domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Capitulos 73 74 75 76


Capítulo 73

En verdad, Autumn no había estado segura de si volvería a la mansión… hasta que lo hizo. Y no había estado segura de que sentiría por Tohrment… hasta que lo vio revisando la multitud y supo que estaba buscándola a ella. Y no le abrió completamente su corazón…. hasta que estiró la mano hacia ella, rompiendo su control en el momento en que sus ojos se encontraron.
Ella lo había amado antes… o había pensado que lo hacía.
Pero no había estadio allí todo el tiempo. La parte crítica que se había perdido era un sentido de sí misma no como alguien que era indigno y debía ser castigado, sino como un individuo con valor y una vida para vivir más allá de la tragedia que la había definido durante tanto tiempo.
Cuando dio un paso adelante, no fue como sirviente o doncella, sino como una hembra de valor… una que iba a ir a su macho, y abrazarlo, y ser unida a él tanto como la Virgen Escriba considerara.
Salvo que no lo hizo.
Ni siquiera estaba a mitad de camino del vestíbulo cuando su cuerpo fue golpeado por alguna clase de fuerza.
No podía comprender que la había sorprendido: en un momento estaba apresurándose hacia Tohr, contestando su silencioso ruego de que fuera a él, cruzando el suelo, concentrándose en el que amaba…
Y al siguiente, una gran luz caía sobre ella desde alguna fuerza desconocida, deteniendo sus pasos.

Su voluntad le ordenaba a su cuerpo que continuara hacia Tohr, pero una fuerza mayor presentaba una reclamación sobre ella, y la sujetaba al hacerlo: con un empujón que era tan innegable como la gravedad, era arrastrada de la tierra, dentro de la luz. Y mientras era levantada, escuchó a Lassiter gritando, y lo vio abalanzarse hacia delante como si quisiera detener su partida…
 Eso fue lo que le dio fuerza para revolverse contra la corriente. Forcejeando con fiereza, luchó con todo lo que tenía, pero no pudo liberarse de lo que la había capturado: no importaba como batallara, no podía cambiar su ascensión.
Bajo ella, reinaba el caos, la gente corría hacia delante mientras Tohr se alzaba desde el suelo. Mientras la contemplaba, su rostro era una máscara de confusión e incredulidad… y luego empezó a saltar como si estuviera tratando de atraparla, como si ella fuera un globo, la cuerda del cual él quería sujetar. Alguien lo agarró cuando perdió el equilibrio… John. Y el Primale se apresuró a su lado. Y sus Hermanos…            
 La última imagen que vio ella no fue de ninguno de ellos, ni siquiera de Tohr, sino de Lassiter.
El ángel estaba a su lado, elevándose también, la luz los consumió a ambos hasta que él desapareció y así lo hizo ella, hasta que no fue nada, ni siquiera consciencia…
*  *
Cuando Autumn regresó otra vez, estaba en un inmenso paisaje blanco, tan amplio y tan largo que no tenía horizontes.
Ante ella había una puerta. Una puerta blanca con un llamador blanco y brillo alrededor de las jambas como si hubiera una brillante luz esperándola al otro lado.
 Esto no había sido lo que la había recibido la primera vez que había muerto.
Tantos años y años atrás, cuando su consciencia había vuelto después de que se hubiera clavado aquella daga en su propio estómago, se había encontrado en un paisaje blanco diferente, uno que tenía árboles, templos y ondulante césped, uno que estaba poblado por las hembras Elegidas de la Virgen Escriba, uno en el que había seguido viviendo sin preguntas, aceptando su destino como no de su elección, pero el resultado inevitable de sus elecciones allá abajo.
Esto sin embargo, no era el Santuario. Esto era la entrada al Fade.
¿Qué había ocurrido?
¿Por qué ella había…
La explicación le llegó en un arrebato cuando se dio cuenta de que finalmente había permitido que el pasado se fuera y había abierto su corazón para abrazar todo lo que la vida le tenía que ofrecer… de modo que liberarse a sí misma de su propio Between… incluso cuando no había sido consciente de haber estado en él.
Ella estaba fuera del Between. Era… libre.
Pero Tohrment estaba allá abajo.
Su cuerpo empezó a agitarse, la rabia se disparó a través de ella, la ira tan profunda y perdurable que quiso hacer trizas la puerta y tener unas duras palabras con el Hacedor de la Virgen Escriba o de Lassiter o quien fuera el bastardo enfermo que repartía los destinos.
 Después de haber atravesado la gran distancia desde donde había empezado, solo para descubrir que el premio era nada más y nada menos que otro sacrificio, estaba furiosa hasta el extremo de la violencia.
Sin nada que la retuviera, se permitió ir, lanzándose contra el portal, golpeándolo con los puños, arañándolo con las uñas, pateándolo con el pie. Profirió maldiciones que eran abominables y llamó a las fuerzas sagradas nombres que eran malvados…
Cuando unos brazos se dispararon alrededor de su cintura y empezaron a arrastrarla, atacó a quien quiera que fuera, desnudando los colmillos y mordiendo el grueso brazo…
 —¡Mierda! ¡Ay! 
 La voz indignada de Lassiter atravesó su arrebato, inmovilizando su cuerpo hasta que solo empujó para recuperar la respiración.
La maldita puerta estaba completamente indemne. Indiferente. Impasible.
—¡Bastardos! —aulló —¡Bastardos!   
 El ángel la hizo dar la vuelta y la sacudió.
—Escúchame… no estás ayudando. Necesitas calmar el condenado bajón.       
 Con un esfuerzo de voluntad, ella se tranquilizó. E inmediatamente luego sollozó.
—¿Por qué? ¿Por qué están haciéndonos esto?      
 La sacudió otra vez.
Escúchame. No quiero que abras esa puerta… solo quédate aquí. Voy a hacer lo que pueda, ¿vale? No tengo un montón de influencias. Podría no tener ninguna después de todo…. Pero intentaré hacerlo condenadamente bien. Quédate exactamente dónde estás, y por el amor de Dios, no abras esa cosa. Una vez lo hagas, estarás en el Fade y no podré hacer una mierda. ¿Lo tienes claro?
—¿Qué vas a hacer?
La miró fijamente durante un largo momento.
—Quizás vaya a ser finalmente un ángel esta noche.
—¿Qué… no entiendo…..?      
Lassiter estiró el brazo y le acunó un lado de la cara.
—Vosotros dos habéis hecho tanto por mi… mierda, todos nosotros estaremos en nuestro propio Between, de alguna forma… De manera que voy a ofrecer todo lo que tengo para salvaros a vosotros dos… veremos si es suficiente.
Ella le apretó con fuerza una mano.
—Lassiter…
Él dio un paso atrás y la saludó con la cabeza.
—Quédate aquí y no levantes demasiadas esperanzas. El Hacedor y yo no estamos en las mejores relaciones… solo puedo ser incinerado en el sitio. En cuyo caso, no te ofendas, pero tú estás jodida.
Lassiter se apartó y caminó hacia la blancura, su gran cuerpo desapareció.
Cerrando los ojos, Autumn se abrazó y rogó que el ángel hiciera un milagro.
Rezó con todo lo que tenía…  




















Capítulo 74

Abajo en la tierra, Tohr sintió como si estuviera perdiendo su siempre amada mente. Lassiter se había ido. Autumn se había ido.
Y un terrible sentido lógico le estaba haciendo preguntarse por qué no se había imaginado los mecanismos bajo los que habían estado funcionando durante el último año.
Wellsie había estado atrapada en el Between por él.
Y Autumn… había estado atrapada en el Between por sí misma.
Luego por amarlo, y perdonándolo no solo a él sino a sí misma, había sido liberada… exactamente como Lassiter, le fue concedido lo que ni siquiera había sabido que estaba buscando: se le daba por fin entrada en el Fade, lo que le había sido denegado cuando tomó su propia vida en un ataque de terror y agonía.
Ahora era libre.
—Oh… Jesús…—dijo mientras se permitía caer en los fuertes brazos de John—. Oh… mierda…
Ahora, como su Wellsie, ella también se había alejado de él.
Llevándose la mano a la cara, se la frotó con fuerza, preguntándose si quizá se despertaría de esto… Tal vez esto era solo la peor pesadilla que su subconsciente podía posiblemente soñar… sí, despertaría en algún momento y se sacaría de la cama para prepararse para la ceremonia del Fade, donde en el mundo real este no sería el resultado…
Solo había un problema con esta pesadilla: su espalda todavía estaba escociendo por la sal y el hierro. Y sus hermanos todavía estaban formando un cordón alrededor, hablando unos con otros alarmados. Y en algún lugar, alguien estaba gritando. Y alrededor, el brillo de las velas proporcionaba suficiente luz para decir quien permanecía en el vestíbulo y quien lo había dejado…
—Oh, joder… —dijo otra vez, el pecho tan vacío de repente que se preguntó si no le habrían arrancado su corazón y no lo había notado.
El tiempo pasó, y la mierda penetró, y fue llevado a la sala del billar. Una bebida metida en sus manos, pero la apoyó en la pierna, la cabeza echada atrás mientras John Matthew confortaba a Xhex y Phury hablaba con Wrath y se hacía algunos planes para que el Rey fuera a enfrentarse con la Virgen Escriba.
 En aquel punto V dio un paso al frente y se ofreció voluntario para golpear a su madre.
Lo cual fue rápidamente desechado. Solo para que la oferta de Payne de ir con el Rey fuera aceptada.
Bla, bla, bla…
No tuvo corazón para decirles que todo era un resultado inevitable. Y además, él ya había pasado por el proceso del duelo una vez… de manera que tenía una  competencia interna para la recuperación, ¿no?           
 Ja.
Por el amor de Dios, ¿Qué cojones había hecho en su vida previa para merecer esto? ¿Qué demonios había…?
El sonido del timbre sonando fue un ruido apagado detrás de él. Sin embargo, todo el mundo se quedó congelado.
Todos los que sabían de la mansión ya estaban allí.
Los humanos no podían encontrarlos.
Los lessers no deberían ser capaces.
Y esto último era cierto también para Xcor…
El timbre dejó salir su ronca demanda una vez más.
En un segundo, todos los Hermanos, así como Payne y Xhex, y Qhuinn, John y Blay, sacaron las armas.           
 Fritz fue totalmente avisado para no ir al vestíbulo, Vishous y Butch hicieron el trabajo de comprobar la pantalla.
Y aunque a él no le importaba una mierda si la misma Virgen Escriba estaba al otro lado, Tohr se concentró en el foyer.
Un grito resonó, un excitado grito con acento bostoniano. Y luego hubo montones de gritos, una legión de ellos, demasiados para descifrarlos.
Alguien con una túnica blanca llegó con V y su chico…
Lo que fuera…
Tohr saltó sobre sus pies, tan seguro como si alguien hubiera conectado su culo con una batería de coche.
Autumn permanecía de pie bajo los arcos de la sala, sus ojos aturdidos y el pelo un desastre suelto, como si hubiera estado atravesando un túnel de aire…        
 Tohr se abrió paso con dificultad por los grandes cuerpos masculinos, empujando a la gente fuera de su camino para llegar a ella. Y cuando lo hizo, patinó al detenerse. Sujetándola por los hombros. Mirándola desde la cabeza a los pies. Sacudiéndola fuerte para tener una idea de cuan corpórea era.
—¿Eres tú… de verdad?
En respuesta, ella lanzó los brazos alrededor de él y lo sujetó tan fuerte que no pudo respirar… y gracias joder. Porque eso significaba que era real, ¿verdad? Tenía que ser… ¿verdad?
—Lassiter… Lassiter lo hizo… Lassiter me salvó…
Trató de seguir lo que ella le estaba diciendo.
—¿Qué… qué estás…? No entiendo nada de esto
 La historia salió varias veces en diferentes formas, porque su mente no estaba siguiendo nada. Algo sobre hacerla subir al Fade, y aquel ángel saliendo y diciéndole…
—Dijo que daría todo lo que tenía para salvarnos. Todo…         
 Tohr se retiró y tocó la cara de Autumn, su garganta, sus hombros. Era tan real como él. Estaba tan viva como él. Había sido… ¿salvada por aquel ángel?
Excepto que Lassiter había dicho que sería libre si esto funcionaba.
La única explicación posible era que había intercambiado su futuro… por el de ellos.
—Ese ángel —susurró él—. Ese condenado ángel…
Tohr se inclinó y besó a Autumn tan profundamente y tanto tiempo como pudo. Y mientras lo hacía, resolvió honrar a Lassiter, y a él mismo, y a su hembra lo mejor que fuera capaz, por todos los años que tuviera en la tierra.
—Te amo —le dijo a ella—. Y como Lassiter, voy a dar todo lo que tengo para entregar por nosotros dos.
Cuando Autumn asintió y le devolvió el beso, él sintió más que oyó lo que ella dijo.
—Te amo —repitió.
Levantándola en sus brazos, la sujetó muy cerca y cerró los ojos, su cuerpo tembló demasiado como para describirlo. Pero él sabía el resultado, y estaba bien para él.
La vida era corta, no importa cuántos días tuvieras garantizados. Y la gente era preciosa, cada uno de ellos, no importa cuántos si eras lo bastante afortunado para tenerlos en tu vida. Y el amor… por el amor vale la pena morir.
También vale la pena vivir.
      
      
      






















Capítulo 75

Mientras el amanecer se aproximaba al final de la oscura noche, y la luna se hundía en la parte baja del cielo, Xcor abandonaba el centro de Caldwell. Después del ridículo encuentro con la glymera, sus bastardos y él se habían reunido en lo alto de su rascacielos, pero no había sido capaz de soportar ninguna planificación o hablar de los aristócratas.
Tras ordenar a sus soldados que volvieran a su nueva casa base, escapó solo al frío aire de la noche, sabiendo precisamente donde tenía que ir.
Al prado, el prado con el gran árbol inundado por la luz de la luna.
Cuando volvió a tomar forma en el paisaje, lo vio no cubierto por la nieve, sino vibrante por las cascadas de color, las ramas del roble ya no desnudas, sino exuberantes con hojas rojas y oro.
Andando a través de la nieve, subió por la ondulante tierra, deteniéndose cuando llegó al lugar donde había visto a la Elegida por primera vez… y tomado su sangre.
Recordó cada detalle de ella, su cara, su aroma y su cabello. La forma en que se movía y el sonido de su voz. La delicada estructura de su cuerpo y la aterradora fragilidad de su suave piel.
La anhelaba, su helado corazón gritaba rogando algo que sabía que el destino nunca podría ofrecerle.
Cerrando los ojos, apoyó las manos sobre las caderas y bajó la cabeza.
La Hermandad los había encontrado en aquella granja.
La maleta del rifle que Syphon usaba para guardar las herramientas de su trabajo como asesino había desaparecido.
Quien fuera que se lo había llevado, había ido y venido durante la noche previa. Lo cual quería decir al anochecer, habían empaquetado sus pocas cosas y dispersado en una nueva localización.
Sabía que la Elegida había sido la causa de aquello. No podía pensar en otra manera de que su guarida pudiera haber sido localizada. Y otra cosa estaba clara: la Hermandad iba a utilizar el rifle para probar con seguridad que la bala que alcanzó a Wrath meses antes había sido del arma de su propiedad.
Cuan propio de ellos.   
Además, Wrath era un buen reyecito. Tan cuidadoso de no comportarse temerariamente y sin causa… y aun así obviamente capaz de utilizar cualquier arma a su disposición.
Nada que Xcor encontrara condenable en la Elegida. Nada de nada. Él tenía, no obstante, que asegurarse de que ella estaba a salvo. Simplemente tenía que estar seguro de que aunque sus enemigos la habían manipulado, no la habían maltratado.
Oh, como se retorcía su desalmado corazón ante la ida de que ella podría haber sido herida de alguna manera…
Mientras consideraba sus opciones, un viento frío sopló desde el norte, intentando herirlo en lo más íntimo. Sin embargo era demasiado tarde. Ya había sido herido en el corazón.
Aquella hembra lo había acuchillado de una forma que las heridas de guerra nunca pudieron, y de las de ella nunca iba a recuperarse.
Buena cosa que nunca permitiera que sus emociones se mostraran, por eso mejor que nadie supiera que su talón de Aquiles, después de todos aquellos años, finalmente había venido a encontrarlo.
Y ahora… él tendría que encontrarla.
Si solo para dejar a su conciencia, que tenía una, tranquila iba a tener que verla otra vez.









Capítulo 76

Qhuinn no sabía qué cojones estaba pasando. La gente estaba mariconeando dentro y fuera del puñetero vestíbulo, la mierda iba al sur… hasta que Autumn regresó, coño.
Si había un momento para tirar la jodida-bomba, era esta noche.
Pero al menos esto acababa bien, con todo siendo recuperado, y la ceremonia completada: con Autumn de pie junto a Tohr, John había sido marcado dos veces, una por Wellsie, otra por el hermano perdido que nunca había conocido. Y luego, después que la sal sellara aquellas heridas, la multitud había ido al punto más alto de la casa donde la urna de Wellsie había sido abierta y dejada al aire, las cenizas habían sido amorosamente llevadas arriba y fuera a los cielos por las corrientes de un raro viento del este.
Ahora todos estaban encaminándose abajo hacia el comedor para comer y recargar, después de lo cual no había duda de que se largarían para pasar el puñetero desmayo en sus habitaciones tan pronto como pudieran retirarse educadamente.
Todo el mundo estaba a punto de hacerlo, incluido él mismo, y aquella convicción lo hizo volverse hacia Layla cuando alcanzaban el vestíbulo.
—¿Cómo estás?
Tío, no había dejado de preguntarle aquello los tres últimos días, y cada vez, ella le había dicho que estaba bien, y que no había empezado a sangrar todavía.
No iba a sangrar. Estaba seguro de eso, incluso si ella aún tenía que creerlo.
—Estoy bien —le dijo con una sonrisa, como si apreciara su amabilidad.
Las buenas noticias eran que estaban apañándoselas realmente bien. Se había preguntado después de la necesidad si las cosas serían raras o alguna mierda así, pero eran como un equipo que había corrido una maratón, conseguido un tanto, y estaban listos para el próximo desafío.
—¿Puedo traerte algo de comer?
—Sabes, estoy hambrienta.
—Por qué no te adelantas, te echas un rato, y te llevo algo.
—Eso sería estupendo… gracias.
Guay, era bonita la forma en que le sonreía de aquella manera sencilla y cálida, la que le hacía sentir que lo quería como familia. Y mientras él la escoltaba hasta la base de la escalera, era bueno sonreírle de la misma forma.
 Todo aquel simple-y-fácil se acabó cuando se dio la vuelta. En la biblioteca, a través de las puertas abiertas, vio a Blay y a Saxton hablando. Y entonces su primo dio un paso y atrajo a Blay a sus brazos. Mientras el par permanecía juntos de pie, cuerpo contra cuerpo, Qhuinnn respiró profundamente y sintió que una pequeña parte de sí mismo se moría.
Supuso que esto era como un final para ellos.
Vidas separadas, futuros separados.
Difícil creer que habían partido de inseparables…
De repente la mirada azul de Blay encontró la suya.
Y lo que Qhuinn vio en ella lo hizo vacilar. El amor irradiaba de aquella cara, puro amor sin templar por la timidez que era tan parte de su reserva.
Blay no apartó la mirada.
Y por primera vez… tampoco lo hizo Qhuinn       
 No sabía si la emoción era por su primo, probablemente lo era, pero la aceptaría: devolvió la mirada directa a Blaylock y dejó que todo lo que tenía en el corazón se mostrara en su cara.
Simplemente dejó que la mierda volara.
Porque había una lección en la ceremonia del Fade de esta noche: puedes perder a los que amas en un parpadeo… y él estaba dispuesto a apostar que cuando ocurría, no se estaba pensando en todas las razones que podían haberlos mantenido separados. Se pensaba en todas las razones que los mantenían unidos.
 Y sin duda, como se deseaba haber tenido más tiempo. Incluso si se tenían centurias…
Cuando se era joven, se pensaba que el tiempo era una carga, algo para ser dilapidado tan deprisa como fuera posible de manera que pudieras ser adulto. Pero era el timo de la estampita… cuando se era adulto, llegabas a darte cuenta de que los minutos y las horas eran lo más precioso que se tenía
 Y sin duda, se deseaba haber tenido más tiempo. Incluso si lo tenías.
Nadie se tenía para siempre. Y era un puñetero crimen desperdiciar lo que te era dado.
Suficiente, pensó Qhuinn. Ya bastaba de excusas, y de esquivar, y de intentar ser alguien, alguien más.
Incluso si acababa golpeado, incluso si su precioso y pequeño ego y su corazoncito de asno acababan destrozados en un millón de trozos, era el momento de parar las gilipolleces.
Era el momento de ser un macho.
Mientras, Blay empezó a enderezarse, como si el mensaje hubiera sido recibido, pensó Qhuinn. Está bien compañero.
Nuestro futuro ha llegado.
       

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