domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 67 68 69

Capítulo 67

Varias noches después de la llegada de Autumn a la cabaña de Xhex, una toalla lo cambió todo.
Era sólo una toalla de manos blanca, recién salida de la secadora, destinada a ser colocada en el exterior del baño y utilizada por cualquiera de ellas. Nada especial. Nada que Autumn no hubiera manejado en la mansión de la Hermandad o en el Santuario a lo largo de décadas y décadas y décadas.
 Pero ése era el punto.
 Mientras la sostenía en sus manos, sintiendo el calor y el suave tejido, empezó a pensar en toda la ropa que había lavado. Y en las bandejas de comida que había entregado a las Elegidas. Y en las plataformas de cama que había hecho. Y en las pilas de cuartos de baño, en toallas y en cuanto había frotado…
Años y años de servicio de limpieza que había estado orgullosa de hacer…
Te has estado comportando como una mártir durante siglos.
—No lo he hecho. —Volvió a doblar la toalla. Y a desdoblarla de nuevo.
Mientras sus manos hacían el trabajo por sí mismas, la voz enfadada de Tohr se negó a ceder. De hecho, se hizo aún más fuerte en su cabeza mientras salía y veía los suelos brillantes después de haberlos pulido y las ventanas resplandecer, y la cocina limpia como una patena.
Ese symphath fue tu culpa. Yo soy tu culpa. El peso del mundo es tu culpa…
—¡Basta! —susurró ella, llevándose las manos a las orejas—. ¡Para!

Por desgracia, el deseo de ser sorda se frustró. Mientras cojeaba alrededor de la pequeña casa, no estaba atrapada por los confines del techo y las paredes, sino por la voz de Tohrment.
El problema era que no importaba a dónde fuera o que mirara, había algo que había frotado o alisado o pulido justo delante de ella. Y sus planes para la noche habían incluido más de lo mismo, aunque no había necesidad demostrable para más limpieza.
Finalmente, se obligó a sentarse en una de las dos sillas que daban al río. Extendiendo la pierna, miró la pantorrilla que no había estado recta o funcionando correctamente desde hacía mucho tiempo.
Disfrutas siendo la víctima, eso es todo lo que eres.
Tres noches, pensó. Le había llevado tres noches mudarse a este lugar y deslizarse directamente al papel de la criada…
En realidad, no, ella lo había iniciado tan pronto como se había despertado después de esa primera puesta de sol.
Sentándose, respiró el perfume con olor a limón de la cera para muebles y sintió una imperiosa necesidad de levantarse, buscar un trapo y empezar a limpiar las mesas y mostradores. Lo que era parte de su patrón, ¿verdad?
Con una maldición, se obligó a permanecer sentada, mientras una repetición de esa horrible conversación con Tohrment revolvía su cerebro una y otra vez...
Inmediatamente después de que él se fuera, se había quedado en estado de shock. A continuación habían llegado grandes olas de la ira.
 Esta noche, sin embargo, escuchaba realmente sus palabras. Y teniendo en cuenta que estaba rodeada por la evidencia de su conducta, era difícil discutir lo que había dicho.
Estaba en lo cierto. Por cruel que hubiera sido la expresión de la verdad, Tohrment estaba en lo cierto.
A pesar de que lo había redactado todo en términos de servicio a los demás, sus "deberes" habían sido menos una penitencia y más un castigo. Cada vez que había limpiado detrás de otros o inclinado la cabeza bajo la capucha o arrastrado los pies para pasar inadvertida, había habido una satisfactoria pizca de dolor en su corazón, un pequeño corte que se curaba casi tan rápido como era infligido...
Diez mil cortes, a lo largo de demasiados años para contarlos.
De hecho, ninguna de las Elegidas le había dicho que limpiara detrás de ellas. Tampoco la Virgen Escriba. Lo había hecho ella misma, proyectando su propia existencia en el molde de siervo inútil que hacía reverencias durante milenios.
Y todo por culpa de...
Una imagen de ese symphath volvió a ella y por un breve momento, recordó su olor, la sensación de su piel demasiado lisa y la visión de esas manos de seis dedos sobre su carne.
Sin embargo, mientras la bilis le subía por la garganta, se negó a ceder a ella. Le había dado a él y a esos recuerdos demasiado peso durante demasiados años...
De repente, se imaginó en su habitación en la mansión de su padre, justo antes de que fuera secuestrada, dando órdenes al doggen, insatisfecha por todo lo que había a su alrededor.
Había ido de señora a criada por su propia elección, lanzándose a sí misma entre los dos extremos, de la superioridad absoluta a la inferioridad auto infringida. Ese symphath había sido el agente de unión, su violencia unía los extremos del espectro de tal manera que en su mente uno fluía al otro, la tragedia superando el derecho y dejando a su paso a una mujer arruinada que había hecho sufrir a su nuevo status quo.
Tohrment tenía razón: se había castigado desde entonces... y negarse las drogas durante su necesidad había sido parte integrante de ello. Había elegido ese dolor, tal como había elegido su bajo estatus en la sociedad, tal como se había entregado a sí misma a un hombre que nunca podría y nunca sería suyo.
Te he estado utilizando y la única persona a la que le está funcionando esto es a ti, a mí no me lleva a ninguna parte. Las buenas noticias es que todo esto va a darte una gran excusa para torturarte aún más a ti misma....
 La necesidad de atacar de alguna forma al polvo, de frotar con las manos hasta que el sudor manchara su frente, de trabajar hasta que su espalda le doliera y su pierna gritara, era tan fuerte que tuvo que agarrarse a los brazos de la silla para mantenerse donde estaba.
—¿Mahmen?
Se dio la vuelta y trató de salir de la espiral.
—Hija mía, ¿cómo te va?
—Siento haber llegado tan tarde a casa. Hoy he estado… ocupada.
—Oh, eso está muy bien. ¿Puedo pedirte algo…? —Ella se detuvo—. Yo...
La fuerza de la costumbre era tan fuerte que se encontró aferrándose a la silla otra vez.
—Está bien, mahmen —murmuró Xhex—. No es necesario que me esperes. En realidad, no quiero que lo hagas.
Autumn se llevó una mano temblorosa al final de la trenza.
—Me siento inquieta esta noche.
—Puedo sentirlo. —Xhex se acercó, su cuerpo enfundado en cuero fuerte y seguro—. Y sé por qué, por lo que no tienes que explicármelo. Es bueno dejar pasar las cosas. Tienes que hacerlo si quieres avanzar en tu vida.
Autumn se concentró en las ventanas oscuras, imaginando el río de más allá.
—No sé qué hacer conmigo misma si no soy una sirvienta.
—Eso es lo que necesitas averiguar, que te gusta, a dónde quieres ir, cómo deseas llenar tus noches. Así es la vida… si tienes suerte.
—En vez de posibilidades, sólo veo el vacío.
Sobre todo, sin…
No, no pensaría en él. Tohrment había dejado más que claro donde estaba su relación.
—Hay algo que probablemente deberías saber —dijo su hija—. Sobre él.
—¿He dicho su nombre?
—No tienes que hacerlo. Escucha, él es…
—No, no, no me lo digas. No hay nada entre nosotros. —Querida Virgen Escriba, dolía decirlo—. Nunca lo hubo, por lo que no necesito saber sobre él.
—Está cerrando su casa, la que compartieron él y Wellsie Pasó toda la noche empacando cosas, regalando sus cosas, preparando los muebles para sacarlo, va a vender el lugar.
—Bien… es bueno para él.
—Va a venir a verte.
Autumn saltó de la silla y fue a las ventanas, su corazón latía con fuerza en su pecho.
—¿Cómo lo sabes?
—Me lo dijo hace un momento, cuando fui a entregar el informe al Rey. Dijo que va a pedirte disculpas.
Autumn llevó las manos al frío cristal, las yemas de sus dedos se entumecieron rápidamente.
—Me pregunto por qué parte. ¿Sobre la idea de que tenía razón? ¿O sería la honestidad con la que habló cuando dijo que no sentía nada por mí, que era meramente un vehículo para liberar a su amada? Ambas cosas son ciertas, y por lo tanto, aparte de su tono de voz, no hay nada por lo que disculparse.
—Te hirió.
—No más de lo que he estado antes. —Apartó las manos y empezó a frotarlas para darse calor—. Él y yo nos hemos cruzado dos veces en nuestras vidas, y no puedo decir que desee continuar con la asociación. Aunque su evaluación sobre mi carácter y mis defectos sea correcta, no necesito tener que aclararlo de nuevo, ni siquiera dorándolo con las sílabas de “Lo siento”. Ese tipo de palos, con uno es suficiente.
El silencio se estiró.
—Como sabes —dijo Xhex en voz baja—, John y yo hemos estado teniendo problemas. Grandes problemas, del tipo de mierda con el que no podría vivir a pesar de que le amaba. Realmente pensé que todo había terminado, lo que me convenció de lo contrario no fue lo que dijo, sino lo que hizo.
 La voz de Tohrment regresó: Sabes muy bien que la única razón por la que estoy contigo es para sacar a Wellsie del Between.
—Hay una diferencia, hija. Tu compañero está enamorado de ti… y al final del día, eso lo significa todo. Incluso si Tohrment dejara partir a su shellan, nunca me amará.
La buena noticia es que todo esto va a darte una gran excusa para torturarte a ti misma aún más.
No, pensó. Había acabado con eso.
Era hora de un nuevo paradigma.
Y aunque Autumn no tenía idea de lo que era, estaba absolutamente segura de que iba a averiguarlo.
—Escucha, tengo que darme prisa —dijo Xhex—. Pero espero que esto no lleve mucho… volveré tan pronto como pueda.
Autumn miró por encima del hombro.
—No te apresures por mi culpa. Tengo que acostumbrarme a estar sola… y bien podría empezar esta noche.
Cuando Xhex salió de la cabaña, tuvo la precaución de cerrar detrás y deseó poder hacer más por su madre que simplemente girar la cerradura: la reorientación emocional de Autumn era extrema, la rejilla interior de la mujer estaba revuelta.
Pero eso era lo que sucedía a la gente cuando finalmente conseguía una imagen clara de sí misma después de eones de sublimación.
 No es un lugar feliz. Y era difícil de ver. Difícil de dejar atrás… pero Autumn estaba en lo cierto. Llegaba un momento en la vida de cada uno cuando se daban cuenta de que, a pesar del tiempo que habían estado huyendo de sí mismos, de adondequiera que iban, allí estaban: las adicciones y compulsiones no eran más que bandas de música de distracción, ocultando verdades que eran desagradables, pero en última instancia, innegables.
 La hembra necesitaba algún tiempo para sí misma. Tiempo para pensar. Tiempo para descubrir. Tiempo de perdonar... y seguir adelante.
¿Y en cuanto a Tohrment? Había una parte de Xhex que realmente quería borrar lo que había dicho a su madre sobre lo de esconderse. Excepto que había estado a su alrededor y él estaba sufriendo de maneras contra las que una mandíbula magullada no podía competir. Era difícil saber cuánto de ello era la mierda con Autumn y cuánto Wellsie, su instinto le decía que, sin embargo, lo iban a averiguar muy pronto. El Hermano apenas había comenzado el desmantelamiento de la casa y a regalar la ropa de Wellsie.
Su juego final estaba muy muy claro.
Entonces se darían cuenta de lo mucho que le importaba Autumn.
Con eso, Xhex se desmaterializó y se dirigió hacia el este. Había pasado todo el día en el terreno de Xcor, sin acercarse nunca a más de quinientos metros. La cuadrícula del macho había estado clara tan pronto como lo tuvo al alcance y había tenido la precaución de tener en cuenta también a los soldados antes de dirigirse al norte, a la mansión e informar al Rey.
 Y ahora estaba de nuevo bajo el velo de la noche, moviéndose lentamente a través del bosque, lanzando sus sentidos symphath.
Cerca de la zona donde las cuadrículas habían estado concentradas durante las horas diurnas, se desmaterializó a intervalos de cien metros, tomándose su tiempo, usando las ramas de pino como cobertura. Joder, la mierda como esta le hacía apreciar realmente los árboles de hoja perenne, sus ramas suaves no sólo la ocultaban, sino que proporcionaban una cubierta de tierra sin nieve que ocultaba sus huellas mientras iba de tronco en tronco.
La casa vacía que finalmente encontró estaba exactamente como había esperado que estuviera. Hecha de piedra tosca, era robusta y tenía pocas ventanas, el bunker perfecto. Y, por supuesto, la ironía era que con su tejado cubierto de nieve y sus alegres chimeneas, el lugar parecía como algo sacado de una tarjeta de Navidad.
Ho-ho-ho, la estación de los redobles.
Mientras reconocía los alrededores, la van que estaba estacionada a un lado parecía pertenecer a otro lugar, una inyección no bienvenida de modernidad en lo que parecía ser una imagen decididamente anticuada. Y lo mismo era cierto para las líneas eléctricas que entraban y se anclaban en la esquina trasera.
 Xhex se convirtió en sombra y se dirigió al flanco trasero. Era imposible saber si había electricidad o no: no había luces encendidas, la casa estaba a oscuras como el interior de un cráneo.
Lo último que quería era disparar una alarma.
Excepto que un rápido vistazo al cristal de una ventana le hizo fruncir el ceño. Nada de persianas, a menos que estuvieran en el interior. Más importante aún, nada de barras de acero. Por otro lado, la parte subterránea sería la prioridad, ¿verdad?
Rodeándola, miró por todas las ventanas, a continuación, se desmaterializó hasta el techo para comprobar la buhardilla del tercer piso.
Totalmente vacía, pensó con otro ceño. Y no bien fortificada.
De vuelta al nivel del suelo, sacó sus dos pistolas, tomó una respiración profunda y...
Tomando forma dentro de la casa, entró en modo de ataque completo, la espalda contra la esquina del salón vacío y polvoriento, las automáticas delante de ella.
Lo primero que observó era que el aire dentro era tan frío como fuera. ¿Acaso no tenían calefacción?
Lo segundo… no hubo ningún sonido de alarma.
Tercero: Nadie apareció de la nada, dispuesto a defender el territorio.
Sin embargo, eso no significaba que hubiera un disparador. Lo que era más probable es que les importara una mierda lo que había en este piso o por encima.
Con cuidado, se desmaterializó a la puerta de la habitación de al lado. Y a la siguiente. La ubicación lógica de las escaleras del sótano sería la cocina, y vaya que sí, encontró lo que asumió que eran las escaleras justo donde esperaba que estuvieran.
Y vaya, vaya, la puerta que la mantenía fuera lucía una sólida cerradura nueva de cobre.
Le llevó unos cinco minutos forzar a la puta, y para entonces tenía los nervios de punta. Cada sesenta segundos se detenía y escuchaba atentamente, a pesar de que su lado symphath estaba a plena potencia todo el tiempo, había dejado sus cilicios en la cabaña.
Cuando finalmente destrabó la cerradura, abrió la puerta una fracción… y tuvo que soltar una risa seca: las bisagras chirriaban lo suficientemente fuerte como para despertar a los muertos.
Era un truco fiable y antiguo… y estaba dispuesta a apostar que todas las puertas y ventanas del lugar estaban igualmente sin engrasar, las escaleras probablemente también crujían como una vieja si ponías algo de peso sobre ellas. Sí, al igual que había hecho la gente antes de que la electricidad hubiera sido inventada, un buen oído y la falta de lubricante era una alarma que no necesita batería o una fuente de alimentación.
Poniéndose la linterna entre los dientes para poder sostener un arma en cada mano, buscó lo que podía ver de la escalera de madera. En la parte inferior había un suelo de tierra, y se lanzó hacia allí, girando rápidamente en una postura defensiva.
Literas: tres juegos de arriba y abajo con una sola a un lado.
Ropa de tallas grandes. Velas para luz. Cerillas. Material de lectura.
Cables de carga de teléfonos móviles. Uno para un ordenador portátil.
Y eso era todo.
Nada de armas. Ni electrónica. Nada que ofreciera algún tipo de identificación.
Aunque, la Banda de Bastardos había comenzado como nómadas, por lo que sus efectos personales eran pocos y transportables, y esto era parte de la razón por la que eran tan peligrosos: podían trasladarse en un santiamén y no dejaban ningún rastro significativo detrás.
Este era sin duda su sanctasanctórum, el lugar donde eran relativamente vulnerables durante el día y se protegían en consecuencia: las paredes, el techo y la parte de atrás de la puerta estaban cubiertos con malla de acero. No había modo de llegar hasta aquí, o salir, si no era a través de la apertura de encima.
Se dio la vuelta lentamente, en busca de una trampilla, una entrada de túnel, cualquier cosa.
Necesitarían una instalación de almacenamiento de municiones en algún lugar: incluso tan poco asentados como les gustaba ser, no había manera de que pudieran salir noche tras noche comprando solo las suficientes balas para llegar hasta el amanecer.
Necesitarían un almacén.
Concentrándose en la cama sencilla, supuso que Xcor, como su líder, y no hacía falta ser un genio para darse cuenta de que si había algún escondite, sería en su área, tenía exactamente la clase de mente sospechosa que no confiaba plenamente ni siquiera en sus propios soldados.
Investigando la cama con la linterna, buscó algún mecanismo, ya fuera una alarma, una bomba o una trampilla. Al no encontrar ninguno, envainó las armas un momento y levantó la estructura metálica, moviéndola a un lado. Sacando un detector de metales manual en miniatura, escaneó el suelo de tierra y...
—Hola, muchachos —murmuró.
Su excelente y práctico equipo captó un esquema perfectamente cuadrado que medía un metro veinte por ochenta. Arrodillándose, utilizó uno de sus cuchillos para desplazar el suelo alrededor de los bordes periféricos. Fuera lo que fuese, estaba profundamente enterrado.
Xhex se congeló cuando su agudo oído le informó de que se había detenido un coche.
No era uno de los bastardos o sus secuaces. La red emocional era demasiado sencilla.
¿Un doggen llegando con provisiones?
Apareciendo en lo alto de las escaleras, cerró la puerta tanto como pudo, sin reenganchar la cerradura, y luego volvió a la caja enterrada. Moviéndose mucho más rápido ahora, mantuvo la oreja atenta a los pasos que crujían en el primer piso...
En el lado largo del rectángulo, utilizó la punta de su cuchillo para sondear la tierra apisonada en busca de un asa. Al no encontrar nada, repitió la investigación en el corto…
Bingo. Limpiando la tierra, agarró un anillo circular, se volvió a poner la linterna entre los dientes y tiró con todo lo que tenía. La tapa pesaba tanto como un capó de coche y tuvo que tragarse su gruñido…
Vaya. Hablando de arsenal.
En la gran caja había pistolas, escopetas, cuchillos, municiones, productos de limpieza... todo ello bien ordenado, obviamente en un medio ambiente hermético.
Entre todo eso había una caja de plástico duro, larga y negra, de un rifle.
La sacó y la puso en el suelo junto a ella. Una mirada a la cerradura y maldijo. Activada por huellas dactilares.
Como fuera. La maldita cosa era lo suficientemente grande para albergar una o quizás dos largas narices. Por lo tanto, iba a venir con ella.
Con manos rápidas y seguras, cerró la tapa, lo llenó de tierra y golpeó la superficie para endurecerla una vez más. Cubrir su rastro le llevó menos tiempo del que pensaba, y antes de que se diera cuenta, ya estaba devolviendo la cama a su lugar.
Recogiendo la caja con la mano izquierda, escuchó. La doggen estaba subiendo las escaleras, la red de la hembra era tan poco notable como lo había sido cuando llegó: no había oído nada, no sabía nada.
Mirando a su alrededor, Xhex pensaba que era poco probable que la doncella tuviera la llave de aquí abajo. Xcor sería demasiado astuto para eso. Pero aún así, no era seguro perder el tiempo. Incluso si le habían dado instrucciones a la doggen para que solo hiciera el piso de arriba, uno de los bastardos podría herirse en el campo en cualquier momento, y aunque ella no tenía ninguna duda en luchar contra uno de ellos, o con todos los cabrones, si el arma estaba de hecho en esa caja, necesitaba sacarla de inmediato.
Hora de reunirse y saludar.
Mientras se desmaterializaba hasta el rellano de la escalera, su peso en el escalón superior reveló un crujido de la madera.
En el otro extremo, la doggen gritó:
—¿Sire? —Hubo una pausa—. Espere, voy a asumir la posición.
Qué. Coño.
—Estoy lista.
Xhex palmeó el pomo de la puerta, abrió y salió, esperando encontrar algún tipo de pesadilla Kama Sutra en marcha.
En su lugar, la mujer anciana estaba en el rincón de la cocina frente a la unión de las paredes, tapándose los ojos con las manos.
Ellos no querían que fuera capaz de identificarlos, pensó Xhex. Inteligente. Muy inteligente.
Oportuno, también, ya que habría tenido que perder unos preciosos minutos jodiendo la cabeza de la hembra. Por otra parte, esa "posición", por así decirlo, iba a salvarle la vida más tarde, cuando Xcor averiguara que su guarida había sido infiltrada durante su ausencia.
Si no veías a nadie, no había manera de que te protegieras contra un intruso.
Xhex cerró la puerta y activó la cerradura, bloqueándola. Luego se desmaterializó fuera de allí, llevando la caja del arma contra el pecho.
 Menos mal que no era tan pesada.
 Y si Dios quería, Vishous estaría fuera de la rotación esta noche.










Capítulo 68

De vuelta al complejo de la Hermandad, Tohr sostuvo la puerta del sótano abierta y se quedó a un lado mientras John pasaba y golpeaba la escalera.
Bajando detrás del otro macho, el cuerpo de Tohr estaba rígido, sobre todo la espalda y los hombros. Aunque sus entrenamientos nocturnos como trabajador de mudanzas habían terminado. Después de las tres horas finales de esta noche, su casa y la de Wellsie estaba oficialmente vacía y camino de entrar en el sistema de LMI de Caldwell. Fritz se había reunido con el agente de bienes raíces durante el día y el precio que habían fijado era agresivo, pero no loco. Si Tohr tenía que asumir los costes del lugar durante un par de meses, o incluso toda la primavera, estaba bien.
Mientras tanto, los muebles y las alfombras habían sido trasladados al garaje de la mansión, las pinturas, grabados y dibujos de tinta estaban en la parte de clima controlado de la buhardilla, y la caja de la joyería estaba en el armario de Tohr encima del vestido de emparejamiento.
Por lo tanto... hecho.
En la parte inferior de las escaleras, John y él adoptaron un ritmo más firme que les llevó a través de la cavernosa sala y la enorme caldera que no solo emanaba el calor suficiente para mantener la parte principal de la casa caliente, sino que amenazaba con freír su cara y su cuerpo cuando entró en su órbita.
Siguiendo adelante, sus pasos resonaban, el aire se enfriaba rápidamente mientras dejaban el ámbito de la caldera y golpeaban el segundo nivel del sótano. Esta parte estaba dividida en cuartos de almacenamiento, uno de los cuales pronto contendría el balance de sus muebles, otro era el espacio de trabajo privado de V.
No, no ese tipo de trabajo.
Utilizaba su ático para esa mierda.
La forja de Vishous estaba aquí abajo.
El sonido del monstruo del Hermano que exhalaba fuego empezó como un zumbido de baja intensidad, pero cuando doblaron la esquina final, el rugido sordo era lo suficientemente fuerte como para ahogar el sonido de sus shitkickers. De hecho, lo único que interrumpía el estruendo era el tink-tink-tink de V golpeando un martillo sobre metal al rojo vivo.
Mientras atravesaban la puerta de la estrecha habitación de piedra, V estaba trabajando duro, su pecho y hombros desnudos brillaban a la luz anaranjada de las llamas, su musculoso brazo subía para golpear una y otra vez. Su concentración era intensa y así debería ser. La estirada hoja de metal que estaba transformando sería responsable de mantener vivo a su propietario, así como de conseguir que el enemigo estuviera muerto y bien muerto.
El Hermano alzó la vista cuando aparecieron y asintió con la cabeza. Después de dos golpes más, dejó el martillo y cortó el oxígeno que alimentaba el fuego.
—¿Qué pasa? —preguntó mientras el gruñido se asentaba en un ronroneo.
Tohr miró a John Matthew. El chico había sido una estrella en todo el proceso, nunca había vacilado en el triste trabajo de desmantelar toda una vida de recuerdos y colecciones.
Sin embargo esto era difícil. Para ambos.
Después de un momento, Tohr volvió a mirar a su hermano... y se encontró sin palabras, excepto que V ya estaba asintiendo con la cabeza y poniéndose de pie. Quitándose los guantes de cuero gruesos que le llegaban hasta los codos, salió del puesto.
—Sí, los tengo —dijo el Hermano—. Volvamos al Pit. Vamos.
Tohr asintió, porque eso era todo lo que tenía que compartir con otros. Sin embargo, mientras salían y caminaban en triste silencio por las escaleras, colocó la palma sobre la nuca de John y la mantuvo allí.
El contacto los consoló a ambos.
Cuando salieron a la cocina, había tal caos por la Última Comida que nadie del personal notó su presencia, así que afortunadamente no hubo preguntas, de ningún tipo, ninguna conjetura de por qué todos tenían un aspecto tan serio.
Fuera de la despensa. A través de la puerta oculta debajo de la escalera. Por el túnel para evitar el frío del invierno.
Mientras giraban a la derecha y se dirigían en dirección opuesta al centro de entrenamiento, no podía creer que a algún nivel esto estuviera sucediendo. Sus shitkickers incluso fallaron un par de veces, como si estuvieran tratando de alejarlo de esta última pieza.
Sin embargo, estaba decidido.
Ante la puerta que conducía al Pit, V tecleó el código y la abrió, indicándoles que debían ir delante.
El lugar donde Butch y V vivían con sus shellans era el mismo de siempre, excepto que ahora que había hembras cohabitando allí estaba más limpio: las revistas Sports Illustrated se encontraban en una pila ordenada sobre la mesa, la cocina no tenía botellas vacías de Lag y Goose sobre todos los mostradores y no había más bolsas de deporte o chaquetas de moteros colgando por todos lados.
Los Cuatro Juguetes de V todavía ocupaban toda una esquina y la enorme televisión de plasma seguía siendo la cosa más grande del lugar.
Algunas cosas nunca cambian.
—Ella está en mi habitación.
Normalmente Tohr no seguiría al tipo a su espacio privado, pero esto no era normal.
La habitación de V y Doc Jane era pequeña y tenía más libros que cama, montones de tomos de física y volúmenes de química llenaban la alfombra hasta que apenas podías caminar sobre ella. Sin embargo, la buena doctora se aseguraba de que el lugar no fuera una completa pocilga, el edredón estaba pulcramente colocado y limpio, y las almohadas colocadas con cuidado contra la cabecera.
En la esquina, Vishous abrió el armario y alcanzó el estante de arriba, estirándose incluso con su altura en busca de…
El bulto forrado de terciopelo negro que sacó era lo suficientemente grande y pesado como para requerir las dos manos, y gruñó mientras retrocedía para llevarlo a la cama.
Mientras lo bajaba, Tohr tuvo que obligarse a seguir respirando.
Allí estaba ella. Su Wellsie. Todo lo que quedaba de ella en la tierra.
Cayendo de rodillas delante de ella, se adelantó y soltó el lazo de satén de la parte superior. Con manos temblorosas, abrió la bolsa de terciopelo y la bajó, revelando una urna de plata que tenía grabados art deco en sus cuatro lados.
—¿De dónde sacaste esto? —dijo, pasando el dedo índice sobre el metal brillante y reluciente.
—Darius lo tenía en un cuarto trastero. Creo que es de Tiffany, de los años treinta. Fritz lo pulió.
La urna no era parte de su tradición.
Las cenizas no estaban destinadas a ser guardadas.
Se suponía que debían ser puestas en libertad.
—Es hermoso. —Miró a John. El rostro del chico estaba pálido, sus labios apretados... y con un rápido movimiento se rozó el ojo izquierdo—. Estamos listos para hacer su ceremonia Fade, ¿no es cierto, hijo?
John asintió.
—¿Cuándo? —preguntó V.
—Mañana por la noche, creo. —Cuando John volvió a asentir, Tohr dijo—: Sí, mañana.
—¿Quieres que hable con Fritz y lo organice? —preguntó V.
—Gracias, pero yo me encargaré de ello. John y yo vamos a hacerlo. —Tohr volvió a centrarse en la preciosa urna—. Él y yo vamos a dejarla ir... juntos.
Al lado de Tohr, John estaba teniendo un momento difícil para no derrumbarse. Era difícil saber qué le estaba afectando más: el hecho de que Wellsie estuviera en la habitación con ellos otra vez, o que Tohr estuviera de rodillas ante esa urna, como si sus piernas no estuvieran funcionando bien.
El último par de noches había sido un ejercicio brutal de reorientación. No era que no hubiera sabido que Wellsie se había ido, era solo que... desmantelar todo lo de la casa había convertido el hecho en real, había un grito constante en su cabeza.
Maldita sea, ella nunca iba a saber que había atravesado la transición o que era un luchador medianamente decente o que se había emparejado. Si alguna vez tenía un hijo, ella nunca lo sostendría en sus brazos ni vería su primer cumpleaños ni presenciaría los primeros pasos o las primeras palabras.
 Su ausencia hacía que su propia vida pareciera menos completa y tenía la horrible sensación de que siempre iba a ser así.
Cuando Tohr inclinó la cabeza, John se acercó y puso la mano encima del pesado hombro del tipo, recordándose que, por muy difícil que esto fuera para él, lo que Tohr estaba pasando era mil veces peor. Mierda, sin embargo el Hermano había sido fuerte, tomando todas esas decisiones, desde los pares de vaqueros a las ollas y sartenes, trabajando de manera constante a pesar del hecho de que tenía que estar en carne viva por dentro.
Si John no hubiera respetado la mierda del Hermano antes, segurísimo que ahora lo hacía.
—¿Vishous? —gritó una voz femenina al final del pasillo.
John se giró. ¿Xhex estaba aquí?
Tohr carraspeó y colocó la bolsa de terciopelo en su lugar.
—Gracias, V. Por cuidar tan bien de ella.
—¿V? ¿Tienes un minuto? —preguntó Xhex—. Necesito… Oh, mierda.
Mientras se detenía, como si hubiera retocado el ambiente del dormitorio desde donde estaba, Tohr se puso de pie y asintió con la cabeza hacia John con una sonrisa demasiado generosa para comprenderla.
—Será mejor que vayas con tu hembra, hijo.
John dudó, pero luego V dio un paso y puso los brazos alrededor de su hermano, susurrando palabras en voz baja.
Dando a los hombres un poco de intimidad, John se dirigió al salón.
Xhex no se sorprendió al verlo.
—Lo siento, no quería interrumpir nada.
Está bien. Sus ojos fueron a la caja de transporte que ella tenía en la mano. ¿Qué es eso?
Aunque lo sabía… Santa Mierda, había conseguido...
—Eso es lo que necesitamos saber.
Con un pánico repentino, él la miró atentamente en busca de signos de lesión. Sin embargo, no había ninguno. Había entrado y salido de una sola pieza.
John no tenía intención de hacerlo, pero se abalanzó hacia delante y la agarró con fuerza, apretándola contra su cuerpo. Cuando ella le abrazó también, sintió la caja del rifle presionando contra su espalda, simplemente estaba… jodidamente contento de que estuviera viva. Tan jodidamente contento…
Mierda, se estaba rompiendo.
—Shh, John, está bien. Estoy a salvo. Estoy muy bien...
Mientras él se estremecía, ella le abrazaba con la fuerza y ​​el poder de su cuerpo, manteniéndolo entero, cubriéndole con exactamente el tipo de amor profundo que Tohr había perdido.
¿Por qué algunas personas tenían suerte y otros sufrían la más cruel de las loterías?
Cuando finalmente se apartó, se limpió la cara y gesticuló, ¿vendrás a la ceremonia Fade de Wellsie?
No hubo ninguna vacilación.
—Por supuesto.
Tohr dice que le gustaría que los dos lo hiciéramos juntos.
—Bien, eso es bueno.
En ese momento, Vishous y Tohr salieron y ambos Hermanos fijaron la vista de inmediato en la caja.
—Eres fang-jodida-tástica —dijo V con una especie de temor reverencial.
—Reserva lo del beso en el culo, aún no la he abierto. —Le tendió la cosa al Hermano—. Cerradura de huella digital. Necesito tu ayuda.
V sonrió de manera malvada.
—Lejos de mi intención no acudir en ayuda de una dama. Vamos a ello.
Mientras la pareja ponía la caja del arma sobre el mostrador de la cocina, John se llevó a Tohr a un lado. Asintiendo con la cabeza en dirección a la urna tapizada con terciopelo, gesticuló: ¿Me necesitas más esta noche?
—No, hijo, quédate con tu hembra, tengo que salir un rato, en realidad. —El hombre acarició el terciopelo—. Pero primero voy a ponerla en mi habitación.
Sí, está bien. Vale…
Tohr le abrazó fuerte y rápido, y luego salió por la puerta del túnel.
Desde la cocina, Xhex dijo:
—¿Cómo vas a…? Bien, sí, eso funcionará.
El olor a plástico quemado hizo girar a John. V se había quitado el guante y había puesto su brillante dedo índice contra el mecanismo de cierre, un humo ácido se elevó en desagradables rizos gris oscuro al primer contacto.
—Mi huella tiende a hacer el trabajo en casi cualquier cosa —dijo el Hermano.
—Está claro —murmuró Xhex, con las manos en las caderas, el cuerpo tenso inclinado hacia delante—. ¿Alguna vez haces barbacoa con esa cosa?
—Sólo lessers, y no son una buena comida.
Quedándose atrás, John miró y… bueno, se sorprendió ante la hembra. ¿A quién coño le gustaba esta mierda? Entrar en el escondite seguro de la BdB Rebuscar en busca de un rifle, agarrarlo. Volver como si no hubiera hecho nada más increíble que pedir en un Starbucks.
Como si presintiera sus ojos sobre ella, miró por encima del hombro.
John se abrió emocionalmente, no hubo barreras en absoluto y le reveló todo lo que estaba sintiendo…
—Lo tengo —anunció V, apartando la mano brillante y volviendo a ponerse el guante.
Girando la caja hacia Xhex, el Hermano dijo:
—¿Te gustaría hacer los honores?
Xhex se concentró y abrió lo que había traído a casa, el mecanismo de bloqueo destrozado cayó a pedazos.
En el interior, había un par de rifles alojados en espuma negra, junto con miras telescópicas.
—Bingo —susurró.
Lo había hecho, pensó John. Estaba dispuesto a apostar su testículo izquierdo a que se iba a demostrar que una de esas armas era la que disparó a Wrath.
Ella lo había hecho, joder.
Desde sus tripas se elevó una enorme oleada de orgullo, calentando todo su cuerpo, estirando los labios en una sonrisa tan amplia que le dolieron las mejillas. Mirando a su hembra y la prueba de la misión crítica que había traído al redil, estaba dispuesto a apostar que arrojaba sombras de tanto como brillaba.
Estaba tan increíblemente... orgulloso.
—Bastante prometedor. —V cerró la caja—. Tengo el equipo que vamos a necesitar en la clínica, junto con la bala. Vamos.
—Un minuto.
Xhex se giró hacia John. Se acercó a él. Tomó su rostro entre las manos. Mientras ella le miraba, él supo que estaba leyendo cada pedacito de todo lo que tenía en él.
Poniéndose de puntillas, ella apretó los labios contra los suyos y dijo dos palabras que él no esperaba volver a escuchar pronto.
—Te amo. —Ella le besó de nuevo—. Te amo mucho, mi hellren.













Capítulo 69

En el otro lado del río Hudson, al sur del complejo de la Hermandad, Autumn estaba sentada en la cabaña en la oscuridad, todavía ocupaba la misma silla donde había estado al principio de la noche. Hacía tiempo que se había obligado apagar las luces y la falta de iluminación a su alrededor hacía que el paisaje cubierto de nieve pareciera brillante como el día bajo el brillo de la luna.
Desde su ventajosa posición, el río era una gran extensión, inmóvil, a pesar de que tan solo estaba helado en los bordes.
Desde su posición ventajosa, había tenido pocas vistas ante ella, habiendo dado vueltas en cambio a las estaciones de su vida.
Habían pasado muchas horas desde que Xhex se había puesto en contacto con ella, la luna había cambiado de posición, las negras sombras proyectadas por los árboles habían girado sobre el suelo blanco. En muchos sentidos, el tiempo no tenía significado, pero sí tenía un efecto: cuanto más tiempo pasaba dándole vueltas a las cosas, más claramente se veía, sus compresiones anteriores ya no eran una sorpresa, sino algo en lo que estaba inmersa...
Algo que ella misma había empezado a cambiar con…
En un primer momento, la barra oscura que cortó la vista invernal parecía ser sólo la sombra de un tronco de árbol al borde de la propiedad. Excepto que luego se movió.
Estaba viva.
No era... un animal.
Era un macho.
Un disparo repentino del miedo la hizo enderezarse, pero sus instintos se adelantaron y le dijeron quién era. Tohrment.
Tohrment estaba aquí.
Su primer pensamiento fue bajar al refugio subterráneo y fingir que no le había visto, y teniendo en cuenta cómo esperaba en el jardín, dándole tiempo suficiente para identificarlo, parecía que le estaba ofreciendo eso.
Sin embargo, no iba a huir. Había hecho suficientes variaciones de eso para que duraran varias vidas.
Se levantó de la silla, se dirigió a la puerta que daba hacia el río y la abrió, de par en par. Cruzando los brazos sobre el pecho contra el frío, levantó la barbilla y esperó a que él se acercara.
Así lo hizo. Con una expresión de sombrío propósito, el Hermano se acercó lentamente, sus pesadas botas hacían crujir la capa helada de nieve. Seguía teniendo el mismo aspecto, alto y ancho, con su espeso cabello con la raya blanca, y su hermoso y serio rostro, marcado con líneas de distinción.
Qué raro que le midiera con algún tipo de metamorfosis, pensó.
Claramente, estaba atribuyendo su propia transformación a todo el mundo.
Cuando se detuvo frente a ella, ella se aclaró la garganta, aliviando el cosquilleo del aire implacablemente frío. Sin embargo no habló primero. Era deber de él.
—Gracias por salir —dijo.
Ella sólo asintió con la cabeza, poco dispuesta a aceptar cualquier disculpa superficial que él estuviera a punto de ofrecer. No, se acabó lo de facilitarle las cosas… o a los demás.
—Quiero hablar un rato, si tienes algo de tiempo.
Dada la forma que el frío viento cortaba a través de su ropa, ella asintió y volvió a entrar. El interior de la cabaña que no le había parecido particularmente cálido antes, ahora era tropical. Y estrecho.
Volvió a sentarse en su silla, le dejó elegir si permanecer de pie o no. Eligió lo primero y lo hizo directamente delante de ella.
Después de una profunda y reafirmante respiración, Tohrment habló de manera clara y sucinta, como si hubiera practicado sus palabras:
—No puedo disculparme lo suficiente por lo que te dije. Fue completamente injusto e imperdonable. No hay excusa para ello, así que no voy a tratar de explicarlo. Solo…
—¿Sabes qué? —cortó ella tranquilamente—. Hay una parte de mí que quiere decirte que te vayas al infierno... que cojas tu disculpa, tus ojos cansados y tu pesado corazón y nunca, jamás te acerques a mí de nuevo.
Tras una larga pausa, él asintió con la cabeza.
—Está bien. Lo entiendo. Puedo respetar eso totalmente…
—Pero —le interrumpió otra vez—, me he pasado toda la noche sentada en esta silla, pensando en tu franco soliloquio. En realidad, no he pensado en otra cosa desde que te dejé. — De repente, miró al río—. Sabes, debiste enterrarme en una noche como ésta, ¿verdad?
—Sí, lo hice. Salvo que estaba nevando.
—Debió ser difícil atravesar el suelo helado.
—Lo fue.
—Las ampollas lo demuestran, sí, por supuesto. —Se concentró en él de nuevo—. Para ser honesta, estaba bastante cerca de destruida cuando dejaste mi sala de recuperación en el centro de entrenamiento. Es importante para mí que te des cuenta de eso. Después de que saliste, no tenía pensamientos, ni sensaciones, solo respiraba, y sólo porque mi cuerpo lo hacía por su propia cuenta.
Él hizo un ruido en el fondo de la garganta, como si, a través de su pesar, no pudiera encontrar la voz para hablar.
 —Siempre he sabido que amabas sólo a Wellsie, y no sólo porque me lo has dicho desde un principio… sino porque era evidente todo este tiempo. Y tienes razón: me enamoré de ti y traté de evitártelo, al menos conscientemente, porque sabía que te haría daño de una forma insoportable… la idea de que habías dejado que una hembra se acercara tanto… —Sacudió la cabeza mientras se imaginaba cuanto le habría impactado—. Realmente quería ahorrarte más dolor y sinceramente quería que Wellsie fuera libre. Su situación era casi tan importante para mí como para ti, y no se trataba de castigarme a mí misma, sino porque realmente te amaba.
Querida Virgen Escriba, estaba tan tranquilo. Apenas si respiraba.
—He oído que te estás deshaciendo de la casa que compartiste con ella —dijo—. Y has hecho lo mismo con sus cosas. Supongo que es porque estás intentando una nueva ruta para liberarla y que entre en el Fade, y espero que funcione. Por los dos, espero que funcione.
—He venido aquí para hablar de ti, no de ella —dijo él en voz baja.
—Es muy amable de tu parte y sé que estoy girando la conversación hacia ti no porque me sienta una víctima de algún romance no correspondido que ha acabado mal, sino porque nuestra relación en esta época siempre se ha basado en ti. Es por mi culpa, pero también la naturaleza del ciclo que hemos completado.
—¿Ciclo?
Ella se levantó, con ganas de ponerse en pie de igualdad.
—Así como las estaciones del año cierran el círculo, también nosotros. Cuando nuestros caminos se cruzaron por primera vez, fue todo sobre mí, mi egoísmo, mi enfoque de la tragedia que había vivido. Esta vez ha sido todo sobre ti, tu egoísmo, la tragedia que habías vivido.
 —Oh, Jesús, Autumn…
—Como tú mismo me has señalado, no podemos negar la verdad y no deberíamos intentarlo. Por lo tanto, sugiero que no tratemos de luchar por más tiempo. Estamos de acuerdo a partir de ahora, nuestras trasgresiones de uno contra el otro limpiadas por hechos y palabras que ninguno de nosotros puede recuperar. Siempre lamentaré la posición en la que te puse con tu daga hace tantos años, y no hace falta que me digas que sientes un profundo dolor mientras estás ahí de pie ante mí ahora, puedo verlo escrito en tu cara. Tú y yo... es un círculo completo y se ha completado.
Él parpadeó, sosteniendo su mirada. Luego se llevó el dedo a la ceja y se frotó la frente, como si le doliera.
—Te equivocas en esa última parte.
—No veo cómo puedes discutir con la lógica.
—Yo también he estado pensando mucho. No voy a pelear contigo sobre ello, pero quiero que sepas que he estado contigo por algo más que sólo Wellsie. No me di cuenta en ese momento… o no podía, no tengo ni puñetera idea. Pero estoy muy seguro que era sobre ti también, y después de que te fueras, quedó más claro…
—No tienes que pedir disculpas…
—Esto no es una disculpa. Se trata de despertar y estirar la mano hacia ti y de desear que estés a mi lado. Se trata de ordenar comida extra para ti y luego recordar que no estás alrededor para alimentarte. Se trata del hecho de que mientras estaba empacando la ropa de mi compañera muerta, también te tenía a ti en mi mente. No era sólo Wellsie, Autumn, y creo que lo supe después de tu período de necesidad y por eso estallé. Pasé día y medio sentado sobre mi culo, mirando a la oscuridad, tratando de entender todo esto, y no sé... supongo que finalmente encontré el valor de ser jodidamente honesto conmigo mismo. Porque es difícil cuando has amado a una persona con todo lo que tienes, y ella se ha ido, y viene otra persona y asegura todo su territorio en tu corazón. —Se llevó la mano al pecho y se golpeó el esternón—. Esto fue suyo y solo suyo. Para siempre. O al menos eso creía... pero la mierda no funciona de esa manera, y entonces llegaste tú… y a la mierda el maldito círculo, no quiero que tú y yo hayamos acabado.
Ahora fue el turno de Autumn de sentirse pasmada, su cuerpo se quedó entumecido mientras se esforzaba por comprender lo que él estaba diciendo.
—Autumn, estoy enamorado de ti, por eso he venido aquí esta noche. No tenemos que estar juntos y no tienes que conformarte con lo que he dicho, pero quería que lo escucharas de mí. También quiero decirte que estoy en paz con ello, porque… —Inhaló profundamente—. ¿Quieres saber por qué Wellsie se quedó embarazada? No fue porque yo quisiera un hijo. Es porque ella sabía que cada noche cuando salía de casa podría morir en el campo, y como dijo, quiso algo por lo que seguir viviendo. ¿Si hubiera sido yo el que se fuera? Ella se habría labrado una vida y… lo extraño es, que me hubiera gustado que hiciera eso. Incluso si incluía a otra persona. Creo que me he dado cuenta que... ella no hubiera querido que la llorara para siempre. Habría querido que siguiera adelante... y lo he hecho.
Autumn abrió la boca para hablar. No salió nada.
Había realmente oído todo lo que…
—¡Ale-puta-luya!
Mientras ella dejaba escapar un grito de alarma y Tohr desenvainaba una daga negra, Lassiter entró al centro de la habitación.
El ángel aplaudió un par de veces y luego elevó las palmas al cielo como un evangelista.
—¡Por fin!
—Jesús —siseó Tohr mientras alejaba su arma—. ¡Pensaba que habías dimitido!
—Bueno, no con ese chico que nació en un pesebre. Y créeme, he tratado de presentar mi renuncia, pero el Hacedor no estaba interesado en lo que tenía que decir. Como de costumbre.
—Te llamé un par de veces y no viniste.
—Bueno, primero estaba lisa y llanamente cabreado contigo. Y luego no quise meterme en tu camino. Sabía que estabas tramando algo grande. —El ángel se acercó y puso su mano sobre el hombro de Autumn—. ¿Estás bien?
Ella asintió con la cabeza y logró algo parecido a un ajá.
—Entonces todo está bien, ¿no? —dijo Lassiter.
Tohr negó con la cabeza.
—No la fuerces a nada. Ella es libre de elegir su camino, como siempre lo ha sido.
Con eso, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta. Justo antes de abrirla para salir, miró por encima del hombro, sus ojos azules se clavaron en los de ella.
—La ceremonia del Fade de Wellsie es mañana por la noche. Me encantaría que estuvieras allí y entenderé completamente si no quieres venir. Y, Lassiter, si te vas a quedar con ella, y espero que lo hagas, haz algo útil y consíguele una taza de té y unas tostadas. A ella le gusta el pan de masa fermentada hecho por ambos lados, mantequilla dulce, preferiblemente del tipo batida y un poco de mermelada de fresa. Y toma Earl Grey con una cucharadita de azúcar.
—Qué, ¿parezco un mayordomo?
Tohrment se limitó a mirarla durante un largo momento, como si le estuviera dando la oportunidad de ver lo seguro, estable y conectado a la tierra que estaba, sólido de un modo que no tenía nada que ver con su peso, y todo con su alma.
De hecho, se había transformado.
Con un asentimiento final, salió al paisaje cubierto de nieve... y se desmaterializó en el aire.
*  *
—¿Tienes algún televisor por aquí? —Oyó preguntar a Lassiter desde la cocina mientras los armarios se abrían y cerraban.
—No tienes que quedarte —murmuró, todavía conmocionada hasta la médula.
—Sólo dime que tienes un televisor y soy un tipo feliz.
—Lo tenemos.
—Bien, sabes, es mi día de suerte y no te preocupes, voy a mantenernos entretenidos. Apuesto a que puedo encontrar una maratón de Verdaderas Amas de Casa.
—¿Un qué? –preguntó.
—Espero que sea en Nueva Jersey. Pero aceptaré Atlanta. O Beverly Hills.
Sacudiéndose, ella fue a buscarlo a él, y sólo pudo parpadear cuando fue cegada por todas las luces que él había encendido.
Oh, espera, era él que estaba brillando.
—¿De qué estás hablando? —preguntó ella, encontrando increíble que el hombre estuviera hablando de la televisión humana en un momento como este.
Desde la cocina, el ángel sonrió misteriosamente y le ofreció un guiño.
—Sólo piensa, si te permites creer en Tohr y le abres tu corazón, puedes deshacerte de mí para siempre. Todo lo que tienes que hacer es entregarte a él, mente, cuerpo y alma, nenita, y yo me iré, no tendrás que preocuparte por qué es una Verdadera Ama de Casa.

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