mismo él era un condenado loco.
Cuando levantó la mirada, Lassiter estaba justo frente a él.
—Ahora no…
El ángel lo tiró hacia atrás y lo levantó con tanta fuerza que no sólo vio las estrellas, vio todas las jodidas galaxias.
Cuando golpeó la pared de cemento tras él, el ángel lo agarró por la camisa y lo golpeó de nuevo, haciendo que le castañearan las muelas.
Y cuando por fin se le aclaró la visión, aquel rostro lleno de piercings no era nada menos que la máscara de un demonio, los rasgos distorsionados por la clase de ira que requerirían los servicios de un limpiador de tumbas.
—Eres un gilipollas —ladró Lassiter—. Un jodido gilipollas integral.
Tohr se inclinó de lado y escupió la sangre.
—Fue Maury o Ellen quien te enseñó a juzgar el carácter.
Un largo dedo fue empujado frente al rostro de Tohr.
—Escúchame con mucho cuidado, porque solo voy a decirlo una vez.
—¿No preferirías golpearme de nuevo? Sé que sacaré más…
Lassiter lo lanzó contra la pared otra vez.
—Cállate. Y escúchame. Ganaste.
—¿Perdón?
—Has logrado lo que querías. Wellsie está condenada para la eternidad…
—Qué…
Lo interrumpió estampándolo por tercera vez.

—Se ha acabado. Terminado. —Señaló hacia la puerta cerrada de la habitación de Autumn—. Simplemente asesinaste tu oportunidad cuando la destrozaste.
Tohr se perdió y sus emociones estallaron.
—¡No sabes de qué coño estás hablando, no sabes una mierda! No tenías ni idea de nada de esto, ni de mí, ni de ella… ¡ni de tu trabajo! ¿Qué coño has estado haciendo durante el último año? ¡Nada! ¡Has estado sentado sobre tu culo viendo programas de entrevistas mientras mi Wellsie se desvanecía! ¡Eres una maldita pérdida de tiempo!
—En serio. Vale… eres tan condenadamente brillante sobre esto —Lassiter lo soltó y retrocedió—. Renuncio.
—No puedes renunciar…
Lassiter le enseñó el dedo medio.
—Acabo de hacerlo.
El ángel se alejó y bajo el pasillo a grandes zancadas.
—¡Eres un condenado desertor! Esto es fantástico… joder, ¡fantástico! ¡Hablando de permanecer fiel al carácter de alguien, egoísta hijo de puta!
Todo lo que obtuvo fue otro pajarito por encima del hombro.
Con una palabrota salvaje, Tohr hizo el amago de ir tras el tipo, pero luego se detuvo. Dio media vuelta y lanzó un rápido golpe, dando un puñetazo al cemento tan fuerte que notó como se le rompían los nudillos. Y para que se sepa, el dolor pulsante en el dorso de su mano ni siquiera se acercaba al dolor atroz en su pecho.
Estaba completamente en carne viva, por dentro y por fuera.
Saliendo disparado en dirección contraria al ángel, se encontró frente a la pesada puerta de acero que se abría al parking. Sin tener idea de lo que estaba haciendo o de adónde iba, la abrió en sus goznes de un plumazo, y salió echando chispas al aire fresco, yendo a la derecha, subiendo la rampa y pasando los espacios vacíos que estaban marcados con pintura amarilla.
Llegó hasta final, hasta la pared del otro lado, y sentó su culo sobre el frío y duro asfalto con los hombros contra el húmedo cemento.
Mientras respiraba con fuerza, se sintió como si estuviera en el maldito trópico… seguramente los coletazos finales de los efectos de la necesidad en su cuerpo: Aunque había estado profundamente dormido por las drogas, estuvo en plena exposición, las pelotas le dolían como si las hubiera puesto en un cepo, todavía tenía la polla dura y las articulaciones doloridas como si las hubiera forzado incluso en la neblina de la morfina.
Apretando los dientes, se sentó a solas y miró al frente, hacia la oscuridad.
En este momento era el único lugar seguro para él.
Seguramente durante un rato.
*  *
Cuando Layla oyó gritar, asomó la cabeza por la puerta del gimnasio para ver quién estaba chillando, e inmediatamente se metió dentro. Tohr y Lassiter estaban teniendo una bronca y aquello no era algo en lo que quisiera meterse.
Tenía sus propios problemas.
A pesar de la necesidad de Autumn, había permanecido abajo en la clínica durante la noche, sabiendo que había pasado recientemente un tiempo arriba en el Santuario, así que no había razón para preocuparse por su ciclo. Es más, tampoco tenía otro lugar al que ir. Qhuinn y John sin duda estaban hablando con el Rey y el Primale en la casa principal, y muy pronto sería convocada para conocer su destino.
Se enfrentaba a un posible exilio… o peor, la muerte por ayudar a un traidor, se había pasado horas y horas y horas caminando por los márgenes del suelo color miel del gimnasio, pasando las gradas, los bancos, las entradas a la sala de EF y las puertas que daban al pasillo. Y entonces de vuelta una y otra vez.
Su ansiedad era tal que soltaba tensión como un hilador de lana, los hilos retorcidos se extendían para rodearle la garganta y bajaban para estrecharle las entrañas.
Pensaba sin cesar en Xcor y su subteniente. Había sido usada por ambos, pero especialmente por el último. Xcor no había querido compartir su vena. Se había opuesto… y cuando ella le hizo caso omiso hubo un profundo arrepentimiento en sus ojos porque sabía exactamente en la posición que la había puesto. El otro soldado no había tenido tal compulsión.
Es más, ella le culpaba… cualquier cosa que le cayera encima era cosa de él. Quizás se reencarnaría en un fantasma y lo acosaría durante el resto de sus noches… por supuesto, aquello asumiendo que la ejecutaran. Y si no la ejecutaban ¿qué iba a hacer? Seguramente la despojarían de sus deberes aquí al igual que su estatus de Elegida. ¿Adónde iría? No tenía nada propio, nada que no hubiera sido provisto a instancias del Rey o del Primale.
Siguiendo con su circuito, hizo frente de nuevo al vacío de sus días viva, y se preguntó a qué propósito serviría en el futuro.
La puerta se abrió en el otro extremo y ella se detuvo.
Los cuatro habían ido a buscarla: el Rey, el Primale, Qhuinn y John Matthew.
Enderezando la columna cruzó el gimnasio por el medio sosteniendo sus miradas. Cuando estuvo lo bastante cerca se inclinó hacia el suelo y no esperó a que se dirigieran a ella. Las costumbres de la corte eran el menor de sus problemas.
—Mi señor. Estoy preparada para aceptar toda la responsabilidad…
—Levántate, Elegida. —Una mano apareció frente a su rostro—. Levántate y estate tranquila.
Cuando jadeó y alzó la mirada, la sonrisa del Rey era suave y no esperó a que ella respondiera. Inclinándose hacia Layla, unió la mano con la suya y la ayudó a levantarse de su súplica. Y cuando ella echó un vistazo al Primale, sus ojos parecían increíblemente amables.
Layla solo sacudió la cabeza y se dirigió a Wrath.
—Mi señor, alimenté a vuestro enemigo.
—¿En aquel momento sabías quién era?
—No, pero…
—¿Creías que estabas ayudando a un soldado caído?
—Bueno, sí, pero…
—¿Has tratado de localizarlo de nuevo?
—Rotundamente no, pero…
—A decir verdad les dijiste a John y Qhuinn dónde estaba cuando te fuiste de la ciudad anoche.
—Sí, pero…
—Entonces basta de peros. —El Rey sonrió de nuevo y le puso la mano en el rostro, rozando su mejilla ligeramente a pesar de su ceguera—. Tienes un gran corazón y ellos lo sabían. Se aprovecharon de tu confianza y te utilizaron.
Phury asintió.
—En primer lugar debería haberte contado a quién estabas alimentado, pero la guerra es un embrollo, un asunto desagradable y no quería que te arrastrara con ella. Nunca se me pasó por la cabeza que Throe te buscaría… pero no debería sorprenderme. La Banda de Bastardos es implacable hasta la médula.
Apresuradamente ella se puso la mano libre sobre la boca, conteniendo un sollozo.
—Lo siento, os lo juro a ambos, no tenía ni idea…
Phury dio un paso y la arrastró contra él.
—Está bien. Todo está bien… no quiero que pienses en esto de nuevo.
Cuando giró la cabeza a un lado para descansarla sobre su fuerte pecho, supo que aquello era imposible. Consciente o no, había traicionado a la única familia que tenía y aquella no era la clase de cosa a la que alguien simplemente pudiera quitarle importancia… incluso si su estupidez estaba olvidada. Y aquellas tensas horas pasadas, cuando su destino era desconocido y su soledad revelada en su más completa extensión, tampoco iban a ser borradas.
—Lo único que pido —dijo Wrath—, es que si él contacta de nuevo contigo, o si alguno de ellos lo hace, nos lo digas inmediatamente.
Ella se soltó y tuvo la temeridad de tratar de agarrar la mano de la daga del Rey. Como si Wrath supiera lo que ella quería puso la mano sobre la suya inmediatamente con el enorme diamante negro destellando en su dedo.
Inclinó la cabeza y posó los labios sobre el símbolo de la monarquía y habló en la Antigua Lengua.
—Con todo lo que tengo y con todo lo que soy, así lo juro.
Mientras hacía el pacto con su Rey, frente al Primale y dos testigos, una imagen de Xcor le cruzó por la imaginación. Recordó cada detalle sobre su rostro y su cuerpo de guerrero…
Salido de ninguna parte, una inyección de calor la atravesó.
Sin embargo no importó. Su cuerpo tal vez sería un traidor, su corazón y su alma no lo eran.
Enderezándose, miró al Rey.
—Déjeme ayudarle a encontrarlo —se oyó a sí misma decir—. Mi sangre está en sus venas. Puedo…
Qhuinn la cortó.
—Rotundamente no. Joder, de ninguna manera…
Ella lo ignoró.
—Déjeme demostrarle mi lealtad.
Wrath negó con la cabeza.
—No tienes que hacerlo. Eres una hembra de valía y no vamos a poner en peligro tu vida.
—Estoy de acuerdo —dijo el Primale—. Nosotros nos ocuparemos de esos guerreros. No tienes que preocuparte de nada, y ahora quiero que te ocupes de ti. Pareces exhausta y debes estar hambrienta, ve a buscarte algo de comer y tomate una siesta en la mansión.
Wrath asintió.
—Lamento haber tardado tanto tiempo en venir contigo. Beth y yo estábamos en Manhattan teniendo un D y D y acabamos de volver al anochecer.
Layla asintió y estuvo de acuerdo con todo lo demás que se dijo, pero solo porque de pronto estaba demasiado exhausta para permanecer en pie mucho más tiempo. Afortunadamente, el Rey y el Primale se marcharon poco después y entonces Qhuinn y John tomaron el control dirigiéndola de vuelta a la mansión, llevándola a la cocina y sentándola en la barra mientras abrían la nevera y las puertas de la despensa.
Fue dulce por parte de ellos el servirla, especialmente dado que no estaban familiarizados con el lugar y ni siquiera sabían hervir un huevo. Sin embargo el pensamiento de comida le revolvió el estómago, produciéndole náuseas.
—Por favor, no —dijo ella, señalando las sobras de la Primera Comida—. Oh… queridísima Virgen Escriba… no.
Mientras se preparaban los platos de pavo, puré de patatas y alguna clase de mezcla de brócoli, ella intentó no ver u oler nada de aquello.
—¿Qué pasa? —dijo Qhuinn mientras se deslizaba sobre el taburete al lado de ella.
—No lo sé. —Debería estar aliviada de que Wrath y Phury fueran tan comprensivos con su trasgresión. En cambio, estaba más ansiosa que nunca—. No me siento bien… quiero ayudar. Quiero compensarlo. Yo…
John empezó a hacer señas sobre algo del microondas, pero lo que fuera, Qhuinn negó con la cabeza y se negó a traducirlo.
—¿Qué está diciendo? —le exigió. Cuando no obtuvo respuesta puso la mano sobre el brazo del macho—. ¿Qué está diciendo, Qhuinn?
—Nada. John no está diciendo nada de nada.
El otro macho no apreció que lo ignoraran pero tampoco discutió mientras preparaba un segundo plato de comida, sin duda para Xhex.
Después de que John se excusara para ir a alimentar a su shellan, el silencio en la cocina solo fue roto por el sonido del cubierto de plata de Qhuinn contra su plato.
No mucho después ella estaba de los nervios y conteniéndose para no gritar, y empezó a pasearse.
—En serio deberías descansar —susurró Qhuinn.
—Parece que no puedo calmarme.
—Intenta comer algo.
—Queridísima Virgen Escriba, no. Mi estómago es un revoltijo y aquí hace tanto calor.
Qhuinn frunció el ceño.
—No, no hace calor.
Layla siguió caminando, más y más rápido y suponía que era porque estaba intentando sacarse las imágenes de su cabeza: Xcor mirándola. Xcor tomando de su vena. El cuerpo enorme de Xcor… su cuerpo macizo de guerrero acostado ante ella y sin duda excitado por el sabor de su sangre…
—¿En qué coño estás pensando? —le preguntó Qhuinn de modo adusto.
Ella se detuvo de golpe.
—Nada. Nada de nada.
Qhuinn cambió de posición en el taburete y entonces de pronto apartó su plato a medio comer.
—Debería dejarte —anunció ella.
—Nah, está fría. Supongo que también estoy quisquilloso.
Cuando se levantó de la barra con los platos, los ojos de ella viajaron torso abajo y se abrieron de par en par. Él estaba… excitado.
Igual que ella.
Vestigios de la necesidad de Autumn, sin duda…
La ola de calor le llegó en tal ráfaga que apenas tuvo tiempo de agarrarse a la barra de granito para mantenerse en pie y no pudo contestar cuando oyó a Qhuinn gritar su nombre desde la distancia.
La necesidad se aferró a su cuerpo, cerrando su matriz en un puño, haciéndola doblarse bajo su fuerza.
—Oh… queridísima Virgen Escriba… —Entre las piernas su sexo se abrió alcanzando una plenitud que no tenía nada que ver con Xcor ni con Qhuinn o cualquier fuerza exterior.
La excitación provenía de su interior.
Su necesidad…
No había sido bastante. Las visitas al Santuario no habían sido suficiente para evitar que fuera atrapada por la necesidad de…
La siguiente oleada de anhelo amenazó con ponerla de rodillas pero Qhuinn estaba allí para atraparla antes de que se golpeara con las duras baldosas. Mientras la arrastraba a sus brazos ella supo que no tenía mucho tiempo para ser racional. Y sabía que la resolución que de pronto se topó con ella era una absolutamente injusta y totalmente innegable.
—Sírveme —le dijo interrumpiendo lo que él le estaba diciendo—. Sé que no me quieres y sé que después no estaremos juntos, pero sírveme para así poder tener algo que sea mío. Y así puedas tener algo que sea tuyo.
Cuando la sangre desapareció del rostro masculino y sus ojos disparejos salieron de sus órbitas, ella siguió hablando en rápidos jadeos.
—Ninguno de los dos tenemos familia de verdad. Ambos estamos solos. Sírveme… sírveme y cámbialo todo. Sírveme así tal vez tengamos un futuro que al menos en parte nos pertenezca… Sírveme, Qhuinn… te lo ruego… sírveme.
























Capítulo 62

Qhuinn estaba bastante seguro que estaba en un universo paralelo. Porque de ninguna manera Layla iba a entrar en su necesidad… y recurrir a él para llevarla a cabo.
Nah.
Esto era solo un reflejo de la manera en que era el mundo real, un mundo donde los biológicamente puros estaban pegados a sí mismos así que creaban generaciones de crías biológicamente puras y por consiguiente superiores.
—Sírveme y danos algo que sea nuestro… —Las hormonas en ella redoblaron esfuerzos hasta un nivel más nuevo y más alto, cortándole la voz. Sin embargo, pronto volvió con las mismas palabras—. Sírveme…
Cuando él empezó a jadear, no estaba claro si era por el sexo en su sangre o el vértigo creado por este inesperado precipicio del que estaba colgando.
La respuesta era no, por supuesto. No, rotundamente no, nada de niños, y seguro que no con alguien del que no estaba enamorado, y mucho menos con una Elegida virgen.
No.
No…
Joder, no, mierda, no, Dios, no, y mil veces no, no…
—Qhuinn… —gimió—. Eres mi única esperanza y yo la tuya…
Bueno, de hecho, eso no era cierto, al menos la primera parte. Cualquier otro macho de la casa (o del planeta) podría ocuparse de esto. Y por supuesto, inmediatamente después, tendrían que rendirle cuentas al Primale.
No era una conversación para la que se ofreciera voluntario.
Excepto… bien, ella tenía razón sobre la segunda parte. En su delirio, en su desesperación, ella expresaba lo mismo que él había estado pensando durante meses. Como ella, no tenía nada que fuera realmente suyo, ni perspectivas del amor verdadero, ni una razón permanente para levantarse cada puesta de sol más que la guerra. ¿Qué clase de vida era esa?
Bien, se dijo a sí mismo. Consíguete un maldito perro. La respuesta a todo aquello no era acostarse con esta Elegida.
—Qhuinn… por favor…
—Escucha, déjame llevarte con Doc Jane. Ella se ocupará bien de ti…
Layla negó con la cabeza de modo salvaje.
—No. Te necesito a ti.
Salido de ninguna parte, pensó: las crías eran un futuro que te pertenecía. Si las educabas bien, jamás te abandonarían de verdad, y no podrían llevárselas de tu lado si las mantenías a salvo.
Mierda, si Layla concebía, incluso el Primale no podría hacer una mierda, porque Qhuinn sería… el padre. Lo cual en términos vampiros era la máxima baza aparte del Rey, y Wrath no tocaría algo así de privado.
Por otra parte, si ella no se quedaba preñada, seguramente le machacarían sus queridísimas pelotas por mancillar a una hembra sagrada…
Espera un minuto. ¿En serio estaba considerándolo?
—Qhuinn…
Podría amar a un bebe, pensó. Amarlo con todo lo que era y siempre sería. Amarlo como no había amado a nadie, ni siquiera a Blay.
Cerrando los ojos brevemente, retrocedió en el tiempo a la noche en que había muerto y subió a la puerta del Fade. Pensó en aquella imagen que había visto, aquella pequeña hembra…
Jesús…
—Layla —dijo bruscamente, mientras la volvía a poner en pie—. Layla, mírame. Mírame.
Mientras la zarandeaba, ella pareció recomponerse concentrándose en el rostro masculino mientras le agarraba los brazos con las uñas.
—Sí…
—Estás segura. Segurísima, tienes que estar segura…
Por el más breve de los instantes, una completamente lúcida y bastante antigua expresión se abrió camino por sus bonitos y torturados rasgos.
—Sí, estoy segura. Vamos a hacer lo que debemos. Por el futuro.
Revisó el rostro femenino con cuidado, solo para estar seguro. Phury iba a cabrearse pero claro, incluso la Elegida tenía derecho a elegir y ella le estaba escogiendo a él, aquí mismo, ahora mismo: Por lo que veía era una solución permanente, asintió una vez, la volvió a levantar en brazos y salió de la cocina a grandes zancadas.
Su único pensamiento cuando llegó al final de la gran escalera era que iban a concebir en las próximas horas y ambos, la cría y Layla, iban a superarlo todo: el embarazo, el nacimiento y aquellas pocas horas críticas de después.
Layla y él iban a traer al mundo una hija.
Una hija rubia de ojos que tuvieran su forma, al principio con el color de los de la Elegida… antes de que cambiaran para ser uno azul y otro verde como los suyos.
Iba a tener una familia que le perteneciera.
Un futuro que le perteneciera.
Por fin.
*  *
Cuando Xhex salió de la ducha supo que John había vuelto, porque captó su aroma al igual que el olor de algo puñeteramente delicioso. Aplicándose de nuevo los cilicios que se había quitado para lavarse, se envolvió en una toalla y entró con paso suave a la habitación.
—Oh tío, pavo —dijo mientras él le tendía una bandeja.
Mirando por encima, sus ojos vagaron por su cuerpo como si quisiera comérsela a ella, pero entonces sonrió y volvió a sus quehaceres con lo que había traído para ambos.
—Esto es una sincronización perfecta —susurró mientras se subía a la cama—. Estoy hambrienta.
Después de que todo fuera colocado adecuadamente, desde la servilleta a los cubiertos, el vaso y el plato tapado, él le llevó la bandeja colocándola sobre sus piernas. Luego se retiró al otro lado de la habitación para dar cuenta de su comida en el diván.
¿Preferiría ser alimentado por la mano de ella? se preguntó mientras comían en silencio. A los machos vampiros les gustaba aquello… pero ella jamás tuvo la paciencia. La comida era energía para el cuerpo, no algo a lo que convertir en todo un día de San Valentín.
Se suponía que ambos eran capaces de excluir al otro, ¿no? Y algo se estaba tramando: La rejilla de John estaba en conflicto, hasta el punto en que sus emociones estaban casi congeladas.
—Me iré —dijo ella con tristeza—. Después de ver a mi madre, me iré…
No tienes que hacerlo le dijo con señas. No quiero que te vayas.
—¿Estás seguro? —Cuando él asintió ella tuvo que preguntarse, dado lo que su rejilla estaba tramando.
Pero vamos, un par de horas en el saco no iban a cerrar la clase de distancia que ellos habían estado balanceando últimamente.
De pronto, él respiró profundamente y paró de jugar con lo que tenía en el plato.
Escucha, tengo que contarte algo.
Ella dejó el tenedor y se preguntó cuánto iba a doler esto.
—De acuerdo.
Layla alimentó a Xcor.
—Qué co… lo siento, ¿te oí bien? —Cuando él asintió ella pensó: Bien, sabía que había un drama en marcha en el distrito del teatro, pero jamás se habría imaginado que sería así de grave.
Ella no sabía quién era. Throe la embaucó, la contactó, la encontró y se la llevó a Xcor.
—Jesús… —Como si el Rey necesitara otra razón para matar a ese cabronazo.
Así está la cosa. Ella quiere ayudar a encontrarlo… y con su sangre en las venas de él… puede. Sabe dónde estuvo anoche… lo sentía claro como el día. Ella puede ayudarte de verdad.
Xhex olvidó del todo la comida y la adrenalina le sacudió el cuerpo.
—Tío, si solo pudiera tenerla cerca de… ¿Hace cuánto que lo alimentó?
En el otoño.
—Mierda. Qué pérdida de tiempo. —Se levantó de golpe y fue a por sus pantalones de cuero recogiéndolos del suelo. Maldita sea, estaban descosidos por la mitad…
Todavía quedan otros en el armario.
—Oh, gracias. —Fue hacia allí e intentó no deprimirse mientras veía la ropa de ambos bien alineada. Dios…—. ¿Sabes dónde está?
Abajo en la cocina con Qhuinn.
Cuando la rejilla de John cambió, Xhex detuvo el proceso de sacar un par limpio. Entrecerrando los ojos sobre el hombro, dijo:
—Qué es lo que no me estás contando.
Wrath y Phury no quieren involucrarla. Ella se ofreció a ayudar y ellos le pararon los pies. Si la utilizas, no pueden saber jamás que lo hiciste… yo no puedo planteártelo más claro.
Xhex parpadeó, con la respiración congelada en sus pulmones.
Nadie puede saberlo, Xhex. Ni siquiera Qhuinn. Y huelga decir que tienes que mantenerla a salvo.
Cuando John se encontró con su mirada forzada, a ella no le importaba nada de esa mierda. Ni siquiera la oía.
Con esta pieza de información, él acababa de elegirla a ella y a su búsqueda por encima tanto del Rey como del Primale de su raza. Incluso más, le había tendido potencialmente la llave para infiltrarse en la Banda de Bastardos… y enviarla al vientre de la bestia.
Hablando de predicar con el ejemplo.
Xhex se olvidó de los pantalones y fue hacia él, tomándole el rostro con las manos.
—¿Por qué me estás contando esto?
Esto va a llevarte allí, vocalizó
Ella le apartó el cabello de su atractivo y tenso rostro.
—Sigue así…
¿Y qué?
—… y voy a deberte una.
¿Puedo elegir como cobrármela?
—Sí. Puedes.
Entonces quiero que te traslades de nuevo conmigo. O déjame vivir contigo. Quiero que estemos juntos otra vez como es debido.
Parpadeando con fuerza ella se inclinó y lo besó lentamente, a conciencia. Las palabras no significaban una mierda. Él había tenido razón en eso. Pero este macho, que había sido todo terquedad y obstáculos en la primavera, ahora le estaba despejando el camino para el éxito.
—Muchas gracias —susurró contra su boca, volcando todo lo que estaba sintiendo en aquellas dos simples palabras.
John le sonrió.
Yo también te quiero.
Tras besarlo una vez más se apartó, se puso a toda prisa un par de pantalones y agarró su camiseta sin mangas. Poniéndosela por la cabeza, ella…
Al principio pensó que el destello de calor que la traspasó era a causa de que estaba de pie justo debajo de una rejilla de calefacción en el techo. Pero cuando se movió y se le quedó pegada bajó la mirada hacia su cuerpo.
Echando un vistazo a John, lo vio ponerse tenso y miró a su regazo.
—Joder —susurró—. ¿Quién coño está ahora necesitada?
John fue a comprobar su teléfono y luego encogió los hombros.
—Seguramente debería salir de aquí —los symphaths normalmente podían controlar su fertilidad a voluntad y ella siempre había tenido suerte con eso. Como mestiza, sin embargo, no estaba dispuesta a arriesgarse con alguien que en realidad estaba pasando el rato en la puerta de al lado—. Estás seguro que mi madre había terminado cuando bajaste a ver a Layla. Mierda, apostaría que es ella. Apostaría que es la Elegida…
Un gemido se filtró por las paredes desde la derecha. Donde estaba la habitación de Qhuinn.
Los golpes amortiguados que siguieron solo podían significar una cosa.
—Santa mierda, es Qhuinn… —Si no fuera porque sabía la respuesta a eso. Enfocando sus sentidos a la puerta de al lado, ella captó sus rejillas. Nada de amor romántico entre ellos, más bien resolución por ambas partes.
Estaban haciendo lo que hacían con un fin que ella solo pudo adivinar. Pero ¿por qué querrían una cría? Esa mierda era una locura, en particular dada la clase social de la Elegida… y la de él.
Cuando otra oleada de la necesidad amenazó con sobrepasarla, Xhex se lanzó hacia su chaqueta y las armas.
—En serio debería irme. No quiero estar expuesta, sólo por si acaso.
John asintió y fue hacia la puerta.
—Ahora voy a ir a ver a mi madre. Layla va a estar ocupada durante un rato, pero después, hablaré con ella y te haré saber cómo va.
Estaré aquí. Esperando tus noticias.
Ella lo besó una vez, dos… una tercera vez. Y entonces él abrió la puerta y ella se fue.
En el instante que salió al pasillo, las hormonas le pegaron con dureza, golpeando su equilibrio.
—Mierda, no —refunfuñó, saliendo disparada hacia las escaleras y luego desmaterializándose abajo, en la puerta oculta debajo de estas.
Cuanto más se alejaba, más ella misma se sentía. Pero estaba preocupada por su madre. Gracias a Dios que tenía drogas para suavizar los bordes de ese crisol.
Seguramente Tohr no podía haberla servido. De ningún modo.
Saliendo del túnel hacia la oficina, entró a grandes zancadas por el largo pasillo del centro de entrenamiento. No había nada peculiar en el aire, y aquello fue un alivio. El período de fertilidad era violento, pero las buenas noticias eran que cuando terminaba salía por patas bastante rápido, aunque la hembra normalmente necesitaba un día o más para recuperarse completamente.
Metiendo la cabeza en la sala principal de examen, no encontró a nadie. Lo mismo con las dos salas de recuperación. Pero su madre estaba allí… podía sentirla.
—¿Autumn? —la llamó con un ceño—. ¿Hola? ¿Dónde estás?
La respuesta vino de alguna parte mucho más lejos, donde se solían dar las clases a los novatos.
Yendo hacia el sonido, se abrió paso a la clase de primaria y encontró a su madre sentada en una de las mesas que estaban frente a la pizarra. Las luces estaban encendidas sobre sus cabezas y no había nadie más allí con ella.
Nada bueno. Lo que tuviera la hembra en su mente… no era una buena situación.
¿Mahmen? —dijo Xhex mientras dejaba cerrarse la puerta lentamente tras ella—. ¿Qué estás haciendo?
Hora de andarse con cuidado. Su madre estaba inmóvil como una estatua e igual de compuesta, con todo bien colocado desde el tirante cabello trenzado hasta la ropa cuidadosamente combinada.
Sin embargo, aquella compostura total era falsa, nada más excepto símbolos externos de serenidad que la hacían parecer incluso más frágil.
—No estoy bien —Autumn sacudió la cabeza—. Nada bien. En absoluto bien.
Xhex se acercó a la mesa del instructor dejando las armas y la chaqueta.
—Al menos eres honesta.
—¿No puedes decir lo que tengo en mente?
—Tu rejilla está apagada. Eres muy difícil de leer.
Autumn asintió.
—Apagada… sí, eso lo encubriría. —Una larga pausa, tras la cual su madre miró alrededor—. ¿Sabes por qué vine aquí? Pensé que el residuo de la enseñanza se me pegaría. No funciona, tengo miedo.
Xhex bajó su culo lentamente sobre el pupitre.
—¿Te ha visto Doc Jane?
—Sí. Estoy bien. Y antes de que preguntes, no, no me sirvieron. No quise que lo hicieran.
Xhex exhaló aliviada. Aparte de la salud mental de su madre, los riesgos físicos de un embarazo y alumbramiento no eran algo necesario a lo que enfrentarse ahora mismo, aunque tal vez aquello era egoísta.
Vamos, aunque acababa de encontrar a la hembra, no quería perderla tan pronto.
Cuando los ojos de Autumn se alzaron un poco, había una franqueza en ellos que era nueva.
—Necesito un lugar para quedarme. Lejos de aquí. No tengo dinero, ni trabajo ni perspectivas, pero…
—Puedes trasladarte conmigo. Durante tanto tiempo como quieras.
—Gracias. —Aquellos ojos se apartaron y se rezagaron sobre la pizarra—. Deberé esforzarme para ser una buena invitada.
—Eres mi madre. No una invitada. Escucha, ¿qué ha pasado?
La otra hembra se levantó.
—¿Podemos irnos ahora?
Mierda, aquella rejilla estaba totalmente cerrada. A cal y canto. Cubierta por su propia protección. Como si hubiera sido atacada de algún modo.
Sin duda ahora no era el momento de presionar.
—Eh, sí, claro. Podemos irnos. —Xhex se levantó de la mesa—. ¿Quieres informar a Tohr antes de irnos?
—No.
Xhex esperó alguna clase de explicación después de aquello, pero no llegó ninguna. Lo cual le dijo todo.
—¿Qué te hizo, mahmen?
Autumn levantó la barbilla, su dignidad la hacía más hermosa que nunca.
—Me dijo lo que pensaba de mí. Bastante sucintamente. Así que llegados a este punto, creo que él y yo no tenemos nada más que decirnos el uno al otro.
Xhex entrecerró los ojos, la ira se enroscaba en sus entrañas.
—¿Nos vamos? —dijo su madre.
—Sí… claro…
Pero iba a averiguar qué coño había pasado, eso estaba claro.

Capítulo 63

Después de que las persianas se levantaran de los alféizares y la noche se llevase de repente la luz del cielo, Blay salió de la sala de billar con la intención de hablar con Saxton en la biblioteca y luego subir a ducharse para la Primera Comida.
No fue mucho más lejos del tronco del manzano del mosaico, en el vestíbulo.
Parando en seco, miró hacia sus caderas. Una palpitante erección le había noqueado, la excitación era tan inesperada como lo era la exigencia.
Qué… mirando hacia arriba, se preguntó quien más había entrado en su necesidad. Era la única explicación.
—Puede que no quieras la respuesta a eso.
Mirando hacia atrás, encontró a Saxton de pie en el arco de la biblioteca.
—¿Quién?
Pero lo sabía. Lo sabía condenadamente bien.
Saxton señaló con su elegante mano hacia atrás.
—¿No quieres venir y tomar una bebida conmigo en mi oficina?
El macho también estaba excitado, los pantalones de su magnífico traje de espiga sobresalían dando forma a la bragueta… sin que su cara hiciese juego con su erección. Estaba sombrío.
—Ven —repitió, haciendo señales de nuevo con la mano—. Por favor.
Los pies de Blay se pusieron a trabajar, llevándole dentro del caótico desorden en que estaba la biblioteca desde que a Sax le había sido dada su “misión”. Cualquiera que fuera.
Cuando Blay dio un paso dentro, oyó las puertas dobles haciendo clic en su lugar detrás de él, y buscó en su mente algo que decir.
Nada. No tenía… nada. Especialmente porque sobre su cabeza, en el techo adornado con una moldura de yeso, empezó a sonar un golpeteo apagado.
Incluso los cristales de la araña titilaban, como si la fuerza del sexo estuviese siendo transmitida a través de las vigas del suelo.
Layla estaba en su necesidad. Qhuinn estaba sirviéndola…
—Toma, bebe esto.
Blay cogió lo que se le estaba ofreciendo y lo apuró como si su estómago estuviese en llamas y la mierda fuese agua. Sin embargo, el efecto fue el contrario a cualquier extinción. El brandy quemó el camino hacia abajo y aterrizo en una bola de calor.
—¿Lo vuelvo a llenar? —dijo Saxton.
Cuando él asintió con la cabeza, la copa desapareció y volvió mucho más llena. Después de tragar la número dos, dijo,
—Estoy sorprendido…
De lo horrible que se sentía esto. Había pensado que todos los lazos entre él y Qhuinn habían sido cortados. Ja. Debería haberlo sabido mejor.
Sin embargo, se negó a terminar el pensamiento en voz alta.
—… de que puedas manejar este desorden —añadió.
Saxton fue a la barra y se sirvió su propia bebida.
—Me temo que los desechos son necesarios.
Mientras Blay se acercaba al escritorio, rodeó su brandy con la palma de la mano para calentarlo e intentó hablar de forma razonable.
—Me sorprende que no estés utilizando más los ordenadores.
Saxton cubrió su trabajo discretamente con otro volumen encuadernado en cuero.
—La ineficacia de tomar notas a mano me da tiempo para pensar.
—Me sorprende que lo necesites… tu primer instinto siempre es correcto.
—Estás sorprendido por un montón de cosas ahora mismo.
Realmente sólo una.
—Sólo entablando conversación.
—Por supuesto.
Finalmente, le echó una ojeada a su amante. Saxton se había arrellanado en un sofá de seda al otro lado, las piernas cruzadas a la altura de las rodillas, los calcetines de seda rojos asomando por debajo de los dobladillos meticulosamente planchados, los mocasines Ferragamo brillando por un pulido constante. Cada parte de él era tan refinada y cara como la antigüedad sobre la que estaba sentado, un macho perfectamente elegante de una línea de sangre perfectamente destacada con un gusto y estilo perfecto.
Era todo lo que cualquiera querría…
Cuando la jodida araña titiló sobre su cabeza, Blay dijo con aspereza,
—Todavía estoy enamorado de él.
Saxton bajó los ojos y se sacudió la parte superior del muslo, como si pudiese haber habido una pequeña pelusa allí.
—Lo sé. ¿Pensabas que no lo estabas?
Como si eso fuese lo bastante estúpido para él.
—Estoy jodidamente cansado de esto. Realmente lo estoy.
—Eso creo.
—Estoy tan jodido… —Dios, esos sonidos, esos golpes amortiguados, esa audible confirmación de lo que había estado ignorando durante el pasado año…
En una repentina ola de violencia, lanzó la copa de brandy a la chimenea de mármol, rompiéndola.
—¡Joder! ¡Joder! —Si hubiese podido, habría saltado y arrancado el maldito dispositivo de iluminación de los cojones del maldito techo de los cojones.
Girando alrededor, fue ciegamente a por las puertas, tropezando sobre los libros, desordenando las pilas, a punto de golpearse él mismo contra una mesa de café.
Saxton lo consiguió primero, bloqueando el camino con su cuerpo.
Los ojos de Blay se trabaron sobre la cara del macho.
—Sal de mi camino. Exactamente ahora. No quieres estar a mí alrededor.
—No debería decidir yo eso.
Blay cambió su enfoque hacia esos labios que conocía tan bien.
—No me empujes.
—O. Qué.
Cuando su pecho empezó a bombear, Blay se dio cuenta de que el tipo sabía exactamente a lo que se estaba exponiendo. O al menos pensó que lo hacía. Pero algo había llegado a alterarlo: tal vez era la necesidad, quizá era…
Mierda, no lo sabía, y realmente no le importaba.
—Si no sales de mi jodido camino, voy a inclinarte sobre ese escritorio tuyo…
—Demuéstralo.
Cosa equivocada para decir. En el tono equivocado. En el momento equivocado.
Blay dejó salir un rugido que sacudió las ventanas con cristales en forma de diamante. Entonces agarró a su amante por la parte de atrás de la cabeza y prácticamente lanzó a Saxton al otro lado de la habitación. Cuando el macho se agarró al escritorio, los papeles salieron volando, el confeti de blocs legales amarillos e impresiones de ordenador, cayendo como nieve.
El torso de Saxton se curvó alrededor mientras miraba hacia atrás, a lo que estaba yendo hacia él.
—Demasiado tarde para correr —gruñó Blay mientras rasgaba la bragueta de botones.
Cayendo sobre el macho, fue brusco con las manos, rasgando a través de las capas que le impedían lo que quería tomar. Cuando no hubo más obstáculos, desnudó los colmillos y mordió el hombro de Saxton a través de sus ropas, bloqueando al macho debajo de él incluso mientras le agarraba las muñecas y prácticamente las clavaba en el papel secante de cuero.
Y entonces empujó duro y dejó salir todo lo que tenía, su cuerpo tomando el control… incluso mientras su corazón estaba muy, muy lejos.
*  *
La cabaña, como la llamaba Xhex, era un alojamiento muy modesto.
Mientras Autumn se paseaba por el interior, había poco para interponerse en su recorrido. El espacio de la cocina no era más que armarios y encimeras. El salón ofrecía poco más que una vista del río, con sólo dos sillas y una pequeña mesa como mobiliario. Sólo había dos habitaciones, una con un par de colchones, y otra con una plataforma de dormir más grande y singular. Y el baño era estrecho pero limpio, con una sola toalla colgando de la barra de la ducha.
—Como te dije —dijo Xhex desde la habitación principal—, no es mucho. También hay una instalación subterránea para ti durante el día, pero tenemos que acceder a ella a través del garaje.
Autumn volvió desde el baño.
—Creo que es hermoso.
—Está bien, puedes ser sincera.
—Creo lo que digo. Eres una hembra sumamente funcional. Te gustan las cosas que funcionan bien y no te gusta perder el tiempo. Es un hermoso lugar para ti. —Ella desplazó los ojos alrededor una vez más—. Todos los accesorios que llevan el agua de entrada y salida son nuevos. Así como los radiadores para el calor. La cocina tiene mucho espacio para cocinar, con un fogón que cuenta con seis fuegos, no cuatro… y es alimentado con gas, por lo que no tienes que preocuparte por la electricidad. El tejado es de pizarra y, en consecuencia, duradero, y los suelos no rechinan… así que supongo que el sótano está tan cuidado como todo lo demás. —Ella giró de una esquina a la siguiente—. Desde todos los ángulos hay una ventana para mirar fuera, por lo que nunca te pillarán desprevenida, y veo que hay cerraduras de cobre por todas partes. Perfecto.
Xhex se quitó la chaqueta.
—Eso es, eh… muy perspicaz por tu parte.
—No realmente. Es obvio para cualquiera que te conozca.
—Estoy… Estoy realmente contenta de que tú lo hagas.
—Yo también.
Autumn cruzó hacia las ventanas y miró al agua. Fuera, la luna lanzaba un brillo de luz hacia abajo, sobre el paisaje nevado, la iluminación refractada parecía azul a sus ojos.
Estás enamorada de mí. No te molestes en negarlo… me lo dices en sueños cada día… Y sabes perfectamente que la única razón por la que estoy contigo es para sacar a Wellsie del Between. Así que no me digas que no te vengo que ni pintado…
—¿Mahmen?
Autumn se enfocó en el reflejo de su hija en el cristal.
—Lo siento, ¿qué?
—¿Quieres decirme que pasó entre Tohr y tú?
Xhex aún tenía que quitarse las armas, y mientras estaba allí de pie, era tan poderosa, segura, fuerte… Ella no se inclinaría ante ningún macho ni ante nadie, ¿y no era eso tan maravilloso? ¿No era una bendición más allá de toda medida?
—Estoy tan orgullosa de ti —dijo Autumn, girando para enfrentarse a la hembra—. Quiero que sepas que estoy muy, muy orgullosa de ti.
Xhex bajó los ojos al suelo y se pasó una mano por el pelo como si no supiese como manejar los elogios.
—Gracias por traerme —continuó Autumn—. Voy a tratar de ganarme el sustento durante el tiempo que esté aquí, y contribuir de alguna pequeña forma.
Xhex sacudió la cabeza.
—Te lo sigo diciendo, no eres una invitada.
—Sea como sea, no voy a ser una carga.
—Me vas a hablar sobre Tohr.
Autumn observó las armas que aún colgaban de las fundas de cuero, y pensó que el brillo del metal de armas era muy parecido a la luz en los ojos de su hija: una promesa de violencia.
—No tienes que estar enfadada con él —se escuchó decir—. Lo que ocurrió entre nosotros fue consensuado, y terminó por… una razón apropiada. Él no hizo nada mal.
Mientras hablaba, no estuvo segura de lo que realmente pensaba sobre todo eso, pero tenía clara una cosa: No iba a crear una situación donde Xhex fuese detrás del macho con todas las pistolas resplandeciendo… literalmente.
—Me has escuchado, hija mía. —No era una pregunta, era una orden… la primera que había hecho que incluso sonara como un padre a un joven—. No tienes que buscar un motivo con él, o hablar de esto con él.
—Dame una razón de por qué.
—Conoces las emociones de otros ¿verdad?
—Sip.
—Cuándo fue la última vez que conociste a alguien que se había permitido enamorarse de alguien más. Alguien que hubiese forzado sus sentimientos en una dirección dada, cuando en su estado natural, su corazón se desgarraba por alguien más.
Xhex maldijo un poco.
—Nunca. Es una receta para el desastre… pero todavía puedes ser respetuoso con la forma en la que expresas las cosas.
—Envolver para regalo unas palabras no cambia la esencia de la verdad. —Autumn miró hacia atrás, a la nieve del paisaje y al río que estaba parcialmente congelado—. Y yo preferiría saber que es real más que vivir una mentira.
Hubo silencio entre ellas durante un momento.
—¿Es suficiente como “por qué”, hija mía?
Otra maldición. Pero entonces Xhex dijo,
—No me gusta esto… pero sip, lo es.

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