domingo, 22 de julio de 2012

Amante Renacido/Epilogo

Epílogo

Al atardecer siguiente, Torhment se dio la vuelta y encontró el cuerpo de Autumn entre las sábanas. Estaba cálida y deseosa cuando él la montó, sus muslos abiertos para él, su interior dándole la bienvenida cuando se hundió hasta el fondo y se movió dentro.
Habían caído dormidos juntos, hundiéndose en la clase de descanso que tenías cuando una jornada había acabado y tu casa reaparecía por fin en el horizonte.
—Dame tu boca, mi hembra —le dijo suavemente en la oscuridad.
Cuando los labios femeninos se le brindaron, él dejó que su cuerpo tomara el mando, la liberación no un terremoto, pero más que una ola, un alivio de la tensión más que una caótica explosión de estrellas. Y mientras continuaba montándola con aquel tierno ritmo, haciéndola el amor a su Autumn, estaba asegurándose a sí mismo que ella era real… que ellos eran reales.
 Cuando acabó, él permitió una simple luz sobre la mesita de noche y siguió su cara con la punta de los dedos. La forma en que ella le sonreía le hizo creer totalmente en un Hacedor benevolente.
Iban a ser emparejados, pensó. Y añadiría su nombre, el que le había dado, en su espalda, justo debajo del de Wellsie. Y ella sería su shellan por completo por todo el tiempo que tuvieran juntos.
 —¿Quieres algo para comer? —susurró él.
Ella sonrió más.
—Por favor.
—Entonces bajo.
—Espera, me gustaría ir contigo. No sé lo que quiero.
—Entonces bajaremos juntos.
En realidad les costó algún tiempo salir de la cama, conseguir vestirse con los pijamas y bajar por el pasillo de las estatuas hasta la escalera.

Autumn se detuvo en la parte alta, como si estuviera rememorando la noche anterior y recelosa de entrar a alguna parte cerca del espacio… como si pudiera ser succionada en el Fade otra vez.
Con una inclinación de la cabeza de entendimiento, él la levantó en brazos.
—Yo te llevaré.
Mientras lo miraba fijamente a la cara, le puso una mano en la mejilla, y no tuvo que hablar. Él sabía exactamente lo que ella estaba pensando.
—Tampoco puedo creer que Lassiter nos salvara a los dos —dijo él.   
—No quiero que él sufra.
—Yo tampoco. Era un buen tipo. Un autentico… ángel, como ha resultado.
Tohr empezó a descender, bajando cuidadosamente los escalones porque llevaba una carga preciosa.
Abajo al pie de las escaleras, se detuvo un momento para mirar la representación del manzano en el suelo. Había dejado ir a dos hembras al pie de uno… y ahora estaba en posición de llevar a una de ellas sobre él… gracias a un ángel que de alguna forma había arrancado un milagro
 Iba a echar de menos a aquel hijo de puta, de verdad. E iba a estarle eternamente agradecido por…
El timbre de la puerta sonó, alto y claro.
Frunciendo el ceño, Tohr echó un vistazo al reloj de pie en la entrada al territorio del mayordomo. ¿Dos en una tarde? Quién demonios podía… 
El timbre sonó otra vez.
Cruzando a grandes pasos el suelo de mosaico, se preparó para llamar a sus Hermanos si tenía que hacerlo, escudriñó el monitor…
—Santa… mierda.
—¿Quién es?
Tohr bajó a Autumn, abrió el mecanismo de la puerta interior y empujó a su hembra detrás de él en el caso de que cualquier luz de día reluciera dentro.
Lassiter entró como si fuera el dueño del lugar, aquel pavoneo volvía con toda su fuerza, su sonrisa tan amplia y traviesa como siempre, el cabello rubio y negro salpicado de copos de nieve.
Mientras Tohr y Autumn lo contemplaban fijamente con las bocas abiertas, el levantó dos bolsas de tamaño grande de McDonald.
—Os traje Big Macs —dijo alegremente—. Sé que te encantan, ¿recuerdas?
—Qué…—Tohr aumentó la presión sobre su shellan, solo en caso… bueno, mierda, de la forma en que las cosas estaban yendo últimamente, cualquier cosa podía ocurrir—. ¿Qué estás haciendo aquí?
 —Es tu día de suerte cabrón —el ángel dio una pequeña vuelta, los piercings destellando, las bolsas de Mickey D volaron—. Pasamos allí tres de nosotros para ser examinados, ¡y yo pasé también! En el momento que me ofrecí a mí mismo por vosotros dos, fui libre… y después pensé sobre eso durante un tiempo, decidí que igual podía estar en la tierra haciendo un buen trabajo que subido allí en las nubes. Porque, sabes, amablemente he conseguido una bola alta[i], y esta mierda de la compasión me queda bien. Además, no hay Maury en el cielo.
 —Que es lo que diferencia el lugar del infierno —señaló Tohr.
—Demasiado cierto —el ángel empujó su carga de rico en calorías y rico en grasas—. ¿Qué dices? Tengo patatas fritas también. No helados, no sabía cuánto tardaría alguien en abrirme la puerta, y no quería que se derritieran.
Tohr miró a Autumn. Luego ambos miraron al ángel.
Como uno solo, dieron un paso adelante y abrazaron al tipo, y que te imaginas, el hijo de puta los sujetó a ambos.       
 —Estoy realmente contento de que este trabajo acabara —susurró Lassiter con toda seriedad—. Por vosotros dos.           
—Gracias tío —le devolvió Tohr—. Te debo una… Mierda, te debo todo.
—Hiciste mucho tú mismo.
—Excepto por la última parte —señaló Autumn—. Eso fue tuyo, Lassiter.
—Bah. Quien está contando. Entre amigos, ya sabes.
Los tres se separaron, y luego tras un momento embarazoso, entraron en el comedor. Mientras se sentaban en un extremo y Lassiter empezaba a pasarles las cosas, Tohr tuvo que reírse. Este ángel y él habían empezado con los arcos dorados… y aquí estaban otra vez.
—Mucho mejor que aquella cueva, ¿verdad? —murmuró Lassiter mientras pasaba las patatas.
Tohr le lanzó una mirada a Autumn y no pudo creer lo lejos que habían llegado.
—Sí. De verdad, totalmente… absolutamente mucho mejor.
—Además aquí hay cable.       
Cuando Lassiter les guiñó el ojo, Tohr y Autumn empezaron a sonreír abiertamente.
—Lo es, ángel, lo es… y si en algún momento tú quieres el mando, es tuyo si lo pides.
Lassiter soltó una carcajada.
—Coño, estás agradecido de verdad.
Tohr miró a Autumn y se encontró asintiendo.
—Puedes apostar tu culo a que lo estoy. Eternamente agradecido… estaré… Eternamente Agradecido.
Con aquella nota, besó a su hembra… y mordió su Big Mac.     

Fin











[i] Ball rolling es bola alta en el Beisball, pero es empezar algo, conseguir un comienzo nuevo.

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