domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 70 71 72


Capítulo 70

Al anochecer siguiente, tan pronto como cayó la noche, Assail, hijo de Assail, caminó a través de su casa de cristal y se dirigió al garaje. Al pasar por la puerta trasera de la mansión, miró al cristal que había sido sustituido en el otoño.
La reparación fue tan limpia como una patena. Hasta el punto que no se podía decir que hubiera sucedido algo violento.
No podía decirse lo mismo acerca de los acontecimientos que habían pasado esa horrible noche. Mientras los días pasaban, las estaciones cambiaban y las lunas salían y caían, no había modo de reparar lo que había sucedido, no había manera de remendar ese lío.
No es que Xcor quisiera, suponía.
De hecho, esta noche por fin iba a tener una idea de exactamente cuánto daño había sido hecho.
La glymera era tan jodidamente lenta, era ridículo.
Activando el sistema de alarma con la huella de su pulgar, entró en el garaje, cerró y rodeó el Jaguar. El Range Rover al otro extremo tenía enormes llantas con dibujos como de garras, su más reciente adquisición había sido entregada finalmente la semana pasada. Por mucho que le gustara el XKR, estaba cansado de sentirse como si estuviera conduciendo un cerdo engrasado sobre hielo.
Una vez dentro del muy modificado SUV, apretó el botón de la puerta del garaje y esperó, y luego dio marcha atrás, giró y esperó hasta que la puerta bajó.
Elan, hijo de Larex, era un mierdecilla, el tipo de aristócrata que realmente le sacaba de sus casillas: demasiada endogamia y demasiado dinero le había aislado por completo de las realidades de la vida. El hombre no era más capaz de forjar su camino sin la parafernalia de su puesto que un bebé en el frío.

Y sin embargo, por las exigencias del destino, ese macho estaba ahora en posición de llevar a cabo más cambios de los que merecía: a raíz de las redadas, él era el más alto rango en el Consejo de los No Hermanos, en cuanto a Rehvenge, estaba tan enredado con la Hermandad, que bien podría haber tenido una daga negra atada al pecho.
Por lo tanto, Elan había sido quien había convocado la reunión “no oficial” de esta noche
En la cual no estaría incluido Rehvenge. Y eso iba a ser probablemente casi una insurrección.
No es que alguien tan culto como Elan lo llamaría así. No, los traidores que usaban corbatas y calcetines de seda tendían a canalizar su realidad en términos mucho más refinados, aunque la redacción no iba a cambiar nada...
Mientras Assail aceleraba, el viaje a la casa de Elan le llevó unos buenos cuarenta y cinco minutos a pesar de que las carreteras estaban cubiertas de sal y la nieve retirada de las calles. Naturalmente, podría haber ahorrado tiempo desmaterializándose pero si las cosas se descontrolaban, si llegara a resultar herido o se viera incapaz de desaparecer, necesitaba estar seguro de tener una cobertura eficaz para escapar.
Solo había dado la seguridad por supuesta una sola vez, hacía mucho tiempo. Nunca más. Y, en efecto, la Hermandad era muy inteligente. No se sabía si esta conspiración incipiente sería asaltada esta noche o no, especialmente si Xcor iba a hacer acto de presencia.
El retiro de Elan era una casa de ladrillos llena de gracia, de estilo victoriano, con madera de forma de encaje delimitando cada pico y cada esquina. Situada en un pueblo dormido de sólo treinta mil seres humanos, estaba bien apartado de la calle y había un río que serpenteaba por un costado de la propiedad.
Cuando salió, no abrochó los botones de carey de la parte delantera de su abrigo de pelo de camello ni se puso los guantes. Tampoco se abotonó la chaqueta cruzada del traje.
Sus armas estaban cerca de su corazón y quería tener acceso a ellas.
Acercándose a la puerta principal, sus botas negras aplastaron el camino despejado y el aliento salió de su boca en nubes de color blanco. Arriba, la luna era tan brillante como una luz halógena y tan grande como un plato, la falta de nubes y humedad permitía que su verdadero poder lloviera desde los cielos.
Las cortinas de todas las ventanas habían sido corridas así que no podía ver cuántos otros habían llegado, pero no le sorprendería si ya estaban reunidos, después de haberse materializado en el sitio.
Imbéciles.
Apretando el timbre de la puerta con su mano desnuda, fue abierta de inmediato, un formal doggen mayordomo se inclinó por las caderas.
—Amo Assail. Bienvenido, ¿puedo tomar tu abrigo?
—No, no puede.
Hubo un momento de duda, al menos hasta que Assail levantó una ceja ante el sirviente.
—Ah, pero, por supuesto, mi señor, por favor, pase por aquí.
Voces, todas del sexo masculino, inundaron sus oídos como el aroma a canela de la sidra caliente su nariz. Yendo detrás del mayordomo, se permitió ser guiado al gran salón que estaba repleto de pesados ​​muebles de caoba de acuerdo con el período de la casa. Y entre las antigüedades, había unos diez hombres atendidos por su anfitrión, sus esbeltas formas vestidas con trajes con corbatas o pañuelos en la garganta.
Hubo una caída notable en la conversación cuando hizo su aparición, lo que sugirió que al menos algunos de ellos no confiaban en él.
Es probable que fuera lo único sabio del grupo.
Su anfitrión se separó y se acercó con una sonrisa de suficiencia.
—Qué bueno que hayas venido, Assail.
—Gracias por invitarme.
Elan frunció el ceño.
—¿Dónde está mi doggen? Debería haber cogido tu abrigo…
—Prefiero dejármelo puesto. Y me sentaré allí. —Asintió con la cabeza hacia la esquina que le proporcionan el acceso más visual—. Confío que empezaremos pronto.
—En efecto. Con tu llegada, esperamos solo a uno más.
Assail entrecerró los ojos ante la sutil línea de sudor que salpicaba la piel entre la nariz y el labio superior del macho. Xcor había elegido al peón correcto, pensó mientras se acercaba y se acomodaba en su silla.
Una fuerte corriente de aire anunció la llegada del huésped final.
Cuando Xcor entró en la habitación, hubo más que una pausa en la charla. Cada uno de los aristócratas se quedó en silencio, una reordenación sutil de la multitud cuando todos dieron un paso atrás.
 Por otra parte, ¡sorpresa! Xcor había traído a más de uno con él.
La totalidad de la Banda de Bastardos se alineó tras sus talones, formando un semicírculo detrás de su jefe.
 En persona y de cerca, Xcor era precisamente como había sido siempre: rudo y feo, el tipo de macho cuyo rostro y postura sugería que su reputación de violento se basaba en la realidad, no en conjeturas. Por supuesto, de pie en medio de estos débiles, en este ambiente de lujo y urbanidad, estaba preparado y era perfectamente capaz de cortar a todo el que respiraba en la sala y los machos a su espalda eran iguales, todos vestidos para la guerra, y dispuestos a llevarla a cabo con un simple movimiento de cabeza de su señor.
En cuanto a la gran cantidad de ellos, incluso Assail tuvo que admitir que eran impresionantes.
Qué tonto era Elan… él y amigos frívolos de la glymera no tenían ni idea de la caja de Pandora que habían abierto.
 Con una tos oficiosa, Elan dio un paso adelante para hacer frente a todos y cada uno como si fuera quien estaba al mando, a pesar de que fue eclipsado no sólo por el peso de los soldados, sino por su sola presencia.
—Creo que no son necesarias las presentaciones, y no hace falta decir que si alguno de vosotros, en este momento —miró a sus compañeros miembros del Consejo—, habla de esta reunión, habrá represalias de la talla de los que os harán desear que las redadas vuelvan.
Mientras hablaba, reunió cierto impulso, como si el asumir el manto del poder, incluso si era proporcionado por otra persona, fuera una especie de masturbación para su ego.
—Pensé que era importante reunirnos esta noche. —Empezó a caminar, juntando las manos en la parte baja de la espalda e inclinándose hacia adelante para dirigirse a sus zapatos brillantes—. De vez en cuando en el último año, los estimados miembros del Consejo han venido a mí cada uno y expresado no sólo sus pérdidas catastróficas, sino su frustración con la respuesta del régimen actual a un restablecimiento significativo.
Assail levantó las cejas ante la palabra actual: este levantamiento había progresado más de lo que se había imaginado si estaba siendo extendido…
—Estos debates han tenido lugar durante un período de meses, y ha habido una consistencia firme en las quejas y decepciones. Como resultado de ello, y después de mucha deliberación con mi conciencia, me he encontrado por primera vez en mi vida, evitando al actual líder de la raza hasta el extremo que me veo obligado a la acción. Estos caballeros —ante ese término ridículo, movió una mano abierta hacia la colección de luchadores—, han expresado preocupaciones similares, así como una cierta disposición a…cómo decirlo…efectuar un cambio. Como sé que todos opinamos igual, pensé que podríamos hablar de nuestros próximos pasos.
En este punto, los dandis reunidos decidieron hacer la pelota, repitiendo, con sus propias palabras interminables, precisamente lo que Elan acababa de declarar.
Estaba claro que sentían que era una oportunidad para demostrar a la Banda de Bastardos lo en serio que iban, pero dudaba que Xcor estuviera conmovido por cualquiera de esa fanfarronería. Estos miembros de la aristocracia eran instrumentos frágiles, descartables, todos ellos limitados a un uso y fácilmente rompibles… y Xcor tenía que saberlo. Sin duda iba a trabajar con ellos hasta que no los necesitara, y luego iba a partir esos mangos de madera y arrojarlos a un lado.
Mientras Assail se recostaba y escuchaba, no tenía ningún cariño o consideración en particular por la monarquía. Pero estaba claro que Wrath era un macho de palabra… algo que no se podía decir de ninguno de estos patanes de la glymera: este grupo, con la excepción de Xcor y sus hombres, le besarían el culo al Rey hasta que sus labios se entumecieran, y ahora mismo estaban planeando su muerte. ¿Y después? Xcor se serviría a sí mismo y sólo a él, y al infierno con los demás.
Wrath había declarado que le iba a permitir comerciar con los humanos para continuar sin trabas.
Xcor, sin embargo, era el tipo que no permitiría que ningún otro con cargos de poder se levantara… y con todo el dinero que había en el tráfico de drogas, más pronto o más tarde, Assail tendría una diana en la espalda.
Si no tenía una ya.
—... Y los bienes de mi familia están en barbecho en Caldwell…
Cuando Assail se levantó de su silla, todos los ojos de los luchadores volaron hacia él.
Avanzando a través de la multitud, tuvo cuidado de mostrar sus manos, no fuera que creyeran que había sacado un arma.
—Por favor, disculpad la interrupción —dijo sin hablar en serio—. Pero debo marcharme ahora.
Elan comenzó a farfullar mientras Xcor bajaba los párpados.
Dirigiéndose al verdadero líder en la habitación, Assail habló claramente.
—No haré ninguna referencia a esta reunión, ya sea sobre los individuos que están aquí en esta sala o sobre cualquier otro, ni tampoco sobre las declaraciones que se han hecho ni quién ha asistido. No soy una persona política, ni tengo proyectos para conseguir cualquier trono… soy un hombre de negocios que sólo busca seguir prosperando en los círculos de comercio. Al salir de esta reunión y la presente renuncia al Consejo, estoy actuando en consecuencia, sin buscar ni promover ni obstaculizar cualquier parte de vuestra agenda.
Xcor sonrió fríamente, los ojos fijos y cargados de intención mortal.
—Consideraré a cualquiera que salga de esta habitación mi enemigo.
Assail asintió.
—Que así sea. Y sé que yo defenderé mis intereses como corresponda contra los intrusos de todo tipo.
—Como quieras.
Assail salió sin prisa, al menos hasta que se metió en su Range Rover. Una vez dentro del SUV, bloqueó eficazmente las puertas, arrancó el motor y salió disparado.
Mientras conducía, estaba alerta, pero no paranoico. Creía cada palabra que Xcor había dicho acerca de designarle como un enemigo, pero también era consciente de que el macho iba a tener las manos llenas. Entre la Hermandad, que sin duda eran unos enemigos formidables, y la glymera, que iban a ser como una jaula de grillos, habría mucho que consumiera su atención.
Tarde o temprano, sin embargo, el macho se centraría en Assail.
Afortunadamente, ahora estaba preparado y permanecería de esa manera.
Y deseando no haberle molestado nunca.















Capítulo 71

Cuando Tohr emergió desnudo y goteante de la ducha, el golpeteo en la puerta de su dormitorio fue suave y un poco apagado, como si hubiera sido hecho con el talón de la mano, en lugar de con los nudillos… y después de tantos años siendo un Hermano, sabía que solo podía haber sido hecho por un macho.
—¿Rhage? —Se puso una toalla alrededor de la cintura y fue a abrir la puerta —. Hermano mío ¿Qué pasa?
El tipo permanecía fuera en el pasillo, su cara increíblemente hermosa estaba solemne, el cuerpo vestido con una túnica de seda blanca que caía desde los amplios hombros y sujeta en la cintura con una simple cuerda blanca. Cruzadas en el pecho, las dagas negras estaban enfundadas en cuero blanco.
—Oye, Hermano mío... yo, ehh…
En el incómodo momento que siguió, Tohr fue el que rompió la tensión.
—Pareces un donut glaseado, Hollywood.
—Gracias —el Hermano miraba fijamente la alfombra—. Escucha, te traje algo. Es de Mary y mío.
Abriendo su gran palma, le ofreció un gran Rolex de oro, el que Mary usaba, el que el Hermano le había dado cuando se habían emparejado. Era un símbolo de su amor… y mutuo apoyo.
Tohr lo miró, sintiendo la calidez que persistía en el metal.
—Hermano…
—Mira, solo queremos que sepas que estamos contigo… ajusté los eslabones para que se adapte a tu muñeca.
Tohr se puso el reloj y claro, se cerró perfectamente.
—Gracias, te lo devolveré…
 Rhage abrió los brazos y le dio la clase de abrazo de oso por el que era conocido… La clase que provocaba un esguince en tu espalda y te hacia tener que llenar tu caja torácica después solo para asegurarte que no te había perforado un pulmón.
—No tengo palabras, Hermano mío —dijo Hollywood.
Mientras Tohr le daba palmaditas en la espalda, sintió que el dragón tatuado se agitaba, como si, también, estuviera ofreciendo sus condolencias.
—Está bien, sé que es difícil.
Después que Rhage se fuera, estaba cerrando la puerta cuando hubo otro golpeteo.
Mirando alrededor de la jamba, encontró a Phury y Z alineados lado a lado. Los gemelos vestían la misma túnica y cinturón que Rhage, y sus ojos eran exactamente como los ojos azul Bahamas de Rhage, tristes, tan condenadamente tristes.
—Hermano mío —dijo Phury, dando un paso adelante y abrazándolo. Cuando el Primale retrocedió, le alargó algo largo e intricado—. Para ti.
 En su mano había una cinta blanca ribeteada de metro y medio aproximadamente, en la cual había sido cuidadosa y bellamente bordada con hilo de oro una oración de fortaleza.
—Las Elegidas, Cormia y yo, todos estamos contigo.­—Tohr se tomó un momento para desplegar la cinta, y trazar los caracteres de la Vieja Lengua, recitando las palabras antiguas en su cabeza. Esto debería haber llevado horas, pensó. Y muchas, muchas manos.
—Dios mío, es hermosa…
 Mientras contenía las lágrimas, pensó, Fang-jodido-tástico. ¿Si solo la preparación para la ceremonia lo estaba alterando así? Iba a ser un condenado desastre cuando tuviera lugar de verdad.
Zsadist se aclaró la garganta. Y luego el Hermano que odiaba tocar a otros se inclinó y pasó los brazos alrededor de Tohr. El abrazo fue tan gentil que Tohr tuvo que preguntarse si era por la falta de práctica. O si Tohr parecía tan frágil como se sentía.
—Esto es de mi familia para la tuya —las palabras llegaron suaves.
El Hermano le ofreció una pequeña pieza de pergamino, y los dedos de Tohr temblaron cuando lo abrió.
—Eh… mierda…
En el centro estaba la pequeña huella de una mano estampada en rojo. La de una joven Nalla…
No había nada más grande o más precioso para un macho que su descendencia… especialmente si era una hembra. Así que la palma impresa era el símbolo de que todo lo que Z tenía y todo lo que era, ahora y en el futuro, era ofrecido en apoyo de su Hermano.
—Joder —dijo simplemente Tohr mientras respiraba temblando.
—Te veremos abajo —declaró Phury.
Tuvieron que cerrar la puerta.
Tohr retrocedió y se sentó sobre el colchón, mientras la cinta yacía sobre sus rodillas y él contemplaba fijamente la huella de la niña.
Cuando sonó otro golpecito, ni levantó la mirada.
—¿Si?
Era V.
El Hermano parecía agarrotado e incómodo, además, probablemente era el peor de todos cuando se trataba de la sensiblería.
No dijo nada. Tampoco intentó la mierda del abrazo, lo que estaba mejor.
En lugar de eso dejó una caja de madera sobre la cama cerca de Tohr, exhaló algo de humo turco, y retrocedió hacia la salida como si no pudiera esperar a salir de la habitación.
Excepto que se detuvo antes de salir.
 —Te quiero, Hermano mío —le dijo a la puerta.
—Lo sé V. Siempre lo has hecho.
Cuando el macho asintió y salió, Tohr se volvió hacia la caja de caoba. Liberando el cierre de acero negro y levantando la tapa, tuvo que maldecir en voz baja.
El juego de dagas negras… le robó el aliento. Sacando una, se maravilló del ajuste a su mano, y luego vio que había símbolos grabados en la hoja.
Más oraciones, cuatro, una en cada cara de cada una de las armas.
Todas para la fortaleza.
Aquellas dagas no eran en realidad para luchar… eran demasiado valiosas. Cristo, V debía haber trabajado en ellas durante un año, quizá más… aunque desde luego, como con todo lo que el Hermano hacía en su forja, eran endiabladamente mortíferas…
La siguiente llamada era de Butch. Tenía que ser
 —S... —Tohr tuvo que aclararse la garganta—. ¿Si?
En efecto, era el poli. Vestido como todos los otros, con aquellas túnicas blancas con los cordones blancos atados.
Mientras el hermano cruzaba la habitación, no llevaba nada en las manos. Pero no había venido con las manos vacías.
—En una noche como esta —dijo el tipo con voz áspera—. Solo tengo mi fe. Eso es todo lo que tengo… porque no hay palabras mortales para suavizar dónde estás… lo sé muy bien y personalmente.
Estiró la mano hacia la nuca e hizo algo. Cuando llevó sus manos hacia delante una vez más, estaba sujetando la pesada cadena de oro y la más pesada cruz que nunca, jamás se quitaba.
—Sé que mi Dios no es el tuyo, pero ¿puedo ponerte esto?
Tohr asintió y dejó caer la cabeza. Cuando el eje de la formidable fe católica del macho estuvo colgado alrededor de su cuello, estiró la mano y tocó la cruz.
Era increíblemente pesada, todo aquel oro. Se sentía bien.
Butch se inclinó y le dio un apretón en el hombro a Tohr.
—Te veré abajo.
Joder. No tenía nada más que decir.
Durante un momento, solo se quedó allí sentado, tratando de no desmoronarse. Hasta que escuchó algo en la puerta. Un arañazo como si…
—¿Mi señor? —dijo Tohr mientras se obligaba a ponerse de pie y cruzó la habitación
 Uno le abre la puerta al Rey. No importa en qué estado estés.
Wrath y George llegaron juntos, y su Hermano fue característicamente franco.
—No voy a preguntarte como te mantienes en pie.
—Lo aprecio mi señor, porque estoy hecho una mierda.
—¿Por qué no deberías estarlo?         
—Es casi más difícil cuando la gente es amable.
—Sí. Bueno. Creo que vas a tener que tragar algo más de esa mierda.
El Rey jugaba con algo en su dedo. Y luego lo ofreció….
—Oh, joder, no —Tohr apartó las manos y las mantuvo fuera del alcance incluso aunque el macho estaba ciego —. Uh-uh. De ninguna manera. De ninguna jodida manera…
—Te ordeno que lo aceptes.
Tohr renegó. Esperó para ver si el Rey cambiaba de idea.          
No lo consiguió en aquel caso.
Mientras Wrath solo miraba directamente hacia delante, Tohr supo que iba a perder su discusión.
Con una vertiginosa sensación de total irrealidad, alargó la mano y tomó el anillo de diamante negro que solo había sido llevado por el Rey.
—Mi shellan y yo estaremos ahí para ti. Úsalo durante la ceremonia para que sepas que mi sangre, mi cuerpo y mi corazón son tuyos.
George estaba contento y sacudió la cola como si respaldara a su amo.
—Jodido infierno. —Esta vez, Tohr fue el que se estiró hasta su hermano, y el abrazo fue devuelto con brusquedad y con poder.
Después que Wrath se fuera con su perro, Tohr dio la vuelta y se reclinó contra la puerta.
El último golpe fue suave.
Cobrando ánimo para al menos parecer un macho, incluso aunque se sintiera como un mariquita por dentro, encontró a John Matthew en el pasillo.
El chico no se molestó en decir nada por señas. Solo estiró la mano hacia la de Tohr, y apretó…
El anillo de sello de Darius en la palma de Tohr.
Él habría querido estar aquí contigo, dijo John por señas. Y su anillo es todo lo que tengo de él. Sé que él querría que lo llevaras durante la ceremonia.
 Tohr miró fijamente el blasón que estaba estampando en el precioso metal y pensó en su amigo, su mentor, el único padre que había tenido en realidad.
—Esto significa… más de lo que puedes imaginar.
Estaré justo a tu lado, señalizó John. Todo el tiempo.
—Lo mismo digo, hijo.
Se abrazaron, y luego Tohr cerró la puerta con suavidad. Volviendo a la cama, bajó la vista a los símbolos de sus Hermanos… y supo que cuando enfrentara su crisol, sería con todos ellos con él…nada que nunca hubiera sido relevante.
Algo faltaba, pensó, en todo esto.
Autumn.
Él necesitaba a sus Hermanos. Necesitaba a su hijo. Pero también la necesitaba a ella.
Esperaba que lo que le había dicho fuera suficiente, pero había algunas cosas a las que no podías volver, algunas cosas para las que no había cura.
Y quizás ella tuviera algo de razón sobre lo de los ciclos
Rogaba que hubiera más que eso, no obstante. De verdad lo hacía.      
*  *
Mientras Lassiter permanecía de pie en la esquina de la habitación de Tohr, se mantenía invisible. Buena cosa. Observar aquella ida y venida de machos había sido duro. Como se las había apañado Tohr para atravesarlo de una pieza era un milagro flipante.
Pero finalmente esto estaba tomando forma, pensó el ángel. Por fin, después de todo este tiempo, después de toda esta… bueno, mierda, francamente las cosas por fin estaban tomando una buena dirección.
Después de pasar el día y la noche anterior con una muy tranquila Autumn, la había dejado al anochecer para que digiriera sus pensamientos, poniendo toda su fe en el hecho de que ella estaba reviviendo una y otra vez en su cabeza la visita de Tohr y no encontrando más que sinceridad en lo que le había dicho.
Si ella aparecía aquella noche, él sería libe-jodi-rado. Lo había hecho. Bueno, de acuerdo, vale... ellos lo habían hecho.. En verdad, él había sido un jugador secundario en todo esto… excepto por el hecho de que había cuidado a aquel puñetero par. Y Wellsie también.
Cruzando la habitación, Tohr fue al baño y empezó a prepararse.
Sacando una túnica blanca, el Hermano se la puso y luego volvió a la cama para ceñirse la cintura con la magnífica cinta que Phury había traído. Después, el tipo recogió el pedazo de pergamino doblado que Z le había dado, lo metió en el lazo, y se puso un blanco arnés… en el que deslizó las dos espectaculares dagas negras de V. El anillo de sello en su dedo medio izquierdo, el diamante negro en el pulgar de la mano con la que luchaba.
Con la poco familiar sensación de un trabajo bien hecho, Lassiter pensó en todos los meses anteriores en la tierra, recordando la forma en que él, Tohr y Autumn habían trabajado todos juntos para salvar a una hembra que a su vez… bueno, de diferentes maneras los había liberado a cada uno de ellos.
Sí, el Hacedor había sabido qué hacía cuando esta misión había sido asignada: Tohr no era el mismo. Autumn no era la misma.
Y Lassiter mismo no era el mismo: simplemente era imposible para él desconectarse de esto, ser completamente indiferente, actuar como si no ocurriera nada… y lo más divertido era, que en realidad no quería partir, condenación.
Tío, un montón de purgatorios iban a ser suprimidos esta noche, pensó con arrepentimiento, real y figuradamente: cuando Wellsie transicionara al Fade, él iba a salir por fin de su prisión. Y la liberación de Wellsie significaba que la carga de Tohr sería liberada de manera que ambos serían libres...
¿Y en cuanto a Autumn? Bueno, con un poco de suerte, se permitiría amar a un macho de valía… y ser amada a cambio… así que después de todos aquellos años de sufrimiento, por fin podría vivir de nuevo, sería renacida, resucitada, retornada de la muerte…
Lassiter frunció el ceño, una extraña alarma empezó a sonar en su cabeza.
Mirando alrededor, medio esperaba que algunos lessers estuvieran descendiendo por la pared de la mansión o aterrizando en los jardines desde un helicóptero. Pero no…
Renacida, resucitada… vuelta de la muerte.
El Purgatorio. El Between.
Sí, se dijo. ¿Dónde estaba Wellsie? ¿Hola?
Mientras un extraño e incorpóreo pánico hacía presa en él, se preguntó si su jodido problema…
Tohr se inmovilizó y miró hacia la esquina.
—¿Lassiter?
Con un encogimiento de hombros, el ángel se figuró que bien podría hacerse visible. No había razón para ocultarse… aunque, mientras tomaba forma, mantuvo su pavor para sí mismo. Dios... ¿Qué demonios iba mal con él? Estaban en la línea de meta. Todo lo que Autumn tenía que hacer era aparecer en la ceremonia del Fade... y por la manera en que había estado arreglando ropas cuando la había dejado para venir aquí, estaba bastante claro que ella no iba a estar fregando suelos en aquella cabaña toda la noche.
—Hey —dijo el Hermano—. Me imagino que es esto.
—Sí —Lassiter forzó una sonrisa en su cara—. Claro, seguro que lo es. Estoy orgulloso de ti, por cierto. Lo has hecho bien.
—Gran alabanza —el tipo abrió los dedos y miró los anillos—. Pero ¿sabes qué? En realidad estoy listo para hacerlo. Nunca pensé que haría esto.
Lassiter asintió mientras el Hermano giraba y se encaminaba a la puerta. Justo antes de llegar a ella, Tohr se detuvo en el armario, estiró la mano en la oscuridad, y sacó el borde del vestido rojo de fiesta.
Mientras frotaba el delicado tejido entre el pulgar y el índice, su boca estaba moviéndose como si estuviera hablando al satén… o a su primera compañera… o, mierda, quizá solo a sí mismo.
Luego aflojó la presión sobre el vestido, dejándolo acomodarse en el tranquilo hueco donde colgaba.
Salieron juntos, Lassiter se detuvo para dar una última medida de soporte antes de respirar y recorrer el pasillo de las estatuas.
Con cada paso que lo acercaba a las escaleras, aquella alarma sonaba más alta, hasta que el sonido reverberó a través del cuerpo del ángel, el estómago se le ponía ácido y las piernas se volvían agua.
¿Qué demonios era el problema?
Esta era la parte buena, el felizmente-desde-entonces. Entonces ¿Por qué sus tripas le estaban diciendo que el desastre estaba esperando el momento oportuno?




















Capítulo 72

Mientras Tohr daba un paso fuera de su habitación en el pasillo oscuro como la brea, aceptó un rápido abrazo del ángel y luego observó como el tipo se alejaba hacia el resplandor de la balconada del segundo piso.
Maldición, su respiración le resonaba fuerte en los oídos. Lo mismo el ritmo de su corazón.
Irónicamente, había sido exactamente como cuando Wellsie y él se habían emparejado, su sistema nervioso todo agitado. Y divertido, el hecho de que su respuesta fisiológica fuera idéntica en este contexto probaba que el cuerpo era una máquina de una sola nota cuando llegaba el estrés, la adrenalina se disparaba de la misma forma, a pesar de que el gatillo fuera bueno o malo.
Después de un momento, comenzó a recorrer el pasillo hacia la gran escalera, y era bueno sentir todos los símbolos de sus hermanos con él. Cuando te emparejabas, entrabas en esto solo. Te presentabas a tu hembra con el corazón en la garganta y el amor en los ojos, y no necesitabas a nadie ni nada más, porque todo era sobre ella.
Cuando estabas llevando a cabo su ceremonia del Fade, por otra parte, debías tener a tus hermanos contigo, no solo en la misma habitación, sino tan cerca de ti como pudieras tenerlos. El peso en sus manos y alrededor del cuello y el lazo en su cintura era todo lo que iba a mantenerlo de pie. Especialmente cuando el dolor llegara.
 Mientras se encaminaba a la parte alta de la escalera, sintió que el suelo bajo sus pies empezaba a oscilar, el gran oleaje bajo él sacudía su equilibrio cuando realmente necesitaba permanecer firme.
Abajo, el vestíbulo había sido envuelto con enormes rollos de seda blanca que caía desde la moldura del techo, de manera que todo, desde los elementos arquitectónicos a las columnas, los muebles y el suelo, estaba cubierto. Todas las luces eléctricas habían sido apagadas en toda la mansión, y enormes velas blancas sobre montantes a lo largo, fuegos en las chimeneas compensaban el déficit.
Cada miembro de la familia estaba de pie al borde del gran espacio, los doggen, las shellans y los huéspedes, todos vestidos de blanco, de acuerdo con la tradición. La Hermandad había formado una línea recta desde el centro, empezando por Phury, que iba a oficiar, y luego John, que iba a ser parte de la ceremonia. Wrath era el siguiente. Luego V, Zsadist, Butch y Rhage al final. Wellsie estaba en el medio de todos ellos, en su hermosa caja de plata, sobre una pequeña mesa que había sido envuelta en seda.
Tanto blanco, pensó. Como si la nieve hubiera entrado a hurtadillas desde el exterior, y estuviera aumentando a pesar de la calidez.
 Tenía sentido: el color era para los emparejamientos. Para la ceremonia del Fade, era todo lo opuesto, la paleta monocromática simbolizaba la luz eterna en que la muerte sería sumida, también la intención de la comunidad de unirse algún día con el fallecido en aquel lugar sagrado.
Tohr dio un paso, y luego otro, y luego un tercero…
Mientras descendía, miró a los rostros levantados. Esa era su gente, y había sido la de Wellsie. Esta era la comunidad con el que él estaba continuando, y la que ella había dejado. 
 Incluso en la tristeza, era difícil no sentirse bendecido.
Había tantos con él en esto, incluso Rehvenge, que era ahora tan parte de la familia.
Y Autumn aún no estaba entre ellos, al menos, no que él pudiera ver.
Abajo en el final, adoptó una postura firme ante la urna, las manos unidas al nivel de las caderas, la cabeza baja. Mientras acomodaba su cuerpo, John se unió a él, asumiendo la misma posición aunque estaba pálido, y sus manos no podían permanecer quietas. 
 Tohr estiró la mano y tocó el brazo de John.
—Está bien, hijo. Vamos a pasar esto juntos.
Al instante los movimientos bruscos cesaron, y el chico asintió como si se relajase un poco.
En los señalados momentos que siguieron, Tohr pensó vagamente que era sorprendente como una multitud de este tamaño podía ser tan silenciosa. Todo lo que podía oír era el crujir de las luces encendidas a cada lado del vestíbulo.
A la izquierda, Phury se aclaró la garganta y se inclinó hacia la mesa que había sido envuelta con una pieza de seda. Con manos llenas de gracia, levantó la cubierta para revelar un enorme cuenco lleno de sal, un jarro de plata con agua y un libro antiguo. Tomando el tomo, lo abrió y se dirigió a todos ellos en la Antigua Lengua.
En esta noche, venimos aquí para celebrar el paso de Wellesandra, pareja del Hermano de la Daga Negra Tohrment, hijo de Hharm; hija de sangre de Relix, mahmen adoptiva del soldado Tehrror, hijo de Darius. Es esta noche, estamos aquí para celebrar el paso del naciente Tohrment, hijo del Hermano de la Daga Negra Tohrment, hijo de Hharm; hijo de sangre de la amada difunta Wellesandra; hermano adoptivo del soldado Tehrror, hijo de Darius.
 Phury volvió la página, el pesado pergamino hizo un suave ruido.
De acuerdo con la tradición, y en la esperanza de que ambas complazcan al oído de la Madre de la raza, y sirvan de consuelo a la afligida familia, cedo la palabra a todos los que quedan atrás aquí para rogar conmigo por el traslado seguro de aquellos que han pasado hasta el Fade…
 Muchas voces se elevaron mientras Phury pronunciaba las sentencias y hacia que ellos las repitieran, los tonos de hembras y machos mezclándose juntos de tal manera que las palabras estaban perdidas para Tohr y todo lo que oía era el patrón de un sombrío discurso.
Lanzó una mirada a John. Montones de parpadeos continuados, pero el chico estaba conteniendo las lágrimas como el macho de valía que era.        
Tohr volvió los ojos a la urna, y dio rienda suelta a su mente para moverse a través de una exposición de imágenes de todas las partes de sus vidas compartidas.
Su reminiscencia terminó sobre lo último que había hecho por ella antes de que fuera asesinada. Poner aquellas cadenas en los neumáticos del SUV. Así ella tendría tracción en la nieve.
De acuerdo, ahora él estaba parpadeando como un hijodeputa…
 La ceremonia empezó a ser borrosa en aquel punto, con él diciendo cosas cuando tocaba, y permaneciendo en silencio el resto del tiempo. Se encontró encantado de tener que esperar este tiempo para hacerlo. No pensó que habría sido posible atravesar todo esto en ningún otro momento.
Con aquella nota, echó un vistazo a Lassiter. El ángel estaba brillando desde la cabeza a los pies, sus piercings de oro capturaban la luz circundante y dentro de él y lo magnificaba diez veces.
 Por alguna razón, el tipo no parecía feliz. Sus cejas estaban juntas como si estuviera intentando masticar números en su cabeza y llegando a una suma total que no le gustaba…
Ahora rogaría que la Hermandad ofreciera sus condolencias a los familiares empezando con su Majestad Wrath, hijo de Wrath.
Tohr decidió que estaba viendo cosas y se centró en sus Hermanos. Mientras Phury daba un paso adelante desde la pequeña mesa, Wrath fue discretamente guiado por V de manera que permaneciera de pie sobre el cuenco de sal. Levantándose la manga de su túnica, el Rey desenvainó una de sus dagas negras y levantó la hoja hasta el interior de su brazo. Cuando sangre rojo brillante brotó por la cara del corte, el macho extendió el brazo y dejó que las gotas cayeran.
 Cada uno de los Hermanos hizo lo mismo, sus ojos fijos en los de Tohr mientras reafirmaban sin palabras sus compartidos lamentos por todo lo que había perdido.
Phury fue el último, con Z sujetando el libro mientras completaba el ritual. Luego el Primale levantó el jarro y dijo las palabras sagradas mientras vertía el agua, convirtiendo la sal manchada de rosa en salmuera.
 —Ahora le ruego al hellren de Wellesandra que se desnude.    
Tohr se aseguró de sacar el grabado de la huella de Nalla antes de desatar la faja de las Elegidas, y puso ambas encima de la ropa después de quitársela.
—Ahora le ruego al hellren de Wellesandra que se arrodille ante ella por última vez.
Tohr hizo lo que le ordenaba, cayendo de rodillas frente a la urna. En su visión periférica, observó a Phury caminar hasta la chimenea de mármol a su derecha. Desde las llamas, el Hermano retiró un hierro de acero primitivo, uno que había sido traído desde el Viejo País mucho tiempo atrás, uno que había sido hecho por manos desconocidas, mucho antes de que la raza hubiera tenido una memoria colectiva.
El extremo final tenía unos quince centímetros de lado y al menos tres de ancho, y la línea de símbolos de la Vieja Lengua estaba tan caliente que brillaba en amarillo y no en rojo.
Tohr asumió la posición adecuada, cerrando las manos en apretados puños y deslizándose hacia delante hasta que sus nudillos estuvieron plantados sobre la pesada cobertura blanca que había sido dejada sobre el suelo. Durante una fracción de segundo, en todo lo que pudo pensar fue en el mosaico que representaba un manzano y estaba bajo él, aquel símbolo de renacimiento que había empezado a asociar solo con la muerte.
Había enterrado a Autumn al pie de uno.
Y ahora estaba diciendo adiós a Wellsie encima de uno.
Cuando Phury se detuvo a su lado, la respiración de Tohr empezó a entrar a golpes, sus costillas tirando tensas y empujando para abrirse.
Cuando estás emparejado, y llevas el nombre de tu shellan grabado en la espalda, se supone que aguantas el dolor en silencio… para probar que eres merecedor de su amor y del emparejamiento.
Respira, respira, respira…
No con la ceremonia del Fade
Respira, respira, respira…
Para la ceremonia del Fade, se supone que tu…
Respirarespirarespira...     
 —¿Cuál es el nombre de tu fallecida? —exigió Phury.
En el momento justo, Tohr aspiró un gran golpe de oxígeno.
Mientras el hierro estaba apoyado sobre la piel donde el nombre de ella había sido grabado tantos años atrás, Tohr gritó su nombre, cada gramo de dolor de su corazón, su mente y su alma salió como si fuera el primero, el sonido vibró a través del vestíbulo.
 El grito fue su adiós final, su promesa de encontrarla en el Otro Lado, su amor manifestado por última vez.   
 Su guía para siempre.
Y luego él estaba desesperadamente hundido, la frente contra el suelo, mientras sobre sus hombros, la piel quemaba como si estuviera ardiendo.
Pero esto era solo el comienzo.
Trató de levantarse, pero su hijo tuvo que ayudarlo, porque había perdido toda la fuerza muscular. Con la ayuda de John, reasumió su postura.
Su respiración funcionó otra vez, aquel jadeo rítmico y superficial animándolo y restaurando su energía…
La voz de Phury era áspera hasta el punto de la ronquera.
¿Cuál es el nombre de tu fallecido?
Tohr aspiró otra hectárea de oxigeno y estuvo listo para hacerlo otra vez.
Esta vez, el nombre que gritó fue el suyo propio, el dolor de perder al hijo nacido de su sangre le cortaba tan profundamente que se sentía como si dentro de su pecho estuviera sangrando.
Gritó más tiempo la segunda vez.     
Y luego él se derrumbó por completo sobre los brazos, su cuerpo agotado… aunque esto todavía no había terminado...
Gracias a Dios por John, pensó, mientras sentía como lo reposicionaban.
Desde arriba, Phury siguió.
Para sellar sobre tu piel eternamente, y unir nuestra sangre con la tuya, ahora completaremos el ritual por tus amados.          
No gritó esta vez. No tenía fuerza.
La sal escocía tanto que perdió la visión y convulsionó, sus miembros temblaban incontrolados hasta que cayó sobre el costado, aunque John estaba intentando alzarlo derecho.
Sin embargo, todo lo que pudo hacer fue yacer allí en frente de todas aquellas personas, muchas de las cuales estaban llorando abiertamente, su dolor era el de ellos. Mirando sus caras, quiso confortarlos de alguna manera, ahorrarles lo que había atravesado, aliviarles el pesar.
Autumn estaba en el extremo más alejado, en el arco de entrada a la habitación del billar, permaneciendo de pie en carne y hueso.
Estaba vestida de blanco, el cabello trenzado apartado de la cara, las delicadas manos sobre la boca. Los ojos estaban abiertos de par en par y ribeteados de rojo, las mejillas húmedas, con tal expresión de amor y compasión, hizo que se desvaneciera el dolor al instante.
Ella había venido.
Ella había venido por él.
Ella todavía estaba enamorada… de él.
Tohr empezó a llorar de verdad, los sollozos explotaban desde su pecho. Estirando la mano hacia ella, mantuvo su mano hacia delante, llamándola a ella, porque en el momento de permitir marchar, tras este interminablemente infinito y doloroso viaje, a lo largo del cual ella y solo ella se le había unido, él nunca se había sentido tan cerca de nadie…
Incluso su Wellsie.
Renacido, resucitado… vuelto de la muerte.
Al otro lado se donde Tohr estaba retorciéndose de dolor por la sal derramada, Lassiter apretó los dientes, no porque sintiera conmiseración, sino porque su cabeza estaba volviéndose loca
 Renacido, resucitado… vuelto de la muerte.
Tohr empezó a sollozar, su fuerte brazo estirado, la mano abierta… y estirando la mano hacia Autumn.
Ah, sí… pensó Lassiter, la última parte de esto. El Fade había pedido la sangre, y el sudor… y las lágrimas, no por Wellsie, sino por otra. Por Autumn.
Esta era la parte final, aquellas lágrimas derramadas por el macho para la hembra que finalmente se había permitido amar.      
En un arrebato, Lassiter levantó la mirada al techo, a los guerreros pintados con sus fieros corceles, al profundo azul del fondo…
 El rayo de sol parecía llegar de ningún sitio, perforando a través de la piedra, el mortero y el yeso de lo que estaba encima de ellos, la brillante luz tan fuerte que incluso Lassiter tuvo que hacer una mueca mientras la iluminación llegaba para reclamar a una hembra de valor desde un infierno que no era cosa suya…
Sí, sí, allí en el centro de la cúpula, con su bebe en los brazos, Wellsie aparecía tan brillante y vibrante como un arco iris, iluminada desde fuera y desde dentro, el color había vuelto a ella, la vida renovada porque ella estaba salvada, porque era libre… y también su hijo.  
 Y justo antes de que fuera ascendida, desde lo alto de sus celestiales alturas, ella miró hacia Tohr, y miró hacia Autumn, aunque ninguno de ellos la vio y tampoco la multitud. Su expresión era de amor por la pareja, por el hellren que había tenido que dejar detrás, por la hembra que lo habría acompañado en su propio tormento, por el futuro que los dos tendrían juntos.
Luego con una expresión perdurable y pacífica, levantó la mano en un adiós para Lassiter… y se fue, la luz los consumió a ella y a su hijo y los transportó al lugar donde la muerte era casa y descanso para toda la eternidad.   
Mientras la luz se desvanecía, Lassiter esperó su propio estallido de liberación, su propia luz reclamándolo, su propio retorno al Hacedor para el tiempo final.
Excepto…
Todavía estaba… justo donde estaba.
Resucitado, renacido… vuelto de la muerte.
Algo se le estaba escapando, pensó, Wellsie era libre, pero…
En aquel momento se enfocó en Autumn, que había agarrado el borde de su túnica y dio un paso hacia delante, hacia Tohr.
Desde ningún sitio, un segundo rayo de gran luz irrumpió a través de la cúpula…
Pero no venía por él, venía… por ella.          
 La mente de Lassiter hizo la conexión con la velocidad y choque de un relámpago. Ella había muerto tanto tiempo atrás. Tomado su propia vida.    
 El Between. Diferente para cada persona. Hecho a la medida.
Todo pasó a velocidad lenta mientras la segunda verdad era revelada: Autumn había estado en su propio Between todo el tiempo, viajando al Santuario y sirviendo a las Elegidas durante todos aquellos años, luego volviendo a la tierra para completar el ciclo que había comenzado allá en el Viejo País con Tohrment.
Y ahora que lo había ayudado a salvar a su shellan… Ahora que se había permitido a sí misma sentir por él y dejado ir el pesar de su propia tragedia…
Ella era libre. Exactamente como lo era Wellsie.
 ¡Jodida mierda! Tohr iba a perder otra hembra...
—¡No! —gritó Lassiter— ¡Nooooooooooo!
Cuando se salió de la formación y arremetió hacia fuera, intentando detener la conexión entre aquellos dos, la gente empezó a gritar, y alguien lo agarró, como si evitara que se metiera por medio. Pero no importó.
Era demasiado tarde.
Porque la pareja no tenía que tocarse. El amor estaba allí, y eso era el perdón de los actos pasados y presentes, también la devoción en sus corazones.
Lassiter todavía estaba arremetiendo hacia delante, en medio del aire, cuando el último rayo de luz lo reclamó, capturándolo en el vuelo, arrancándolo fuera del presente y enviándolo hacia arriba, incluso mientas él todavía gritaba por la crueldad del destino.
Todo su propósito había culminado condenando a Tohr a otra ronda de tragedia.



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